viernes, 27 de noviembre de 2009

Música: Niccolò Paganini, el más virtuoso violinista

ARGENPRESS CULTURAL

Niccolò Paganini (Génova, 1782–Niza, 1840) fue el hijo de Antonio, un parroquiano que tocaba como aficionado el mandolín y el violín, cuya esposa era amante de la música. Las primeras lecciones de música las recibió de su padre, quien hacía practicar a su hijo desde la mañana hasta la noche, y cuando la concentración del joven vacilaba, lo privaba de su ración de comida. El niño era sostenido por su gentil y profundamente religiosa madre.

A los diez años se presentó en público por primera vez y cuando tenía 13 fue llevado a Parma a estudiar junto al por entonces famoso Alessandro Rolla, quien lo rechazó diciéndole que ya sabía todo lo que él podía enseñarle. A pesar de ello continuó estudiando composición y aprendió varios trucos sobre oficio de violinista de viejos instrumentistas; el modo de tocar de Paganini parecía haber sido original prácticamente desde el comienzo.

En buena medida autodidacta, con un talento natural para el violín como nunca antes se había visto, Paganini llegó a grados de perfección técnica tan extraordinarios y a una fuerza interpretativa tan monumental que poco a poco fue cautivando a un enorme público por toda Europa. Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas (retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su actuación), y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban.

En Viena los miembros de sus audiencias tomaban asiento dos horas antes de que comenzara la presentación por temor a perder sus lugares. En Leipzig, el afamado profesor de piano Friedrich Wieck, padre de Clara Schumann, anotó en su diario: “Nunca ha nacido un artista que sea tan magnífico e incomparable como él en tantos géneros.”

En Berlín, Mendelssohn escribió a su amigo, el pianista Ignaz Moscheles: “Su ejecución está más allá de todo concepto ya que jamás se equivoca. Pides demasiado si esperas que te dé una descripción de sus interpretaciones. Me tomaría una carta entera hacerlo, pues él es tan original, tan único, que requeriría un análisis exhaustivo el transmitir una impresión de su estilo.”

Los mitos sobre Paganini se fueron esparciendo velozmente. Uno de ellos contaba que había aprendido a tocar el violín en prisión, donde estuvo varios años por haber asesinado al esposo de su amante. Entre otras cosas se hablaba también de un pacto con el demonio, que era lo que le permitía ese nivel de perfección inigualable, nunca visto anteriormente en un ejecutante. Paganini animó y manipuló hábilmente esas habladurías por un tiempo, aprovechándolos para ampliar su fama.

Su obra comprende innumerables piezas para violín (conciertos, sonatas, caprichos), todas de una endemoniada dificultad para su ejecución. Igualmente dejó escritas varias hermosas composiciones para guitarra, instrumento que también dominaba a la perfección.

Presentamos aquí una pequeña selección:

1. El rondó (tercer movimiento) del Concierto N° 2, en si menor, “la Campanella”
2. Capricho N° 24, en la menor
3. Sonata sobre el “Mosè” de Rossini

Interpretan: 1 y 2: Ilya Kayler, 3: Ida Haendel


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