viernes, 13 de noviembre de 2009

Muy buen rescate de la Editorial Final Abierto - Pablo Palacio: un escritor de las “anomalías”

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS. Desde Buenos Aires. Colaboración para Argenpress Cultural)

“La novela realista engaña lastimosamente. Abstrae los hechos y deja el campo lleno de vacíos; les da una continuidad imposible, porque lo verídico, lo que se calla, no le interesaría a nadie”

Pablo Palacio

Pablo Palacio, escritor ecuatoriano (1906-1947), en su breve obra mostró la “doble faz” de lo real: de la “abstracción” o generalización del “mundo real” a “lo que se calla” (la vida individual). Desplegó una variedad de personajes, donde lo individual se ¿conjuga? (o sufre, u opone) a esa realidad “moderna” que se dio –en cada caso, con particularidades “únicas” también- en la mayoría de los países de Latinoamérica, en las primeras décadas del siglo XX.

Como explica la académica ecuatoriana Alicia Ortega Caicedo en el ensayo introductorio de esta edición: Palacio “estuvo cronológicamente acompañado en el interior del país por Humberto Salvador y, en el contexto latinoamericano, por un grupo de escritores –Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Martín Adán, Oliverio Girondo, Felisberto Hernández, Vicente Huidobro, Salvador Novo, Julio Garmendia, César Vallejo- que fundaron la narrativa vanguardista hispanoamericana. Todos respondieron a una vigorosa transformación de la vida cotidiana como resultado de la revolución tecnológica y de procesos de urbanización incipientes” .

En los relatos de Palacio la “relación con el mundo de los márgenes culturales, sexuales, y corporales expresa una ruptura con la idea tradicional de justicia y con los paradigmas establecidos de valoración cultural; evidencia, sobre todo, la arbitrariedad de la norma social y el artificio de todo orden” . Allí están para demostrarlo el llamado “vicioso” –un homosexual-, la antropofagia de un “padre de familia” o las “siamesas” (que, “en realidad”, son una sola persona). Todas historias de individualidades (sub)urbanas que rompen el continuum de una “modernidad” institucionalizada, apacible y feliz.

Dice Ortega Caicedo: “la escritura de Palacio se instala precisamente en los intersticios de la razón: allí donde estalla el absurdo, el instinto, el placer, la risa, el mundo de las emociones y la dinámica transgresora de la fantasía, (...) la línea destinada a señalar los límites entre razón y locura tiende a desaparecer y a dejar en su lugar un gran vacío ocupado por cuerpos que oscilan en difícil equilibrio entre el reclamo de sus deseos y el llamado de la razón” .

Los relatos son experimentales, asombrosos, inesperados y no exentos de humor: como el del hombre que está cada vez más dispuesto a separarse de su pareja ante una muletilla que no soporta oír; o la novela Débora (1927), donde “el Teniente” camina por las calles cavilando no se sabe bien qué, en busca de la mujer.

Palacio ubica personajes e ideas en los “bordes” de la modernidad, en las contradicciones (o “grietas”) mismas del sistema; de ahí una sentencia como esta: “Hijo de la habitación trajinada; hija de la agencia humana: tu madre te echará a la calle.

Serás ladrón o prostituta”.

Modernidad (decadente, contradictoria, “irreal”) y variaciones para el “asombro”: eso es lo que ofrece esta oportuna reedición de Un hombre muerto a puntapiés y Débora. Este es el primer título de la colección “Vanguardia”, dirigida por José Enrique .

La Editorial Final Abierto (www.finalabiertoweb.com) da a conocer un excelente libro de lo mejor de la (primera, y con varios autores poco conocidos) vanguardia literaria latinoamericana.

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Este y los otros títulos de Final Abierto se consiguen en la librería del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” (Riobamba 144, CABA)

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