sábado, 7 de noviembre de 2009

Réquiem por la Revolución del 1910

Carlos López Dzur (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A la primera Revolución Social

No creas, Mariano Escobedo, que la democracia,
aún la aparente de los votos y las sucesiones,
nacerá sin un pueblo que la comprenda
y diga: «Esta es la suya. La mía. La de todos».
No lo creas, Pedro Valdés. La justicia no la trae
el fusil de un militar patriota, ni el soñador sin pueblo.
No lo creas, Lorenzo Hernández, Javier Espino,
Miguel Negrete, Manuel Carreón,
Francisco Nava, José del Río.
Tirar al Porfiriato, hundir la dictadura, 30 años
de envilecimiento, es despertar al hambriento,
sumarlo al pan digno de cada mañana.

Ninguno de ustedes, revolucionarios por un deseo de cambio,
puede ir solo con su grupito selecto de soldados,
con consenso de honor, aún elitista, y decir
a millones que Porfirio es malo, que la libertad
está garantizada, o el futuro sonríe
cuando hay valientes, adrenalina uniformada.
No basta que se diga que la dictadura humilla
al colectivo grande, al México divino, a la Patria.

Sin el pueblo los triunfos duran lo que el viento.
El sufragio efectivo es voz vacía.
Madero huye a París y el rabo de todos
se esconde entre las patas
y la «No Reelección» se vuelve espuria
aunque venga el triunfo / fantasma pasajero /
después de 30 años de vil aferramiento y Díaz al mando.

No es mero asunto de crear un aparato de elecciones
que, técnicamente, llamen «Democracia».
Es que hay serpientes que se cuelgan de Madero
y van lamiendo la tierra y mordiendo el tronco
y la tierra y el tronco vuelven a ser porfiriato,
agendas del demonio y encantadores que mandan
sus culebras y las hay blancas, anglófilas,
como Henry Lane Wilson y las hay oscuras
y moteadas, como la Antigua Serpiente
de la burguesía, el mismo Porfiriato.

Y verás cómo cae el presidente electo y el vicepresidente
Pino, asesinados a dos años de jactarse
«Llegó la democracia, mexicanos.
Vengan y aplaudan, vengan y echen los vivas».
No lo creas: una elección es lo más frágil
que existe. Una teoría sin pueblo dura nada.
Los dictadores vuelven ante un pueblo dormido,
las huertas victoriosas son llamaradas,
engañosos espejismos.

Hazlo que huya, entonces, pueblo bravo.
Que se vaya con su amo al que llaman
el águila del Norte; pero en el Sur, cuida
a Zapata y, en el Norte, disciplina que Pancho Villa
es otra bestia, adrenalina mala, siquitrillado
populismo con espuelas, borracheras
y cartucheras por doquier y sexo
y robo, desvergüenza.

Cuídalo, sí, y cuídate de él aunque tenga
en la boca la justicia, la reforma, la tierra,
la patria, demagogia aún no cernida
en los cedazos del espíritu pulcro,
revolucionario.

Constitucionalismo liberal, sí, ten cuidado
que hay villas elitistas que al poder conocen
como nominales palabras,
tal vez peores que Villa y que Zapata.
Ven y mira a Venustiano a los ojos,
dime qué ves en sus carranzas,
mira a Obregón, a su gente y dime si hay algo
distinto a los hombres que al Porfiriato conjuraron
con sus armas que desde Mariano Escobedo
son golpistas de '79, émulos
de Carreón, Negrete, Nava y del Río.

Escucha que todos hablan sobre derechos liberales
y legislaciones civiles, laborales, progresistas
y se llega a los portales de las bestias
en la Huerta-Patria, ante falsas bocas
que siseantes proclaman:
«Que la nación se encauce por los senderos de paz»,
y él mismo, Venustiano en la huerta es
la piedra de tropiezo; la Paz es su pretexto
de atentados, impracticable senda
y él, personero del acoso
y las traiciones.

Asesinados Gustavo Adolfo Madero,
Adolfo Bassó Bertoliat
Francisco I. Madero,
José María Pino Suárez,
Abraham González, Edmundo Pastelín,
Adolfo Gorrión, Serapio Rendón,
Belisario Domínguez Palencia.
Ahí los tienes, México, tus patriotas caídos
por un poco del trámite burocrático
del presumirse vanamente
Libre, Liberal, Moderno.
Constitucionalista.

Y lo peor queda aún por verse.
Ahora soy yo: te hablo en nombre de Carranza:
Se necesita mucha sangre aún para abonarte
en nombre de los Generales.
Muchos sublevados más para decir
que la Revolución es Social y ha de ser
la primera del siglo, más grande y solidaria
que la de los bolcheviques y su Peligro Rojo,

Dáme un millón de mexicanos, muertos
los quiero en nombre de Madero.
Dámelos en nombre de las clases marginadas
ahora que Díaz se ha ido y en días de hambres y ollas
dejó al León de la Barra, que se quede tranquilo
Emiliano, con sus zapatistas, que se mantenga a raya
Pascual Orozco, que me digan los católicos
del Partido Nacional qué puto carajo es lo que quieren
o que los lleven presos, que no existan,
o que en San Juan de Ulúa
vayan como cautivos.

Que me diga William Howard Taft y Woodrow Wilson
en qué bando se ubican, si bendicen o no
la democracia, que le digan a John Lind,
güerejo entrometido, que no den más recetas
de falsa neutralidad. Que mejor me vendan armas,
que la Revolución las quiere. Ya ninguno
se la apropiará sin que pare la sangre.
Los alemanes venden armas al huertismo
y el marino del Águila del Norte
ocupó Veracruz, burló la Patria Mexicana.
Que te digan, México, dónde están las lealtades
del amigo, entonces, dáme por la
causa constitucionalista
tus rebeldes, tus mártires
porque estamos solos y Pablo González Garza
en el Noroeste se come la pena viva
y Villa, intranquilo como chacal del Norte no se place
ni con el gringo ni con el alza'o bajo su mando.
Obregón en el Noroeste pasa por sus horrores
y pocas son las líneas de resistencia federales
que ya van doblegándose. Que Villa está mermándolas
y ha tomado a Chihuahua, Coahuila y Zacatecas
– Rodolfo Fierro es un lobo en Torreón
y fragor de la guerra le hace lo que el Viento a Juárez.

Es que quieren tu sangre, Pueblo, como sopa.
Dale entonces tres tazas. Eso es lo que quieren.
Dales un millón de muertos para lavar el Plan
y el pacto civilista, dame un Sur diezmado
ahora que existe Zapata; disolvamos a esos federales,
los siempre porfiristas, lacras de mi condena.
Dilo al ABC. Anúncialo en conferencias multinacionales,
en Niágara Falls, a la cara del yankee:
«El Águila del Norte apenas si conviene con Carranza
y son intransigentes y envidiosos».

Dame un millón de muertos. Vayan y ocupen
templos, aprehendan sacerdotes, pidan
medio millón de pesos a los Arzobispados,
escupan sobre los extranjeros, que te traicionan
México. Dijo Rafael Ceniceros,
viejo portavoz del Partido Católico que soy
el Leviatán. Que Carranza se alía al demonio
de la Muerte y que Obregón es el ladrón
del Anillo Pastoral del Obispo.
Están barriendo las calles élites de la Iglesia,
siervos de la Virgen Guadalupe,
están cerrando colegios, quemando confesionarios
por el sólo desmentir a Venustiano
y llamar masones del Trabajo Sucio
a Obregón y Plutarco Elías Calles.

No lo creas, Pueblo Mexicano. En nombre
de Cristo Rey, Tu Revolución está en las manos
de los vaticanos, los extranjeros, la mafia
de los cuartos oscuros.
La Constitución que soñamos la están
adulterando con chantaje los cristeros
y necesito ayuda: Dame medio millón de muertos,
dáme mártires, cualquiera sea tu bando,
villistas, o gente de Emiliano.
Que nadie puede solo con esta carga,
tu revolución, mexicano del futuro.

Para tirar al Porfiriato, su Iglesia corruptora,
sus ricos patronatos, te necesito
Villa, Zapata, Carranza, Obregón
(pero fieles, leales, no como cada perro
con su hueso; juntos que rasquemos nuestras pulgas
si acaso es la única riqueza que tenemos),
además de la sangre y el poquito de vergüenza solidaria.
Dáme, dáme, dáme un millón de muertos.
Séme fiel, Zapata, porque si no obedeces
te asesino. Te mando a matar si fallas
por el Plan de Ayala; yo soy la Revolución,
Villa, Zapata, yo sé emboscar,
yo sé utilizar caciques mentirosos,
yo fundo la Muerte en Hacienda de Chinameca,
de Morelos, porque yo quiero un millón de muertos,
yo, Carranza, quien hizo a Obregón
el mejor de mis guerreros, pero quien sé
que es ambicioso, ama el poder más que Porfirio
(él quiere la Elección, aunque esté en desventaja).

El no es fiel, óyelo pues de la Boca de Carranza:
Sufragio efectivo, estratagema descarada.
Dáme un millón de muertos antes que un católico
venga y mate a Álvaro, antes que los cristeros
te roben Tu Constitución, pueblo de mártires.
Estamos haciendo una mierda de algo puro
y hay que darle el valor de nuestras vidas,
sangre, mucha sangre,
para que teman la traición los generales.
Escucha, Cárdenas del Río,
Abelardo, sinvergüenza, vendepatria,
Manuel Ávila, hijo del chanchullo,
Elía Calles, escucha:
dáme medio millón de muertos
y desconfía del gringo
y los nuevos ejidatarios.

Del libro «Tijuana: Dolor de parto» (inédito)

Este poema, recientemente escrito, como mi ofrenda de recordación a más de medio millón de mexicanos muertos en la Revolución Mexicana y al Bicentenario de la misma, considerada la primera revolución social del siglo, está escrito con respeto y admiración al anhelo democrático de los mexicanos, a su Constitución, que es una de las más modernas y sabias en el Hemisferio y como un deseo personal de respeto a la vida y el sacrificio histórico, que hacen los pueblos para validar sus derechos naturales a la justicia, la soberanía y la dignidad.
Carlos López Dzur es poeta puertorriqueño en la Diáspora.

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