sábado, 5 de diciembre de 2009

Los sueños y el soñar

Susana Signorelli (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los sueños (soñados) han despertado (valga la paradoja) la curiosidad de legos y profesionales de las más variadas ramas del saber y de la cultura, desde tiempos inmemoriales. Pero yéndonos a tiempos más actuales, neurólogos, fisiólogos, psiquiatras, psicólogos se han ocupado de ello. Hasta hay especialistas en el dormir que no es lo mismo que soñar. Los laureles indudablemente se los lleva S. Freud con su famoso tratado “La interpretación de los sueños”. Los psicoanalistas, post freudianos habían encontrado casi la panacea, a través del relato de los sueños de sus pacientes encontraron la llave mágica que los llevaba al inconsciente, vaya a saber uno para qué, si después de todo, somos concientes de todos nuestros actos y hasta somos juzgados por ellos. Pero dejemos para otros investigadores la existencia o no del inconsciente y volvamos a nuestro tema de los sueños.

Desde entonces creímos que los sueños tenían una interpretación psicológica y que nos daban indicios de nuestros conflictos inconscientes, claro, que alguna vez fueron concientes pero que reprimimos por lo conflictivo que resultaban ser esos hechos para nuestra conciencia y que ahora, desde el inconsciente, que no sabemos dónde se ubica en nuestro cuerpo, suponemos que en el cerebro, pretenden surgir nuevamente a la conciencia con ese lenguaje esotérico que los caracteriza.

También servían para resolver conflictos diurnos, aliviar tensiones y hasta para ser concientes de nuestros conflictos inconscientes, que si son inconscientes para qué querrían ellos ser concientes ahora, si antes quisieron ser inconcientes. Dilema que requiere nuevas interpretaciones cada vez más alejadas de la realidad sintiente.

Hasta que últimamente al investigador Allan Hobson, psiquiatra e investigador de la Universidad de Harvard se le ocurrió que el propósito del sueño es fisiológico, y no psicológico, una especie de calentamiento de los circuitos que servían para anticipar las escenas de la vida conciente. Lo explica de la siguiente manera, comenzó por preguntarse por qué la gente olvida tan fácilmente lo que soñó y su respuesta fue comparar la actividad del soñar con la de una carrera, el cuerpo sabe que hizo ejercicio pero no recuerda cada movimiento que realizó para esa actividad. Concluye que dormir es un estado de conciencia paralelo, siempre en marcha pero suprimido cuando estamos despiertos. Pero esto no termina aquí, el Dr. Rodolfo Llinás, neurólogo de la Universidad de Nueva York quedó fuertemente impresionado por estas conclusiones y agregó: los sueños no son un estado paralelo de conciencia, sino que es la conciencia en sí misma, la ausencia de estímulos de los sentidos.

Estas ideas parten de investigaciones sobre los sueños REM que ya aparecen en el tercer trimestre de la gestación.

Desde este nuevo punto de vista los sueños no son más que una especie de preparación para lo que puede suceder en el día próximo.

Los sueños no responden a la lógica formal de la razón, pero ¿es acaso ésta la única forma de expresarse que tiene el hombre?, ¿y los sentimientos dónde los dejamos?, ya Pascal nos había alertado que el corazón tienes razones que la razón no entiende. Cuando hablaba de corazón, no se refería exactamente al órgano del cuerpo humano sino a un valor metafórico, simbólico, que se le otorgó a dicho órgano por tener la capacidad de agitarse y hacerse evidente frente a nuestras emociones.

¿Los sentimientos y las emociones no son las que mueven al artista para la creación? ¿Qué es entonces la metáfora? ¿No es una nueva forma de apreciar la realidad o lo conciente? ¿Por qué el sueño no puede ser justamente la expresión más vívida de nuestros sentimientos en forma de metáfora?

Soñamos con lo que tememos o con lo que anhelamos en forma conciente, no soñamos con nada desconocido, sea real o irreal, pero que sea irreal, no le da el carácter de inconsciente, un unicornio es irreal pero no es inconsciente. Simplemente el lenguaje del soñar es otro, como expresé anteriormente es metafórico, es la expresión del sentimiento sin los atascos o bretes que le pone la razón. Es la manifestación de nuestro modo de ser, tanto diurno, como nocturno. ¿Por qué entonces los sueños no pueden ser la expresión más acabada de nuestra conciencia preparándonos para el día que vendrá? Hasta es una expresión de la capacidad de futurizar que tiene el hombre.

Necesitamos dormir y soñar, sin soñar no descansamos, esto ha sido probado en investigaciones, despertando a una persona cada vez que entraba en sueño REM y probaron las alteraciones que sufría al no soñar, entonces ¿por qué el soñar no puede ser una preparación para el día que se acerca y no una especie de puerta al inconsciente?

Pero entonces, los psicoanalistas ¿se quedaron sin la llave mágica? ¿Qué van a hacer ahora? Rápido, no puedo seguir escribiendo, tengo que ir a mi analista a preguntárselo.

Vale aquí recordar algunos versos de Pedro Calderón de la Barca de su obra La vida es sueño que a través de su personaje Segismundo, nos dice
¿Que quizá soñando estoy,
aunque despierto me veo?
No sueño, pues toco y creo
lo que he sido y lo que soy.
Y aunque agora te arrepientas,
poco remedio tendrás;
sé quién soy, y no podrás
aunque suspires y sientas,
quitarme el haber nacido
de esta corona heredero;

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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