sábado, 17 de enero de 2009

Feria Internacional del Libro - Cuba: adicción por la lectura


Marcos Alfonso (Especial de la AIN, exclusivo para ARGENPRESS CULTURAL)

Leer un libro es como descubrir los fuegos de la vida, los retruécanos del mundo y hasta los íntimos recovecos de los seres humanos.

¿Quién no ha vivido las emociones de pescar agujas en el Golfo de México junto al viejo Gregorio, de Hemingway, a bordo del Pilar? ¿No ha sufrido usted las penurias del coronel Aureliano Buendía cuando, durante más de 20 años, infructuosamente, esperaba la carta que nunca le escribieron?

Los libros son como las adicciones, crean hábito.

En Cuba, desde que en los albores de la Revolución se fundara la Imprenta Nacional de Cuba, y hasta los momentos más cruciales de la crisis económica de la década de los 90 del pasado siglo, conocida como Período Especial, los libros siempre han tenido su espacio en mayores o menores cuantías.

Apenas dentro de 50 días, el 12 de febrero por venir, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, frente a la rada de entrada a La Habana será, como cada año, el escenario en el cual se dejará abierta al mundo la decimoctava edición de la Feria Internacional del Libro (FIT).

En 2009 Chile devendrá el país invitado de honor en atención al desarrollo de su vasta cultura. Dos Premios Nobel, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, son hijos de ese pueblo. También Violeta Parra, de impresionante legado literario. El folclorista Víctor Jara y el pensador y político Salvador Allende. Numerosos textos y casas editoriales de esa nación concurrirán a la capital cubana.

De Cuba, la Feria se dedicará a la poetisa y ensayista Fina García Marruz, de amplia trayectoria literaria reconocida en innumerables premios locales e internacionales, y al historiador Jorge Ibarra Cuesta, Premio Nacional de Ciencias Sociales en 1996.

Los 50 años de fundada por Haydée Santamaría de la emblemática Casa de las Américas, será otro de los motivos que prestigiarán esta Feria.

Catalogada como el “acontecimiento más trascendental del movimiento editorial cubano y uno de los eventos culturales más esperados por nuestro pueblo”, esta Feria (12 al 22 de febrero en la capital), tendrá carácter nacional como en los últimos ocho años y, a lo largo de la Isla, se presentará en 16 sedes alternativas.

Con posterioridad, en lo que resta del segundo mes del calendario y hasta el de marzo, se organizarán otras 142 miniferias que alcanzarán a todos los municipios del país, con énfasis particular en aquellas regiones azotadas por los tres huracanes que abatieron a Cuba el pasado año.

En el ejercicio en curso, las casas editoriales locales darán a conocer alrededor de un millar de nuevos títulos en cifra superior a los seis millones de ejemplares. Se prevé que los visitantes superen los cuatro millones 124 mil que acudieron a la edición precedente.

En los espacios capitalinos de esta Feria tendrán lugar tres programas: Profesional y Literario, Infantil y Artístico, así como el Área Comercial, constituyentes de opciones colaterales tales como encuentros con autores, y académicos, conferencias, paneles y mesas redondas, muestras de artes escénicas, ciclos de cine y exposiciones de artes plásticas.

Otras variedades son la descarga y copia de libros de su preferencia, de revistas digitales y diccionarios. Multimedia para niños y adultos. Navegación por sitios Web y bibliotecas virtuales.

Grosso modo, la XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana tiene garantizada de antemano el éxito popular.

Parte intrínseca de la cultura para cualquier país, la lectura ocupa sitio prominente en la Isla: desde las tradicionales de los tabaqueros hasta las novedades universales. Al decir de cierto colega: ¡Es la mejor “droga” que se ha inventado!.

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Postal desde el fin del mundo (Fragmento)

Andrés Bianque

Al final resultó que los buses eran los mismos de antes, uno que otro nuevo, pero principalmente, simples chaquetas nuevas de pinturas sobre cuerpos metálicos colapsados, y carroñosas carrocerías de siempre. Los buses nuevos, redomado ejército de antiguos camellos empolvados, enterrados, incómodos, prosaicos de mosaicos aceitados de grasa fosilizada a las puertas, ventanas y pasamanos. Caravana itinerante de conductores descontentos y vinagres.

Ambiguo y turbio esquema tribal, aún con el sistema del cordelito y la campanita para anunciar las paradas, sin embargo, tremendamente claro, preclaro y moderno a la hora de cobrar.

En los barrios el sol se afinca en los márgenes limítrofes de la incertidumbre y va desempollando las garrapatas que buscan perros, gatos y niños. Ácaros que son primos sanguíneos de ciertos avaros hermosos de jardines siempre verdes, lozanos y rasurados.

Florecen por todas las calles y pasajes los almacenes de provisiones, bazares, locales, fritangas, proveedores de completos, papas fritas, humas, sopaipillas, hielo, ceviches, jugos, cubos de agua, reparaciones de bicicletas, de zapatos, pescado frito, cigarros sueltos, cervecerías ilegales y hasta lo más inconcebible.

Pequeño peldaño comercial es un puesto donde poder vender algo y obtener la ganancia que no se obtiene en los respectivos trabajos asalariados. Que mejor que ser uno mismo el dueño de los dineros y pagos.

Pequeños empresarios edificando su propio dorado en las poblaciones marginales y rurales.

No existe, ni en broma el sentimiento de ofrecer algo sin algún interés pecuniario.

Que de aprendices que el sistema ostenta por ahí, la gran masa cree entender que no existen comerciantes pobres o necesitados. Entonces todo es comprar y vender, y qué mejor que ser uno el vendedor, el eterno ganador.

Solidaridad es sinónimo de soledad en estos parajes y pasajes.

La gente saca cuentas, todo está en venta.

Las máquinas tragamonedas se tragan los sueños de dueñas de casa, que primero apuestan el vuelto del pan, y al final el mismísimo pan, el dinero de las cuentas y bien tarde se dan cuenta que han sido engañadas por otro bribón moderno en su inútil búsqueda de riquezas momentáneas adosadas por la televisión y los medios, en sus cabezas anhelantes.

Pero las penas y los propios problemas pasan a segundo plano observando telenovelas baratas interpretadas por actores mediocres que tienen su minuto de fama embruteciendo a los televidentes con sus artificiales tramas.

El bombardeo de series es constante, se puede observar fácilmente la ruina cultural en la cual se encuentran los afectados.

Las demandas sociales se resuelven a palos, chorros de agua y de sangre. Los conflictos poblacionales, territoriales se resuelven a balazos y sablazos. Recorren calles concretamente polvorosas hordas de soldados menores de edad, a razón de las ventajas que la juventud les brinda frente a la ley, esto, por lo general, frente a las nulas posibilidades de alcanzar algo mejor.

Unos, narco mayordomos, ladronzuelos, sicarios, asaltantes, otros, simplemente buscando la fama o hacerse un nombre, al asesinar a algún vecino o rival de amores o de pichangas que terminan en matanzas.

No hay respeto por la vida, la vida es un detalle accidental de una vida accidentada.

Entre duelos de egos moreteados o plagados de psiquiatrices, no hay conciencia del hermoso don que es la vida, no hay conciencia o lucidez para entender que uno mismo puede ser el próximo fiambre tirado en una esquina el día de mañana y ser el engorde natural de una morgue que recibe aburrida y monótona a la misma clase de clientes. Y es que, ¿Y si me matan, qué pierdo? ¿Si muero tal vez se acabarán mis problemas?

Con una naturalidad espantosa emergen los cuchillos ante alguna discrepancia humana. También los palos, los garrotes, azotes, patadas, ofensas, garabatos y malos tratos.

Todo esto observado en primer plano por ciertos niños víctimas de detalles insignificantes como daños colaterales económicos intrínsecos del sistema.

Acostumbrados, observan, escuchan y asimilan. Copian y plagian ciertos gestos y palabras, hasta realizar actuaciones mucho mejores que sus primeros modelos que abundan a granel por todos lados.

Terminan en la cárcel, firmando semanal en algún juzgado, derrotados por alguna droga, absorbidos por el alcohol, muertos, locos o menos inicuos que los demás y por ello encerrados de por vida en sus casas, por temor a ser lastimados por el entorno, o sus propios vecinos.

Sin derecho a ingresar a las aulas, pero empujados sin misericordia a las jaulas.

Aquello de que el músculo descansa, la ambición duerme en la noche, no corre para los zombis nocturnos que se pasean angustiados pensando en cómo obtener la ansiada pasta que adereza y apacigua sus miserables vidas. Una camisa olvidada en el tendedero puede ser reducida a dinero en este largo local comercial en que se ha convertido el país. El bolso de un transeúnte, su reloj, sus zapatos, su chaqueta, sus aros, su cartera, su cadena. Todo puede ser reducido.

De día la gran mayoría son buitres aburridos que observan a los paseantes encaramados en lo alto de sus pensamientos, esperando pacientes a que alguno ande sólo o sin manada, o los enfermos o los más débiles. También aceran sus uñas envueltas en armas de fuego, que se han puesto tan de moda y ahí son valientes contra el que sea.

También durante el día, el silencio duerme en las alcantarillas o en las oficinas de reclamos. El preludio amoroso ha sido musicalizado con tal magnitud, de tal forma, que es un solo gemido con letras denigrantes, sexistas, machistas y absurdamente repetitivas que son la delicia de los que buscan el oscurantismo colectivo. Estridente tridente de estupidez, vulgaridad y superficialidad que emerge al unísono desde todas las ranchas, fondas, mediaguas y rucas.

El argot usado por una gran parte de la población pobre, sirve como aduana muralla contra los extraños. El hablar con la boca llena de modismos permite saber quién es quién o de dónde se es. Permite separar a los vivos de los longuis.

Se destaca la proporcionalidad del cochitril, casas ridículamente pequeñas, diminutas y estrechas. Casas anti-familia, a mayor número de miembros en un espacio reducido, mayor es el número de integrantes en la calle. De noche, no hay remedio, amontonados, desparramados por el suelo y los largueros, pero de día, no hay excusas, a ganarse la vida como sea.

Ulcerosas son las calles, llenas de llagas profundas por doquier. Afortunadamente, aún, la oscura clorofila hecha sombra protege contra el sol inclemente, que hace rato viene trazando quemaduras más profundas que antaño.

Las rejas crecen más altas que las propias casas. Filosas lanzas detenidas esperando castigar a algún intruso. Empalizada de puntas amenazantes contra algún futuro atacante.

Casas hechas y fabricadas con lo que hay, con lo que se puede, con lo que se invente. Infinitos retazos, pedazos de baldosas, palos o ladrillos que representan año tras año.

Y los hay de aquellos que se levantan de entre las ruinas.

Compran su primer carro y reemplazan el barro del piso por azulejos que son reflejo espejo de su éxito.

Unos trabajando de sol a sol, privándose de un cuanto hay, sólo por lograr, de acuerdo a los cánones del medio, ser superiores a los demás, no en lo emocional o interno, sino simplemente con algo material. Otros, se convierten en traficantes de mujeres o de clorhidrato, convirtiendo a sus vecinos y amigos en despojos humanos. Comparten sus ganancias con la policía que todo lo sabe, que todo lo vigila.

Por lo general, entre más miserable han sido sus orígenes, se vuelven arribistas, clasistas y soberbios. Son demasiado finos o elegantes para mezclarse con la chusma. Olvidadizos Peñilais que no soportan las expresiones populares o autóctonas.

En la gran ciudad, en la gran avenida de la patria, se puede observar a hombres, mujeres, niños y perros escudriñando restos de comida en las bolsas de basura. Las mismas bolsas de basura que se cuelgan en los árboles en las barriadas y arrabales pobres y que los perros destrozan dando saltos desesperados cuando olfatean algún rastrojo olvidado.

Comerciantes itinerantes de calle en calle, de feria en feria, de bus en bus, de parque, en parque. Deambulan los ambulantes con la vida metida en un bolso y un mantel como estandarte de sus necesidades insatisfechas.

Así, de un modo infame, recorren decenas de infantes los restaurantes, plazas y montes pidiendo una moneda a cambio de un rosa, un calendario, un lápiz, un llavero, una caricia.

Malabaristas, payasos, bufones, vendedores, asaltantes (piedra en mano) y limpiaparabrisas en las esquinas con semáforos. Y vendedores en los buses, vendedores en los pasajes y destinos recurridos. Vendedores de peajes y paisajes artificiales por doquier.

Y el paño amarillo heredado del padre para limpiar los autos y el acento preciso para pronunciar patrón, patroncito, como sólo los pobres declaman.

Promotores y promotoras de casas comerciales intentando atrapar a los incautos.

La oferta de favores sexuales por gentes de todas las edades en plazas, avisos comerciales y carreteras que son canteras de aquellos que no tienen nada más que vender, sino sus propios cuerpos.

El café entibiado con la entrepierna o enriquecido con los pechos de alguna universitaria, intentando obtener los privilegios de otras clases.

Ríos de brazos tormentosos avanzan raudos por entre lóbregas avenidas luminosas, no hay tiempo para quietud de lagos, detenerse a observar las hojas de los árboles puede ser un error que se pague caro.

No todo el mundo es malo, o no todo el mundo está al acecho para estafar o robar o perjudicar a los demás. No todos son esferas de naftalina, también hay perlas escondidas y enterradas. Pero la idea central es esa. A mayor temor, menor comunicación. Entre más uno teme, menos se atreve a relacionarse con los demás. Pequeño inmenso truco del individualismo. El miedo levanta murallas bien altas y cava profundo las zanjas que nos dividen y apartan de los demás.

Mientras tanto el mercado ofrece productos alternativos. No tenemos el original, pero si un aditivo, cargador, pieza, modelo, utensilio, perfume, lente, reloj alternativo. El original resulta más oneroso y cuesta pagar por lo realmente auténtico.

El producto Alternativo es aquel que no es el fruto original, pero es casi idéntico, clonicamente parecido, cercano, ofrece casi la misma función que el producto original proporcionaría, sólo que no lo es. Entonces adquirimos una democracia alternativa, una educación alternativa, una vivienda y salud alternativa.

En verano la pobreza se nota menos…

El Grifo es un ser mitológico de origen popular que aparece de vez en cuando en alguna calle cualquiera, sin aviso previo, ni anuncios de su presencia.

Es pequeño y delgado, amarillo como coronta de maíz. Tiene una boca ancha como esgrimiendo una eterna sorpresa, la mollera es como la chasquilla de una codorniz, sólo que acerada y cuadrada.

Duerme casi todo el año. En caso de incendio los humanos claman y ruegan por su ayuda, esto porque entre sus costillas duerme el agua de los lagos, las napas y la cordillera. De ahí lo hermoso de su existencia.

Los más viejos, cuando pasan por su lado, acarician su frente y se persignan respetuosamente deseando no tener que pedirle ayuda y despertarlo de su letargo en ningún momento.

Es un ser muy lindo con los humanos, pero su mayor alegría llega en Verano. Los niños pobres que no tienen donde ir a refrescarse, se acercan a él con un tubo cualquiera y frotan su cresta cromada, si los niños han sido buenos, éste les regala un chorro de agua espumante.

Los niños gritan de alegría, juegan, se bañan y danzan a su alrededor. Se sientan al borde de las calles, pasan bailando, saltando, corriendo, juntan el agua que corre en las cunetas y suavizan sus pies y sus manos con el líquido que corre tan alegre como ellos por los costados.

Se les unen a los niños, los jóvenes y también, algunas veces los adultos. En ese instante todos son buenos, el agua ablanda las durezas que han adquirido en ciertos caminos, en esos instantes son buenos, en esos momentos se olvidan de las penas, las condenas y las eternas peleas contra el mundo…

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Es que somos muy pobres


Juan Rulfo

Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejabán, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río

El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada. Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar en seguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas. Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo. Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho. Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina, la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

No acabo de saber por qué se le ocurriría a la Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás. A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.

Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas. Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran. Bramó como sólo Dios sabe cómo.

Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.

Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo. Si así fue, que Dios los ampare a los dos.

La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes.

Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.

Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde; pero andan de pirujas.

Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quién se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita.

La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre. Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere.

Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie. Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: "Que Dios las ampare a las dos."

Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención.

-Sí -dice-, le llenará los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal.

Ésa es la mortificación de mi papá.

Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella.

Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende. Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.

Foto: Juan Rulfo / Autor: Gabriel Figueroa Flores – CLUB CULTURA

Juan Rulfo: Escritor mexicano (1918-1986). Autor de "El llano en llamas" (1953) y "Pedro Páramo" (1955), dos clásicos de la literatura latinoamericana.


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Kafka y el horror


Pedro Antonio Curto (Desde España, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Franz Kafka no solía escribir sobre guerras o conflictos armados, pero dibujó en sus relatos e historias mundos obsesivos y absurdos, esos entes abstractos y opresivos, que como en El Proceso, convertían al ser humano en objeto de un azar fatal del que nadie parecía responsabilizarse, salvo una maquinaria imposible de detener. Es por eso que la obra kafkiana puede ser un factor recurrente cuando contemplamos las sombras del horror, como ocurre actualmente en Gaza.

Kafka fue un judío contradictorio, de lengua alemana y residente en Praga, se interesó por el judaísmo y trató de acercarse a esa identidad, tanto como receló de ella, porque como algunos escritores, se sentía extranjero ante los mundos posibles. A pesar de ello coqueteó con el sionismo, en especial por influencia de su amigo Max Brod, militante sionista. Ya en aquella época los planteamientos teóricos del sionismo se basaban en un nacionalismo esencialista y excluyente, pero atrajo a muchos judíos, en un momento de eclosión y formación de estados-nación, donde la búsqueda de la identidad se presentaba como una necesidad para ser y estar en el mundo. Así Kafka decía: “El anhelo que sienten los judíos por un lugar en el que asentarse no consiste en un nacionalismo agresivo que en el fondo siempre es apartida en si mismo y en el mundo y se apodera enfurecido de los hogares ajenos, ya que, en el fondo otra vez, el nacionalismo judío es incapaz de quitarle al mundo su desierto.”

Se equivocaba, pues a pesar de ser un autor intuitivo, no pudo ver en aquel cachorro, el monstruo en el que se convertiría. De todas formas Kafka se identificaba más con un sionismo cultural y humanista que con el de Theodor Herzl, en el que se presentaba la terrible estructura de El Castillo, la que configuran los estados. Y ese mundo judío adherido al sionismo aprendió que sin un estado, un pueblo no es nadie. Ni su cultura, ni su identidad, ni su propia vida, parecen importar demasiado en el tablero de las naciones, a lo sumo se ocupan de el las organizaciones humanitarias. Es como quien no tiene ni trabajo ni dinero y sólo le queda acudir a los servicios sociales; su condición de ciudadano queda bastante rebajada. Y la condición de ciudadano palestino no cotiza demasiado en el orden internacional actual, como le ocurrió en el pasado a los propios judíos. Sólo sirve para la solidaridad y la indignación.

Aunque nunca los suficientes, somos muchos los ciudadanos que hemos salido a las calles para protestar contra la masacre de Gaza. Es ese pasear por las calles entre gritos y banderas palestinas, sintiendo la rabia del corazón y el compromiso de la conciencia, pero también que esa llamada “comunidad internacional”, tiene poco que ver con la ciudadanía. Porque la rabia lleva muchos años instalada, estalló en momentos como la masacre de Sabra y Chatila; entonces no existía Hamas, ni había terroristas suicidas, ni se lanzaban cohetes...pero esa “comunidad internacional”, sabe de sobra que eso es una excusa parecida a las armas destrucción masiva para invadir Iraq. Porque Israel ha aprendido que aparte de un estado, se necesitan amigos poderosos y ellos lo tienen. Pues a pesar de las violaciones de las propias resoluciones de la ONU por parte del estado israelí, nada se ha hecho y siguen ejerciendo la violencia con total impunidad. Hay que recordar como las sanciones contra la Sudáfrica racista, fueron uno de los elementos que llevaron al apartheid a un camino sin salida. Así Israel se ha crecido y conseguido anestesiar a la mayor parte de su ciudadanía; les hace ver un enemigo terrible a la vez que les ofrece un suelo seguro sobre el que habitar. Para necesidades espirituales está la patria mítica y buena parte del mundo judío se agarra a ella, aunque esa patria soñada este manchada de sangre. Y en nombre de esa patria, han mandado a Gaza a ese lugar de la historia que son las víctimas del horror junto a nombres símbolo como Guernica, Hiroshima, Auswhitz...

No deja de sorprender que un mundo como el de los judíos, donde ha florecido la cultura, que tanto ha aportado a la humanidad, se registre tanta indiferencia, cuando no complicidad. Es el lamento de Paul Celan, cuya lengua materna era el alemán, que admiraba a Goethe y la cultura alemana, por lo que le resultaba doloroso que de ese mismo pueblo naciese el nazismo.

He leído una carta de la cantante israelí Noa a la población de Gaza, les dice que lamenta lo que les está pasando, pero que es necesario hacerlo porque su enemigo es Hamas. No sé si será como consecuencia del clímax bélico que vive su país, lo que le ha llevado a escribir esto, pero escuchar su música ya no será lo mismo: La belleza y el arte son difícilmente compatibles con quien justifica el horror. Afortunadamente hay excepciones, en el propio Israel muchas personas han salido a las calles para protestar contra el genocidio. El poeta judío argentino Alberto Szpumberg escribía una carta recordando que el Talmud dice “salvar una vida es salvar el mundo”. Y es que a veces las exaltaciones paroxísticas de las esencias, terminan traicionando a las mismas, convirtiéndose en sus peores enemigos. Por eso pienso que es necesario ese ser y sentirse judío del que hablaba Marguerite Duras, como una manera de sentir el holocausto; un ser y sentirse judío, que hoy es un ser y sentirse palestino.

Crédito imagen: AL ALDEA GLOBAL


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Hojas tristes


Gregorio Riveros (Desde Venezuela, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Al silencio cómplice de la matanza en PALESTINA

Tejidos de palabras
con pinceles sin colores
inhumadas en el papel.
Palabras
sin párpados
ni retinas
ni cantos
ni lamentos.
Palabras
cómplices
de silencios majestuosos.
Palabras
sin latidos de corazón.
Inconclusas letras
de ojos huecos
que vuelan en el pico de los pájaros
amarillos
morados y negros
y revolotean
tristes
hojas blancas
que sacuden del poema
la piel de su amnesia.

Foto: Palestina - Una mujer sostiene a su hijo en brazos durante el funeral de dos niñas, Lama y Hamdan Haya, muertas en un ataque aéreo israelí, en el norte de la Franja de Gaza en Beit Hanoun el 30 de diciembre de 2008. Un médico dijo que Lama y Hamdan Haya, 4 y 11 años respectivamente, resultaron muertas cuando un avión de combate israelí atacó un carro tirado por un burro en el que se movilizaban en la aldea. / Autor: XINHUA


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Algo de música: el saxofón


ARGENPRESS

El saxofón fue inventado en Bruselas por el ingeniero y fabricante de instrumentos Adolphe Sax, y puesto a punto en su forma definitiva en París hacia 1840. Rápidamente se hizo popular, ganándose un lugar destacado en las bandas militares de la época. Su aceptación plena en el mundo de la música académica se da a partir de la orquestación que hiciera el francés Maurice Ravel de la obra "Cuadros de una exposición", de Modesto Mussorgsky, en el año 1922, particularmente del fragmento "El viejo castillo", donde el saxofón solista juega un papel fundamental.

Junto a esta entrada triunfal en el mundo de la música mal llamada "clásica", es en Estados Unidos donde el instrumento va siendo utilizado cada vez más en orquestas de jazz, pasando a ser elemento indispensable y principalísimo. Los grandes saxofonistas de jazz han llevado el instrumento a un lugar encumbrado durante el siglo XX.

Hoy, con muchos tipos y modelos, el saxo es utilizado en numerosas combinaciones orquestales, haciendo parte fundamental de la amplia gama de música conocida como "tropical", estando igualmente presente en numerosas formas pop así como en el rock.

Para mostrar alguna de las amplísimas posibilidades que el instrumento brinda, hoy presentamos una obra ya clásica: "Scaramouche: suite para saxofón y orquesta", del judío-francés Darius Milhaud (1892-1974), compuesta en 1937 con tres movimientos: vif, moderé y brazileira. Interpreta la virtuosa iraní Sohre Rahbari, con la Orquesta Filarmónica BRT, de Bélgica, dirigida por el también iraní, nacionalizado austríaco, Alexander Rahbari.







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Para ellos respetar al próximo es terminar consigo mismo

Rómulo Pardo Silva (Desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los burgueses y los bien acomodados
no dependen solo en lo material del despojo…
son en cuerpo y psique la explotación que practican

Sus rostros cuidados, escogidas mujeres,
ropas elegantes, finos modales, gustos culturales,
son la apropiación de pequeños bienes de extraños

Para no suicidar su bello estilo,
la copa de cristal, el asiento en la ópera,
la invitación cálida a un café,
el goce de pinturas en los muros,
el aire extranjero aspirado en ciudades europeas,
dejan la elegancia exhibida
y miran a un lado cuando sus sirvientes matan.

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Otro día (Lady y Ladi)

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Otro día, urgente buscó el cuaderno porque estaba viendo nuevamente la repetición de su sueño y notó que sucedía en una escuela y la maestra se llamaba Ladi y, a veces, estaba frente a un pizarrón y hablaba con alumnos adolescentes.

Cuando Ladi miraba hacia la clase, ella Lady, la iba recorriendo como si estuviera frente al aula. Y, fue así que, cuando aquella dijo:

__ Roque ¿Te podés acercar a leer tu trabajo? La vista de ella se dirigió a un muchacho sentado en tercera fila y cuyo rostro se iba ruborizando.

Se sintió un murmullo burlón y cómplice.

Ladi sonrió y Roque se acercó al frente y tomó las dos hojas que ella le extendía.

__ Debo decirles que además de éste, he leído varios reportajes que han merecido muy buenas notas, pero cuando lo escuchen se darán cuenta que su compañero eligió justo el tema de Los Derechos Humanos que es el tercer capítulo que estamos estudiando.

Roque pronunció el título con voz un poco baja:

_ Reportaje a Estela Carlotto

Pero sus compañeros le gritaron:

_ ¡Más fuerte ché!

Y, Roque volvió a leerlo:

REPORTAJE A ESTELA CARLOTTO.

Nos hemos acostumbrado a ver su rostro a través de distintas etapas del “quehacer nacional”.

Por primera vez la vimos en la pantalla televisiva, Allá por 1983, cuando un vestigio de democracia, se irguió valiente, después que entre las armas empuñadas por cobardes que, en lugar de defender a sus compatriotas, prefirieron el oro corrupto del liberalismo, mal dicho del extranjero, porque hubo extranjeros que también murieron por la libertad latinoamericana en contraposición al oro del liberalismo que no tiene ni honor, ni patria, ni hogar.

Hoy, está frente a mí, dispuesta al reportaje, con su mirada franca, directa y su voz clara, agradable. Habla con firmeza y no se quiebra a pesar de las horas dramáticas que ella misma va contando. Quizás, sí se quebró, durante los primeros años, cuando los llamaban por teléfono (a ella y a su marido), diciendo que tenían noticias de su hija desaparecida. Unas veces atendía ella, otras él y, los dos sufrieron durante un lapso interminable de angustia. A cambio de dinero les ofrecían datos que permitirían el reencuentro con la querida Laura. Pero eran sólo burlas crueles, despiadadas, que desaparecían en el anonimato después de cobrar la suma estipulada.

Hoy, a finales de 2005, sigue firme, valientemente esperanzada en encontrar al nieto robado. No está sola, pero su compañero quedó en casa.

¿Es la mujer más fuerte? ¿O a él le tocó el drama más dantesco de todos los infiernos juntos?

La última extorsión fue para entregarles el cuerpo sin vida, ahora ella lo sabe, pero ése día él convino en una hora que Estela no estuviera en casa.

Él les abrió la puerta, traían un bulto grande, envuelto en una cobija, atado con unos cintos gastados.

Les indicó el sofá. Allí lo depositaron y se fueron.

Se acercó, quiso soltar los cintos pero tuvo que buscar una tijera para cortarlos. Eran tres uno a cada extremo y otro en el medio.

Al abrir la cobija, aparecieron partes, pedazos de diarios pegados, sucios, húmedos algunos, secos otros.

Era evidente que habían querido envolverlo o tapar el cuerpo con las hojas de los diarios y como posiblemente se iban rompiendo, agregaban más hojas que a su vez se rompían. Trozos rotos, pegoteados de Clarín, Prensa, Nación.

Llorando se abrazó a ese macilento y desfigurado cuerpo. Pedacito a pedacito sacaba el papel pegado a ese querido rostro y sus lágrimas iban mojándolo.

Al fin pudo ver su cara. Sus ojos estaban cerrados y tenía una expresión de paz.

¡Hija! ¡Hija! Era lo único que podía gritar entre gemidos.

La limpió. Buscó ropa. Le puso un batón largo abierto con botones encima del cuerpo, pasó los brazos por las mangas y luego los cruzó sobre el pecho. Acomodó la tela en los hombros, no se notaba que era una ropa encimada sin nada en la espalda. Le calzó unas medias y cuando ella entró los vio en un patético abrazo al que se les unió.

P._ A Ud. Le otorgaron el premio a la Defensa de los Derechos Humanos 2003 de Naciones Unidas, tiene dos títulos Honoris Causa, de la Universidad de La Plata en el 2003 y de la UBA en el 2005 ¿Como se podría explicar el atentado que sufrió en su casa recientemente?

E.C._ Repito las palabras que pronuncié por ése motivo: Este es un desafío para todos, hay que sacar de lo siniestro lo bueno, hay que transformar la maldad en bondad para dar una durísima respuesta ciudadana a este atentado. Tenemos que derrotarlos. No tenemos que olvidar lo que pasó. Pero que sepan esos cobardes, esos asesinos, esos anónimos, esos indeseables, algo que siempre digo porque así lo siento: si estamos todos aquí es porque no nos han vencido

P_ El reconocimiento que supone los títulos otorgados ¿La comprometen más?

E. C._ Siempre he sostenido que soy una mujer común, una madre que nace a esta lucha por el orgullo que me inspiran, cada instante, Laura y sus 30.000 compañeros. Entonces me pregunto dónde está mi mérito para recibir este reconocimiento, si hago lo que debo, lo que me dicta el corazón. Se fundó Abuelas de plaza de Mayo hace 25 años y, desde entonces está signada por una profunda relación con el pueblo, de quien recibimos elementos y aproximaciones que permitieron durante estos años la localización de 73 hijos de nuestros hijos, porque a ellos los mataron y, a nosotros nos robaron los nietos, cambiándoles su identidad y dándolos a otras familias.

P._ No deja de ser un mérito la voluntad de llevar la antorcha.

E. C._ Para las mujeres que formamos los organismos de derechos humanos de la Argentina, nuestra trayectoria tiene hora y día preciso de inicio: la desaparición de un ser querido, ya sea hijo, esposo, hermano, nieto. Tenga presente que nuestro sufrimiento comenzó el día que secuestraron a nuestros hijos. ¿Qué puede hacer una madre o una madre-abuela cuando en esta situación de terror sus hijos y sus nietos “desaparecen” como si se los hubiera tragado la tierra? Nadie sabe, nadie responde, nadie se hace cargo.

P._Ese inicio incluye indudablemente a su esposo que también tanto ha sufrido.

E. C.__Si, hoy no está aquí, pero siempre me espera en casa y, ¿Porqué no? Podría ser que un día, cuando yo llegue y abra la puerta, me estén aguardando abrazados, mi nieto y mi marido.

Lady Allbulkarim estaba tan ensimismada escribiendo y llorando por aquella desdichada mujer llamada Estela Carlotto que, recién, cuando golpearon con fuerza la pesada puerta y por segunda vez, su rostro se transformó pasando de la tristeza al pánico. ¿Quién sería? Escondió el cuaderno en el cajón de la vieja mesa .Al cerrarlo con fuerza se sintió el ruído de los cubiertos al chocarse y eso la asustó aún mas.

_ ¿Quién es ?... ¿Quién?

Preguntó dos veces sólo para darse tiempo, porque ya en la primera contestación se había dado cuenta que era la voz del padre Esteban

¿El cura en su casa y a las once de la mañana?

* Relato de la novela "De Úbeda a Santa Fe"


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Defensa del amor

Cerúsico

Para Beatriz Paganini

Alta en el cielo como un cometa brillás, sospechando acaso que juzgada serás, por no ser mordaz, por quebrarte, y quebrada volver a quebrarte y volver a levantarte, siempre, siempre con el lucero de la niñez, de la inocencia en tus ojos. Cuando llena de polvo y cansada te sentaste al costado del camino pedregoso y viste pasar -como un rayo, como una raya que vuela del espejo- la inconfundible figura del payaso asesino, supiste que estabas por el buen camino, y que era peligroso. Pero todos los que te conocen saben que no sos mujer de arredrarte, de amedrentarte, que estás lejos de los chantajes y de las seducciones que caen, puntuales como la llamada del verdugo, todos los días bajo la forma de una carta o de una invitación para sumarte a los grandes medios y buchonear, buchonear que es lo que te pedirán, lo sabés y los ignorás, porque si la plata no sobra que no se note, porque también sabés que se puede vivir con menos, con lo imprescindible, lo necesario, y que no se trata de atiborrarse en las tiendas porque echarías como polvo de muerto al viento todos estos años de gente, toda esa gente que confía en vos y en sus pequeños que cuidás, pura entereza, pura vida, aunque después los vean de más grandes vestidos de policía: no se trata de la profesión, hay policías buenos y policías malos (y no es broma), sino de la esperanza, de la voz amiga, del mate amargo, del té negro que nunca le negás a nadie, Bea: ¿serás alguna vez premio Planeta? ¿A quién le importa? Hay lugares que te convocan y lugares que te advierten que te alejes. El payaso asesino, suelto en los cardales, no auguraba nada bueno, pero ni lo dudaste, te cruzaste un pañuelo sobre la cara como si fueras una militante de quebracho, te subiste a la bicicleta y fuiste, un poquito caminando y otro poquitito a pie cuesta arriba, como una luz, un sol, contra los vahídos del ángel caído. Piedras calientes lavadas con agua salada para vos, limón y retama dulce. ¿Tenemos todo el tiempo del mundo? El tiempo no sobra para leer a Lacan. Y cómo se nota.

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La vida vendida, la vida entregada

Miguel Longarini (Desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Se puede escribir que el fusil espera
y recoger aplausos desde la tribuna
O decir que basta de guerras y sangre
declamar del triste hermano de la hambruna

Llenar estadios con promesas vanas
que causan lágrimas de solo escucharlas
Ponerles luces, ruidos, enormes pantallas
subastar la vida de tanto ofertarla.

Nada impide señalar la urgente decadencia
con la Biblia en la mano; con la cruz alzada
Robarle el diezmo del bolsillo exprimido
Lavarte el alma con el agua salada.

El embustero entra como Pancho por su casa
todas las mañanas mientras Dios descansa.

El fulero vende como si fueran panes
su mensaje a medida dirigido a los nadies.

Yo digo que ¡Basta! de tanta lengua suelta
Y todos se alejan… buscando en la nada
Parecen resignados a tristes mandados
con la vida vendida, con la vida entregada.

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La importancia de llamarse Rubens y poder firmar para serlo


Jon Juanma Illescas Martínez (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La obra que analizaremos hoy de Peter Paul Rubens, se llama “Autorretrato con Isabella Brandt en el jardín del amor”. El óleo sobre lienzo en madera se halla en la Alta Pinacoteca de Munich y tiene unas medidas de 178 cm de alto x 136,5 cm ancho.

Rubens fue un gran pintor del Barroco, supo imprimir a sus obras de dramáticas composiciones, el movimiento de sus anatomías representadas y las complejas veladuras de sutiles cambios de tonalidad, muy al gusto de la piedad barroca que después del Concilio de Trento, la Iglesia Católica pretendía insuflar a sus obras propagandísticas. Su cénit artístico lo consiguió sin duda con sus impresionantes “Descencimientos de la Cruz”, tema que abordó en repetidas ocasiones y que alcanzó la categoría de maestro por su fuerza, phatos y poderosa escenografía de corte “claroscurista”.

En la pintura que hoy analizamos, nos centramos en un ejemplo de autorretrato compartido, en él aparece el propio pintor con su primera esposa, Isabella Brandt, hija de un noble de Amberes. Según diversos historiadores del arte burgueses, el cuadro muestra al feliz matrimonio, unidos por el amor y el cariño, con referencias simbólicas clásicas en la iconografía de la época, como es el caso de la planta de madreselva que se halla en frente de la pareja y que simbolizaba por la época (y en los círculos cultos minoritarios que podían entenderlo) el amor y la fidelidad.

Al margen de estas obviedades iconográficas, fácilmente reconocibles para cualquiera que pueda y quiera estudiar la iconografía habitual y estipulada de la época del Barroco, lo más interesante es adentrarnos en la tercera fase de lectura del método de análisis de la imagen de Panofsky: la fase icónica. En esta fase destacaremos/esbozaremos el significado de la imagen en su contexto histórico, su función real. Para ello nos basaremos en el marxismo y en las lecciones críticas del especialista de arte John Berger.

Muchos historiadores liberales se preguntan el porqué Rubens, en este cuadro, prestó tanta atención a la minuciosa representación de los objetos y las calidades de los mismos (brillos, texturas visuales de las telas, etc). Estos autores no pueden desprenderse de su falsa concepción del “arte por el arte”, de la cosmovisión de su propia clase a la que normalmente pertenecen: la pequeña burguesía. Esta cosmovisión no sólo la aplican a su día a día sino a la propia historia falseándola, consciente o inconscientemente, y adecuándola a sus intereses, preocupaciones o ausencia de las mismas. Por esta razón, jamás entenderán algo obvio para personas que busquen la verdad, y un análisis no condescendiente con nada ni con nadie en la obra de arte. Y en este caso, lo cierto es que el sencillo motivo por el que Rubens se esmeró tanto en la recreación fidedigna y verosímil de las cualidades de los vestidos que vestían a su persona y a su esposa era porque quería hacer un alarde de las riquezas materiales que podía poseer. Todos esos vestidos caros, y su mujer, de “buena familia”, no eran sino posesiones que merecían ser inmortalizadas en un lienzo, documento ilustrativo de las propiedades de su público-propietario.

En aquellos años no existían las cámaras fotográficas y Rubens (de 33 años y en carrera ascendente) necesitaba pregonar al posible público de su lienzo (gentes de su círculo económico-social) lo que él valía por medio de lo que él podía poseer y de hecho poseía (ya se sabe “tanto tienes, tanto vales” máxima del capitalismo actual y pasado).

Por tanto y pese a la falta de poesía que esto pueda suponer para los críticos de arte burgueses, lo cierto es que Rubens pintó de este modo porque quería presumir de buena ropa y estatus, del mismo modo que si un rico de nuestra época se fotografiara junto a su piscina o su Ferrari. Lamentable pero cierto, tanto ayer como hoy.

Como decía Suzi Gablick, para entender una obra de arte, debemos también entender su función social en su contexto histórico. Su función social real, no la que nos quiere hacer ver o la que oficialmente se nos esgrime como auténtica, añado yo.

Rubens fue un importante diplomático y quizás el artista más cotizado de su época. Precisamente el año que realizó este cuadro, el pintor fue contratado como pintor de la corte del archiduque Alberto y su esposa Isabel, gobernadores españoles en los Países Bajos. El contrato lo liberaba de las normas de los (todavía) fuertes gremios y lo eximía de pagar impuestos, además de percibir un salario anual base de 500 florines, sin contar encargos (un buey costaba en la época 90 florines y un buen retrato se cobraba aproximadamente a 60 florines, cuando según Arnold Hauser en su mejor momento Rubens cobraba 100 florines por día de trabajo).

Además Rubens, pudo realizar una obra ingente gracias a su taller pictórico, en el que aplicaba métodos de manufactura en la organización del trabajo artístico. La escrupulosa selección de artistas especializados de primer orden como Van Dyck y Jordaens (que llegaban a realizar en algunos casos todo el cuadro excepto manos y rostros) también le ayudó a aceptar gran número de encargos en breve plazo. Por otra parte, dicen que en su taller había un número no inferior a un centenar de asalariados y esclavos que ayudaban con las tareas más penosas de la producción pictórica. Sólo así se entiende que se le atribuya al pintor flamenco la autoría de una ingente cantidad de cuadros, muy por encima de los más prolíficos autores de su tiempo.

Rubens fue un buen artista, un gran maestro, pero también un hombre de alto standing de su época, un alto funcionario de la Corte que rodeado de importantes influencias supo aprovecharse de las mismas para impulsarse como pintor y vivir en la riqueza típica de una fortuna principesca, lo que entre otras cosas le hizo construirse su famoso palacio-taller de Amberes y vivir una vida rodeado de lujos. Un tipo listo este Rubens, quizás no tan pillo/pícaro/cara-dura como Miquel Barceló, pero seguro que mucho mejor pintor y más confiado autor. Como prueba un botón, en boca del propio aristocrático flamenco:

“Mi talento es tal que ninguna empresa, por muy grande y variada en su objeto que sea, podría superar mi confianza en mí mismo”

En la confianza, desde luego que no. Descanse en paz.

Imagen: Autorretrato con Isabella Brandt en el jardín del amor.

Jon Juanma es el seudónimo artístico/revolucionario de Jon E. Illescas Martínez, Licenciado en Bellas Artes, artista plástico, analista político y teórico del socialismo.


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Correcciones


Anónimo

(Hallado en un baño público en la ciudad de Puebla, México.
Enviado gentilmente por el Sr. Aquiles Caigo de la Torre a la
redacción de ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando en el siglo XII el presbítero irlandés que luego sería conocido como San Malaquías hacía sus famosas profecías, no se equivocaba. O si se equivocaba, erraba por muy poco.

Predijo este santo varón que entrado el tercer milenio el último papa, el último mandamás de la iglesia –a la sazón, cuando San Malaquías tenía sus premoniciones, la institución más poderosa del mundo conocido por los europeos, es decir, según su cosmovisión: la institución más poderosa del mundo– sería un negro.

Y negro es el último mandamás de la institución más poderosa del mundo: la Casa Blanca. Si erró en sus vaticinios, fue por pequeños detalles (Vaticano, Casa Blanca..., poco importa) El último mandamás del imperio está por comenzar su mandato, y es negro. Luego de este emperador, no más papas… (no más emperadores, no más imperios).

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Sembradores de ruinas

Victoria Lucía Aristizábal (Desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una oración poética de indignación
ante el frígido sudor del moribundo
conspira el alma de sangre y de odio
el animal humano con su maldición
llenando de tristeza el dolido mundo

La guerra surge amenazante al podio
a nombre del rencor que no se acaba
un montón de ignorancia sublevada
que pisotea la libertad y los derechos
el pregón de todos los males hechos

Guerra de tiranía, zánganos viciosos
guerra de mentecatos, de verdugo
de déspotas, de cobardes prevalidos
que son de su alma los mas inválidos
la mente enajenada, su propio yugo

Duele el llanto de niños y ancianos
las madres enloquecidas ya si nada
mas llenos de temor e incertidumbre
frente al tirano de virtud despojada
con la sangre de otros en sus manos

¿Dónde queda el valor y la pujanza?
¿Dónde todos los derechos humanos?
¿Dónde el apoyo de países hermanos?
¿Dónde queda a otros la esperanza?
¿Dónde quedan las Naciones Unidas?

Quiero nombrar al conductor supremo
de todos los destinos, para aceptar
para comprender, me quiero pacificar
quiero derrocar al desalmado y al frío
no tengo mas armas que mi fe y brío

Tengo la certeza que no queda impune
que esta tierra así como nos reclama
el espíritu mismo nos quitará la llama
la oscuridad que inevitablemente une
miedo al Creador será lo que nos sana

Sembrando de ruinas fértiles caminos
los que hoy dirigen hacia el inocente
la bala asesina, será esa inclemente
serán bumerangs, cambiarán el destino
el espíritu inmortal les cobrará su suerte

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De Maradona a Kanouté: vuelve el contrapoder cultural al fútbol


Evaristo Pérez Suárez (Desde Venezuela, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El periodista Enrique Rodríguez Mota, conocido entre otras cosas en la región petrolera del Zulia y su capital, Maracaibo, por varias décadas en la radio y por ser tal vez el único conductor de Tv privada que no se plegó a los episodios del fascismo el 11 al 13 de abril de 2002 ni luego en el sabotaje petrolero en Venezuela, emocionado, me ha enviado por internet una foto donde un futbolista goleador se quita la camisa con otra abajo, luego de golear en la llamada Copa del Rey, en España, para dejar ver al mundo su apoyo a Palestina.

Y ha despertado la fe en la valentía cuando se combate desde el propio monstruo del espectáculo el silencio y la impoluta “asepsia” que el poder reclama.

Se llama Frederic Kanouté.

Una maraña de recuerdos energéticos nos levanta este símbolo de valiente para los niños:

Ante la asepsia declarativa de Pelé o Platini, por nombrar dos maravillosos regateadores y finteros del alto fútbol, años atrás un endiablado zurdito incansable nos fue seduciendo para pasar de la pura invitación a su contemplación, a la curiosidad militante de sus apariciones públicas fuera del engramado.

Entre monstruos sureños dictatoriales, cachorros frente al imperialismo y fieras asesinasadentro, ávidos de poder y vendepatrias, a uno lo que le quedaba en los ochenta era ligar a algún equipo que en fútbol “representara” a la Latinoamérica apabullada en el concierto mundial y por ello nos fue subsumiendo entre tremendismos y loas Diego Maradona, en la melaza excelsa de sus filigranas futbolísticas.

Quienes allí transitábamos de adolescentes a veinteañeros no podemos desprendernos aún de cierta admiración entreverada por el habilísimo 10 venido de las barriadas argentinas. Y aunque en Venezuela 100 años de relación petrolera sembraron el béisbol estadounidense que ya como en Cuba es pasión deportiva nacional, siempre las “colonias” comerciales colocaron el mundial de fútbol en la escena.

Si además buscábamos un concierto de Silvio Rodríguez, un momento de encanto musical con Milanés, la acidísima fuerza de Fania o Palmieri, o salpicábamos las reuniones entre Irakere, Trabuco Venezolano, Yes, Génesis, Gerry Weil o Charli García, hablábamos de las diabladas del “pibe de oro” en un coctel que no podía prescindir de escuchar la avanzada musical popular que se daba en Venezuela y el LP Cigarrón con la gallardía entre panfletaria a metafórica de Alí Primera.

Si pusimos aunque sea un bolívar en “Un Canto Para Chile” o en La canción solidaria con Nicaragua o el Salvador, o seguimos el “Canto para Mercedes” de Alí o su “Canto Oriental” a Viglietti, a Zitarrosa, contra la barbarie fascista de entonces enquistada hacia el Rio de la Plata, y fuimos a un terreno de San Jacinto o a la placita de La Victoria en Maracaibo para “Ver” cómo cantaba un valiente creador llamado Alí Primera y brincar el “Cascabel”, quedábamos extasiados cuando el niño mimado de la mass media deportiva en la irreverencia que hoy le congraciamos, exaltaba para siempre al gran maestro Ernesto Ché Guevara en su tatuada piel, no ocultaba su solidaridad con Fidel y se reunía en los barrios para compartir durante horas fútbol y juguetes con los niños desposeídos de su patria austral.

Por ello recordábamos cuando nuestro profesor y joven maestro cantautor jesuita de Catia, establecido en Barquisimeto, Miguel Matos, y hoy todavía activísimo a favor de la vigencia inclaudicable de la opción preferencial por los pobres y el proceso de cambio venezolano, por todo el país en reuniones de jóvenes hacia una transformación política valiente y la justicia histórica bolivariana y revolucionaria, nos hablaba de su mirada a un JesúsCristo amigo, no castigador, sudado entre el fragor de pescadores, que pregonaba que uno se debía“contagiar” se debía comprometer y “contaminarse”, y cantaba Miguel Matos…:

“quiero beber el agua de los charcos
Subir en bus y oler a catre viejo
Una costra de tierra en el pellejo
Y unas gotas de alcohol entre la sangre…
Voy a hacer una hoguera gigantesca
Con páginas de libros y tesis doctorales
Y me voy a encontrar en los barriales
Con los que hacen el mundo con sus brazos…”

Y entonces, a nosotros el tiempo nos habló de un Maradona quebrado ante el éxtasis, atacado por las mafias, alcanzado por las drogas…
Pero también de un Maradona que no sucumbía del todo a la cartilla del poder del mundo, un Diego Maradona también del contrapoder y presidiendo metros de espacios en los periódicos del mundo en una órbita contradictoria, delirante, paróxica, maravillosa, comprometida e impura…pues entre sus abismos nunca perdió la conexión abrazada a un sentido de justicia social y de inclinación al contrapoder…a la cultura irreverencial de la valentía…

Y hoy como habitante de un mundo irreversiblemente fustigado por la “sociedad del espectáculo” ya asomada por los pensamientos de Guy Debord en 1967…observo vivo el contrapoder cuando este jóven futbolista de francesa nacionalidad, pero que en honor a sus padres y su cultura decidió jugar para su tierra ancestral: Malí.

Este Fréderic Kanouté que también ha pecado con el “pecho de Dios”:

se niega a ponerse en la franela logos de casas de juego, creó una fundación y está proyectando la Ciudad de los Niños cerca de Bamaco, la capital de Malí, donde se dará ayuda a los niños huérfanos o desvalidos y contará con un orfanato, un centro de educación y formación, un centro de salud y un campo deportivo, llegó a invertir 700 mil dólares para comprar la mezquita de Ad Dawa, que iba a ser cerrada, lugar de reunión religiosa y social de la comunidad musulmana de Sevilla.

Mientras el imperio cultural de la comunicación falsea y miente resistiremos.

Mientras el cantar de gallos quiebre el alba, resistiremos creando.

GRACIAS KANOUTÉ, POR VOS SABEMOS QUE LOS SÍMBOLOS CULTURALES QUE HOY PRESIDEN EL MUNDO AÚN RESISTEN.

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