sábado, 7 de febrero de 2009

Cortázar 25 años después


Edgar Borges (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A los Cronopios del siglo XXI

El escritor argentino Julio Cortázar (entre otros) es la reivindicación de la literatura. Por ello hay que asumir todas las conmemoraciones que se hagan en su nombre para contaminar al mundo de su obra. Y aprovecho que el 12 de febrero se cumplen 25 años de su muerte para protestar contra la estupidización de la literatura, que es una corriente de brisa azucarada que salpica a buena parte de la industria editorial de estos días.

Dijo Cortázar que “todo cuento perdurable es como la semilla donde está durmiendo el árbol gigantesco. Ese árbol crecerá entre nosotros y dará su sombra en nuestra memoria.” Y el árbol de Julio Cortázar creció entre muchos de los escritores nacidos luego de la segunda mitad del siglo XX. Difícil es que un creador amante de las rupturas literarias no aprecie la obra del gigante argentino. Cortázar (más allá del llamado boom latinoamericano) entra a la historia por distintas razones. Con “Rayuela” nos regaló una novela en movimiento para que jugáramos a la ficción; nada más lejano a la complacencia y al letargo (una cosa lleva a la otra). Su legado cuentístico de brillo poderoso le permite transitar al lado de los grandes creadores (de relatos) de todos los tiempos. La traducción que realizó de los cuentos de Edgar Allan Poe ha sido la más celebrada-que del creador estadounidense-se haya llevado al español. A estos vientos de homenaje sumamos (huracanes matemáticos en clave de palabras), en lo literario, su invención de Los Cronopios, y, en lo humano, su mirada de niño siempre abierta a las otras realidades de la vida: las imperceptibles.

“Entre un año y medio y los tres años y medio de edad, yo viví en Barcelona, hasta que en 1918, una vez terminada la guerra, la familia pudo volver a la Argentina…Tengo recuerdos pero no son precisos. Recuerdos que me atormentaban cuando era niño. Hacia los 9 o 10 años, de cuando en cuando me volvían imágenes muy inconexas y dispersas que yo no podía hacer coincidir con nada conocido. Se lo pregunté a mi madre y ella me dijo que esas imágenes podían corresponder a Barcelona, porque cuando niño me llevaban casi todos los días a jugar con otros niños al parque Güel. Así comienza mi inmensa admiración por la obra de Gaudí, quizá inconscientemente a los dos años…La primera vez que vine a Europa, en 1949, tomé un barco cuya primera escala era en Barcelona. Y lo primero que hice fue ir al parque Güel. Naturalmente la imagen no correspondía. Lo miraba desde mis 1,93 metros de altura, ya no con una mirada mágica de niño.” Esto (y mucho más) le dijo Cortázar a Joaquín Soler Serrano en una memorable entrevista presentada por TVE. Y en ese continuo intento por reconstruir el pasado desde la mirada de un niño surgían imágenes que después serían traducidas a historias (“Las armas secretas”; “El perseguidor”; “La vuelta al día en ochenta mundos”; “Todos los fuegos el fuego” y muchos otros sueños de Cronopios).

Cortázar, amante de la vida y del jazz, fue un defensor del ser humano en donde quiera que éste estuviera. Y defendió por igual a cubanos, nicaragüenses y españoles, interpretando cada sueño o crisis nacional. Extrañó a Argentina y se entregó a Francia casi con la misma pasión que vaciaba en su escritura. Sin embargo, ese “casi” fue determinante porque Cortázar buscaba realidades extraterritoriales. Se podría asegurar que no miraba el mundo exterior necesariamente con los ojos.

A veces me pregunto qué hubiese dicho Cortázar sobre tanta “literatura azucarada” que rueda por estos días. Quizá (atreviéndome a imaginar), como escritor intuitivo que fue, hubiese sonreído de cara al viento: Y caminaría a paso muy lento, como elefante que no se impacienta con el ruido de la selva. Luego se volvería y diría (como efectivamente una vez dijo): “Yo no me voy a despertar un día convertido en un anciano decrépito y asqueroso”. Y se marcharía llevando el ritmo de los guerreros que convierten la palabra en obra: sereno, agudo y rebelde.

Y prometería volver, otra vez y cuántas veces lo requiera la vida, convertido en Literatura.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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Casa tomada

Julio Cortázar

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los secretos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé porqué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pull-over está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor de preguntarle a Irene qué pensaba a hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esta parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta central daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente del pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por le pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y al baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso se lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y en los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui hasta el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

—Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

—¿Estás seguro?

Asentí.

—Entonces —dijo recogiendo las agujas— tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene extrañaba unas carpetas, un par de pantuflas que tanto la abrigaban en invierno. Yo sentía mi pipa de enebro y creo que Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

—No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resulta molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

—Fíjate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadrito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene se los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiado ruido de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos ahí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos más despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alto voz, me desvelaba en seguida).

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí el ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y en el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte, pero siempre sordos a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

—Han tomado esta parte —dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta el cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

—¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? —le pregunté inútilmente.

—No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

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Cortazariana y borgiana

Marcos Winocur (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Borges y Cortázar los une la condición argentina, ella los ha llevado a morir lejos de su tierra, en Europa, como siglo y medio atrás el padre de la patria, don José de San Martín. Tal vez quisieron recuperar tardíamente el Viejo Mundo de sus antepasados, y allí descansar para siempre. Del argentino, en efecto, se dice que no desciende del mono sino de los barcos: aquellos que hace muchos años llevaron a los inmigrantes europeos al puerto de Buenos Aires para ser afincados en las ciudades y en las pampas.

De esa nostalgia incurable dan cuenta muchas expresiones argentinas, como el tango; y en quienes fuimos arrojados al exilio y luego optamos por el trastierro, la nostalgia se acentuó. En ella se inscriben las tumbas de los dos escritores, Borges en Ginebra, Cortázar en París.

Cortazariana

El 26 de agosto se cumplirán 88 años del nacimiento de Julio. El día siguiente será también su aniversario: se cumplirán 88 años y un día. El 28 de agosto serán dos días, y así de seguido. En una palabra ¿por qué los aniversarios han de contarse por años y no cada 24 horas? ¿Se acuerdan de aquel personaje estrafalario, El Sombrerero del libro Alicia en el país de las maravillas? Con sus amigos, grandes tomadores de té, festeja los cumpleaños en ciertas fechas y en las demás... ¡feliz no cumpleaños! Y todos brindan gozosos con las tazas en alto. La ventaja práctica, a más de pasársela de fiesta en fiesta, es la siguiente: no hay cómo equivocarse, todos los días del año se cumplen aniversarios de cuanto se quiera, sea el nacimiento de Julio o del lector, el triunfo en una batalla o un descubrimiento científico. A elegir. Está en la voluntad de cada uno, claro, los cumpleaños pasan a llamarse cumpledías; eso sí, cumplehoras me parece una exageración.

Estoy seguro que Julio, padre de los cronopios, estaría de acuerdo con estas reformas. Y también que uno de sus fans decidiera hacerle un regalo de cumpledías, a saber: un texto escrito a su manera, que divido en Introducción, Desarrollo y Conclusiones. Ahí les va.

Introducción. Del paso por la secundaria, el lector recordará haber estudiado los doble-u y los doble-v, tipologías humanas del tipo cronópico pero actualizadas a los tiempos que corren. Así, el mundo no se divide, como creíamos, entre izquierda y derecha (con su inevitable centro) ni entre ricos y pobres, ganadores y perdedores, buenos y malos, mujeres y hombres (con su inevitable centro) gordos y flacos, locos y menos locos, montescos y capuletos. No, ninguna de esas divisiones tiene hoy vigencia, sino la de doble-u y doble-v, según se explica a continuación.

Desarrollo. ¿Que quiénes son? Veamos. Un doble-u va al cine y compra palomitas a la entrada. Por el contrario, un doble-v se niega a ser verde.
Un doble-u canta y canta. Por el contrario, un doble-v nunca aprueba su examen de inglés.

Pero sería un error considerar que uno se define por la positividad y el otro por la negatividad.

Pues, y en esto reside la diferencia, un doble-u no tiene la más remota idea de la teoría de la relatividad; en cambio, si es doble-v, recibe devueltas por el correo todas las cartas que remitió a Albert Einstein.

Y a ambos les gustan los helados de fresa.

En una palabra, iba a decir: se parecen como dos gotas de agua, pero no, daría una imagen errónea; más bien se parecen como las esferas de dos relojes: una marca las doce del día y la otra las doce de la noche.

Así son los doble-u, así son los doble-v.

Conclusiones. Y bien, reciba Julio el homenaje de estas líneas; hoy, en su nuevo cumpledías, el cual coincide con su nuevo aniversario luctuoso o cumplemuerte.

Borgiana

Con don Jorge Luis es otra cosa. Un aire metafísico nos empuja por bibliotecas sin fin y pone candados a la pasión. Además de ser impropio a su personalidad, no tiene caso recordar que cada día se cumplen sus aniversarios pues 1999 fue año borgiano por excelencia en cada hora y en cada minuto: se conmemoró el centenario de su nacimiento. Con don Jorge Luis caben travesuras pero pocas, como el inventar una referencia de fuente en nota de pie de página, aparentemente histórica. Pero el conjunto de su obra es tan adusto como su porte, invariablemente de traje, así le vemos en las fotos. Donde don Jorge Luis es metafísico de lo absurdo, Julio es cotidiano de lo absurdo. Y desde esa plataforma, ambos disparan la ironía. Julio juega con ella, don Jorge Luis la traduce en escepticismo. Y bien, en esa ironía me apoyo para declarar a la vista de todos:

- Soy superior a Borges.

Parece que el lobo hubiera entrado al gallinero, tal el alboroto que se produce.

- Jo, jo, jo - las carcajadas son tan fuertes que la vecina se asoma a espiar entre la ropa tendida a secar en la azotea.

- ¿Cómo es posible, cómo es posible que exista un tipo tan, tan infatuado?

No me dejan explicar, no escuchan. Finalmente puedo decir algo:

- Cada uno de ustedes también lo es, es superior a don Jorge Luis.

Más risotadas y alguien acota:

- ¿Cuál es el número de teléfono del manicomio?

Y otro:

- Se trata de un locus demagógicus, ahora nos quiere hacer cómplices con eso de que nosotros...

Interrumpo a los gritos:

- Hay una razón, Borges está muerto y todos nosotros estamos vivos, por eso somos superiores a él.

Estupor.

Aprovecho para agregar:

- Soy, somos superiores a él, a Napoleón, Bogart, Chaplin, Cantinflas y tantos otros famosos...

- Pero ¿qué estás diciendo? La obra de Borges no muere, es perdurable.

- No lo niego, soy su admirador. No dije que soy superior a su obra ni osé comparar mis pobres escritos de tinterillo con los suyos. Pero Borges, la persona, se nos adelantó. Not dead, but gone before, reza, según Amado Nervo, "el proloquio inglés": no muerto, se nos adelantó.

Desconcierto, sigo aprovechando la situación para echar mi rollo:

- Lo siento, es así. Ninguna página escrita, ninguna batalla, ninguna hazaña del pasado iguala la posesión de la vida, don Jorge Luis estaría de acuerdo. Y la memoria viva de su obra no le sirve para regresar a las calles de su Buenos Aires, y tomarse un cafecito con Bioy Casares mientras el argumento de un relato le ronda la cabeza; y sentir la admiración de los lectores como olas rompiéndose contra esa roca que fue él mismo, ni agregar una línea más a su obra, cerrada para siempre. No, no puede. Y tal vez tampoco lo deseara, cansado, como escribió, de ser Borges. Pero, claro, es ya otra historia, una historia del jardín de los senderos que se bifurcan. ¿O de los Borges que se bifurcan?

Otro diría: universos paralelos donde habitan plurales Borges:

1. pierde su madre tempranamente, se casa, tiene hijos y amoríos, no pasa de ser un escritor entre tantos;
2. se da a la bebida, escribe un par de cosas geniales, muere muy joven;
3. recibe el premio Nobel;
3a. recibe el premio Nobel y el día de la ceremonia es asesinado por alguien que se apellida Chapman;
3b. recibe el premio Nobel y el día de la ceremonia pronuncia un discurso incendiario y lleno de insultos, gran escándalo;
3c. recibe el premio Nobel y el día de la ceremonia pronuncia un discurso incendiario y lleno de insultos, indiferencia general, es juzgado como vulgar recurso publicitario;
3d. recibe el premio Nobel y el día de la ceremonia pronuncia un discurso incendiario y lleno de insultos, indiferencia general, es juzgado como vulgar recurso publicitario; desesperado, Borges se suicida, dejando una breve nota: "soy valiente".

Pero no es todo, tengo algo especial para don Jorge Luis a partir de nuestro universo, el terrícola; ni que de encargo, a su medida:

4. no se han inventado la tele ni el futbol, tampoco el premio Nobel; toda ceguera es curable; puede carecerse de pájaros pero no de libros; no existen las esquinas azules, todas son rosadas; la política se ha extinguido. Y ya se sabe: el eterno retorno, todo regresa a la vida infinito número de veces, -hipótesis sostenida por Platón y otros griegos, por Nietzshe, Blanqui (¿así que Engels también, che?)- el eterno retorno se ha convertido en religión ¡Volveremos! Por mucho que se tarde, volveremos a pisar el planeta y todo será igual. Volveremos desde el infinito, él lo posibilita y, qué curioso, él es nuestro enemigo, no el mal. Así pasa. Allí... allí donde todo se bifurca, se desdobla sin cesar. Allí -aquí- donde un río nos otorga la inmortalidad y otro nos la quita. Y donde se puede contemplar el universo en el reloj pulsera, así la metafísica de siempre, así las tecnologías de hoy; mientras Daniela Romo, la conocida cantante mexicana, al ser preguntada por su escritor favorito, declara: Borges.

Así, don Jorge Luis.

Final

Borges, Cortázar, se nos adelantaron y en algún momento -no desesperar- les daremos alcance. El pasado les pertenece, el presente continúa en nuestras manos. El futuro nos echará a todos sobre la misma mesa como piezas revueltas de dominó. Llegará, más tarde o más temprano, don Olvido, dos veces vestido de muerte.

Y bien, éstos son mis homenajes cortazariano y borgiano.

Descansen en paz, uno en París, el otro en Ginebra. Como Rulfo, García Márquez, Neruda, son latinoamericanos universales, están aquí y allá, sus obras vivas en los lectores y cuentan con lectores por el mundo entero. Y el ser universales acentúa su derecho a morir y yacer donde quieran, allí estarán en su patria bajo el murmullo de hojas que caen en otoño y de hojas de papel que la mirada encendida da vuelta de una en una.

Marcos Winocur es argentino residente en México.


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Cortázar y el cuerpo del cronopio

Pedro Antonio Curto

Julio Cortázar creó un universo propio con unas puertas abiertas donde uno se introduce a unos laberintos y camina en una realidad diferente, que aunque sea la nuestra diaria, se encuentra a unos centímetros del suelo, envuelto en una serie de abstracciones. En esas están personajes como los cronopios, las famas y las esperanzas, que tienen tanto algo de fantasía, como de nosotros mismos.

Cortázar estaba más cerca de los cronopios, esos seres verdes y húmedos, unas criaturas ingenuas, idealistas, desordenadas, sensibles y poco convencionales. Sabemos que son algo bohemios, que tienen poca apetencia por la disciplina del trabajo que rige nuestra vida como definió Marcuse, pues su percepción les señala que la felicidad se encuentra al otro lado. Una felicidad que tiene poco de la de cartón-piedra, de la sonrisa fácil, una felicidad que sabe llorar lo mismo que reír, que gusta de la convulsión lo mismo que relajarse, y tiene miedo de dar cuerda a un reloj, porque puede quedarse atrapado entre sus manecillas dictatoriales.

Pero lo que nunca definió el autor argentino, (al menos específicamente) eran las formas del cuerpo cronopio, como se dibuja el deseo en este ser heterodoxo. Quizás se encuentre en alguna de esas cómodas y cajones, esos rincones ocultos que parecen siempre quedar tras la muerte de un autor y que aún pasando décadas de su ausencia terrenal, siguen expulsando escritos desconocidos, como le pasa a Cortázar veinticinco años después. Pero si sabemos que en sus vueltas por el mundo y los mundos(ochenta en un día)nos fue hablando de lo que podían ser cuerpos cronopio.

A finales de los setenta ve a la actriz Rita Renoir realizar un particular strip tease, y la impresión que le causa le lleva a escribir el texto, “Homenaje a una joven bruja”, en el que nos dice: “Rita Renoir no propone su cuerpo crucificado y empalado como escapismo cultural hacia un edén de buen salvaje o de comunidad escandinava en ruptura con la “ciudad”;(...)si algo de ese hombre viejo ha sido aniquilado, es volver a vestir ese cuerpo que es nuestro cuerpo y todos los cuerpos, y aprender a amarlo de nuevo desde otro inicio, desde otro sistema de la sangre y los valores...”

Volvemos a encontrar esos cuerpos en el texto “Siestas”, del libro “Último round”, cuerpos de ninfulas nabukonianas, donde en un clímax de calor se descubren y se desnudan, viajan en los cambios que se producen en su piel bajo los sones que expulsa un disco de Billie Holliday, situándose entre esas fronteras que son la trasgresión y la represión. Porque Cortázar como aprendió de Bataille, halla el deseo y el placer en ese territorio que se encuentra fuera de los convencionalismos, en la ensoñación, en la necesidad del tabú para cruzar su frontera sin llegar a lo terrible, a la vuelta a ese viejo conocido que es un instinto animalizado por la cultura formada por el macho. Así el cuerpo cronopio busca al otro a través de un abrazo poético como en “Tú más profunda piel”: “Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se negaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.”

Porque para un cronopio la sexualidad debe ser un juego, como si eros fuese un duende travieso que enseñase al cuerpo a ir más allá del propio cuerpo, en una especie de viaje místico, pero ateo y carnal. Y en ese terreno se quejaba de que la narrativa en español tenía una raquítica tradición erótica, así lo expresaba en el breve ensayo, “Que sepa abrir la puerta para ir a jugar”, refiriéndose a lo que se ha escrito en nuestro país al respecto: “¿Mamita España? Vamos, majo. La ardida piel fragante del mundo árabe escarnecida por los execradores del agua, el jabón, el perfume, el sexo. Dividida entre una coprología de prosapia quevediana y la falsa soltura de los Camilo José que te dije; obispos y machos puros vuelven incomunicable a nivel del amor de los cuerpos.” Y finalmente señala: “El miedo sigue desviando la aguja de nuestros compases; en toda mi obra no he sido capaz de escribir ni una sola vez la palabra concha, que por lo menos en dos ocasiones me hizo más falta que los cigarrillos. Miedo de ser verdaderamente lo que somos, pueblos tan eróticos como cualquiera, necesitados de una cabal integración en un dominio que este siglo ha liberado”.

Y es que el cuerpo cronopio tiene tendencia a instalarse en la duda eterna, a convertirse en un explorador diletante que coloca su mirada por los rincones oscuros para situarlos en esas tinieblas que nos permiten ver lo que la luz del día nos esconde. Por eso el cuerpo del cronopio es ante todo una percepción, La Maga de Rayuela convertida en Talita, esa mujer que como una funambulista va de un edificio al otro paseando por una cuerda. Porque eso es el cuerpo del cronopio Cortázariano, un juego, un descubrir, la llave de una puerta por abrir, situada al otro lado de esa puerta.

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Cortázar en la boca


Daniela Saidman (DIARIO DE GUAYANA)

Van y vienen, los besos y los versos. Como si la palabra fuera un espacio para el cuento y el encuentro, como si con ella pudiéramos rehacer el mundo o aunque sea, el instante que precedió al derrumbe. El verso transita el papel acobardando a los adioses y así, hace estallar todo lo que se extiende más allá y más acá de los labios.

Rayuela abrió un mundo que sin Cortázar hubiera sido imposible, pero aunque éste tal vez sea su libro más famoso, los versos de este argentino universal, irrumpen el cielo de la boca, en Todos los fuegos, publicado en 1966 y Salvo el Crepúsculo, de 1984.

“Esta noche, buscando tu boca en otra boca, / casi creyéndolo, porque así de ciego es este río / que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados, / qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor / sabiendo que el placer es ese esclavo innoble / que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo”. (fragmento de After such pleasures)

Asaltan también las preguntas. Esas que sin respuestas nadie se anima a formular. Pero ahí se alza, este Cortázar de grandes manos y opacos silencios, en él convergen el ir y venir de las humanas dudas, de los gritos sin eco, del sopor de una siesta sin sueños, de un techo raso que cae en la penumbra de los gestos.

“No pregunto por las glorias ni las nieves, / quiero saber dónde se van juntando / las golondrinas muertas, / adónde van las cajas de fósforos usadas. / Por grande que sea el mundo / hay los recortes de uñas, las pelusas, / los sobres fatigados, las pestañas que caen. / ¿Adonde van las nieblas, la borra del café, / los almanaques de otro tiempo? / Pregunto por la nada que nos mueve; / en esos cementerios conjeturo que crece / poco a poco el miedo, / y que allí empolla el Rock”. (El Interrogador)

En Un Tal Lucas (1979) Cortázar define la sociedad con su carga de soledades e hipocresías. Y aunque es un microrrelato más que un poema, por su brevedad y por el recuento de lo que somos, esas palabras se asoman a estas voces del sur, que también tienen mucho de Cortázar y sus sueños y sus amores sin dobleces. Así, como él lo cuenta, nos cuenta y al final, nos descubrimos insignificantes y nulos tras las máscaras que nos hemos inventado.

“Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son”. (Amor 77)

Cortázar supo desnudar las verdades, convertirlas en mágicas certezas, en caminos sin finales. Con él la literatura se hizo realidad a la vez que ficción, tal vez porque la palabra se deshizo de las convenciones para hacer nacer los sueños colectivos que no nos animamos a narrar al despertar. Su literatura es cómplice de los buenos amores, de las libertades sin cortapisas, de la magia que vibra en las entrañas y en los ojos amados al despertar cada mañana.

“Te amo por cejas, por cabello, te debato en corredores blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz, / Te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz / voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia / No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás de tu mano, / porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fébula, / y los gestos, esa arquitectura de la nada, / encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro”. (fragmento, Poema)

Hay lecturas necesarias, de esas que son imprescindibles tener colgadas de los ojos, de las caricias que habrán de darse. Cortázar es para celebrar la humanidad y toda la vida que pende de ella.

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“Benjamin Button”


Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las trece nominaciones para el Óscar que ha recibido “The curious case of Benjamin Button”, dirigida por David Fincher y protagonizada por Brad Pitt, levantan, de hecho, a esta película que fue uno de esos habituales entretenimientos en la última Navidad norteamericana.

Presentado así, digamos, este filme no es la gran ni trascendental historia, aunque se presupone ambiciosa y, como suele suceder en estos casos, es muy posible, de veras, que la Academia le conceda todos los principales galardones. Como, quizá, esa misma Academia se rinda, en otro de esos clásicos homenajes póstumos, a la figura de Heath Ledger, nominado por actor secundario en la última versión de Batman.

“The curious case of Benjamin Button” nace a partir de una historia escrita por ese gran autor que fue -que es- Francis Scott Fitzgerald, conocido en la importante literatura norteamericana del siglo veinte sobre todo por “El gran Gastby” pero que en realidad es autor de cuentos y novelas decididamente renovadores y, en muchos casos, cautivantes.

Es curioso, por otra parte, ver a un cineasta como David Fincher -que nos tiene acostumbrados a historias oscuras y hasta sórdidas, filmadas en la penumbra y con personajes atípicos- al mando de esta aventura que registra la evolución “a la inversa” de un ser humano: un hombre que comienza su vida como anciano y la termina como niño.

El encanto de esta propuesta en la pluma de Fitzgerald daba, efectivamente, para una historia de rasgos poéticos y emotivos que la película ni siquiera roza. Por el contrario, “The curious case of Benjamin Button” se vuelve una anécdota morosa, inmerecidamente larga, totalmente enmarcada en el molde del “mainstream” norteamericano y presenta cada escena, cada secuencia, cada parte, de una forma rimbombante pero se acerca a la vez no a lo clásico del cine “made in USA” sino que mira -y muy de cerca- los efectos de la taquilla.

Entonces, David Fincher, autor de una obra casi maestra como “Seven” y de una obra de culto como “El club de la pelea”, ambas también con Brad Pitt, se rinde ante las decisiones del estudio y anula su creatividad. Así, la narración esta hecha de retazos, de lugares comunes, de escenarios falsamente misteriosos y pretenciosamente idílicos. Ni las presencias de efectivas actrices como Tilda Swinton, y más importante, de Cate Blanchett, salvan a esta obra de su redundancia.

Ciertamente, hay un problema con el guión también. La película está pensada con el sabor y el tono de un cuento de hadas y no procura convencer a nadie. Si aun en películas menos logradas como “La habitación del pánico” y “Zodiaco”, Fincher lograba mantener una tensión intrínseca y un nervioso timing aquí todo eso se evapora a favor de lo plano e insípido.

Con todo, y dadas las expectativas, “The curious case of Benjamin Button” es una candidata de fuerza en la nueva edición de los Óscar. Quiérase o no, quizá hasta el propio Fincher podría ser reconocido por la Academia contradictoriamente por la que es hasta la fecha la película más floja y menos convincente de su carrera.

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La Prostitución y el Socialismo: por un debate sincero y abierto


Jon Juanma Illescas Martínez (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“¿Los derechos de las prostitutas? “Las cosas no tienen derechos”,
dice la moral de los puritanos, que desprecian lo que usan”
Eduardo Galeano

En este artículo me centraré en un tema en cual personas que se dicen socialistas o comunistas adquieren, sin despeinarse, la ideología pequeño-burguesa y embrutecen con ello, la ideología, la conciencia e incluso las vidas de la clase obrera. El tema en cuestión es la posible regularización de la prostitución como ya ocurre en los Países Bajos o Alemania.

Resulta muy triste ver a muchos compañeros y compañeras que se dicen de izquierdas, y que en gran parte de sus acciones en verdad lo son, cómo en lo referente a la cultura, la libertad y la moral socialista, dejan mucho que desear. Es lamentable comprobar cómo, sin nada nuevo que aportar, conforman su opinión ética de muchos temas bajo la hipócrita moral pequeño-burguesa de centro-izquierda llamada progresista (siguiendo el paradigma positivista, eurocentrista y principalmente anglosajón) y que nada tiene que ver con la mejor tradición socialista auténtica y por tanto, consecuentemente revolucionaria. Olvidan los intereses emancipadores de la clase trabajadora (obreros, campesinos y el resto de las clases populares) y con ellos, los del género humano. Todo esto, mediante un ejercicio de simple y burda mímesis por la cual adquieren la mentalidad de una hipócrita subclase (en el sentido de que es una clase inestable, sin verdadera ideología ya que la misma viene impuesta desde arriba) como lo es, la llamada por los acólitos liberales, “clase media”. Esto se ve en su modo de vida, confuso e incoherente: consumo de estupefacientes, proyectos e ilusiones de vida trazados por el imperio lúdico norteamericano (vertiente demócrata claro), soledad producto del individualismo, fetichismo animal, miedo endémico al desconocido, etc...

La prostitución (del latín prostitutio: exponer para la venta) es, como bien es sabido, un viejo oficio de las mujeres y también de los hombres, en el cual una persona decide por medio de un salario realizar un trabajo especializado con su propio cuerpo. La pequeña-burguesía, venga de donde venga, incluido el feminismo liberal encubierto bajo siglas comunistas o socialistas, diría que cómo es posible esto. Sin embargo, ellos se empeñan en afirmar incansablemente que la prostitución no es sino violencia de género, la venta del propio cuerpo, y bla, bla, bla...

Respecto a la violencia de género, decir que es simplemente una falacia. Primero, porque cada vez hay un mayor número de hombres que se dedican a la prostitución, en especial en el Caribe y en las zonas litorales del Mediterráneo. Segundo, porque ¿qué ocurre cuando es una mujer lesbiana la que contrata el servicio de otra mujer?, ¿o cuando un hombre gay contrata el servicio de un compañero? Y por último, como tercero y más importante, porque NO ES VIOLENCIA de ningún tipo. Para que sea violencia implicaría que se hiciera contra la voluntad de la otra persona o que se produjera daño físico. Una relación con un prostituto o una prostituta no tiene porqué implicar violencia del mismo modo que no tiene porqué implicarla una relación sentimental estable. Por ello, aunque haya desalmados y desalmadas que peguen o dañen a su pareja violentamente y que deben ser penalizados y neutralizados por la ley, no se nos ocurriría decir que el matrimonio o vivir en pareja son violencia de género.

Respecto a la venta del cuerpo, es asombroso cómo se puede decir una sandez de tal magnitud y quedarse tan tranquilo/a, cosa que hacen muy bien algunos en el “Manifiesto de hombres por la abolición de la prostitución”1 respaldado lamentablemente por lo que debiera ser la “vanguardia del proletariado” en el Reino del Borbón: el Partido Comunista de España. Ver para creer. Si las prostitutas “venden” su cuerpo, entonces la inmensa mayoría de la clase trabajadora lo hace también; Si éstos pequeño-burgueses entienden por “vender el cuerpo” el hecho de ganarse la vida mediante el mismo; toda la clase trabajadora lo hace también (y lo cierto es que en el capitalismo venden hasta su alma, pero en el socialismo o en el comunismo también se trabajaría y eso no sería “vender el cuerpo a la colectividad”). Por tanto, según estas premisas liberaloides, habrá que ir pensando en sacar un “Manifiesto de hombres por la abolición del trabajo”, así, a secas. El que contrata los servicios de un trabajador o una trabajadora del sexo no paga para comprar a éste o ésta como una mercancía, sino que contrata su fuerza de trabajo (su especialidad y habilidad). Si en cambio, sus mojigatas y vetustas mentes lo entienden por exhibir o mostrar su cuerpo, entonces, del mismo modo “venderían” el cuerpo numerosos deportistas ligeros de prendas, los y las modelos de los artistas plásticos (¡acabemos pues también con el desnudo en el arte!), los actores y actrices de cine/teatro en numerosas escenas fingidas o no de sexo, los y las socorristas de las playas e incluso las bailarinas y los bailarines del “Mira quién baila”2 (lo cual no dejaría de ser sino una afirmación mucho más consistente de su parte).

Yo, que me considero socialista revolucionario, digo: la prostitución es un trabajo especializado que se realiza mediante el entrenamiento del cuerpo y la mente, por el cual una trabajadora o trabajador del sexo realiza un servicio a un compañero o compañera mediante el pago de un sueldo que junto con otros sueldos conforman su salario mensual y por tanto, su sustento. Ello no hace que se diferencien en nada respecto a la inmensa mayoría de los trabajos de la clase obrera que se basan en la utilización del propio cuerpo para ganarse la vida: un minero, carpintero, albañil, soldador, etc... Pero incluso más cercano por trabajar no sólo con su cuerpo sino con el cuerpo de la persona a la que presta su oficio: un masajista, un fisoterapeuta o un cirujano. No existe ninguna diferencia ética o moral: una trabajadora o un trabajador que realiza un servicio mediante la utilización de ciertas partes de su cuerpo, que ha condensado una experiencia y habilidad en hacer una labor beneficiosa para la otra persona que paga por ella 3.

¿Saben dónde está la diferencia para la pequeña-burguesía? Estriba en que según ella, la mujer vende su ser (¡!). Los miembros inconscientes de esta infame pseudo-clase influenciados por un patriarcado galopante, la vetusta élite dirigente de la Iglesia Apostólica Católica Romana y un paternalismo insultante para el feminismo revolucionario de clase, confunden el ser de una persona con el cuerpo, que por otra parte ni siquiera es verdad que lo vendan, al menos no más que cualquier otro obrero u obrera bajo el régimen capitalista de expropiación. Además, ni cortos ni perezosos, afirman sin apenas sonrojarse que en la “práctica totalidad son mujeres”. Evidentemente esto no es cierto, ya que cada vez más, un mayor número de hombres se dedican laboralmente al trabajo del sexo especializado como dije al principio del artículo. Los voceros de la pequeña burguesía le hacen el juego a su hermana mayor, la gran burguesía, y permiten de este modo que miles de hombre y mujeres permanezcan en una verdadera situación de neoesclavismo y trata de blancas al no estar regularizada esta profesión, y por tanto, al margen de todo control legal. Así, un trabajo que jamás desaparecerá y menos en la sociedad capitalista, se perpetúa bajo el control de las mafias más salvajes, cruentas, inhumanas y paracapitalistas que ejercen un control “de facto” sobre estos seres humanos.

Por otra parte, mi llamamiento a la solidaridad socialista para el reconocimiento de esta profesión, no impide que denuncie la situación de muchas mujeres, hombres y niños inmigrantes o no, que se les obliga a ejercer la prostitución mediante el engaño o la amenaza de mafias organizadas con un pie en la ilegalidad (trata de blancas, venta de drogas ilegales, etc.) y otro en la legalidad (negocios para blanquear dinero como inmobiliarias, restaurantes y su participación en los muy legales y permitidos paraísos fiscales) y en connivencia con una parte de la clase política y la patronal. Contra estas mafias, solamente queda la labor decidida de policías y jueces. Una labor que nunca será suficiente para acabar con este problema estructural bajo el capitalismo y la ilegalidad. Además, las prostitutas y prostitutos, como cualquier otro trabajador contribuirían a la riqueza nacional mediante el pago de impuestos, y un dinero que ahora va a parar a mafiosos, serviría para contribuir a realizar más hospitales, escuelas, ayudas sociales, etc. Por ello hago un llamamiento para su legalización y posterior regularización. Reclamo:

- Plenos derechos de las trabajadoras y los trabajadores del sector como cualquier otro trabajador o trabajadora.
- Libertad para poder trabajar como asalariada y asalariado o bien como autónoma o autónomo o en cooperativas autogestionadas si se tuviese la oportunidad.
- Plenos derechos de sindicación y de huelga.
- Plenos derechos para el servicio y la cotización en la Seguridad Social.
- Inspecciones laborales en los lugares de trabajo para asegurar que se respetan los derechos laborales de la trabajadora o el trabajador tales como: pago íntegro del sueldo por parte del empresario en casos de enfermedad o maternidad, cumplimiento de la jornada laboral, etc.

Por supuesto que no pienso que este sea el fin idílico de los socialistas, sino un avance para miles de trabajadores y trabajadoras dentro del sistema pseudo-democrático del Estado liberal o burgués, ¡dentro del capitalismo vaya! Un objetivo más profundo sería el decisivo paso democrático que significaría la normalización legal de un hecho tan normalizado históricamente en la praxis del género humano como lo es el trabajo sexual, para después dar el decisivo salto a su normalización en la sociedad socialista mediante la nacionalización de los centros donde desarrollen su trabajo estos y estas profesionales, ahora llamados burdeles, clubs, puticlubs, etc.

En una fase superior, en la sociedad socialista estos trabajadores y trabajadoras serían funcionarios del Estado con un tiempo máximo de trabajo al día de 6 horas (como era intención de aprobar en la Reforma Constitucional Venezolana de finales de 2007) que iría reduciéndose paulatinamente como en el resto de profesiones. Dentro de estas 6 horas, sólo 2 ó 3 estarían dedicadas al trabajo sexual activo propiamente dicho y el resto estaría asignado a la formación técnica, física y humanista de estos trabajadores y estas trabajadoras para dar un salto cualitativo revolucionario en su labor que a penas hoy podemos imaginar. Avance que sólo el transcurso de la historia de la sociedad socialista revelará. Las trabajadoras y trabajadores tendrían habilitadas en su centro de trabajo, bibliotecas para la formación cultural y psicológica, también dispondrían de gimnasio, centro de salud primario y sala de estética. Además el servicio sería público y de libre adscripción laboral. De tal forma que, si como dicen los voceros de la burguesía reaccionaria disfrazada, la prostitución fuese un trabajo para personas sin escapatoria ni otras oportunidades, éste iría desapareciendo a medida que los ciudadanos no eligieran esta profesión para ganarse la vida. Ello sería debido a que, a diferencia de la sociedad capitalista, el trabajo estaría plenamente garantizado y sería un derecho universal en la nueva sociedad socialista.

Aquí no he hecho sino esbozar unas ideas revolucionarias y liberadoras, con la intención de romper con la anquilosada idea reaccionaria de lo que es el trabajo de los y las profesionales del sexo. Del mismo modo, animo a los socialistas de mente y corazón, a que si desean y creen que la prostitución es una lacra social, y no se corresponde con la construcción de la sociedad socialista, que garanticen pues “de facto” que cualquier hombre o mujer podrá ganarse la vida con otra profesión. Pero así mismo, les pido que jamás la censuren por paternalismo machista e imposición, o por vestigios culturales de mentalidad capitalista o feudal, y que sea pues la razón de sus argumentos y el desenlace de la libre voluntad de las y los trabajadores del sexo en el sistema socialista los que me digan que estoy equivocado. Esto es, que estos trabajadores del sexo dejasen su profesión porque pudiesen elegir una mejor (si así lo considerasen), y no porque nadie desde el poder coercitivo del Estado se lo impusiese.

Volviendo al mundo real de la sociedad capitalista en donde vivimos (por ahora), quiero destacar la función social que hacen las trabajadoras y los trabajadores del sexo, que no sería sino aumentada hasta cotas inimaginables bajo el socialismo y con una vanguardia revolucionaria a la altura de las circunstancias. Estos y estas profesionales pueden realizar un servicio básico para ciudadanos con minusvalías físicas puesto que lo tienen más difícil para compartir y explorar su sexualidad con otras personas en su día a día. De esta manera, no se ven privados de una dimensión humana que también les es propia. También, para personas que por acontecimientos en su vida necesitan de un cariño que muchas veces sólo estos y estas profesionales pueden y saben ofrecer; personas recientemente divorciadas y que no están preparadas para nuevos compromisos, que no desean hacer daño a nadie; personas solitarias o introvertidas que necesitan cariño, comprensión y autoconfianza, etc.

Porque la sexualidad compartida es mucho más de lo que las cerradas mentes pequeño-burguesas pueden alcanzar a entender o desear. La sexualidad compartida es uno de los momentos superiores de la fraternidad humana, un vehículo para el entendimiento, un vínculo para la amistad y para la paz vital.

Por todo ello, hago un llamamiento para que las socialistas y los socialistas honestos de todo signo y las feministas socialistas revolucionarias, atiendan a las razones aquí expuestas y a que se liberen de las cadenas superestructurales de la burguesía y la fuerzas reaccionarias de la élite eclesiástica que ataca sus conciencias y les impiden la genuina emancipación efectiva de género y de clase. Por el ser humano, para cualquier trabajador o trabajadora que haga un bien colectivo, socialismo o barbarie.

* Este artículo fue publicado originalmente en Rebelión en mayo del 2007, la versión actual ha sido revisada reciéntemente por el autor para ARGENPRESS CULTURAL.


** El autor es licenciado en Bellas Artes, artista plástico y teórico del arte socialista.

1. Ejemplos del reaccionarismo pequeño-burgués disfrazado de falso progresismo:
https://www.firmasonline.com/1Firmas/camp1.asp?C=215
http://www.pce.es/secretarias/secmujer/pl.php?id=2554
http://www.pce.es/secretarias/secmujer/pl.php?id=1564

2. Programa muy popular en España del canal estatal La Primera de Radiotelevisión Española, en donde conocidos personajes públicos concursan aprendiendo a bailar con bailarines y bailarinas profesionales. El concurso sigue la estela neoliberal de cualquier otro programa de la televisión privada.

3. Interesantísima página de profesionales y simpatizantes por la regularización de la prostitución:
http://www.colectivohetaira.org
Enlace al blog de Montse Neira, una prostituta que aboga por la legalización de su profesión: http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com


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Romance del Conde Olinos

Anónimo español

Madrugaba el conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;

caminante que camina
detiene su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

Desde la torre más alta
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.

-No es la sirenita, madre,
que esa no tiene cantar;
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.

-Si por tus amores pena
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.

-¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata al conde Olinos
juntos nos han de enterrar!

-¡Que lo maten a lanzadas
y su cuerpo echen al mar!
Él murió a la media noche;
Ella, a los gallos cantar.

A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar, y a él,
como hijo de condes,
unos pasos más atrás.

De ella nace un rosal blanco;
de él, un espino albar.
Crece uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.

La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.

De ella nacería una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
Juntos vuelan par a par.

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Algo de música: Concierto Brandeburgués Nº 5, de Juan Sebastián Bach


ARGENPRESS

"Hace dos años tuve la buena fortuna de tocar ante Vuestra Alteza Real por Vuestra Orden, y percibí en ese momento que Vuestra Alteza demostraba cierto placer ante el pequeño talento musical que el cielo me ha concedido. Cuando me despedí, Vuestra Alteza Real me hizo el gran honor de pedirme que le enviara algunas piezas de mi propia composición: por lo tanto, y de acuerdo con el gracioso pedido de Vuestra Alteza, me he tomado la libertad de cumplir con mi muy humilde deber ante Vuestra Alteza Real con estos conciertos, que he orquestado para varios instrumentos.

Ruego muy humildemente a Vuestra Alteza que no juzgue su imperfección con el rigor del fino y delicado gusto por las piezas musicales por el que es universalmente conocida Vuestra Alteza, sino que infiera de ellos, en benigna consideración, el profundo respeto y la más humilde obediencia que con ello intento demostrar a Vuestra Alteza.

Además, Señor, ruego con toda humildad que Vuestra Alteza Real siga teniendo la bondad de tenerme en su beneplácito y que sepa que no hay nada más caro a mi corazón que el poder servirle en ocasiones más dignas de Vuestra Alteza y de su servicio.

Con todo fervor, Señor, quedo a los pies de Vuestra Alteza Real como su más humilde y obediente servidor, Johann Sebastian Bach."

Con estas reverencias palabras Juan Sebastián Bach (1685-1750) le hacía llegar a Christian Ludwig, margrave de Brandeburgo, la colección de seis conciertos de música de cámara para distintos instrumentos que posteriormente serían conocidos como “Conciertos Brandeburgueses”.

Ironías del destino: el margrave desestimó el envió y nunca siquiera hizo interpretar en público estos conciertos. Años después, recuperados del olvido, pasaron a ser de las obras más célebres del compositor alemán, y una muestra de las piezas más hermosas que se han escrito en la música barroca.

Presentamos hoy aquí el Número 5, en re mayor, para flauta traversa, dos violines, viola, violonchelo, bajo continuo y clave (que juega el papel de solista), con sus tres movimientos: allegro, affettuoso y allegro. Interpreta la orquesta Philharmonia Slavonica, bajo la dirección de Rudolf Pribil.







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viernes, 6 de febrero de 2009

Concurso literario

ARGENPRESS

BOLETÍN DE PRENSA

Las instituciones convocantes a los Premios Internacionales de Ensayo y Narrativa, reunidos en esta ciudad y en rueda de prensa, comunican los nombres de los ganadores en cada una de las categorías:

1) Premio de Ensayo

La Universidad Autónoma de Sinaloa, El Colegio de Sinaloa y Siglo XXI Editores tienen el gusto de informar a ustedes que el ganador del Sexto Premio Internacional de Ensayo es:

MARÍA NEGRONI

Quien participó con el pseudónimo

Dorian

Título de la obra

Galería fantástica

El jurado calificador estuvo integrado por

-EDITH NEGRIN

-CARLOS PEREDA

-FEDERICO ÁLVAREZ


S E M B L A N Z A

María Negroni nació en Rosario, Argentina. Tiene un doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Columbia, Nueva York. Ha publicado varios títulos de poesía: de tanto desolar (Libros de Tierra Firme, 1985); La jaula bajo el trapo (Libros de Tierra Firme, 1991); Islandia (Monte Avila Editores, 1994; Station Hill Press, N.Y. 2001); El viaje de la noche (Editorial Lumen, 1994); Princeton University Press, 2002); Diario Extranjero (La Pequeña Venecia, 2000; Maison des Écrivains Étrangers, 2001); Camera delle Meraviglie (Quaderni della Valle, 2002), La ineptitud (Alción, 2002), Arte y Fuga (Pre-Textos, Valencia 2004) y Andanza (Pre-Textos, Valencia 2009). También publicó tres libros de ensayos: Ciudad Gótica (Bajo la luna nueva, 1994, segunda edición 2007), Museo Negro (Grupo Editorial Norma, 1999), El testigo lúcido (Beatriz Viterbo Editoras, 2003), dos novelas: El sueño de Ursula (Seix-Barral, Biblioteca Breve, 1998) y La Anunciación (Seix-Barral, Biblioteca Breve, 2007), y un libro-objeto en colaboración con el artista plástico Jorge Macchi, Buenos Aires Tour (Ediciones Turner, Madrid 2004; reeditado en Aldus, México 2006). Tradujo, entre otros, a Louise Labé (Sonetos, Lumen, 1998); Valentine Penrose (Hierba a la luna y otros poemas, Ediciones Angria, 1995); Georges Bataille (Lo arcangélico, Fundarte, 1995); H.D. (Helena en Egipto, Ediciones Angria, 1994), Charles Simic (Totemismo y otros poemas, Alción, 2000), Bernard Noël (Contra-muerte y otros poemas, Alción, 2005) y la antología de mujeres poetas norteamericanas (La pasión del exilio, Bajo la luna, 2007). Obtuvo las siguientes becas: Guggenheim (1994), Fundación Rockefeller (1998), Fundación Octavio Paz (México, 2002), New York Foundation for the Arts (2005), Fundación Civitella Ranieri (Italia, 2007) y American Academy in Rome (Italia, 2008). Su libro Islandia recibió el premio del PEN American Center al mejor libro de poesía en traducción del año (Nueva York, 2001). Actualmente enseña Literatura Latinoamericana en Sarah Lawrence College, Nueva York.

SEMBLANZA DE LA OBRA

En este libro de ensayos, la autora argentina María Negroni interroga los textos más importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX --entre ellos Aura de Carlos Fuentes, “La muñeca menor” de Rosario Ferré, “Las hortensias” de Felisberto Hernández, La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, “El impostor” de Silvina Ocampo o “Las babas del diablo” de Julio Cortázar” -- para postular una poética de oposición a la moral soleada (y petrificante) del statu quo. Leyendo dichos textos como una suerte de deriva del gótico europeo y norteamericano del siglo XIX, que abrió, en su tiempo, una gangrena en el costado del Iluminismo, consigue una mirada nueva sobre un género tan fértil como díscolo dentro del panorama literario continental. Y en esos “teatros del mundo miniaturizados, en esos pequeños teatros del yo” que son los relatos, consigue formular algunas preguntas poco frecuentes (o poco articulables) que consiguen, por derecho propio, hacer trastabillar la realidad, ampliando de ese modo el abanico de lo concebible. En palabras de la autora: “Por un instante, algo invade algo y las jerarquías se borran. Entra el aire por alguna rendija invisible. Como en la poesía, en este tipo de relatos, la incredulidad queda, por un instante, suspendida y lo menos temeroso de nosotros mismos halla consuelo y agradece.


2) Premio de Narrativa

La Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio de Sinaloa y Siglo XXI Editores tiene el gusto de informar ustedes que el ganador del Sexto Premio Internacional de Narrativa es:

ESTHER CROSS

Quien participó con el pseudónimo

Zelda F.

Título de la obra

La señorita Porcel

El jurado calificador estuvo integrado por

-MARÍA ESTHER NÚÑEZ

-ALINE PETTERSON

-ELMER MENDOZA


S E M B L A N Z A


Esther Cross
Cronología

Nace el 28 de octubre de 1961 en la ciudad de Buenos Aires.

Ingresó en 1982 al taller literario de Félix (Grillo) della Paolera. Colabora en distintas revistas culturales de la época, como "Puro Cuento". Funda con grupo de amigos del taller la revista literaria "Tramas". Permanece en el taller hasta fines de los ochenta.

Después de varias visitas al taller de los escritores Jorge Luís Borges y Adolfo Bioy Casares, publica en 1982 los libros "Bioy Casares a la hora de escribir" y Conversaciones con Borges en el taller literario", escritos en colaboración con Félix della Paolera. Bioy Casares participó activamente de toda la edición del libro.
En 1992 si bien ya tenía escrito su primer libro de cuentos, ingresa al mundo editorial publicando su primera novela: Crónica de alados y aprendices. El mismo año gana el Primer Premio para novela inédita de la Fundación Fortabar, con su novela.
En 1993 publica su novela La inundación (Emecé).
En 1994 publica su primer libro de cuentos: "La divina proporción".
En 1998 recibe la beca Fulbright-Fondo Nacional de las Artes: se va un año a estudiar cine a Nueva York. Dentro de la carrera estudia guión, producción, edición e historia del cine, entre otras cosas. A partir de la recomendación de un profesor lee el libro de Richard Yates, Eleven Kinds of Loneliness, y cuando vuelve a Buenos Aires lleva el proyecto de traducción del libro a Emecé (Once tipos de soledad). A partir de entonces comienza su actividad como traductora.
1999 publicó El banquete de la araña (Tusquets) con la cual gana el Tercer Premio Nacional de Novela.
En 2001 escribe, dirige y produce junto a Alicia Martínez Pardíes, el cortometraje documental Humillado y ofendido. Termina de editarlo en el 2002.
En 2004 publica el libro de relatos Kavanagh (Tusquets) y recibe la beca Civitela Ranieri: es invitada por la fundación a pasar cuarenta días en un castillo en La Umbria, Italia, para escribir. Allí trabaja en su cuarta novela: Radiana para publicarla en 2007.
Colabora en distintos medios, como Lamujerdemivida y Radar.

SEMBLANZA DE LA OBRA

La señorita Porcel es la historia de una mujer de clase media alta que detesta la clase media alta y desquita su resentimiento cuando intenta asesinar a la señorita Porcel -exponente de esa clase- en un cajero automático. Poco antes de eso, la narradora recibe una herencia de sus padres y se encuentra en una encrucijada existencial. Se descubre demasiado inteligente para ser de derecha y demasiado rica para ser de izquierda. La novela cuenta lo que hace para resolver esa contradicción. La narradora relata su historia y la de la señorita Porcel mientras reconstruye la escena del crimen –con sus preliminares y consecuencias- en el marco de la crisis financiera del año 2001, que terminó con la renuncia del presidente del país tras un levantamiento a gran escala.


P R E M I A C I Ó N

La premiación se llevará cabo en el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería el día jueves 26 de febrero a las 17:00 horas en la Ex Capilla, con la presencia de:

-Mtro. Sealtiel Alatriste en representación del Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

-Dr. Héctor Melesio Cuén Ojeda, Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

-Dr. José Ángel Pescador Osuna, Representante de El Colegio de Sinaloa.

-Dr. Jaime Labastida, Director General de Siglo XXI Editores.

-Mtro. Gonzalo Guerrero, Director de la Facultad de Ingeniería de la UAM y Presidente Ejecutivo de la FILPM.

-Lic. Fernando Macotela, Director de la Feria Internacional del Palacio de Minería.

Los ganadores del concurso han obtenido, cada uno, un premio por la cantidad de -----U.S. $ 20 000.00 (VEINTE MIL DÓLARES 00/100), la edición de la obra bajo el sello de las instituciones convocantes en Siglo XXI Editores, a realizarse en el curso del año 2008 y un diploma de reconocimiento.

REFERENCIA DE LOS ANTERIORES PREMIOS


Primer Premio Ensayo

Jordi Juliá con la obra La mirada de Paris. Ensayos de crítica y poesía. Él es originario de St. Celoni (Cataluña), profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Primer Premio Narrativa (Novela)

Andrés J. Sebastián, con la obra Extranjeras. El es originario de Bahía Blanca Argentina, abogado de profesión.

Segundo Premio Ensayo

Magnolia Rivera, con la obra Trampantojos. El círculo de la obra de Remedios Varo. Ella es originaria de Mazatlán, Sinaloa, pintora, escritora e investigadora.

Segundo Premio de Narrativa (Cuentos)

Edmée Pardo, con la obra Las plegarias de mi boca. Ella es originaria de México, D.F., Licenciada en sociología y escritora.

Tercer Premio de Ensayo

Héctor Díaz Polanco, con la obra Elogio de la diversidad. (Globalización, multiculturalismo y etnofagia). Él es de República Dominicana, nacionalizado Mexicano, antropólogo y sociólogo.

Tercer Premio de Narrativa

Néstor Ponce, con la obra Una vaca ya pronto serás. Él es argentino, periodista, traductor y escritor.

Cuarto Premio de Ensayo

Liliana Weinberg, con la obra Pensar el ensayo

Cuarto Premio de Narrativa

Fue declarado desierto

Quinto Premio de Ensayo

Carlos Pereda, con la obra Los aprendizajes del exilio. Él es de Uruguay, nacionalizado mexicano, actualmente es investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

Quinto Premio de Narrativa

María Esther Núñez, con la obra Amores tóxicos (que se presentó al concurso con el título de Un asesinato demorado). Núñez es nativa de la Ciudad de México, donde cursó estudios de medicina y dos especialidades: psiquiatría y anestesiología, para finalmente dedicarse de lleno a una obsesión que le fue creciendo a pesar suyo: escribir. Ha publicado poesía, cuentos y reseñas en varias revistas independientes. Además de una novela en España.


OBRAS RECIBIDAS

NARRATIVA 68
México......................................................44
Chile………................................................1
Argentina…...............................................10
España……………….…………...............4
Estados Unidos............................................5
Colombia.....................................................1
Nicaragua………………………………..1
Venezuela……………………………….1
Uruguay…………………………………1

OBRAS RECIBIDAS
ENSAYO 37

Estados Unidos......................................3
México...................................................23
España....................................................1
Costa Rica..............................................1
Venezuela……………………………..…2
Argentina………………………………...4
Chile…………………………………..….1
Colombia………...……………………....1
Sin país de origen……………………….1

México, D.F., 28 de enero de 2009

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Cine latinoamericano: la progresiva pérdida de la memoria colectiva


Jorge Majfud (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Parte fundamental de cualquier ideología dominante consiste en asociar el margen a descalificativos éticos, como pueden serlo de orden social, sexual o de producción. Es decir, el margen es improductivo, desordenado, peligroso para el orden y la seguridad, sexualmente desviado o contra natura, inmaduro, etc. En las películas de Hollywood el margen finalmente se integra al centro (en la realidad también, como ejemplo basta recordar un hippie llamado Tony Blair). El hippie, el bohemio, el contestatario, la mujer libertina terminan fracasando o integrándose a la estructura capitalista. En ocasiones —según Mas'ud Zavarzaeh—, el margen aparece como una forma inocente que cumplirá una función «reparadora» de algunos elementos disfuncionales del centro (la misma función de personajes inocentes como los sobrinos del pato Donald o el hijo del Lobo, según Ariel Dorfman). En otros momentos, el margen crítico aparece reconociéndose a sí mismo como incapaz de cambios serios y debido a su natural inmadurez psicológica, ideológica, productiva y moral.

Por el contrario, en películas latinoamericanas como El crimen del padre Amaro (México, 2002) el centro triunfa finalmente en la trama pero este triunfo significa una mayor derrota ética en las lecturas del espectador. El centro se revela, esta vez, como inmoral, corrupto. También en esta película se da una paradoja que, aunque pueda sorprender, no es para nada propiedad de la posmodernidad, sino de los orígenes del cristianismo: el centro representa la fuerza y el poder social, la dominación, al mismo tiempo que la disfuncionalidad moral. El centro se encuentra deslegitimizado. Desde este punto de vista, este discurso es marginal. Solo el poder del dominante puede imponer una censura de expresión; pero el censurador es, históricamente, el que ha perdido la batalla por la legitimación ética, porque su acción y discurso contradicen el paradigma del Humanismo.

El personaje del padre Natalio representa al típico marginado: se encuentra en la clandestinidad política y eclesiástica. También se encuentra marginado por el poder político, civil, representado por el periódico del pueblo. Sin embargo, es el único «héroe-ético» que sobrevive en la aniquilación dialéctica de la película. Su derrota, la excomunión —la separación definitiva de la corrupción y del poder— como la de Jesús, es la única forma efectiva de triunfo moral.

Como afirma el profesor de la Universidad de Berkeley, Mas'ud Zavarzaeh, el disentimiento es parte de la tradición del actual sistema hegemónico. La tradición integra y resuelve dos tópicos fundamentales de las sociedades capitalistas —lo nuevo y lo permanente— operando una «deshistorización» de los hechos sociales y políticos. Integra en su propio discurso al «disidente», al rebelde, como resultados necesarios de una sociedad dinámica, moderna y pluralista, democrática.

En el caso de América Latina, el rebelde, el subversivo, cuando no logró en un gran movimiento revolucionario destruir la estructura de dominio social —lo cual constituye la regla general—, cumplió la función de justificar una reacción violenta a favor del statu quo.

Si bien encontraremos en el cine de las últimas décadas una tradición intermedia donde la memoria se convierte en la denuncia, en la reescritura de la historia olvidada (como vimos en el artículo anterior), también tendremos un género «documental» más reciente, en el amplio sentido de la palabra, donde se recoge el presente y se lo convierte en memoria futura, como son los casos de las películas colombianas La vendedora de rosas (1998) yLa virgen de los sicarios (2000). Dentro del primer grupo podríamos ubicar, como ejemplos, a Tiempo de revancha (1981), La historia oficial (1983), Amanecer Rojo (1989),Garage Olimpo (1999), Botín de Guerra (1999) y —una de las mejores— Kamchatka(2002). En todas, el discurso es de denuncia contra «la historia oficial», contra la historia escrita por el poder. La principal motivación de esta reescritura es política y, en todos los caos, consiste en una lucha por la recuperación de la memoria, no sólo aquella memoria enterrada por el poder sino aquella otra deformada por el mismo (podríamos incluir Yo, la peor de todas, 1990, si no considerásemos su referencia al siglo XVII).

Tanto La virgen de los sicarios como La vendedora de rosas desafían la tradicional estructura del cine hollywoodense y revierten el precepto de arte como medio de diversión o de belleza, del arte como objeto puramente estético. Ambas películas no sólo procuran exponer una realidad dramática y conocida por muchos, sino que serán un día la mejor fuente documental para aquellos que procuren entender algo de nuestro tiempo, concretamente del presente de las sociedades marginales de América Latina. Aquí ya no tenemos la denuncia con el objetivo de una reescritura de la historia. Ya no se busca «recuperar» una memoria perdida, sino exponer la tragedia del olvido más desgarrador y absoluto. Mucho menos relación tiene con la memoria de la Utopía. No sólo no se busca alcanzar la sociedad perfecta, sino que ni siquiera se pretende la resistencia de una sociedad derrotada: un profundo y oscuro nihilismo, a veces autocomplaciente y destructivo, recorre estas propuestas cinematográficas. Una violenta concordancia con la realidad, la degradación de la vida y de la muerte. Aquí el presente contrasta violentamente: nos recuerda el viejo género de ciencia-ficción-catástrofe, donde el mundo ha sucumbido al caos y la gente —una clase sumergida, lejos de los poderosos, como siempre— busca desesperadamente sobrevivir entre la peor miseria y abandono, entre la violencia y la alineación. La vendedora de rosas nos dice que ese futuro ya llegó, que el caos es ahora, que el mundo ya se ha perdido. La destrucción, la decadencia —moral y material— conviven en un basural con elementos de la modernidad, con símbolos de un lejano mundo desarrollado, con el recuerdo fragmentado de objetos que alguna vez fueron útiles, que alguna vez formaron parte de un orden lleno de memoria. Sólo que aquí, a diferencia de Hollywood, no hay promesas de redención, no hay héroes organizando la resistencia, incubando la rebelión. No hay esperanza, sino la muerte. La muerte para alcanzar la liberación virginal; la muerte infantil —como de hecho sucede en la película y con la pequeña y ocasional actriz en la vida real— para volver a los brazos de la madre.

Para los personajes de La vendedora de Rosas, los símbolos —la memoria colectiva— han perdido su significado; el texto, su memoria. El hecho de la «pérdida de la memoria colectiva», está acentuada no sólo por las drogas que todo lo borran, sino también por la edad de sus protagonistas principales y por la pobreza del lenguaje que es, en suma, memoria colectiva y que, en este caso, ha dejado de comunicar o sólo comunica sonidos guturales, propios de un ser humano que casi ha dejado de serlo.

No hay ficción, en el sentido tradicional del término; los actores no son profesionales y su papel es representarse a sí mismos. O, más aún, no representan nada, sino que continúan su vida como si la cámara no estuviese presente. Ya no se trata del neorrealismo nacido de los barrios pobres de Italia y de América Latina: es crudo hiperrealismo, desechos humanos, supuestamente vivos aún, excretados a las cloacas de la ciudad moderna. Una interesante versión cuyo tema central también es la desmemoria y la alienación del mundo posmoderno, pero referida a la clase empresarial, podemos verla en la también excelente El hijo de la novia (2001).

Como los huesos de un hombre primitivo sirven hoy para recordar al resto de los hombres y mujeres que lo rodearon, sin que alguno de ellos se lo haya propuesto nunca, así servirán estas memorias del olvido, para recordar lo que fuimos alguna vez —si algún día tenemos la suerte de dejar de ser eso que también somos.

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Instrucciones para ajusticiar un toro

Eduardo Pérsico (Desde Lanús, Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿…dónde ganaste esos cuernos, cabrón?

Es bien sabido que todo cristiano bien nacido merece su fiesta taurina, y como también sabemos que los toros deben ajusticiarse por el daño inferido a nuestra especie, vayan sugerencias de facilitar la faena.

De primera, jamás esperar a que el toro salga al ruedo cuando se le cante, así que a buscarlo con el grupo más decidido al heroísmo patriótico o como se llame, y si la bestia animal se escondiera a oscuras, - según acostumbran esos cobardes- iluminarlo a reflectores millón de bujías y espetarle ‘oye hijoputa, ¿no teneís pelotas para enfrentar a este manojo de valientes’? Y pensemos, si ahí Dios no alumbra con alguna otra sagrada ocurrencia ese instante memorable, embocarle a la bestia promiscua unas buenas municiones del ‘40 entre pecho y espalda, que por baja moral que ostente se sentirá bien molesta. Un buen momento para abanicarlo con pases de capote y preguntarle ‘¿dónde ganaste esos cuernos, cabrón?’. Y si el miura no reacciona, con nuestra mejor gallardía jerezana o parecida gritarle, ‘tu vaca es una flor de putanga que mientras tú la juegas de bestia sanguinaria ella te adorna con toda la ganadería’. Vamos, que esa acusación nunca falla, y si ahí mismo el toro no se hinca para que lo descabellen, insistamos todos los buenos por la gracia de Dios, ‘eres como tu madre, esa vaca más puta que las gallinas’. Que a no despreciar, eso ofende al más cojudo sea toro o gallareta… Sin mucho entusiasmo, conocemos otro modo casi inmediato de liquidar a un toro y consiste en calzarle unos audífonos y a soportar el pasodoble de la banda, que bien desafinan esas otras bestias. También a cualquier puro de lidia lo desorienta un cóctel Molotov entre las patas traseras, y ante la crisis de identidad taurina que le haga reelaborar cierto duelo maricón sobre la arena, darle de garrotazos entre personal de cuadrilla y especiales invitados, que nunca faltan. Y otra alternativa bien segura consiste en interrogar al toro por los yankis de Guantánamo, o que lo ametrallen los israelíes que repelieron a los niños terroristas palestinos por diciembre del 2008. Además como no hay Derechos Animales que valgan, podrían ser atropellados de vez en vez por varios camiones de combate muy pesados.

Señores, llegó la hora de bregar para cobrarnos el daño que durante siglos los toros miura y de otras marcas le hicieron a nuestra sagrada confesión. Y a quienes buscan igualar la lidia para que no siempre triunfe el matador, con tantos toreros de un lado contra igual cantidad de toros del otro, más a los malparidos que quieren confesar al cuadrúpedo para morir en la paz de su demonio, excomulgarlos ya mismo por lo que son. Que no sabemos precisamente qué son, pero así le daríamos más utilidad a los curas que curran en la Plaza. Y a esos frívolos herejes que ríen al ver a un matador patitas pa’ que te quiero antes de una cornada en su traje de luces, aunque no sean las cinco en punto de la tarde, denunciarlos a la Guardia Civil que bien sabrá cargarse a esos maricones.

Queda otra sugerencia: otro gran cómplice de los toros ha sido el Ernest Hemingway, un barbudo que viviera en Cuba y luego de escribir un libro sobre este asunto, se ahogó en una pileta de whisky on the rocks

Por eso repetimos que a pesar de los muchos infundios y cabronadas que se han dicho y hecho contra nuestra Fiesta de los Toros, nuestra celebración sigue mostrando al mundo que mientras ella perdure, no habrá un solo toro que nos tome en joda. Y si la barbarie nos ha declarao la guerra, a ellos para que aprendan. Vale.

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Durante el día todo parece normal, con la noche llega el miedo

Raúl Centurión

Madre dónde andarás. Pasaron tantos años y aún recuerdo el escalofrío que me producía el ensordecedor silencio, me hacía temblar, ¿o era la cama la que se movía?

Con la luz del sol, llegaba el coraje y miraba debajo de la cama de hierro, una vetusta armazón antigua como la casona, imposible de mover para un niño, abajo un piso de madera lustrado y algunas marcas parecían hechas por garras afiladas.

Recuerdo una noche, no podía conciliar el sueño, mi vista se había acostumbrado a la oscuridad del cuarto, quería mirar hacia el suelo pero el miedo me lo impedía. Cuando junté suficiente valor giré la cabeza hacia la derecha y me pareció ver una fugaz imagen que se escondía debajo del lecho. Mi corazón quería escapar de mi pecho, apreté fuerte los ojos luego me levanté y salí corriendo del cuarto en busca de mi madre.

Los esfuerzos que ella hacía para consolarme eran en vano, de día corría la vieja cama para demostrarme que todo era producto de mi mente. Yo me consolaba pero al caer la noche mi mente me traicionaba.

Esa noche mis ojos estaban muy abiertos mirando el techo cuando una apenas visible sombra se movió y se deslizó por la pared para ir bajando y bajando hasta llegar al piso, mis ojos la siguieron hasta que llegó mis pies, cuando me acerqué la misteriosa sombra desapareció bajo la cama. Fue así como otra vez salí corriendo en busca de protección. Mi madre cansada, se recostó junto a mí, se cepilló el cabello, luego colocó su vincha, y nos dormimos. Al cabo de algunas horas creí escuchar algo me desperté y comprobé que mi madre ya no estaba, la busqué en su cuarto y nada, por toda la casa sin obtener éxito. Volví llorisqueando a mi cuarto con cierto temor miré debajo de la cama y hallé la vincha de mi madre.

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El arte de barro


Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las ciudades peruanas de Chulucanas, Huamanga, Cusco, entre otras, lideran en este siglo la extraordinaria transformación del barro hasta convertirlo en un arte que más nos acerca y revela la trascendencia de otras actividades como la planificación y el diseño urbano, la arquitectura y la construcción de edificaciones de amplios sectores populares.

En efecto, la obra promotora de la artesanía del arquitecto Guillermo Benvenuto Raffo, a lo largo de casi medio siglo, es un homenaje a los alfareros, en especial a las mujeres, madres, campesinas que alternando con otros oficios, trasmiten los sueños y sentimientos a las nuevas generaciones.

Benvenuto, peruano de nacimiento, en su reciente libro “El barro transformado en arte” busca “motivar a más personas en el conocimiento y admiración por la cerámica”, porque considera que es una de las actividades que más ha contribuido y facilitado el trabajo de arqueólogos, historiadores y de la propia arquitectura.

Para enriquecer su espíritu, Benvenuto, “vive y respira el arte en barro tanto en su hogar como en su centro de trabajo”. Recordando a Arnold Hauser, el gran estudioso alemán de la historia social de la literatura y el arte, explica que la veneración por el pasado es posible que tenga sus raíces en la solidaridad familiar y tribal, o en el afán de las clases privilegiadas de basar sus prerrogativas en la herencia. En el hombre persiste aún la fuerte convicción que lo mejor tiene que ser también lo más antiguo.

En la cerámica entendida como el medio más versátil para expresar la magia de los sueños y sentimientos de los pueblos, Benvenuto señala que el paso sustantivo en la evolución de la alfarería se da cuando los objetos pueden perpetuarse mediante la aplicación del fuego.

Una breve cronología. A través de una exposición fotográfica de ceramios o huacos, el autor informa que las primeras evidencias del uso de la arcilla en el Perú se encuentran en la fase Mito de Kotosh, en el recinto Templo Blanco, Huánuco, hace más de 4000 años. Luego recorremos los diferentes valles de influencia de la cultura Wari, Paracas, Vicus, Mochica, Nazca, Huaylas, Tiahuanaco, Huari, Chimú, Lambayeque, Chancay. A lo largo de los siglos XIII y XIV florecen las culturas regionales con grandes ciudades como Chan Chan, Paramonga y Ancón.

Alrededor del siglo XV llegan los Incas, estableciendo el Tahuantinsuyo, por un breve período de siglo y medio, con su capital el Cusco y ciudades monumentales como Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuaman, conocidas aún parcialmente.

La cerámica está ligada también al arte textil, cuyas asombrosas técnicas aventajan en calidad las producciones actuales. El descubrimiento de las tumbas de Sipán, demuestran los secretos de las aleaciones de oro y plata, oro y cobre y cobre y plata.

Llegamos al siglo XX. Los movimientos culturales y costumbristas de los años 40 ponen de relieve la artesanía popular. Es el caso de Pukará, en Puno, con el “Torito de Pukará”, una expresión de sincretismo peruano-hispano. Igual tendencia se observa con las Iglesias de Huamanga y los Retablos de Ayacucho. De otros lugares destacan las mantas bordadas, los tejidos de alpaca, los tallados de madera y una diversidad de manifestaciones de artesanía, con la eventual participación del gobierno local y nacional.

La temática de la cerámica peruana es variadísima. Los músicos juegan un rol especial en las actividades culturales y agrarias, porque promueven danzas, cantos y escenificaciones, en fiestas multicolores. En el tema religioso están los nacimientos con imágenes de la virgen María y de Cristo, motivos de adoración de los pobladores “que invocan pequeñas soluciones a sus grandes problemas, como alternativa a lo que el Estado y la sociedad no pueden aún hacer por ellas”.

La cerámica en la Arquitectura. “La expresión plástica conseguida en los centros poblados andinos ha contribuido a que esa arquitectura sea motivo de inspiración popular en general y para los ceramistas en particular”.

En los últimos años, se aprecia que la temática de la arquitectura es trabajada por los ceramistas de Huancayo y Cusco, inclusive con talleres en Lima, más allá de las representaciones de iglesias y edificaciones. De la Región Ayacucho, Benvenuto recuerda su paso por la localidad de Quinua, donde conoció de cerca el trabajo de los ceramistas, en particular del Taller Inka Chaka, que cuenta con una sucursal en Puente Piedra, de la familia Huamán – Gutiérrez.

Como corolario, es muy importante destacar al artesano, como persona. Y la lista definitivamente es larga. Con esa atingencia, el autor revela fundamentalmente los aportes de Edilberto Mérida, del Cusco, de Leoncio Tineo, de Huanta, y sobre todo de Gerónimo Sosa y Max Inga, de Chulucanas, ciudad de Piura, cercana a la frontera con el Ecuador.

La cerámica de Chulucanas es de excelente manufactura, bello colorido y carácter propios, que, sin duda, seguirá conquistando mercados locales e internacionales, porque esta escuela pone en evidencia su excelente potencial cultural y económico para el desarrollo de esa región. Además, y es ejemplo para proyectos de re asentamiento como el de la ciudad minera de Cerro de Pasco, cuya supervivencia estaría asegurada con la diversificación de sus actividades.

Volviendo a Hauser, las premisas para mitigar el monopolio cultural, son ante todo, económicas y sociales. Por ello, Benvenuto invita a convivir con la alfarería nacional, y plasmar la concurrencia de esas dos premisas de la que nos habla Hauser.

El libro de Benvenuto, nos indica, en síntesis, que el pasado y el presente, es decir los sueños y los pensamientos de los pueblos, se dan de la mano a través de las mutuas relaciones.

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