sábado, 21 de febrero de 2009

Entrevista a Eduardo Fagetti, músico argentino: Con la música…a todas partes


Meriem Choukroun (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde tiempos antiguos, los sonidos guturales o producidos desde diversos y rudimentarios objetos fueron perfilando lo que más tarde se convirtió en música, con el sello original de la necesidad de comunicar algo, del placer en soledad o de la eterna inquietud de la especie humana por descubrir. Todas las expresiones de la vida fueron atravesadas por ella.

Aunque todo queda, el ser humano pasa pero deja su huella marcando las Eras y las Épocas y nada ni nadie se salva de ello, ni la música.

Desde los membranófonos hasta el bandoneón, los sistemas de producción de la vida hicieron sonar múltiples y encontradas ‘melodías’.

Ya en el Romanticismo se fue encajonando la música popular o el folclore dentro de las flamantes naciones, como instrumento de dominación y colonización artística. Pero la música se escurrió por todas las geografías y violó el mandato imponiendo su cosmovisión.

Músicos y música se fusionaron hasta romper los atavismos que presionaban desde una orientación estructurada e inamovible hasta llegado el siglo XX, con la irrupción de un libre pensamiento donde las mayorías populares siempre llevaron las de perder.

Hoy, el mercado es el que define la convocatoria de cada artista porque la música es un gran negocio. Pero los músicos y músicas que entienden su problemática como una lucha de clases, se organizan empalmando la poética musical con la política para cuestionar prácticas tradicionales y perversas de esta bella y necesaria práctica.

Así lo entendieron quienes integran la Unión de Músicos Independientes (UMI) y UMIRED. Para que la experiencia personal no sea tortuosa y porque se cumpla su slogan: La unión hace la música.

Eduardo Fagetti es guitarrista argentino. Y como trabajador de la música se hace escuchar, por eso su compromiso social suena tan estridente.
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Argenpress: ¿La música es arte, entretenimiento, diversión, negocio, comunicación? ¡Suena como un poco de todo, por decirlo musicalmente!

Eduardo Fagetti: Sí, coincido con vos, es un poco de todo. Nosotros decimos que UMIRED no es solo un proyecto artístico, sino también vincular en un sentido amplio. Establecer relaciones solidarias entre los músicos, el público, los lugares y la prensa independiente, preferentemente. Planteamos ingresos dignos para los músicos, entradas accesibles para el público y acuerdos justos para actuar.

Argenpress: Casi conmueve que te definas como músico de baja convocatoria. Cae como peyorativo, cuando en general la ‘altura’ se define empresarialmente. A tal punto que la música más insólita y de la calidad más diversa, puede llegar a la cumbre. La historia, al menos, registra varios ejemplares al respecto.

Eduardo Fagetti: Lamentablemente es así. El mercado es el que define la convocatoria de cada artista. Y los empresarios ponen todas sus fichas en aquellos que, marketing por medio, pueden generar grandes ganancias. Es la realidad del sistema capitalista, ya lo sabemos, no es nuevo para nosotros. Por eso, cuando decimos ‘baja convocatoria’ estamos tratando de ‘sincerar’ nuestra situación. Somos concientes que, más allá de los valores artísticos, nuestro público está formado, básicamente, por amigos y familiares. El hecho de juntarnos, organizarnos, crear estrategias de difusión, etc. sirve para compartir el público de cada uno. Intentamos, entonces, generar una movida que vaya más allá de las convocatorias particulares. Lo nuestro, no es solamente una red de músicos solidarios, sino también de un público que valora la independencia creativa, la virtud y conveniencia de trabajar así.

Argenpress: ¿Te identifica la definición de música como poética? Al menos así lo entendieron los antiguos griegos. De serlo, ¿qué hacemos con las marchas militares, la canción de protesta o algún grotesco musicalizado?

Eduardo Fagetti: Está bueno eso de música como poética. Yo le agregaría música como política, porque organizarnos y cuestionar los circuitos musicales tradicionales es una actitud política. Esos circuitos son, habitualmente, expulsivos. Expulsan a los músicos no consagrados porque la gran mayoría de los lugares para actuar en vivo, cobra cifras extraordinarias para tocar. Es insultante tener que pagar para trabajar. También expulsan a cierta parte del público por el alto precio de las entradas, y como si esto fuera poco, expulsan a los pequeños lugares porque les ponen mil trabas para su habilitación.

Argenpress: Ustedes hablan de ingresos dignos. Por otro lado de autogestión, sin salario. ¿Existe la posibilidad de crear un sindicato?

Eduardo Fagetti: Los músicos independientes no pretendemos formar un sindicato porque ya existe (SADEM). En general hemos tenido una buena relación con ellos, aunque también algunos desacuerdos. El sindicato no tuvo en cuenta que en los últimos 40 años se desarrolló un sujeto social que es el ‘músico independiente’ que no responde al perfil de un asalariado. Aquí en Argentina y el mundo, más del 70% de los músicos es independiente. La UMI intenta dar respuesta, desde lo asociativo, al tiempo que nos toca vivir.

Hace más de 10 años había que establecer acuerdos con ciertas empresas (grabadoras, gráficas, replicadoras de CD´s, etc) para que el músico independiente pudiera editar su material profesional a costos accesibles. Después investigar acerca de los derechos de autor-compositor-intérprete-productor, para democratizar la información controlada por ciertas burocracias. Más adelante, incidir en las condiciones de este quehacer, cuestionando algunos Decretos de Necesidad y Urgencia firmados después de Cromagnón (el Tribunal Supremo de La Ciudad Autónoma de Buenos Aires dio lugar a algunos de nuestros reclamos). En esta instancia surgió UMIRED. Y en la actualidad, participar en la creación de FIMA (Federación Independiente de Músicos Argentinos), herramienta Federal que nos permitirá a nivel nacional, impulsar la Ley Nacional de la Música, entre otras necesidades.

Argenpress: Me parece claro que este emprendimiento de UMI los reúne dentro de un proyecto abarcador, más allá del pentagrama.

Eduardo Fagetti: Es así. En lo personal, siguiendo al economista argentino José Luis Corraggio, creo que emprendimientos como este pueden crear un subsistema económico y solidario con otra lógica de desarrollo y distribución equitativa del excedente, etc. Esto no es algo utópico dentro de la Economía Social y Solidaria y el Comercio Justo. Aquí en la Argentina, en la década del 70, hubo un grupo de artistas que fueron los pioneros de la música independiente autogestionada, me refiero a Músicos Independientes Asociados (MIA).

El 22 de noviembre es el día de la música. UMI dedica la jornada para reflexionar, informar y difundir las problemáticas del sector. Porque el mejor homenaje es tocarla, disfrutar el oficio y preservar su libre expresión

Casi 3000 asociados. Bandas solistas de todos los estilos. Cerca de 3 millones de discos editados por convenio de la UMI. 2.3 millones de tapas de CDS en distintos formatos. 60 mil ejemplares impresos de nuestro órgano de difusión “Unísono”. 73 cursos gratuitos de producción de autogestión. 70 encuentros con músicos de todo el país. Más de 80 conciertos en vivo. Más de 50 bandas de todos los géneros. Más de 6 mil espectadores.

www.umired.com.ar

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Confesión de escarabajo


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace tiempo, Franz Kafka escribió que “una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto.” Hoy, desde las catacumbas de la sociedad virtual, confieso públicamente que yo también soy un escarabajo. Mi problema (creo), como lo fue el de Kafka, no es por el padre; mi situación, como en la novela El proceso, es que no conozco el rostro del juez que me ha sentenciado a vagar por los subterráneos del planeta. Y de calle en calle voy escuchando que unos señores de traje elegante (¿serán políticos?, ¿serán banqueros?) hablan de crisis (imagino que cada uno ve al otro de reojo mientras aprieta duro las manos en los bolsillos). Y mucha gente pasa corriendo a paso disperso y angustiado. Quizá mañana alguno lleve en la suela del zapato los restos de un escarabajo.

Debo admitirlo, en este mundo de murallas invisibles, cada vez más, me siento un escarabajo. Un día decidí no jugar más a la ruleta rusa que el sistema denomina sociedad (hace tiempo dejaron de llamarla humanidad). Le dije adiós a la familia que no era familia y a los vecinos que no eran vecinos y me eché a rodar a paso de bicho.

A veces, en el hospital o en el bus, me daba vergüenza que me llamaran cliente. Al comienzo me juzgaba por darle la espalda a mi especie. Después, tras una intensa confrontación existencial (a cuarto cerrado y a doble llave), comprendí que no formaba parte de la sociedad de clientes. Y asumí que muy poco a poco (y en silencio) lo humano fue expulsado de la superficie. Había llegado la hora de que cada quien definiera su espacio y posición en la batalla. ¿Tendría sentido seguir llamando humano al vecino que el otro día quiso aplastarme en el ascensor del edificio que supuestamente ambos compartimos? ¿En qué se diferencia este individuo de los sujetos de traje elegante que hablan de crisis? ¿Qué atrocidades más graves haría el primero si tuviera el poder de los segundos? ¿Y quién es menos humano entre el periodista que trabaja diciendo mentiras y la institución (que como la ONU) se convierte en la servilleta de los poderosos? ¿Y quién tiene menos nobleza entre Silvio Berlusconi (que con sonrisa de galán de película mediocre impulsa políticas anti extranjeros) y la señora del pueblo que pide a gritos la cabeza de los gitanos? ¿Qué ambición pesa más entre la de un Bush y la de un compañero de cuadra que chupa sangre a la gente del barrio?

Mientras, yo sigo mi rumbo callejero. De basurero en alcantarilla; de chabola en favela y de burdel al solar más cercano. Y desde ahí intento ver la Madre Tierra. Tranquila vieja, soy escarabajo pero tú sigues siendo mi Pacha Mama. Y allá, muy abajo, por los caminos más discretos, avanzan todos los otros escarabajos. Ellos, al igual que yo, han sido arrojados de la vida que no era vida. Desde entonces formamos parte de una inmensa legión de escarabajos. Y sobrevivimos (a paso firme) dando vueltas (una y otra vez) a la mentira. Y siempre, de día y de noche, a turno completo, piedra contra piedra, unos y otros, trabajamos para abrirle agujeros al engaño. No somos personajes de Kafka. Lo digo en serio: los miserables de antes, hoy hemos vuelto (quitando el polvo del camino) convertidos en escarabajos.

Edgar Borges es venezolano reside actualmente en España.


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Misteriosa Montaña Tianmenshan


XINHUA – CRI (Desde la República Popular China, colaboración especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Zhangjiajie, lugar pintoresco ubicado en la provincia central de Hunan, es conocido por sus peculiares bosques de rocas de cuarcita. En su sección sur, se encuentra la montaña Tianmenshan, otro lugar de interés que goza de renombre gracias a la maravillosa cueva de Tianmen, a sus singulares fenómenos naturales y a sus leyendas misteriosas. En el programa de hoy, les invitamos a acercarnos a esta montaña.

La montaña Tianmenshan se alza a 8 kilómetros al sur de la ciudad de Zhangjiajie. La figura de la montaña se asemeja a la de una mesa, y la superficie de su cima es de 2,2 kilómetros cuadrados. Su altitud sobre el nivel del mar es de 1518 metros. En el año 260, cuando el alcalde local se trasladó a este lugar para asumir su puesto, descubrió una apertura profunda en la entrada de esta cueva, la cual había sido formada por movimientos geológicos. La cueva había sido ampliada, asemejándose a una gran puerta. El emperador consideró esto un buen presagio y denominó la cueva Tianmen, que significa puerta celestial. Desde entonces, la montaña de Tianmenshan pasó a ser ampliamente conocida.

Chen Ziwen, un anciano que vive al pie de la montaña Tianmenshan desde su infancia, nos cuenta que hace 1500 años, el emperador Yuwen Yong de la dinasitía Zhou del Norte, encabezó a funcionarios civiles y militares a ofrecer sacrificios al cielo y a la tierra en esta montaña.

"El emperador ofrecía sacrificios al cielo y a la tierra. En aquel entonces, solían celebrar estas ceremonias en las cinco montañas. Sin embargo, el territorio de la dinastía Zhou del Norte no incluía la gran montaña sureña de Hengshan. Por lo tanto, el emperador concedió a la montaña Tianmenshan el título de la gran montaña sureña e hizo la ceremonia allá."

A través de este relato, nos podemos dar que la montaña Tianmenshan goza de fama desde hace mucho tiempo. La cueva Tianmendong es el símbolo de la montaña. La altura de la entrada de la cueva sobrepasa los 131 metros y su anchura es de 57 metros, al tiempo que su profundidad es de 60 metros, cifras que posiblemente la ubiquen como la mayor entrada de una cueva en todo el mundo. Si se observa frontalmente desde lo lejos, se asemeja a la ventana de un palacio celestial, exhibiendo el encanto imperial, mientras que, si se observa por los costados, parece un barranco profundo. Cuando hace buen tiempo, desde la cueva, se puede observar el cielo pintado por nubes ligeras y las cumbres rodeadas por niebla. Y después de las lluvias, la cueva queda escondida entre las nubes y la niebla, como si se tratase de un mundo de ensueño.

Si mira desde lo alto de la cumbre de la montaña Tianmenshan, uno no puede dejar de quedar impresionado por el espacio infinito y las numerosas cumbres que se extienden bajo nuestros pies. Debido a la pronunciada inclinación de la montaña de Tianmenshan, casi era imposible para la gente de la antigüedad subir a su cumbre. Hoy en día, se ha colocado una escalera de 999 peldaños para facilitar el ascenso de los turistas y permitirles tocar la cueva de Tianmen. A juicio de los chinos, el 9 es el número de mayor valor y es de buen agüero. El número de las escaleras de la montaña Tianmenshan, que es 999, simboliza que se trata de una subida al paraíso.

Al ver tantas escaleras, la turista Zhang Leilei, quien visita esta montaña por primera vez, piensa que se sentirá extenuada luego de concluir el ascenso y el regreso.

"Es la primera vez que subo esta montaña. ¡Es demasiado alta! Estas escaleras son muy estrechas y empinadas. Creo que será muy difícil bajar por ellas luego."

Al sur de la cueva, se producen dos fenómenos naturales peculiares. Aquí crece un tipo de bambú de escasa altura. Estas plantas crecen en posición invertida, desde el techo de la cueva. Cuando sopla el viento, rozan las hierbas y se produce un sonido agradable. De vez en cuando, pequeños cursos de agua fluyen desde el techo, asemejándose a una llovizna, lo cual les vale su nombre de lluvia de flor de ciruelo. Según la creencia local, quien coja con su boca 48 gotas de esta lluvia, podrá convertirse en inmortal inmediatamente.

Desde la antigüedad, la montaña Tianmenshan ha venido atrayendo a monjes y sabios, quienes acuden aquí para retirarse. Según se dice, si mira a lo lejos desde la cima de dicha montaña, se podrá contemplar el paraíso sobre las nubes. Wang Xu, personaje del Estado de Qi del período de los Estados Combatientes, de hace más de 2000 años atrás, era famoso por su ingenio y astucia y su pico de oro. Dicen que Wang Xu llevó una vida aislada en la montaña Tianmenshan. Eligió una cueva e se dedicó a escribir frente a un acantilado. Sus libros escritos han sido transmitidos a lo largo de varias generaciones. Como las generaciones posteriores se refieren a Wang Xu de manera respetuosa como Guigu Zi, la cueva donde él vivió recibió el mismo nombre, pasando a ser conocida como Guigu Dong.

Li Guangzhang, un aficionado a la exploración, vive al pie de la montaña Tianmenshan desde su infancia y está fascinado por estas leyendas, lo cual le ha llevado a emprender varias expediciones a la cueva Guigu Dong.

Foto: China - Montaña Tianmenshan. / Autor: CRI


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“Gran Torino”


Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburg, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Gran Torino” es otra de esas películas dirigidas por Clint Eastwood en las que este ya clásico director norteamericano muestra su buen pulso narrativo y brinda lo mejor de su oficio. Esta vez se trata de la historia de Walt, un veterano de la guerra de Corea cuya esposa acaba de fallecer y quien se encuentra amargado con todo el mundo: con el desorden y el ímpetu incomprensible de sus nietos, con el egoísmo de sus hijos, con la religión… y con sus vecinos orientales a quienes, al principio, detesta.

Pero, como suele suceder en las grandes películas de Eastwood, “Gran Torino” no se queda en la anécdota o en la mera descripción o enunciación de los hechos. Subyace a ella un sesudo análisis de las condiciones sociales de un vecindario, de una integración racial que, aunque superficial, da muestras de un cambio en la vida del protagonista. Y, desde esa misma perspectiva, nos muestra el “pequeño mundo” donde tiene lugar la historia, incluyendo a las pandillas de delincuentes e inadaptados para quienes Walt, quizá como el Travis Brickle de la célebre “Taxi Driver” (que encarnó perfectamente Robert de Niro), no tendrá la mínima compasión.

La película toma el título del auto, modelo 1972, que Walt guarda como un tesoro en el garaje de su casa. Como es jubilado, y como tiene una enfermedad que se niega a curar, se la pasa, cada tarde, mirando la calle desde su porche, acumulando latas de cerveza y acompañado por su fiel perro. De pronto, uno de los integrantes de la familia oriental, mal aconsejado por los pandilleros, intenta robar el célebre Gran Torino.

Aquí realmente despega la historia, pues, Walt, al principio reticente, inicia una amistad muy marcada con el adolescente y con su familia, que le retribuye con flores y abundante comida. Esta reacción inesperada para Walt lo hace sentirse incómodo pero al mismo tiempo nos revela cómo la integración de dos culturas, de dos modos de pensar, se hace posible y se cristaliza, finalmente, en una relación que tiene mucho de fraternal.

Con todo, las pandillas siguen asolando el barrio y Walt nos recuerda, pese a que se presenta como un octogenario, ciertos pasajes de la carrera de Eastwood, por supuesto los de “Harry el sucio”. Lejanos están aquellos tiempos pero una clara relación guarda con aquella serie de filmes que lo hicieron famoso esta actitud del ahora anciano en retirada al que da vida el también director de “Cartas de Iwo Jima” y “Million Dollar Baby”.

A su vez, “Gran Torino” muestra claramente las costumbres y los quehaceres de un vecindario norteamericano mediado por la presencia violenta de pandillas o por los intentos, vanos, de un sacerdote que busca la confesión de Walt como si, efectivamente, se tratase de algo trascendente.

Si la película comienza con el funeral de la esposa de Walt, su desarrollo nos irá mostrando aristas de tanto en tanto peliagudas. Decir que la “radiografía social” es el único objetivo de este film no es precisamente ser fiel a la verdad. Hay más, está, como siempre, ese pragmatismo y esa intensa poesía, quizá aquí menos notoria, que Clint Eastwood viene mostrando desde los tiempos de “Bird” y “Los puentes de Madison”. En la puesta en escena, Eastwood se esmera por dibujar personajes buenos y malos o nocivos, pero nunca planos, una noción de la escoria de la sociedad. Su enfrentamiento a esos seres viciosos y antisistema le traerá problemas e influye con el final, también poético, de la película.

La amistad con la hermana del adolescente, revela, a su vez en Walt/Eastwood, esa capacidad de superarse a sí mismo y de entender, pese a su rabia y su conservadurismo, que aún es posible una salida para sus propios conflictos. Lo que sus hijos y las familias de estos no pueden ofrecerle, porque están encerrados en sus propias torres de marfil, a manera de sueños de opio, se lo brindan los vecinos orientales.

Eastwood concibe así un fresco que no es pretencioso, que no tiene ribetes de parábola, que no se reduce tampoco a esquematismos. Todo lo contrario, una vez más, vuelve a esa América profunda, conflictuada y salvaje, y a partir de ella urde una trama que entre tierna, seria y trágica, prepara el estallido final. Clint Eastwood, con esta película de tonos sobrios y avatares violentos, llena de contradicciones y de realismo, demuestra por qué es, junto a Martin Scorsese, el cineasta estadounidense más importante de nuestros tiempos.

Fotos 1; 2 y 3: Fotogramas de la película “Gran Torino”


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El Corazón de Venezuela, Patria y Poesía


Daniela Saidman

Ciento cuarenta y siete escritores venezolanos convergen en este libro que fue editado por Petróleos de Venezuela y la Red de Escritores

Las miradas del país que fue, el que es y el que necesariamente debe ser, convergen en las páginas de “El Corazón de Venezuela, Patria y Poesía”. Poemas que narran los haceres y decires de una geografía en la que transitan los ecos de las guerras, las voces y los cantos, los tambores, los gritos desgarrados, el tacto de los cuerpos, el fragor de las batallas, el sabor de las victorias y todo lo que calla y clama por ser dicho.

Poetas y poemas que dicen el territorio posible, el que estaba aún antes de haber venido y el que estará cuando no estemos. Versos que como fuegos encienden el mirar de la tierra y sus gentes, así son las páginas de este libro que editado por PDVSA y la Red Nacional de Escritorios de Venezuela, reúne a ciento cuarenta y siete escritores de la Patria.

Compilado por Luis Alberto Angulo y Luis Ernesto Gómez este libro editado en el 2008, enuncia con fuerza que “la Patria no se vende, se defiende”.

Caminos

Vicente Salias y su Gloria al Bravo Pueblo inician el recorrido complejo y diverso de El Corazón de Venezuela. Le siguen Andrés Bello, Pérez Bonalde, Lazo Martí, Alfredo y Enriqueta Arvelo Larriva, Leoncio Martínez, José Antonio Ramos Sucre, Salmerón Acosta, Vicente Gerbasi, Juan Liscano, Aquiles Nazoa, Orlando Araujo, Carlos Contramaestre, Víctor Valera Mora, Ramón Palomares, Gustavo Pereira, Lydda Franco Farías, Néstor Francia, Haydee Machín, Berta Vega, Miguel Márquez, Argelia Malaver, Gregory Zambrano, Celsa Acosta, Adriana Gibbs y Morella Maneiro, entre otros.

Mosaico del país, en el Corazón de Venezuela se van hilando distintas generaciones de poetas, cada uno con voz propia y ecos colectivos arman las piezas de un país que tiene entre los pliegues las esperanzas del mundo.

“Como el cuerpo, el territorio extiende su rugosidad, el tacto de su superficie, hasta los bordes. Sus paisajes relatan los ojos que perfilaron sus contenidos en la memoria. La imagen del territorio se activa desde la infancia y no sólo se evidencia la básica tendencia a ocupar el espacio propio, sino que representa la tierra de los ancestros, el origen, la permanencia de una memoria, en el rumor inquieto de la sangre, formas de vida que habitan esos paisajes en diferentes tiempos”, dice Stefania Mosca en uno de los prólogos del libro.

Mientras más adelante, Luis Alberto Angulo afirma que “la patria aquí es ese país inocente por el que clama el poeta, quien sabe, empero, que debe engrandecer en su búsqueda de sentido, pues tiene la certeza que su llamado y su visión no son los inútiles arreos de la arrogancia separadora sino la palabra común que nombra agua al agua y logra, al unísono, el milagro de transmutarla en vino”.

Girones de patria

La noción de Patria difiere y converge en cada mirada, en cada verso, en cada recorrido de la palabra. Para unos es la memoria de los olvidos, para otros el fulgor de las metrallas, el niño con su pelota de trapo, el hambre de siempre, el canto originario, la selva, el río, el árbol, el alma.

La Patria es el país que es. El que será y el que ha sido. El que nace de los vientres pobres y el que se siembra en la montaña. La Patria es una y todas, vive en las calles y en las barriadas, en el cielo y las fábricas. Es el hoy canturreando con las manos y las ganas libres de saltarse los miedos y encontrarse por fin juntos, soñando la alborada.

“¡Ay, quien sabe si para entonces, / ya cerca del año 2000, / esté alumbrando libertades / el claro sol de mi país”. (Leoncio Martínez, Caracas 1888 – 1941)

Profetas son a veces los poetas, porque diciendo la voz del pueblo saben traducir sus esperanzas y por eso, a veces, dicen lo que callan las pantallas. Y también saben decir los sueños y gritarlos y amarrarlos en las palabras.

“Este país mío / enrojecido por oleadas de cólera / encontrándose a sí mismo / este país ascendido a los sótanos / de las penitenciarías / este país rebelde con sus manos desplegadas / este país gritando a la calle / este país hermoso como el estallido de una granada / y feroces animales indómitos / este país antiguo / inquieto / dinamitado / este país mío”. (José Lira Sosa, Monagas 1930 – Nueva Esparta 1995).

Poema denuncia

El verso es también denuncia. Dice lo que otros callan. Se compromete con los dolores de la tierra hambreada. Cada uno, cada poeta y cada poema, son un fragmento de la Patria. Tiempos que han sido y tiempos que son, se entrecruzan y suman las voluntades en este libro, que el transcurrir seguramente irá ampliando. Hay una Venezuela que sabe de poesía, que se anuncia cálida en el ir y venir de las páginas. Los amores por la tierra, por las gentes, por las aguas dicen aquí presente.

“Por todos los que lucharon y nos enseñaron a luchar / Por quienes entregaron huesos y sueños como disculpándose / Por los que no ambicionaron más gloria que su pobre intemperie sin amparo / Por aquellos que se abismaron ante la maravilla y se reconocieron en sus llamas / escribo estos versos”. (Gustavo Pereira, Nueva Esparta, 1940)

Nuevas voces

El Corazón de Venezuela está hecho también de las nuevas voces, jóvenes escritores y hacedores de la literatura venezolana. Ellos y ellas, cantan también a la Patria, desde sus vivencias y la memoria cuentan la tierra que los vio nacer.

“Aquí en mi tierra nueva y vieja / todo me pertenece y soy yo mismo / como el ardor de seguir vivo / mirando a mi hijo correr libre de explosiones / por los campos de mis ojos”. (Alejandro Silva, Caracas 1972).

Y Norys Saavedra (Estado Lara, 1972), joven poeta, dice: “ese, tu mapa / me habla como un padre / tiene un cuerno de Unicornio / en la cabeza / Dos piernas macizas/ una encerrada, en barras / de jaula / Esequibo ¿podrías decir qué tienes dentro? / Volver a tu cuerpo / Incendiar los viejos laudos / Quitarte las líneas de presidio”.

Y el más joven de los poetas que aparecen en el Corazón de Venezuela, subraya desde el verso que “puedes vivir un patria sin país / y un país sin patria / te pueden arrebatar la tierra / pero no el amor / que por ella sientes / te pueden cegar los ojos / pero no el alma / la vida que te quitan por defenderla / nutre el lugar donde te siembran”. (Armando Amanaú, Estado Carabobo, 1988).

Esta, que aparece en el Corazón de Venezuela, Patria y Poesía, es literatura necesaria.

Querida Venezuela

“Dos puntos
Como acentuaba Juan Luis
En una carta de amor,
La única manera posible
De dirigirme a ti.
Estaba por agradecerte
Tanta maravilla
Y nunca falta un poeta ocioso
Que me pida por encargo
Que te lo diga por fin
De ñapa nos pones en el centro del universo
Los corresponsales del mundo
Se pelean por vivir contigo
Por nuestras espectaculares hembras
Y nuestros peloteros
Por lo igualados
De nuestros motorizados
Que nos hace
Inspirados de siempre
Por el socialismo
No te hablo de viajes y comidas
Rones, tabacos y cocuyes
porque este libro
es medio gobiernero
Y no quiero arriesgar
Mi clandestinidad sibarita
Como verás
No hallo cómo decirte
Que estoy enamorado tuyo
Y que quiero
Que te cases conmigo
Como si todo
Lo que hemos vivido
No sea ya
Un concubinato firme
No me voy de este poema epistolar
Sin decirte
Que te amaré siempre
Como decía Bolívar a Manuela
Tuyo
HM”.

(Humberto Márquez, estado Zulia 1953)

Publicado en el Diario de Guayana, domingo 08 de febrero de 2009. ¡¡Voces del Sur acaba de cumplir un año de existencia!!


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Izquierda marxista, informe confidencial

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRES CULTURAL)

Con el propósito de saldar cuentas con el pasado, la izquierda marxista ha circulado un informe confidencial sobre cómo hacer la revolución, tema que le resulta siempre caro. Aquí brindamos el informe en primicia.

1. Cómo hacer la revolución y nadie quede para contarlo, Stalin.

2. Cómo hacer la revolución y la culpa la tuvo el otro, Trotski.

3. Cómo hacer la revolución pero no tanta, Kruschev.

4. Cómo hacer la revolución sin fatigarse, Breznev.

5. Cómo hacer la revolución con el grado de Gran Timonel, Mao.

6. Cómo hacer la revolución quitando algunas comas, Gramsci, Lukacs, Poulantzas, Althusser.

7. Cómo hacer la revolución de los comunistas buenos hasta la llegada de los nacionalistas malos, Tito.

8. Cómo hacer la revolución tan light que el viento se la llevó, Gorby.

9. Cómo hacer la revolución al revés, Yeltsin.

Hasta aquí el informe de la izquierda marxista circulado entre bambalinas. Dado su carácter confidencial, se ruega no comunicarlo a ninguna persona de derecha.

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Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra, es una vocación para las manos y, etcétera

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¡Porsiacaso un apagón!

Evocar la poesía del Maestro Mario Benedetti “Una mujer desnuda y en lo oscuro” a propósito de que las escuálidas del Táchira se desvistieron en lo claro, ante los soldados del pueblo, me hace pensar en el contraste.

Oscuras pretensiones en lo claro, es otra cosa. Digo sin reporquetas que, son putas. ¡Putas es lo que son tales mujeres cuyos maridos cabrones las alquilan!

No es el lenguaje hablado la única manera de decir. El poder invisible de una mujer es siempre incomparable, te atrapa de alguna manera, en toda circunstancia de lugar y de tiempo, a menos que tu corazón no tenga fuerza para latir y en cuyo caso, no pueda incendiarse, de otra manera, estás jodido.

Y, eso que no ha llegado el mes de mayo, no obstante, las tres “anclas” de la globobillete (en la noche) -es decir, la globovisión- andan alborotadas.

Preludio, Capricho y Sinfonía andan locas y metiendo embuste para complacer a Ravel.
Os daré mi parecer: las putas y las “anclas” son actrices del mismo elenco. Unas, pelando el culo y las otras poniendo a andar la guarimba periodística, ¡oh! tristeza, ser periodista para mentirle al pueblo.

Entre los envenenados mensajes del matacura y el remate que hacen del mismo las tres locas, hay un grotesco libreto pero, nada inocente.

Debemos descifrar a tiempo los códigos de la arremetida televisiva, contra Venezuela.

Cada palabra está asociada a una visión, si el contexto verbal no está en sintonía con la realidad que pretende describir, ahí hay una manipulación y, en consecuencia, un delito informativo. Los escuálidos pretenden que la realidad se adapte a sus descabelladas descripciones, es por lo que ellos diseñan sucesos pret a porter que luego transmiten de ipso facto para dar la sensación de que son muy eficientes y esos son elementos de la trampa, de la guarimba periodística.

Pero, se tambalea ese “periodismo” -¿qué es el mensaje?- ¿Una vez transmitido ese mensaje, cuál es el remordimiento de ese “periodista”?

Unas putas que quieren que los soldados del pueblo le den julepe pero, al mismo tiempo los dejan con la carabina al hombro.

¡Ah!- pero es que las imágenes humorísticas, tanto como las de tipo sexual son las que se recuerdan con mayor frecuencia e intensidad. Se trata de un calculado manejo psicológico que sirve de vehículo para sembrar un mensaje y, es precisamente ese mensaje al que debemos descifrarle los códigos, para neutralizarlos.

El culo de esas putas es el pretexto. No olvidemos que detrás de todo eso hay un tablero alrededor del cual están los peores criminales de la historia contemporánea, y han empezado a jugar las cartas grandes para impedir a como de lugar la enmienda constitucional.

Ellos pretenden mover los resortes de la conciencia a través de un juego psicológico perverso pero que todos entienden.

Darles un palo por la cabeza y hacerles un buen chichón, es lo que merecen esas sinvergüenzas, por prestarse para-entre otras cosas-tratar de desmoralizar a nuestros soldados.

En cambio, la revolución bolivariana reivindica a la mujer y al papel que ella debe jugar en la sociedad. El poeta Mario Benedetti reivindica con su poesía tan buena, a la mujer digna y eso vale mucho.

“...tiene una claridad que nos alumbra / de modo que si ocurre un desconsuelo / un apagón o una noche sin luna /...../ para los labios es casi un destino / y para el corazón un despilfarro / genera una luz propia y nos enciende / es una gloria..../ genera un resplandor que da confianza /...etcétera.

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Algo de música: desde la India, Ravi Shankar


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Para quienes leemos esto, seguramente occidentales, el nombre de Ravi Shankar evoca automáticamente misticismo. Se trata de un símbolo: es la India la que se nos figura, música de cítara, fragancia a incienso, quizá –más allá del remanido lugar común– paz y amor. Imágenes que el mismo Shankar, a decir verdad, no ha querido imponer, sino que provienen de una mercadotecnia que está más allá de su música.

Este legendario artista que ha llevado la música tradicional hindú a un sitial de honor en el ámbito cultural de todo el mundo, tiene actualmente en su haber el Récord Guinness por la carrera internacional más larga, con más de seis décadas de vigencia. Nacido en 1920 en Benarés, Uttar Pradesh, India, al día de hoy aún actúa.

Su talento personal es lo que lo ha llevado a brillar con luz propia, a lo que se agrega su asociación con el grupo británico The Beatles en la segunda mitad de la década de los 60 del pasado siglo, hecho que llevó su fama por todo el mundo occidental.

La innovación inicial de Shankar fue un tono vibrante y una forma más rápida de tocar la cítara, que históricamente era más serio, más solemne, ganándose así las críticas de los músicos más conservadores de la India. Colaboraciones con artistas occidentales como el violinista Yehudi Menuhin y su vinculación con The Beatles abrieron el camino a la experimentación para todos los demás. Aunque su sonido se convirtió en sinónimo de psicodelia en los 60, Shankar no gustaba del rol del líder del “trip”.

En el año 1998 recibió el Polar Music Prize, un premio concedido por la Real Academia de Suecia de Música.

Presentamos aquí tres temas que dan un panorama de su creación.







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Carta a Margarita

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tengo ante mí tu foto, Margarita Mbywangi.

Has salido en los medios de prensa internacionales.

¿Cómo se pronunciará tu apellido? ¿Mmmmbiuangi?

¿Cómo le agrego tu dulce acento guaraní?

Tenías cuatro años cuando los blancos mataron a tu familia y te llevaron como esclava para servir en las haciendas paraguayas.

Hoy, lo acompañás, con rango de ministra, al presidente Fernando Lugo en la valiente cruzada de gobernar al Paraguay como una nación libre y soberana.

Será a un alto costo; a una lucha diaria por todos los flancos.

¡No más cipayos paraguayos!

¡No más extranjeros dominando Paraguay!

Ahora tenés 46 años. ¡Lástima que tu compatriota Don Augusto Roa Bastos no pueda celebrarlo! Justamente él, exiliado, errante, perseguido por la dictadura.

Yo llegué a conocerlo en Toulousse. Le llevé la carta de Hermenegildo Rosales Prieto, otro paraguayo perseguido, a quien mi tío Ramiro le dio escondite y refugio en la casona de mis abuelos.

- ¡Tío, quiero llevarle esas letras! – le pedí entusiasmada.

Ante mi pedido, tío Ramiro aceptó.

Entonces, decidida, emprendí el viaje.

Toulousse me recibió con una fina y helada llovizna. Esperé en la sala de profesores de la Universidad donde él se encontraba.

Nos presentamos y, caminando nos dirigimos a su escritorio privado.

Espontáneamente le dije la semejanza física que tenía con Don Atahualpa Yupanqui.

_ Somos hermanos en la lucha de perseguidos por nuestros ideales, sobre los derechos inalienables de la Humanidad - me contestó - él con su canto, su guitarra y sus versos, yo con mi pluma y mi docencia. Francia hizo honor a su liberté, ëgalité e igualité al recibirnos y salvarnos de la garra persecutoria y asesina de los que desprecian su suelo patrio, conchabándose al Imperialismo, liberalismo o cualquier neo-ismo de todo lo que sea privilegio para unos pocos.

Asentí con un gesto y él, invitó a sentarnos.

Abrí mi cartera, saqué un sobre y se lo entregué.

Lo abrió y comenzó a leer en silencio.

“Augusto Roa Bastos, es el amigo paisano que me espera en Buenos Aires y yo, Hemernegildo Rosales voy a su encuentro.

Me costó escapar de esas bestias humanoides que castigan mi pueblo. Matan a mis hermanos. Se arrodillan ante los gringos y les venden lo que no es de ellos.

¡Mal venden por treinta dineros la tierra paraguaya!

¡Malaya! ¡Mal paridos!

La estaca que nos clavan, algún día será castigo para ellos.

Me salvó el silbido del Amancio, tal como era la consigna, si venían a buscarme.

Descalzo, salté al vacío desde el techo del rancho y me interné en el monte. Ladraban los perros del Isidro, pero yo corrí. Ladraban los perros de la Nemesia pero yo corría.

Llegué a La Chúcara.

Abrir el portón me fue fácil.

Me acordé que Don Juarez, el capatáz, estaría en la bailanta.

Los perros no ladraron porque me reconocieron.

No fue en vano los pedazos de carne que les daba, cuando llevaba el pedido de “La Mejor y Única.”, la carnicería donde tenía mi conchavo de repartidor, mandadero y cualquier otro servicio que se le ocurriera al patrón (hasta que me despidió por afiliarme al sindicato).

Me subí al techo. El tanque de agua estaba a un costado. La tapa, gracias al tata ateo, tenía unas hendijas que me permitieron entrar las manos.

No era mi intención destaparla sino correrla.

Entonces empujé.

¡Puje! ¡Puje! Gritaba la matrona a mi mamá para que viniera al mundo la Zelmira. Y, ahora, con mi puje yo salvo mi vida.

Con fuerza y a su vez medido debía ser el puje porque la tapa no debía caerse. Después de cuatro pujes, calculé que entraba y me metí.

El frío no se me mezquinó. Sentí el sudor caliente como chirriando.

Igualito que chirría el hierro sacado de la fragua y metido en agua fría.

Así sentí mis carnes que hervían con el sudor que, hasta ahí nomás, me estaba chorreando.

Haciendo pié, me alcanzaba tener la cabeza fuera. Cuando se hizo la luz, salí para espiar.

Me metí otra vez por la aparición de unos gurises.

Quedé entumecido, hinchado, con la ropa pegada y ajustada como encogida.

Oí el silbido del Amancio. Esta vez no era Anahí sino Pájaro Campana.

Así habíamos quedado.

Si el silbaba Anahí yo ya estaba escondido.

Si silbaba Pájaro Campana, entonces estate tranquilo Herme, no hay peligro a la vista.

Como no sabía donde estaba, me dijo que se la pasó silbando. Que más silbaba de noche, pero que de día tampoco le hacía asco, por si las dudas.

No me fue fácil contestarle para que se orientara.

Los labios, la lengua, toda la boca no me hacían caso.

Demoré el silbido.

Para peor, cuando el suyo se alejaba yo me sentía desesperar, pero, al fin, pude domar la lengua como he domado siempre al destino que se me quiso torcer en desgracia.

En un momento, silbido y silbido hicieron un solo canto, sin eco.

Bajé. Nos abrazamos.

_ ¡Hermano!- me dijo sólo eso.

Ya estaba oscureciendo, yo lo seguía rengueando, descalzo.

_ No hay naides- me cuenta-han ido pal otro lado a buscar más rebeldes.

Le entendí.

Yo también era un rebelde terrorista.

En el rancho me dió ropa y había un camastro para pasar la noche.

Las alimañas sólo volverían dentro de dos o tres días, después con los pobres infelices que ya torturados en el camino, caerían en los calabozos de Asunción o Clorinda. Si no eran fusilados por el nazi-paraguayo de turno, morirían tuberculosos, locos o de cualquier peste.

El mate me acompañaba cuando estaba solo y en la cabeza maquinaba mi huída hacia Clorinda para enlazar con Misiones.

Pero, al final, fue por agua mi escape.

El Paraná me transportó.

En Entre Ríos, ya avisado, me esperaba un argentino muy caballero, educado como son algunos allá. Con el peinado chato como Gardel.

Me contó que estaba cumpliendo la misión que le había encargado un amigo de mi amigo Roa Bastos.

¡Cha`migo! Este Augusto.

Enfiló, con su fitito, hacia el Túnel que une Paraná con Santa Fe.

Yo nunca había pasado abajo del agua por un túnel.

¡Es de no creer lo que puede la mano del hombre!

Llegamos de noche, después de cruzar un pintoresco puente, que el argentino me dijo que se llamaba Puente Colgante; las luces de la ciudad me recibieron.

Parecía una ciudad tranquila. Cerquita del puente estaba la casa. Nos detuvimos y el argentino me dijo:

_ Amigo, lo voy a dejar en una casa de familia muy conocida de Santa Fe, pero a usted, por ahora, no lo verán. Uno de los hijos, aprovechando que el cabeza de familia está en Europa, lo acogerá en el sótano de su residencia con absoluto silencio. Desde ya confío en su discreción como usted deberá confiar en la buena voluntad que nos mueve a ofrecerle esta especie de salvoconducto.

Entonces, me di cuenta que la Argentina se estaba poniendo peligrosa para la gente al igual que para los paraguayos en su pago.

La mansión era imponente, daba a un boulevard y tenía dos entradas por dos calles porque abarcaba muchísimo terreno.

Cruzamos jardines, fuentes, estatuas, todo rápido, casi a lo oscuro.

Se abrió una puerta y, un indio vestido como cristiano civilizado inclinó la cabeza y nos hizo señas para que lo siguiéramos.

Entramos en una amplia y lujosa cocina, casi, casi de ésas medidas era mi rancho paraguayo.

En un ángulo, entre dos paredes había una puerta que el indio abrió, prendió una luz y se vió una escalera que descendía.

Bajamos.

Llegamos a una enorme despensa y bodega. Allí, volvimos a bajar por otra escalera.

Ese lugar era un lavadero. Pilas de ropa, fuentones, baldes, percheros con ropa colgada y varias planchas a carbón.

Otra vez bajamos y lo que apareció a mi vista, no lo podía creer.

Era una casa lujosa dentro de otra casa.

Jamás en la vida, hasta ese día, tuve frente a mi tanto lujo y comodidades.

Esos muebles fabulosos de maderas desconocidas. El piso alfombrado con distintos tapices que separaban, y unían a su vez, las zonas determinadas para Biblioteca, dormitorio, comedor. Cortinados, visillos, carpetas, floreros, esculturas, cuadros, arañas, muebles todo acorde con una decoración palaciega.

En menos de una semana pasé de fugitivo con riesgo de morir ahogado en un tanque de agua en el techo de la Estancia LA CHÚCARA del Paraguay, a huésped refugiado en un sótano lujoso y simulado de Santa Fe.

Mi agradecimiento a Don Augusto, viene desde mi infancia.

Su mamá ayudó a mi mamá y él, me enseñó a comprender el porqué estamos sometidos en nuestra querida tierra paragüaya.

Recuerdo que, hace cinco años desde Buenos Aires me ayudó con los gastos para que viajara hasta allí.

Vivíamos en una pensión. El vendía libros y yo vendía ropa.

Pero, en el 73 mi madre enfermó y quise ir a verla. Pasó el tiempo, me quedé con ella y no pude volver a Buenos Aires.

Ahora, llegando el 75, me avisó que corría peligro en Paraguay, cosa que yo ya había advertido.

Por teléfono le dije que iba y me explicó que dejara todo en sus manos y que yo sólo le avisara por donde iban mis pasos.

En nuestra última llamada desde Paraná me contó que ya en la Argentina estaban persiguiendo y matando como en Paraguay.

La triple A de José López Rega, el minitro de Isabel Martinez de Parón, estaba matando hasta en las calles de Buenos Aires.

Y, aquí estoy. Mañana a la noche me llevan a Rosario.

Dejo estas líneas como agradecimiento a la familia Quintana que me ayudó y es la dueña de este chalet. Algún día, en tiempos mejores para la Humanidad, volveré para agradecer personalmente.

A lo mejor, ese día, conoceré a los niños que ríen, corren y cantan allá arriba; donde ahora, no me ven ni yo los veo.

Dios y el Tata Ateo los bendiga, lo digo y lo firmo:

EN UN DIA DE AGOSTO DE 1975 Hermenegildo Rosales Prieto”

A medida que Don Augusto leía, su cara de esfinge india, seria, como tallada en madera y piedra comenzaba a transformarse con un gesto de tristeza, que por momentos le obligaban a interrumpir la lectura.

Cuando terminó, se levantó y con paso pausado se acercó a la biblioteca. Sacó un bibliorato. Lo abrió. Se volvió a sentar, pasando las hojas buscando, evidentemente, algo importante.

Al encontrarlo me dijo - Lea usted, por favor. -

Sus manos temblaban cuando me acercó las páginas señaladas.

Era un recorte de un diario de Rosario que consignaba lo siguiente:

Dos delincuentes abatidos
AGENCIA E.F.E
25 de agosto de 1975.
Ayer, en horas de la noche, luego de un asalto a mano armada en el interior de la joyería El Diamante, dos delincuentes fueron abatidos cuando intentaron huir cubriéndose la retirada a los tiros. Identificados, los malvivientes resultaron ser: Hugo García argentino, de 25 años y Hermenegildo Rosales Prieto, paraguayo, de 38. Ambos con pedido de captura y frondoso prontuario delictivo. En el auto abandonado, se encontraron armas de guerra y documentación falsificada.

Lo miré consternada. Hubo una pausa.

Luego, él me dijo:

- Esta hoja del diario me la dió Zelmira, la hermana menor de Hermenegildo, hace tres meses cuando yo fui a Paraguay a ultimar los detalles de mi vuelta. Lo extraño del asunto, fue que el recorte se lo mandaron a su domicilio en Paraguay a los dos días de su publicación. Entonces ella me dijo no creer que su hermano hubiera terminado en eso, como un delincuente. ¡No mi`hija! la interrumpí. Yo pongo las manos en el fuego por tu hermano. Él iba a mi encuentro, pero escondiéndose. Le expliqué lo que era el Plan Cóndor y cómo se había extendido como un virus exterminador, matando mujeres, hombres y niños. Que hasta había monjas y curas corriendo la misma suerte.

A demás, estaba demostrada la relación internacional de los represores. ¿Por qué le mandaron la noticia del diario a ella? Era para meter miedo o sembrar dudas. Daba igual. Mientras tanto, yo lo esperaba, pero no tenía noticias, era como si se lo hubiera tragado la tierra, y me tuve que ir solo a Europa con la intriga que permanecía en mi corazón, dado que su rastro se perdió cuando salió del refugio de Santa Fe. Ahora, con las letras que él dejó escritas, está todo claro: ES OTRO DESAPARECIDO, aunque esta vez lo hacen pasar por delincuente. Hoy mismo le hablaré por teléfono a Zelmira y le diré que le llevo la última carta de su hermano.

Fue la primera y última vez que nos vimos con Don Augusto.

Él volvió definitivamente al Paraguay, falleciendo en 1995. Yo sigo viviendo en Santa Fe.

El chalet ya ha sido demolido. Los ladrillos que formaron sus paredes fueron mudos testigos de los sentimientos más nobles y más mezquinos de la condición humana, algo así como los acontecimientos de la vida misma. Como la historia de mi país, Argentina con sus utopías, heroísmos, venganzas, traiciones, prejuicios, patriotismo, renunciamientos… la historia misma de la humanidad toda.

Por eso, esta carta te la dirijo a vos: MARGARITA MBYWANGI. Es como si Don Augusto te dejara la posta en tus manos y en todas las manos de los paraguayos patriotas.

Varios cientos viven en mi país, Argentina, otros cientos repartidos por América, que sus luchas y exilios no hayan sido en vano.

Un fraterno abrazo.

VERÓNICA QUINTANA

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Julio Cortázar: Veinticinco años


Álvaro Cuadra

Recordar a Julio Cortázar, ese inolvidable “cronopio”, es evocar rincones mágicos de París al ritmo sincopado de alguna pieza de jazz, entre gatos y plenilunio. Es así, su escritura nos trae al presente la atmósfera lúdica y fascinante de “Rayuela”, su gran novela escrita en clave poética como un sendero que va de la “tierra” al “cielo”. No obstante, hay también un Cortázar sutil, fino y meticuloso capaz de construir relatos de una perfección rara vez alcanzada en lengua castellana.

La riqueza de la escritura cortazariana se despliega en varias novelas, en decenas de cuentos y en una serie de ensayos “sui generis”. En cada uno de los “géneros” que abordó se advierte una mirada otra, una poética singular que se emparenta con el surrealismo, la “patafísica” y, en el caso concreto de los cuentos, con la mejor tradición que inaugura Edgar A. Poe.

Como en todo gran escritor hay, de manera inevitable, un residuo de misterio No nos engañemos, detrás de su prosa ligera y juguetona late agazapado lo inefable; la sospecha de un orden que desconocemos y que está mucho más allá de la lógica aristotélica u otras elucubraciones al uso. Julio Cortázar aclimata en el mundo hispano muchos de los hallazgos de las vanguardias europeas, subvirtiendo los cánones espaciotemporales y narrativos. Es interesante advertir, por ejemplo, cómo la disposición fragmentaria de algunas de sus novelas prefigura el “hipertexto” y los actuales “blogs”.

Julio Cortázar se inscribe, como se ha señalado, en la genealogía de Baudelaire, Poe, Breton, Woolf, pero también en la línea de Walter Benjamin, todos creadores de la modernidad estética que ha engendrado la cultura contemporánea. Asimismo, no hay que hurgar mucho en sus escritos para descubrir a un artista comprometido con su tiempo. Cortázar fue uno de los grandes de América Latina, tanto por su porte poético como por su estatura moral.

Después de veinticinco años de un mundo neoliberal e hipermoderno, es difícil encontrar personajes en que el reclamo político y moral sea constitutivo de su visión artística de modo tan nítido como en Cortázar. Todo su quehacer literario encuentra su sentido pleno como emancipación social y política en diversas partes del mundo y América Latina. Un luchador incansable por la dignidad humana, contra las dictaduras del Cono Sur en los ochenta, un escritor solidario con las causas en América Central, especialmente, Nicaragua. En la actualidad, su figura se agiganta como la de un hombre íntegro, capaz de decir las cosas por su nombre cada vez que fue necesario.

Tan argentino como francés, Julio Cortázar es hoy tan actual como hace veinticinco años. Esto es así porque en los mundos “fantásticos”, a falta de mejor nombre, a los que Cortázar estaba tan habituado, el tiempo es siempre un presente. La mayor parte de su obra sigue a la espera de aquellos lectores-cómplice, nuevas generaciones, capaces de sumergirse en la magia subitánea del instante, en aquel destello poético que nos hace presentir “figuras” allí donde nada parece, abrir la ventana y ver aquel lugar donde pasta el unicornio.

Álvaro Cuadra es Doctor en Semiología y Lenguas, Universidad de La Sorbona.


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El fuego de la muerte

Ricardo Luis Plaul (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El hombre se apoderó del fuego
de los dioses y se convirtió en demonio.
Fuego convertido en misiles,
Fuego de odio, fuego de codicia.
Avanza serpenteando en la cocina imperial,
cambia sus máscaras para no ser reconocido,
pero es la misma muerte de Vietnam, Irak
Afganistán o Gaza.
En la nuca del tiempo
hay un halcón saboreando
su destino de gloria,
mientras el vientre
de la pobreza abre sus entrañas
al fuego de metralla.
Despojos de humanidad
quedan en las calles
y el fuego sagrado se apaga
en los ojos de un niño.
La paz es una palabra
que el poder escribe
con sangre.

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El imperio de la conciencia

Laura M. López Murillo (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.”
Mario Benedetti

En algún lugar de la ausencia, entre el siempre y el jamás, muy cerca del país donde habita el olvido, el aire es un compendio de suspiros y el tiempo una secuencia infinita de insomnios; allá, la multitud es un conglomerado de seres asilados y la faz de la Tierra se fragmenta en un sinfín de islas individuales; es por eso que ahora, el mundo es un archipiélago inconmensurable…

Dicen los que saben, que los habitantes de la era digital están más comunicados que nunca, que la información fluye eludiendo las distancias y abatiendo el tiempo, que este mundo es una aldea regida por la tecnología, y que por eso, el ser humano se refugia en una burbuja virtual, desde donde ve pasar los días de su vida.

La soledad es uno de los efectos colaterales de las tecnologías de la información; pero además, es un padecimiento social estigmatizado, el sinónimo del fracaso y del rechazo, la contradicción del estereotipo vigente. Y en la aldea globalizada donde todo, absolutamente todo, equivale a un precio en el mercado, la soledad es la antípoda del amor y la felicidad. La crueldad de la sociedad de consumo se concentra el Día de San Valentín y excluye a todos aquellos que son no aptos para realizar los rituales del amor y la amistad.

El 14 de Febrero los sentimientos se materializan, la objetivización de los afectos culmina, invariablemente, con un gasto; la cuantía de la erogación determina la dimensión del amor. Y ese día, todos los habitantes de la aldea global sucumben al embrujo de los convencionalismos comerciales masivamente aceptados y socialmente impuestos. Todo lo que el mundo necesita es amor, y ese día, esa necesidad infla millones de globos rojos que pululan en todas las esquinas.

Porque el amor, es ahora, un indicador económico. La tercera encuesta internacional “Can’t buy me love” (No me puedes comprar amor) indica que los mexicanos son los compradores más generosos del mundo cuando de amor se trata.

De acuerdo con un estudio realizado en el portal Parship, vencer la soledad y encontrar pareja implica una inversión económica y un dramático cambio de actitud: el 21% de los solteros mexicanos destina entre 10 y 20 mil pesos al año a la incesante búsqueda del amor, como tratamientos de belleza, salidas para conocer gente, ropa y accesorios, comida e inscripciones a sitios en la Red especializados en citas.

Porque la conversión matemática del cariño y el amor en cifras pecuniarias es una de las manifestaciones de una sociedad materializada, los bemoles actuales del amor coinciden con los dictados del consumismo y la ética del lucro.

Pero la evidencia más contundente del poder del amor como uno de los motores de la economía global es la suspensión del bloqueo sobre Gaza: por primera vez en casi tres años, Gaza exportará a Europa flores para San Valentín, lo que dará un pequeño respiro a los comerciantes de una franja ahogada por un bloqueo inhumano y duramente castigada por la ofensiva militar de Israel. El permiso para exportar este año se debe a los esfuerzos del Gobierno holandés, que envía materiales y financia la producción horticultora. Lamentablemente, el bloqueo no cedió por motivos humanitarios, sino por la inversión extranjera que estaba comprometida.

¡Sí!... El amor es un negocio, y además, una de tantas actividades asimiladas por el hiper espacio. El sociólogo José Luis Trueba Lara, revisa la historia de las prácticas amatorias desde la antigüedad hasta nuestros días; en su obra “Ensayo en pequeños capítulos” afirma que antes se creía que el amor duraría toda la vida, pero que ahora el amor es fugaz, desechable y carente de compromiso; que lo que fue el arte del amor, es ahora, el arte del truene. Trueba considera que el amor ha perdido terreno ante las nuevas tecnologías y que el mundo ha cambiado la perspectiva porque el amor y el erotismo han sucumbido en la vorágine de la cibernética y del consumo.

Hoy por hoy, los sitios más visitados en la Red son los portales de encuentro y redes sociales. Las citas por internet son una modalidad en expansión de las relaciones humanas, y es también, la evidencia de que la soledad es un padecimiento generalizado.

¿Yo?... prefiero la versión de los poetas: en esta aldea materializada y deshumanizante, ellos ostentan la única autoridad moral para suministrar el antídoto para la soledad: Benedetti la define como “nuestra propiedad más privada”, Gustavo Adolfo Bécquer la ubica en el “imperio de la conciencia”, Luis Cernuda la confronta y concluye: “cómo llenarte, soledad, sino contigo misma?”, y Jaime Sabines la personaliza y describe a los amorosos como “los insaciables, los que siempre –que bueno- han de estar solos”.

Sea como fuere, es preciso aceptar la soledad como la condición primigenia de los seres humanos, renunciar a considerarla un episodio traumático y convertirla en un lapso de reflexión; si caminamos por los solitarios senderos de la conciencia, tarde o temprano encontraremos nuestra propia identidad. Y allá, en la más privada de nuestras propiedades, ventilar los temores y curar las angustias.

La soledad no es un castigo, y es algo muy diferente al aislamiento deliberado: la lejanía del entorno circundante por la conectividad es la conducta que predomina en la aldea global. Pero es una quimera, porque la interconexión no desvanece la soledad, al contrario: refuerza la burbuja donde habita cada cibernauta, y “así, diseminados pero juntos, cercanos pero ajenos, solos codo con codo, cada uno en su burbuja, insolidarios, envejecen mezquinos como islotes”1… porque el mundo globalizado es un archipiélago inconmensurable…

1. Fragmento del poema “Las soledades de Babe”, de Mario Benedetti

Laura M. López Murillo es columnista local. Lic. en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos Especializada en Literatura en el Itesm.


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Introspección al cristianismo


Julio Herrera (Desde Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si aceptáramos como verídica la teoría de la creación encontraríamos que la Era cristiana no comenzó con el advenimiento de Cristo, sino cuando Caín mató a su hermano Abel. Desde ése día, y hasta nuestros días, el mal ha asesinado al bien, y el crimen ha imperado omnipotente sobre la tierra, porque Dios no se ocupó en pedirle cuentas de su crimen a Caín sino que se encarnó en él, y el crimen se hizo soberano en la humanidad. Y eso es comprensible, pues según el Génesis, Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza.

Desde el Génesis, -y talvez hasta el Apocalipsis- la creación se tornó en un calvario para los seres realmente humanos que, como Cristo, pregonaron el “Amaos los unos a los otros”. La Historia sagrada nos demuestra que Adán y Eva fueron castigados por Dios Padre por haber consumado su amor. Su idilio primitivo fue castigado con el más cruel de los castigos: el exilio. Porque para el “Dios del amor”, el amor es un pecado, es la fruta prohibida. Y asimismo Luzbel fue expulsado del imperio celestial por el Todopoderoso por haberse opuesto a la egolatría totalitarista del ser supremo. (“Obediencia debida” le llamarían los militares argentinos)

Es a causa de la creencia en un dios que los creyentes se han envilecido tanto. La teoría del pecado original hace del hombre un humilde condenado desde la cuna, condenado por un dios sin piedad. Condenado… ¿pero por qué? No le ha sido permitido defenderse de un crimen que le fue impuesto y del cual solo es la victima, y no ha visto jamás el rostro del juez que lo condenó por ese presunto crimen. Al abrir los ojos a la vida solo halló el castigo junto a su cuna. Fue condenado sin ser oído, sin derecho de apelación, y eso, en nombre de “la justicia divina”. ¿Cómo un condenado así puede creer puede creer en dios y en la justicia divina?

No existe más omnipotencia que la del crimen en toda la historia de la Era cristiana. Cristo mismo, aún siendo el hijo de Dios fue vencido por ella. Ese redentor fracasado, -como todos los redentores populares,- no logró escapar a la condena a muerte impuesta por el Dios Padre por haber desobedecido su implacable ley de: Mataos los unos a los otros.

Es por eso bastante significativo que “la Santa Cruz,” -o sea el cadalso de Cristo- sea el símbolo del cristianismo que adora más al arma del crimen que a la victima. Si Cristo hubiera muerto apuñalado, los cristianos portarían en el cuello un puñal como un ícono, y la iglesia cristiana lo adoraría en sus altares, como hoy adora la cruz.

Y aparte de que la religión católica fue impuesta a sangre y fuego por la “Sagrada Inquisición”, también podemos encontrar en las propias páginas de la Biblia y de la Historia sagrada que el Alma Mater del cristianismo es criminal desde su origen: fue exigiendo el holocausto de su hijo Isaac que Dios puso a prueba la fidelidad de Abraham, así como fue con la imposición de la fatalidad, la lepra y todas las calamidades que Dios puso a prueba la fidelidad del santo Job.

En nuestras democracias judeo-cristianas nunca se cometen asesinatos y masacres con tanta euforia e impunidad como cuando se cometen en nombre de Dios o de la religión. Nada endurece tanto el corazón como el sentimiento religioso. Declarar “guerra santa” es el sofisma inventado por el sionismo, el islamismo y el cristianismo para justificar sus genocidios fraticidas. Se diría incluso que la maldad y el crimen son las virtudes teologales del cristianismo, es decir del cretinismo. No es casual la inscripción del lema “In God we trust” en los billetes de dólar cuando observamos que la medieval pena de muerte aún sigue vigente en casi todos los Estados Unidos, país que se nos presenta como modelo de civilización, pero que produce y exporta modernos y sofisticados armamentos de destrucción masiva que reemplazan la primitiva carraca de Caín.

¡Cómo lloraría hoy el Cristo que pregonaba el “Amaos los unos a los otros” si viera que en su nombre los cristianos se matan y la democracia cristiana los extermina en defensa de intereses egoístas e inhumanos!

Dondequiera que miremos retrospectivamente observaremos que la historia de la humanidad ha sido sólo un incesante genocidio, y peor aún: un fratricidio. Es en nombre de la religión hebrea que “el pueblo elegido de Dios”, el pueblo judío, extermina a su hermano palestino, así como es en nombre de Dios que las tiranías de la “democracia judeo-cristiana occidental” exterminan a los opositores al omnipotente imperio de mercaderes multinacionales, en defensa de sus mezquinos intereses financieros. Hoy el “Big brother” capitalista del norte asesina a su hermano socialista del sur. El orgullo de su doctrina hegemonista posee a los yanquis, como a los judíos el orgullo de su idiosincrasia mezquina y sanguinaria.

Es de siniestros Torquemadas, de Escribá de Balaguers y de Tomás de Aquinos que el podium celestial está lleno. Pero almas bondadosas y altruistas como Martin Luther King, Camilo Torres, Salvador Allende o el arzobispo Romero son excomulgadas por el Vaticano e inadmisibles a la siniestra diestra del Dios todopoderoso. El imperio celestial, como el imperio yanqui, están poblados de siniestros Pinochets, de Reagans, Nixons y Hitleres, de criminales política y religiosamente correctos. Cabe suponer que si el Vaticano no ha canonizado a Judas Iscariote no ha sido por horror a su vida de traidor y de canalla sino por envidia de ella.

Por otra parte, Dios mismo es una amenaza para los creyentes en él. Dios es terrorista puesto que su soberanía está basada en el chantaje del fuego eterno para los herejes de su imperio omnipotente. De ahí que no hay en el creyente un sincero amor a Dios sino temor a Dios, y no agradece en su corazón los bienes que cree haber recibido o que recibirá, sino que tiembla ante los males que Dios pueda desencadenar sobre él. Por eso los creyentes son esclavos miserables del más vil de los ídolos: el miedo. Dondequiera que miremos no veremos sino “hombres” de rodillas ante Dios, es decir ante el miedo. He ahí su “adoración”, he ahí porqué los creyentes le levantan templos, no para honrarlo sino para aplacarlo. ¿Qué es un donativo religioso sino una tentativa de soborno a Dios?

Pero el ruego de “Señor, ten piedad de nosotros” es una súplica estéril ante la crueldad infinita e indolente del todopoderoso, omnipotente, indolente y cruel como todos los tiranos. Además, por otra parte, exigir a la humanidad la adoración ciega e incondicional es la obra más insultante y humillante del ególatra “Creador Supremo” La amenaza intimidatoria del fuego eterno para quienes no cumplan con el primer mandamiento –amar a Dios sobre todas las cosas- es solo un vil chantaje de sometimiento y de despotismo aleve. Porque ¿es acaso sensato y noble el exigir a nuestros hijos su adoración solo por haber sido sus progenitores? Cada cual es responsable de sus propios actos, y ésta ley cubre por igual a los padres, a los tiranos… a los dioses… y a los dioses tiranos.

¡Pobre Dios “todopoderoso”, tan enfermo de dependencia afectiva! ¿No son entonces sus creyentes quienes deben tener compasión de él? Porque, viéndolo bien, es bastante dudosa la omnipotencia y la misericordia de un Dios Padre que necesita del chantaje afectivo, de la extorsión y el terror para perpetuarse en el poder, como cualquier vulgar tirano terrenal.

Y sin embargo todos los creyentes en ese “ser supremo” despótico e implacable, humillados y resignados se obstinan en bendecir y loar la “justicia divina” cuyos caprichos sufren como Job en su estercolero, o como Jonás en el vientre de la ballena. Tal vez por eso Luzbel, -el pionero de la rebeldía ante la teocracia- es mas odiado que temido por esa fauna de serviles y genuflexos que son los católicos y cristianos.

El credo católico, así como el credo neoliberal, han probado al mundo que la democracia y el cristianismo son moralmente utópicos mientras estén basados en paradigmas y sofismas inhumanos y fratricidas. La humanidad, tan miserablemente engañada por los mercaderes de pueblos y de conciencias, tiene no solo el derecho sino el deber de perder la fe en los dioses, en el clero, en los políticos y en todo lo que había ingenuamente confiado.

Bien valdría la pena que en realidad existiera ese mitológico “Supremo Creador”, sólo para tener el soberano placer de escupirle el rostro.

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En vuelo rasante

María Cristina Garay Andrade (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¿Será del dolor su mortal herida?
¿Será del apego definitiva la partida?,
Silenciosamente, acongojado y en retirada.
El amor agotado encontró refugio en la madrugada.

¿Dónde se gastaron en definitiva aquellas horas,
Empapadas de ternura y de inquietante aventura?
¿Dónde quedaron las románticas melodías cantoras,
Conmovidas de ilusión y de hermosura?

Baile acompasado, ritmo cardiaco acelerado,
Las notas vibrantes ofrecían el néctar de besarte,
Los cuerpos en roce, encendían el goce,
Perdido el control los suspiros cortaban respiros.

Fui tu amante incondicional y ardiente,
Apasionada mujer que te entregó entera su calor,
Navegando por tu cuerpo con pasional deleite,
Al darte de mi misma lo mejor.

Musicalizado el aire de palabras lujuriosas,
Quisiera olvidar para siempre tus expresiones amorosas,
Cuando te sueño susurrándome al oído con arrebato,
Acallar la melodía de tu voz sería lo más sensato.

Oirás el silbido del viento como del lobo su lamento,
Buscaras alguna sombra en las noches de luna llena,
Mi figura errante al contemplar la escena,
La veras pasar perdida y agonizando de pena.

En vuelo rasante acaricio el instante,
Cuando se me enciende la pasión al recordarte,
Las alas del tiempo se vuelven embelesos,
Evocándote como ayer cubriéndome de besos.

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Realidad y ficción: El mercado de diversión y la literatura de conversión


Jorge Majfud (Desde Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Aceptemos la razón de que la literatura debe entretener. Pero ésta no es una razón suficiente, ni siquiera necesaria. Si esa fuese la función de la literatura —o de las literaturas—, ¿qué valor la diferenciaría de la lectura de Playboy o de la revista Caras? ¿No es, acaso, muy divertido hurgar en las infidelidades de la princesa de Mona Co., en las extravagantes costumbres del actor mejor pagado de Hollywood o del Sol de México? ¿No es divertido enterarse cómo los semidioses tienen problemas igual que nosotros? No solo es divertido, cada tanto uno se puede hacer con algún pensamiento profundo, al estilo Luis Miguel: "no es cierto que vivo en un palacio; me duelen las cosas malas que pasan en el mundo y celebro las cosas buenas que hay en el mundo".

Aceptemos la razón de que la literatura es emoción. Pero ¿qué valor la diferenciaría de un sueño cualquiera? ¿Por qué los libros de filosofía deben pensar y las novelas deben sentir? ¿No es este fenómeno otra dislocación, otra alineación típica de la Era Moderna que separó ética de estética, política de religión, arte de ciencia, hechos de ficción, verdad de imaginación, individuo de sociedad, hombre de naturaleza?

Aceptemos la razón de que la literatura es la expresión subjetiva del individuo contra la objetividad de la razón. Pero si fuese solo eso ¿qué valor la diferenciaría de la guía telefónica? También la guía telefónica de nuestro pueblo está llena de personajes, unos reales, otros ficticios, unos amados y otros insoportables, calles, nombres y números que representan muchas emociones para cada uno de nosotros. Sin embargo no nos referimos a la guía telefónica cuando hablamos de literatura.

Claro, alguien dirá que la concepción que estamos a punto de proponer considera a la literatura como algo por lo menos sagrado, un castillo en las nubes desde el cual se puede ver la realidad, una trinchera política donde se puede sufrirla. Y sí. Si este fuese un ensayo teológico comenzaría diciendo que la literatura es el medio que los dioses más importantes han elegido como medio de expresión a lo largo de la historia. Para liberar y para oprimir. En el siglo XX hubo muchos intentos de usar la televisión para el mismo propósito pero con tan pobres resultados que tarde o temprano terminaban recurriendo a la palabra, a la literatura. A mala literatura, pero a literatura al fin. Sin embargo no se trata de un ensayo teológico sino apenas un bosquejo sobre el valor de la literatura más allá de las distintas etapas de la historia y, sobre todo, más allá de los distintos usos y los mismos lugares que el mercado le ha asignado (ahora, muy sugestivamente se dice "nichos"; no capillas, ni bastiones, ni estante, ni vitrina, ni puestos de feria sino "nichos").

Así como a los pueblos colonizados se les ha dado desde siempre la libertad de hacer lo que quieran dentro de unos limites específicos, es decir, se le ha dado libertades de guetos, de quilombos y de reservas, también ha habido una cruzada contra la literatura que cae mas allá de los limites del gueto ideológico del mercado, del consumismo y de la diversión, todos ejercicios de consolación, de domesticación y de obediencia social, no pocas veces en nombre de la rebeldía y la liberación. Porque si hay un recurso efectivo para la mansedumbre y la neutralización del oprimido es hacerle creer que es un rebelde. Un rebelde de gueto. Y de ahí la literatura de la complacencia.

Toda ficción, por fantástica que sea o pretenda ser, forma parte del mundo real, desde el momento en que, en lo más profundo, habla más de la realidad general del presente y la historia que de la fantasía particular de su autor. ¿De qué hablan inocentes fantasías llamadas Tarzán de los monos o King Kong sino de los valores racistas e imperialistas del mundo anglosajón de principios del siglo XX? Estas ficciones reproducen y confirman una realidad negándola con la máscara de la supuesta libertad creadora de su autor y, sobre todo, de la inocencia de la diversión. Por ello son etiquetadas como "historias fantásticas". Otras ficciones, por el contrario, tienen la voluntad de mirar esa realidad a través de la no menos realista perspectiva de la ficción. ¿Qué son La metamorfosis de Kafka o Modern Times de Chaplin —una a través de la angustia y la otra a través del humor— sino dos agudísimas miradas sobre sus propios tiempos?

También así el periodismo de las grandes casas más tiene de ficción que narra la voz del poder internacional que de objetividad de una realidad concreta e independiente de ese poder. Y así como también hay un espacio —siempre minoritario, a veces microscópico— para el periodismo de denuncia y la crítica radical, también ha de haber un lugar para una literatura que no se conforme con la complacencia y la diversión.

Pero nuestra cultura del consumismo ha hecho de "la plena satisfacción del consumidor por un buen producto" un valor moral, ya sea cuando se trata de elegir presidentes, literatura, guerras lejanas, dietas, informativos, religiones o destapadores de botellas. Por si fuera poco, parte del consumo incluye la idea de la plena libertad del consumidor. Cuando el consumidor no queda complacido, tiene el derecho de cambiar de canal o de devolver el producto —excepto si son presidentes— y exigir el retorno del dinero.

Una vez alguien escribió un artículo exaltando la superioridad del sistema socialista sobre el capitalista en la producción industrial. Ernesto Che Guevara le contestó que los argumentos carecían de fundamento objetivo, que el propósito del Hombre Nuevo no consistía en competir en esa área de la pura producción de bienes materiales y que, sobre todo, no había que confundir deseo con realidad. Podemos observar que esta idea —hay un mundo real y otro ficticio— es cierta para los débiles. Cuando los débiles confunden deseo con realidad son derrotados. Cuando los fuertes confunden deseo con realidad la realidad es derrotada. De igual forma, la idea de que la historia es una narración basada en hechos y la ficción carece de ese fundamento, se comete una doble imprecisión. Primero, porque gran parte de la historia se basa en ficciones que proceden del poder; tanto la realidad como las percepciones sobre la realidad en gran medida son sus propias creaciones. Segundo, porque toda ficción basa su fenómeno en una realidad concreta, sea una realidad económica o una realidad virtual creada por el poder que deriva de esa economía o —en una visión no marxista, si se quiere—, una realidad creada por una tradición espiritual establecida en un momento critico de la historia, como puede serlo un libro sagrado, una constitución mítica como la de Estados Unidos o una variada plétora de mitos fundadores.

La literatura no escapa a nada de eso. Es ficción que forma parte de una realidad y, quiera o no, la expresa y la modifica. ¿Qué es El Quijote sino una parodia de una tradición literaria moribunda —la literatura de caballería— que expresa mejor que cualquier libro de historia la realidad de su época? Y como los seres humanos cambiamos, pensamos diferente, vemos el mundo de diversas formas y aun así somos los mismos seres humanos, más allá de las culturas y de los periodos de la historia, resulta casi inevitable que una obra como El Quijote, que haya ido tan lejos en la expresión de la razón y la locura humana, hable también de hombres y mujeres que no vivieron en su tiempo. Sí, El Quijote, a diferencia de otras novelas que han resistido la erosión de la historia, fue un éxito de ventas. Pero a diferencia de muchos otros éxitos de ventas de la época solo El Quijote es El Quijote. Porque hay algo más que pura diversión. Algo más. Ese algo más no puede ser formulado en las oficinas de marketing; ni siquiera es agotado por los mejores críticos. Y la historia paga ese algo más rescatando de vez en cuando una obra, más tarde o más temprano, del olvido.

De acuerdo, tampoco tenemos derecho nosotros a levantar a un obrero deslomado de un sillón confortable para decirle que esa película de acción, esa revista de Caras, esa novela con su happy ending, son instrumentos ideológicos, analgésicos que lo ayudan a olvidar su propia realidad, en lugar de exigirle recordar quién es y dónde está. No, dejen a ese pobre hombre, a esa pobre mujer que descanse. Pero no que descase en paz.

Un derecho similar tienen aquellos que reaccionan contra el prostíbulo que estratégicamente se llama "válvula de escape". ¿Por qué los escritores deberían ser meros consoladores, renunciando al más noble compromiso de incomodar con interrogantes radicales? ¿Es divertida la televisión que consume el pueblo? Aparentemente sí, de otra forma programas tan vacíos sobre la farándula no tendrían tanta audiencia. Esta excitación es el mayor anestésico colectivo. Como un músculo que se lo golpea varias veces para insensibilizarlo antes de vacunar la carne. ¿Qué ese gusto no es un producto biológico sino un gusto creado por la industria de la diversión? Sí. ¿Que ese producto inocente es lo menos inocente que existe en el mundo, como una dulce droga cuyos efectos son ocultos por la misma droga? También.

Al menos que por algún camino y en algún momento se haya perdido la inocencia. Entonces ya no basta el bombardeo de símbolos a los que diariamente es expuesta una población entera para volver a la época de la inocencia. Y es en esta ruptura, en esa perdida de la inocencia que la crítica radical tiene un rol decisivo.

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