sábado, 4 de abril de 2009

Maldición de Malinche


Por: Gabino Palomares

Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados
Eran los hombres barbados de la profecía esperada
Se oyó la voz del monarca de que el dios había llegado.
Y les abrimos la puerta por temor a lo ignorado.

Iban montados en bestias como demonios del mal
Iban con fuego en las manos y cubiertos de metal.
Sólo el valor de unos cuantos les opuso resistencia
Y al mirar correr la sangre se llenaron de vergüenza.

Porque los dioses ni comen ni gozan con lo robado
Y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado.
Y en ese error entregamos la grandeza del pasado
Y en ese error nos quedamos trescientos años esclavos.

Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero
Nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero.
Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio
Y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo.

Hoy, en pleno siglo veinte nos siguen llegando rubios
Y les abrimos la casa y les llamamos amigos.
Pero si llega cansado un indio de andar la sierra
Lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra.

Tu, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero
Pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo.
Oh, maldición de Malinche, enfermedad del presente
Cuándo dejarás mi tierra, cuándo harás libre a mi gente.

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Encuentro a deshora con el escritor Rafael Arozarena - Arteasidem Ibaraden


Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Este encuentro a deshora de hoy lo quiero realizar con el escritor Rafael Arozarena. Para ser escritor, un buen escritor claro, hay que tener oficio, aunque casi nunca hay beneficio (material, se entiende). Sin embargo Rafael Arozarena más que un escritor con oficio, es un escritor intuitivamente inteligente.

Arozarena, junto a los también fetasianos Isaac de Vega, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón, son algunos de los escritores que más han aportado a las letras canarias una literatura auténtica en su expresión, innovadora en su línea investigadora, terriblemente encantadora en sus contenidos.

De todos los libros que suelo releer porque me parecieron extraordinarios, maravillosos o excelentes, a uno de los que más acudo es al libro "Caravane" Poemas y prosas, (Antología 1959-1990) de Rafael Arozarena editado en la colección de la Biblioteca Básica Canaria. Me encanta este libro que les sugiero lean con atención porque está plenamente conseguido, de un perfecto irregular acabado.

"Caravane", son un compendio de poemas, cuentos, poéticas literarias y artículos; Aquí nos vamos a encontrar "el paisaje, la novela o el poema, el mar o tierra adentro, la realidad del ambiente o el sueño, el lenguaje trillado o el cómo ganar la expresión nueva: todo ellos son puntos de creación o motivos de reflexión que van contenidos en esta antología de Rafael Arozarena", podemos leer en la solapa.

Julio Cortázar tiene un libro que se titula "Salvo el crepúsculo", publicado después de su muerte en la editorial Alfaguara que combina también los textos en poemas con los textos en prosas. Cortázar cuenta que un amigo le recriminaba el que editara un libro de estas características, que era una frivolidad porque los poemas necesitan de una sintonía mental distinta a la que se necesita cuando se lee prosa. A lo que Cortázar contestaba preguntándose invariablemente :"¿Por qué, a semejanza servil de los criterios de la vida cotidiana se tiende a creer que en lo serio, en lo grave está la verdad y que el juego y la diversión, comporta falsedad o frivolidad?". Ahí queda eso para entretenimiento reflexivo de ociosos.

Aunque Rafael Arozarena escribe novelas, cuentos, ensayos o artículos, él es esencialmente un poeta. Y cuando digo poeta lo digo en su más exacta significación actual: aquel ser que actúa como transmisor, como médium de las más intensas y convulsas palpitaciones del mundo, de la vida, del universo; aquel que atiende y distingue con todos sus sentidos los ecos y las voces; aquel que nos descubre ámbitos distintos, territorios diversos; aquel que nos inventa a cada verso en el poema.

Si a la "Sombra de los cuervos" se edita en 1947, han de pasar una docena de años para hallarnos frente a su segundo poemario "Alto crecen los cardos", (1959). Hay una explicación para razonar esta larga tregua de su escritura: La reflexión, la investigación, la construcción de un mundo novedosamente poético. Una etapa de especulación y conocimiento que no hubiese sido posible ha comentado el propio Arozarena, si el azar no hubiese puesto en su camino, la figura de otro escritor, el novelista Isaac de Vega, con el que compartió el Premio Canarias de Literatura en 1988.

"UN SALTO AL VACÍO"

Rafael Arozarena, único poeta del grupo fetasiano, entiende el poema como "un salto al vacío". Sitúa al poeta sobre una escritura que más parece un abismo al que hay que saltar. En el poema está todo por descubrir, por aparecerse, por revivir. La mano del poeta es sólo un medio para alcanzar la realidad que siempre tiende a escaparse. El poeta actúa de enlace para hacerse con ese sueño que se va a desvanecer en la nada, que está desvaneciéndose en medio de la oscuridad de la noche o del claro del alba o del peso del mediodía. Pero se necesita para comenzar esa acción un "suceso de talla".

Para Arozarena "El poeta pretende, /como el pájaro egipcio,/ que la vida renazca/de sus propias cenizas". "En los poemas de Arozarena fuerzas o signos extraños impregnan las cosas haciendo que el misterio prevalezca sobre el ser y lo impulse a un nuevo modo de sentir, de percibir, de pensar" nos señala el profesor Juan José Delgado. se quiere prescindir de la historia y así llegan a decir que "todos los actos del hombre carecerán de altura, todas sus ideas de profundidad".

En un viaje que Arozarena realizó por Gran Canaria dejó claro su idea de la creación, para las nuevas generaciones -incluso para las viejas- que quieran escribir historias, reflexiones, emociones, para ellos mismos y para los demás: expresó algo así como "habla, escribe de lo cercano, de lo más próximo aunque te duela; aunque para ti mismo sea incompresible en un primer momento, quizás llegue algún día en que te sea dado comprenderlo, y.en todo caso, si no a ti, sí a otros".

Esta misma teórica de la creación la recoge poéticamente en su libro "Aprisa cantan los gallos": "Ahora/no nos entenderás. Nos pusieron/ al revés en este mundo./ Nos quitaron las alas y dejaron uñas./ Por ello nuestro vuelo/ es a través del hombre y de la tierra./ Un día seremos llamados los ángeles topos./ Descendiendo, descendiendo siempre/ con nuestras uñas. /Abajo, abajo,/ abajo del todo/ volveremos a encontrarnos con el cielo".

"DESFILE OTOÑAL DE LOS OBISPOS LICENCIOSOS"

En el poema "Caravane", que está recogido en su poemario "Desfile otoñal de los obispos licenciosos" de 1985, que da título al libro, hay una expresa declaración de principios de nuestro autor: "Miren yo/arranco las azaleas muertas en el camino/ y conservo mi adición al ópalo que es otra cosa".

La riqueza del mundo, de su mundo, no está en las posesiones materiales, no, incluso las desprecia. Sólo, única y exclusivamente en el valor que él le da a cosas que en un principio pasan por inútiles, por inservibles. En su contemplación, encuentra el disfrute pleno y lo que le da verdadero sentido a su existencia. Nada más. Y nada menos: "Y yo estaré en mi galera/con una piedra de ópalo en el bolsillo, esperando que se acabe el queroseno", sentencia de manera terminante.

Novela y poesía son para el autor dos manifestaciones polares de la escritura. Rafael Arozarena aborda la tarea de una narración larga con ciertas reminiscencias líricas. Sus dos novelas publicadas hasta el momento, "Mararía"(1973), recientemente convertida en película de la mano de Antonio Betancor y "Cerveza de grano rojo" son testimonio fehaciente de lo dicho. Para Rafael Arozarena esta última es más novela que "Mararía", menos poesía; así como "Mararía" posee más lirismo, alcanza menos "la cámara natal de la novela".

Con "Cerveza de grano rojo"(1984) el autor fue más consciente de estar tratando situaciones relativas a crisis histórica, cultural y personal. Así lo explicó Arozarena. A Rafael Arozarena, aunque le apasiona escribir -versos o prosas, poemas relato o novelas- más se desvive por vivir. Por vivir la vida segundo a segundo, bebiéndosela sorbo a sorbo, saboreándola vehemente, irónico, lúcido, sin ambages y sin medias palabras. Provocativo hasta la tentación de no querer seguir escuchándolo, quedas irremediablemente atrapado con sus reflexiones o sus vivencias, con su particular manera de ser y estar en el mundo, en Canarias. Y entonces te dice de plano: "Para sentir y saber lo que es la vida tienes que haberte restregado el corazón con una aulaga", acababa de acabar su copa de licor 43 dejando atrás un crepúsculo oscuro y apetecible como una Mora.

Este ángel topo fetasiano, pretende con su literatura, adentrarse y mostrarnos, entre otras tantas cosas, la nebulosa o luminosa incongruencia de la vida, su dulce acidez, su mágica realidad inabarcable y como el poeta portugués Fernando Pessoa parece susurrarnos desde su guarida mundana:"¡Ah esta mañana, que me despierta a la estupidez del mundo y a su ternura!".

Foto: Rafael Arozarena. / Autor: EL ESCOBILLON


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Algo de música: canciones africanas


ARGENPRESS

“Nos enseñaron que la música es el arte de combinar bien los sonidos, algo grato para el oído. Para los africanos sin embargo, la música es el arte de cantar a la vida”

Francis Bebey, músico camerunés

Hablar de “la” música africana es demasiado amplio. Una descripción general de lo que podríamos hacer entrar en ese concepto tan extenso sería sumamente difícil dada la cantidad y diversidad de expresiones. Sin embargo hay similitudes regionales entre grupos disímiles, así como tendencias que son constantes a lo largo y ancho del continente.

La música del norte de África y partes de la región del Sáhara tiene características propias que la distinguen claramente de lo que llamamos África negra; en la región norte del continente encontramos patrones que pertenecen a la cultura musulmana. Al sur del gran desierto del Sáhara, la zona sub-sahariana tiene como característica especial, que la hace única e inmediatamente reconocible entre otras expresiones musicales de otras partes del mundo, el desarrollo del elemento rítmico. Los conjuntos de tambores, xilófonos y otros instrumentos tocan siguiendo varios modelos rítmicos y métricas diferentes que crean estructuras complejas llamadas polirítmicas. Incluso instrumentos musicales diferentes a los de percusión, como la mbira o los cuernos, se tocan de manera percusiva, por ejemplo, tirando de una cuerda o acentuando fuertemente la voz. Es común, en muchos pueblos, el que en la música interpretada en grupo haya una voz que actúa como líder, y el resto de voces vayan contestando alternativamente. Además de acompañar las danzas, el trabajo, las ceremonias y las procesiones reales, se usa también para la comunicación, imitando al lenguaje hablado.

Las funciones sociales que tradicionalmente ha cumplido la música en África ha condicionado su sometimiento a los imperativos de los dirigentes, especialmente en cuanto a su vinculación con la religión se refiere.

En las sociedades islamizadas, a menudo, se considera que la música desvía a la gente de su fin principal, el culto a dios. En estas sociedades, la música es consentida durante períodos festivos, pero reprimida en su utilización social más trascendente.

En las sociedades que mantienen su religión tradicional, la música habitualmente va ligada de forma indisociable con los actos sociales de dimensión religiosa, o funciona como instrumento de comunicación con lo sobrenatural, utilizándola en la curación de las personas enfermas, en los dominios diarios de la caza, la pesca o las actividades agrícolas.

Por otro lado, la música también está comprometida con la denuncia político-social que lucha contra la marginación, la miseria y la falta de libertad a la que se ven sometidos millones de africanos.

La música forma parte inevitable del paisaje urbano. En cualquier ciudad africana, desde casi cualquier calle, la música está viva, emitiéndose desde un equipo estéreo de segunda mano en venta, en los altavoces de un viejo vehículo desvencijado o resonando en los tambores de un grupo de jóvenes. La música en África camina paralela a la vida, a la historia. La música moderna tiende la mano a la tradicional y ambas se fusionan dando frutos de belleza única.

Aquí presentamos una breve síntesis de esta riquísima producción.







Foto: Grupo Circus Baobab de Guinea Ecuatorial. / Autor: UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

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La mutación del capitalismo

Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mucho se dice que el sistema capitalista está en crisis; los más optimistas (desde la otra acera ideológica) ya celebran la caída de la “estructura consumista”. Sin embargo, si analizamos el asunto a fondo, podríamos pensar que el capitalismo simula estar en terapia intensiva cuando en realidad se prepara para mutar hacia un estado de dominio peligrosamente superior.

Desde que surgió la repentina crisis económica global he creído que se trata de una mentira dirigida. No puede ser de gratis semejante invocación al caos. Es sencillo suponer que la promoción de la crisis sólo la compran (y padecen) los pueblos; ingenuo sería creer que los grandes inversionistas no tomaron las precauciones a tiempo, mucho antes de que la crisis fuese noticia (las 24 horas de todos los días).

Sospecho que el capitalismo derrumbará su funcionamiento global tal y como lo conocemos. Y luego, ante nuestra memoria dormida, surgirá convertido en una red de consumo virtual. Sí, suena a novela de ciencia ficción. Incluso, se parece mucho a la trama que George Orwell describe en su novela “1984”. Es la sociedad vigilada por el omnipresente Gran Hermano. Se trata de la autentica dictadura planetaria; el triunfo del pensamiento único sobre la particular voluntad de cada individuo. Y todo hecho por obra y gracia de la legalidad democrática.

Algunos estudiosos han asociado la historia de Orwell con cualquier dictadura clásica (casi siempre señalando al rojo como el monstruo que viene); no obstante, como suele ocurrir con las obras artísticas, su trascendencia permite múltiples interpretaciones. Como por ejemplo la que relaciona el contenido de la novela con el tiempo presente que atravesamos. El control mental de los individuos (aniquilación de la memoria y del libre pensamiento); la educación totalitaria (sistematización a conveniencia del mercado) y erradicación de la intimidad (la vida privada como espectáculo). Estos temas circulan por “1984”, pero también rondan por estos días.

No hace falta mucha imaginación para suponer que se está tramando la instauración definitiva de un mundo virtual. La crisis podría ser simplemente una oportuna excusa para dar el gran salto. Cada vez más nuestra vida la vivimos desde internet. Sólo falta que las estructuras del poder global se muden radicalmente del espacio exterior y operen exclusivamente desde la Madre Red (señores a simular la vida a través del ordenador o del móvil: pero no se olviden de pagar, a pagar, quién no pague está fuera de la red). Para entonces, cuando se concrete el juego del sistema (o la vida que no era vida), los trabajadores cumplirán las funciones desde la “privacidad” del “hogar”; incluyendo el cobro de salario mínimo, el pago de todos los alquileres, los “círculos afectivos” y las “diversiones intelectuales” o de “aventuras”.

Quizá terminen coexistiendo dos mundos en paralelo. Las funciones de las mayorías serán ordenadas y obedecidas en el virtual, mientras, en el real (el de la calle), los grandes recursos quedarán bajo el implacable cuidado de unos pocos.

Que nadie se confunda. No es la sinopsis de una nueva novela. El capitalismo no está en agonía, sólo prepara su gran mutación.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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Las razones y las sinrazones de la locura


Julio Herrera (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El diccionario Larousse define la locura como "Perturbación mental, demencia, alienación de la razón".

Con base en esa definición podríamos entonces concluir que nuestra vida entera es una locura, puesto que en la infancia carecemos de madurez para razonar, en la edad adulta tratamos de perder la razón pretendiendo ignorar la realidad, evadiéndola mediante el hedonismo, el alcohol, las drogas y los alucinógenos, o simplemente "haciéndonos los locos", y en la ancianidad regresamos a la infancia, con el consecuente olvido senil o al abandono voluntario de todo sentido de responsabilidad.

Y puesto que, según lo anterior, el número de locos en esta tierra es (casi) igual al número de terrícolas, (con perdón de quienes creen no estarlo), el atreverse a hablar de locuras en un planeta de locos equivale a cometer la locura de criticar el racismo en pleno congreso del Ku Kux Klan.

A mi juicio, entonces, para no ser enjuiciado por la sociedad se requiere renunciar al juicio personal, es decir, a la razón. Es por eso que hoy, talvez sin razón,(o haciéndome el loco) quiero referirme a las razones y sinrazones que a veces nos inducen a cometer ciertas locuras. (Verbi-gracia: a escribirlas).

Primeramente, de una u otra forma, (o de todas formas) todos los modernos homo sapiens nos obstinamos en poluir o contaminar el planeta que cohabitamos, (con la generosa ayuda de los magnates industriales), olvidando que aún no tenemos otro de repuesto, lo cual equivale a un tácito pacto de suicidio colectivo. Por otra parte, si ésta expresión popular de "hacerse el loco" significa intentar evadir una responsabilidad o un deber personal, se puede entonces afirmar que está loca la humanidad, incluso en fase terminal, (¡ y orgullosa de estarlo!) cuando a escala mundial los industriales y los gobernantes del neoliberalismo intentan evadir su responsabilidad oficial en la preservación de la ecología, de los servicios públicos, -salud, educación, trabajo, etc.,- mientras que por su parte los contribuyentes, en un marasmo de rumiantes, casi neurovegetativo, también pretenden (o pretendemos) evadir el deber de exigir su derecho a ellos, lo cual no es ya "hacerse los locos", sino estar ya locos de remate. Podría decirse incluso que la locura es la única democracia existente, puesto que ella cobija por igual a magnates y proletarios, a gobernantes y gobernados.

Y hablando de evasión de responsabilidades, hay que admitir que a algunos sicópatas, como al general Pinochet, no les faltó razón para perder la razón, (o simular perderla), o a otros, como Ronald Reagan, para perder la memoria, aunque éste, por haber sido tan pésimo actor en Hollywood, no cabe duda que no estaba simulando su Alzheimer. Tampoco cabe duda de que en un hipotético proceso en el Tribunal Penal Internacional, (TPI) contra Bush o contra los ex presidentes americanos y sus asesores como Kissinger, Rumsfeld y Colins todos "perderían" la razón o la memoria, al igual que Pinochet. Y por su parte, el ya olvidado Ben Laden, si fuera algún día capturado, llamaría para su defensa a los abogados de Pinochet.

Lo que sí es por demás sorprendente es que el vaquero religioso, alcohólico y loco George W. Bush, en su paranoia antiterrorista, no hubiera ordenado durante su régimen bombardear a Francia por no haberse aliado al bombardeo yanqui a Irak, o en el colmo del cinismo, bombardear a Suecia por no haberle otorgado el premio Nobel de la paz.

Y por otra parte, los desposeídos de éste manicomio globalizado que llamamos "tierra", (pero que en realidad es un estercolero) -a los que la razón era lo único que les faltaba por perder,- (o quizá fue lo primero que perdieron,) ellos viven desinteresados por el mañana, y ante el actual caos económico, ecológico, moral y político de la humanidad se hacen los locos, alzan los hombros, silban y miran para otro lado, o -como los músicos en el naufragio del Titanic,- permanecen imperturbables, limitándose a afirmar que "el naufragio mundial que se avecina es solo una falsa alarma de agitadores antidemocráticos, de comunistas y promotores de brotes subversivos". Y así viven, (si a ésa subsistencia de zombis se le puede llamar "vivir"), "vivitos y coleando" como pez fuera del agua, es decir en estado convulsivo, (¡pero aún vivos, gracias a Dios!) hasta el último instante de su demencial existencia.

Y es que realmente se requiere ser alienado en fase terminal, (y como los homosexuales, orgullosos de serlo) o desprovisto de la facultad de análisis, (o provisto de una inconsciencia absoluta) para no observar las funestas chifladuras y absurdos en este mundo irreflexivo e insensato, donde es la televisión y no la inteligencia la que forma el raciocinio, donde la dignidad individual y colectiva ha sido sustituida (o alienada) por el "marketing" neoliberal, donde el sueño de Bolívar, de Juárez, de Martí, ha sido sustituido por el "American dream", un mundo paradójico y demencial donde, con razón o sin ella, a los francotiradores escolares y urbanos se les califica de "locos", a la vez que a los genocidas oficiales como en Irak y Afganistán se les glorifica como héroes de la "inteligencia militar", (puesto que nuestra sociedad de consumo premia la producción y el consumo masivos) y en fin, en un mundo inmundo donde la materia gris parece haber sido sustituida por la materia fecal!

Justa razón tenía (¡excepcionalmente!) aquel sensato astrónomo (cuyo nombre ya mi loca memoria olvidó) que afirmaba que la magnitud de la imbecilidad humana era lo único que le había dado una idea aproximada de las dimensiones del infinito.

Imagen: Detalle de “La Extracción de la piedra de la locura”, una de las obras pictóricas pertenecientes a la primera etapa del pintor holandés El Bosco, realizada entre el 1475 y 1480, e incluida en un conjunto de grabados satíricos y burlescos que por entonces se realizaban en los Países Bajos. Es un óleo sobre tabla, de 48 x 35 cm. En la actualidad se encuentra en el Museo del Prado, Madrid. (WIKIPEDIA)


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Mina difícil

Miguel Longarini (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

¡Esto es lo peor que podemos tener!
Nunca estuvimos tan mal;
con tanta corrupción,
con tanto “Dengue”;
con tanto bizco errándole al mate,
con tanta maña-maraña para las moscas.
Así nos vamos a la mierda, al carajo;
al mismísimo infierno quemante …
¡Fuera Fulera! ¡Juera, julera!
¡Se tienen que ir! ¡Delincuentes!
Dijo la diva escondida entre los pastos
que tapan el Mercedes trucho,
Dijo el Chapulín Colorado de la televisión,
Dijo el obispo del oro y el moro
Dijo el señor politólogo-gurú
levantando el dedo del gatillo
a punto de gatillarse las pelotas.
Hay muchas pelotas, bolas-huevos
que no aguantan más la crisis:
La Crisistina de todas las madres.
¿Quién nació primero: la crisis o la soja?
¡Hay que joderse con esta mina!
Que jode tanto a las minas;
Que estresa tanto a los hombres
Que no afloja, que no se aleja,
que no la dejan; Que no se deja…

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Sobre un libro recientemente traducido: Un viaje al corazón del imperio (en crisis)

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA – PTS, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es conocida la frase del filósofo norteamericano George Santayana : “Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”; en este sentido, la publicación que comentaremos es una buena “fuente” de experiencias históricas para recordar, tanto para el pueblo norteamericano (protagonista de los hechos que se narran en la publicación que comentaremos), como para los trabajadores y jóvenes de todo el mundo, en momentos en que la crisis económica mundial traerá nuevas crisis y guerras. Hablamos de las grandes luchas contra la guerra en Vietnam, uno de los acontecimientos que pusieron en jaque al imperialismo yanqui en los ‘70.

Se ha editado Vietnam y las fantasías norteamericanas , de H. Bruce Franklin. Y es más que un libro sobre la “cultura” de una época. Es un libro que incluye investigación histórica, periodística, denuncias políticas y económicas a esa gran ofensiva imperialista que realizó Estados Unidos contra Vietnam; y todo contado de manera sencilla, en un lenguaje llano, por un protagonista de los mismos hechos (Franklin fue profesor universitario expulsado por realizar distintas actividades: desde charlas y marchas, hasta la militancia sobre las fábricas que proveían de productos químicos a la industria de guerra yanqui, repartiendo volantes explicando la situación de la guerra, y proponiendo a los obreros que boicotearan la producción –o que renunciaran a sus puestos de trabajo en señal de protesta-).

Franklin hablará en su trabajo de los 33 años de lucha del movimiento antiguerra: un movimiento pacifista que luego irá tomando cada vez más una orientación antiimperialista.

“Allí donde la amnesia no ha funcionado para ocultar la guerra de Vietnam, se han fabricado fantasías para tergiversar la realidad”

Franklin explica: “La representación de la guerra de Vietnam que todavía prevalece en Estados Unidos a comienzos del siglo XXI está basada en una serie de fantasías que fueron originalmente construidas desde 1954 hasta la década del ’70. Éstas fueron luego elaboradas y embellecidas durante los años ’80 y ’90, especialmente bajo las administraciones de Reagan (1981-1989) y Bush (1989-1993)” . Y agrega: “El derrotero cultural, que pasó de demonizar a los vietnamitas a finales de los ’70 a borrarlos por completo en la década de los ’90, quedó plasmado en las producciones de Hollywood. Mientras que el Premio de la Academia a la mejor película del año 1978 lo recibió El francotirador (The Deer Hunter), con sus imágenes que meticulosamente invertían los roles de víctima y victimario, la ganadora del Oscar como mejor película del año 1994 fue Forrest Gump, en la cual se proyecta un Vietman que consiste en una jungla deshabitada que, por razones desconocidas, dispara contra los soldados norteamericanos” . Franklin informa a lo largo del libro cómo operó Hollywood, los cómics, las series de TV y los grandes medios de comunicación, para lo que él llama “una militarización de la cultura”; es decir, cómo se prepara un pueblo para que acepte la guerra, identificando además a sus “enemigos”.

La historia de la oposición a la guerra

La oposición a la guerra comenzó muy temprano: cuando los soldados norteamericanos de repente se encontraron “… equipando y transportando a un ejército enemigo (el francés) para que invadiera el país: en 1945. Los estadounidenses también se opusieron en 1965, cuando el presidente Lyndon Johnson ordenó a los marines desembarcar en Da Nang y comenzar el bombardeo ininterrumpido de Vietnam del Norte. En 1964, cuando Johnson lanzó un bombardeo en ‘retaliación’ contra Vietnam del Norte, luego de una serie de ataques norteamericanos encubiertos por tierra, mar y aire. En 1963, cuando 19 000 combatientes norteamericanos estaban participando del conflicto y Washington orquestó el derrocamiento del dictador títere que había instalado en Saigón en 1954. En 1961, cuando el presidente John F. Kennedy comenzó la ‘Operación Hades’, una campaña de guerra química en gran escala. En 1954, cuando equipos de combate norteamericanos organizaban acciones encubiertas para apoyar al hombre que Washington había designado para gobernar Vietnam del Sur” .

En 1954, cuando el derrotado imperialismo francés le pasa “la posta” a los yanquis, llegarán “Miles de cartas y telegramas oponiéndose a la intervención de Estados Unidos (que) inundaron la Casa Blanca. Una división de la American Legion que contaba con 78 000 integrantes exigió que ‘Estados Unidos se abstenga de enviar a miembro alguno de las fuerzas armadas para participar como combatientes en la pelea por Indochina o el sudeste de Asia’. Hubo denuncias públicas que hablaban de ‘colonialismo’ e ‘imperialismo’” .

Confluencia y radicalización con el pueblo negro

Fanklin recuerda que, “en enero de 1965, un mes antes de que fuera asesinado, Malcom X denunció la guerra de Vietnam, situó a los africanos y a los afronorteamericanos en el mismo bando que ‘esos pequeños granjeros de arroz’ que habían derrotado al colonialismo francés, y predecía una derrota similar para ‘Sam’” . Entre fines de los ’60 y principios de los ’70 hubo entonces una radicalización del movimiento, donde los sectores de color aportaron los sectores más combativos. El asesinato de Luther King, por ejemplo, provocó además la insurrección de unas 125 ciudades –pocos meses antes de su muerte, Luther King había denunciado a “su país” por las políticas imperialistas-.

La guerra: en EEUU y en Vietnam

Las batallas contra la guerra se dieron en dos escenarios: en Indochina y en los propios EE.UU. Respecto a este último Franklin comenta: “Un dilema que se le planteó de continuo al movimiento antiguerra en Estados Unidos fue la dificultad de hallar formas de trascender la protesta verbal y los actos simbólicos y pasar al terreno de las acciones que pudieran obstaculizar realmente el esfuerzo bélico. Los soldados en Vietnam no tenían ese problema. Los actos individuales de rebelión, que iban desde la deserción y el sabotaje hasta provocar heridas, e incluso matar a aquellos oficiales que ordenaban las riesgosas misiones militares de búsqueda y destrucción, se intensificaron hasta dar lugar a motines y a una resistencia en gran escala” . Así, Estados Unidos tuvo “dos frentes de guerra”, y perdió en ambos. Sin embargo, fue alterando con los monopolios culturales y mediáticos la “percepción de la realidad”, para (intentar) dejar en el olvido la derrota estrepitosa en Vietnam, y al mismo tiempo disfrazar lo que fue una enorme rebelión juvenil, popular y de minorías (como los negros), en un episodio de “rebeldía antipatriótica” que trabó los “nobles” esfuerzos de guerra norteamericanos.

Franklin esboza en una suerte de conclusión: “En última instancia, el ascenso insurreccional en el seno de las fuerzas armadas, inspirado y dirigido por las rebeliones afro-norteamericanas, iba a garantizar la victoria de los revolucionarios vietnamitas, como muchas autoridades militares norteamericanas reconocerían. En este sentido, la guerra en Estados Unidos se trasladó a Vietnam. Pero a pesar de la profunda crisis nacional del año 1968, el movimiento demostró no ser capaz de lanzar, a partir de la guerra en el país, un movimiento sustentable para transformar la estructura económica y política de la sociedad norteamericana, y mucho menos una revolución” .

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En última instancia, la crisis económica capitalista, con epicentro en el corazón del imperio norteamericano, empujará a las masas a retomar las luchas que quedaron inconclusas entonces (teniendo en cuenta las nuevas crisis y guerras que habrá). Po lo tanto, hay que abrirse la imaginación histórica, para entender que volverán las grandes luchas de sindicatos, jóvenes, minorías y sectores oprimidos, y también rebeliones entre las capas más bajas del ejército imperialista –conformada por un gran sector de negros y latinos-. En este sentido, el libro de Franklin ayuda a conocer parte de la historia menos conocida –una historia de luchas y rebeliones antiimperialistas-, fundamental para hacer un balance y trazar perspectivas de lucha.

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El libro de H. Bruce Franklin, Vietnam y las fantasías norteamericanas, se puede conseguir en el Instituto del Pensamiento Socialista (IPS) “Karl Marx”, cito en Riobamba 144, Ciudad de Buenos Aires.


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Vibrante idilio en el Atlético

Eduardo Pérsico (Desde Lanús, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

- Le cuento, yo trabajo en una imprenta y el patrón, que hace la revista del Atlético, me mandó este sábado a cubrir el partido con Lezama Juniors porque él tenía una investigación periodística, se sonrió.

- En la entrada lo ves a Serafín y anotá los goles que el resto lo escribo yo – y para dar mejor imagen me prestó un anotador de tapa dura y unos anteojos negros de los mejores. Llegué y el portero Serafín que conozco de pibe me saludó ¿’así que ahora sos periodista y representante de jugadores, vago de mierda’?, y me ubicó en la platea de privilegio. Para mí una novedad y ni bien me senté surgió como un surgimiento ante mi vista la mujer más linda que vieron mis ojos… Sí, me gustan las frases lindas y le cuento de una morocha brutal enchufada en unos pantalones brillosos para enloquecer. Al preguntarme cuándo empezaba el partido yo ajusté los anteojos y la voz para decirle ‘en diez minutos’, pero le clavé a fondo la mirada fatal que tanto le gusta a las mujeres si yo las miro. Por supuesto, ella ahí mismo sintió mi personalidad como un golpe al corazón y entornó los ojos redondos y negros como dos luceros negros. Pero conmigo ojo porque se me ocurrió si la mina no pretendía sacarme del análisis previo del encuentro, aunque los dos ya flechados en lo profundo y miraditas van y palabritas vienen, se descargó un chaparrón que aprovechamos para acercarnos más. Algo pasajero pero lo mismo uno abrió una sombrilla grandota y otro de arriba le gritó ‘che frenchiberuti, cerrá el paraguas que ya somos libres’. Yo no entendí de qué se rieron cuatro o cinco tipos pero a la morocha y a mí casi nos joden el encanto. Esas cosas… Sí, en esa parte me duele bastante pero le sigo contando: empezó el partido, yo anoté el título de la nota Vibrante Triunfo del Atlético ante los Sanitarios de Lezama y a ella la deslumbró mi periodismo de anticipación, me dijo aunque de entrada nomás la bestia Candotti, ese animal del Lezama, nos embocó un cañonazo de treinta metros y uno a cero. Entonces el Atlético reaccionó todos arriba alma corazón y vida, hasta que al petiso Pérez lo barrieron en el área y penal a favor nuestro. ‘Una instancia culminante del juego’, anoté con la mina cada vez más encimados. Un viejito de los vitalicios pidió ‘que lo tire el bizco Páez que desorienta a los arqueros’ pero otro viejo le recordó que Páez había muerto en la navidad del ‘48 cuando gritó Muera Perón en la cola del pan dulce. Así que se preparó a patearlo el burro González ‘que bajo un denso y expectante silencio tomó carrera desde media cancha’, casi escribo; pero la pelota pegó en el cartel del Supermercado Fénix, en la vereda de enfrente, y la multitud de casi doscientos insultó a coro a la mamá y la hermana de González con frases irrepetibles’. No las anoté pero las recuerdo y ya le dije, ahí no me duele tanto doctor, más abajo.

Al terminar el entretiempo y recomenzar el partido la morocha me convidó un caramelo, apoyando su mano en mi muslo que todavía la siento. Así que con mi clase habitual le pregunté ‘de qué medio periodístico sos’, ella frunció la naricita ‘de la revista El Gatito. ¿No la conocés?’. Toda una respuesta que me hizo subir la calentura a tres mil y en la misma jugada al zurdo Jiménez le dieron una patada criminal, el referí no cobró, ellos salieron de contragolpe y dos a cero para los Sanitarios de Lezama. ‘¿Y ahora qué me dicen de los Derechos Humanos’?, se largó el presidente del club, ‘no permitamos que en este viril deporte prolifere la tortura violenta’, pero el dueño del cabaret del barrio que ahora también es diputado del socialismo cristiano, lo hizo callar por eso de los humanos ‘que repiten los comunistas’ y no tenía nada que ver. Mientras el partido seguía y con la mina íbamos a fondo ‘un delantero visitante de pura casualidad eludió a cuatro defensores del Atlético y anidó el esférico entre las mallas’. Tres a cero y a llorar a la iglesia, aunque si un día visita el Vaticano y le juran que Dios existe no le crea, es mentira. Ay, ahí sí, duele…Al fin íbamos saliendo y para que la morocha captara mi calidad natural le hice la pregunta clave en la orejita ¿cómo te llamás? Ella me suspiró ‘cincuenta dólares’ y sentí que en dos palabras me transcurriera un siglo.

¿Usted me habilita a contarle rápido qué sucedió de verdad? Al oír ‘cincuenta dólares’ en vez de gritarle igual que a González yo me quité los anteojos como si terminara un verso y nos acercamos sin hablar ni bajar ninguno la mirada. Era linda de verdad, tal vez pasamos un minuto mirándonos con las manos juntas y cargadas de cierta dulzura dolorosa, algo que usted ni esperaría escuchar. Bueno, en ese momento yo pensaba sin pronunciar que cincuenta dólares jamás los había visto, porque era un pobre infeliz que recién vivía las dos horas más lindas de su vida, en tanto ella no me soltaba y su mirada se hizo más tristona, o dulce, no sé, para avisarme que sabía todo esa verdad que la gente parecida a nosotros nunca pronuncia. Para final me acercó algo los labios para hacerme sentir ‘gracias, yo también’ y sentí sus uñas hundidas en mi piel al irse apurada. Porque claro, eso pasa entre personas como ella y yo; se nos venía su amigo, marido o queseyó a imponer que no siguiera perdiendo el tiempo. Y si yo estoy aquí, doctor, usted no necesita imaginar nada más.

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Te amo poesía

María Cristina Garay Andrade (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A ti te amo poesía porque encierras el amor más sublime,
la que redime los pecados más osados de sentirse vivo
con sentido, me encierras en el mundo de lo profundo,
en el paradójico camino sin destino...

Contigo puedo expresarme y ser yo misma,
irracional hasta tallar en la locura,
escribiendo estrofas libertas en la cordura,
que expresan lo excelso del amor en todo su esplendor...

Me revuelco entre palabras... que rico es el idioma,
sabe a hierbas de campo santo, cuando con el asoma
fragancias de nostalgias embebidas de tiempo,
furtivas lágrimas trae el recuerdo...

Me deleito, me abismo puedo expresar lo que siento,
tus dulzuras y tus ternuras son jardines de aventuras,
elixir de una fruta ya madura que emana miel
de sus entrañas con sabor a delicadezas extrañas.

Me abrazas, me contienes, me enamoras.
interpretas mis sueños con desempeño,
vuelo en vuelos de cóndores sin alas,
mi alma canta cantos de sirenas y alabanzas...

Me desnudo, me entrego, me apasiono,
no me condicionas, me liberas en entregas,
en poder dar sin claudicar las palabras manantiales
que a caudales nacen con mi sed de amar.

Baúles de recuerdos, enjambres de besos,
amores con sinsabores, amores de mil colores
torrentes de caricias, torbellino de pasiones,
volcanes de arrebatos que solo duraban un rato...

Expresiones oportunas mientras miramos la luna,
bocas entreabiertas exhalando jadeos,
buscando el puerto de los devaneos,
suspiros profundos, las manos buscan lugares ocultos...

Todo lo digo porque todo lo encierras,
imprimiendo mi huella en una cometa,
estrella que no tiene prefijada su meta,
en una realidad concreta o en una bella fantasía,
por eso es que te amo poesía...

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«Yo, Picasso»: genio y chamán


Cristiana Castello (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

«Yo, Picasso»: genio y chamán
Desde su adiós clama Libertad

El «Guernica»— ese extracto de universo sin palomas
El «Guernica»— ese extracto de sangre, rebeldía y llanto

«Yo, Picasso» era su frase favorita. Fue un desesperado por la vida y la arrasó. No tuvo límites. Ni para crear, ni para doblegar. Ni para beberse el arte, el alcohol y los burdeles; ni PLÁSTICA
para encerrarse en silencio, para crear. El 8 de este abril se cumplen los treinta y seis años de su adiós (¿A Dios?). Hoy grita, gime, increpa y resiste desde el «Guernica», su obra maestra. Desde ese cuadro que es historia, que escribió la Historia, y que es emblema de libertad, «Yo, Picasso» sigue alertando a los inocentes de la Tierra. En el corazón de este mundo trémulo, su clamor pictórico y vital tiene hoy, aún más entidad.

Niño prodigio y superdotado; comunista y pacifista, o burgués. Tierno y cruel; amigo y traidor... aquella vez. Aunque ardió en su fuego, salió siempre ileso, él. Calcinaba a los otros. A las otras. Las mujeres eran sus diosas, pero también, «frazadas para limpiar pisos» y «máquinas para sufrir». Sus ojos desorbitaban destinos. Lo rodeó la muerte y lo abrazó la vida, hasta los 91, cuando nos dejó. ¿Quién fue: Eros o Tánatos?

Fue un chamán, un genio; el mayor artista del siglo XX y hasta ahora sin parangón. Pintor, escultor, grabador, dibujante, su obra fue decisiva para el desarrollo del arte, incluso para el diseño gráfico, la ilustración y el cómic. Ganó un dinero incalculable; mientras otros artistas morían de hambre, él vivía en castillos y, cuando sus obras los desbordaban, no los vendía: compraba otros.

Se declaraba pacifista y fue miembro del Partido Comunista Francés, hasta su adiós. Pero si bien la obra del Picasso de los 20 años, refleja el desconsuelo de los excomulgados de la humanidad, el de los cuerpos abismados, y el de los ciegos, después nunca mostró explícitamente un compromiso con el dolor universal. Hasta que el demonio nazi aliado a ese otro amo de los infiernos —el Generalísimo español Francisco Franco— se encaramó en pájaros asesinos. Pájaros-aviones que bombardearon la ciudad vasca de Guernica el 26 de abril de 1937, y la muerte puso huevos en la herida. ¡Oh ruiseñor de sus venas! (García Lorca).

El chamán Picasso reaccionó de inmediato en favor de los republicanos. Henchido de ira y pletórico de arte, pintó el célebre «Guernica».

El «Guernica»— ese extracto de universo sin palomas. El «Guernica»— ese extracto de sangre, rebeldía y llanto, a partir del cual hay un antes y un después. Un antes y un después para la pintura; un antes y un después —o debería haberlos— en las conciencias de quienes miran esos tres metros de alto y ocho de largo, de arte, furia y piedad.

Con esta pintura, nada más —y nada menos—, que está en el Museo «Reina Sofía» de Madrid, hubiera sido suficiente para la gloria del genio.

El «Guernica» es un alegato contra la guerra, contra el terrorismo franquista y contra todo fascismo. La violencia, las madres, las mujeres, la maternidad, la sexualidad, laten en esa obra, como un retrato del espanto. Fragmentos de vidas y muertes, son pequeñas imágenes de la gran imagen de un caos organizado, en la obra suprema que exige Libertad.

De un lenguaje pictórico sorprendente, es el trabajo de un maestro de la composición que revela, a la vez, la mirada inocente de un niño.

Así fue Pablo Picasso. De pequeño pintó como un adulto, y recién en su madurez, recuperó su mirada de infante: «Desde niño pintaba como Rafael, y me llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño». Cierto, no es fácil recuperar la inocencia.

Pero nunca estuvo solo para buscar su mirada virgen; un año antes de morir, cuando tenía ya 90, dijo que la muerte fue la única mujer que lo acompañó siempre. Y entonces, las trece diosas «oficiales» que fueron sus frazadas para limpiar pisos y que, sin embargo, lo amaron incluso hasta el suicidio... ¿Qué hicieron?

Animal en celo

Quiso ser libre como el mar, y resultó esclavo de su sed hacia todo y hacia todas. Como un animal en celo, necesitaba de las mujeres, con la misma potencia con que las mimaba primero, y maltrataba después. Se desesperaba por las adolescentes, quería probar toda forma de sexo, ahogarse de pasión para mejor emerger. Si hasta fue sospechado de homosexual por el novelista Norman Mailer. ¡Vaya «delito»!

Después de haber pintado «El picador», en La Coruña a los cuatro años, se enamoró de Carmiña. Él tenía diez octubres; ella es «La niña de los pies descalzos», cuadro que el Maestro conservó hasta su adiós.

Jadeante de deseo y tórrido de delectaciones, de allí en más todos sus amores —¿sabía amar?— se convirtieron en pinturas. Por sus etapas: azul, rosa, cubista, la de cercanía al surrealismo, la expresionista, las de las máscaras africanas —por todas, después de Carmiña— desfilaron muchas de sus mujeres. La cupletista célebre Josefa Sebastiá— «La Chelito»; las que surgieron de aventuras, producto de la frecuentación de cabarés de París, Barcelona y Madrid y más.

Hasta que llegó —le llegó— Fernande Olivier. Con ella convivió en el barrio de Montmartre, en París, pero se escapó del hogar para crear otro con Eva Gouel, a quien llamaba «Ma Jolie» («Mi Linda»).

1917 le regaló a Olga Koklova, bailarina del ballet ruso, al que abandonó por Don Pablo Ruiz Picasso, llamado así hasta que —por rechazo hacia su padre— comenzó a firmar sólo son el apellido de su mamá. Al año siguiente se casaron: la princesa fue la única esposa de Picasso ante la ley; a partir de entonces, se integró la «alta sociedad» y vivió como un burgués. La rusa aristocrática, se había presentado ante él, altiva:

—«Soy Olga Koklova, la sobrina del Zar», tronó como si susurrara, al tiempo que descubría su escote de aguas sediciosas frente al sediento de toda sed.

Bellísima sobre su metro 55 de estatura, en las obras de su esposo apareció como una tonta, empecinada, e insatisfecha. ¿Existe la realidad o existen los ojos que la miran?

El primer hijo de ambos, Paulo, nació tres años más tarde, y ayudó a disimular el fin del amor, que se anunciaba. Con sus monerías infantiles, regocijaba a las arenas de la Costa Azul, al tiempo que la decadencia de la pareja encontraba su apogeo.

Como si su vida hubiera sido un best-seller, la historia del Genio estuvo signada también por la tragedia. Paulo, con quien siempre había sido indiferente, murió de cirrosis y alcohólico; y —por una perversión del destino— su nieto Pablito se suicidó el día de la muerte del artista, pues Jacqueline Roque, su última y dictadora compañera, no lo dejó entrar al funeral. El pequeño bebió cantidades de lavandina, y se fue de la Tierra... ¿Con su abuelo, a Dios?

Picasso había fumado opio en París con Apollinaire, Mirbeau, Lautrec y Modigliani. Buscaban semillas de sueños para sembrar la aurora. Fumaban para soñar. Y como un sueño llegó a su vida Marie-Thérèse Walter, cuando ella tenía 17 años y él 46. Era 1927.

El deseo erótico se sumaba al placer de la aventura; el secreto de los encuentros era absoluto, para evitar problemas con la ley, por la edad de la adolescente. Cuando nació María concepción, Maia, la hija de los dos, Olga fue abandonada. Y también, a su turno, Marie-Thérèse, quien, sin embargo, siguió asistiéndole con devoción: le cortaba las uñas y el pelo y las guardaba, en un orden cronológico estricto, pues él temía que le hicieran brujerías. Escribió a su amado durante treinta años; y finalmente, cuando él murió, se suicidó en la casa de Picasso en la Costa Azul.

Los ojos verdes de la fotógrafa yugoslava Dora Maar, le llegaron de la mano de Paul Éluard y su dulce esposa Nush, quienes los presentaron en un café de París. Corría 1936 y el chamán cayó rendido ante su belleza e inteligencia. Pero... ¿Es que él se rendía ante algo o alguien?

No, también desertó de aquella mirada esmeralda, para tomar de la mano a Françoise Gilot, en 1943, con quien tuvo otros dos hijos: Claude y Paloma.

Dora, brillante y talentosa, había fotografiado toda la etapa del Guernica, mientras sufría escenas de celos, que continuaron después de la separación. Cada vez que él la encontraba con alguna posible pareja, hacía escándalos mayúsculos; para su delirio, cada mujer llevaba la «marca Picasso» y a ella se debía. Dora terminó en un manicomio, y finalmente se hizo profundamente religiosa.

Fue Jacqueline Roque, su última mujer, la única que pudo dominarlo, bueno... apenas; trató de aislarlo de sus amistades, hijos y nietos, lo acompañó hasta el final. Después de la muerte de Picasso en 1973 en Mougins, Francia, se pegó un tiro, pues no encontraba un sentido a la vida, sin él. Están enterrados juntos, en los jardines del Palacio de Vauvenargues, que Picasso había comprado, pero donde nunca había vivido, en la Riviera Francesa. Mientras se comía la vida, sin saberlo, había preparado su propio sepulcro, suntuoso.

El arte a quemarropa

Casi todas sus mujeres escribieron libros sobre él. Pero cuando Françoise Gilot, publicó «Mi Vida Con Picasso», él no quiso ver nunca más a los hijos de ambos, Claude y Paloma. Con la única que se frecuentaba a veces, era con Maia, hija de Marie-Thérèse, se recordará. Ya grande, ella reconoció que su padre hubiera deseado guardar consigo a todas las mujeres; como un coleccionista, las clasificaba por color, forma y espíritu. Como a las mariposas.

¿Cuál de sus mujeres fue la más amada, si es que amó a alguna, más allá del ansia de poseerlas todas? Quizás lo fue la más oculta, la poeta Geneviève Laporte, más de 40 años más joven que él, bella, refinada, sutil. Aparentemente la relación duró un lustro, pero jamás la olvidó. «Nunca podré ser más que tus pinceles /Ser obra de tus manos /Estar dentro de ti», reza un fragmento de alguno de sus poemas para él.

Pero todas le escribieron versos. Y también él escribió, entre cuyos libros, el más conocido es la obra de teatro «El deseo agarrado por la cola». Él lo podía todo. ¿Todo?

El poeta Guillaume Apollinaire lo escuchaba y acompañaba, con el afecto de los amigos verdaderos. Curiosa vida: en 1911 un empleado suyo robó algunas estatuillas del Museo del Louvre y las vendió a Picasso. Apollinaire fue detenido por la policía francesa y el genio fue llamado a declarar. Dijo no conocer en absoluto al poeta. Fue una traición.

¿Y cómo llamar a las expresiones de Joan Miró, cuando, con su esposa Pilar, se enteró de la muerte del gran Maestro? «Pilareta —se alegró— desde ahora el número uno soy yo».

Cada palabra es un autorretrato: aquí, el de Monsieur Miró.

Pablo Picasso dejó un imperio y sus herederos viven en torno de su fortuna; salvo Paloma Ruiz Picasso, hija del pintor y de Françoise, que tiene su propio imperio de fragancias, joyas y bolsos. A ella le correspondieron 30.000 millones de la herencia, es dueña... hasta de rascacielos y, con su hermano Claude, compraron la isla Petalious en Grecia, a la cual casi no van. Amaba a su papá: le importaba su inteligencia y su bohemia; ríe cuando cuenta que —ante ciertos gastos— le escuchaba siempre la misma respuesta: «¿Crees que eres la hija de Rockefeller?».

Picasso, ¿Eros, Tánatos, o ambos? Quizá ninguno. Picasso era un genio, y a los genios no se los suele medir con la misma vara que a todos. Tienen la «pasión del Absoluto», de la que escribió Louis Aragon, aunque no se refería a ellos. Son seres para quienes nada es suficientemente «algo».

Aunque tengan una vida social activa, están aislados. Necesitan encontrar-se en la soledad, su único lugar posible. ¿Saben amar? El arte es un amante tan exigente que quiere al hombre todo entero, según Miguel Ángel Buonarroti. «Nunca podré ser más que tus pinceles», había comprendido sabiamente Geneviève.

¿Hay un lugar cierto para alguien más, en la vida de un genio o de un artista? No, salvo si ese alguien sólo acompaña como una «frazada para limpiar pisos»; o si es capaz de no perder su propia libertad interior y de conservar su propio mundo, en lugar de subordinarse al genio y dedicarse a la ceremonia de su adoración. Una de las pocas excepciones fue la conducta Johann Sebastian Bach, quien tuvo una cotidianidad aparentemente normal. No hay muchas más.

Aunque transiten las sombras, ellos tienen gula de luz. Tienen furia de hurgar en sus propias ventanas, hacia adentro, para encontrar ese nido celeste. Esa parte de Infinito que justifica y explica el arte, para de vivir entre el cielo y la tierra con aspiración de eternidad.

El mundo es hoy una boa devoradora de vidas. Pueda Picasso, pueda el «Guernica» estremecer otra vez el corazón del hombre. Y que la Justicia «rompa sus andrajos grotescos de farándula, se escape de la pista, se meta por la puerta falsa, donde los mercaderes del mundo dirigen los destinos del hombre, y esa Justicia, pida la palabra» (León Felipe).

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Algo de cine: Cinema Paradiso (1988)


Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

DIRECTOR: Giuseppe Tornatore
PRODUCCIÓN: Franco Cristaldi, Giovanna Romagnoli
PROTAGONISTAS Philippe Noiret como Alfredo
Salvatore Cascio como Totó de niño
Marco Leonardi como el joven Totó
Jacques Perrin como Salvatore adult
Antonella Attili como madre joven
Agnesa Nano como Elena Mendola
Puppela Maggio como madre vieja
Leopoldo Trieste como Padre Adelfio
Nicola Di Pinto como el loco del pueblo
Leo Gullotta como el ujier
GUIÓN: Giuseppe Tornatore, Vanna Paoli
FOTOGRAFÍA: Blasco Giurato
ESCENOGRAFÍA: Andrea Crisanti
VESTUARIO: Beatrice Bordone
MÚSICA: Ennio Morricone
PRODUCTORA: Laurenfilm, S.A.
DURACIÓN: 123 minutos
COLOR: Color


Si quieres un amigo, ¡domestícame!… Hay que ser paciente. Te sentarás al principio un poco lejos de mí… Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malos entendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca… Los ritos son necesarios.
(Antoine de Saint-Exupéry)

Definitivamente Cinema Paradiso es cine de verdad. Yo la pondría dentro de las diez mejores películas que he visto a lo largo de mi vida. Es cine de veras pues si tratáramos de hacer un resumen del argumento nos resultaría una frase simplona: Remembranzas de infancia y juventud de un director de cine; pues la película es una cinta que para comprenderla hay que verla una y mil veces, una experiencia que nunca resultará fatigante, ya que es todo un placer verla para introducirnos en el mundo de Giancaldo, una aldea humilde, de gentes sencillas, evocadora del Anacapri de Axel Munthe en su Historia de San Michele, que hace de la película casi un documento fílmico y humano, con una extraordinaria simplicidad, que la hace casi el atributo de un genio, quien logra realizar una obra maestra, un poco, también, a la manera de la filmografía de Ermanno Olmi con su sensibilidad hacia la gente humilde, con su enorme empatía por el mundo campesino, que le permite hacer una descripción muy respetuosa de los valores de esa gente del pueblo, así la película no esté articulada por grandes peripecias, y más bien sea un canto a la sobriedad, llena de lirismo, de una manera sublime, de una aldea, que ocupa en la historia, una zona transicional entre la tradición y el progreso, donde lo más avanzado es la sala de cine, con sus historias excitantes, épicas, cómicas o melodramáticas, que aúnan a toda la comunidad.

Vemos allí el cine más como arte de colectividades, que de masas; esas gentes humildes saben apreciar el sentimiento que el cinematógrafo sabe comunicarles; algunos hasta se repiten de memoria los diálogos de las películas, que ven, mientras otros satisfacen sus urgencias de varones adolescentes, ante la imagen de una mujer desnuda, cuando el teatro ha perdido el control de la censura del cura párroco, un hombre también bastante sensible, que puede llevar el ritmo de las películas hasta que emerge ese tabú de la sexualidad, que ha caracterizado al mundo católico. Pero es en esa sala de cine, también se entretejerá la historia de un vínculo muy particular, ese que entrelaza la vida del operador, Alfredo, con un niño que, a través de la relación con él, podrá hacer del cine mismo una vocación, a pesar de que tenga en un principio que enfrentarse con la hosquedad primaria del viejo de la cabina, ese lugar mágico, guardado por dos leones, el que sirve de canal a la luz, que brota de un arco voltaico, cargada de imágenes, que en la fantasía de Salvatore, llega a rugir como si fuera el propio león de la Metro Goldwin Meyer y el mismo Alfredo, un gruñón de primera clase, que nos irá enamorando, a lo largo de la película, con su inmensa ternura, con su bondad y con esa capacidad de ocupar el lugar de un padre, sin destituir al verdadero papá de Salvatore, al que cariñosamente se le dice Totó, el mismo nombre del famoso cómico del cine italiano.

Pero Alfredo, quien llega a amar a Salvatore, como el hijo que jamás tuvo, no sabe de egoísmos; profundamente agradecido con ese rapaz, que le ha salvado la vida, espera que el niño tenga un futuro distinto al que él ha tenido; es por eso, que le dice que se marche de ese pueblo maldito, que podría llegar a hacer que el niño repitiera la vida de un hombre, que sabe demasiado de ella, porque la ha visto en el cine, aunque es plenamente consciente de que la vida real es mucho más difícil que la que aparece en las pantallas, ya que él mismo no se ha quedado en el mundo imaginario, que las cintas ofrecen, sino que sabe de todo lo que falta allí en la pintoresca Giancaldo.

Es por eso que cuando el muchacho vuelve a visitarlo después de haber estado en el continente, le dice que no quiere oírlo más, sino oír hablar de él, un acto de suprema generosidad, que recuerda a ese otro hermoso viejo de el cuento de Unamuno, El cruce de caminos, ya que es exactamente lo mismo, lo que ocurre en ambas narraciones, la de Tornatore y la del rector de Salamanca: la vida hace que se crucen dos seres, uno cargado de futuro y el otro cargado de experiencia, que creen un vínculo, que se domestiquen, con toda la responsabilidad que implica ese acto, pero que saben desprenderse para brindar al ser más nuevo, las mayores posibilidades vitales.

Es por eso que el ya maduro Salvatore vuelve a dar el último adiós a su querido maestro, un hombre sencillo, sin otras erudiciones que las que le ha dado el ver y rever películas, encerrado en una cabina, fría en el invierno y terriblemente caldeada en el verano, que desaparecerá en ese fin de semana, ya que la gente de un pueblo mucho más civilizado no ha vuelto a la sala de cine para ver televisión y videos en la soledad de sus casas.

Y asistimos a la presencia de un sentimiento contenido pero no por ello menos doloroso, ya que es duro ver partir a quien tanto nos ha enseñado, y el legado no puede ser más erótico, en el más pleno sentido de la palabra, ya que la herencia que queda es todo un pot-pourri amoroso, el de los besos censurados por el cura, que nos llevará a una feliz convergencia cuando la palabra fine cancela no sólo el espectáculo heredado por Salvatore, sino que cancela el nuestro propio, mientras nos deja cargados de nostalgia.

Sobraría decir que la que la película es un prolongado flashback autobiográfico de la vida del mismo Tornatore; así sea cierto, yo preferiría pensar que, más bien, es una forma de recuperar para siempre la bondadosa figura de Alfredo, quien le ha transmitido y sostenido una pasión a un niño, que no lo olvida y que lo recordará siempre pero que hace que todos los recordemos, como si fuéramos habitantes de Giancaldo, para hacer de Alfredo, un ser inmortal, ya que no finiquitará su existencia con la muerte de Totó, sino que quedará para siempre en el recuerdo de todos, y nadie muere hasta que no muera el último que lo recuerde.

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.


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El mito de Babel


Édgar Bastidas Urresty (Desde Colombia, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traducir en su primera acepción es verter un texto de un idioma a otro de acuerdo con su espíritu original, o en forma literal.

La multiplicidad de idiomas en el mundo tiene origen según la Biblia, en la torre de Babel que los hijos de Noé quisieron construir para alcanzar el cielo. En represalia, Dios los castigó trabando sus lenguas para que no pudieran comunicarse.

Después de Babel, uno de los libros más importantes de George Steiner, trata de los aspectos del lenguaje y la traducción, como lo señala el subtítulo. En su composición, dice Steiner, ha utilizado “la poética, la crítica literaria y la historia de las formas culturales para explorar algunos aspectos del lenguaje humano.”

En esa búsqueda, prosigue, la traducción ha sido fundamental como centro de gravedad por encontrarse implícita hasta en el más sencillo acto de la comunicación.

El mito de Babel, que en principio ha implicado la dispersión y la confusión de lenguas ha hecho posible “la coexistencia y el contacto mutuo de las miles de lenguas que se hablan en la Tierra”.

Babel, la proliferación de lenguas, continúa, ha conducido a la individualización de ellas, a la “alteridad”, a la creación de la vida privada, territorial, a la noción de identidad. Destaca la importancia de lo social, lo cultural y lo histórico como factores determinantes del lenguaje.

“Moverse entre las lenguas, traducir, dice Steiner, aún cuando no sea posible pasear sin restricciones por la totalidad, equivale a sentir la propensión casi desconcertante del espíritu humano hacia la libertad”.

Babilonia

Como Babel, Babilonia pertenece a la leyenda. Como se sabe, Babilonia fue la capital de la antigua Caldea, a orillas del Eúfrates, famosa por su riqueza material y cultural. Su nombre significa la unión entre el cielo y la tierra.

El príncipe Nabucodonosor II le dio mucho esplendor y dominio sobre otros pueblos. Babilonia utilizaba la escritura cuneiforme pero se abrió a otras civilizaciones y culturas, como una forma de reescribir la Biblia. El Génesis inmortaliza la Torre de pisos como símbolo del encuentro de pueblos y lenguas diversas.

Nabucodonosor hizo construir una torre para que su cima se introdujera en los cielos, y la ciudad adquiriera renombre e impidiera su dispersión sobre la tierra. Georges Raillard hace esta lectura en la La Quinzaine littéraire (No. 967 de abril 2008) sobre la exposición que sobre Babilonia abrió el Museo Louvre.

Decir lo mismo

Humberto Eco, notable semiólogo, profesor y novelista italiano en este libro, afirma que esto no quiere decir que sepamos el significado de esta frase, ni “dar una respuesta satisfactoria para todas esas operaciones que llamamos paráfrasis, definición, explicación, reformulación, por no hablar de las pretendidas sustituciones sinonímicas”.

Cita el ejemplo de una novela inglesa en que el personaje dice: It’s raining cats and dogs que traducido literalmente significa Llueve perros y gatos y no Llueve a cántaros, en sentido lato. Un traductor de ciencia ficción también lo haría en sentido literal, y si el personaje de la novela llegara al diván de Freud le contaría que tiene una obsesión por los perros y gatos, que lo amenazan cuando llueve.

De ahí se desprende la dificultad de saber “lo que un texto quiere transmitir, y cómo transmitirlo”. Tampoco está claro el alcance de la palabra casi, pues se puede utilizar en varios sentidos y con significados diferentes.

En el libro Casi lo mismo, Eco ha traducido los Exercises de Style, de Queneau, y Sylvie, de Gérard de Nerval, durante muchos años de trabajo. Y como autor reconoce que ha estado en contacto con sus traductores para explicar las dificultades que surgen en la traducción y sugerir soluciones a las ambigüedades que se presentan.

En cuanto a la fidelidad de la traducción, Eco confiesa que ha vacilado entre la exigencia de que sea fiel, y el descubrimiento de la transformación del texto en otra lengua. Encontraba imposibilidades pero también posibilidades, potencialidades interpretativas en la lengua que no conocía.

Eco afirma que su libro “no es una teoría de la traducción (ni tiene sistemacidad) por la sencilla razón de que no toma en consideración un sinnúmero de problemas traductológicos”.

La fidelidad, prosigue Eco, “tiene que ver con la convicción de que la traducción es una de las formas de la interpretación y que debe apuntar siempre, aun partiendo de la sensibilidad y de la cultura del lector, a reencontrarse no ya con la intención del autor, sino con la intención del texto, con lo que el texto dice o sugiere con relación a la lengua en que se expresa y al contexto en que ha nacido”.

Traducir según el mismo autor, “quiere decir entender el sistema interno de una lengua como la estructura de un texto determinado por esa lengua, y construir un duplicado del sistema textual que, según una determinada descripción, pueda producir efectos análogos en el lector, ya sea en el plano semántico y sintáctico o en el estilístico, métrico, fonosimbólico, así como en lo que concierne a los efectos pasionales a los que el texto fuente tendía”.

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Tiempo y espacio

Carlos Á. Trevisi (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estoy buscando en Internet cómo llegar a un determinado lugar. Interviene una de mis hijas.

“No hace falta que te fijes en el mapa. Tienes que mirar aquí”. Y ahí nomás, con su dedo alquímico, señala, a la izquierda de la carretera coloreada que me indicará por dónde habré de transcurrir, un listado de entradas y salidas de autovías, cruces, y demás que combinan todo con todo:

“Por AP6 hasta salida 23; 2 Km. y medio hasta salida 37. Tomar a la izquierda en salida a Las Rozas (S. 43)…” Y así sucesivamente.

- Pero a mi me interesa “ver” la carretera antes; quiero saber por dónde voy. Luego "leo" lo de las entradas y salidas.

- ¡Pero Papá! Que más da, ¡si lo que quieres es llegar!

La ecuación “tiempo-espacio” por la que hasta hoy día nos hemos movido, ha eliminado el “espacio”, del mismo modo que el “llegar” ha terminado con los encantos de sus preludios: el sabor del “viaje” que nos lleva a destino.

Otrora, cuando al descolgar el tubo del teléfono para hacer una llamada, una voz nos preguntaba, indiferente, ¿Número? , “veíamos”, una señora sentada delante de un tablero ensartando clavijas según el número que se le dictaba. Una vez establecida la comunicación, el “Hola” que sonaba al otro extremo de la línea ratificaba que la conexión se había establecido, pero, al mismo tiempo, nos mostraba el paisaje desde el que provenía ese “Hola”: el salón con el abuelo leyendo el diario, la oficina de papá, llena de papeles, la antecocina de la casa del tío Alberto…

Ora, con los móviles, aquel “¡Hola!, ¿cómo estás?”, ineludible anticipo de la conversación que sobrevendría, se ha transformado en un “¿Hola, dónde estás?” ratificatorio de nuestra necesidad de ubicar al otro en un lugar determinado para seguir hablando.

De resultas todo ha devenido efímero. La “deslocalización” ha terminado con el “para siempre”.

La eternidad, descubro, está más ligada al lugar que al tiempo. Paradójicamente, el lugar se ha ampliado, pero nuestra capacidad para habitar la infinitud de los nuevos espacios cibernéticos se ha minimizado.

El tiempo nos devora porque al no estar en ninguna parte no somos. Poco a poco nos vamos quedando solos, y vacíos, porque uno “es” a partir de los demás y los demás no están en ninguna parte.

***

A propósito de TIEMPO-ESPACIO, ver:

Hacia la casa (video) (Revista Malabia)

El proyecto marafona habla de la imposibilidad de tener un lugar, pues lo que hay es siempre un rechazo del lugar como siendo “nuestro lugar”. Él nunca se da porque toda búsqueda sucede, inevitablemente, por una vía óntica (lo que tiene que ser o existe) que hipostasia (Préstamo del griego hypóstasis ‘sustancia’, derivado de hyphistánai ‘soportar’, ‘subsistir’. De la raíz indoeuropea de estar (V.) los significados y denomina los sentidos. Eso sería entonces imponer al flujo vital un significado-cosa o un nombre-lugar, a partir de donde todo deba ser visto. Toda ansia por, definitivamente, encontrarnos situados en una dada localización que pueda ser remisible, se hace por la insistencia de querer confesar lo inconfesable, y de querer decir lo indecible.


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