viernes, 10 de abril de 2009

Entrevista a Juan Carlos Cena, ferroviario: “Ni la Reina Victoria ni el Príncipe Alberto, los Ferroviarios”


Meriem Choukroun (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuenta la historia que la ciudad de Tebas la hicieron los reyes. Entonces, los ferrocarriles de Argentina, quiénes los hicieron. Quiénes acostaron los primeros durmientes, los primeros metros de rieles… ¿La Reina Victoria, el Príncipe Alberto, tal vez?

Esos trenes que llegaban a tantos lugares… Y siguen llegando, al menos desde la imaginación, el deseo y el recuerdo. Porque hubo una cultura ferroviaria que llevó a sus trabajadores a la seguridad de que sus cuerpos y ese monstruo, mezcla de hierro y madera, eran una misma situación. Tampoco fueron ajenos sus pasajeros que tantas historias tejieron sobre rieles, al compás de todas las luchas de sus ‘ferrucas’. Así, practicaron la cultura de la comunicación de sus pueblos y todos los beneficios que llegaban en tren. Y como dice el propio ferroviario Juan Carlos Cena: “Se intentará olvidar a estos valientes resistentes… Olvidarnos de ellos es olvidar el hecho de la huelga, un acontecimiento de fuerte contenido popular; maldito ejemplo obrero y trasgresor”. Entonces, contra el olvido, es bueno repasar una parte de la historia a través del relato de un protagonista imprescindible a la hora de tomar el tren.

Como aprendiz de calderero en Talleres Córdoba, en sus primeros pasos, Juan Carlos Cena fue transitando distintas instancias hasta ser miembro fundador del MoNaReFA (Movimiento Nacional de Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos) y del Instituto Argentino de Estudios Ferroviarios y del Transporte. Fue secretario general de APEDEFA (Asociación del Personal de la Dirección de Ferrocarriles Argentinos). Es autor de “El Guardapalabras, Memorias de un Ferroviario” 1998, “El Cordobazo, una Rebelión Popular” 1999, “El Ferrocidio”, primera edición 2003, “Crónicas del terraplén” 2007, “El Ferrocidio” segunda edición ampliada 2008.

De próxima publicación: “Ferroviarios, sinfonía de acero y lucha”.
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Argenpress: Se sabe que la historia la escriben los que ganan, se sabe entonces que leemos pura mentira. Por eso te pregunto como trabajador del riel y escritor de nuestros ferrocarriles, ¿quiénes tendieron los primeros metros de rieles, quiénes acostaron los primeros durmientes y todo el complejo sistema ferroviario cuando el siglo XIX ya declinaba?

Juan Carlos Cena: Es muy cierto lo que decís, por eso los ferroviarios nos inspiramos en ese formidable intelectual que fue Bertolt Brecht. Él se preguntaba: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? En los libros figura sólo nombres de reyes. ¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra? Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas? (...) A tantas historias, tantas preguntas.”

Por eso cuando nos preguntamos: quiénes tendieron los primeros metros de rieles y durmientes y los enclavaron sobre nuestro territorio; quiénes levantaron las inaugurales señales, quiénes construyeron las estaciones y le echaron leña a la caldera de la locomotora. Quiénes hicieron sonar las campanas de partida, condujeron los trenes aguateros calmando la sed de nuestros pueblos, y los trenes sanitarios hacia comunidades lejanas, y horadaron la montaña, cruzaron vados y ríos ¿quiénes?

Y las locomotoras, los diseños de coches confortables para los pasajeros, ¿quiénes? O la construcción de policlínicos y consultorios para ferroviarios y la población toda. ¿Quiénes construyeron bibliotecas, centros culturales, clubes…? Nosotros, los ferroviarios.

Argenpress: La realidad se impone ¿verdad? Pero también hubo un gran compromiso desde vuestra organización, sus ideales y solidaridades que perfilaron esta particular manera de trabajo.

Juan Carlos Cena: Nosotros fuimos y somos la carnadura imprescindible del tren. Porque entre ese bólido de metal llamado tren y nuestro cuerpo que orgulloso lo encaballa sobre rieles, se estableció una relación casi mágica. El ferroviario es el ferrocarril. Caminar sus playas de maniobras o sus rincones es como recorrer el patio de la propia casa.

En ese andar hemos sido solidarios, sembradores y cosechadores de ideas, integradores de costumbres y cantares, y así. Identidad que se cimienta en el trabajo, en la relación social cotidiana que se continúa en el sindicato y en el barrio transmitiendo conocimiento. Siempre desde los socavones de la historia del movimiento obrero.

Argenpress: Para la acción sindical, la huelga fue el instrumento de lucha por antonomasia, sobre todo con la influencia del inmigrante libertario de finales de siglo. ¿Qué recuerdos vienen a tu memoria ‘ferruca’?

Juan Carlos Cena: Sin duda, una fecha, 1896. Cuando estalla la primera huelga general ferroviaria que comenzó en los talleres de Tolosa, con José Ingenieros como redactor de las proclamas, los ferroviarios rechazaron con firmeza la introducción en el convenio colectivo de trabajo el problema de la competitividad. En esa época se llamaba “tarea”, porque creaba dentro de los trabajadores una división, conductas egoístas. Esta huelga fue una lucha épica memorable. Se luchaba por la jornada de 8 horas de labor, la supresión del trabajo a destajo y otras reivindicaciones inmediatas.

Esta huelga declarada el 10 de agosto de 1896 por los trabajadores de los talleres de las empresas ferroviarias británicas, fue, sin duda, la más importante registrada hasta entonces. De Tolosa a La Plata todos en huelga. Apuntaba Ingenieros: “La policía tomó medidas muy enérgicas. Hay más de 100 vigilantes armados a Rémington, y otros tantos guardias de cárceles que vigilan los talleres y la vía del tren. Estamos en verdadero Estado de Sitio; en cada esquina hay un soldado o un vigilante a caballo con carabina al brazo. (…)Estamos en condiciones de resistir uno o dos meses más. La sociedad de panaderos va a empezar mañana a remitirnos pan, aunque aquí nadie ha pedido el menor socorro. (…) ¡Viva la huelga!”

Argenpress: Eran tiempos de acciones directas, ¿verdad? Aunque ninguna de las corrientes sindicales de esa época fueron compartimentos estancos: sólo lo reivindicativo, sólo la pelea política. Creo que hubo una suerte de sincretismo que unió las diferentes tendencias.

Juan Carlos Cena: Es cierto, pero los socialistas jugaron un papel destacado en la organización sindical y ocupando cargos en las comisiones directivas de las Sociedades Cosmopolitas de Resistencia. La Vanguardia, periódico de ese Partido, difundía sus actividades impulsando la Primera Huelga General. Por otro lado, la inmigración en gran escala, contribuyó a elevar el nivel de conciencia de los trabajadores hacia un espíritu societario.

Argenpress: ¿Cuáles fueron los primeros pasos en la construcción del movimiento obrero ferroviario?

Juan Carlos Cena: El 20 de junio de 1887 se constituyó la Fraternidad.

Primero fue una Sociedad de Maquinistas y Foguistas de los Ferrocarriles, de carácter mutualista. Muchos años después modificó sus estructuras, encaminada a cuestiones sindicales, pero no admitía en sus filas al resto del personal ferroviario. Hasta la huelga de 1912, hecho que modificó su rumbo y finalidad. Siempre en el marco de un hostigamiento permanente de los patrones ingleses y cipayos, represión policial mediante.

En enero de 1912 se fundó la Federación Obrera Ferrocarrilera por ferroviarios de los Ferrocarriles Sur y Oeste, alcanzando verdadera significación en la lucha del gremio por su mejoramiento moral y económico. En junio del mismo año se publicó el primer número de “El Obrero Ferroviario”, que continúa siendo el órgano oficial de la actual Unión Ferroviaria.

Argenpress: Entonces hubo continuidades a pesar de los históricos desencuentros. ¿Cuándo surge la Unión Ferroviaria?

Juan Carlos Cena: La Unión ferroviaria es un organismo obrero, fundado y dirigido por los trabajadores de todos los ferrocarriles de la República Argentina. Sus propósitos se orientan en el mejoramiento de las condiciones económicas, técnicas, morales y sociales de todos sus asociados. Fomentar los hábitos de estudio a cuyo efecto se crearon bibliotecas, escuelas técnicas y sociedades cooperativas. Por esos años, los trabajadores buscaban darse una organización que se concretaría en 1888, con la constitución del otro gremio ferroviario. La Fraternidad fue tomando forma.

La Unión Ferroviaria se fundó el 6 de octubre de 1922 con profunda ramificación nacional. En la época de auge del ferrocarril llegó a tener, aproximadamente 290 secciones que representaban a casi 220.000 trabajadores en el año 1950.

Argenpress: Entonces, ya que los ferrocarriles no los hicieron los reyes, contame la verdadera historia, por favor.

Juan Carlos Cena: (risas) Los primeros tendidos de rieles en el norte del país fueron realizados por trabajadores inmigrantes de distintas nacionalidades; laboraron duro volteando montes, aplanando barrancas, quebradas, perforando cerros, nivelando suelos, tendiendo puentes sobre ríos caudalosos y creando a la vez pueblos intercomunicados. Una de las cuadrillas estaba integrada por obreros rusos que habían llegado al país huyendo de la represión zarista. Muchos de ellos profesaban ideas libertarias y las esparcieron no bien llegaron a estos lejanos parajes, hasta el advenimiento del peronismo.

Argenpress: Merece un destacado la construcción cultural tan amplia y diversa que también ustedes realizaron.

Juan Carlos Cena: Llevaría varias páginas describirte todo. En 1890 la Fraternidad creó una escuela para instruir a fogoneros a fin de que pudieran pasar las pruebas de maquinistas creando así, la primera Academia de Instrucción. Y todas las que siguieron. En otro orden, tuvimos la Cooperativa Ferrocarriles del Estado Ltda. de consumo. Instalada en los principales centros ferroviarios, los trabajadores efectuaban sus compras y la factura era descontada de sus sueldos.

Como una suerte de almacén de ramos generales, había de todo. Un Tren Blanco circulaba por pequeñas poblaciones donde no había locales. Todas las mujeres de ferroviarios se emperifollaban como quien iba de paseo. El tren era como un mercado con ruedas. Vestimenta, comestibles, zapatería, telas, ollas, sartenes eran esperados con ansiedad.

Otras entidades ferroviarias otorgaban préstamos para la construcción o adquisición de viviendas.

También se daban cita con el recreo. Campos y juegos recreativos con pileta de natación y canchas de tenis, bocha criolla y bocha inglesa, hockey sobre césped...

En 1987 comenzó a transitar el Tren de la Artes: estaba compuesto de un coche cine y otro expositor, acondicionados en Talleres Rosario. Se llegó a localidades donde no tenían ningún medio de comunicación cultural. Se firmaron convenios con el Instituto del Cine, quien proveía de películas y se recibieron donaciones de las embajadas.

Argenpress: También marcaron hitos importantes los policlínicos en épocas que la atención de la salud no brillaba en toda la geografía argentina, ¿verdad?

Juan Carlos Cena: Eran los Policlínicos-Hospitales ferroviarios.

Corría el año 1936. Tras la firma de un acta por la comisión mixta de los gremios ferroviarios “para la construcción, instalación del policlínico ferroviario, sanatorio y consultorios externos” los trabajadores del riel tuvieron su policlínico. Así concretaban el sueño de muchos hombres y mujeres que no tenían un acceso digno a la salud. Más tarde sumaron 40 los hospitales en todo el país.

Argenpress: Llegada la década del ’40 comenzaron a transitar un período que históricamente no volvió a repetirse hasta la fecha. ¿Qué registraste como trascendente?

Juan Carlos Cena: La nacionalización de los ferrocarriles. El 13 de febrero de 1948, el entonces presidente Juan Domingo Perón realizó el trámite definitivo para que los ferrocarriles ingleses y franceses fueran nacionalizados y más allá el tiempo de las huelgas resistentes. Ya que en 1955 se anuló el marco jurídico que protegía la soberanía nacional de nuestras empresas. Nada fue dejado al azar por estos cipayos.

Argenpress: Durante la presidencia de Arturo Frondizi se puso en práctica el Plan Larkin a instancias del Banco Mundial que canceló y levantó vías. Si bien el plan también se levantó por efecto de la histórica huelga de 1961que paralizó la casi totalidad del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, ramales del ex Ferrocarril Patagónico, del Ferrocarril Roca y más. ¿Cómo fue este proceso?

Juan Carlos Cena: La principal argumentación contra los ferrocarriles fue la de agitar, en forma sistemática y permanente, a partir de 1955, la teoría del déficit ferroviario. Los sofismas remontaban vuelo sin que nadie contestara. No se podía. La intelectualidad que sabía de esos asuntos y de los otros también, mustia. Se publicaban informes estadísticos con una falta total de rigurosidad técnica-económica. La invención de esa mentira se fue haciendo costumbre, rutina. El terror a opinar y quedar enredado en el peronismo estatista causaba desvelos e insomnios, desmemorias y cobardías.

El golpe del ‘55 fue para todos. El peronismo era un pretexto.

Argenpress: Qué te parece si pegamos un salto en la historia, ya que se acaba el papel, hacia otro pedazo de historia como fue la última huelga ferroviaria.

Juan Carlos Cena: 1991. Vi, milité, participé, luché en las huelgas y en las últimas grandes huelgas. Se cerraba todo un círculo encadenado.

A más de cien años, esta vez en un día de febrero los hijos de esos hijos, se declaraban en huelga. Casi por las mismas motivaciones: la dignidad.

Pero no todas fueron grandes como ésta en la que participé con los jóvenes. Ésta y la del 61, las más significantes. Las dos fueron luchas de la resistencia, cojonudas. Las dos traicionadas, pero esta última como ninguna. En ambas hubo jóvenes valerosos, en ésta los nuevos dirigentes que se aprestaban a nuevas resistencias.

La lucha se centralizó en Buenos Aires dando las batallas más duras, rompiendo esquemas sindicales verticales; reverdeciendo modalidades democráticas. El interior reaccionaba en forma dispar y con lentitud. Menem contestaba con tozudez a la tenacidad de los ferroviarios y Erman González, Ministro de Defensa, interpretaba los deseos de su jefe y amigo y recordándonos que los militares podían conducir cualquier tipo de vehículo. Exigieron la rendición.

Fue la última batalla. La más brava, la más dura.

Fuimos derrotados, no vencidos. Las palabras quedaron con nosotros. Como atados al mástil mayor de la ciudadela ferroviaria no se rindieron. Resistiendo y peleando contra el oleaje de una oscura tempestad que los arreciaba.

En ese transitar algunos quedaron a la vera del terraplén, otros apenas resisten esta larga agonía después de la derrota de 1991 y 1992.

Pero los jóvenes se van haciendo cargo con nuestras antiguas palabras para montarlas sobre nuevos vientos enrielados.

Se cerró el gran círculo que comenzó hace más de un siglo, con la primera huelga en 1888, continuando en 1896, en 19l2 y 1917, que se llenó de luchas parciales y bravas que como eslabones resistentes se unen a otras. Recuerdo, en la voz del guardabarreras Julio Ortega: ‘Si de rendirse se trata después de muerto hablamos’.

Argenpress: La Argentina de los ’70 sufrió una brecha que marcó muy fuerte un antes y un después. Lo cual exige cambios que se darán con la recuperación de la sociedad civil desde nuevas generaciones, nuevas culturas. ¿Cómo fue tu entorno familiar y social?

Juan Carlos Cena: Mi padre fue un cruzador de fronteras. Peronista hasta la médula del hueso, refugió a comunistas, anarquistas, radicales en tiempos de Perón. Después del golpe militar del 55, ellos cobijaron a mi padre, lo guardaron. Me eduqué en la solidaridad. Y aún sueño que para fines de 1980 Ferrocarriles Argentinos tenía más de 106.000 empleados, 36.000 kilómetros de vías, 1.800 estaciones, 51 talleres principales de vía y obra, 23 talleres de mecánica (reparación y construcción de material tractivo y rodante), 2.200 edificios para estaciones, 4.350 galpones de carga, 635 galpones de encomiendas y equipajes, 2.100 puestos de cabinas y señalización y 43.000 unidades de material tractivo y remolcado. Por eso todo esto implica, hablo de su recuperación, que vuelvan a vivir más de 1.200 pueblos fantasmas y deshabitados. Soñar la recuperación de los ferrocarriles para que regrese el tren tiene que ver con la recuperación de todos los bienes nacionales, sin esa recuperación jamás podremos ser un país soberano, libre, independiente y solidario.

De los ferrocarriles en la Argentina se ha debatido casi nada, y del transporte en forma integral: la inexistencia. Sólo se tomó conciencia cuando ha estallado algún escándalo mediático o un accidente fatal, donde se culpa al que no tiene la culpa. Los trabajos de los “especialistas” publicados sobre las privatizaciones, sufren de algunos olvidos, se han olvidado y se nota, la ausencia de la Junta Nacional de Carne y de Granos, la Flota Fluvial del Estado, la Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA), que tiene tanta importancia o más que Aerolíneas Argentinas, sobre los Puertos Nacionales (AGP), y su concesión a empresas de carga y descarga extranjeras. Control al trabajador y al peón de campo sí, a la propiedad privada no. El puerto es una cuestión nacional, es la puerta de entrada al país.

Debo señalar también la diáspora ferroviaria, generada por el despido de más de 85.000 trabajadores ferroviarios, con el consecuente impacto psicosocial en el núcleo familiar.

Desapareció ese servicio público, trajinador, en su camino enrielado crece el yuyal. ¿Cómo viajarán las maestras rurales?

No se puede recuperar nada, sin la participación de los trabajadores.

Los ferroviarios luchamos hasta el final defendiendo y tratando de impedir la tupacamarización del ferrocarril a través de las privatizaciones, dejando en esa resistencia, jirones de vida. Sin ese territorio la relación social entre los trabajadores ferroviarios desapareció.

Con el ferrocarril desintegrado, más los ferroviarios expulsados, el sistema comete en un mismo acto, un gigantesco FERROCIDIO.

Foto: Juan Carlos Cena / Autor: AGRUPACION OESTERHELD.


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El abismo de la existencia…también se asoma en la red

Edgar Borges

Sospecho que la historia de la civilización ha sido cíclica más por intereses dirigidos que por una situación natural. Vestimos (o nos visten) cada período histórico con determinados ropajes de progreso para siempre terminar enfrentados al mismo desenlace: el abismo de la existencia.

En el fondo parece que deseamos que los factores de poder nos engañen haciéndonos creer que la vida es de una determinada manera. Y, como si fuésemos los actores de una mediocre novela, seguimos las pautas de los directores del engaño, más por miedo que por convicción. Desde el escenario masivo, la ciencia y el arte lucen distantes. Poco probable es que la clase política (que hasta ahora conocemos) permita que otras políticas (desde la ciencia o el arte, etc.) intervengan en la construcción de nuevas formas de pensamiento colectivo.

Los círculos que dirigen el guión dependen del miedo para sostener la novela. Y el origen del miedo (que padecemos) radica en lo mucho que ignoramos sobre nuestra existencia. Preferimos jugar a medio vivir (o a no dejar vivir), dejamos la política en manos (y en cerebro) de unos pocos y asumimos nuestro papel de público invisible. Podemos aplaudir la realidad pero no transformarla.

Ahora, en el siglo XXI, el público se lanza optimista (a pesar de la crisis que nos inventaron) a participar en la carrera virtual (la nueva trama de la novela). Decididos y perfumados con aroma de progreso (reciclado), ensayamos el nuevo papel. Atrás dejamos todos los recuerdos (la memoria-como la abuela que estorba-al depósito). Y nos sentamos frente al ordenador con la esperanza de que jugamos a distraernos. Mientras, en un lugar ajeno a nuestra vida, y a puertas cerradas, otros deciden el rumbo que tomará nuestra esperanza.

No obstante, en algún momento de la historia de este nuevo intento de progreso, quizá desde la pantalla del ordenador (o del móvil) se asomará ese abismo que (desde tiempos remotos) nos convoca a replantearnos la existencia. Y nos dirá que otra vez (desde la esencia) todo comienza.

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Algo de música: obras sacras para la Semana Santa


ARGENPRESS

Esta semana la tradición católica tiene una de sus más connotadas celebraciones: la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazareth, el hijo de dios que, según esa creencia, se encarnó y como humano vino a la Tierra para redimir al género humano hace ya más de dos milenios. Quienes han crecido en medio del ambiente cultural cristiano encuentran en esta época una alta importancia en su tradición religiosa. Tan es así que todas las expresiones artísticas del mundo occidental la han celebrado desde épocas inmemoriales. Como no podía de ser otro modo, también la música le rinde su homenaje a tamaña fecha. Como algo colateral, pero no por ello menos importante, puede ser un interesante ejercicio cultural conocer cómo otras civilizaciones (1) no cristianas ven estas tradiciones.

Son numerosas las creaciones musicales dedicadas a este momento de la vida de Jesús que, por cierto, no es un episodio más: es el momento supremo de su obra en la Tierra: su muerte en la cruz y posterior resurrección. Hoy queremos presentar alguna de ellas, de entre tantas y tan hermosas piezas consagradas al hecho. Nos decidimos por la “Pasión según San Mateo”, del compositor alemán Johannes Sebastian Bach (1685-1750).

Esta obra, la más extensa de su prolífica producción, de alrededor de dos horas y medias de duración, presenta el sufrimiento y la muerte de Cristo según el evangelio de San Mateo. A decir de muchos críticos, es una de las más logradas creaciones del género de la música sacra.

La Pasión según Mateo consta de dos grandes partes conformadas por 68 números. El texto del libreto está basado, por una parte, en los capítulos 26 y 27 del evangelio de Mateo en la traducción de Martín Lutero, y por otra, en poesías del escritor Christian Friedrich Henrici (también conocido como Picander) así como en corales luteranos relacionados con la pasión. Alrededor del texto bíblico se agrupan coros, corales, recitativos y arias compuestos por Bach en uno de sus momentos de más profunda inspiración.

Ofrecemos tres fragmentos de la versión de la Orquesta Sinfónica Estatal Húngara y el Coro del Festival de Hungría, bajo la dirección de Géza Oberfrank.

Nota:
1) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=32072








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Arteasudem Ibaraden: La perversamente peligrosísima utilización de la palabra por parte de los malditos poderes titánicos

Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A poco que se agudice la atención, comparando detenidamente todo el cúmulo de información que vomitan, a diario y sin cesar, los mal llamados Medios de Comunicación de este idolatrado Primer Mundo, podemos llegar a la conclusión de que uno de los signos más identificativos de este ya más que convulso y frenético siglo XXI, y no sólo en el ámbito global, es la perversamente peligrosísima utilización de la palabra por parte de los malditos poderes tiránicos, con el nocivo y execrable objetivo de perpetuar sus mezquinos intereses, sus inconfesables deseos, en contra -y a costa- de la inmensa mayoría de la población mundial.

El enorme poderío económico y militar que ha conseguido EEUU en el último siglo a base del despojo, saqueo y expoliación de los recursos naturales y humanos de un gran número de países, y todo en nombre del progreso, la democracia y la libertad -para ellos, claro- han hecho posible que el mundo hoy esté dominado por los brutales y belicosos fundamentalistas yankees.

A esta descomunal y terrible supremacía económica y militar, hay que añadirle el inmenso poderío mediático, por medio del cual no sólo han logrado imponer, en prácticamente todo el mundo, lo que se ha venido a denominar como "pensamiento único" --"un solo mundo, un solo mercado, donde yo soy el que digo qué se puede hacer y cómo se puede hacer"-- sino que a través de sus muy bien pagados voceros han intentado acallar y desacreditar cualquier mínima pretensión de crítica o denuncia de sus cruentos, salvajes y sangrantes atropellos y viles tropelías.

Y muy serios ellos, con el rostro compungido, con cara como de quien no sabe de qué va la cosa, afirman --¿¡cómo no!?-- que todo cuanto hacen, todo cuanto tienen previsto hacer, es en nombre de la tan ansiada y sagrada Libertad, de la tan urgente y necesaria Justicia, de la tan deseado y prostituido Sistema Socialista.

Esta es la realidad que vivimos y sufrimos con indecible dolor cuando nos paramos a reflexionar sobre lo que acontece en el mundo. No la podemos eludir. No la debemos eludir si de verdad queremos cambiar esa terrible y espantosa realidad.

Ya lo decía el que está considerado como el padre del Independentismo canario, Secundino Delgado Rodríguez hace ya más de un siglo: "Las palabras también esclavizan, aunque sea Socialismo, República, Anarquía...soy un Revolucionario, nada más". Y nada menos.

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¿Qué significa educar?

Carlos Á. Trevisi (Desde Guadarrama, Madrid (España). Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nos educamos para satisfacer la plenitud de las potencias que nos caracterizan como seres humanos; transformadas éstas en actitudes gracias al proceso educativo, nos asumimos personas con visión de nosotros mismos y del entorno para insertarnos en él según nuestras propias capacidades.

Si la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo (Paulo Freire), nos cabe adentrarnos en el conocimiento y manejo del instrumental del que hay que valerse para las circunstancias educativas del "hic et nunc"; llegar a lo más profundo del encuentro para obtener resultados compartibles y ser capaces de poner en acto nuestros conocimientos, valores y actitudes.

Ortega y Gasset decía que toda obra creadora es hija del descontento, de la insatisfacción. El conformismo paraliza las energías vueltas hacia la acción.

La educación es auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad, en que le pierda miedo a la libertad, en que pueda favorecer en el educando un proceso de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad (Paulo Freire).

Una educación integradora logrará que el educando sea amplio para abarcar y tan abierto como para dejarse abarcar, combinación ésta que lo pondrá en común con los demás. Deberá asumir que su libertad, que es uno de los bienes más preciados de que dispone, no es negociable, que es sumamente frágil y que se consigue con un ejercicio permanente de su independencia. Finalmente entenderá que ser solidario es algo más que dar: Es darse.

¿Prepara la escuela para el ejercicio de la libertad, para el desarrollo de la capacidad de optar?

La gran pregunta es otra, sin embargo: ¿qué hacemos desde la familia en pos de tales logros?

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Seguramente en otoño

Miguel Longarini (Desde Buenos Aires (Argentina), especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es inseguro el mundo de los vivos
cuando los muertos llaman a su puerta.
Es seguro el camino de los muertos
que olvidaron la vida en cada oferta.

¿Quién va a "asegurarnos" que estaremos seguros entre in-seguros,
que ya no peligra nuestra integridad, ni nuestra propiedad?
¿Qué haremos luego sin la in-seguridad?
¿Podremos acostumbrarnos?

¿No será que tendrá que venir la mano dura?

Dicen: los señores y señoras que ven a Susana,
cantan con Cacho y se acuestan con Moria...
Dijo: mano plomo gris o grisplomo que nos cuida,
que aleja a los mano-blanda, a los mano-mala;
a los que hacen que la mano NO venga bien...

¡Hay que marchar pidiendo más mano en el asunto!
para eso alguna vez fuimos: Derechos; Derechos y Humanos...

Asusta e ilustra tanta memoria vendida,
alquilada y COMPRADA.

Digo: Yo no entro en esta de golpear;
en eso de jugar con fuego para quemarse.
Dije no, un NO de pecho; un NO compañero,
porque mi mamá me alertó, cuando niño
que en ese -juego-fuego-
¡Se pueden avivar fantasmas!
De muy malas palabras,
como los que aparecen...
Segura-mente
en mi Argentina
de cada otoño,
todos los 24 de marzo.

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El Huésped

Silvia Loustau (Desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No recuerdo el día exacto en que llegó a casa. La casa grande, cerca del río, en San Isidro. Con mi hermana lo empezamos a presentir. Suponíamos que lo había traído papá. A veces creíamos que lo habían dejado abandonado en el jardín. Pero depuse se impuso, como un huésped más, de tantos que venían a casa. Se impuso cuando cerraron la puerta del cuarto de servicio, donde había un amplio placard dentro del que mi hermana y yo jugábamos a la cueva secreta. Ese cuarto en el que Sofía, de apenas cuatro años, pintaba con crayones, mientras yo leía historietas.

Al principio no supimos qué era. Imaginábamos un duende silencioso, acechando; acechando tras alguna puerta. Nuestra vida parecía normal. Lo único que nos diferenciaba de otros chicos era la cantidad de tías y tíos que solían pasar algunos días en casa. Cuando ellos estaban algo caminaba por la garganta de los mayores. Susurraban en vez de hablar. Se encerraban a conversar, y si de pronto mi hermana o yo entrábamos se hacía un silencio súbito. Si estaba papá levantaba una ceja y dejaba el mate o el pocillo de café en suspenso. En esos momentos se oía su aleteo.

Algo había en la casa que se podía palpar .Lo sentíamos sofia y yo, mamá y también Papa. Vivir de esa manera era como vestir una túnica helada y nadie puede entender como es si no se la ha probado. Y aún después de probarla es difícil de contar. Todos habían cambiado. Mamá estaba más nerviosa, de pronto nos retaba y de inmediato nos abrazaba hasta cortarnos el aliento. O lloraba por cualquier cosa, al escuchar alguna noticia, porque papá volvía del hospital mas tarde de lo acostumbrado. Papá también

Cambió y él que siempre nos explicaba todo comenzó a decir: no preguntes más o ya lo vas a entender Sofía empezó a llorar por las noches y a mojar la cama. O se enfurecía, porque mamá cerraba la puerta del baño para ducharse, entonces Sofía lloraba y golpeaba la puerta gritando: abrime, mami, abrime. No te vayas, mami. Y entre el llanto y los mocos aparecía el pis. Mamá la abrazaba, murmurando: no te asustes, mi chiquita, no te asustes. Recuerdo que Sofía me daba mucha pena. Porque desde mis siete años su temor parecía mucho más grande que el mío.

Y algunas noches la imaginaba durmiendo con eso, o que quizá la espiaría desde detrás del sillón o aparecería debajo de su cama y con una mano muy fría le apretaría el cuello hasta ahogarla o hasta que mojara nuevamente la cama.

A menudo nos enviaban a jugar con Manuel- el hijo de nuestro vecino. Teníamos la misma edad. Una tarde mientras jugábamos le pregunté si él tenía miedo. Contestó que sí. Que por las noches. Que él creía que el miedo salía a dar vueltas por las noches. Que a veces te podía esperar con ojos refulgentes en medio de la oscuridad o dentro de un placard. Esa misma noche, cuando todos dormían, fui a la habitación de Sofía y me acosté a su lado. Juntos. Como cuando erramos chiquitos y nos ponían en la cama grande de los abuelos. Pero no siempre podía ir hasta el cuarto de mi hermana, porque a veces sentía eso parado cerca de la puerta. Su sombra enorme, enorme. No me dejaba pasar. O sentía su respiración, pegajosa, resoplándome en la nuca. Entonces era yo quien se despertaba llorando. Ahogado. Mamá entraba en mi cuarto y mientras me calmaba le decía a papá: son pesadillas, son malos sueños. Pero papá contestaba: no, es el asma.

Nos gustaba ir a jugar a lo de Manuel. No sólo por las hamacas que había en el jardín, sino porque su papá, que era aviador, poseía una colección de aviones en miniatura. Los días lluviosos nos permitían jugar con ellos. Recuerdo en especial una tarde en la que el papá de Manuel estuvo un largo rato con nosotros. Nos explicó las diferencias entre los modelos y nos preguntó, a Sofía y a mí, si nos gustaba volar. Sonriendo cargó a mi hermana sobre sus hombros y nos prometió que un día nos llevaría en un vuelo. Cuando el cielo estuviese claro. Sin nubes. Y qué pequeñita veríamos la ciudad de Buenos Aires y que ancho, ancho era el Río de La Plata visto desde lo alto. Y que si el cielo estaba muy, muy claro- agregó- se nota donde el río se une con el mar. Y recuerdo a Sofía. Riendo sobre los hombros del papá de Manuel y pensé que ella debería creer que si volábamos muy alto dejaríamos abajo las pesadillas y los aleteos extraños.

Una mañana mamá nos despertó muy temprano. Agitada. Mientras peinaba a Sofía nos dijo que nos íbamos por unos días al campo, a casa de los abuelos... Que no me preocupase por las clases. Que me vistiera rápido. Que no, no podía despedirme de Manuel. ¿Y papá? ¿Y papá? Se había quedado a dormir en el hospital porque el tío José había tenido un accidente. Que luego iría para el campo. En unos días. Cuando nos sentamos a la mesa algo punzante y helado se sentía en cada sorbo de café con leche. Estaba también en las manos de mamá, que temblaban levemente, cuando le alcanzaba galletitas a Sofía. Yo miré los bolsos, ya listos, y supe que aquello innombrable estaba guardado, como un frío pañuelo blanco, entre cada una de nuestras prendas.

Cuando la casa fue quedando atrás tomé la mano de Sofía y pensé que quizá ahora no iba a mojarse más la cama. No. En la casa de los abuelos no. Todo volvería a ser como antes. Como antes de la llegada de aquel huésped de quien no sabíamos el nombre.

Y esta noche mientras mi hija recién nacida duerme junto al pecho tibio de mi mujer, veo aparecer en la pantalla del televisor al papá de Manuel. El papá de Manuel que llora. Casi babea. Mientras relata que el manejó aviones sobre el Río de La Plata y se disculpa diciendo que él solo manejó los aviones. Yo no tiré nunca un cuerpo- agrega- nunca un cuerpo. Y lo repite una y otra vez.

Entonces pienso en mamá, a la que algunos creían loca, como la Ofelia de Shakespeare, arrojando claveles rojos al río, para los cumpleaños de papá. Y pienso en Sofía, que nunca quiso volver a Buenos Aires. Y siento otra vez, en mi nuca, la respiración del miedo. El miedo. El llanto y las manitos moradas de mi hermana. El asma. Y vuelvo a observar el rostro tenso, los ojos vidriosos del padre de Manuel. Y comprendo que el miedo está allí. Sentado con ese hombre que llora. Casi babea.

Este cuento obtuvo en octubre del año 2007 el 1º Premio Nacional Narrativa auspiciado por la Universidad de Córdoba-2007.


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Dignidad y afán

Darío Botero Pérez (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Entendido como la reivindicación positiva, sin ninguna discriminación, de la dignidad inherente a cada uno, plasmada en el reconocimiento incondicional de los Derechos Humanos para todos y en todas partes; el sentimiento innato de libertad que se intenta formalizar bajo el término “liberalismo”, es joven respecto a ideologías tan antiguas como las de los grandes imperios y las civilizaciones fundacionales.

Pero -como defensa insobornable de esa convicción de dignidad y de ese anhelo de autonomía, independencia o libre albedrío que nunca, nada ni nadie ha podido extirpar de lo más íntimo del ser humano-, es el fruto de una lucha constante, desde los albores de la humanidad, adelantada por los mejores hombres, los más dignos, sometidos contra su voluntad al servicio de los potentados, gracias a la violencia.

Aún en los regímenes totalitarios más absorbentes y violadores de los fueros individuales que muchas culturas, inclusive, niegan de plano, al asignarle a cada uno un rol eminentemente social, preestablecido de acuerdo al origen del individuo colmena... en todas las latitudes, siempre, ha habido seres humanos resueltos a dar la vida por defenderla.

Para ellos, vida y libertad son sinónimos. Por eso, mientras no sean libres, prácticamente se consideran cadáveres ambulantes, zombis sin identidad.

No obstante, los testimonios de esta lucha, sostenida generación tras generación, han sido acallados por los potentados responsables de que las mayorías hayan vivido y sigan viviendo en condiciones infrahumanas, tanto durante la prehistoria como en la historia.

Por eso, estamos obligados a instaurar la neo-historia basada en el ejercicio directo de la soberanía por sus únicos dueños legítimos, tras tantas carnicerías y perversiones de los enamorados del poder.

Tenemos el deber y la oportunidad de repudiar a los Calígulas dispuestos a cometer cualquier crimen, que no dudan en calificar de inspiración divina, para obtener y monopolizar el poder.

Así creen constatar su “superioridad” (o absoluta carencia de escrúpulos que los hace considerarse por encima del bien y del mal) respecto a los menos criminales y, sobre todo, a quienes no lo son en absoluto y, por fortuna, conforman las mayorías de individuos de la especie.

Le llegó el turno a los ciudadanos, sin exclusiones ni preferencias.

Esta es la Nueva Era que tantas profecías han anunciado y que Obama no tuvo inconveniente en aclamar como una convicción vital.

Entiende el desafío y se resiste a optar por la muerte propiciada por los halcones de Washington y los potentados y los gobernantes criminales en todo el mundo, según la costumbre histórica, raramente contradicha.

La salida de la crisis, comprometida con la vida, de ninguna manera consiste en restablecerles sus fueros, privilegios y alta consideración a los potentados canallas, de todo rango y especie, que nos han traído al borde del abismo, y que esperan la ocasión de darnos el empujón final.

Es deber de las mayorías exigir castigo para los culpables. Y Obama está de acuerdo pero necesita nuestro apoyo expreso, multitudinario y constante para que resuelva pedirle cuentas penalmente a Bush y los bandidos que lo rodearon en su gobierno.

Es necesario proceder antes de que pretendan echarle toda el agua sucia al mestizo, como lo han intentado el republicano blanco (o rosado), Rush Limbaugh, la cadena Fox y toda una caterva de trogloditas empeñados en mantenernos anclados al pasado que tantos privilegios les ha asegurado a ellos y tanta miseria a las mayorías.

Si no procedemos, no sólo seremos las víctimas sino también los cómplices de los criminales más repugnantes que la especie haya conocido, pues no se satisficieron con exterminar pueblos y arrasar culturas que son (o eran) patrimonio de la humanidad.

En escasos 200 años, consumiendo hulla y, después, agregándole petróleo, han causado unos niveles de contaminación atmosférica y del medio ambiente en general, que los procesos naturales tardarían miles de años en producir, a no ser que ocurriese algún evento caótico.

Para el presente, dado que no ha caído el meteorito exterminador, el evento caótico que ha sufrido la tierra ha sido el capitalismo irresponsable, exacerbado durante los últimos 40 años con el brutal neoliberalismo.

La ventaja es que sus efectos letales no son tan inminentes e inmediatos como los del evento que acabó con los dinosaurios, al menos según la explicación más popular.

Quizás todavía podemos pellizcarnos y evitar el exterminio. Pero tiene que ser ya. Titubear es perdernos.

Cada día que pasa, las consecuencias del enfermizo y anómalo desarrollo económico- deformado por la codicia de los propietarios privados guiados por su egoísta y, por ende, mezquina y miope racionalidad-, hacen más inminente y próxima la catástrofe definitiva; el ya aludido “empujón final”.

A causa de los excesos del neoliberalismo, tal hecatombe universal se volvió patética y evidente para todos, lo cual no nos cansaremos de agradecerle al imbécil criminal mitómano, George W. Bush.

Tampoco olvidamos, ni dejaremos de repetirlo mientras dure, que continúa disfrutando de impunidad a pesar de sus gravísimos crímenes contra su pueblo, contra el mundo y contra la humanidad, en particular contra afganos e iraquíes.

Pero es de esperarse que sea por poco tiempo, pues tiene que pagarla, junto a sus compinches. Bernard Madoff los espera pacientemente, pero la humanidad tiene afán en castigarlos, para que a nadie se le ocurra volver a imitarlos.

Por eso, Obama, padre de dos pequeñas niñas que adora y sustentado en su trípode de salud, educación y energías limpias, intenta empoderar a los ciudadanos del común -de los que hacía parte hasta que ascendió a la clase política-, con el fin de despertar las fuerzas necesarias para vencer esa amenaza mortal, mediante el cultivo de los talentos y las inteligencias de las nuevas generaciones.

Entiende que, aunque, en gran medida, las nuevas generaciones son víctimas ajenas a las causas del desastre, también son las más aptas para romper con la criminal cultura consumista, que exige convertirlo todo en basura lo más rápido posible, y que a todos nos absorbe aunque los viejos ni cuenta se den, o, lo que es peor, poco les importe.

En una sociedad fundada en la dirección de la economía por intereses particulares ajenos al bien común que el Estado debería proteger, el consumo es el requisito (letal para el medio ambiente bajo los parámetros del capitalismo) para que el ciclo productivo pueda repetirse y la vida pueda continuar.

La razón es que los capitalistas no invierten ni financian nuevos procesos mientras no hayan realizado las ganancias que les debe dejar el anterior. Cuando ese consumo que permite realizar las ganancias no se da a nivel social, se generan las crisis de superproducción, como la de 1929. Si es a nivel individual, el capitalista, simplemente, se arruina.

Tal racionalidad individual y asocial es la que permite que la economía se paralice a pesar de su capacidad para satisfacer necesidades humanas hasta cubrir toda la demanda potencial.

Además, distorsiona la forma en que las necesidades se satisfacen, prefiriendo las apariencias al contenido, el empaque a la utilidad del producto o servicio; la ilusión de satisfacción a la satisfacción real...

La tienen sin cuidado las necesidades sociales de quienes carecen de capacidad adquisitiva y las de la misma madre Tierra, que no resiste más tanta estupidez derrochadora, puro culto a Thanatos, diría un filósofo de escuela, o a la muerte, según uno de la universidad de la calle.

Esta orientación suicida queda demostrada mediante la aterradora y acelerada extinción de especies; el calentamiento global con sus funestas consecuencias, o la inmensa contaminación atmosférica causante de enfermedades crónicas de las vías respiratorias que se quiere achacar a los fumadores, para culparlos ante los no fumadores y desviar su atención sobre las verdaderas fuentes de las EPOC en todas las latitudes.

Antes de vernos como enemigos, reflexionemos y aprovechemos la globalización para salvarnos entre todos, como hermanos, aunque no sea sino por la angustia del inminente desastre, que exige la colaboración de todos para detenerlo y revertir sus efectos.

Ya no hay redentores. Ningún individuo nos salvará. El asunto es colectivo. Exige nuevos paradigmas de poder, auténticamente democráticos. ¿Usted está dispuesto a participar, o espera que lo sigan salvando con mentiras e ilusiones mientras el cataclismo avanza hasta volverse incontrolable?

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Dogmas y paradigmas de la era moderna

Julio Herrera

En 1918 los ingenieros mecánicos de la incipiente Ford afirmaban que no se preveían nuevas innovaciones en la mecánica automotriz por haber ya alcanzado ésta la perfección absoluta. Y es evidente que ahora, 91 años después, no sólo se han logrado asombrosos progresos en la industria automotriz, sino que el alcance futuro de la tecnología moderna es insospechable.

De igual manera, en 1998, los economistas norteamericanos afirmaban (y se obstinan aún en afirmar) que "el neoliberalismo es la perfección absoluta de la ciencia socio-económica". Pero la realidad de la actual crisis económica a lo ancho y largo del planeta demuestra no sólo el fracaso absoluto del neoliberalismo depredador, sino la necesidad urgente de un nuevo y justo orden económico mundial. Las cíclicas crisis económicas, y en especial la actual, demuestran que el capitalismo no ha alcanzado ni alcanzará jamás la perfección absoluta.

Asimismo, recientemente en Brasil, el propio Papa Benedicto XVI desmintió el viejo dogma católico de "la infalibilidad del Santo Padre" al manifestar públicamente el absurdo de que "el uso de condones agrava la epidemia del sida".

Por eso, la razón natural nos dice que hay que ser prudentes y analíticos al observar ciertos paradigmas o verdades dogmáticas manifestadas por los jerarcas de la sociedad a través de los medios de información, especialmente cuando éstos protegen o encubren los intereses personales, económicos, políticos o religiosos de quienes las difunden.

La incesante evolución de la sociedad y la tecnología demuestran que la ciencia y la política socio-económica son, y serán siempre, sólo un proyecto de perfección de las condiciones de vida de la humanidad, que deben marchar hacia el progreso y jamás en retroceso de las reivindicaciones sociales de la humanidad.

Aferrarse a un dogma o a una verdad convencional o de moda por temor a caer en el error, es ya caer en el más grande de los errores: la certidumbre. Porque la verdad no es una verdad cuando la ciega certidumbre la hace estéril, y el error no es error cuando la indagación o el análisis lo hacen fecundo. Es sólo a través de los errores que se adquiere la experiencia. El error corrige, el dogma se obstina.

La fe, por ser ciega, es creadora de fanatismos porque ella es hermética; y la verdad que adoptamos como definitiva es creadora de conflictos porque ella es intransigente. La duda, por el contrario, es indulgente porque ella es libre, ella indaga, ella explora y prueba que toda verdad de ayer es la mentira de hoy, y toda verdad de hoy es la mentira de mañana. Por eso la duda prudente nos evita los desengaños de hoy que nos ocasionan las "verdades" de ayer. Por otra parte, toda fe y toda verdad convencional son intolerantes, porque ellas consideran adversarios o enemigos a quienes no las comparten; la fe, por ser ciega, nos cierra los ojos hacia nuevos horizontes, y nos condena a la resignación del statu quo; la duda, en contraste, nos libera y nos redime porque nos humaniza al enseñarnos que el error y la duda no sólo son humanos sino que son el estímulo y el motor para la evolución social, a través de la corrección constante, tendiente a la perfección. Podría incluso decirse que la duda y el error son la gestación perpetua de la verdad, y que la verdad, adoptada como veredicto final, es el aborto de la razón.

Por lo anterior se deduce entonces que no es la verdad, -como afirma la Biblia-, la que nos hace libres: es la razón, es decir, la capacidad analítica del raciocinio, independiente de credos políticos o religiosos. Porque colocar el dogma de una verdad convencional, religiosa, o de moda, o peor aún, la fe ciega sobre la razón, es no haber alcanzado aún el uso de la razón.

Sólo la duda prudente y analítica nos hace libres, ...libres de la servidumbre que ocasiona el sectarismo de los dogmas y paradigmas, o de lo que, a ciegas, hemos adoptado como "la verdad."

De ahí que, para evitarnos mañana desengaños, admitamos entonces la verdad de hoy sólo como una verdad pasajera; admitamos que lo único cierto es que sólo existe una sola verdad, ...una verdad eterna, y es... ¡que la verdad no existe! ...¡y menos aún las verdades eternas!

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Sin un faro de Alejandría

Rómulo Pardo Silva (Desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el mar, los polos, la jungla, las estrellas
hay que fijar la dirección deseada
En la crisis financiera, alimentaria, climática, energética,
social,
cultural
junto con analizar los avatares
se debe explicitar la invitación a la humanidad
de ir al sur revolucionario para todos

Escudriñar en la competencia por luz de la vegetación,
las discusiones de empresarios del primer y tercer mundo,
los lugares que se van a secar o inundar
no sirve si no se nombra el punto cardinal por alcanzar

Hay analistas amigables que se quedan en las hojas ingeniosas,
las leyes electorales, las reformas de la economía,
las estadísticas de desnutridos y muertos por la pobreza
y evitan decir públicamente que la única puerta sostenible de la naturaleza
lleva a una civilización solidaria, culta y austera

Se acomodan en lo blando para sus cuerpos

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Voces del Sur: Rodolfo Walsh. El periodismo necesario


Daniela Saidman (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Eligió la palabra como una trinchera de lucha, para ganarse los sueños por asalto, para contar los miedos y las humanas pasiones. La eligió tal vez sabiendo que de él quedaría lo dicho y lo hecho, páginas de ires y venires que nos siguen diciendo que el periodismo es oficio valientes cuando se narra desde las verdades y los sudores y los pueblos.

Rodolfo Walsh, oficiante de la palabra, sigue acusando desde la memoria la siembra del pueblo argentino en una de las dictaduras más cruentas del sur del subcontinente. Rebelde de todas las causas justas, nació en Choele-Choel, provincia de Río Negro, Argentina, el 9 de enero de 1927 y se encuentra desaparecido desde el 25 de marzo de 1977.

Su voz sigue denunciando pese a la desmemoria y la imposición de los silencios. Su palabra es un arma capaz de demostrar las traiciones. Aunque hayan querido acallarlo su voz retumba en el papel, como el vértigo develado de las sombras.

“No es el menor de esos espejismos la idea de que un lugar así no puede estar tan tranquilo, tan silencioso y olvidado bajo el sol que se va a poner, sin que nadie vigile la historia prisionera en la basura cortada por la falsa marea de metales muertos que brillan reflexivamente”, dice Walsh en Operación Masacre, un libro que es una llamarada de conciencia.

Hay palabras que mostrando, nos muestran las heridas, esa es la de Walsh, sur entre los sures, humano en su dimensión de hombre, voz de los sin voz, de esos otros que caminan el destino con hambre. Se asomó a ver qué pasaba y se sumó a las luchas. No resistió la pasiva mirada desde los muros, sino que se internó en las profundidades de la violencia y allí nació para siempre, joven, rebelde, con la razón a cuestas. Porque era precisamente su compromiso, ese, el de decir dónde nadie más se atrevía a nombrar las verdades.

Rodolfo Walsh, incendiario en su palabra, un día antes de haber sido detenido ilegalmente, envió una carta a la Junta Militar.

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”.

Son éstos, tiempos de volver a su lectura, para anudarse a la geografía de las verdades necesarias. Él es un llamado a los jóvenes periodistas de hoy, para que no se vendan, para que se mantengan del lado de los pueblos. Su ejemplo de lucha y de convicción libertaria, revolucionaria, es un llamado a la palabra certera, a la que debe decir y decirnos los caminos y los sueños.

“Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las tres Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”.

Aquí la voz desgarrada, cascada de tanto grito para despertar al alba, aquí su nombre de periodista cierto, de periodista comprometido con la historia del tiempo que le tocó vivir. Su palabra seguirá encendiendo las mañanas de las mujeres y hombres que leyéndolo viven a través de él y de todas y todos los que andan construyendo juntos el mañana que necesariamente habrá de venir.

Publicado en el Diario de Guayana, domingo 05 de abril de 2009.


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Guerra y gas


Jon Juanma Illescas Martínez

La guerra es el juego de los reyes, si sus súbditos fueran
inteligentes, no jugarían jamás.
William Cowper

Gracias a esta obra de John Singer Sargent sobre la Primera Guerra Mundial, conocida por aquel entonces como Gran Guerra, podemos sentir todo el horror y el absurdo de la matanza. El absurdo para los que participan en ella, por supuesto. Ya que para algunos, para “otros”, para los que no están en el campo de batalla suele ser muy rentable. Me refiero a los capitalistas de las empresas de armas, también los empresarios de todo tipo de los países “neutrales” que venden sus mercancías más caras ante la necesidad de las poblaciones de los países beligerantes; y de los militares de alto rango, que lejos del campo de batalla juegan la “Risk”1 para ver quién se lleva el mayor ascenso en la pirámide militar. Ya se sabe, “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Esta obra de Sargent, pintor realista que vivió entre 1856 y 1925, nacido en Florencia pero de padre americano, pertenece a la fase de madurez del artista. La pintura titulada “Gaseados” es de una maestría compositiva considerable. Con dos líneas horizontales de soldados que potencian la monotonía, la incerteza y la fragilidad de los mismos que cegados, no saben hacia dónde caminan. Además, los “gaseados” que vienen en fila desde el fondo refuerzan la horizontalidad conceptual de las dos primeras (los soldados del primer plano caminando y los yacientes) provocando una sensación “de imposible escapatoria” por parte del espectador que se siente, por un instante, con esos pobres desgraciados en el laberinto de la muerte. En esta asombrosa composición podemos casi oler el polvo del campo de batalla y los cadáveres que yacen en el mismo. Sentimos la angustia y la fragilidad de esos cuerpos tras el fragor de la batalla, tras el fin de toda heroicidad. Podemos casi sentir el zarpazo de la bestia de la muerte que fue la maquinaria industrial de guerra de la primera mitad del siglo XX.

Sargent, como otros pintores realistas de la época (convenientemente olvidados por el sistema actual en base a su historiografia ortodoxa del arte), se centró en dar un testimonio lo más realista posible de aquella devastadora guerra. En concreto, podemos ver en el lienzo los efectos del llamado “gas mostaza” (de nombre real “mostaza azufrada”). Este gas utilizado por primera vez en un campo de batalla por los alemanes, el 22 de abril de 1915 en el frente de Ypres (pequeña ciudad al sur-oeste de Bélgica), se caracterizaba por producir quemaduras y ulceraciones en la piel de los combatientes. Además, como era más pesado que el aire, permanecía en los cráteres que provocaban los proyectiles y las bombas, lugar en los cuales, los soldados que padecían el bombardeo solían ir a ocultarse. De esta manera no se les dejaban escapatoria. Lo curioso del caso y que demuestra que en la mayoría de las guerras los soldados no son más que peones de un gran juego de mesa orquestado por los ricos, es que el bando lanzador de gas, debía tener mucho cuidado con la dirección del viento, porque si cambiaba podía perjudicarlos letalmente.

El lienzo tiene una pincelada suelta, que debido a su tamaño (2,28 x 6,28 metros) sólo se aprecia delante del mismo o bien en reproducciones de detalle. La pincelada de Sargent aunque realista, coquetea con el impresionismo entonces de moda incluso en sectores de la alta burguesía (que eran sus clientes habituales). Los tonos monocromos, tierras, sienas y amarillos, nos introducen en la asfixiante atmósfera de la guerra, la muerte y el gas.

Una gran obra que se halla expuesta en el Museo Imperial de Guerra en Londres. Curioso nombre para un museo que debería educarnos para repudiar la guerra. Curioso que el mismo aún conserve el epíteto de “Imperial”, ¿no les bastaba a las autoridades inglesas con dejarlo en “Museo de la Guerra”'? Puede que los tiempos no hayan cambiado tanto, después de todo...

Quizás algún día se acabaran las guerras, pero para ello, tendremos que librar entre todos una muy grande, desconocida hasta la fecha. Una que deberá comenzar en nuestra conciencia y hacer buena la siguiente cita del socialista Pi i Margall 2:

“No condeno en absoluto la guerra. La considero sagrada contra todo género de opresores.”

Quizás cuando no existan opresores ni oprimidos, cuando todos seamos iguales dentro de la diversidad, quizás sólo entonces, consigamos alejar el Monstruo. Demasiado cotidiano por otra parte, para muchos de nuestros semejantes, cada día de sus vidas 3 . Mientras tanto seguiremos siendo los peones del los reyes, rezando para que no les apetezca jugar una nueva partida.

Jon Juanma es el seudónimo artístico/revolucionario de Jon E. Illescas Martínez, artista plástico, analista político y teórico del Socialismo.

Notas:
1) El Risk es un conocido juego de mesa inventado por el director de cine francés Albert Lamorisse en 1950 y comercializado por Parker Brothers (actualmente parte de Hasbro) bajo el nombre de La Conquette Du Monde (La Conquista del Mundo). El juego conoció su máxima popularidad en el Reino Unido, donde vivió años antes Sargent. El Risk pertenece a esos juegos en que niños y adolescentes juegan desde pequeños para familiarizarse con la guerra, el espíritu de “conquista” del ganador y sometimiento del perdedor.
2) Uno de los presidentes de la Primera República Española (1873-1874). Creía en una democracia socialista, mezclaba ideas federalistas, proudhonianas y también influencias marxistas incipientes.
3) En la actualidad hay 23 países en guerra en un total de 27 conflictos armados. Fuente: 20 minutos http://www.webislam.com/?idt=10935

Imágenes: “Gaseados”. Obra de John Singer Sargent.


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