viernes, 17 de abril de 2009

Sincerándose (obra de teatro en nueve escenas)

Marcelo Colussi (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Personajes

John, empresario estadounidense
Tom, actor canadiense
Susan, aeromoza estadounidense
Marcelino, militar colombiano

(Escenario en oscuridad. Luego se prenden las luces. Los cuatro personajes tendidos en la arena de una playa, con síntomas de cansancio)

Escena uno

John: -¿Dónde diablos estamos?
Tom: -Parece una isla.
Marcelino: -Efectivamente, señores. Estamos en una isla, una pequeña isla desierta en el medio del Océano Pacífico. Por lo que se ve, somos los únicos sobrevivientes de la catástrofe.
John: -Pero ¿qué pasó?
Susan: -El vuelo venía normal, pero parece que se dieron unos problemas en los motores, problemas que el capitán no logró entender, y bruscamente perdimos altura. Era imposible hacer cualquier cosa, así que prefirió dejar caer la máquina cerca de este islote.
Tom: -¿Dónde estamos?
Susan: -No lo sé. Era justo mitad del vuelo, entre Los Angeles y Nueva Zelanda, hacia donde íbamos.
John: -O sea: perdidos en una isla.
Susan: -La cuestión es cómo vamos a salir de aquí…
Marcelino: -¿Quién dijo que vamos a salir?
Tom: -¿Cómo? ¿Nos vamos a quedar aquí para siempre?
Marcelino: -Esperemos que no; pero ¿quién dijo que por fuerza vamos a salir?
John: -No seamos tan pesimistas. Quizá nos rescatan…
Susan: -Sí, claro: ¡quizá nos rescatan!
Tom: -Seguro que sí: nos van a rescatar.
Marcelino: -¿Por qué están tan seguros, señores? Estamos perdidos en medio de una isla que ni nombre debe tener.
Tom: -¿Cómo que no tiene nombre? Entonces… bauticémosla. "Salvadora" tendríamos que ponerle.
John: -Buen nombre. Sí, apoyo la idea.
Marcelino: -De acuerdo: estamos en la isla "Salvadora". ¿Pero quién va a venir a salvarnos?
Susan: -¡Qué poca esperanza tiene usted! ¿Así cómo nos van a venir a salvar?
John: -Es cierto: hay que perder todo menos las esperanzas.
Tom: -Por supuesto. Tendríamos que hacer un fuego para llamar la atención y hacer que nos vengan a rescatar.
Marcelino: -Está bien: hagamos el fuego, no perdamos las esperanzas, pero seamos realistas, señores. Estamos en el medio de una isla desierta, perdidos en la inmensidad del Pacífico, y seguramente nadie sabe que estamos aquí. Por tanto no veo muy fácil que vengan a rescatarnos. En todo caso yo me pondría a pensar cómo vamos a sobrevivir.
Susan: -Creo que tiene razón. Mejor tendríamos que ver cómo hacemos ahora.
John: -Sí, estamos de acuerdo.
Tom: -¿Y cómo vamos a sobrevivir?
Marcelino: -¿Haciendo una fogata le parece?
Tom: -No sé… era una idea. No sería malo para que nos vieran.
John: -Yo propongo que nos dividamos y cada uno tome una tarea a su cargo: uno cocina, otro busca refugio, otro prepara fuego…
Susan: -¡Excelente!
Marcelino: -¿No creen que van muy rápido? ¿Por qué no descansamos un poco primero?
Tom: -Me parece que lo mejor, en principio, sería conocernos. Ni siquiera nos hemos presentado.
Susan: -Sí, sí. Deberíamos empezar por eso. ¿Quieren que me presente yo?
Todos: -¡Adelante!
Susan: -Me llamo Susan Ross. Tengo 31 años y soy aeromoza desde hace tres años en esta empresa que nos venía transportando. Soltera, hablo bien español, vivo en Nueva York, y mi hobby preferido es leer literatura latinoamericana cuando tengo tiempo.
Marcelino: -¿Qué literatura?
Susan: -Bueno… de todo un poco: García Márquez, Octavio Paz, Cortázar…
Marcelino: -¿No es comunista ese?
Susan: -No le sabría decir. En verdad, eso no me interesa. Leo esos autores porque me gustan, pero no me interesa cómo piensen.
Tom: -¿Y has estado alguna vez en Latinoamérica?
Susan: -Bueno, por mi trabajo sí, muchas veces. Pero así no se conoce nada. Viajando por mi cuenta, dos veces: estuve en México y en Colombia.
Marcelino: -¡Yo soy colombiano!
John: -Pero habla muy bien inglés.
Marcelino: -Sí, es cierto. Sucede que viajo mucho a Estados Unidos. Siempre estoy recibiendo cursos de actualización, y ahí se habla siempre en inglés.
John: -¿Y a qué se dedica?
Marcelino: -Soy militar.
Tom: -¿Militar?
Marcelino: -Sí. ¿Por qué me lo pregunta con ese tono? ¿Le parece mal acaso?
Tom: -No, no, claro. Esteee, es que creo que nunca en mi vida había tratado directamente con un militar. Y menos latinoamericano.
Marcelino: -¿Y qué le parezco entonces?
Tom: -No sé, todavía no nos conocemos. ¡Preséntese!
Marcelino: -Pues bien: me llamo Marcelino Juárez, soy coronel del Ejército de Colombia. Tengo 43 años, soy casado, 3 hijos. Mi especialidad es contrainsurgencia, y viajo muy seguido a Estados Unidos, país por el que siento una gran admiración.
John: -Muy bien, hombre; muy bien. Lo felicito. Me gusta escuchar eso, porque mucha gente de América Latina no nos quiere.
Tom: -Por algo será.
John: -Eso es la mala propaganda que nos hacen.
Tom: -¿Sí? ¿Será mala propaganda? ¿Se lo preguntó con sinceridad alguna vez?
John: -¿Usted es ciudadano americano?
Tom: -Mire: sí, soy americano, del continente americano… Soy canadiense; por tanto, también pertenezco a América, ¿no? ¿O acaso América es sólo Estados Unidos?
Susan: -Bueno, preséntate.
Tom: -Soy Thomas Carriot. Canadiense; vivo en Montreal, hablo inglés y francés, pero no español. Hago teatro, que es lo que más me apasiona en la vida. Tengo 38 años; estoy en pareja con un chico menor que yo, de 26 años. Amo a Latinoamérica y, perdóneme señor coronel, tengo mal concepto de los militares latinoamericanos.
Marcelino: -Prefiero no decir nada. (Dirigiéndose a John) Adelante usted, es su turno.
John: -Me llamo John Weinberger; estoy orgulloso de ser ciudadano americano. Tengo 56 años, casado, dos hijos; estudié economía en Harvard y me dedico a hacer negocios.
Susan: -¿Qué negocios?
John: -De todo un poco. Empresario deportivo, digamos. Organizo encuentros deportivos, de baseball, de box. Yo fui quien promocionó la pelea entre las hijas de Mohammed Alí y Joe Frazier, en el 2001. Tal vez se acuerdan, ¿no? Laila Alí y Jacqui Frazier-Lyde. ¡Fue fantástico!
Susan: -¿Pelea de box entre dos mujeres?
John: -Sí, ¿no la recuerdas? No fue hace tanto tiempo; tú ya eras grande. La promocionamos mucho.
Tom: -¡Qué estupidez, por favor!
John: -¿Por qué te parece una estupidez?
Tom: -Es una monstruosidad. ¿Cómo van a poner a pelear a dos personas arriba de un ring para que otros vayan y las vean? ¡Y encima de todo: cobrando entrada! ¡Me parece desopilante! ¡Y dos mujeres!
John: -Ahí está lo bueno, por lo novedoso.
Susan: -Yo jamás iría a ver una pelea entre dos mujeres.
Marcelino: -¿Acaso son distintas las de dos boxeadores varones?
Susan: -Es que… no sé: ¿cómo van a poner a pelear a puñetazos a dos mujeres?
John: -Es un espectáculo, mi querida. Así de simple. La gente quiere divertirse, quiere espectáculos, y nosotros se los damos. Si no son peleas de box, hay otras mil formas de divertirse.
Susan: -¿Le parece una diversión eso?
Marcelino: -¿Qué tiene de malo acaso? Es una diversión como tantas otras. ¿Cómo se divierte usted?
Susan: -Así no. Prefiero un libro.
John: -Bueno, son criterios. A quien no le gusta ir a ver una pelea de box, nadie lo obliga. Además, hay muchísimas maneras de divertirse. Algunos arreglan su jardín, otros van a un casino, o al cine. Ahora, por ejemplo, estoy pensando organizar un campeonato de coitos para transmitir por televisión.
Tom: -¿Un campeonato de coitos?
John: -Sí. Es mi nueva empresa. Justamente viajaba a Nueva Zelanda para ver si se podía producir el programa allá. Es más barato.
Marcelino: -¿Y cómo es esa idea?
John: -Bueno… se trataría de organizar como un campeonato deportivo. Distintas parejas haciendo el amor y mostrando a ver quién lo hace mejor, con más fuerza, con las mejores posiciones.
Susan: -¿Transmitiría eso por televisión?
John: -Claro. Es una idea novedosa. No sería como las tradicionales películas pornográficas. Esto sería mucho más realista, emocionaría más. Aquí sería gente normal, no actores actuando un papel. Sería mucho más vivo, porque serían coitos de verdad. Y la cuestión es mostrar qué pareja aguanta más y lo hace mejor.
Tom: -Es bastante descabellado, ¿no le parece?
John: -¿Descabellado? No lo creo. ¿Por qué?
Tom: -Porque es inmoral llevar un coito al campo de la competencia.
Marcelino: -Mire, de inmoralidad no creo que usted pueda hablar mucho. Usted dijo que vive con otro hombre, ¿no?
Tom: -Así es. ¿Lo asusta eso?
Marcelino: -No me asusta, sino que me parece una aberración. No creo que un homosexual pueda hablar de moralidad.
Susan: -¿Por qué no?
Marcelino: -¿Le parece que hay que explicarlo todavía? Un homosexual es un ser… no le voy a decir despreciable, sino… equivocado. Eso: es alguien que está equivocado en la vida.
Tom: -¿Usted me ve como alguien equivocado?
Marcelino: -Sí. Los hombres deben buscar mujeres. Si no, es un error.
John: -La Biblia lo dice: Adán y Eva, y no Adán y Esteban.
Tom: -Entonces ¿ustedes me ven como una persona equivocada?
Susan: -Yo no diría que te equivocas. Simplemente es una elección. Es como quien elige ir a ver una pelea de box entre dos mujeres. ¿Podríamos decir que quien elige eso está equivocado?
John: -No es lo mismo. La comparación no vale. Ahí estamos hablando de diversión, de pasatiempo. Con eso no se hace mal a nadie. En cambio, con la homosexualidad es otra cosa.
Marcelino: -Por supuesto. Un homosexual es un mal ejemplo social.
Tom: -¿Soy un mal ejemplo entonces?
Marcelino: -Aunque no te guste admitirlo: sí. ¿Acaso se le podría enseñar a un hijo que eso está bien?
Tom: -¿Y está bien organizar un campeonato de coitos, o una pelea de box entre dos mujeres? ¿O entre dos varones?
Marcelino: -Entre dos varones no tiene nada de malo. Los varones somos así: fuertes, tenemos hormonas, somos agresivos por naturaleza. ¿O tú no sientes nada de eso? Si no es así, es porque estás equivocado, como recién te decía.
John: -Dios hizo la mujer para que sea el complemento del hombre. Por eso juntar hombre con hombre, o mujer con mujer, es algo equivocado.
Susan: -¿Pero no lo es poner a pelear a dos mujeres arriba de un escenario? ¿O ganar dinero mostrando cómo una pareja hace el amor?
John: -¡No, no lo es! ¿Qué tiene de malo eso? Ahí no se hace mal a nadie; el que quiere va a ver el espectáculo, y el que no quiere no va. Pero con los homosexuales es distinto.
Tom: -¿Qué haría usted si su hijo le dice que es homosexual?
Marcelino: -Yo lo echo de mi casa. Sería una deshonra.
John: -Yo no sé si lo echaría, pero me preocuparía mucho. No sé…lo mandaría a hablar con el pastor, o con el cura.
Tom: -¿Sabían ustedes que el mayor porcentaje de homosexuales está entre los curas católicos?
Marcelino: -¡Por favor! ¿De dónde sacaste eso?
Susan: -Bueno, no sé si será el mayor porcentaje, pero es cierto que está lleno de violadores de menores. En cualquier diario salen esas noticias, ¿no han visto?
John: -Esas son noticias tendenciosas, falsas. Lo hacen para vender más, así de simple.
Marcelino: -¡Por supuesto! Ahí hay una campaña de desprestigio para golpear a la Iglesia. Y no me extrañaría para nada que haya elementos subversivos tras toda esa operación.
Tom: -Pero es una realidad que no se puede negar. ¿No leen los diarios o no ven televisión ustedes? Eso es una verdadera inmoralidad: los curas católicos se la pasan hablando de moral y son los principales violadores de niños. ¿Cuántos curas no tienen hijos por ahí? Hasta de Juan Pablo II se dijo que dejó embarazada una mujer cuando era joven. Después, por supuesto, de eso no se habló más. ¿No se acuerdan?
John: -¡Se dicen tantas cosas por los medios…! No podemos creer ni la cuarta parte de todo lo que ahí se dice.
Tom: -¿O sea que todo lo que nos hacen consumir los medios es basura?
John: -No me atrevo a decir todo, pero sí buena parte. Pero además, a nadie se obliga a consumirlo. Ahí está la libertad: el mercado te ofrece una variedad de cosas y tú tomas lo que quieres.
Susan: -Eso es relativo, creo. ¿Será que uno elige de verdad? Si todo, o la gran mayoría de cosas que se ofrecen, son basuras: ¿qué podemos elegir?
John: -Ahí está la libertad, mi querida. Cada quien toma lo que quiere, lo que más le conviene. Nadie te obliga a ver una película o un canal de televisión. Aprietas el botoncito y cambias de canal, así de simple. Esos son los beneficios de nuestra libertad. Nadie te impone nada.
Tom: -No lo creo. No es tan sencilla la cuestión.
Marcelino: (incorporándose) -Señores, ya estamos filosofando. Y lo que menos necesitamos ahora en nuestra condición es ponernos a perder el tiempo con estas banalidades. Volvamos al plan original. ¿No es que íbamos a dividirnos tareas y a ocuparnos cada uno de alguna cosa en particular? Bueno, yo voy a ver qué encontramos para comer.
John: -De acuerdo, de acuerdo. Veamos qué hacemos por nosotros. Organicémonos.

(Se incorporan los otros tres)

Marcelino: -Propongo que nos dividamos en dos grupos de a dos y vayamos por comida, agua pura y refugio. Dejemos lo de la fogata para más tarde. Ustedes dos (señalando a Tom y a John) vayan por esta parte de la isla. Nosotros (señalando a Susan y a sí mismo) iremos por aquí. Investiguemos qué hay en esta condenada isla y nos vemos de nuevo en este punto en una hora.

Tom: -¡Muy democrático!
Marcelino: -¿Qué propondrías entonces?
Tom: -Está bien, hagámoslo así.
Marcelino: -Recorramos la "Salvadora", para darle el nombre que propusiste. ¿Contento así?
Susan: -De acuerdo.
John: -Vamos.

(Salen los cuatro, en dos parejas y por lados distintos)

Escena dos

(John y Tom, caminando, buscando frutas en los árboles)

John: -¿Alguna vez habías estado en una situación como esta?
Tom: -No, nunca. ¿Y usted?
John: -No, tampoco.
Tom: -Me pregunto cómo saldremos de aquí.
John: -Sí, en verdad lo veo complicado. Pero confío en que vamos a salir bien.
Tom: -Bueno, ojalá que sí. ¿Y qué le hace pensar en que vamos a salir bien?
John: -Dios no nos va a abandonar. Vas a ver cómo finalmente nos ayuda.
Tom: -¿Usted es muy creyente, verdad?
John: -Sí, profundamente.
Tom: -Eso sí que no termino de entenderlo: ¿cómo alguien tan religioso puede dedicarse a hacer negocios tan sucios?
John: -¿Te parece que mis negocios son sucios?
Tom: -Sí, lo son. Tal vez no en el sentido que usted sea un mafioso. Casi no lo conozco y no puedo opinar al respecto; pero me refiero al tipo de actividades que promueve. ¿No le parece contradictorio ser cristiano y organizar peleas de box o campeonatos de coito?
John: -¿Acaso dios prohíbe eso?
Tom: -No sé si los prohíbe, pero tampoco creo que los aliente.
John: -Dime algún lugar de la Biblia donde se prohíba exactamente hacer negocios.
Tom: -No lo sé; no conozco la Biblia. Nunca la leo.
John: -¿No eres creyente?
Tom: -No, en verdad que no. Pero por lo poco que sé de estos temas, me llama la atención que alguien que se tiene por persona cristiana pueda ganar dinero con actividades como esas que usted desarrolla.
John: -La verdad es que no veo por qué no hacerlo. Yo soy respetuoso de la gente, no molesto a nadie. En todo caso contribuyo con mi granito de arena para que la población se entretenga, se divierta. Y eso no está mal. Los espectáculos que monto no obligan a nadie a que los vea. El que quiere ir y pagar para verlos, lo hace por propia decisión. Y no importa si es creyente o no. ¿O acaso no te parece bien ganar dinero?
Tom: -No, claro. No digo eso. Digo, simplemente, que me parece un poco contradictorio hablar de dios y organizar cosas violentas.
John: -Son pura diversión. No hay odio de verdad.
Tom: -¿Le parece que no hay odio en una pelea de box?
John: -No, no lo hay. Los dos boxeadores terminan de amigos luego de la pelea. Todas las declaraciones previas que hacen sobre que van a matar al rival y esas caras de asesinos que ponen, son parte del montaje. No hay odio de verdad
Tom: -O sea que está reconociendo que hay un montaje.
John: -Por supuesto. La industria del entretenimiento es pura fantasía. Pero tú dijiste que eres actor. ¿No sabes todo eso acaso?
Tom: -Claro que lo sé, pero yo no participo de esa industria. Yo actúo en otro tipo de obras. Yo intento hacer arte.
John: -¿Shakespeare y esas cosas?
Tom: -Bueno, digamos que sí.
John: -Eso es muy aburrido. La gente quiere divertirse.
Tom: -También se puede divertir con cosas de calidad. ¿Le parece bueno mostrar dos personas teniendo sexo en una cama y cobrar para ver eso?
John: -¿Tú no lo harías?
Tom: -Yo vivo haciendo el amor, muchas veces, todos los días, con pasión, pero no cobro para que me vean. Y no creo que eso pueda ser un espectáculo bello para ver por televisión. El sexo es algo genial, sublime…pero privado. ¿Cómo se va a hacer negocio de eso?
John: -Pensé que eras más avanzado. Tenía idea que todos los homosexuales eran más liberales.
Tom: -No sé qué se imaginaba de eso. ¿Qué son para usted los homosexuales?
John: -Gente que no tiene tapujos, sin tabúes.
Tom: -¿Piensa que yo los tengo?
John: -Sí, me lo estás diciendo.
Tom: -¿Por qué?
John: -Porque no te atreves a hacer el amor delante del público.
Tom: -Me parece que no me entendió. A mí no me asusta hacer el amor; lo que me parece inmoral es cobrar, ganar dinero, hacer negocio con eso. Que algo tan sublime como el sexo pueda pasar a ser negocio para que alguien, como usted en este caso, especule comercialmente…eso es lo que estoy criticando.
John: -O sea que no te atreves a hacerlo en público entonces.
Tom: -¿Usted lo haría delante de una cámara?
John: -Yo soy el empresario, no el actor.
Tom: -Pero dijo que lo que estaba preparando no era con actores sino con gente "normal". ¿O los actores no somos normales?
John: -No, claro: quise decir con gente común y corriente, gente que no estuviera actuando.
Tom: -Pero contésteme: ¿haría el amor con su esposa delante de una cámara?
John: -No sé, no me lo he planteado...
Tom: -Ah… ¡y pretende que otros lo hagan! ¿No le parece un poco… inmoral?
John: -Bueno…creo que no. Yo simplemente estoy buscando hacer un programa con voluntarios. El que quiera hacerlo, que lo haga. A nadie se va a forzar. Eso es la libertad.
Tom: -Veo que usted habla mucho de la libertad.
John: -Porque creo mucho en ella. Soy un ferviente defensor de la libertad.
Tom: -Pero hace un rato dijo que no le parece bien que yo me acueste con un varón…
John: -Una cosa es libertad, otra libertinaje.
Tom: -O sea que puede llamar a una pareja para que fornique delante de una cámara, grabar eso, venderlo, ganar dinero con la desnudez de otros, pero no le parece moral que yo elija un varón para hacer el amor.
John: -Así lo quiso dios, mi querido…
Tom: -¿De dónde sacó eso?
John: -Te repito: la Biblia lo dice.
Tom: -Me parece que usted usa la Biblia como le conviene. ¿Y será que allí también se autoriza a hacer negocios como los suyos?
John: -Por supuesto. En ningún lado los prohíbe. Al contrario: los alienta. ¿O vas a decirme que dios está en contra de hacer negocios?
Tom: -Creo que la única libertad de la que usted sabe es… la estatua de la Libertad.
John: -¿La conoces?
Tom: -Sí, y me parece espantosa.

(Dejan de hablar porque se escucha el aullido de un mono en la copa de un árbol).

John: -Mira, parece que ahí hay unos monos.
Tom: -¿Estarán haciendo el amor? ¿Qué tal si los filma y lo presenta como película?
John: -No es mala idea. Pero ahora estamos en otra cosa. ¿Te atreverías a cazarlo para comer?
Tom: -No, yo no. ¿Y usted?
John: -Esteee… sí, lo haría. Pero no tengo con qué.
Tom: -¿Y si probamos con piedras?
John: -No creo que resulte… ¡Pero quizá el militar tenga armas! ¡Vamos a decirle que aquí hay comida! ¿Dónde se habrá metido este hispano de mierda?
Tom: -No creo que haya podido subir al avión con un arma. Y menos aún, si la hubiera tenido, que le haya quedado después del accidente.
John: -Bueno, pero al menos ya sabemos que en la isla tenemos algo que comer. Vamos a avisarles que encontramos algo. Vamos, vamos.
Tom: -Pero… ¿vamos a comer mono?
John: -¿Y qué otra cosa si no? ¿O nos comemos entre nosotros?
Tom: -No, claro… Es que… me da un poco de asco tener que comer eso.
John: -No hay otra cosa, mi querido. Es la pura sobrevivencia.
Tom: -Sí, es cierto. De acuerdo, vamos por los otros.
John: -Sí, vamos.

(Salen)

Escena 3

(Susan y Marcelino, caminando, buscando frutas en los árboles)

Marcelino: -¿Saldremos vivos de esto?
Susan: -¡Espero que sí!
Marcelino: -Me pregunto cuánto tiempo tendremos que pasar en esta isla.
Susan: -Sí… eso me preocupa. ¿Usted piensa que vendrán por nosotros?
Marcelino: -No lo sé… Es probable que manden a investigar qué pasó con el avión, pero es muy difícil que sepan que estamos en una isla perdida, sin señalización. Me parece que vamos a tener para un buen tiempo aquí.
Susan: -¡Uyyy! ¡Por dios! ¿Y qué vamos a hacer?
Marcelino: -Resistir.
Susan: -Usted habla muy militarmente.
Marcelino: -¡Soy militar!
Susan: -Sí, claro… Lo que quiero decir es que… me asusta tener que pensar que vamos a estar mucho tiempo aquí en una situación como esta. Hubiera sido mejor si nos moríamos todos en el accidente y listo.
Marcelino: -Bueno, yo prefiero seguir vivo. Ya veremos cómo nos las arreglamos, pero al menos estamos vivos.
Susan: -¿Piensa en sus hijos?
Marcelino: -¿Por qué me preguntas eso?
Susan: -Se me ocurre que quien tiene hijos debe pensar mucho en ellos en momentos como este.
Marcelino: -Sí, sin dudas. ¿Tú no tienes hijos, verdad?
Susan: -No.
Marcelino: -Tienes razón: en momentos límites uno se acuerda de lo que más quiere.
Susan: -….
Marcelino: -Es la segunda vez en mi vida que estoy en una situación así. Y la vez pasada también pensaba en mis hijos todo el tiempo…. Para ese entonces sólo tenía dos.
Susan: -¿También estuvo perdido como ahora?
Marcelino: -Más o menos. Estuve secuestrado por la guerrilla en plena selva.
Susan: -Pero pudo salir.
Marcelino: -Sí, felizmente. Y recuerdo que lo que me mantenía con esperanzas era pensar en mis hijos.
Susan: -Bueno, yo no tengo la sensación de ser madre.
Marcelino: -……
Susan: -Y quizá no la vaya a tener nunca en la vida.
Marcelino: -¿Por qué lo dices?
Susan: -Preferiría no tener hijos.
Marcelino: -Te pierdes de algo muy bello.
Susan: -No lo sé. Es una responsabilidad demasiado grande.
Marcelino: -¿Por qué lo dices, si nunca tuviste uno?
Susan: -Una vez estuve embarazada.
Marcelino: -¿Lo perdiste?
Susan: -No. Aborté.
Marcelino: -Eso está mal.
Susan: -¿Y cómo puede saberlo? ¿Cómo puede un varón decir algo así? ¡Esa fue una decisión mía y nadie tiene derecho a meterse en esas cosas!
Marcelino: -Aunque sea tu vida, abortar está mal.
Susan: -Pero, ¿por qué?
Marcelino: -Nosotros no podemos terminar una vida que dios creó.
Susan: -¿No es militar usted? ¿Para qué usa las armas si no es para terminar vidas?
Marcelino: -Eso es distinto.
Susan: -No veo que sea distinto. ¿O es menos criminal matar en combate que matar a un feto?
Marcelino: -O sea que ¿estás de acuerdo con que abortar es matar?
Susan: -Sí, claro. ¿Cómo negarlo? Es matar, tanto como se puede hacer en la guerra.
Marcelino: -….
Susan: -Y me imagino que usted habrá matado más de una vez.
Marcelino: -Sí.
Susan: -¿Y se siente bien con eso?
Marcelino: -Mira, matar nunca es algo bello. Pero cuando uno es militar y defiende algo con convicción, te puedo asegurar que entiende la muerte de otra manera. A veces, hasta es necesaria.
Susan: -¿Que la muerte sea necesaria? Mmm, no lo creo…
Marcelino: -Cuando estás en guerra te aseguro que es así.
Susan: -Claro, porque si uno no mata, lo matan a uno… Pero de ahí a que sea necesaria….
Marcelino: -Tendrías que estar en guerra para entenderlo.
Susan: -No lo creo. Matar es siempre matar. No hay mucho más que decir al respecto.
Marcelino: -¿Y si te atacan? ¿Y si uno está preparado para defender a la gente y viene una agresión? ¿Para qué crees que estamos los militares? ¡Para defender a la patria! Matar en defensa propia es totalmente legítimo.
Susan: -No lo creo, de verdad que no.
Marcelino: -¿No te defenderías si te atacan?
Susan: -Sí, claro…
Marcelino: -Bueno, ¿y qué crees que hacemos nosotros? Simplemente cumplimos con nuestro deber de defender las cosas que amamos.
Susan: -….
Marcelino: -Es como defender a los hijos. ¿Tú crees que a mi me gusta apretar un gatillo sabiendo que al otro lado cae un muerto?
Susan: -….
Marcelino: -Por supuesto que no. Pero tengo que hacerlo. Es mi deber.
Susan: -¿Y quién le pide que cumpla con ese deber?
Marcelino: -Mi patria, mis hijos, la historia….
Susan: -No le digo: todas estas cosas militares suenan…. ¿cómo decirlo?, marciales, muy marciales. Parecen hechas para un acto patriótico de la escuela: banderitas, banda de música y todas esas cosas.
Marcelino: -No se te ve muy patriota a ti.
Susan: -En verdad que no.
Marcelino: -Deberías pensarlo.
Susan: -¿Pensarlo? ¿Por qué?
Marcelino: -¿No crees en los valores de tu patria?
Susan: -Sinceramente…: no.
Marcelino: -¿Y en qué crees?
Susan: -Buena pregunta…. ¿En qué creo?.... No lo sé. ¿Usted en qué cree?
Marcelino: -Ya te lo dije: en mi patria, en dios, en mi familia.
Susan: -¿No tiene amante?
Marcelino: -¿Por qué me preguntas eso?
Susan: -Casi todos los varones lo hacen; al menos en Latinoamérica. Y me parece que entre los militares es muy típico, ¿no?
Marcelino: -No sé de dónde sacas eso.
Susan: -Le repito que soy una amante de Latinoamérica; estuve ahí un par de veces, conozco un poquito la zona; hasta me gustaría vivir allí alguna vez. Y no va a poder negarme que los varones son bastante mujeriegos.
Marcelino: -Los habrá, tal vez.
Susan: -¿No es su caso?
Marcelino: -No, por supuesto.
Susan: -¿Y sus compañeros no lo son?
Marcelino: -¡Mira lo que me estás preguntando! A ellos deberías preguntarles en todo caso, no a mí.
Susan: -Pero me parece que usted es uno de ellos, igual a todos, por eso se lo digo.
Marcelino: -Te equivocas.
Susan: -Bueno, quizá… Yo, incluso, hasta lo veo guapo.
Marcelino: -….
Susan: -¿Se asusta que se lo diga?
Marcelino: -¿Asustarme? No, ¿por qué?
Susan: -Porque en general las mujeres no le dicen eso a los varones en la cara.
Marcelino: -Es cierto. ¿Y cómo es eso de que te parezco guapo?
Susan: -Bueno… es bien parecido. Me imagino que debe hacer bastante ejercicio físico, porque se lo ve bien mantenido.
Marcelino: -¿Tú crees?
Susan: -Le aclaro que no me gustaría como persona. No me llama la atención alguien que acepta la muerte con tanta naturalidad.
Marcelino: -¿Pero te gusto o no te gusto?
Susan: -Es que una persona gusta no sólo por su aspecto físico.
Marcelino: -Entonces… ¿no te gusto porque soy militar?
Susan: -No dije eso precisamente.
Marcelino: -Pero seguro que es lo que piensas.
Susan: -En parte, sí. No me gusta lo que se relaciona con la violencia.
Marcelino: -¿Eres una pacifista?
Susan: -También maté.
Marcelino: -¿Te refieres al aborto? Eso es distinto. Pero sí, tienes razón: también es un asesinato.
Susan: -O sea que…. los dos somos asesinos…
Marcelino: -Bueno… yo no diría eso. Creo que son cosas distintas.
Susan: -Según su parecer, entonces, usted mata para defender no sé que cosa, la patria, la familia… Entonces ¿yo sería la asesina por haber abortado?
Marcelino: -¿Te consideras una asesina?
Susan: -Por lo que veo, usted no se considera un asesino por haber matado gente en guerra. ¿Debería considerarme yo la asesina?
Marcelino: -No soy yo quien lo está diciendo, sino tú.
Susan: -¿Me considera una asesina?
Marcelino: -No dije eso.
Susan: -Pero estoy seguro que lo piensa.
Marcelino: -Está bien, ya que me lo preguntas de esa manera: sí. Abortar está mal, y es una forma de matar a alguien que no puede defenderse.
Susan: -La gente que usted mata en guerra puede defenderse, claro. ¿Esa es la diferencia?
Marcelino: -Creo que sí.
Susan: -Parece muy convencido de lo que dice.
Marcelino: -Es que lo estoy. Si no, no podría empuñar un arma.
Susan: -Alguna vez escuché que alguien definía a un militar como alguien que no duda. Por lo que veo, es así. ¿Usted nunca duda?
Marcelino: -Muchas veces. Pero hay cosas en las que no tengo dudas.
Susan: -Quiénes son los malos y quiénes son los buenos. Eso lo tiene claro.
Marcelino: -….
Susan: -Pero habrá gente que piensa lo contrario quizá. ¿Habría que matarlos?
Marcelino: -Creo que estamos filosofando, y nosotros habíamos salido a buscar comida, ¿no? Mejor pongámonos a hacer eso, creo yo. Mira, ahí se ven unas frutas. Voy a buscarlas.

(Recoge algunas frutas y las envuelve con la camisa)

Susan: -¡Y allá parece haber una pequeña laguna!
Marcelino: -Sí, es cierto. ¡Buen descubrimiento! Bueno, con eso ya tenemos para sobrevivir por unos días. Vamos a avisarles a los otros que encontramos agua.
Susan: -Sí, vamos, vamos.

(Salen)

Escena 4

(Susan, John, y Tom durmiendo en la playa. Marcelino está haciendo gimnasia). Los varones están barbudos, y los cuatro tienen la ropa un poco rota)

Marcelino: -Uno, dos, uno, dos, uno, dos…
John: (desperezándose)-¿No te cansas nunca de entrenar?
Marcelino: -No… Uno, dos, uno, dos…
John: -¿Por qué los militares tienen que estar siempre en buen estado? Porque no son ustedes, los oficiales, quienes van a la guerra, ¿vedad?; para eso están son los soldaditos, ¿no es así, Marcelino?
Marcelino: (deja de hacer gimnasia) -Mire, no sé quién le habrá dicho eso, John. Yo siempre fui a combatir, estuve en la montaña. Vea usted (arremangándose el pantalón). ¿Cree que esta herida es de juguete?
Susan: (despertándose bruscamente) -¿Te hirieron en combate?
Marcelino: -Sí, ¿te sorprende?
Susan: -Un poco. Nunca me imaginé que te hubieran herido.
Tom: (despertándose) -Así que nuestro Superman también es humano, y lo pueden herir…
Marcelino: -Mira, tú, maricón de mierda: ¡si me sigues provocando te voy a romper la nariz de un manotazo!
John: -¡Tranquilo, hombre! ¡Tranquilo! Y tú, Tom: deja de provocar.
Tom: -¿Acaso yo estoy provocando?
Susan: -Sí, Tom: me parece que lo provocas innecesariamente.
John: -Es que ya estamos desesperados todos… Pero tenemos que seguir unidos, mis amigos. Confío en que ya vendrán por nosotros. Mientras tanto, no nos debemos pelear.
Marcelino: -Ustedes vieron que no fui yo el que comenzó la pelea. Creo que tiene razón John: estamos hartos de esta vida que estamos llevando, pero hay que soportarnos un poco más todavía. Aunque te voy a pedir, Tom, que no me provoques más. Y te lo pido de buenas maneras. Mira que no quiero enojarme.
Tom: -¿Te ofendiste con lo que te dije?
Marcelino: -Me río de lo que me dices, pero mejor no me provoques. Y estoy hablando en serio.
Susan: -¡Muchachos, por favor! No se peleen. Tratemos de convivir en paz.
John: -Eso, eso… Tratemos de convivir en paz.
Susan: -¿Cuánto llevamos aquí? ¿Dos meses, verdad?
Marcelino: -Creo que más.
John: -La "Salvadora" nos salvó al principio, pero creo que ya nos está empezando a dejar morir.
Susan: -No diga eso, John. Confiemos en que vamos a salir bien de aquí.
Marcelino: -¿Y si nos separamos y vivimos en grupos de a dos?
John: -¿Y eso? ¿De dónde sacas esa idea?
Marcelino: -No sé, es algo que se me ocurre… Quizá nos podríamos llevar mejor en parejas, porque así, por lo que veo, son puras peleas.
Tom: -Tú te pelearás; nosotros estamos en paz.
Susan: -Bueno… más o menos, Tom. Porque veo que tú no lo aguantas mucho que digamos a Marce.
Tom: -Marcelino querrás decir.
Susan: -Es una forma cariñosa de llamarlo.
Tom: -¿Y desde cuándo eres cariñosa con Superman?
Susan: -¿Por qué no podría serlo?
John: -¡Aha! ¿Con que tenemos parejitas y alianzas entonces?
Marcelino: -¿De qué están hablando? (Dirigiéndose a Tom): ¡Y yo no me llamo Superman!, ¿escuchaste maricón?
Susan: -Ay, no: perdón. (Dirigiéndose a Tom): ¿Ves lo que lograste con tu provocación?
Tom: -¿Qué te pasa a ti ahora? ¿Desde cuándo lo defiendes a nuestro King Kong?
Marcelino: -Escucha, bolsita de caca: si sigues molestándome, te juro que te ahogo en el mar.
John: -¡Tranquilos, por favor, tranquilos!
Tom: -(Dirigiéndose a Marcelino) ¿A mí me estás hablando?
Marcelino: -Creo que no hay otra bolsa de caca en esta isla, ¿no?
Tom: -Susan, me extraña que puedas sentir cariño por un tipo como este.
Susan: -Por favor, Tom: termínala. Estás siendo injusto.
Tom: -¿Injusto? ¿Acaso te puede resultar atractivo un militarote bruto?
John: -Tom, de verdad me parece que estás provocando innecesariamente. Marcelino no te ha molestado.
Tom: -¿Que no? Vive diciéndome maricón.
Marcelino: -¿No lo eres?
Tom: -Ese es asunto mío.
Susan: -Sin dudas, Tom. Sin dudas. Pero eso no te da derecho a maltratarlo, a agredirlo y reírte de él.
Tom: -¿Te parece que me reí?
John: -Sí, Tom. Lo hiciste. Y veo que lo vives provocando. ¿No te cae bien Marcelino?
Tom: -Parece que todos se pusieron contra mí hoy.
Susan: -No, Tom; no es cierto. Sólo te estamos diciendo que eres innecesariamente agresivo con Marce. El se preocupa mucho por todos nosotros, también por ti, y no creo que sea justo ofenderlo.
Tom: -¿Qué te pasa? ¿Estás enamorada de él ahora? Si la vez pasada me decías que ya no lo aguantabas con sus benditas órdenes, siempre organizándonos la vida… ¿Qué te pasó ahora, Susan?
Susan: -Nada, no me pasó nada.
John: -¿Y si te hubiera pasado?
Susan: -¿Pasado qué?
John: -Bueno…. que te hubiera comenzado a atraer…
Susan: -¿De dónde sacan eso ustedes?
Marcelino: -¡Parece un teleteatro mexicano esto!
Tom: -¿Y quién será Cantinflas?
Marcelino: (incorporándose desafiante) -Mira, mariconcito de porquería. Te voy a hacer tragar tus palabras (se abalanza contra Tom).

John y Susan los separan.

Tom: -¡Bruto! ¡Animal! ¡Asesino!
John: -¡Pero muchachos! ¡Compórtense!
Susan: -De verdad, Tom. Reconoce que tú empezaste esto. El pobre Marce no hizo sino defenderse.
Tom: -¿Y ahora te pones de su lado?
Susan: -¿De qué lado, Tom? Simplemente te digo que pareces un niño travieso. Marcelino no te ataca.
Tom: -Vive diciéndome que soy un maricón.
John: -¿No lo eres acaso?
Tom: -Pero él lo dice provocadoramente. ¿No recuerdan lo que siempre dice?: que si un hijo suyo fuera homosexual, lo echa de la casa. ¿Les parece que yo me puedo aguantar tranquilo todo eso?
Marcelino: -Es que, de verdad Tom, lo echaría. Y no lo hago porque soy un monstruo. Simplemente defiendo valores en los que creo.
Susan: -Cada quien cree lo que quiera, y hay que respetarnos.
John: -Exacto. Como siempre digo: eso es la libertad.
Tom: -Me parece que están todos contra mí. Y tú, John, deja ya de estar jodiendo con tu bendita libertad.
John: -¿Qué dices?
Tom: -Sí, ya nos tienes cansado con eso de la libertad… Todo es libertad, libertad, libertad. ¿De qué libertad hablas?
John: -Pues de la libertad que nos permite vivir bien, libres, respetarnos.
Tom: -¿Pero a qué planeta te refieres? Porque aquí, viejo, no sé por dónde andará esa libertad.
John: -En mi país uno como tú puede vivir tranquilamente y nadie lo va a molestar. ¿Te parece que eso no es libertad?
Tom: -Ah… ¿se terminó la discriminación en tu país? ¿Y qué hacen con los negros?
Marcelino: -Te equivocas una vez más; ahí ya no hay discriminación. Mira, por ejemplo, el comandante que dirigió la guerra contra Saddam Hussein… ¿No era un negro acaso?
Tom: -¡Bonito ejemplo!
John: -¿Era o no era negro? Tiene razón Marcelino.
Tom: -De acuerdo. Vamos a tomar la propuesta que nos hacía recién nuestro señor militar: separémonos y vámonos a vivir en parejas. Tú, John: ¿vivirías en un costado de la isla con un maricón repugnante que no cree en dios?
Susan: -¿Por qué preguntas eso, Tom?
Tom: -Quiero ver hasta dónde llega de verdad este señor con su bendita libertad. ¡Mucha anti discriminación, claro! Pero quiero ver si en verdad se atreve a convivir con alguien a quien no tolera. ¿Te atreves a vivir conmigo en aquel costado de la isla?
John: -¿Me quieres poner a prueba?
Tom: -Sí, en cierta forma….de eso se trata.
John: -No te entiendo bien. ¿Qué quieres probar?
Tom: -Que es mentira eso de la libertad de que hablas. Puedes organizar campeonatos de coitos y hacer tener sexo en público a la gente, pero tiemblas ante un homosexual, lo aborreces, le dices que es un inmoral.
John: -¿Piensas que te tengo miedo?
Tom: -Estoy seguro.
Marcelino: -A ver, a ver: vamos por partes, como dijo Jack el destripador. (Dirigiéndose a Tom): ¿Tú estarías de acuerdo con que nos separemos en parejas entonces? ¿Se irían a vivir ustedes dos juntos?
Susan: -¡Y nosotros dos en la otra punta de la isla, Marce! Me gusta la idea.
Tom: -Yo me voy, por supuesto. ¿Qué dices tú, John?
John: -Aunque eres un manipulador asqueroso, sólo para demostrarte que no te tengo miedo y que la libertad de la que hablo existe, me voy al otro extremo de la isla.
Tom: -(Con voz sensual, provocativa): ¿Te atreverías a filmar y a difundir todo lo que vamos a hacer?
Marcelino: -Me parece que te estás metiendo en problemas, John.
John: -Espero que no.
Susan: -Pero…hablemos en serio. ¿De verdad nos atrevemos a todo esto? ¿Y qué hacemos luego?
Tom: -¿Te agarró el miedito ahora? ¡Anda, vete con tu soldadito! ¿No te parecía tan cariñoso hace un rato? ¿No dijiste que se preocupa tanto por todos nosotros? ¿Quieres marcha nupcial para la boda?
Susan: -¡No seas tonto, Tom!
Marcelino: -Bueno… ¿Lo hacemos así entonces? ¿Nos dividimos?
Tom: -Sí, sí: hagámoslo. Las dos felices parejitas, cada una por su lado.
John: -¿Quién te dijo que somos una pareja, energúmeno?
Tom: -¿Te empiezas a asustar, eh? ¿Y dónde está la libertad?
John: -Me parece que no entendiste nada. Pero para que veas que no te tengo miedo, vámonos.
Susan: -No termino de entender bien. ¿No es que debíamos estar unidos? Nos vamos a vivir en parejas, ¿y qué hacemos después?
Tom: -Cuando nos extrañemos, nos volvemos a juntar.
Marcelino: -Yo, de mi parte, podría vivir toda la vida sin volverte a ver.
Tom: -Aunque la isla tiene apenas un kilómetro, y seguramente nos vamos a seguir viendo, mi estimado.
Marcelino: -¡Lamentablemente!
John: -Y tú, Marcelino, ¿qué opinas de esto?
Marcelino: -Bueno… probemos. Ya todos sabemos cómo conseguir comida y agua dulce.
John: -De acuerdo, vivamos separados un tiempo, a ver qué resulta.
Marcelino: -Pero que quede claro que lo hacemos como prueba. Si no resulta, tendremos que seguir conviviendo y soportándonos. ¿Estamos de acuerdo?
John, Susan y Tom: -Sí, de acuerdo.

(Salen en parejas hacia lados opuestos: Tom y John, Susan y Marcelino)

Escena 5

(Susan y Marcelino, sentados en unas rocas mirando el mar)

Marcelino: -Pagaría por fumarme un cigarrillo ahora.
Susan: -Sí, sería bueno, ¿no?
Marcelino: -Momentos como este, tranquilos viendo una puesta de sol, son para disfrutarlos.
Susan: -No sé por qué, pero este lugar, estas rocas donde estamos, tienen algo de fascinante para mí. Me gustan, pero también me asustan.
Marcelino: -¿Por qué?
Susan: -Pienso que sería el lugar ideal para suicidarse… mirando el mar desde aquí arriba, dejarse caer sobre esos peñascos allá abajo… No sé, me pone melancólica…
Marcelino: -Sí, el lugar es muy bonito, sin dudas.
Susan: -¿Cuáles son las cosas que más disfrutas?
Marcelino: -Bueno…, hay muchas. Quizá la tranquilidad.
Susan: -¿Un militar puede estar tranquilo?
Marcelino: -¿Por qué no? Creo que tienes una idea equivocada de los militares. ¿Piensas que no me gusta la tranquilidad, la paz? ¿Piensas que por empuñar un arma no soy amante de la paz?
Susan: -Eso pensaba antes, pero desde que te conozco veo que no es tan así. Eres alguien sereno.
Marcelino: -Sí que lo soy.
Susan: -Sereno y muy seguro de ti mismo.
Marcelino: -Bueno, sí. Es cierto.
Susan: -Siempre pensé que si alguna vez me enamoraba de un hombre, buscaría eso: alguien que transmita tranquilidad.
Marcelino: -¿Nunca te enamoraste?
Susan: -Es difícil enamorarse.
Marcelino: -Sí, es cierto. Pero ¿nunca te pasó?
Susan: -¿Si te dijera que una sola vez?
Marcelino: -Te lo creería, ¿por qué no?
Susan: -A los varones les es más fácil enamorarse, ¿no?
Marcelino: -No lo sé. ¿Por qué lo dices?
Susan: -Porque veo que andan siempre en búsqueda de mujeres, siempre, aunque estén ya casados.
Marcelino: -Me parece que exageras.
Susan: -No, no exagero. Esa es la realidad. ¿Cuántas mujeres tuviste tú?
Marcelino: -Bueno… una sola, con la que estoy casado.
Susan: -¿Y nunca tuviste más?
Marcelino: -Me casé una sola vez, créeme.
Susan: -Sí, de acuerdo. Eso te lo creo; pero quiero decir: ¿nunca tuviste escapaditas por ahí? ¿Nunca en tu vida tuviste una relación por fuera de tu matrimonio?
Marcelino: -Te voy a ser sincero: sí. Pero… ¿para qué quieres saberlo?
Susan: -No es que me interese tu vida sentimental; pero como estamos hablando de estos temas, simplemente quería hacértelo notar.
Marcelino: -¿Hacerme notar qué cosa?
Susan: -Que los varones hacen cosas distintas a las mujeres.
Marcelino: -Bueno, sí… por supuesto.
Susan: -¿Y te parece bien?
Marcelino: -¿A qué te refieres?
Susan: -Es que cualquier varón, y no hablo sólo de los latinoamericanos, tiene mujeres por aquí y por allá, y nadie lo ve mal eso. Pero con las mujeres no es lo mismo.
Marcelino: -¿Tú crees que está bien que una mujer tenga todos los tipos que quiera?
Susan: -Si la mujer lo quiere, ¿cuál es el problema?
Marcelino: -Es que… no sé. La mujer es distinta… ¿Tú eres de esas acaso?
Susan: -¿Te da miedo pensar que hay mujeres que se rebelan ante los varones?
Marcelino: -¿Miedo? ¿Por qué habría de sentir miedo?
Susan: -Porque hay varones que piensan así: que la mujer no tiene los mismos derechos que los varones.
Marcelino: -Una cosa es libertad, otra libertinaje.
Susan: -¿Qué significa libertinaje?
Marcelino: -Pues… que se dejan de respetar valores, que se hacen mal las cosas. Hay un dicho en español que dice: "das la mano y te toman el codo". ¿Lo entiendes? Es aprovecharse, es pasarse la raya.
Susan: -O sea que la mujer tiene que estar atrás de una raya.
Marcelino: -Sí, por supuesto. Todos estamos detrás de una raya; los varones también. Eso es la vida en sociedad: existen normas que hay que cumplir.
Susan: -¿Pero quién dicta esas normas? Porque es muy fácil decir que la mujer no puede tener muchos tipos antes de su matrimonio oficial, o pretender que la mujer llegue virgen a su noche de bodas, mientras los varones hacen todo lo contrario. Eso es fácil decirlo… para los varones. Pero es bastante hipócrita, ¿no te parece?
Marcelino: -Mi mujer tuvo relaciones conmigo antes de casarse.
Susan: -¡Qué bien!
Marcelino: -Eso sí: estoy seguro que fui el único.
Susan: -¿Te enorgullece eso?
Marcelino: -Por supuesto.
Susan: -¿Y qué hubieras hecho si descubrías que no eras el primero?
Marcelino: -Seguramente no me casaba con ella.
Susan: -Pero ¿por qué?
Marcelino: -Tú eres muy preguntona, ¿verdad?
Susan: -No mucho, no mucho. Hay mujeres que preguntan mucho más.
Marcelino: -…
Susan: -¿Te molestan las mujeres preguntonas? ¿Piensas que las mujeres deben ser sumisas?
Marcelino: -No…
Susan: -¿Tienes hijas mujeres?
Marcelino: -Una.
Susan: -¿Y qué esperas de ella?
Marcelino: -Que no vaya a meter la pata.
Susan: -¿A qué te refieres?
Marcelino: -Que se sepa comportar, que no vaya a hacer una locura antes de casarse.
Susan: -¿A quedar embarazada, quieres decir?
Marcelino: -Exacto.
Susan: -Si sucediera, ¿qué harías?
Marcelino: -Bueno…no soy yo el que debería hacer, sino ella, y el tipo que la deje embarazada. Pero eso no va a suceder.
Susan: -¿Por qué no?
Marcelino: -Porque sé que mi hija es muy responsable. Ella ya es señorita y la madre le habla, le explica todo lo que una mujercita debe saber.
Susan: -¿Por qué no se lo explicas tú también?
Marcelino: -Pues para eso está la madre, ¿no?
Susan: -¿Crees que es sólo tarea de las mujeres eso?
Marcelino: -No lo sé…pero creo que ella lo hace muy bien.
Susan: -Eres de los que piensas que las mujeres se entienden entre mujeres, ¿no?
Marcelino: -Sí. ¿Y no es así acaso?
Susan: -Tú, varón, ¿no podrías entenderte con una mujer?
Marcelino: -Claro que sí. ¿Por qué no?... ¿Y no nos estamos entendiendo nosotros?
Susan: -Bueno, en realidad….sí. Contigo me pasa algo raro: aunque eres un tipo bastante distinto a mí, tienes algo que me atrae.
Marcelino: -¿Te atraigo?
Susan: -Sí…
Marcelino: -Tú también.
Susan: -….
Marcelino: -¿Cómo te sientes viviendo en esta isla desde hace ya meses?
Susan: -Te voy a confesar algo: estoy desesperada, querría que nos rescaten, sin dudas. Pero también a veces siento que es hermoso vivir así, fuera del mundo, fuera de los problemas.
Marcelino: -¿Te gusta vivir así?
Susan: -En verdad, sí.
Marcelino: -¿Lo dices en serio?
Susan: -Sí, en serio.
Marcelino: -….
Susan: -Es más: cuando veo cómo eres tú, cómo te mueves, cómo siempre te las arreglas con todo, te envidio. Me gustaría tener esa suficiencia y vivir en un lugar como este.
Marcelino: -¿Pero de verdad te gusta esto, Susan?
Susan: -Sí.
Marcelino: -….
Susan: -Me gustaría poder estar más tranquila conmigo misma; por eso creo que un lugar como éste ayuda. Aquí no tienes los problemas de la civilización.
Marcelino: -Bueno, es cierto. Pero te faltan muchas cosas.
Susan: -En realidad siento que sólo una cosa me falta. Por lo demás, estoy bien aquí.
Marcelino: -¿Qué te falta?
Susan: -Sexo.
Marcelino: -¿Lo extrañas?
Susan: -Sí….
Marcelino: -Y… ¿de verdad me lo dices?
Susan: -Sí, Marce. Yo siempre digo la verdad.
Marcelino: -¿Te gustaría un militar bruto, de esos que sólo saben dar órdenes?
Susan: -Tú me gustas como persona. Tienes algo especial….
Marcelino: -Tú también me gustas.…

(Se van acercando uno al otro. Se abrazan, se besan. Se apagan las luces del escenario).

Escena 6

(John y Tom sentados en una roca, mirando el atardecer sobre el mar)

Tom: -¿Te gusta la vida que estamos llevando?
John: -¡Para nada! ¿Cómo piensas que me podría gustar esta mierda?
Tom: -Bueno, hay que buscarle el lado agradable a todas las cosas.
John: -¿Y me puedes decir qué lado agradable tiene esta vida? Solos, perdidos en una isla desierta en el medio del mar, sin contacto con nadie… A veces pienso que hubiera sido mejor no sobrevivir al accidente.
Tom: -¿Tan mal te sientes? ¿No te ayuda en nada el hecho de ser creyente?
John: -Claro que me ayuda. Pero en verdad ya estoy al borde de mis fuerzas. No sé cuánto tiempo más voy a aguantar esto.
Tom: -¿Qué podríamos hacer entonces?
John: -Nada… Esperar, sólo eso.
Tom: -¿Te acuerdas cuando decíamos de hacer hogueras?
John: -Bueno, las hicimos varias veces…
Tom: -Parece que no sirvió de mucho, ¿no?
John: -A veces pienso que no vamos a salir nunca de esto. Que vamos a terminar muriéndonos en este lugar.
Tom: -¿Piensas en la muerte?
John: -No mucho, pero me asusta saber que quizá no salgamos nunca de aquí.
Tom: -¿Qué es lo que más extrañas?
John: -Uh… ¡tantas cosas! Ni sabría por dónde empezar a nombrarlas. Mi familia, creo. Las comodidades de la vida civilizada, mi trabajo… en fin: todo.
Tom: -….
John: -¿Y tú que extrañas?
Tom: -A mi pareja.
John: -¿De verdad?
Tom: -Sí… ¿Por qué te sorprende tanto?
John: -Es que… no sé. Realmente nunca pude entender cómo dos hombres se puedan gustar.
Tom: -La atracción es así. No es muy distinto, no es nada distinto a lo que un varón puede sentir por una mujer.
John: -¿Tú nunca sentiste nada por una mujer?
Tom: -No.
John: -¡Qué raro!
Tom: -¿Y tú nunca sentiste nada por un varón?
John: -¡Mira lo que me estás preguntando! No, Tom, definitivamente no. Siempre me gustaron las mujeres.
Tom: -Me imagino que hoy día debes tener muchas.
John: -…
Tom: -¿No es así?
John: -¿Por qué crees eso?
Tom: -Porque todos los empresarios exitosos lo son. Y tú eres un empresario exitoso.
John: -¿Y si te equivocas?
Tom: -Pero estoy casi seguro que no me equivoco.
John: -Ah… ¡te equivocas, Tom!
Tom: -¿Vas a decirme que eres un esposo fiel?
John: -Bueno, te confieso algo. ¿Sabes por qué organizo esos concursos de coitos?
Tom: -¿Por qué?
John: -Por… venganza.
Tom: -No te entiendo…
John: -Yo no soy un mujeriego. O no lo soy ahora, al menos.
Tom: -¿Lo fuiste antes?
John: -Sí, y mucho. En mi mundillo eso es muy importante. ¿Te imaginas un triunfador sin la jovencita rubia al lado? No sé quién lo habrá inventado, pero es así.
Tom: -¿No te da un poco de asco eso?
John: -No, ¿por qué?
Tom: -¿En qué lugar se coloca a la mujer ahí?
John: -En el asiento del acompañante; y si tienes carro con caja manual, tu mano debe ir siempre sobre la palanca de cambios… para tener cerca sus piernas.
Tom: -¡Es asqueroso!
John: -¿Tanto asco te dan las mujeres?
Tom: -¡No, tonto! Lo que es asqueroso es tu actitud.
John: -No lo creo. Dices eso porque eres un marica y no sabes lo que es una mujer.
Tom: -Pero para ti el sexo, entonces, ¿es un trofeo de caza? Mira, yo no le tengo miedo al sexo; al contrario, me gusta; es, seguramente, lo que más me gusta en la vida. Pero no entiendo cómo puedes decir tan tranquilo que para ser "exitoso" debas tener una jovencita sentada al lado en tu carro. ¿Sólo para que te vean?
John: -Bueno, sí…en cierta forma, eso es.
Tom: -Y de verdad, John ¿no te parece horrible eso? ¿Qué sentirías tú si te tocara ser la mujer tonta que va sentada en tu carro?
John: -No lo sé, ni me preocupa pensarlo.
Tom: -Perdóname, pero es realmente repugnante eso.
John: -Creo que no lo entiendes…
Tom: -¿Entender qué, John? ¿Que el éxito de los varones se mide por cuántas mujeres se cogieron? ¿Llevas una lista acaso?
John: -¿Si te dijera que sí?
Tom: -No me extrañaría. Ya veo cómo piensas.
John: -….
Tom: -Con toda sinceridad, John ¿para qué llevas esa lista?
John: -Bueno… no lo sé bien. Para que no se me olviden, te diría.
Tom: -¿Y cuál es el problema si te olvidas de alguna? ¿Acaso le mandas flores a cada una para sus cumpleaños?
John: -No, no es por eso. Es como una competencia que mantenemos quienes nos queremos ver así.
Tom: -A ver, no te entiendo. ¿Cómo es que quieres verte?
John: -Exitoso.
Tom: -¿Y qué es eso? ¿Yo no soy exitoso?
John: -He conocido algunos maricas que también eran exitosos.
Tom: -¿Pero a que le llamas exitoso?
John: -A haber triunfado en la vida, a ser alguien.
Tom: -¿Triunfar? ¿Triunfar en qué?
John: -Bueno, a tener una posición económica. A ser alguien a quien respeten.
Tom: -Tú podrás tener todos los dólares que quieras, y todas las mujeres que quieras, pero no te voy a respetar por eso.
John: -Pero siempre hay, te guste o no, gente a la que se respeta más. Y yo prefiero estar entre esos. Eres grandecito ya, y sabrás que eres más respetado cuantos más dólares tengas. No creo que tenga que explicarte eso…
Tom: -¿Piensas que el éxito es tener mucho dinero?
John: -¿Tú crees que no?
Tom: -¡Qué pobreza! Eso es lo más pobre que hay en la vida, lo más pobre en términos humanos: creer que se vale por lo que se tiene.
John: -Bueno, aunque no te guste, así es la vida.
Tom: -Al menos, un tipo de vida, la que tú quieres llevar. Pero no por fuerza todos tenemos que vivir así. ¿Acaso eres exitoso porque viajas en limusina?
John: -Lo dices por pura envidia, porque seguramente nunca en tu vida te subiste a una.
Tom: -¡Ni pienso subir!
John: -Peor para ti, Tom. ¿No te gustaría viajar siempre en primera clase, con champagne y buena comida? ¿O prefieres vivir en una casa sin calefacción, o usar ropa común? ¿No te gustaría un pent house con jacuzzi?
Tom: -¿Con rubia incluida?
John: -¡Por supuesto! Veo que vas aprendiendo rápido.
Tom: -Me imagino que debes ir seguido a jugar a casinos.
John: -Sí. ¿Cómo lo sabes?
Tom: -Porque seguramente eso también hace parte del manual del exitoso, ¿no? Usar corbatas costosas y estrafalarias, joyas muy caras, perfumes refinados. ¿Ferrari o Porsche?
John: -Ferrari, toda la vida.
Tom: -Das asco, John…., das asco.
John: -Te carcome la envidia.
Tom: -Bueno, ahora entiendo por qué ya no aguantas más esta isla. ¿Perdiste muchos privilegios, verdad? Aunque… míralo por el lado bueno: estás en una paradisíaca isla tropical, tirado todo el día sin hacer nada, disfrutando el sol y la playa. ¡Como en las películas, John!
John: -¡Métete tus películas en el culo!
Tom: -Uy… ¡qué enojado!
John: -…
Tom: -¿Y por qué dijiste hace un rato que organizas los concursos de sexo por venganza?
John: -Porque yo ya no puedo tener sexo.
Tom: -¿Por qué?
John: -Porque me quitaron la próstata y perdí toda la potencia.
Tom: -Permítame que me ría, aunque suene perverso.
John: -¿Te ríes de mi desgracia, cabrón?
Tom: -No, no…No me río de eso. Me río de tu mundillo.
John: -¿Por qué no te vas un poco a la mierda, maricón?
Tom: -Mucha rubia exuberante, mucho glamour… pero es todo un circo, John. ¿Para eso quieres la Ferrari?
John: -Eres realmente un monstruo. Te lo conté no para que te burles, sino porque ya tenemos confianza. Y mira cómo te ríes. Tú eres el despreciable, Tom.
Tom: -(Riéndose) No, John, no… No me estoy riendo de ti, de tu desgracia. Me río de la situación. Es desopilante, ¿no te parece?
John: -Yo no la encuentro muy divertida.
Tom: -Pero lo es, John, lo es. En otros términos, me estás diciendo que todo ese mundillo de "éxito" del que me hablas es pura mentira. Pent house con jacuzzi y Ferrari y la rubia plástica con pechos siliconados… para después ser un eunuco. Perdóname, pero me da risa.
John: -…
Tom: -Al final disfrutan más el sexo aquellos dos, el militarote y la azafata, revolcándose en la arena de una isla perdida. Y no necesitan todos tus lujos.
John: -Pero no creo que quieran estar acá.
Tom: -Por lo que se ve, la están pasando muy bien.
John: -¿Cómo lo sabes tú?
Tom: -Porque los vi.
John: -¿Cuándo?
Tom: -Varias veces. Me pongo a caminar por la isla, que es muy pequeñita por cierto, y llego hasta el otro extremo. Y ahí están, haciéndose el amor locamente. No sé si en verdad querrían irse de aquí.
John: -¿Piensas que prefieren esto?
Tom: -No lo sé. Habría que preguntarles. Quizá les guste estar aquí.
John: -¿Y a ti te gusta seguir aquí?
Tom: -No, para nada. Ya te lo dije: extraño mis cosas, mi pareja. Yo amo el teatro, no puedo vivir sin él. Estoy harto de esto. Pero veo que tú sufres más que yo. Te acostumbraste demasiado a tus lujos.
John: -¿Tiene algo de malo eso?
Tom: -Un poco. Eres de los que debe dejar el chorro del agua abierto todo el tiempo, y cambias el agua de tu piscina todas las semanas, y riegas el jardín sin importarte cuánta agua consumes. Quiero decir: eres de los que se cagan en los otros. Te interesa tu agua, y mientras tú la tengas, el mundo no existe. Aunque el agua es de todos, recuérdalo. Tú tienes tu pent house y tu carro lujoso por otros, John, no lo olvides, porque otros trabajan para tí. Por eso me resulta… ¿cómo decirlo?... simpático, el hecho que en algo se te venga un poco abajo el mundo, ese mundo ficticio del poder, del glamour.
John: -Eres despreciable.
Tom: -Quizá tú eres el despreciable.
John: -Mira, si no fuera porque tenemos que sobrevivir los cuatro en esta maldita isla, te rompería la cabeza de un piedrazo.
Tom: -Atrévete.
John: -No me provoques, maricón.
Tom: -¿Y quién dice que podrías romperme la cabeza?
John: -¿Quieres que lo haga?
Tom: -De pronto podría ser yo quien te la rompa.
John: -¿Me desafías?
Tom: -¿Te crees que porque soy homosexual no me sé defender?
John: -No sabes ni cómo se agarra un palo.
Tom: -¿Quieres ver?

(Tom agarra una piedra del suelo y se acerca desafiante. John comienza a correr).

John: -Espera, Tom. Era una broma.
Tom: -¿Me vas a poner también en tu listita de amoríos? Ven, hazme el amor, eunuco.
John: -Tranquilo, Tom. Era una broma.
Tom: -¡Vas a ver, desgraciado!

(Salen corriendo, Tom persiguiendo a John)

Escena 7

(Susan y Marcelino abrazados, haciendo el amor semidesnudos. Llega corriendo John, perseguido por Tom. John con grandes muestras de fatiga)

John: -¡Socorro! ¡Me quiere matar!
Marcelino: -¿Pero qué sucede?
John: -¡Por favor, ayúdenme! Este loco me quiere matar.
Susan: -Tom, ¿qué pasa? ¿Qué haces con esa piedra en la mano?
Tom: -Me defiendo. Fue él quien me amenazó, y tuve que agarrar una piedra para detenerlo. Luego empezó a correr el muy cochino.
John: -¡Mentira! Es él quien quiere agredirme…. ¡Ay!, me siento mal. (Comienza a desmayarse. Cae al piso).
Marcelino: -¿Qué sucede, John? ¡Vamos, arriba!
Susan: -¡Es un paro cardíaco!
Tom: -¡Hagamos algo!

(Marcelino intenta reanimación cardíaca. Tom y Susan gritan ante la situación. John muere).

Marcelino: -¡Vamos, John! ¡No te nos vayas! (sigue intentando desesperadamente la reanimación cardíaca).
Tom: -¿Murió?
Marcelino: -No hay nada que hacer…
Susan: -¿Qué vamos a hacer ahora?
Tom: -¿Fue mi culpa?
Marcelino: -¿Qué fue lo que pasó?
Tom: -Discutimos. El me provocó, y lo empecé a correr.
Susan: -¿Y por qué discutieron?
Tom: -No sé, nos acaloramos. Siempre provocándome este…. No sé si fue buena idea dividirnos para vivir en grupos separados. ¡Mira cómo terminamos!
Marcelino: -Al menos no vas a ir preso aquí…
Tom: -¡Pero yo no lo maté!
Susan: -Tranquilo, Tom. Está bromeando…
Marcelino: -¿Te sientes culpable?
Tom: -No sé… Sé que no lo maté, por supuesto… Pero como justo habíamos discutido, y estábamos peleando… Me hace sentir mal todo esto.
Susan: - Tranquilo, Tom, de verdad. No eres culpable directamente.
Marcelino: -Si estuviéramos en la civilización, te denunciaría.
Tom: -¡Pero yo no hice nada!
Marcelino: -¡Eres un asesino!
Tom: -¡No!
Susan: -Creo que exageras, Marce. El no tuvo intención de matarlo.
Marcelino: -No lo sabemos. Además, delante de un juez habría que aclararlo bien. El pobre John venía huyendo. Eso quiere decir que estaba defendiéndose. Es decir: escapaba a un ataque. Lo que cuenta es la intención. Y este maricón no venía con buenas intenciones, sin dudas. ¿Para qué traía una piedra en la mano? Si no, el pobre John no hubiera estado corriendo.
Susan: -Tal vez… pero no creo que realmente Tom tuviera intención de matarlo. (Dirigiéndose a Tom). ¿Para qué lo corrías?
Tom: -(Turbado). No lo sé bien. Creo que quería asustarlo.
Marcelino: -Lo asustaste demasiado.
Tom: -Pero…yo no quería esto. Yo no quise matarlo…
Marcelino: -Todos dicen lo mismo. Pero lo corriste con un arma. Eso es lo que cuenta.
Tom: -¿Qué quieres decirme con eso? ¿Me consideras culpable?
Marcelino: -¿Piensas que no lo eres?
Susan: -Tranquilízate, Tom. Nadie te va a meter preso aquí.
Marcelino: -Te aseguro que ganas no me faltan.
Susan: -¡Ay, Marce! No lo agredas más al pobre. El no es culpable.
Marcelino: -Mira, mi amor. A estas basuras hay que tratarlas como se merecen. Desde que estamos perdidos en esta isla lo único que hizo fue provocarnos, desunirnos. Y ahora terminó matando a uno de nosotros. ¿Con quién seguirá?
Tom: -(Casi llorando) ¡No, Marcelino! Te equivocas. Yo no voy a matar a nadie. Yo soy pacífico.
Marcelino: -¡Mataste a uno de nosotros!
Tom: -(Se pone de rodillas) ¡Por favor, no! Yo no soy un asesino. Quiero vivir en paz con ustedes.

(Susan se acerca hacia Tom para abrazarlo)

Marcelino: -¡No lo toques, Susan! No se lo merece.

(Susan se detiene y retrocede)

Tom: -(De rodillas, lloriqueando). ¡No, por favor! Yo los amo.
Marcelino: -¡Asesino! (Dirigiéndose a Susan). Ven, mi amor, dejemos a este.

(Salen Marcelino y Susan. Tom queda arrodillado, llorando. Se acerca al cadáver de John)

Tom: -¡Perdón, John, perdón! No lo quise hacer…

(Sigue llorando. Se apagan las luces)

Escena 8

(Susan, Marcelino y Tom, en harapos, sentados en la misma roca de la escena 5 mirando el mar)

Tom: -¡Qué vida de porquería la que estamos llevando!
Susan: -Es cierto…
Marcelino: -Se les ve desanimados hoy. Vamos, muchachos. ¡Arriba ese ánimo!
Susan: -En estas condiciones no es muy fácil tener ánimos.
Marcelino: -La esperanza es lo único que no hay que perder.
Tom: -Eso se dice fácil. ¡Pero mira cómo estamos! ¿Tú sigues teniendo esperanzas?
Marcelino: -Por supuesto. Hay que saber encontrarle el lado positivo a las cosas.
Susan: -La verdad, no le encuentro nada positivo a esto que nos está pasando. ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? Ya perdí la cuenta.
Tom: -Ya son varios meses. No sé: como cuatro creo yo.
Marcelino: -Esta es la semana 33; las llevo contadas.
Susan: -33… ¡La edad de Cristo!
Tom: -La edad de Cristo cuando tenía 33 años; porque alguna vez habrá tenido otra edad, ¿no? ¿O nunca tuvo 20 años, o 15, o 7?
Marcelino: -Es una forma de decir, estúpido. La edad de Cristo, cuando murió. Eso es lo que significa.
Tom: -¡Perdón, mi coronel!
Marcelino: -Algún día, vas a ver, te voy a terminar ahorcando. Y no hablo en broma.
Susan: -No empiecen de nuevo con sus peleas, ustedes. ¡Por favor!
Marcelino: -No, mi amor. Yo no me quiero pelear. Lo que pasa es que cada día aguanto menos las provocaciones de este.
Tom: -Yo no te provoco, te equivocas. Yo quiero vivir en paz contigo.
Marcelino: -Pero tienes una muerte pendiente…
Tom: -Sabes que no es cierto. Yo no maté a nadie; John murió solito.
Marcelino: -Si estuviéramos en la civilización, pagarías muy caro eso. Con un viejo millonario como ese no hay que jugar.
Tom: -Mira, primero: yo no lo maté. Sólo discutimos, y él murió de un paro cardíaco. Pero además, ¿qué tiene que haya sido un millonario?
Marcelino: -¿Todavía no lo entiendes? Con gente como él no hay que meterse, hay que saber respetarlos.
Tom: -Todos tenemos que respetarnos. ¿O a él hay que respetarlo más por sus millones?
Marcelino: -No entendiste nada.
Tom: -¿Qué es lo que no entendí? ¿Que a estos altaneros llenos de dólares hay que ponerles una alfombra roja para que pasen? Mira, él no era más que nosotros.
Marcelino: -Tenía lo que tú nunca vas a tener en tu vida: dinero, poder.
Tom: -Me cago en todo eso, Marcelino. Perdón: señor coronel. Me cago en esos millones, señor coronel; en sus palos de golf y en sus Ferrari. ¿Tú crees que yo aspiro a esas cosas? ¿Tú crees que yo puedo respetar a alguien que se cree superior a otros por sus millones, porque es blanco, porque te mira altanero desde su oficina en un pent house? ¿Sabes cómo te trataba a ti cuando tú no estabas? "Hispano de mierda"; así te decía. ¿Tú crees que yo voy a respetar a una mierda que organiza peleas de box para ganar dinero? Más bien me resulta despreciable alguien así…Y encima de todo: sin próstata, rodeado de mujeres sólo para disimular.
Marcelino: -Hablas por la envidia.
Tom: -¿Envidia de qué?
Marcelino: -De lo que tú no puedes ser.
Tom: -¿Y quién te dijo que yo quiero ser así?
Marcelino: -Si tuvieras su poder no pensarías de ese modo.
Tom: -Yo no quiero ese poder. Quiero, en todo caso, una próstata que me funcione, y no tener que disfrazarme de "exitoso" fotografiándome con una modelo para que vean que todavía se me para, que soy todo un macho triunfador.
Marcelino: -Es la envidia, Tom. Por eso hablas.
Tom: -Creo que el que no entendió nada fuiste tú.
Susan: -De verdad, por favor muchachos. Se los ruego: no más peleas. Estoy cada vez más desesperada, y no quiero más peleas encima. ¡Ya no aguanto más!
Marcelino: -¿Más desesperada? ¿Pero qué te pasa?
Susan: -¿Todavía lo preguntas? Mira cómo estamos. ¿Qué cosa buena nos ha pasado en todo este tiempo?
Marcelino: -Bueno…nos conocimos, nos gustamos, estamos viviendo esta… ¿cómo llamarla?, esta…luna de miel. Claro que no son las mejores condiciones, por supuesto. Pero como te decía: busquémosle el lado bueno a la desgracia. ¿O no te gusta estar conmigo?
Susan: -No, claro. No es eso: me gusta estar contigo. Creo que me enamoré, lo reconozco. Pero ¿te parece agradable lo que estamos viviendo? ¿Cuándo vamos a salir de aquí?
Marcelino: -Es cierto: estamos perdidos en el medio de la nada. Pero de nosotros depende que lo hagamos un paraíso…o un infierno.
Tom: -Para mí esto es un infierno.
Marcelino: -Tampoco voy a decir que esto sea perfecto, no, por supuesto. Pero mientras esperamos que suceda el milagro del rescate…hay que tratar de pasarla lo mejor posible, ¿no?
Tom: -¡El milagro! Sólo de milagro nos podríamos salvar. Y, lamentablemente, los milagros no existen, coronel.
Marcelino: -No perdamos las esperanzas.
Susan: -Yo creo que ya las perdí.
Marcelino: -¿Pero qué te pasa, mi amorcito? ¿Por qué estás tan negativa?
Susan: -Es que…
Marcelino: -…
Tom: -…
Susan: -Es que…
Marcelino: -¿Qué, Susan? Anda, dilo.
Susan: -Hay algo horrible…
Marcelino: -No te entiendo… ¿qué sucede?
Tom: -¡Cuánto misterio! Vamos, querida: ¿qué quieres decirnos?
Susan: -Es que hace ya dos meses que no me viene la regla.
Marcelino: -¡Por dios! ¿De verdad?
Susan: -…
Tom: -¡Ay, mi querida! ¿Y qué vas a hacer?
Marcelino: -¿Estás segura?
Susan: -(Comienza a llorar). No sé qué hacer. Estoy desesperada.
Marcelino: -(Tratando de abrazar a Susan). Mi amorcito…
Susan: -No, suéltame.
Marcelino: -¿Pero qué te pasa, mi amor?
Susan: -Quiero estar sola, querría estar en otro lado, en mi casa, sola, tranquila. ¡Por favor, basta!
Tom: -Animo, mujer. Aquí estamos nosotros para ayudarte en lo que podamos.
Susan: -Gracias, pero… ¿cómo podrían ayudarme?
Tom: -Estando contigo, Susan. Así de simple. Cuenta con nosotros.
Marcelino: -¿Y cómo estás tú, querida? ¿Qué piensas?
Susan: -Yo ya no pienso… Lo único que quiero es desaparecer.
Marcelino: -Bueno, pero tampoco es seguro que estés embarazada. Quizá es un atraso simplemente…
Susan: -¿Te parece que estoy como para soportar algo así en estas condiciones?
Marcelino: -No, claro. Te entiendo, Susan; pero tratemos de sobrellevarlo de la mejor manera posible.
Susan: -¿Qué me estás sugiriendo? ¿Qué no le dé importancia?
Marcelino: -No, no, de ninguna manera. Yo no dije eso.
Susan: -¿Qué hago entonces? ¿Me tiro por ese acantilado?
Tom: -Ay, mi querida. ¡Por favor no digas esas cosas!
Susan: -De verdad que lo estoy pensando.
Marcelino: -¡Por favor, Susan!
Tom: -No, corazoncito. No puedes hacer algo así. Tranquilízate, no te precipites.
Susan: -Es muy fácil decir esas cosas desde afuera. Pero pasarlas uno mismo, tener que vivirlas… Me gustaría ver qué harían ustedes en esta situación.
Marcelino: -Tiene razón lo que dice Tom: no debes precipitarte, Susan. Tranquilízate ante todo.
Susan: -Pienso que lo mejor es saltar desde aquí, y asunto terminado.
Marcelino: -Tranquila, Susan. Por favor, tranquilízate. ¿No te gustaría tener un hijo?
Susan: -¿Tú estás loco? No sé si lo querría viviendo en el medio de Nueva York; ¿cómo habría de quererlo aquí, en una isla perdida de donde no vamos a salir nunca?

(Susan se pone de pie y está lista para saltar desde las rocas. Marcelino y Tom se paran e intentar detenerla)

Marcelino: -¡No, no lo hagas!
Tom: -¡No, Susan!
Marcelino: -Por favor, Susan. Piénsalo bien. Tranquilízate. Vas a ver cómo todo se podrá arreglar. Quizá nos salven pronto.
Tom: -Sí, mujer, seguro que se arreglará. Vamos, ven aquí. Tranquila…

(Marcelino y Tom se van acercando a Susan. Este comienza a llorar)

Marcelino: -Tranquila, mi amor. Tranquila. Ven con nosotros.
Tom: -Sí, ven aquí.

(Susan va accediendo a los pedidos de Tom y Marcelino. Se deja agarrar por ellos dos, y siempre llorando se aleja de las rocas)
Marcelino: -Así me gusta, mi amor. Está tranquila, ven.
Tom: -Ven aquí, hermosa. Vamos, tranquilízate un poco.

(Los tres se van caminando lentamente alejándose de las rocas. Marcelino abraza a Susan. De pronto, Susan sale corriendo y se arroja desde las piedras cayendo al mar. Se apagan las luces)

Escena 9

(Marcelino caminando en círculo, nervioso, Tom sentado bajo una palmera, totalmente harapientos y barbudos los dos)

Tom: -Bueno, ahora estamos empatados.
Marcelino: -¿A qué te refieres?
Tom: -Si yo tenía una muerte a mis espaldas, ahora tú también tienes una.
Marcelino: -Yo no maté a nadie.
Tom: -Agregaría que no sólo una: dos. Murió embarazada.
Marcelino: -No me puedes acusar de nada.
Tom: -Como tú tampoco puedes acusarme de la muerte de John.
Marcelino: -Eso es distinto.
Tom: -Sin dudas. El me estaba provocando; yo no hice nada para que él muriera. Pero tú sí lo hiciste con Susan.
Marcelino: -¿Qué hice yo?
Tom: -La dejaste embarazada.
Marcelino: -¿Quieres decir que fui yo quien la mató? Ella saltó sola, se desesperó y se suicidó. ¿Qué podía hacer yo para impedirlo? Tú estabas ahí también, y en todo caso éramos dos los que podríamos haberlo evitado. Ninguno de los dos pudo hacer nada, te consta.
Tom: -Pero si la pobrecita saltó, fue por lo que tú le habías hecho antes.
Marcelino: -¿Quieres decir que yo tengo la culpa de su muerte? Hicimos el amor, sí, claro. Estábamos pasando un buen momento, encontrándole algo de felicidad a esta vida de mierda que nos tocó vivir. Yo no me puedo sentir responsable por su muerte. Hasta te diré algo: me hubiera gustado tener ese hijo.
Tom: -¿Sí?
Marcelino: -Sí, pensándolo bien: sí. Es linda la paternidad.
Tom: -Estás loco… ¿En estas condiciones?
Marcelino: -Bueno, claro… no hubiera sido fácil.
Tom: -¡Hubiera sido una locura!
Marcelino: -El mundo es una suma de locuras.
Tom: -No te pongas a filosofar que no te queda bien.
Marcelino: -¿Pero qué dices? ¿No crees que podría ser un buen padre?
Tom: -No, no digo eso. Digo que tener un hijo en esta isla me parece descabellado.
Marcelino: -¿Y qué sabrás tú de tener hijos?
Tom: -Con George, mi pareja, estábamos pensando la posibilidad de adoptar uno.
Marcelino: -¡Por dios! ¡Eso sí que es una locura!
Tom: -¿Por qué?
Marcelino: -¿Dos homosexuales adoptando un niño? Cosas que sólo a locos como ustedes se les puede ocurrir.
Tom: -No más loco que querer tener un hijo en esta isla.
Marcelino: -Pero al menos lo mío sería más normal.
Tom: -¿Normal? ¿A qué llamas normal?
Marcelino: -Bueno, lo tuyo no es muy normal que digamos…
Tom: -¿Lo es acaso lo tuyo? ¿Querer tener un hijo en estas condiciones? Recuerda que el parto lo lleva la madre y no el padre. ¿Cómo pasar un parto aquí, perdidos? ¿Cómo irías a criar un bebé aquí?
Marcelino: -Con amor todo es posible.
Tom: -¡Amor! Y dejaste que la madre se suicide…
Marcelino: -¡Mentira! ¡Eso es pura mentira! Yo no dejé que nadie se suicide. ¿Te crees que no me gustaría que Susan esté ahora aquí con nosotros?
Tom: -Sí, para usarla.
Marcelino: -¿Qué dices?
Tom: -Te gustaría que esté aquí para poder hacer el amor cuando tengas ganas. Pero no más que eso.
Marcelino: -Estás loco, Tom.
Tom: -No, estoy seguro que no me equivoco. Susan era un objeto sexual para ti, no más.
Marcelino: -Y si por último fuera así, ¿qué tiene de malo?
Tom: -No sé si tú quieres a alguien. A tus hijos, quizá. Pero te veo un interesado, alguien que usa a la gente.
Marcelino: -¿Qué? ¿Vas a hacer de psicólogo ahora?
Tom: -No, no pretendo eso.
Marcelino: -¿De dónde sacas esa idea sobre mí?
Tom: -De verte actuar. Ya hace varios meses que convivimos aquí, ¿no? Te fui conociendo.
Marcelino: -¿Y qué dices si nos toca vivir toda nuestra vida aquí? ¿Si nunca nadie nos rescata?
Tom: -¡Uf! ¡Por favor! ¿Aguantarte toda la vida?
Marcelino: -Lo mismo podría decir yo.
Tom: -Así es, mi coronel: aguantarnos toda la vida. ¿Quién enterrará a quién?
Marcelino: -Me gustaría hacerlo a mí.
Tom: -¿Me odias mucho, verdad?
Marcelino: -A veces sí. O mejor dicho: a veces más todavía. Porque en general te desprecio. No puedo concebir que a un tipo le guste otro tipo. Y más aún, con esas ideas medio comunistoides que tienes…
Tom: -¿Te caigo muy mal entonces?
Marcelino: -En verdad: sí. Me vives provocando, y lo sabes. Algún día no voy a aguantar y voy a reaccionar violentamente. Aquí no estamos en la civilización, así que las leyes no cuentan.
Tom: -¿Me matarías entonces?
Marcelino: -No todavía, porque -tal como tú lo dijiste- aún te puedo…usar. Soy muy interesado, ¿no? ¿No dijiste eso? Pero por supuesto que más de una vez pensé en que querría matarte.
Tom: -¿Por qué no lo hiciste?
Marcelino: -¿Si te dijera que porque eres muy hábil pelando los cocos de las palmeras? A mí no me gusta hacer ese trabajo, y a ti te sale muy bien.
Tom: -¿Sólo para eso sirvo?
Marcelino: -Por lo que te vi en esta isla: sí. No sé si serás buen actor, pero eso aquí no sirve para nada.
Tom: -¿Nunca pensaste que yo también podría querer matarte?
Marcelino: -Por supuesto que sí.
Tom: -¿Y si lo hago?
Marcelino: -No creo que lo pudieras lograr.
Tom: -¿Cómo estás tan seguro?
Marcelino: -Yo también te estudié; yo también hace varios meses que convivo contigo, y te fui conociendo. Sé de tus fortalezas y debilidades, ya sé cómo actúas.
Tom: -¿Piensas entonces que no podría matarte?
Marcelino: -Eso creo.
Tom: -¿Estás muy seguro?
Marcelino: -Lo bastante como para dormir tranquilo.
Tom: -¡Marcelino! ¿Tú ves lo que yo estoy viendo allá?
Marcelino: -¿Qué ves?
Tom: -¿Aquello no es un barco?
Marcelino: -¡Sí! ¡Rápido, hagamos un fuego!

(Preparan una hoguera)

Tom: -¿Nos habrán visto?
Marcelino: -No lo sé. Sigámosle haciendo señas.

(Agitan los brazos, gritan, avivan el fuego de la fogata)

Marcelino: -¿Parece que viene un bote hacia aquí?

(Se escucha el pito del barco)

Tom: -Nos están diciendo que nos vieron.
Marcelino: -¡Nos salvamos! ¡Vienen por nosotros!

(Se abrazan. Saltan y bailan de la alegría)

Tom: -Espérate un momentito que voy a orinar.

(Se aleja unos pasos. Recoge una piedra y se acerca sigiloso a Marcelino. Lo golpea en la cabeza y Marcelino cae. Ya en el suelo, lo remata con otros golpes)

Tom: -No me terminaste de conocer del todo, cabrón.

(Gesticula, hace señales, grita mirando el bote que se acerca)

Tom: -¡Aquí, aquí, vengan, sálvenme! ¡Estoy solo! ¡Vengan! ¡Apúrense!

(Mientras sigue gritando, se apagan las luces)

FIN

Marcelo Colussi es argentino residente en Guatemala.


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“Para poder burlar la realidad, hay que conocerla”: Entrevista a Cristina Castello


Gabriel Bauducco

Como quienes pelean en la guerra por no matar y, a la vez, mantenerse vivos, Cristina Castello, pelea en la jungla de la brutalidad de la economía que azota al mundo. Por seguir fiel a sus convicciones y por no ser una asesina más, de la legión de quienes matan la poesía. Ella es poeta, aun cuando no habla, aun cuando no escribe. Y trabaja como periodista; una de esas pocas que han pasado por los medios gráficos, por la radio y la televisión (diario Tiempo Argentino, revista Gente, Viva, la dominical del diario Clarín, radio Splendid, conductora del programa de TV Sin Máscara, docente de La entrevista periodística, etcétera) y que, desde su postura ética, se opone al video clip en que se ha convertido la vida… un vértigo infernal que a las emociones, mata. Eso mismo, su ética para la razón y la acción, la hace ver con ojos de asombro el desparpajo con que se conducen la mayoría de los políticos y los dirigentes modernos. Una modernidad de egoístas y traidores… esos a quienes no les importan los demás, esos que traicionan el espíritu de la poesía. Castello habla de una realidad que no es la que cuentan los medios de comunicación. Señala la deshumanización y la soledad de los que están en medio de la masa. Y dice cómo salvarse de la locura, a través de las semillas que sueltan sus palabras.

- ¿Qué es un poema?

- Es… como un extracto de Universo, ¿no? Pero hablo de lo que es poesía y no de aquello a lo cual con ligereza se llama así. Cualquiera, en todas las ramas del arte –ni hablar del espectáculo- se auto titula artista; como si vos o yo dijéramos que somos médicos, abogados, o científicos. O astrónomos… ¡eso me gustaría¡ Todo el tiempo de cara el cielo… ¡cuánto regocijo!

- En privado me diste nombres de personas consideradas grandes poetas, inmerecidamente, según vos. Nunca lo expresaste como periodista,… ¿es tu primera cobardía?

- No sé, pero no lo creo. En mis tantas entrevistas enfrenté a los peores monstruos -represores, asesinos, torturadores- y jamás callé. Y si no tuve miedo no fue por valentía, sino por mi hambre de respeto a la vida. Sin embargo, con los supuestos artistas juega otro criterio. Esos malos-o falsos- poetas o artistas pueden ser productos del marketing, pero no son "el" demonio; entonces siento que no puedo vaciar de contenidos -de creencias- a las personas, si no hay otros para reemplazarlos.

- Explicate por favor…

- Supongamos que alguien está sostenido por muletas y vos nos las ves en buen estado. Si se las sacás, tenés que darle otra, iguales o mejores. Si no, la persona se desplomará.

- ¿Lo intentaste?

- Sí y aprendí que hay tiempos para decir ciertas cosas. «Hay voces demasiado graves como para que tengan una resonancia inmediata», escribió Oliverio Girondo. Y es verdad: cuando las personas no están preparadas para escuchar, se produce el efecto inverso del que uno desea. ¿Cómo decís a alguien que la letra de esa canción que se cantó, por ejemplo con el retorno de la democracia, es de un mal poeta?

- Es difícil, sí…

- Sí, porque hay un mundo detrás donde además de la poesía, hay latencias espirituales: el aroma, el sonido y la vivencia convertida en recuerdo de alguna estrofa. De versos que son sobre todo, una resonancia interior. ¿Ves que no es fácil el tema? Y lo mismo pasa con la política: viví muy de cerca -y sufrí- que los alertas proféticos de buenos -brillantes- políticos no se escucharan a tiempo. Nos hubieran salvado como país. Recuerdo que entonces pensaba en aquello de Nietzsche de que hay hombres que nacen póstumos. Y es muy fuerte y terrible, pero pasan esas cosas. De todos modos esta es mi actitud como periodista pues como poeta busco amparo en mi silencio interior y en mi soledad, indispensables.

- Pero tu poesía es reveladora... y rebelde, claro.

- No podría callar porque la poesía es y merece coraje; porque es una grandeza humana, una ventana a la plenitud y mucho, mucho más. Sin embargo, no me gusta el panfleto ni el grito y creo que con economía de palabras y de gestualidad con ellas, puede haber una tensión espiritual y una denuncia: una develación. La palabra escrita cuando es arte –como el arte en general- puede ser profética.

- ¿Qué casos de palabras proféticas recordás?

- Muchos, y de pintura y de música. Pero mejor dejame hablarte de Kafka. En El proceso muestra una suerte de modelo de un Estado de terror y se anticipa a la invasión que el totalitarismo hizo después, de la vida privada y sexual. Con la mirada seguramente en el futuro, en La colonia penitenciaria vislumbra las maquinarias del terror del nazismo y esa extraña y enferma relación entre algunos verdugos y víctimas. Y en La metamorfosis, si bien en mi primera lectura adolescente vi en Gregorio Samsa sólo a un bichito, después lo vi como símbolo del destino de millones de seres humanos, que murieron en los campos de concentración. Fijate que él lo llamó Ungeziefer y curiosamente fue esa la palabra, con que los nazis llamaban a los pobrecitos que morían en las cámaras de gas. Recordemos que Kafka murió en 1924… ¿Fue o no profético?

- Me impresiona…

- Nos impresionará siempre, porque creo que el arte puede desaparecer recién cuando la pregunta sobre la existencia de Dios deje de tener vigencia. Pero ese interrogante será eterno. Y eterno será el arte. Hasta las cosas, según Jacques Brosse están contentas de ser vistas por los poetas y anhelan que ellos las miren. No es poco, ¿no?

- ¿Y qué dicen de esto los críticos?

- Los críticos… los críticos, salvo excepciones, poco saben. Muchos –no todos- son artistas frustrados, otros negocian y/ o se venden y muchísimos son parciales. Dicen palabras como profundo, inefable, obra metafísica (a aquella que no saben cómo encasillar, porque necesitan encuadrar en algún ismo)… ¡y ni qué decirte el abuso que hacen de la palabra misterio¡

- Al misterio entonces, ¿qué es?

- A ver… «Misterio. ¿Por qué danzan los árboles? Porque el viento. ¿Y por qué el viento? Porque Dios. Y si Dios... ¿por qué no estás acá?» Bueno, esta fue otra disgresión: se me ocurrió jugar con palabras mientras miraba el arbolito de mi terraza. En realidad, creo con Gauguin que el misterio es la única certidumbre; y lo acecho y lo apremio y a la vez lo espero, paciente, porque es una de las bellezas de la vida. Pero cuidado: hablo del concepto y no de las personas que juegan a misteriosas y no son más que hipócritas y con máscara.

- Cristina Castello, ¿qué papel debe jugar el Estado en materia de cultura?

- Debería -tener en cuenta el tiempo del verbo- debería hacerse cargo de los problemas fundamentales del financiamiento de la cultura, como ocurre en algunos países del llamado Primer Mundo... aunque ninguno está bien en estos tiempos. En esta castigada colonia del «Norte», que somos quienes vivimos en América del Sur, -¿países todavía?- todo se deja en mano de los auspiciantes privados. Y a ellos no les interesa fomentar la cultura: mientras más ignorante sea un pueblo mejor será para sus intereses.

- ¿Cómo es en otros países?

- No tengo datos de hoy pero te doy un ejemplo. En Alemania el aporte de los sponsors era hace dos años, del cuatro por ciento. Nada más: del resto -que es la totalidad- se hacía cargo el Estado. Kathina Dittrich van Weeringh, especialista alemana en cuestiones culturales estuvo entonces en Buenos Aires y señaló el concepto más que interesante, que sostiene junto a sus colegas europeos: «La menor cantidad de Estado posible pero todo el Estado que haga falta». Pero hablamos de Europa, y aunque ahora también tiene problemas, es otro mundo… acá querrían todo el Estado que haga falta… ¡para robárselo¡ No olvido que durante la terrible presidencia de Carlos Menem, un alto funcionario de Santa Fe (provincia de Argentina), se robó todo y también… ¡un puente¡

- Si no fuera trágico, sería para reír… ¡qué horror¡ ¿Qué me decís de la educación?

- Que no se educa: se prepara a los niños y jóvenes para los valores de la Bolsa y nadie tiene conciencia de sus derechos ciudadanos y ni siquiera de los que le otorga la constitución como persona humana... ¡ni qué hablar de lazos fraternos¡ «Hay una palabra que me exalta, una palabra que nunca he oído sin estremecerme, sin sentir una gran esperanza, la más grande de todas. La de vencer a las fuerzas de ruina y de muerte que agobian a los hombres. Esa palabra es fraternidad». Lo escribió Paul Éluard, y creo que la fraternidad, precisamente, es una de las salidas. Pero es tan grave lo que ocurre en Argentina -sobre todo a partir de los genocidas del período 1976-1983 y del «gobierno» de Carlos Menem- que las personas están más ocupadas en sobrevivir, que en vivir.

- «Una de las salida»", decís. Nombrame otra…

La gran salida es la ética, para -entre otras cosas- abolir este pensamiento único. Pero me refiero a la ética de las ideas y a la ética de la acción, como escribió hace años un pensador argentino.

- ¿Hacia un nuevo humanismo?

- Digamos que hacia formas humanas de vida. Y para eso es importante que la cultura contenga la posibilidad creadora y no la mera transmisión de saberes emparentados con la tecnocracia y tendientes al exitismo; porque así se forman seres deshumanizados -parecen mutantes- llenos de aparatos electrónicos y con el alma vacía. ¿Sabés qué pasa? La sociedad está fragmentada y a partir de allí, todo lo que se da con el nombre de cultura son también fragmentos. Fragmentos de la nada. Es la estética del video clip.

- No hablás del video clip como valoración estética…

- No, hablo de la vida como video clip, como explosión de fragmentos. Modo de publicidad al fin, aunque su origen fue la difusión de música, su objetivo es el consumo. Y si bien al principio estuvo dedicado a la juventud, la televisión incorpora cada vez más elementos suyos. La vida parece un video clip y en ella la velocidad y el vértigo tienen la batuta. No existe la pausa y se dice nada con la apariencia de que se dijo todo. Importa el movimiento, aunque anestesie. O por eso mismo. Los valores son descartables. Son antiguos el debate y el diálogo, la palabra es anacrónica y pensar es vetusto… no sea que se nos ocurra vivir a conciencia despierta. Entonces me pregunto: ¿el mosaico del video clip nos ubica en el mosaico de la existencia? Lamentablemente, parece que sí: imágenes aceleradas, vida acelerada. Aquejados de apremio, olvidamos transitar la existencia como posibilidad creadora. Y yo me opongo y sigo luchando para que, quienes sacralizamos la vida, sigamos en la misma senda.

- Quisiera pensar que lo tuyo es pesimismo, pero veo tus palabras como una película de la cotidianeidad…

- No soy pesimista. Creo en la vida y por eso digo estas cosas. Y repito por milésima vez uno de mis lugares comunes: para poder burlar la realidad, hay que conocerla. Y todo lo que digo y hago públicamente y en privado, es un intento de contribuir al cambio: la vida no puede ser tan miserable y con tantas personas sufrientes. No puede ser, no puede ser… ¡no quiero, me niego a que sea así¡ En cambio, quisiera que viviéramos como hacía Nicolás Poussin en sus pinturas, cuando incorporaba la teoría lingüística de la doble articulación. Con minuciosidad admirable realizaba cada parte de ellas, con la misma dedicación y esmero, técnica y obsesión, que ponía en todo el cuadro.

- Así debería ser nuestra vida…

- Sí, porque nada menos que la vida es lo que está en juego. ¡Pero el video clip de nuestras propias vidas, nos hace dar importancia al éxito, más que al triunfo. Nos despedimos de todos con besito -como fórmula y sin cariño- y estamos en contacto: interesa más el follaje que las raíces y las palabras o la palabra, no quieren decir nada. Tampoco hay espacio para pensar, ni para sentir; es como si tuviéramos que vivir en estado de coctelera. ¿Y dónde la tibieza y la capacidad de locura; y la alegría y el entusiasmo y el deber de la belleza? Parecen en retirada -creo que sólo parecen- y por eso creemos que perdemos tiempo con los afectos hondos, con la lectura, o si nos asomamos al prójimo.

- En cambio ese es tiempo ganado, en vida, en intensidad…

- Absolutamente, pero hay tanta enajenación hoy que no valoramos que usamos ese tiempo, para ser personas; ni nos damos cuenta de que, como escribió George Steiner, reemplazamos ingestión por consumo. Y con el mero consumo, el arte, al amor, la política, la religión… ¡la vida! pierden su poder de implosión: de explotar para adentro.

- Cristina, ya mismo,… ¡vamos a «burlar la realidad»¡

- Ya lo estamos haciendo con este diálogo. A ver si podemos dejar de vivir jadeantes de urgencias. Y para que la unión entre todos, no esté basada sólo en la convocatoria a unirnos por la inseguridad diaria que vivimos en las calles y en nuestras casas; para que esa unión sea fraternidad. Para que esa unión sea unión, entrega, amor y no la máscara solidaria del miedo: «cuidado, me pasó cerca, me puede tocar a mí». Y… ¡por Dios¡... Para que el arte y la cultura sean luz, camino, búsqueda; y para que nuestras vidas no sean una sucesión de fotografías de un álbum cotidiano que se consume, pero no se ingiere.

- Sos una mujer fuerte: nunca lo dudé…

- No soy fuerte, no te equivoques. No tengo una fibra más en el alma y sobre todo con mi delgadez y cansancio, tampoco una célula más en el cuerpo. Sólo trato de ser digna. Y buena,.. la bondad, tan desprestigiada, es un valor. Y trato de transmitirlo. Quiero que hagamos la gran empresa de recuperar la inocencia. No, no soy fuerte... simplemente lloro para adentro y mis pupilas se secan y mis ojos se enferman... porque no lloro con lágrimas visibles. Pero también yo sufro. Y también necesito abrigo, cobijo, amparo. Ternura. Y lo necesito tanto, como necesito darlo. Tengo, sí, la llama bendita de mi amor por el Arte, por la vida y por las almas sin sombras o por las que tuvieron sombras pero pudieron volver a la luz.

- Pensaba que hace unos segundos que no citás poesía…

- Esto que hacés es de buen periodista. Con una sonrisa y una observación, cambiás el clima. Además, adivinaste… estaba por citar a Paul Celan, un poeta superior, un hombre que padeció los campos de concentración y que, sin embargo, hizo tributo a la vida y a la belleza. En el libro Cristal de Aliento hay tanta vida, tanto cielo… escuchá: «... En la fuente de tus ojos/ viven las redes de los pescadores/ del mar errante./ [...]/ Sólo al renegar soy fiel./ Soy tú cuando soy yo...»

- Bella palabra, bella vida… ¡a pelear por ella¡

- Y mirá el sol de esta tarde. Y la sonrisa de esas lavandas que decidieron nacer en este invierno crudo, para darnos testimonio de vida. Y mirá las nubes rosadas y los leños prendidos acá, en mi casita. Y recordá a Miguel Hernández que…

- Yo sabía… ¿qué sería de tu vida sin poesía?

- No sería. Y lo de Miguel Hernández, dejame que lo diga… «Ah, qué buena la tierra de mi huerta. Hace un olor a madre que enamora… ». Y lo de Yeats: «… un solitario impulso de deleite me impulsa a este placer de nubes». Y nadie sabe, pero contemos que mientras hablamos escuchamos los Nocturnos de Chopin, que son el arte y que el arte es la vida.

- Y nadie sabe tampoco que entre las lavandas, y Chopin, y los leños, se escucha también el sonido de los mails que caen y caen en tu computadora…

- Sh... no digas nada… ¡Es música¡ Son amores sublimes y sublimados. Son certeza. No son mails sino gorrioncitos del cielo. Esto que cae es amor, de quienes siguieron mi trayectoria en medios gráficos y/ o de quienes veían mi programa de televisión Sin Máscara (volverá)... y de quienes me ven «en» poesía... es un amor tan grande como el que siento por ellos. Y es certeza, cuando son mails de personas que escriben por primera vez, y con sus palabras me enseñan que las semillas que sembré, germinan.

- Quería preguntarte sobre periodismo, pero ahora…

- No… ¡qué periodismo! El periodismo es mi excusa para contrabandear arte, valores, vida… o por lo menos para intentarlo.

- ¿Cerrás la entrevista con un poema… o con un fragmento?

- A ver... ¡Sí¡ Edgar Allan Poe tomó posesión de mí en este instante… ahí está el misterio. Escuchá: «… Los que sueñan despiertos saben de mil cosas que escapan a quienes sueñan dormidos. En sus brumosas visiones, captan vuelos hacia la eternidad-. Y al despertar se estremecen al comprender que por un instante, estuvieron al borde del gran secreto». Bueno… ¡Vamos a hacer la revolución de los sueños¡

Foto: Cristina Castello. / Fuente: SI POR CUBA

Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y París.

Gabriel Bauducco es periodista y escritor. Es argentino y vive en México.


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A los luchadores libertarios anónimos de todas las geografías, de todos los tiempos

Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Porque sólo la Justicia
puede darle la mano a la Belleza
y salvar a la Tierra de su muerte Astronómica”.

[Antonio García Ysábal. Poeta canario fallecido recientemente. Estos tres versos fueron los primeros que me cautivaron cuando descubrí su poesía allá por 1992].

Cuando le preguntamos a alguien el nombre de alguna persona que haya sobresalido por encima de las demás en una determinada época histórica por haber entregado su vida por la Justicia, La Libertad y la Humana Dignidad de su vida, de su pueblo o de las personas de toda clase y condición, siempre nos vienen a la memoria dos o tres nombres (o puede que ninguno...o puede queotros totalmente contrarios ideológicamente a losque por lo general se han convertido enverdaderos iconos libertarios), y en una elevada proporción suelen ser poetas, intelectuales, artistas...de su Patria, Estado o Nación...

De cualquier forma vamos a partir de que a la persona que le hemos planteado esta cuestión le pedimos que se centre en el siglo XX, y que los nombres que nos pueda aportar sean mayoritariamente aceptados por una gran mayoría de individuos, consiguiendo traspasar sus propios países de origen.

Uno de estos luchadores libertarios -con sus luces y sus sombras, a qué negarlo- que todavía hoy sigue siendo un referente indiscutible para muchas generaciones, aún para las que apenas están empezando A TENER CONCIENCIA DE SÍ MISMOS, y que sigue ejerciendo una particular influencia sobre los pensamientos, los sentimientos, pero sobre todo, sobre EL QUÉ HACER, es el ya legendario CHE GUEVARA, (Ernesto Che Guevara, que junto a Fidel Castro fue uno de los líderes carismáticos que derrocaron el Gobierno corrupto de Batista en Cuba e instauraron lo que debían ser los principios de una Revolución Socialista).

Si pensamos en el Chile del Frente Popular, inmediatamente recordamos a Salvador Allende -que decidió sacrificar su vida en el Palacio de la Moneda, antes que aceptar la propuesta de salir del país este y su familia que el sanguinario y atroz Pinochet le propuso cuando se rebeló y dio un cruento Golpe de Estado y no tenía ninguna posibilidad de frenar la rebelión militar. Pero junto a Salvador Allende, también recordamos a Pablo Neruda o a Víctor Jara, víctimas también del feroz dictador.

Pero en el Estado español, aunque bastantes años atrás, concretamente a partir del “Alzamiento Nacional” un 18 de julio de 1936 -al frente del que encontramos a un oscuro y desconocido general hasta ese momento- que provocó una “guerra incivil” por el que derrocaría a un régimen legalmente constituido como fue la II República española, votada por el pueblo, con la vergonzante ayuda económica del Vaticano y de las potencias europeas facciosas, y el silencio indignante de las llamadas democracias occidentales que miraron hacia otro lado, nos vienen los nombres del poeta Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández... todos ellos grandísimos poetas peninsulares, pero no aparecía ningún poeta o escritor canario.

Cuando empecé a estudiar este periodo de la “La Guerra Incivil en Canarias”, cuál no fue mi sorpresa cuando leo que el poeta Domingo López Torres fue fusilado con tan solo 27 años; que había sido un activo difusor de las nuevas ideas europeas (socialismo, surrealismo, sindicalismo...) en la Canarias provinciana y “atrasada” de aquellos aciagos años y que con sólo dos poemarios escritos: “Lo imprevisto” y “Diario de un sol de verano” ya despuntaba una obra poética de una alta calidad, al tiempo que lo vemos involucrado en los problemas de la sociedad tinerfeña en la que vive.

(Uno de lo mayores impulsores culturales de aquel periodo, Eduardo Westherdarh decía de éste que era “La sensibilidad de un surrealista al servicio de la revolución”.Aunque Domingo López Torres -regentaba una librería llamada el nº 5 en Santa Cruz- participó activamente en todos los proyectos literarios de la época -en la revista “Gaceta de arte”, en 1932llega a escribir: “Los proletarios del mundo estamos en constante lucha por la implantación de nuestros principios, para la destrucción de un sistema cansado; cómo no vamos a sacrificarlo todo por el éxito de nuestras ideas”.

Participó en la fundación de la Revista“Cartones”( 1932), dirigida por el poeta gomero Pedro garcía Cabrera que afirmaba que “lo esencial de la relación de un escritor con su obra ( y con el arte en general) es sostener una posición como hombre capaz de defender al hombre y luchar dentro de la sociedad actual por cambiar la vida y liberarnos, no sólo económicamente, sino de todas las taras mentales (además de liberar) las estructuras interiores que nos han dado la tradición , el hábito, la costumbre. Que tomamos como naturales y en realidad son contrarrevolucionarias”.

Sería en 1935 cuando Domingo López Torres funda y dirige la revista “Indice” de la que sólo sale un nº pero que aún hoy sus contenidos son absolutamente actuales; si no vean lo que recoge de lo que piensa un periodista yanqui de la prensa en el año 1934... Con este título publicaba J. Andrade (diciembre de 1934) un documentado artículo en el preciso momento en que se va a redactar en España un Estatuto de Prensa (en La II República).

Con relación a la llamada Prensa independiente, publica en forma de nota lo que Jhon Swinton,conocido editorialista yanqui, expresó como definición de la función de los periodistas, en un banquete celebrado por la Asociación de Prensa de Nueva York:

“No hay en los Estados Unidos nada que pueda llamarse una Prensa Independiente, si no es en las ciudades de escasa importancia. Vosotros sabéis esto y yo también. Ninguno de vosotros se atreve a expresar una opinión honrada. Si lo hacéis, estáis seguros de antemano que no se publicará. Yo recibo 150 dólares a la semana por no llevar mis opiniones honradas al periódico que escribo. Si yo permitiera que una edición de mi periódico sacara a la luz opiniones honradas, se vería en medio de la calle en busca de otro oficio. El de periodista de Nueva York consiste en deformar la verdad, en pervertir, en envilecer, en hacer gracias a los pies de Mammon y en vender a su país y a su raza, a cambio del pan de cada día o, de lo que es igual, de su salario. Vosotros sabéis esto y yo también. ¡Qué insensatez brindar por la Prensa independiente! Somos instrumentos, vasallos de los ricos que están detrás de las cortinas. Somos monos saltarines. Ellos tiran de la cuerda y nosotros bailamos. Nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro porvenir, todo pertenece a esos hombres. Somos prostitutas intelectuales”.

Pero Domingo López Torres, nos sorprenden gratamente cuando alguien lo califica de “crítico de arte” y López Torres muy serio se autodefine diciendo “yo no soy de ninguna manera crítico de arte; tan sólo soy escribidor de arte”. Y era tan ingenioso y profundo que lean lo que escribe después de contemplar una exposición del pintorGeorge Grosz: “...abandona el color, que trae un mayor lastre de técnica y procura captar todas aquellas expresiones descarnadas, de una realidad sangrienta internacional de sótano y buhardilla, más allá de las calles céntricas en lo más retorcido y desesperado de las ciudades de las ciudades, desván y alcantarilla de esta civilización capitalista; en las infestas barriadas obreras cercadas por la sífilis, la peste, el hambre y atravesadas por fríos de indiferencia”.

Otro poeta, Emeterio Gutierrez Albelo, le dedicó el siguiente poema a nuestro asesinado poeta:

LO INEVITABLE*
A Domingo López Torres

Te quería salvar
a través de ruinosas galerías
y de empolvados muebles.
Pero una ronda inmunda de voces apremiantes
te cercaba.
Y entonces...
Sorda y ciega -ya-
tiritando entre las llamas del espanto,
te lanzaste por los sombríos corredores.
Inútilmente, me abracé a tus piernas.
En un delirio turbio, viscoso, acelerado,
te escurrías de garras
y de dientes.
Huiste. Sin remedio.
Sin presentir siquiera
la monstruosa constelación de arañas peludas,
que, sin cesar de florecer,
te acechaba en los últimos pasillos.
(Al regresar, vi solo
-¡mago! ¡mago! ¡mago!-
una confusa pleamar de hormigas
Arrastrando el cadáver de una novia.)

*Emeterio Gutiérrez Albelo. Publicado previamente en Gaceta de Arte (Santa Cruz de Tenerife), nº 9, octubre de 1932, con el título de “Fuga con obuses”.

Como decía estos son sólo algunos de los luchadores libertarios con nombre y apellidos que pagaron con su vida el querer un mundo más Justo, más Libre, más Amable...pero este artículo está especialmente dedicado a todos los hombres y mujeres anónimos de todas las geografías y tiempos y que se sacrificaron igualmente aunque no sepamos sus nombres... sus heroicas acciones... su vida entregada a un ideal libertario y que hoy no conocemos sus nombres, sus sacrificios, sus sufrimientos... Esta serie de artículos está especialmente dedicado atodos estos hombres y mujeres anónimos... Melos imagino a muchos de éstos ante lo que está ocurriendo ahora mismo en Gaza, en Irak, en los procesos revolucionarios que se están intentando realizar en Cuba, Venezuela. Bolivia, Ecuador, Nicaragua... y la reacción de aquellos hombres y mujeres -podría equivocarme, aunque lo dudo mucho- ante tamaño genocidio nos haría avergonzar...

Ser solidarios no es dar lo que te sobra y dormir con la conciencia tranquila pensando que has hecho una gran acción. Ser solidarios es compartir lo que tengas, no lo que te sobre, aunque tengas que ayunar un mes... que después de todo, encima no nos vendría nada mal para rebajar los patéticos índices de sobrepeso, colesterol, diabetes, propio de las sociedades llamadas del Primer Mundo, que mira tu por dónde, los canariosencabezamos, junto a los USA los índices de obesidad mórbida, colesterol, diabetes, y todas las enfermedades producidas por estos aspectos como las patologías cardiovasculares, infartos, muerte súbita y un montón de barbaridades asociadas a un cambio de alimentación en tan sólo treinta años... ¡INCREÍBLE! UNA PRUEBA MÁS DE LA DESPERSONALIZACIÓN DEL PUEBLO CANARIO, DEL DESAMARSE DEL PUEBLO CANARIO, DEL SÍNDROME DEL COLONIZADO, DEL SENTIMIENTO DE INFERIORIDAD, DE LA ENDOFOBIA, DE VERGONZANTE BABOSERÍA HACIA LO DE AFUERA, Y PENOSO DESPRECIO POR LO PROPIO...

Y como digo siempre, no se crean todo lo que digo, pregunten, busquen, indaguen en el siguiente aspecto: así como hay patologías y enfermedades individuales, también existen las enfermedades y patologías colectivas: y el SÍNDROME DEL COLONIZADO ES QUIZÁS LA MÁS CRUEL, SUTIL, Y DE MAYORDIFILCULTAD DE SANAR; PERO NO PORQUE NO EXISTA LA CURA, NO, PORQUE HASTA QUE EL PUEBLO EN SU GRAN MAYORÍA NO RECONOZCA SU DIAGNÓSTICO SERÁ DIFÍCIL, POR NO DECIR IMPOSIBLE, QUE HAYA UNA CURA COLECTIVA, Y EL COMIENZO, SÓLO EL COMIENZO DE LA CURA, EMPIEZA POR RECONOCER QUE SE TIENE ESE SÍNDROME DEL COLONIZADO, AUNQUE LA VERDADERA CURA, QUE SERÍA LA INDEPENDENCIA, LA SOBERANÍA, TARDARA AÑOS, O SIGLOS EN SER UNA REALIDAD, CON SÓLO RECONOCER LA ENFERMEDAD SERÍA UN INMENSO AVANCE... PERO LAMENTABLEMENTE, Y NO SOY PESIMISTA, NI OPTIMISTA, SINO REALISTA, ME LLEVAN A PENSAR QUE TODAVÍA QUEDA MUCHO CAMINO QUE INVITO A QUIENES QUIERAN SEGUIR TRANSITÁNDOLO CON MI APOYO Y EL DE MUCHOS CANARIOS Y NOCANARIOS A CONTINUAR POR MUY DURO Y DIFÍCIL QUE ES MUCHAS VECES.

COMO ME ANIMA EL AMIGO ÁLVARO MORERA QUE TIENE 73 AÑOS, O FRANCISCOTARAJANO DIEZ AÑOS MAYOR, O ANTONIO CUBILLO QUE POR SUS IDEALES TIENE QUE IR EN SILLA DE RUEDAS POR UN ATENTADO QUE SUFRIÓ EN ARGEL POR DOS MERCENARIOS CHAPUCEROS CUANDO ESTABA DE MINISTRO DE INTERIOR DEL GOBIERNO ESPAÑOL RODOLFO MARTÍN VILLA Y HAY SENTENCIA FIRME[1] DE QUE EL ATENTADO SE ORGANIZÓ DESDE LAS CLOACAS DEL ESTADO (Y AHÍ ESTA MARTÍN VILLA MILITANDO EN EL PP Y AQUÍ NO PASA NADA...) Y SE ECHA SUS GÜISKIS Y SUS CIGARROS TODAVÍA, O VÍCTOR RAMÍREZ CON CUATRO HIJOS Y SIETE NIETOS Y MÁS DE VEINTE LIBROS PUBLICADOS A SUS 64 AÑOS, Y TANTOS OTROS MÁS JÓVENES QUE VIENEN EMPUJANDO CON FUERZA...

MI QUERIDO AMIGO MARCELO SEGURAMENTE ME DIRÁ AQUELLO QUE DECÍA ALGUIEN IMPORTANTE DE QUE LOS NACIONALISMOS SON LA ETAPA INFANTIL DE LOS PUEBLOS... O ALGO POR EL ESTILO... Y YO LE DIGO QUE HAY QUE SUFRIR/VIVIR SABIENDO LO QUE SABES Y NO PODER HACER NADA...O CASI...Y NO HAY PEOR MUERTE QUE ESTA... CLARO QUE NO PODEMOS COMPARARNOS CON ISLAMABAD, CON GAZA, CON CHECHENIA, CON LAS FAVELAS DE BRASIL, CON LA FRONTERA DE MÉXICO, CON LA VIOLENTAMENTE DULCE NICARAGUA, CON LA FUERZA TELÚRICA Y SALVAJE DE GUATEMALA... PERO NO SE TRATA DE COMPARAR, SINO DE SER, DE LUCHAR, DE INVOLUCRARTE, DE COMPROMETERTE EN CUALQUIER GEOGRAFÍA Y LUGAR HAY QUE INTENTAR SER FELIZ CON DIGNIDAD, CON LIBERTAD, CON JUSTICIA, LO DEMÁS, ES LITERATURA, COMO DIRÍA NUESTRO QUERIDO JULIO CORTAZÁR.

* ARTEVIRGO. CANARIAS. ENERO 2009.

1]Sentencia de la Audiencia Nacional de 1-10-03 -Texto íntegro-


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