viernes, 1 de mayo de 2009

Bolaño y la falsa seriedad de un oficio de canallas


Edgar Borges

El escritor chileno (y del mundo) Roberto Bolaño dijo que «la escritura es un oficio poblado de canallas y de tontos, que no se dan cuenta de lo efímero que es». Y, con esta afirmación, el autor (que anda de moda más allá de la vida) desnudó los prejuicios que enlodan el medio literario a escala internacional. Son varios los escritores que han opinado sobre el canibalismo que impera en los círculos literarios. Por estos días, cuando recibió el premio de la Crítica por su novela 'Saber perder', el escritor y cineasta español David Trueba afirmó que «espera que el premio sirva para desterrar los prejuicios del mundo de la literatura respecto a alguien que siempre ha tenido un pie en el cine. Los escritores miran por encima del hombro a la gente del cine». Una nueva piedra (la de Trueba) contra el cristal de esa milenaria torre celestial donde algunos pretenden permanecer de espaldas al mundo.

El ambiente literario opera bajo el formato del clan. Cada vez que un escritor, como Rushdie o Saviano, recibe amenazas de muerte, se habla de los peligros que corre la libertad de expresión. Lo que no se dice es que existen mecanismos silenciosos de condicionamiento y exclusión. No todos los criminales usan balas para asesinar las ideas. El mundillo literario funciona de acuerdo a las direcciones (totalitarias) de grupos integrados por escritores deseosos de reconocimiento y poder. Y desde la cúpula de la torre se diseña la lista de los elegidos: «Los escritores más grandes son mi amigo y su primo. Después de nosotros, el abismo». Y no me refiero a listas de influencias (elaboración muy lógica si de emitir valoraciones creativas y estéticas se tratara), sino a las listillas caprichosas estructuradas (con mano de seda) para pretender dirigir el gusto del lector. A este clan pertenece buena parte de la poca crítica que tiene espacio público. Y a puerta cerrada se decreta el Olimpo literario. Se trata de una práctica muy antigua. El escritor (sin generalizar, pues, hay quienes rechazan este carnaval de autogenialidades) cita en público sólo a sus amigos (y a los primos); difícil es que un escritor se levante de su sofá para buscar el libro de un autor desconocido. Cierto es que el virus del amiguismo es una costumbre generalizada en todas las áreas humanas; no obstante, en la literatura adquiere características de secta. Me atrevería a decir que algunos círculos literarios (en pleno siglo XXI) actúan con el fanatismo (y la cerrazón mental) de las religiones más ortodoxas. En otros oficios artísticos, como el cine o la música, existen vías de comunicación más directas entre los creadores y el público.

Las listas siempre son excluyentes; sin embargo, más lo son cuando se repiten por previo acuerdo entre factores interesados. Y con la lista en mano se coordinan eventos, lecturas, premios y demás componentes consagratorios. Y, como si la obra no fuese el motor del asunto, se aplastan propuestas (en el espacio público) de cientos de creadores.

Hace poco me llegó el primer libro de la escritora uruguaya Raquel de León; su título, 'Unicornios de cristal', me invita a celebrar (desde la acera del canallismo reivindicativo) la larga lista de los creadores del mundo no establecido. Pienso en las novelas poderosas de Pedro Antonio Curto (Asturias); los cuentos periodísticos de Chara Lattuf (Caracas); los relatos políticos de Marcelo Colussi (Buenos Aires); las historias meticulosas de la pareja de Andrea Álvarez (Venezuela) y Ricardo Benítez (Argentina); las opiniones siempre rebeldes de José Saramago (consecuente transeúnte de la acera de enfrente), y en los inmejorables relatos que me contó un individuo anónimo, que una vez encontré paseando por el Muro de San Lorenzo; otro día en la Esquina Caliente (Caracas), y otras tantas en un mercado de La Paz o de Bogotá.

Esa lista es universal y diversa. Sus integrantes (como unicornios imbatibles) andan surcando clasificaciones y torres de cristal. Ellos, con su obra en mano, sólo piensan en llevar su escritura hasta ese lector irreverente que, por convicción, ha renunciado a las leyes de los clanes. Tanto en la calle como en internet: hay que revolucionar las vías de comunicación entre creadores y pueblo.

Me gusta imaginar que, en los bordes de la listilla de algún clan, Roberto Bolaño escribe un decálogo burlesco sobre la falsa seriedad de un oficio de canallas.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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Armando, renace con el sol

Miguel Longarini (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Marcha el profeta inquietador de sueños
renaciendo en cada patriada.
Cielo y viento le pueblan el alma
con la sola mención de su palabra.
De golpe, vuelve a las jornadas
nuestro Armando; armador de madrugadas.
Su voz, resuena en los oídos y sus letras
nos van subvirtiendo el alma.

El olvido, tenaz olvidador,
no ha podido derribar esta muralla;
La memoria de los pueblos
se ha encargado de ganarle la batalla.
En estas cuestiones de esperanza: los poetas,
obreros y juglares reverdecen la nostalgia
saliendo a jugar con las palabras.

Es cosa del profeta... Andar agitando la calma,
acercarnos la distancia, abrigar el vino en las tinajas,
soltar los pájaros del canto, y poblar de estrellas el espanto.

Si estos días sientes que un incendio
Se posa en las tonadas;
ya no hay tiempo de parar el canto,
ni el ardor de la sangre en los muchachos
que corre por la acequia esperanzada.

Si una brisa te cambia la mirada...
Es Armando, el profeta; el Tejada
que moldeando el pan del hombre
renace con el sol... En las mañanas.

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América Latina: ¿países bárbaros?


Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El mundo moderno se alimenta de prejuicios, de estigmas, de sofismas y de conceptos estereotipados.

Especialmente, -y paradójicamente- en los países desarrollados, (cuya riqueza y presunta cultura los supone al margen de los prejuicios producidos por la ignorancia y la pobreza) los sofismas y los prejuicios sociales son en el "fast food" de su idiosincrasia elitista.

La verdad, es decir, la realidad, es un alimento de difíci1 digestión para su vientre de mecanocéfalos programados. Cuando escuchan un concepto prefabricado, todo su sedentarismo intelectual, toda su bostezante modorra mental gira alrededor de ése concepto, sin intentar siquiera analizarlo o verificarlo.

"La barbarie de los países subdesarrollados": he aquí uno de ésos estigmas pregonados y convencionalmente aceptados. Desde el ciudadano común hasta el magnate semiletrado, y desde los periodistas mediocres hasta los escritores Best-sellers lo repiten hasta la monotonía cada vez que del llamado “tercer mundo”, y en especial de nuestra América latina se habla:

“Repúblicas de bananas…”
“pueblos de bandoleros…”
“Países bárbaros…”

¡Sentencia inapelable de rumiantes de dogmas que en su monroísmo infame ignoran o desdeñan el desesperado clamor justiciero de los desposeídos y los desterrados!

Pero esa sentencia peyorativa es solo el testimonio de la ignorancia o el menosprecio de pedantes y megalómanos elitistas, ajenos a la realidad de nuestros países, a los cuales consideran como su feudo, su finca, su patio trasero.

Son excepcionales en Norteamérica las personas y los organismos libres de los convencionalismos ideológicos, conscientes de la problemática sociopolítica de Latinoamérica y del tercer mundo, y son más escasos aún los solidarios con éste. Para la gran mayoría de norteamericanos los pueblos latinoamericanos somos pueblos de zombis, con supersticiones en vez de ideales. Para ellos sólo somos un Haití continental, una Palestina amazónica, unas republiquitas-piñatas propicias para el “Big stick” (el gran garrote), para el pillaje y la ciega codicia norteamericana. Y a nuestra indignación y a nuestra beligerancia reivindicativa ellos le atribuyen causas patológicas, genéticas, trastornos hepáticos o instintos tribales.

¿Y quién ha protestado alguna vez contra tan insultante concepto?
¡
NADIE!

Malinches del pueblo han sido nuestros periodistas y escritores; cortesanos del harem imperial han sido tradicionalmente nuestros gobernantes, y actitud funesta de humildad, de sumisión y resignación abyectas, -y lo que es peor aún: de asimilación cultural y moral a esa idiosincrasia hegemonista y arrogante- ha sido la de nuestros pueblos, y en especial la de la desterrada diáspora latina en Norteamérica.

Pero, a quienes así piensan de nosotros hay que preguntarles: ¿Quiénes son los bárbaros? ¿Son aquellos andrajosos que de pié, frente a sus chozas y sin armas defienden su tierra, su familia, su soberanía, su dignidad, sus convicciones ancestrales, sus ideales morales y políticos? ¿...o son aquéllos que vienen de tierras remotas a usurpar por la fuerza o el soborno nuestras riquezas naturales, nuestras tierras y nuestros gobiernos? ¿Son los que arman y adiestran a nuestros hermanos militares para que sean los fratricidas de sus pueblos en defensa de intereses foráneos? ¿...o son aquellos que ofrendan su sangre a su patria cayendo en holocausto sobre su tierra? ¿Son las victimas del capitalismo salvaje… o son sus verdugos? ¿Son las victimas… o son los victimarios?

Porque, dígase lo que se diga, y por más que se alabe el asombroso desarrollo tecnológico de la sociedad norteamericana, lo cierto es que su salvajismo bélico y su pillaje insolente e indolente sobre las riquezas de otros pueblos los coloca más cerca que nosotros del hombre primitivo.

Y porque si bien es cierto que los norteamericanos construyen rascacielos, no es menos cierto que en su avaricia demencial también destruyen pueblos y países; ellos construyen naves espaciales, pero también misiles atómicos; ellos se interesan en conocer nuevos sistemas siderales existentes en el universo, pero se obstinan en no reconocer nuevos sistemas sociales existentes en su propio hemisferio; ellos, -cuya única forma de humanizarse que conocen es barbarizando la humanidad,- ponen la tecnología y la ciencia moderna al servicio de la barbarie primitiva; ellos destruyen la humanidad y la ecología solo para proteger y centuplicar sus mezquinos intereses y privilegios; para ellos el planeta entero es su tesoro y a la vez su polígono de tiro.

Y sin embargo, paradójicamente, es sólo porque los latinoamericanos somos emotivos, y porque, a diferencia de las sociedades robotizadas e inertes conservamos aún la humana facultad de indignarnos ante las injusticias y los despotismos políticos que éllos nos llaman "incivilizados", "salvajes", "bárbaros".

Pero es bien evidente que las personas y los pueblos subyugados que han perdido esa facultad de indignarse ante las tiranías es porque han perdido la dignidad. Allí donde la iniquidad establece su imperio es porque la dignidad ha desertado del suyo. Y por otra parte, un pueblo opulento pero sin dignidad, que se burla de la de los otros, es un pueblo destinado a desaparecer entre las burlas, los escarnios y el desprecio de la humanidad y de la historia.

Irónicamente son los países depredadores de la humanidad, -los auténticos países bárbaros, los que se nos presentan como "modelo de civilización,"- los mismos que nos califican de “bárbaros", de “incivilizados”, de “salvajes”.

¡Que nos dejen ser "bárbaros" en nuestro magno batallar por nuestros postulados democráticos de emancipación anticolonialista y antiimperialista! Fueron los "bárbaros" del pasado como Bolívar, San Martín, Artigas, Morazán, Sandino, Martí, quienes nos legaron el germen de la libertad! ¡…y son los "bárbaros" del presente quienes, desde ésa Sierra Maestra Andina nos darán los frutos triunfales de ése germen! ¡No hay que dudarlo!

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Entre el platonismo y los prejuicios

Ricardo Vicente López (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La supuesta y muy bien publicitada afirmación de que las ideas son universalmente válidas, tarea que realizó ejemplarmente la Ilustración, arrastra más de un equívoco. La Europa burguesa de los siglos XVIII y XIX estaba tan profundamente convencida de ser la portadora de las verdades universales que emprendió la tarea de intentar convertirnos a sus ideales con una prédica perseverante que no siempre apeló a los mejores instrumentos. Tal vez, imbuida de aquella afirmación de que «la letra con sangre entra», exageró el contenido de este enunciado y derramó mucha sangre. Sus cerradas convicciones les impidieron comprender que detrás de su filosofía se escondía un proyecto imperial, y las leyes de los imperios tienen una tenacidad histórica que sobrepasa la conciencia de sus ejecutores. Desde la racionalidad imperial todo está justificado (si no pregunten a Busch).

Los ideales de los humanistas del Renacimiento, con sus ideas, con sus escritos, sus prédicas, daban cuerpo terrestre a las ya viejas para entonces verdades evangélicas. Así Girolamo Savonarola, Erasmo de Rotterdam, Juan Pico de la Mirándola, Tomás Moro, Tomás Campanella, todos ellos cristianos aunque con reparos frente a los poderes eclesiásticos, comenzaban a construir las bases de un pensamiento que colocaba al hombre, en tanto tal, en el centro de sus reflexiones. Todos ellos eran representantes de una clase en ascenso, la burguesía de las comunas urbanas, que enarbolaban las verdades de su humanismo ante las dogmáticas interpretaciones que de los escritos tradicionales habían realizado las cúpulas eclesiásticas. En este sentido eran más fieles a las enseñanzas del Jesús de Nazaret que los que se decían sus representantes en la Tierra. El correr de las ruedas de la historia comenzaría a desviarse de ese camino por la embriaguez de esa misma clase que ahora, tiempo después, se solazaba con el oro y la plata que llegaba de allende los mares.

La conquista, con sus métodos feroces, salpicó el seno de la sociedad europea. La justificación de la explotación de los pueblos indígenas sirvió también para avalar la explotación de los trabajadores que la Revolución industrial amontonó en sus grandes talleres. Posiblemente el ruido de las nuevas máquinas tapó el gemido de esa gente que dejaba jirones de sus vidas durante las doce o catorce y hasta dieciséis horas laborales de los siete días semanales. La cantidad de mercancías que esas fraguas industriales arrojaban al mercado obligó a la apertura de nuevos mercados (para utilizar un lenguaje técnico y aséptico) de modo tal que el mundo se fue convirtiendo en un solo mercado de ventas y de aprovisionamiento. Dice Marx en el Manifiesto: «La gran industria creó el mercado mundial».

El romanticismo y la fe de los renacentistas en los ideales de un mundo mejor fueron quedando sepultados bajo las tentaciones de la nueva promesa de la felicidad por vía de la acumulación infinita de riquezas a cualquier precio. Volvamos a Marx: «Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas». La prédica del cristianismo en las Iglesias fue puesta al servicio del proyecto capitalista. Aprovechó la espiritualización del viejo mensaje que le quitaba todo el contenido subversivo de los primeros siglos. Esta tarea se había llevado a cabo desde la Nueva Alianza que en el siglo IV se había cordado entre el emperador Constantino y los obispos cristianos. Se permutó la persecución a los “subversivos” cristianos por espiritualización del mensaje que desestabilizaba al Imperio. Así el Reino se trasladó a los cielos y la Tierra se convirtió en un valle de lágrimas para merecer el premio pos-mortem. El predicador de la Palestina fue amansado, guardó el látigo conque había expulsado a los mercaderes del Templo, ofreció la otra mejilla y, de este modo, sus palabras llamaron a la paz y al sometimiento obediente, mientras algunas jerarquías acumulaban tierras que hacían trabajar por sus siervos de la gleba.

Esta Nueva Alianza garantizó la estabilidad del poder legitimada como voluntad divina. Durante catorce siglos las revueltas campesinas fueron sometidas en el Nombre de Dios. Todo intento de modificar las condiciones sociales se convertía en una herejía en tanto pretendía alterar el Orden impuesto divinamente. Cuando las burguesías hubieron acumulado dinero y poder suficientes se encontraron en condiciones de enfrentar a las monarquías aliadas a las Iglesias. Vieron en los intelectuales del Siglo de las luces a sus mejores representantes que comenzaron a demoler los castillos con las ideas que brotaban de sus plumas. Así fue como esta prédica demoledora, que comenzó apuntando a las consecuencias políticas de la Alianza, afiló sus agudas preguntas y la emprendió con los textos heredados de la tradición judeo-cristiana. Como la lectura oficial de la iglesia se aferraba a una interpretación literal de esos textos los ilustrados preguntaban en la misma línea cosas como “Si Adán y Eva tuvieron dos hijos varones ¿con quiénes tuvieron sus hijos Caín y Abel?”.

Todo ello era comprensible en una época que estaba todavía lejos de adquirir los instrumentos del análisis histórico-crítico, de la lingüística, de la filología, de la hermenéutica, de la exégesis, etc. Y por tal razón se tendía a una lectura literal de los textos, a favor y en contra. Pero ya han pasado algunos siglos y se ha avanzado mucho en el conocimiento del mundo antiguo de sus maneras de pensar, de la cultura que los formaba, como para seguir cometiendo los mismos errores. Alcanza con recurrir al Libro del pueblo de Dios publicado por Ediciones Paulinas para ver como se aclara al pie de página los significados actuales y el comentario de los errores cometidos hasta no hace tanto. Desde allí se podrán responder las preguntas que los ilustrados hacían con mucha ironía.

Entonces, se puede comprender también que en una España todavía herida por las secuelas del franquismo, por el rígido conservadurismo de la jerarquía eclesiástica, por el severo sometimiento a Roma, el sentimiento anticlerical tenga tanta fuerza. Que una Europa desilusionada por el incumplimiento de las promesas de la modernidad haya caído en el actual escepticismo, profunda desesperanza y falta de fe (de esto hablé ya en una nota anterior). Sin embargo, cuando se realizó en 1979 en América, en Puebla de los Ángeles, la Conferencia Episcopal, otros vientos soplaron y otras palabras se pronunciaron: se habló de liberación, de colonialismo, de imper4ialismo, etc. Allí se volcó la experiencia religiosa de las Comunidades de Base como un camino de la práctica político-religiosa que demandaba un cambio de las estructuras. Allí reverberaron las diversas formas de pensar la palabra revolución. Qué todo ello se fue dejando de lado por las jerarquías no se puede negar, pero ello no indica que todo ese bagaje político haya desaparecido. Ese cristianismo vuelve a brotar en las ideas del socialismo para el siglo XXI.

El investigador Edgar Durini Cárdenas nos dice cómo valorar los aportes de los textos judeo-cristianos en la línea interpretativa de la liberación de los pueblos: «Las experiencias históricas de la liga tribal y de las primeras comunidades cristianas aportan valiosos elementos para las acciones de los cristianos en el mundo actual, vinculados entre otras cosas a la posibilidad de construcción de una organización económico-política comunitaria y de una sociedad sin clases sociales. Las tribus de Yahvé y los seguidores de Jesús estaban unidos por un pacto religioso y por un sueño común, que ahora se concebiría como un proyecto democrático-participativo contra la injusticia social y a favor de los pobres de todas las naciones. Y es en función de ello que deben asimilarse las lecciones históricas para los creyentes en la actualidad».

¿Por qué hablar de esto?

Toda esta introducción se ve justificada porque aparecen voces en los medios de comunicación que, tal vez, en la convicción de hablar desde el progresismo caen en interpretaciones y afirmaciones difíciles de compartir, por lo menos desde mí. El discurso anticlerical, totalmente aceptable por las condiciones culturales del viejo continente y por las respuestas medievales que reciben de las iglesias, pecan por exceso. Mi abuela advertía que «al tirar el agua sucia de la bañera no tiraran también al niño», y es precisamente eso lo que yo observo en algunas personas que escriben. Voy a tomar un caso que se ha publicado en ARGENPRESS el 24-4-09, que sólo es, me parece, uno de los tantos. En el cual su autor, Jaime Richart, propone como salida a esta situación social, en la búsqueda de La forma perfecta de gobierno, lo siguiente: «De modo que, puestas así las cosas, la única salida airosa para la sociedad occidental es la alianza de las civilizaciones bajo las directrices del musulmán, del chino, del cingalés o el esquimal. Cualquiera menos alguien y algo que tenga su foco en la cultura judeocristiana».

No parece ser la propuesta de alguien que se dedica a la reflexión crítica profunda, parece más bien la expresión de alguien que ignora la verdadera tradición judeo-cristiana y se limita a contestar a los representantes de las jerarquías, con algo que más se parece al odio que a la inteligencia. Ello implica un total desprecio a todo lo que se ha pensado, se ha escrito y se ha realizado en América latina. Y me parece comprender que llegó a esa conclusión porque lo que dice en otra publicación suya: «No soy experto en materia de sociología de la religión. En realidad no soy experto en nada. Me paso la vida como aprendiz de todo. Por eso escribo». Bien, se podría esperar que después de esta confesión fuera más prudente.

Sin embargo, con un discurso que recuerda las dudas de Descartes cuando afirma en sus Consideraciones del Discurso del Método: «El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen», notable ironía, y remata el párrafo con lo siguiente: «Pues no basta con tener la mente bien dispuesta, sino que lo principal es aplicarla bien».

La cita me vino a la memoria al leer a nuestro autor, que sostiene: «Tampoco es que crea que adelantase mucho conociendo los dictámenes de los expertos, pues si bien se mira los expertos se pasan la vida discutiendo asimismo entre sí sobre el objeto de su estudio, y en cuestiones de interés general -sean de carácter científico, histórico, religioso, económico, político, sociológico o humanista- todos sabemos hasta que punto están en desacuerdo y se tiran los trastos a la cabeza. Por eso hace mucho que decidí analizar las cosas por mi cuenta desde los datos fundamentales, limitándome a observar con todo detenimiento tanto los acontecimientos más llamativos como los objetivamente insignificantes pero significativos para mí añadiendo a ello luego mucha reflexión. Pero en todo caso, sin dar mucha importancia a los pronunciamientos de los especialistas. Y menos cuando pertenecen a la curia. Prefiero equivocarme yo solo, a que me equivoquen los demás».

No me atrevo a calificar este tipo de afirmación, sobre todo por respeto a la persona que escribe, lo dejo al juicio del lector. Yo que llevo más de cuarenta años de docencia universitaria puedo compartir que las ignorancias de toda índole se pasean por las aulas de las llamadas “altas casas de estudio”, puedo aportar experiencias de que en nombre de la ciencia se pueden decir las más grandes atrocidades. Pero, una vez más, se volvió a tirar el niño junto al agua sucia. Para leer otra de las conclusiones a las que arriba con su método experimental individual, veamos esto: «Dicen muchos, y también el “viejo profesor”, que la democracia perfecta sería aquella que asigna al voto de la gente preparada un valor doble o triple al del pueblo llano. Yo estoy con ellos… Así las cosas, el sistema político perfecto residiría en la aristocracia. Pero no en la aristocracia entendida como un conglomerado en el gobierno, de títulos heredados, sino el gobierno de los más preparados, de los más sabios, que al mismo tiempo sería también el de los más honestos por su sabiduría. ¿Y quiénes son los más preparados, los más sabios, los más honestos? Pues aquellos que, puestos a prueba, estuvieran adornados con la virtud más valiosa: el sentido común».

Si no lo comprendo mal parece estar hablando desde La república de Platón o desde una interpretación de La política de Aristóteles. El pobre Platón casi pierde la vida por los conflictos que generó cuando quiso poner en práctica su propuesta en el sur de Italia. ¿Se puede hoy hablar con tal desapego de la realidad política, de la realidad antropológica y cultural del hombre actual? ¿Cómo hablar de un sabio-filósofo que se hiciera cargo de los destinos de una nación? Nuestro autor es consciente de la dificultad: «La sabiduría es un bien natural o adquirido. O se tiene por ciencia infusa o se adquiere por la suma de ciencia y experiencia, es decir estudio y años. Lo que nos conduciría a concluir que el sistema perfecto sería el Consejo de Ancianos elegidos por los ciudadanos más "preparados"... en sentido común. Pero es que antes, mucho antes de plantearnos a quién elegir más sabio y quién es el elector más “preparado”, habría que seleccionar la elección del método». Pero la propuesta retrograda hasta el infinito el problema, puesto que deberíamos preguntarnos quiénes están habilitados para definir el método y, a su vez quiénes serían los que eligieran a éstos…

Ruego que se me perdone la ironía, es que me siento abrumado por una lógica que conduce a un callejón sin salida. Pero estoy tentado de decir, y créanme que lo digo embargado por el temor, que en estos tiempos de dominación mediática de los poderes concentrados, pudiera aparecer una propuesta televisiva que nos ofreciera un programa para resolver la cuestión. Creo que estaríamos al borde del riesgo de que la elección se hiciera en un programa de Tinelli: “Eligiendo gobernantes por un sueño”.

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Una poética para unos cuantos versos amorosos

Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Alguien dijo alguna vez, creo que Rosa Chacel, que escribir es comunicar un secreto. Luego vino Borges y remató diciendo que él esperaba y a veces algo venía (convertido ya en historias de palabras). Luego sólo quedaba -concluía Jorge Luis- aceptar el resultado como una fatalidad. Yo también quiero comunicar mi secreto, mi hallazgo, mi encuentro, el inesperado descubrimiento del siempre sorprendente y sorprendido verso que desciende sobre el papel para anunciarnos una nueva metáfora, una sugerente imagen, una cambiante emoción, con las que poder reconciliarnos de nuevo con el mundo, con la vida, con uno mismo.

Pero en un determinado momento te ocurre encontrarte frente a la soledad del lecho amoroso el día menos apropiado, la noche más desamparada e imprevista -por lo oído, visto y leído, siempre fue así y por siempre -cuentan- lo será-. Entonces oyes tu nombre en boca de un desconocido que se apiada de tu ridícula y trágica situación y te suelta un "tranquilo muchacho, no es la primera vez que ocurre, ni tú serás el último". De pronto, empiezas a sentir esta frase como la más asquerosamente consoladora de todas las posiblemente planteables para la maldita ocasión. En ese preciso momento -sin apenas pensártelo- sacas el puñal afilado que llevas fajado al pantalón -y que hacía meses que no utilizabas- y le das tres certeras puñaladas en el centro mismo del corazón. Cuando el desgraciado hombre anónimo cae al suelo, agarras fuertemente de nuevo el puñal ensangrentado con las dos manos y lo hundes hasta el fondo del tuyo -en tu ya sufrido y dolorido corazón- donde queda clavado, hasta la empuñadura de plata con rubíes y esmeraldas incrustadas, y que si la miras fijamente parece formar una figura lo más parecido a un corazón partido, el mismo que acaba de atravesar de una parte a otra, del uno al otro lado y ya esta vez por siempre jamás.

El punto final lo pondrá Julio Cortázar diciendo: "intentemos vivir reinventando pasiones nuevas, o reviviendo las antiguas con pareja intensidad".

Jose Almeida Alfonso

Orilla azul

Cuando duermes a mi lado,
como una gaviota ausente, suspendida,
un beso soñado recala
en la orilla azul de mis labios.

Entonces, la Luz perfecta, intensa, oscurece
en la noche que abarca circular las solas ansias,
y la árida tierra erosiona los anhelos amorosos
de nuestra centenaria quietud.

(Sólo nuestro milenario sueño pervive intenso
como aquel primer día de descubrimientos).

Entonces, volvemos a la luz total,
a la palabra que hiere,
a las manos-ansias, a los besos-párpados,
a las lunas-crecientes
que requieren nuestra presencia,
-inmediata voz percibida a lo lejos-,
en los callados ámbitos de nuestras miradas.

Hay como un abismo, siempre
que sucede al vértigo del amor,
que llenaré con caricias-palabras,
con palabras-estrellas, con sueños-abrazos
en el silencio preciso de sentir.

Cuando tu confianza esté agotada, será el otorgar
mi más grande ternura,
en un cercano oasis de palomas
para beber tus senos hasta no saciarme nunca,
y remontar el más alto vuelo
en las alas inmensas alas de tu corazón florecido.

(Luego dibujaremos en el lienzo azul del cielo,
siete, ocho, diez, mil estrellas de verde esperanza,
para que el sueño de la terrible truncada libertad
perviva por siempre-jamás en nuestros requeridos
Atlánticos Peñascos Africanos).

Nosotros sólo recordaremos
las tibias noches compartidas,
el exacto rumor de las caricias,
la linda calidez de tu piel de azucena,
que vuelve a encontrarnos de nuevo, sorprendidos,
en el mismo territorio del deseo presentido.
la espera

Uno siempre había esperado una cosa así:
poder hablar de lo inefable, poder ver lo invisible,
caminar por la senda de lo ilimitado
De los sueños imposibles, de los más altos ensueños.
Abandonar por siempre los engañosos atajos
que perturban el andar, doblegan el alma
y nos alejan de los más bellos paisajes.
Uno siempre había esperado a alguien como tú:
adorable, querible, más allá de todo oscuro
sentimiento,
más acá de toda innombrable pasión.
Uno siempre había esperado y por fin, llegaste
juguetona, revoltosa, arrolladora,
como una ola alta de luz a inundar
las orillas tenebrosas de mi oscuro ser.
Y llegaste, por fin,
magnífica, distinta, impetuosa,
como un incendio inmediato
a quemar las nubes de mi desolación,
a convertir en ceniza
los secos rastrojos de mi locura.
Uno siempre, no sé... quiso querer
que lo quisieran, como tú quieres
inmenso, profundo, verdadero
como un incontenible océano de pasión.


Tu mar, mi cielo

A veces la oscuridad de los cuerpos es la luz intensa.
El deseo voluptuoso, sensual, no ve
palpa, siente el contorno exacto de tu piel de azucena.
La mirada de fuego extiende todas las caricias
y voy, vamos, dibujando los perfiles del amor
en nuestros deseados espacios habitados.
Es la explosión del candor,
De el ansia remontando su vuelo de ternura.
Somos los horizontes azules, precisos
en un océano de olas inquietas, amorosas, juguetonas
que van, que vienen a nuestras geografías reconocidas.
Sólo los susurros del celaje, de la nube suspendida
distinguen la naturaleza de tu cielo,
el mar de mi pasión. Es inmenso
el placer de la contemplación, el roce
de tus labios incendiados
en el justo momento de la comunión:
rumor de pájaros ansiosos sobre las ramas largas
como abrazos, que suben bajan se enredan
derramando la perfecta fragancia del deseo último
por nuestros cuerpos sudorosos, fundidos
en un sólo destino amoroso.
Despacio, poco a poco, la flor presentida de tu encanto
hace florecer, incontenible, la fruta encendida de la pasión
Así puedo acariciar, beberme pletórico
la verdad revelada de tu cuerpo,
el secreto tesoro que descubro jubiloso:
rojísimas cerezas, carnosos pétalos
alimentan mis labios de luz, las manos de espuma
seducen las yemas dulces de mis dedos azules.
Un aire tibio recorre todos los sentidos,
desciende como un rayo un tremendo escalofrío,
cuando tu mar en mi cielo son uno
se repite deliciosa la hora perfecta
de los encuentros amorosos en la noche oscura.
Así, envueltos en esa atmósfera tenue, morimos de vida,
nos acercamos al origen, a la esencia de todos los caminos:
hacer sentir, sintiendo, el palpitar olvidado de la tierra,
los latidos más intensos del Universo.

Viajero del sueño

Hoy, de nuevo, como aquella primera vez
el paisaje se me muestra terrible,
absurdamente bello. Tan bello
que uno no quisiera perturbar
ni un sólo centímetro de su esplendor.
Entonces me olvido un instante
de aquella lejana crueldad: el paisaje concreto
siempre es pura fragancia que permanece, que te eleva
te seduce, te envuelve, sin más excusa
que su propia naturaleza adorable. Tan adorable
que siento sentir esa sensación inmemorial
de antiguos dioses, de dioses inquietos.
A ese eterno momento de puro goce
se dirigen todas las miradas,
todas las ambiciones
todos los destinos.
en ese eterno momento comprendo,
la necesidad de todas las caricias,
el deseo de todos los besos.


Viaje a Tinamar

Desde La Aldea , lejano y solo,
a Tinamar, alto y húmedo,
recorro los terrribles y encantadores paisajes,
de una tierra redonda, absoluta, en extraña quietud,
para reencontrarme con la cándida ternura
de tu presencia volandera ,con las cascadas
a borbotones de tu risa,
con tu palabra luminosa que se enreda
siempreviva entre los almendros
y los tilos de mi vida.

Es que da gusto sentirse así, como en un sueño,
como si nada fuese real; -¿A qué más realidad?-
y bajar desde la cumbre a la playa a sentir
el rumor del mar, el vaivén de las olas inquietas
oliendo la fragancia de su espuma
por la cercana orilla tibia, por la suave arena húmeda.
Aquí el amor se convierte en una querencia necesaria
para poder soportar el peso de los siglos,
el insoportable peso de los años,
el siempre presentido murmullo de uno mismo.


Sueño alado

Cómo decirte que eres la perfecta
geometría de dos seres, la cierta
encarnación del amor,
el exacto rumor de la ternura.
Que tu corazón me adivina jubiloso los latidos
eternos de mi oscura vida,
que a tu lado revolotean sin cesar
los pájaros de la alegría.

Cómo decirte que eres la ansiada realidad
de todos mis sueños,
el auténtico ser de todos mis anhelos amorosos.


Paseando

Paseando por Vegueta,
con un inmenso anhelo,
hiciste posar las palomas
de la felicidad en mi alma colmenera.

Junto a ti no hay que mirar al cielo
para ver, para sentir el azul completo
de un día luminoso.


Descubrimientos

Es una delicia sentir tu respiración
en la oscuridad de la noche. Sentir tus latidos
serenos, como de mar en calma.
Sentir el calor de tu cuerpo fundiéndose
con el calor del mío,
para irradiar todas las cosas que conforman el espacio
de nuestros sueños.

Es una dicha descubrir que juntos podemos
hacer crece las flores con maravillosos colores,
de tantos jardines marchitos por el olvido.
Descubrir que nuestros más ansiados deseos
pueden esperar sin que sean consumidos
por el fuego de una pasión inútil.

Es una inmensa felicidad poder compartir
nuestras pequeñas cosas de gran alcance
que nos hacen intuir otras realidades más cercanas.
Compartir también, todas las desdichas
que se ciernen alrededor nuestro, dentro
como terribles puñales afilados.
Al fin, es una delicia sentirte,
una gran dicha descubrir nuestro inmenso anhelo
que llega como una ola alta de luz.


Lejanías

Sentirte cerca es lo mejor
que me puede pasar. Lo más hermoso:
cercana a mí te quiero.
Y sólo cuando te alejas -no en la distancia física,
en la otra, quizás más cruel- sólo entonces creo morir:
sentir sobre mí cien mil atmósfera fulminantes.

No he aprendido a evitar este abandono mortificante,
este desesperante vivir de sentirte
tan lejana al lado mío.
Cercano a ti me quiero.


Revelación

Tu voz interior me llega clara, cristalina,
luminosa,
como de barranquillo sereno o día azul intenso.

Tus palabras son como olas reveladoras que tiernas
acarician,
las orillas de mi olvido, las playas de mi desolación.
Lo que antes era murmullo inaudible,
es ahora blanca espuma reconocible.
Lo que antes eran oscuras incertidumbres
son ahora purísimas montañas de certezas.
De tí me llegan viejos secretos callados
durante largos siglos de desamor.
De tí recibo las enseñanzas de los ciclos perfectos
de la naturaleza, el orden exacto de las estaciones.
Sé que juntos podemos andar, inventar
el camino de los sueños, la senda desconocida del amor.


Naturaleza encantada

Todo es posible a tu lado, todo es distinto.
Contigo se siente la fuerza de los volcanes dormidos,
el poder de las estrellas lejanas,
la energía de las lunas del mar,
de los soles de las montañas.

Todas las cosas que tocas, que miras, sin querer,
impotentes, revelan su naturaleza entrañable.
Tienes el don de disipar todos los temores:
el temor de la vida y el temor de la muerte
aunque pervivan en ti como soplos de alas de mariposas.

A tu lado todo es distinto, todo es posible.

Contigo se aprende a mirar las cosas
con la mirada de la inocencia perdida
del candor rescatado.

Al final uno llega a creer
que todo, árboles, pájaros, montañas, flores,
lunas, besos, sólo existen para confirmar
la grandeza del amor.


Sin esperarlo

Hay que aprender de la dolorosa espina,
del punzante delirio de los verdes tallos,
-que asciende sabiamente colocada-

que hieren hondamente
que profundamente rasgan,

para que un día cercano, nuevo
para que una mañana distinta, hermosa
sin esperarlo, ya sin más
alcanzar la cima esplendorosa,
la inmensa belleza luminosa
de un tremendo rosal.



Otro principio

Desde siempre ruge el viento con sus dientes afilados,
el que hace surgir el temor no sabido, no confesado.
Aún así, permanezco indiferente, impávido
ante la sucesión de difuntos
que yacen en los recuerdos.
Pero no al estrangulador oscuro de florecillas.
No ante el asesino feroz de ansias sin sueño.
Sus manos sostienen el mundo como una marioneta,
como una mañana oscura, como un sinsentido amargo
todo se vuelve contra la tierra húmeda.

Tiene que ser otra época azul embarcándonos
en mareas de días y playas. Otro principio
igual que un campo de amapolas y distinto como razas.

Aunque te tengo como una sombra que camina sin sol
no te puedo abandonar en este día
en esta calma que me posee, en esta hora que agoniza
el vientre caduco en los dientes de la serpiente.

Recuerda que el horizonte se besa
con el mar desde siempre.


Afrika

Son terribles los grilletes que aprisionan
Los anhelos de un inmenso corazón.

Los destellos de las negrísimas pupilas, profundas,
Revelan la poderosa luz, la luz intensa
De un afán de truncada libertad.

Sólo un refugio, una memoria milenaria para no morir
en los gestos, un mágico sueño ancestral pervive
en sus telúricos ritos, en su ritmo permanente.

Tierra sobria rica en amarillo desdén
resurge del polvo sediento de la esclavitud
para reconquistar un espacio de grietas palpitantes.

Un horizonte rojísimo deja entrever la vida,
un cielo estrellado de infinitos desvelos.
Al final un mismo pájaro de fuego traerá
en sus africanas alas las claves más sonoras
del sueño más antiguo de nuestra común libertad.



Abandono

Ahora, después de tantos sueños desvanecidos,
de romper mil labios de amargura y llanto,
de finísimos puñales relucientes de cobardías,
de traiciones hirientes hasta lo indecible.

Ahora, después de haber comulgado con el deseo voraz
y de permanecer atento al cambio de las mareas,
a las reveladoras fases de la luna.

Ahora, después de tanta desolación y olvido
no quiero abandonarme, que me abandones
a la suerte cruel de un día cualquiera,
al frío cortante de mil puñales afilados.


Goce

Llegaste a mi como un pájaro certero
que trae en sus alas las claves de todos los vuelos,
en su garganta los secretos de todas las canciones.

Silencioso, con paso tembloroso
aún me sostenía la tenue línea del horizonte.
Tu, resplandeciente, iluminada
como un día soleado de luceros
como una noche poderosamente estrellada de lunas.

Llegaste a mi con tus mejores dones
Y cautivaste de inmediato todo el recinto,
las ansias de mi sueño imposible.

Llegaste a mí, río caudaloso de sueños altos
arrastrando aguas estancadas, olvidos
dejando sólo la confirmación de la alegría.

Llegaste a mi, y yo te recibí gozoso,
Con el mejor de mis sueños,
Con la más grande ternura.


No se detiene

Por el día, mi sueño no se detiene ya
en las ramas frágiles de los árboles marchitos,
ni en las crestas de inquietas olas
que siempre van a morir a todas las orillas.

No, mi sueño va más allá, más allá.
Parte de las ingenuas sonrisas,
de las desordenadas ondulaciones de tu pelo,
del resplandor blanco de tu piel de flor tibia,
de tus manos de gracia azul, infinita.

No, mi sueño no se detiene ya
vuela, libre, en las alas de los pájaros rojizos,
blancos de la aurora.

Asciende firme, por los diminutos rayos del sol
de la espuma negra que se desvanece.

Corre, serenamente alocado,
a las cimas altas de inmensos anhelos.

No, mi sueño no se detiene ya
porque has conseguido liberal la mordaza
de tantos vacíos, de profundos abismos.
Mi sueño ya no se detiene
vuela, asciende, corre, libre, junto al tuyo
por encima del mar.
A veces, al despertar oscuro de la mañana
siento tu ausencia clavada en mi pecho.
Tu ausencia, herida abierta que no se detiene
en mi corazón sangrante de ansiedades.

Entonces, ya no es aquel entrañable aire tibio
que recorría nuestros cuerpos deseosos, soñados.
Sólo viento frío, escombros para la mirada.
Aunque escucho tu voz, lejana, no es lo mismo.
Mis labios oscuros, mis manos pétreas
y quiero irme, irme lejos,
ser ala, sueño, nube, mar inmenso
para tu cielo siempre.


Ama, Polas

Ama, Polas, no esperes la ora marchita del ocre.
Saborea ahora la amargura del deselance
que se percibe, que te hincha esplendoroso
el corazón suspendido. Apura hasta el vacío
Las copas de pétalos deseosos
con sonidos de trinos y campanas lejanas.

¡Ama, Polas! Ten en tu pecho
la flor deshojada del ansia y el temblor
cuando los siglos no son otra cosa
que miradas y abismos de oscuridad.

Piérdete en la aventura de un cuerpo,
y siente la estación conjunta
del sueño de hojarasca, de nube alta
de lucero luminoso como abrazo.

Párate y escucha por un momento
El soliloquio sensual y tremendo
del despertar alboreado de las memorias:
el rocío, la hierba, la hoja
o el gusano que repta.

¡Sigue, sigue atento la flecha lanzada!,
violentamente sobre los ojos y las bocas.
En las palabras beben y adjuran. Temen
La luz del sándalo. Y el olor
Que se mete dentro, muy adentro,
el dolor y la desesperación. No existen.
Como el amor o el juego, no son nada.

Te veo ahora, Polas, sólo
en la madrugada, andando despacio,
hundido, despreciado, maltratado,
con las manos abiertas deshaciendo
los revoltijos de las entrenadas.
Y te vienen de nuevo los acordes,
aquellos metálicos de los atardeceres
Y sientes que la sal es menos sal
Y que el agua, sube, sube y nos bebe.
Y tu dices: "es la luna". En este pesar
que te carcome los huesos
piensa siempre en una flor y Ama, Polas.
Ama, hasta desangrarte,
hasta el último suspiro escalofriante
Y sombrío.

Hasta que el mundo quede iluminado
A tus pies. Gritando, alborotado,
Ama siempre, Polas.

Escritos en el año 1992 y publicados bajo el título de "Orilla azul" en 2002.


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Galeano: Las venas abiertas de América Latina


Daniela Saidman (Desde la República Bolivariana de Venezuela)

Hay libros que son ventanas, que son puertas, rendijas siempre abiertas. Hay libros a los que es necesario volver una y otra vez, para recuperar el rumbo y sobre todo, para no desmemoriarse. De esos es precisamente, Las venas abiertas de América Latina. Publicado en su primera edición en 1971, narra el porqué del hambre, la miseria, la esperanza y las luchas de esta geografía sembrada de cantos y de sangre.

Interesante, porque representa una inflexión en la historia, que un Presidente en cuyo rostro reverbera toda la mezcla de sueños y de pueblos de aquí y de más allá, le haya regalado precisamente este libro a un Presidente negro, un Presidente estadounidense. Por eso, y aunque ya se ha hablado bastante de uno de los libros más leídos de Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), sobre todo después del obsequio, aprovechamos la oportunidad para hablar de él, como quién cuenta la historia de nuestras historias.

Todo esto que somos, este enredo de idiomas, sones, guerras, hambres, pasiones, miserias y a veces también victorias, se entrecruzan en este libro y nos deja asomarnos a lo que fue y a lo que necesariamente será.

Las venas abiertas de América Latina narra la historia de los vencidos, de esta América tan poco nuestra, que ha estado casi siempre al servicio de los poco que mucho tienen, por eso es que no ha perdido vigencia y por eso mismo, hay que volver a él cada vez que olvidemos de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.

“Para quienes conciben la historia como una competencia, el atraso y la miseria de América Latina no son otra cosa que el resultado de su fracaso. Perdimos; otros ganaron. Pero ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial”.

Desde las páginas de Las venas abiertas de América Latina, Galeano acusa al sistema capitalista, opresor por naturaleza, de ser el responsable del atraso y la miseria latinoamericana. Es un libro para abrir los ojos, para encontrarse y encontrarnos, para sabernos compañeras y compañeros en la lucha por las libertades, las individuales y sobre todo, las colectivas.

Tal vez más que nunca o por lo menos más que antes, los pueblos de esta tierra saqueada y hambreada durante centurias andan en busca de un nuevo orden socioeconómico, ahora cuando es precisamente el sistema capitalista el que cayendo sobre sus propios pueblos ha demostrado ser, incluso para el norte desarrollado, inviable.

“Para que el imperialismo norteamericano pueda, hoy día, integrar para reinar en América Latina, fue necesario que ayer el Imperio británico contribuyera a dividirnos con los mismos fines. Un archipiélago de países, desconectados entre sí, nació como consecuencia de la frustración de nuestra unidad nacional”.

Memoria del tiempo que vivimos, Las venas abiertas es un libro que dice, que sigue diciendo, que lo hará siempre. Porque el presente es la oportunidad que tenemos, como pueblos, de gritar los dolores para parir el mañana, para hacerlo nacer con justicia, con libertad, con respeto, y sobre todo con y desde la solidaridad. Este libro, escrito desde el amor, hace nacer desde lo más profundo todos los llantos que se nos han ido sumando desde hace más de quinientos años, lleva también entre sus pliegues la risa, esa que despierta en el ALBA de nuestros días.

“Toda memoria es subversiva”, dice Galeano, y así es.

Publicado en el Diario de Guayana, domingo 26 de abril de 2009


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Globalización

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un ejecutivo de la multinacional ABB, ha expresado en el año 1995:

“YO definiría la Globalización como la Libertad de Mi grupo, de Invertir donde Quiera, por el tiempo que Quiera, para producir lo que Quiera, proveyéndose y vendiendo donde Quiera, teniendo que soportar las Menores Limitaciones posibles en “materia Laboral y de Convenciones Sociales”

Esta interpretación de lo que significa Globalizar es un pensamiento que define al que lo expresa como un personaje que considera la expulsión social y la expropiación como un derecho que puede ejercer cualquier multinacional sin que pueda discutirse su ilegalidad.

Hay una perversa e hipócrita manipulación de términos que tergiversa el significado de: Libertad, Invertir, Tiempo, Limitaciones, Laboral y Convenciones Sociales. Al analizarlas colisionan con el uso y aplicación que el señor ejecutivo les quiere adjudicar pero que, lamentablemente en los hechos, es lo que hacen las multinacionales que salen como piratas con las sigla de LOS OCHO e hincan sus garfios en el tercer mundo, en Asia y en China, vulnerando las más elementales leyes de conquistas sociales que se habían conseguido a costa de cruentas luchas obreras.

Pero sus ilegales recursos, que los consiguen en Estados débiles y Estados Cómplices, les permiten ignorar el cumplimiento de leyes laborales, les permite saltear seguros de vida y de Salud, aportes jubilatorios, imponer salarios en negro mediante la tercerización de empleos.

Abandonan a un operario enfermo, sin cobertura médica a una cruel indigencia. La viuda y sus hijos de un fallecido por accidente quedan sin protección previsional.

Es la Ley de la Selva, una Ley que nos ha llevado a aceptar que cercenaran derechos adquiridos en sacrificadas luchas gremiales.

Los responsables del Estado (presidentes, senadores, diputados) son los nuevos vasallos de los señores feudales que se esconden en siglas: F.M.I., B.M. y guardan sus robos en las islas Cayman, los bancos cómplices, en el principado de Linchestein, etc.

Tomado de la novela “De Úbeda a Santa Fe”, pag.246.


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Cine, lujuria y psicopatía. El caso Jarabo: una peritación controvertida


Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los doctores Marina Fuentes y Tiburcio Angosto presentaron en el Hospital Nicolás Peña, una película de Juan Antonio Bardem sobre el famoso asesino que escandalizaría a una Madrid bastante pueblerina, como aún era la capital española de finales de la década de 1950, donde cómo si se tratara de la Dolores de la copla, otra coplilla recorrería la ciudad, mientras se rumoraba, para ponderar la maldad de alguien, que era más malo que Jarabo; pero, la cancioncilla, más que ser el pregón de infamias de una mujer calumniada, como lo era en el caso de la Dolores de Calatayud, se hablaba de un hombre que bien pudiera hacer un capítulo olvidado por Jorge Luis Borges al escribir su Historia Universal de la Infamia.

Su presentación hizo parte de un seminario que se dio sobre peritaciones célebres.

La cinta de Bardem, no hace parte de una narrativa fantástica. El director de cine español parte de sucesos completamente reales, donde lo único exótico es el protagonista mismo, un señorito que se considera a sí mismo un verdadero caballero español, un rey de la noche y de la juerga, un tocador de señoras, un pozo de lujuria y elegancia, todo un dandi latino.

El relato fílmico podríamos ubicarlo dentro de un estilo realista, llevado a cabo para una serie de la televisión española, que se titulaba La huella del crimen sobre los casos que impactaron a la opinión pública de este país. [1]

José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris había nacido allí, en la ciudad que para don Gil de Alcalá fuera la ciudad de todos los pecados, en 1923 de una familia aristocrática; era pariente de ministros de Franco, más concreto del Presidente del Tribunal Supremo, en el momento en el que fue juzgado, por lo cual lo que llegó a pensarse era que en el féretro, que sacaron de la cárcel de Carabanchel, no iba el cadáver del caballero ajusticiado en el garrote vil, sino que el que desfilaba en el carro mortuorio era un gitano, con el que había substituido el establecimiento carcelario al aristocrático matón; lo cual se comprobaría que no era sino parte de toda esa mitología como la que suele acompañar a esos casos, en los que lo ominoso hace su presencia en una colectividad humana.

A causa de la guerra, su notable familia había venido a menos en lo económico y tuvo que emigrar a Puerto Rico, donde el joven empezaría a emborracharse desde los diecisiete años y convertirse en un irredento juerguista, con varios accidentes a cuesta y una neurosífilis temprana, que le produjera convulsiones y enfermedad mental, la que se diagnosticaría, en su momento, como una esquizofrenia o un trastorno paranoide.

Además del exceso de alcohol, se haría adicto a otras substancias, como la cocaína, con la que ya traficaría en aquellos tiempos.

En un pasaje al acto, se casaría tras una de sus famosas juergas; pero, su carácter violento y extraño haría imposible aquella unión ya que el macho amenazaba a su mujer con armas.

Todo ello haría que abandonara a la Borinquen, que había acogido a su familia para irse a la parte continental de los Estados Unidos de América, donde se metería en la trata de blancas.

Sus actuaciones impulsivas harían que se lo encerrara en un centro para hombres violentos que había en Springfield, de donde sale como retornado a España, con sus bolsillos repletos de dinero, a causa de una madre que lo consentía en exceso, una mujer terriblemente permisiva, que se comportaba con él como si fuera una verdadera fábrica de billetes.

Jarabo solía llevar en la cintura una pistola para hacerse respetar.

Los expertos psiquiatras, que peritaron, dicen que se ligó con una alemana homosexual, con la que hizo una simulación de matrimonio pues además era un impostor, un promiscuo, que no trabajaba ni respetaba las normas, un ladrón de coches y, por lo demás, chantajista. Era un golfo, sin oficio reconocido ninguno, a quien podían hacérsele cargos por proxeneta, traficante de drogas y estafador.

En 1956, conocería a Beryl Martin Jones, mujer que se convertiría en la causa de su desgracia final, una inglesa, casada con un francés y con hijos, quien le prestaría un anillo, que el empeñaría para tener dinero para sus juergas, que el hombre llevó a unos prestamistas, que se negaron a devolvérsela, lo que hizo que nostro uomo planeara la peor de las venganzas.

La película de Bardem pone el énfasis en dos noches en la vida de Jarabo. La noche del crimen y la noche siguiente donde en una especie de mascarada maniforme se va de putas hasta el amanecer.

En la primera de ellas, el hombre, con sus toques de cocaína, se dirigiría al piso donde vivía uno de los usureros y asesina a la criada de éstos, para después dar cuenta de la vida del hombre y luego de la mujer de éste, quien estaba embarazada. Pero el asesino tenía la suficiente sangre fría como para cambiar las cosas, en el apartamento, donde celebrara su siniestra venganza, de tal suerte que se pensara que todo había sido la culminación de una noche orgiástica de las víctimas, un crimen pasional, en una macabra puesta en escena.

Y entonces pocos días después se dirigiría al negocio de los prestamistas para tratar de recuperar en vano la joya y la carta de la amante inglesa y acabar con la vida del otro, de un tiro en el cuello, a la manera como había visto asesinar gente en una checa anarquista en tiempos de la Guerra Civil Española.

Pero como no hay crimen perfecto, una llamada hecha a la mujer del segundo occiso y el llevar su elegante traje ensangrentado a la lavandería de unos amigos, hace que la policía se ponga sobre la pista y lo atrape al final de una noche de putas.

Es interesante como el policía, para tomar sus declaraciones no acudiría a la tortura sino a la seducción, al invitarlo a comer en la comisaría de un restaurante elegante, con buenos licores, para que el hombre desplegara el relato arrogante de su delito, con todo lujo de detalles.

Casi un año después Jarabo moriría en el patio de la cárcel de Carabanchel, mediante el uso del garrote vil.

El hombre asistiría al juicio como un figurín petulante, estrenaría vestido cada día, y su última noche se la pasaría bebiendo y fumando.

El peritaje lo harían inicialmente dos médicos generales, por parte de la nación, pero la defensa solicitaría la intervención de dos psiquiatras muy competentes, aunque ninguno tuvo en cuenta sus antecedentes.

La conclusión diagnóstica sería que se trataba de un psicópata desalmado, de acuerdo con los criterios del psiquiatra alemán Kurt Schneider, de esos que dicho autor define como carentes de compasión, de vergüenza, de sentido del honor, de remordimiento, de conciencia moral, sin que se hable de una insanía moral propiamente dicha; seres incorregibles e ineducables, de naturaleza dura, que caminan sobre los cadáveres y que muchas veces tienen una inteligencia notable. Aunque muchos años más tarde, la criminóloga Marisol Donis [2] diría para la televisión que también habría que contemplar en su diagnóstico la categoría de psicópata lábil de ánimo, de esos que Kurt Schneider define como personalidades que tienen rápidas oscilaciones afectivas y acuden a actuaciones impulsivas, como huidas o excesos en la bebida, de como si se tratara de una psicopatía combinada con distintos rasgos personalidad yuxtapuestos, en el que parecía haber una completa egosintonía, sin ningún sentimiento de culpabilidad.[3]

Se solicitó la peritación a los doctores Bartolomé Llopis y Ramón Alberca que habían hecho el peritación de un infanticida.

Alberca dice que se trata de un psicópata enfermo[4], que en última instancia no era responsable de lo que hacía, por lo que debería someterse a tratamiento, ya que su condición era muy cercana a la psicosis pero susceptible a la psicoterapia, más en la línea de la psiquiatría existencial de Binswanger que del psicoanálisis mismo, que no era muy bien visto en la España franquista, pero tal proceso psicoterapéutico no debía llevarse a cabo ni en la cárcel ni en hospitales psiquiátricos.

Sin embargo, la justicia no tuvo en consideración estas recomendaciones sino que el hombre sería condenado a muerte, por deseo expreso del propio Generalísimo, de seguro para dar ejemplo a la sociedad, sacudida por tan violento crimen, ya que Jarabo había puesto en cuestión el supuesto absoluto control que el Régimen decía haber logrado.

La discusión, que tuvimos, se centró más en el diagnóstico pero creo que hubiera sido muy importante que hubiéramos tenido más tiempo para examinar sobre las relaciones entre psiquiatría, criminología y Ley.

Cuando vi, por primera vez, la versión fílmica de A sangre fría de Truman Capote, llevada a la pantalla por Peter Brooks, y apenas yo era un estudiante de medicina, había leído recientemente un libro sobre la etiología de la delincuencia en Colombia del abogado Alfonso Meluk [5], en el que me resultaría sumamente interesante la vinculación que el autor hacía entre el delito y el medio social, donde se decía que odiamos a quien mata o roba, pero ello nos impide penetrar en el conocimiento del asesino y del ladrón, lo cual me sigue pareciendo válido aún hoy en día. Ya en aquél tiempo, uno de los comentaristas del autor hablaba del ser humano como una estructura biopsicosocial, y no le resultaba infundado que el delito pudiera interpretarse como una protesta contra prácticas establecidas, cuando un sujeto no pude proyectarse como autor, de una manera creativa, pues nada le es propicio para la realización de sus aspiraciones. Se hablaba entonces del criminal como de alguien que padece una situación deficitaria, un poco en la línea que lo planteara Oscar Lewis en su Antropología de la pobreza, ya que la ésta continuaba esterilizando cerebros, acortando brazos y arrojando residuos humanos en una irresistible pleamar.

Para la sociedad el crimen podría ser un mal, que debía combatirse con otro mal, de tal suerte que el delito terminaría castigándose de una manera torpe, al mirar al prisionero como un leproso moral, recluido más en panópticos, que en sanatorios, en prisiones que son más sitios de corrupción y de muerte.

Por eso, no habría que ver el delito como un mal, ni siquiera como una enfermedad sino como un fenómeno social, con todo un conjunto de causas y efectos, ya que la delincuencia es un fenómeno multicausal y sucesivo, en el que los efectos originan nuevas e imprevistas manifestaciones.

Se criticaba entonces a las cárceles por el hacinamiento, la promiscuidad y el ocio imperantes en ellas, que hace de ellas que sean verdaderas escuelas del crimen.

Me preguntaba si no era acaso eso, lo que sucedía con los personajes de la novela norteamericana, cosa que volví a preguntarme cuando vi al Capote de Bennett Miller. ¿Dick Hickock y Perry Smith no eran precisamente de esos seres provenientes del mundo de la marginalidad, cosa que los convierte en residuos humanos? Entonces… ¿Tiene la sociedad que los produce, el derecho de condenarlos a muerte?

No cabía duda, de que el jurisconsulto Alfonso Meluk hablaba de una etiología social de la delincuencia.

La misma sensación me quedaría al ver y leer los testimonios de Sister Helen Prejean con su acompañamiento piadoso a víctimas y victimarlos, que bien podemos comprender en el filme que dramatiza su experiencia Dead man walking de Tim Robbins, basado en el libro de la religiosa, Pena de muerte, texto que nos remite, a su vez, al Albert Camus de Reflexiones sobre la guillotina.

Pero la obra de Louis Althusser, El porvenir es largo viene a plantearnos el problema de una manera distinta. El filósofo inicia sus confesiones, con una crítica a la justicia por haber declarado, para él, una situación de no ha lugar desde el punto de vista jurídico, de tal suerte, que esta decisión hizo que más que ser condenado a la cárcel o, aún, a la pena capital, fuera condenado a la locura y a los manicomios, ante los cual no contaba con defensa alguna, derecho que él reclamaba para sí, tras la muerte de Hélène, su mujer, cuyas circunstancias permanecerían en una nebulosa enigmática y oscura.

¿Entonces cuál es la posición que la psiquiatría debe asumir frente a estos casos cuando es convocada por la Ley? ¿Debe ser ignorada o desmentida como lo fue en el caso de Jarabo o de los criminales de A sangre fría? ¿Debe ser la rectora de la conducta legal ante el delincuente como sucedió en el caso de Althusser? ¿Tendría que convertirse en una aliada de una legalidad corrupta como se daría en el caso del protagonista de El niño de los coroneles de Julián María?
Tal vez, habría que preguntarse con Jacques-Alain Miller si la enfermedad mental suspende al sujeto de Derecho, con su capacidad de responder por sí mismo.

Si bien, los criminales de Capote y de Prejean, provienen del mundo de la marginalidad social, del mundo de los miserables, al igual que el mismo Raskolnikov de Dostoievsky, Jarabo es todo lo contrario; su miseria y su insanía morales proceden del mundo de una aristocracia decadente, de una familia que estaba bien cerca del Poder absoluto de la Dictadura Española. Pero la declinación del protagonista, de esta historia, iba haciéndole perder antiguos privilegios; podríamos decir que era un personaje de rancia estirpe, que procuraba mantener las glorias de otrora y gozar de cierta visibilidad social. Para cada sesión del juicio estrenaría un vestido nuevo, siempre preocupado de la elegancia, la finura y la originalidad, de quien oculta su verdadero ser, tras la máscara del señorito y del caballero español; a pesar de ser un hombre sanguinario, al que no le temblaba mano, él no quería perder su buen tono, como manera singular de combatir la trivialidad, de reñir contra lo que pudiera resultarle mediocre, pero como buen dandy es incapaz de amar realmente a otros, así los seduzca con su mascarada, ya que sólo se ama a sí mismo. El escándalo y el prestigio lo regocijan; lo excitan sus amores escabrosos, con todos sus riesgos y, para escapar de las ansiedades de la vida, se refugia en sus vicios, el tabaco, el alcohol, la morfina, la cocaína y una vida sexual desenfrenada.

No creo que de una forma casual Jarabo haya sido elegido como su personaje por Juan Antonio Bardem, director de cine, conocido por sus ideales de izquierda.

El personaje pertenece a la misma estirpe de los protagonista de Muerte de un ciclista, seres que también incurren en el homicidio, así sea el crimen de estos buenos burgueses de la vereda fuera un delito culposo más que doloso, como realmente lo fuera el asesinato cuádruple del gran señorón madrileño, pero todos, los unos y los otros habrían querido verse amparados y ocultos, gracias a su posición socioeconómica, ya que ante todo el cine de Bardem fue un cine social, cuestionador y comprometido de un mundo hipócrita y fanfarrón.

A diferencia de Borges, Bardem no fabula, nos cuenta una historia realista, casi podríamos decir que en la línea de la narrativa de Truman Capote, como si se tratara de una novela de no-ficción, en el contexto de la sociedad española de ese entonces, sin transmutaciones, sin tergiversaciones, sin una voluntad alegórica Bardem hace un cine sin barroquismos, que bien puede servir de documento para el estudio de la psiquiatría forense.

Pero quizás, tendríamos que preguntarnos también si como un factor en la etiopatogenia de la psicopatía desalmada o anética, inmoral, de Jarabo, influiría que durante la Guerra Civil Española, él viera ejecutar gente e incluso una cabeza cortada y clavada en una pica, cosa que no es un buen comienzo para nadie, lo que haría de él un asesino serial, como diría Paul Naschy, en una entrevista para la televisión, quien además añade que Jarabo era un hombre resentido por todo lo que le habían hecho, ya que contaba que en los Estados Unidos de América lo habían torturado, aunque podemos entender que tanto para el paranoico, como para quien padece de un narcisismo maligno, al estilo del de nuestro hombre, el sentimiento de culpabilidad y responsabilidad no se asume sino que se lanza afuera, con culpa para la exportación, como viniendo a decir, con los personajes de Sartre: El infierno son los otros.

Vemos pues como el caso del señor Morris y la versión fílmica del director español, a la que nos referimos, nos deja cargados de preguntas, que ojalá un día pudiéramos sentarnos a formularlas para pensar ese enigmático problema de las relaciones de la psiquiatría, con la criminología y con la Ley.

Notas:
1] La huella del crimen se considera una de las mejores series del género negro, que se haya producido en España, en la que se dio la posibilidades a los más grandes directores de cine español de elegir su crimen favorito, para tratar de demostrar que la historia de un país es la historia de sus crímenes. Ahora, en el 2009 la serie piensa recrease con los crímenes más impactantes de los últimos años.
2] Marisol Donis es una farmacóloga y magíster en criminología, autora de un libro sobre los crímenes pasionales en Madrid y otro sobre los crímenes cometidos con venenos a lo largo de la historia; también tiene otro libro titulado Víctimas de la Justicia, sobre inocentes que pagaron con su libertad o aún con su propia vida por delitos que jamás cometieron. Además también ha escrito otro sobre la violencia de género: Hasta que la muerte los separe.
3] José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris http://ellaboratoriodegwen.blogspot.com/2008/06/jose-maria-manuel-pablo-de-la-cruz.html
4] Es preciso aclarar que dentro de la concepción de las personalidades psicopáticas de Kurt Schneider, la personalidad de un sujeto, en sí, no puede considerarse una patología sino bajo ciertas circunstancias y dadas ciertas características. Las personalidades psicopáticas serían de por sí extrañas, en sujetos que, de alguna manera se apartan del medio social, para él de origen disposicional o innato, a pesar de que también incluye el concepto de desarrollo de la personalidad, en el que, sin duda influye el medio ambiente. Sería un cuadro que pueden observar los demás, en aquellos sujetos que se apartan de las normas de conducta, que no necesariamente tiene una manifestación permanente sino que puede ser oscilante, con algunos episodios en la vida y que muchas veces ocurren sólo en el ámbito de lo privado. El actual concepto de personalidad antisocial, que aparece en las clasificaciones actuales correspondería al concepto de personalidad desalmada del psiquiatra alemán, que vendría a ser una estructura perversa, con una falencia en la constitución de la conciencia moral, aunque Schneider fue claro en diferenciar el concepto de psicopatía del de delincuencia, ya que quería discriminarse de la ideología imperante hasta entonces. Para el psiquiatra alemán a diferencia de Morel y Pritchard, quienes ponen el énfasis en la inadecuación moral, lo importante era destituir la psicopatía de la condición de enfermedad mental. Alberca daría el estatuto de enfermo mental al primer asesino serial español, con un estudio más documentado.
5] Meluk, A. Etiología de la delincuencia en Colombia. Editorial Tercer Mundo, Bogotá, 1969, 169 pp.

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.


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Algo de música: El arpa


ARGENPRESS

El arpa es un instrumento muy antiguo cuyo origen se remonta al año 1200 a. de C. A través de la historia ha sufrido numerosas modificaciones, llegando al instrumento actual, el arpa de mecanismo de doble movimiento también conocida como arpa de concierto, de 7 pedales y 43 cuerdas, inventada en 1808.

Actualmente su uso es habitual en las orquestas sinfónicas y de ópera. A veces se utiliza con excelentes resultados en su música de cámara. Su predecesora, el arpa de bastidor, de los que existe un dibujo fechado entre los siglos VIII y X, fue utilizada hasta mediado del siglo XV por lo trovadores de toda Europa.

Muchos son los artífices de este instrumento. En 1710, el luthier Hochbrücker de Donawöt, inventó un mecanismo a pedal que permitía cambiar los acordes sin ocupar las manos. Un fabricante de instrumentos de París llamado Cossineau construyó otro mecanismo y sobre la idea de éste, en el año 1808, Sebastián Erard consiguió en el arpa otra estilización de su perfeccionamiento, universalizándose como arpa clásica, que es la que nos ha llegado hasta el presente con su forma definitiva.

En Latinoamérica el arpa es un instrumento utilizado en la música típica de varios países, como por ejemplo Chile, México, Paraguay (con una variante propia conocida como “arpa paraguaya”), Colombia y Venezuela. De estos tres últimos, son famosas varias composiciones en ritmo de galopera y joropo, que se han hecho ya ritmos mundialmente conocidos.

En la llamada música pop del siglo XX, el arpa aparece rara vez. La han utilizado, por ejemplo, Joanna Newsom y Dee Carstensen. Un arpista de pedal, Ricky Rasura, es miembro de la banda de "pop sinfónico" The Polyphonic Spree, y la islandesa Björk a veces introduce arpa acústica y eléctrica en su obra, a menudo tocada por Parkins. Art in America fue la primera banda de rock que usó arpa a pedal en una grabación importante, y sólo publicó un álbum, en 1983.

El timbre del instrumento es inconfundible. Para muestra, presentamos aquí dos obras en interpretación de Elizabeth Hainen: 1) Estudio, Opus 25, N° 1, de Federic Chopin, y 2) Un sospiro, de Franz Liszt.





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Arte y revolución


Luis Britto García (Desde la República Bolivariana de Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Verdad es belleza

“Belleza es verdad, y verdad es belleza, es todo cuanto sabes y todo cuanto necesitas saber”, afirma un provocativo verso de Keats. Como el axioma de Platón que asimila el conocimiento al bien, resulta atractivo; como éste, se presta a desengaños. Una traducción o una obra de arte falaces pueden ser hermosas; un poema veraz puede ser deplorable. El talento no depende de la ideología. La veracidad del arte es distinta del rigor documental. La verdad de una obra depende de su concordancia de forma y de fondo con la verdad social de la época en la cual es creada. Cuando el arte expresa y anticipa una sociedad nueva en trance de afirmación, es un arte veraz, y por tanto bello, y por tanto revolucionario.

Transformación radical

Revolución es transformación radical de los medios de producción, de la propiedad sobre éstos y de las relaciones sociales que se crean para asegurar los procesos productivos. Cada transformación en la infraestructura económica tiende a la larga a provocar una transformación en la superestructura ideológica que la consolida y expresa.

Expresión sensorial de la infraestructura

La superestructura comprende el conjunto de instituciones ideológicas que mantienen estables las relaciones de producción constitutivas de un determinado modo de producción: religión, filosofía, ciencia, técnica, derecho, arte. Los componentes de la superestructura están estrechamente interrelacionados y expresan una determinada concepción del mundo, por lo cual el arte tiende a expresar sensorialmente tanto en el fondo como en la forma la infraestructura económica que le sirve de base, con sus fuerzas productivas, sus medios de producción, sus relaciones de producción. Un arte que expresa una nueva sociedad que surge de la aniquilación de otra caduca es un arte revolucionario.

Arte de las revoluciones burguesas

El arte surgido de las revoluciones burguesas, la inglesa, la francesa, la estadounidense, fue revolucionario para su época. Su fondo exaltó el logro individual contra el abolengo heredado; su forma utilizó el realismo en lugar de la idealización; sus medios incorporaron la imprenta como vehículo de la novela, y posteriormente la fotografía, el fonógrafo, la radio, el cinematógrafo y el cómic como medios de nuevas formas de integración de las artes para consumo masivo.

Arte de las revoluciones sociales

Inevitablemente, las revoluciones socialistas crearon un nuevo arte revolucionario. La mexicana aplicó el muralismo, la novela y el cine como vehículos de una prédica nacionalista e igualadora. La soviética formuló el lenguaje del cine como forma artística; inventó el arte abstracto mediante el constructivismo y subvirtió el lenguaje de la música, para luego retrogradar con el realismo socialista hacia una técnica ya desarrollada por la burguesía. Los dadaístas y los surrealistas, movimientos estéticos de inspiración radical, propusieron efectos derivados de la ruptura de la racionalidad dominante.

Arte, relativismo e indeterminación

Desde fines del siglo XIX, una nueva concepción del mundo basada en la subjetividad, la relatividad y el principio de indeterminación permeaba las ciencias y servía a las academias burguesas para negar que las sociedades debieran en definitiva orientarse hacia el socialismo y el comunismo. Así, el arte de finales del siglo XX expresa la concepción del mundo dominante: la de que el universo es un conjunto de partículas cuyos movimientos a nivel subatómico dependen del azar. La consecuencia filosófica de esta concepción física sería que no hay propósito para dicho universo, y su distorsión ideológica consiste en la afirmación de que tampoco lo tienen ni la sociedad ni sus integrantes. Para la postmodernidad académica, la sociedad es un conjunto de átomos competitivos regulados por la oferta y la demanda. Supremo rector que provoca la defunción de la Historia, de la Filosofía, de la Ética y de la Política, el mercado termina fungiendo de paradigma de la estética. Por consiguiente, el arte recupera signos y temas de épocas pasadas reconocibles y aceptables para el consumidor, integrándolos en el Pop, en el “Retro” o en el pastiche de la transvanguardia. Se produce a sabiendas un arte para las masas bajo las formas de la publicidad, exaltación casi religiosa del consumo, y de las industrias culturales, que aplican al producto cultural todas las técnicas de financiamiento, producción, promoción y distribución de la mercancía. A través de una concepción de lo “Light” y una estética de la banalización, dicho arte pretende estar desprovisto de ideología, al mismo tiempo que implanta y predica la idolatría del consumo como reforzadora de la estratificación social y objeto último de la existencia.

Crisis del capitalismo y de su ideología

Esa concepción del mundo y esa ideología acaban de caducar ostensiblemente con el estallido de la crisis que ha deslegitimado el capitalismo financiero. Las ruinas materiales y espirituales del viejo modo de producción hacen inevitable advertir que surge un modo de producción nuevo, el cual abre un provocativo abanico de posibilidades.

Nuevas infraestructuras, superestructuras nuevas

Hay ante todo una revolución en los medios de producción: desde mediados del siglo pasado se impone en todos los procesos económicos la la máquina inteligente, lo cual trae consigo un universo de consecuencias. En lo que respecta a las relaciones de producción, la potencial liberación del trabajo repetitivo y mecánico. Es posible prever desde ya la automatización de todas las tareas que no sean creativas. Ello determina que deje de ser necesaria la concentración física de los operadores en fábricas y en ciudades. La inmensa mayoría de las tareas del sector servicios, el determinante en las economías desarrolladas, puede ser ejecutada por operadores físicamente aislados frente a sus ordenadores. En lo atinente a la mercancía, la posibilidad de la duplicación ilimitada del producto mediante la reproducción digital. En lo relativo a la distribución, la posibilidad de que el producto informático se transmita de forma instantánea y gratuita a todos los potenciales consumidores, sin otro límite que sus necesidades.
Será casi imposible evitar que en el futuro inmediato todos participen de manera libre en la creación, la distribución y el consumo ilimitado y gratuito de la principal riqueza de la contemporaneidad, que es la información.

Economía y estética informatizadas

Los potenciales resultados culturales y estéticos de esta revolución apenas se insinúan desde hace algunas décadas. Por una parte, en la decadencia de los medios impresos como el libro, las revistas y los periódicos ante los medios audiovisuales como el cine y la televisión. Por otra parte, en la indetenible irrupción en éstos de materiales creados digitalmente: efectos especiales, animaciones de computadora, mundos virtuales, eventos que ocurren más allá del nivel de captación de la conciencia. Ello impone la repetitiva temática de los mundos ilusorios creados por sistemas de información indistinguibles de la realidad. La velocidad casi instantánea en el procesamiento de la información, la infinita manipulabilidad de los materiales, la maleabilidad de lo real, la simultaneidad de planos y de flujos de información son otras tantas potencialidades para el inicio de una nueva estética y de una nueva Revolución.

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Reflexiones de un obrero ante la tumba de un dirigente obrero muerto de muerte natural

Guillermo Henao (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nos sentimos desprotegidos
cuando recordamos con nostalgia a quienes admiramos pero ya no existen.
Y no es que todo muerto haya sido “bueno”, qué significa bueno,
-lo será en lo inmediato, y con ello hacemos un tributo al difunto
y también al vivir-.
sino que en verdad hubo grandes hombres que nos transformaron
aun desde siglos antes. En mi caso
lo digo por un poeta anónimo
que vivió hace 43 siglos.

Ojalá vivieras todavía hoy
cuando hay graves problemas
pero ningún artista tan grande como tú,
decía de alguien un pensador.
Nosotros, los del adaptable y resignado montón,
prorrumpimos también en llantos similares
y no sólo por nuestros parientes.
Empero, nos sentimos solos.
Y ni suspirar nos queda por quienes pudieron ayudarnos mas murieron.
¡Ni siquiera invocarlos nos conviene!
Quizás descubrir lo que de ellos tenemos
-y lo que de ellos tenemos no es ellos mismos-
pues aun sin olvidarlos se desvanecen los rostros:
el eterno movimiento no retiene lo esfumado
y es inútil soñar con retrotraer lo que ya desapareció.

Estamos solos con nosotros mismos.
Nadie ni nada -esto es, cuanto está por fuera del gran todo que somos todos nosotros-.
nadie del pasado y menos del futuro nos puede acompañar.
Quizás podamos decir que hubo quiénes iluminaron más allá de su tiempo
-nunca lo supieron, aun cuando hubiesen iluminado el suyo propio-,
y hasta allí penetra el interrogante,
que no es el de saberse en lo que se es
o el tan conocido de la “gloria”, que tantos persiguen.

Tal vez hubo alguien más grande que cualquiera de nuestros grandes,
vivos o muertos,
pero ese no es nuestro problema ni soluciona los que nos entraban.
Para ello
tendremos nuestros hombres
y nuestras soluciones.

Y es aquí cuando empieza nuestra parte activa en la historia,
es decir, nuestra lucha.

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La alegría contagiosa

Gustavo E. Etkin (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Jhonny Calluqueo no se sentía bien. Con solo ciento ochenta años, no tenía razones para eso. Porque se trataba de “eso”. No podía darle un nombre. Nada tenía que ver con la “angustia existencial” de los antiguos ni la “tristeza” de los enfermos mentales. Él siempre había sido alegre y optimista: como todos los argentinos, vivía plenamente.

Tenía lo que quería, y casi al momento. En el trabajo, su relación con la computadora era buena: aguantaba hasta dos horas por día. No como algunos de sus amigos para los que esas dos horas eran una tortura, pero una tortura en serio, como dicen los historiadores que se acostumbraba hace tres siglos.

Una vez también él pasó por el “sufrimiento” con su máquina. Tenía pesadillas, y cuando la estaba por ver, nauseas, diarrea, transpiraba mucho y empalidecía.

Una vez se desmayó. Pero frente a ella, cuidándola, se sentía bien. Los colores, la música, los olores, el lugar, ella misma que cuando la tocaba ondulaba agradecida, lo volvían a hacer sentir bien.

Pero antes, durante o después, cuando el “sufrimiento” aparecía, él y sus amigos y tantos otros fueron devueltos a la alegría por los psiquiatras y algunos comprimidos. Parece que todo el mundo, en alguna etapa de su vida, tiene “sufrimiento”. Pero es un momento, nada más, y según informaba la U.E.A. (Universidad de Empresas Asociadas) el “sufrimiento” - en baja intensidad y sin que llegue a obstaculizar la tarea - es una etapa natural, una conmoción normal entre los ochenta y los cien años.

La Psicología Evolutiva lo consideraba parte de una necesaria crisis de maduración.

Pero lo mismo Jhonny no se sentía bien. La única definición de lo que sentía era una descripción: estaba demasiado atento a ciertos detalles. Sin abandonar el optimismo y la alegría (Jhonny Calluqueo era un hombre normal) no soportaba las canciones demasiado alegres, las sonrisas demasiados anchas, las primaveras demasiados verdes.

Sentía fastidio cuando sus amigos, o la muchedumbre, se ponían de pronto a cantar, fraternalmente, las alegres canciones. Miraba las bocas entreabiertas, las cabezas balanceándose, el movimiento de las manos, los hombros. Y cabezas, dientes, hombros, manos, risas, palabras, todo se movía como suelto y por su cuenta. Pero tampoco se sentía espectador distante: él también, como todos, cantaba y reía.

El era normal. Solamente que sentía – junto con el fúlgido optimismo – una especie de fastidio, una extraña rabia.

Claro que eso empezó hacía poco, más o menos al cumplir los ciento ochenta. Pero se fue dando cuenta que no era él solo. También a sus amigos, los de ciento ochenta para arriba, les pasaba lo mismo.

Y cuando cada uno descubría con alivio que compartía un estado bastante general,.aseguraba y trataba de probar que no era escepticismo, esa incredulidad egoísta que preanunciaba el distanciamiento individualista de la comunidad, paso previo al pesimismo, esa repudiada lacra, pozo negro y solitario, ciénaga de ineficacia, esa quietud absurda y rencorosa. Eso que había sido el mal de la Argentina hace tres siglos, cuando la gente “sufría”.

Pero ahora se vivía hasta trescientos años, había abundancia y alegría globalizada. Sobre todo, mucha alegría. Nadie se sentía solo, como en esa otra época.

Ahora todos cantaban y reían dichosos. Y a pesar del extraño malestar todos creían y sonreían y reían y cantaban.

Fue entonces que a Jhonny se le ocurrió comprar la revista de la comunidad Lázaro Krishna & Asociados.

Y a partir de escuchar aquellas páginas que en el aerotransporte abrió con cuidado, cambió su vida. No inmediatamente, claro, pero comentó lo leído con Zoilo Perkins, un vecino adicto a la comunidad.

Lázaro Krishna & Asociados luchaba contra el Consumo Planificado al que le oponían el Consumo Autónomo como medio para un fin: la Libertad.

Volver a las fuentes y escuchar serenamente su claro y sabio murmullo.

Esa vieja bandera, esa certeza de ser dueño, ese emblema de la dignidad de los antiguos, la Libertad.

Fue así que supo que lo que creyó su vocación al elegir la profesión de Programador de Hardware fue consecuencia de un desnivel de oferta y una adecuada campaña motivacional de Estimulo Vocacional Circunscripto S. A., que su primer matrimonio, a los veinte años, fue resultado de una campaña de Industrias Matrimoniales y Afines S. A. para colocar un exceso de ajuares, vajillas y muebles juveniles para jóvenes parejas. Que su separación fue efecto del auge expansivo de Kamasutra & Asociados: “Hacia la alegría por el Goce”.

K & A era la integración de empresas de construcción, artículos electro-domésticos, alimenticios y de técnicas audiovisuales virtuales, todas convergiendo para promover la vida erótica y crear así un mercado apto para que se construyan casas, se consuman alimentos, se adquieran artículos, todo en fin, de K & A para la alegría a través del goce. Jhonny recordó la época de su cama ondulada y gimiente, sus espejos multicolores, las paredes de bamboleo erótico, los banquetes romanos con comidas afrodisíacas, su entusiasta inscripción en el círculo “Juliette” de Sadismo Controlado, donde las cámaras, látigos, escenarios y todo lo demás era gratuitamente donado por el Centro de Arquitectura y Escenografía Sensitiva de K & A .

Se enteró también que el momento en que dio fin a su etapa de experiencias eróticas por sentir de pronto un intenso deseo de viajar y conocer (con lo que comenzó su período de grandes viajes) coincidió casualmente con una campaña promovida por Viajes Fraternos Sociedad Anónima.

Fue así que tuvo ganas de conocer Macchu-Picchu, el Partenon, Tahití, Viet-Nam, Pompeya, la isla de Pascua, el fondo del Mar Rojo, el interior de los cráteres de varios volcanes, el Louvre, la Antártida, las cataratas del Niágara, el Sahara, el Tíbet y las ruinas de Nueva York.

Todo con guías adecuados, en comunidad y cantando las alegres canciones. Más tarde, inconforme, la Luna, las colonias marcianas, la vuelta a Venus. Después, volver a casarse, a separarse otra vez, a casarse otra vez, y así.

Recordó un detalle: cada vez que solo o con algunas de sus mujeres tenía ganas de viajar, comprar, intensificar o atenuar su vida erótica, tener hijos, esos impulsos coincidían con los de muchos de sus amigos. Simplemente, durante toda su vida - hasta ese momento de revelación - tuvo ganas de hacer lo que había que hacer: sus alimentos, sus mujeres, sus entusiasmos, sus proyectos, su vida aérea, móvil, fácil, serena, intensa, plácida, turbulenta, lo que creyó y recordó después como pasión, desenfreno y peligro, todo, todo había sido globalmente planeado y motivado. Cada etapa de su vida había sido una diferente etapa de consumo.

Lázaro Krishna le reveló también porque todos vivían una edad promedio de trescientos años, a diferencia de la despreciada corta vida de los antiguos: el lema de la E.G.I.B. (Empresa Global de Investigación Biológica) era “ VIDA LARGA MERCADO SEGURO”, porque la longevidad permitía prever largas tendencias de consumo, específicas para cada edad.

Frente a todo eso, Lazaro Krishna proponía la muerte. Pero no la muerte gradual, biológica y pasiva de la vejez esperada y prevista por Geriátrica Sabia S.A. con sus chatas perfumadas y coloridas, sus aeropantuflas, las retrovisiones virtuales, los espacios de revivencia, las Colonias de Reconocimiento donde todos se sentían amados por haber cumplido. No. Lázaro Krishna proponía una muerte rebelde y libre, activa y elegida. Una muerte heroica: que cada uno de los adeptos a la comunidad luego de luchar, aunque sea infructuosamente, por el derecho a la autonomía de consumo, vislumbrara el gesto último, la única eficacia posible, el rechazo altivo y definitivo al consumo planificado: el Suicidio Libre. Obviamente, no un suicidio pesimista ya que en ese caso.

L & K sería declarada ilegal, sino un suicidio alegre, vital.

El libre suicida, festejado por los miembros de la comunidad, paseaba por las aerovías ataviado de blanca túnica, coronado de laureles y rodeado por los miembros de Lázaro Krishna que cantaban las alegres canciones.

Se decía que era parecido a las ceremonias de los Kamikazes, aquellos pilotos japoneses suicidas de la Segunda Guerra mundial antes que los soldaran en aviones con los que llenos de bombas se lanzaban contra los sajones. Pero esto era distinto. Cuando los orgullosos miembros de Lázaro Krishna decidían suicidarse no lo hacían por el Emperador, como esos bárbaros. Lo hacían por la Libertad.

Jhonny Calluqueo tomó su decisión: más valía morir libre que vivir planificado. Y entonces sintió que ese malestar, esa rabia sin destino, esas ráfagas de extraño fastidio habían desaparecido. Ahora si, recuperó su alegría plena y totalmente.

Hizo grabar CDs, fono tarjetas, y comunicó su decisión por todos los medios internéticos alternativos. Sus parientes y amigos lo admiraban. Las alegres reuniones de despedida fueron más alegres que nunca. Más de uno resolvió en ese momento también elegir la Libertad.

Faltaba ya una semana y fue a despedirse de su sobrino, un joven de ochenta años que trabajaba en una Empresa de Planificación Motivacional Globalizada.

Jackie era ágil, rápido e informado. Sabía siempre los últimos chismes de la Administración Central y su vida erótica era variada. No era escéptico. Tenía profunda fe en la Administración y sus racionales planificaciones. Era normal y alegre. Pero también como estaba mejor informado era algo descreído. Parecido a los antiguos cínicos.

Por eso fue que Jackie le dijo:- “Pero tío, (y movió la cabeza como lamentándose de la travesura de un chico) eso fue planificado por la Empresa Morton, por Freddy Namuncurá. Organizó una campaña de Medios Convergentes. Objetivo: motivar deseos suicidas en la población de Operadores Cibernéticos de más de ciento ochenta años”.

- “Pero, pero - balbuceó Calluqueo - no está prohibido por los incisos ?”

- “Tío, tío, ah tío, crédulo tío. En primer lugar, los incisos se modifican. Cuestión de poner uno a continuación de otro. Sobre todo cuando hay razones de bien público. No sabías que va a disminuir el tiempo de trabajo en tu profesión?. Los Operadores Cibernéticos trabajarán una hora en lugar de dos por la modificación de los Hardwares, que harán cada vez más innecesarios los Softwares. Una nueva generación de computadoras, entendés?. ( y seriamente deletreó) G-e-n-t-e-s-o-b-r-a-n-t-e.”

- “....pero...y el consumo...?”

- “Y los sobrantes ?. Con qué van a consumir ?. Además los sobrantes pueden causar pesimismo, que es mucho peor que no consumir . El pesimismo es contagioso. Si hay pesimismo no hay inversiones. Si hay pesimismo nadie cree y la Bolsa entra en crisis y las acciones, todo, todo pierde valor, entendés? Por eso todos debemos ser alegres y optimistas. Tener fe. Teniendo fe todo va bien. Hay que empujar. Hay que poner el hombro. Unidos por la alegría. Para la alegría. Todos juntos. Todos somos uno. Todos para uno y uno para todos. Todos para todos. Si cada uno se alegra todos nos alegraremos. Un poco más de alegría cada día. A cantar las alegres canciones !!!!! (Jackie quería cantar) A cantar, tío, a cantar.....!!!!!!”.

Y Jhonny cantó y se contagió su alegría. Más aún, decidió no suicidarse y vivir muchos años y ser feliz.

Gustavo E. Etkin es argentino residente en Brasil.


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