viernes, 19 de junio de 2009

Filósofos, lo que se dice filósofos, eran los de antes, como los guapos


Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Alguna vez tenía que decirlo. Después de haber elogiado la duda y el disparate, después de hacer la alabanza de las malas palabras, hoy quiero hablar de los filósofos y de los filósofos. Y decir por qué prefiero a aquellos antes que a estos.

Filósofos eran los de antes. Tenían ese talante manso, esa mesura que los situaba en el justo medio de las cosas, esa sapiencia que venía de mirar adentro, muy adentro de las almas. A ellos no los amonestó Dios porque tenían licencia para explorar, para comer el fruto del árbol prohibido.

Cierta vez, el poderoso rey Darío le escribió así a Heráclito: "Tú eres el autor del tratado De la naturaleza, difícil de comprender y duro de interpretar. En algunas partes tu estilo parece tener un cierto poder de especulación sobre todo el universo y las cosas que en él suceden, que dependen de un movimiento completamente divino. Pero la mayor parte de las afirmaciones me producen dudas, de modo que incluso los más entendidos en las letras no podrían dar una recta interpretación de tu trabajo. Así, pues, el rey Darío de Histaspis quiere participar de tu instrucción directa y de la educación griega. Ven sin tardanza conmigo a palacio. Pues los griegos, duros en general como son para reconocer abiertamente a sus hombres sabios, descuidan las buenas demostraciones que ellos hacen destinadas a un oído atento a aprender. Conmigo te esperan todo tipo de privilegios y una bella y elevada conversación cada día, unida a una vida honrada según tus consejos”. Heráclito le respondió: “Cuantos hombres hay sobre la tierra se apartan de la verdad y de la justicia, y por causa de una malvada locura se dedican a la avaricia y deseo de fama. Yo, habiendo logrado el olvido de todo tipo de maldad y tratando de escapar de la saciedad que acompaña a la envidia, y también porque tengo horror del esplendor, no puedo ir al país de los persas, bastándome con unas pocas cosas buenas para mis propósitos”. Tamaño desaire no enfureció al mandamás de los persas porque venía de un filósofo; porque, en efecto, filósofos, lo que se dice filósofos, eran los de antes, como los guapos.

Heráclito había construido un sistema de pensamiento sobre la naturaleza controversial de la realidad; Darío quería comprenderlo, quería copiar su saber y por eso lo llamaba a su corte, para que le enseñara su ciencia y sapiencia. Para la nomenclatura moderna el uno es filósofo, el otro también. Para aquellos antiguos, en cambio, sólo el primero lo es.

Por eso hablo de filósofos y de filósofos. Unos, perplejos de sí mismos y absortos ante los misterios del universo, buscan y rebuscan aquí y allá, en todos lados, el haz de luz que les muestre el comienzo del camino, sólo el comienzo. Los otros, iluminados e iluminadores, pretenden haber recorrido el camino hasta el fin. Aquellos, devotos de la duda, estos, campeones de la certeza.

Y no hay que remontar la historia para encontrar filósofos de la primera clase. Ahora y aquí los verás gastando suelas o sentados a la mesa de un bar, revisando los titulares del diario de ayer o mirando en la plaza cómo corren los niños. Los verás en la platea del mundo mirando cómo los de la segunda clase ofrecen los parabienes que un día antes rescataron del basurero. Por eso, el título que has leído sólo quiere llamar tu atención, sólo eso.

La licencia para titularte filósofo está ahí, al alcance de tu mediana memoria y de tus nalgas estudiantiles. Basta que fatigues tus ojos sobre los libros para que te diplomen. Basta que sepas algunas respuestas, aun cuando ignores todas las preguntas.

Espero que no me malentiendas, lector. Todos sabemos saberes ajenos, un oficio, una ciencia, cada quien es diestro en una cosa. Pero si el carpintero no es la madera, si el albañil no es la argamasa ni el abogado es el derecho, ¿por qué el diplomado había de ser filósofo?

No es un galimatías. La madera no es la carpintería, el derecho no es la abogacía, pero el filósofo es la filosofía. O digámoslo así: la filosofía sobrevuela todos los saberes porque es un no-saber, una actitud que viene de la ignorancia y culmina en la ignorancia. Es un afán, un camino que no se puede trazar porque requiere del caminante cierta inocencia, cierta humildad de la que carece el diplomado. La filosofía es un no-saber, salvo que, como lo predicó Sócrates, el filósofo sabe que no sabe.

Por eso no encontrarás al filósofo entre los enterados. Lo encontrarás por ahí, recorriendo la vida e inquiriendo sin cesar sobre las cosas que otros tienen por sabidas. Como Platón que se resignó a la fantasmagoría de la caverna, como el obispo Berkeley que dijo que ser es ser percibido, como nuestro Borges que tomó un puñado de arena, lo dejó caer silenciosamente un poco más lejos, y dijo que estaba modificando el infinito Sahara.

Filosofar es arbitrar entre las muchas conjeturas que nos visitan. Y cuando el fuego de la caverna se apague, cuando la percepción se extinga, cuando el Sahara olvide el puñado de arena que mudó su sitio, ¿entonces qué…? preguntará el filósofo, mientras el otro, el que agasajó su sobaco con mil libros, buscará una sinrazón que disfrace su flaco entendimiento y colme la oquedad de su cabeza.

“Este tipo escribió sobre todas las cosas, este tipo fue un audaz”. Así me dijo un lector de contratapa mientras yo ojeaba un libro de enésima edición. Su autor era un inglés famoso, docto en filosofía y filósofo también, que escribió sobre los más variados asuntos. Su compromiso con la causa de la paz, su agudo pensamiento y su pluma dócil traspasaron los muros de las universidades y dieron con los lectores mundanales. Pero no pudieron eludir la amonestación post mortem de aquel ocasional ratón de librería.

Es que el filósofo es así, desdeña la especialidad para arrellanarse en el regazo de la totalidad, para indagar sobre la política, sobre las matemáticas, sobre el fin y el sinfín de las cosas. Y al cabo de mucho peregrinar y explorar te dice que no sabe. Él es el único humano que, aun cuando no juzga, es juzgado con severidad. Arriesga su crédito a cambio de nada y, sin apostar, puede perder el pellejo a manos de los necios. Fatiga su mollera porque ese es su sino, no porque el patrón lo quiere o porque Dios lo manda. Por eso, como el inglés, escribe y habla sobre las cosas que los otros callan.

El hombre docto en filosofía, en cambio, después de revisar los libros que otros escribieron y sin levantar sus asentaderas, te habla de las causas y de los efectos, del bien y del mal y quizá también del destino que merecerás después de tu partida. Y por si no bastara, te premia o te castiga. Coleccionista de ideas que otros pensaron, te vende ciencia y saber apretujados en gruesos manuales de segunda mano. Decidor de floripondios y escribidor de lecciones, es, cuando más, un memorioso profesor capaz de explicar las ideas de otros sin un error, sin una omisión. Pero si se pretende filósofo habrá que amonestarlo por empatarle a la estupidez.

La filosofía no es un sistema cerrado porque aún no ha encendido todas las luces. Más allá del mucho afán y de los ríos de tinta que se le han dispensado, nada es lo que se ha dicho todavía y nada es lo que se dirá de ahora en más. Y ese es su gran atributo, ser un campo fértil que por mucho que se siembre y se siegue no conoce el rastrojo ni la erosión del pensamiento. Es la esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna, como alguien dijo de Dios.

Por eso el filósofo puede hablarte de la política, de la muerte, de la naturaleza. Por eso lo verás escribiendo sobre tantas cosas, sobre el arte de curar los males, sobre la guerra, sobre las virtudes del gobernante. Ese mirar, entre brutal y compasivo, es propio del filósofo, no del que fue titulado en filosofía. Es un talento que adquirió a trueque de cierto renunciamiento, como el de Heráclito. O como el de Sócrates, que pagó con su vida el derecho de amonestar a los atenienses. O el de Giordano Bruno, que prefirió la hoguera a la obediencia ciega (al ser condenado le dijo a sus jueces: "Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla"). Ellos fueron inocentes para su conciencia, aunque -¡ay!- no para sus jueces, entre quienes había, precisamente, doctores de la filosofía.

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Justicia Social


Cornel West

Traducción de Jorge Majfud (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


Martin Luther King dijo una vez que un hombre no puede saltar por encima de uno al menos que uno esté agachado. Sin embargo, no es fácil enderezar la espalda; hay que pagar un precio para ello. ¿Cuáles son las condiciones por las cuales los negros van a enderezar sus espaldas? ¿Cómo los negros podrían sacudirse su propia negrización?

Cuando examinamos los orígenes de esta negrización debemos darnos cuenta de la forma en que las prácticas de supremacía blanca se volvieron progresivamente sistemáticas y dominantes. Estoy hablando del miedo, del odio y de la codicia del blanco que se extendió hasta el extremo de traumatizar profundamente a los negros hasta hacerlos sentir desprotegidos y sin esperanzas. Se nos negó la facultad de amar y de ejercitar la autoestima. Por resistir o por organizarnos contra ese tipo de opresión pusimos nuestras vidas en peligro. Aún hoy en día lo hacemos.

La negrización de los negros procuró convertir su amor en un crimen, su historia en una materia universitaria, sus esperanzas en una broma y su libertad en una quimera.

¿Por qué llamamos “grande” a Alejandro? Alejandro dominó más gente en su tiempo que ningún otro. ¿Por qué llamamos “grande” a Napoleón? Porque sus conquistas y sus matanzas fueron históricas. ¿Qué ocurriría si nuestros criterios sobre la grandeza no dependieran de las conquistas y las matanzas? ¿Qué pasaría si nuestros criterios fuesen el amor, el servicio y la justicia social?

Occidente llama grande a Churchill. Él creía que los negros eran subhumanos y estaba con Mussolini. Fue grande resistiendo el nazismo para el imperio británico. Puedo reconocérselo. Si vamos a definir la grandeza de esa forma, bueno, sí, fue un gran hombre. Pero nadie puede pensar que sólo porque su sufrimiento está en el centro de su propia discusión, sólo por eso puede pasar por encima el sufrimiento de los demás.

¿El ministro Louis Farrakhan es grande por su homofobia? No. ¿Tal vez por su posición sobre el patriarcado? No. ¿Es grande por haberse preocupado por la humanidad de los hermanos judíos? No. ¿Es grade por haber luchado contra la supremacía blanca? Sí. Louis Farrakhan dedicó toda su vida a perseguir y denunciar la supremacía blanca, sus efectos y consecuencias tal como él los entendía. Se dedicó a vivir y morir para poner de pié al pueblo negro.

* * *

La cultura norteamericana parece carecer de al menos dos elementos que son esenciales para la justicia racial: un profundo sentido de la tragedia y del real alcance que tuvo el odio vertido sobre la sociedad norteamericana; una negación crónica de muchos norteamericanos a reconocer el absurdo por el cual un descendiente de africanos debe enfrentar en su propio país, como el permanente asalto contra la inteligencia, la belleza y carácter de los negros. No se trata sólo de defender los privilegios de quienes poseen piel blanca. Además demuestra una resistencia a mirar directamente la brutalidad y la tragedia del pasado y el presente de su propio país.

Esta persistente y difícil mirada podría pinchar la burbuja en la que viven muchos norteamericanos, si comprendieran que esta nación que ama la libertad, esta tierra de indudables oportunidades también ha cometido innombrables crímenes contra otros seres humanos, especialmente contra los negros.

* * *

El reverendo Jeremiah Wright es un querido hermano. Hace poco, ha sido bautizado por los medios de comunicación como la última encarnación del típico “negro malo”. Sea en la esclavitud o en las comunidades bajo Jim Crow, los malos negros son aquellos que están “fuera de control”. Jeremiah Wright dice lo que piensa. No olvidemos que todos somos cálices rotos. Como cualquiera, Wright no se salva de merecer críticas —por ejemplo, sus afirmaciones sobre el Sida y el VIH son erróneas—, pero deben ser críticas justificadas.

Tuve la oportunidad de hablar en su iglesia muchas veces y me alegra cada vez que sus palabras y sus ideas completas son reproducidas por los medios porque toda verdadera plegaria hacia Dios condena la injusticia. Cuando Wright dice que Dios condena a Estados Unidos por matar a inocentes, por tratar a sus propios ciudadanos como si fuesen algo menos que seres humanos, es verdad. Es verdad para cualquier nación. No podemos nunca poner la cruz por debajo de ninguna bandera.

Wright es un profeta cristiano y por lo tanto cualquier bandera está por debajo de la cruz. Si uno cree que Estados Unidos nunca ha asesinado a inocentes, entonces Dios nunca lo va a condenar. Para nosotros Dios condena la esclavitud, a Jim y a Jane Cow, condena el odio a los gays y a las lesbianas, el antisemitismo y la tendencia antiárabe a identificarlos con el terrorismo. Dios es un Dios de justicia y amor.

Lo que Wright está señalando es el grado de injusticia que todavía existe en Estados Unidos. Nunca debemos confundir esta crítica con el antiamericanismo. Cualquier resistencia a la injusticia, sea en Estados Unidos, en Egipto, en Cuba o en Arabia Saudí es una acción dirigida por Dios, ya que toda indignación contra el trato cruel de cualquier grupo humano es un eco de la voz de Dios para todos aquellos que tomamos la cruz en serio.

Cornel West es profesor de filosofía y religión de Pinceton University y uno de los intelectuales más influyentes en Estados Unidos.

La traducción de Jorge Majfud que publicamos pertenece a su más reciente libro Hope on a Tightrope (2008) y fue autorizada por el autor y por la editorial Smiley Books.


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A 60 años, el legado de Brecht todavía conmueve


Cheryl Northey - Jane Paulick (DEUTSCHE WELLE)

La compañía de teatro Berliner Ensemble fue fundada por Bertolt Brecht y su segunda esposa, la actriz Helena Weigel, en 1949. Luego de 60 años, mucho ha cambiado, pero aún mantiene su legado brechtiano.

Cinco años después de su creación, en 1954, la compañía se muda al Teatro en Schiffbauerdamm de Berlín y, desde entonces, siempre ha permanecido allí. Pero todo lo demás ha cambiado. En la etapa post-reunificación las disputas sobre la propiedad y la dirección de la compañía estaban a la orden del día, y el teatro cerró durante un año en 1999. Un año después, Claus Peymann, el decano del renombrado Burgtheater de Viena y conocido innovador, fue nombrado director.

No es un mausoleo

A través de su carrera, Peymann causó controversia con un estilo de
producciones que atraían tanto la indignación del público como su aplauso.
Ha sido siempre el motor del Berliner Ensemble y lo mantuvo firmemente
dentro de la vanguardia del teatro innovador siguiendo la visión de Bertolt
Brecht.

Sin embargo, sus detractores sostienen que el Berliner Ensemble es algo así como un mausoleo. Las obras de Brecht siguen siendo la médula del repertorio aunque Peymann sazona el programa con los clásicos, desde Samuel Beckett hasta August Strindberg y Heinrich von Kleist.

Pero toda lo que pueda dejar una pátina antigua se borra gracias a las producciones que llaman la atención del público, como la de la dramaturga francesa Yasmina Reza, “El dios de la matanza”, o “The Sonnets”, de Robert Wilson, uno de los espectáculos de los que más se habla en Berlín. Y por la participación del extravagante cantante y compositor Rufus Wainwright.

En abril, Peymann dijo al periódico Die Welt que en los últimos ocho años un 20 por ciento de las puestas teatrales fueron estrenos, y que un 58 por ciento del programa son obras contemporáneas.

No obstante, el caballito de batalla del jefe de la compañía sigue siendo el teatro épico. Junto a “La ópera de tres centavos” y “El irresistible encanto de Arturo Ui”, un éxito perenne es “Madre coraje”.

La mayor obra antibélica de todos los tiempos

Escrita por Bertolt Brecht en 1939 como un intento de combatir el ascenso del fascismo y del nazismo, “Madre Coraje y sus hijos” es la historia de una mujer tratando de mantener con vida a su familia y a su negocio ambulante durante la Guerra de los Treinta Años en Europa. Hoy en día está considerada como la mayor obra antibélica de la historia del teatro.
Algunos de los actores de teatro alemanes más respetados son miembros desde hace años del Berliner Ensemble. Uno de ellos es Carmen-Maja Antoni, en el rol de Madre Coraje en la última producción. Esta actriz, que apareció por primera vez en televisión en Alemania del Este a la edad de once años, tiene hoy 68 años. Se unió a la compañía en 1976, y uno de sus primeros roles fue el de Kattrin, la valiente hija en Madre Coraje. Hoy, el papel de Kattrin lo representa Christina Drechsler, de 28 años.

Los actores dicen que, a pesar de haber participado de la puesta durante más de tres años, siempre hay diferentes aspectos que descubrir. “Todos los días se dan situaciones nuevas, y tenemos nuevas ideas sobre las escenas”, comenta Carmen-Maja Antoni. “Cada noche es una nueva obra”. Y Christina Drechsler apunta que la estructura de las escenas es la misma, pero los sentimientos van cambiando con el pasar de los años.

Según Antoni, cada director tiene un estilo diferente y una visión personal de Brecht, y eso es un desafío para ella como actriz.

Eso es también lo que desafía a la audiencia. La dramaturga Jutta Ferbes trabaja en el Berliner Ensemble y concuerda con que lo que atrae a la gente al teatro es una combinación inspiradora de directores, actores y escenógrafos. Para todos los que dicen que la caída del Muro de Berlín y el colapso del comunismo en Europa del Este han convertido en obsoleto a Brecha ella tiene lista una respuesta: “Brecht es uno de los más grandes escritores, y tiene corazón”. Y prosigue: “Brecht es todavía muy importante para la gente. Sus obras son buenas y todavía relevantes”.

Ferbers confía en que la compañía tiene futuro a pesar de los desafíos constantes, los cierres y los recortes de presupuesto. “Espero que aún en estas épocas tan duras tengamos suficiente dinero y audiencia como para continuar produciendo buen teatro”, dijo.

Peymann, el provocador

En gran parte gracias a su director artístico, quien tiene el hábito de acosar verbalmente al alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, sobre la escasez de subsidios para arte y cultura, el teatro está en buena forma, económicamente hablando. Y seguramente no es de perfil bajo. Siendo una compañía que sale de gira, el Berliner Ensemble llevó “Madre Coraje” al Festival Fadj de Teherán en 2008. Fue una puesta controvertida. Sus críticos dijeron que la decisión de Peymann de visitar Irán legitimaba el antisemitismo del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad.

Varios meses más tarde, Peymann volvió a los titulares al ofrecer una beca a un ex terrorista. Luego de 26 años detrás de las rejas, Christian Klar, uno de los líderes de la segunda generación del grupo terrorista Fracción del Ejército Rojo (RAF), fue invitado a formarse como técnico en la compañía.

Bertolt Brecht, el padre fundador, probablemente lo hubiera aprobado. Sesenta años después de que se creara la compañía, Claus Peymann aún sigue cambiando la sociedad con los mismos bríos que su predecesor.


Poesía de Bertolt Brecht

Primero se llevaron
a los comunistas
pero a mí no me importó
porque yo no lo era.

Enseguida se llevaron
a unos obreros
pero a mí no me importó
porque yo tampoco lo era.

Después detuvieron
a los sindicalistas
pero a mí no me importo
porque yo tampoco lo era

Luego apresaron unos curas
pero como yo tampoco soy religioso
tampoco me importó.

Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.

Un artículo de DW-World, la página web de la Deutsche Welle.


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Video: Queso Magro

ARGENPRESS

Desde Santa Fe, Argentina, nuestra colaboradora y amiga Beatriz Paganini nos hace llegar este video del grupo “Queso Magro”.

Queso Magro nace en el año 1999 a partir de una inquietud de amigos pertenecientes al club Zhitlovsky, amantes de este género musical. La idea era juntarse a cantar y aprender un poco de que se trataba esto, y en consecuencia y un poco sin darse cuenta, se fue armando un grupo que seguramente nunca imaginó que años después, se convertiría en una murga del Carnaval Oficial.

Con humor dicen la verdad, y lo dicen cantando... "Controlar los mercados financieros internacionales para generar una crisis en la Economía Real que repercutirá en una crisis política Mundial que nos permitirá a nosotros los masones como grupo de poder, gobernar el mundo", con ese pensamiento cierran la presentación.




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Algo de música: la trompeta


ARGENPRESS

La historia de la trompeta –uno de los aerófonos más populares que existe hoy día y que encontramos a lo largo de toda la historia en diversas culturas mediterráneas– se remonta a lejanos orígenes. La Biblia ofrece el testimonio de su importancia en las ceremonias religiosas primitivas; Homero, en la Grecia clásica, el de su uso en la batalla. De una época anterior a la de Homero datan las trompetas que se encontraron en la tumba del faraón egipcio Tutankamón (reinó de 1358 a 1353 a. C.). Cuatro siglos antes de la era cristiana, los griegos incluían certámenes de trompeteros en el programa de los Juegos Olímpicos. En la escultura romana se puede observar que las trompetas aparecían en todas sus procesiones.

En la Edad Media europea este instrumento presentaba dos formas bien diferenciadas, una de las cuales es el origen de la moderna familia de las trompetas, en tanto la otra dio lugar a la familia de los trombones; aunque puede considerársela también como un antecesor de la trompeta.

La historia de la orquesta moderna de Europa comienza en realidad en los primeros años del siglo XVII, y de hecho la trompeta figuraba en los conjuntos instrumentales no uniformes de esa época. En el “Orfeo” de Monteverdi (1607) encontramos una tocata para cinco trompetas de diferentes afinaciones. Hay quien dice que el éxito de la trompeta en estos experimentos orquestales no debe haber sido muy grande, por cuanto son muy pocos los testimonios que se tienen del uso de este instrumento hasta fines del siglo XVII. Lo más probable, sin embargo, es que nuestro conocimiento de la música de ese período sea incompleto. La aparición del tratado de Fantino “Modo per imparar a sonare di tromba” (Modo de aprender a tocar la trompeta, Francfort, 1638) constituye seguramente un hecho muy significativo. No hay duda que hacia fines de ese siglo la trompeta era un instrumento muy usado.

La actual trompeta es un instrumento de boquilla en forma de taza, con un tubo de diámetro reducido, cilíndrico en los tres primeros cuartos de su longitud aproximadamente, que se abre luego para terminar en un pabellón de dimensiones medianas. Consecuencia directa de la diferencia de longitud del tubo es el registro más agudo de la trompeta moderna, así como su sonido más brillante y más resonante se debe a la forma del tubo, del pabellón y de la boquilla.

A principios del siglo XIX dos alemanes, Blühmel y Stölzel (o Blümel y Stölzl), aplicaron a este instrumento el verdadero sistema de pistones; mejorado con posterioridad, ha sido perfeccionado por Adolphe Sax (el inventor del saxofón), por Périnet, y últimamente por J. P. Oates. Así nació la trompeta moderna, que ha sido y es objeto de continuas modificaciones de detalle que buscan su mayor perfección. Halévy, en su ópera “La judía” (1835), parece haber sido el primer compositor que empleó la trompeta de pistones en la orquesta; en su partitura escribe para dos trompetas de este género y dos trompetas naturales con tubos de recambio.

A partir de los parámetros de la música occidental, hoy día la trompeta se ha difundido ampliamente por todo el mundo, habiendo llegado a tierra americana hace ya largo tiempo. Y es en América donde se incorporó a muchos, si no casi todos, los ritmos que en este continente fueron surgiendo en el transcurso de los últimos siglos. Así, por ejemplo, puede encontrársela desde el jazz surgido de los negros estadounidenses hasta todo el amplio arco de la llamada música tropical (salsa, cumbia, merengue, calypso, etc.), desde numerosas expresiones folklóricas de diversos países, hasta el rock. La lista es larga.

A modo de ejemplo, aquí presentamos tres posibilidades expresivas de la trompeta: un movimiento de un concierto de Joseph Franz Haydn para trompeta y orquesta (el tercer movimiento Allegro de su concierto en mi b mayor) –expresión de música académica–, una obra jazzística con la incomparable ejecución de Louis Armstrong y una popular canción mexicana, famosa hoy en todo el mundo: La cucaracha.






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El hijo que me va a nacer


Teodoro Santana (Desde Canarias, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

se está muriendo de hambre en Somalia,
es palestino en Gaza o Cisjordania,
es un senderista torturado en Lima,
está cayendo alcanzado por la metralla en Sarajevo,
esconde su piel en los suburbios de Soweto,
se lo comen las ratas en Tailandia,
lo matan en las calles de Brasilia,
nunca aprenderá a leer en Guatemala
y lo devora la fiebre en una barraca de Turquía.

Lo persiguen ferozmente en todas partes,
pero en todas partes vive:
a vivir viene a este planeta,
a resistir como cada uno,
y se alimenta bien y está bien cuidado
cerrando el puño en el vientre de su madre.

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¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (II Parte)


Ricardo Vicente López (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una otra observación a lo afirmado por el Sr Majfud: «Un Dios creador del Universo que debe acomodarse entre las estrechas paredes de casas consagradas y edificios sin maleficios levantados por el hombre, no para que Dios tenga un lugar en el mundo sino para tenerlo a Dios en un lugar. En un lugar propio, es decir, privatizado, controlado, circunscripto a unas ideas, a unos párrafos y al servicio de una secta de autoelegidos». Coloco al lado de su cita la de un físico teórico de prestigio mundial, que se ha declarado ateo muchas veces, me refiero al Dr. Stephen W. Hawking, quien en su Historia del Tiempo nos pone ante una descripción diferente del universo y con mucho respeto dice: «La ciencia parece haber descubierto un conjunto de leyes que, dentro de los límites establecidos por el principio de incertidumbre, nos dicen cómo evolucionará el universo en el tiempo si conocemos su estado en un momento cualquiera... ¿por qué es el universo como lo vemos? La respuesta es, entonces, simple: si hubiese sido diferente, ¡nosotros no estaríamos aquí!... El hecho notable es que los valores de esas cantidades (de materia originaria) parecen haber sido ajustados sutilmente para hacer posible el desarrollo de la vida... Esto puede tomarse o bien como prueba de un propósito divino de la Creación y en la elección de las leyes de la ciencia, o bien como sostén del principio antrópico fuerte». No pongo en duda la inteligencia de nuestro articulista y de los lectores, pero me atrevo a señalarles que este notable físico nos dice que parece que el universo ha sido creado para que el hombre pudiera existir en él y ser la conciencia inteligente de esa creación . No aparecen los maleficios, las casa consagradas con lugares privatizados, eso son cosas de los hombres que nuestro señor arbitrariamente le atribuye a Dios.

Tal vez, una explicación de por qué tiene él esa imagen de Dios se pueda deber a las prédicas que le deben llegar por su estancia en los EEUU donde abundan los pastores fundamentalistas. Lo lamentable es que se atenga sólo a ellas y no intente indagar un poco más en la Teología seria y académica que también allí existe. Parece obrar como los periodistas de estas épocas: lo primero que le viene al oído lo convierte en verdad fundamental. Se ha perdido la responsabilidad de la búsqueda de la verdad (dentro de las limitaciones que tenemos los humanos) de recurrir a las fuentes confiables, confrontar las diferentes versiones y discernir una aproximación aceptable a la verdad. Escribir exige responsabilidad ante tantos lectores desprevenidos.

Detengámonos ahora sobre el tipo de respuestas que demanda nuestro articulista para encontrar una explicación clara acerca de Dios. Para ello debo hacer un breve desvío discursivo. Ya dije en una nota anterior que la modernidad occidental creció bajo el deslumbramiento por la capacidad de descubrir que iba demostrando la ciencia en el terreno de lo que parecía incognoscible. De ellas la más impactante fue, como quedó dicho, la física. Desde la afirmación del matemático polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) pasando por el italiano Galileo Galilei (1564-1642), Isaac Newton (1643-1727) hasta el alemán Albert Einstein (1879-1955) y sus seguidores contemporáneos, se convirtió en el paradigma del saber científico por el entrelazamiento de la medición matemática con la experimentación empírica. Los dos últimos siglos lograron desplazar de la escena del saber a todas aquellas disciplinas que no respondieran a esa matriz de conocimiento. Así la filosofía, la teología, las humanidades y hasta, en el decir de un epistemólogo como Mario Bunge, las ciencias sociales no tienen status de ciencia. Este dominio del empirismo y del positivismo desvalorizó todo saber que no estuviera enmarcado en estos modos predominantes.

Por lo que todo aquello que no fuera pasible de ser sometido a medición matemática o verificación empírica quedaba desplazado del saber científico, entendido según este paradigma. Si bien esto es muy difícil de seguir siendo sostenido dentro del ámbito de los muchos investigadores y académicos serios, sigue teniendo mucho peso en la cultura moderna y en el modo del pensar de mucha gente, sobre todo la que ostenta mayor ilustración, aunque no especialización específica. Sin embargo la misma especialización presenta aristas que han generado grandes dificultades en la tarea de alcanzar un saber que dé cuenta de una comprensión más abarcadora del los problemas del mundo. El teólogo uruguayo Juan Luis Segundo afirma en este sentido: «Cabría preguntar aquí por el origen de esa especialización. Y, yendo más al fondo de las cosas, por el origen de esa creciente diferenciación. Tal vez la respuesta más simple que se pueda proporcionar sea que las ciencias se fueron diferenciando y luego afianzando, con sus progresos, en la medida misma en que crearon, cada una en un determinado campo del saber, instrumentos cada vez más precisos de medición y manipulación, o sea, desde el momento en que se prendieron a la medición empírica».

Llegados a este punto me parce más sencillo comprender cuál es el problema que se plantea cuando se intenta abordar el difícil problema de la existencia de Dios, sobre todo cuando la demanda se apoya en la búsqueda de un tipo de respuesta imposible fuera del campo mencionado. Este tema cae dentro de los modos de la indagación, la investigación y la reflexión, es decir del saber sobre problemas que escapan al sometimiento de una metodología rígida y excluyente. La paradoja que se plantea es que toda ciencia requiere una fundamentación epistemológica para validar su estatus científico, cuyo campo de indagación queda, por su propia naturaleza, fuera del ámbito del saber científico, puesto que esa fundamentación es de carácter filosófico, no es medible ni experimentable, se sostiene por una lógica diferente. Leamos a J. L. Segundo: «Como se ve, no se trata de que hay ciencias que, por ser de la “naturaleza”, puedan prescindir de preguntas fundamentales. No existe una cortante división entre esas ciencias y las del espíritu. La física, la química, la astronomía, la biología, se plantean, al final de los porqués verificables hasta donde ha llegado el conocimiento, otros para los que no se tiene instrumentos de medición o técnicas de manejo». La carencia de tales obliga a asumir dos actitudes contrapuestas, ambas de utilización frecuente: o se acallan las preguntas o se acepta la interrogación filosófica. Pero, cuando son los científicos, con sus mejores intenciones, los que afrontan tal tarea los resultados que logran, las más de las veces, no satisfacen con sus respuestas la profundidad del tema, por falta de preparación o práctica en el manejo conceptual exigible.

Debemos decir, entonces que el empirismo y el positivismo han querido construir un modo del saber sin complicaciones ontológicas, sin contaminaciones metafísicas, y la consecuencia de todo ello es que han desaparecido de esos modos científicos peguntas como: ¿para qué? ¿con qué finalidad? Conviene ahora recordar las palabras de Hawking: «como prueba de un propósito divino de la Creación y en la elección de las leyes de la ciencia…» que no pueden descartar la hipótesis Dios. Si bien el ateismo del ilustre físico le lleva a descartar tal hipótesis cae en la insuficiencia de una respuesta ambigua como la del principio antrópico, que significa que en el comienzo del universo estaba presente la tendencia hacia lo humano (¿?), que parece ser otra forma de decir lo mismo. Otro caso es el del ilustre investigador Jacques Monod y su concepto del papel del azar en el terreno de la evolución de la vida, termina aceptando que la diferencia entre el mundo de lo inanimado y el de lo animado es que en este último aparece en funciones una teleonomía o finalidad en los procesos de la vida. Dicho en palabras más simples un para qué, puesto que lo que produce el azar no puede responder a ninguna causa y la necesidad del cumplimiento de las leyes parece exigir la idea de un proyecto, o una finalidad, o un para qué. Todo ello sugiere una mente que se esté proponiendo un plan o alguna cosa parecida. Toda la investigación acerca de cómo apareció la vida en nuestro planeta se enfrenta a un muro infranqueable que no parece tener fisuras por donde filtrar el método científico. Sabemos cómo y cuales son los elementos que componen una célula pero ha resultado imposible crear vida en un tubo de ensayo y ya casi no se intenta ante tantos fracasos. Podemos duplicar o clonar pero siempre a partir de un ser vivo.

Deberíamos preguntarle ahora a nuestro articulista, el Sr. Majfud, de dónde saca preguntas como éstas: «¿Para qué habría el Creador de conferir razón crítica a sus creaturas y luego exigirles obediencia ciega, temblores alucinados, odios incontrolables?» La tradición hebrea cuenta que cuando se dirigió Dios al hombre y a la mujer les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense» es un pedido no una orden, y esa dignidad que les otorgó con la creación devenía de la afirmación de que habían sido hechos «a su imagen y semejanza», debe entenderse libres como Él. El concederle la tierra y los mares y todos los animales que ponía bajo su responsabilidad no supone ninguna «obediencia ciega». Además afirmar que Dios les exige «obediencia ciega» ¿de qué fuente lo sacó?

¿Por qué habría Dios de preferir los creyentes a los pensantes? ¿De dónde saca que los prefiera «creyentes» en vez de «pensantes»? ¿Cómo aceptar la alabanza de alguien que lo hace por obligación? Sería suponerle una vanidad estúpida. Menudo Dios imagina al atribuirle una actitud de tal calidad. Si sólo son creyentes, del tipo fanático que supone nuestro aprendiz de teólogo, Dios sería además un inconsciente al dejar la tierra en manos tan insignificantes. Es mucho más grave la acusación de irresponsable que la de vanidoso omnipotente. Si aceptamos que el universo es la maravilla que describe Hawking que funciona con una precisión milimétrica, leamos su descripción: «¿Por qué comenzó el universo con una velocidad crítica de expansión tan próxima a la velocidad crítica, que separa los modelos que se colapsan de nuevo de aquellos que se expansionan indefinidamente, de modo que incluso ahora, diez mil millones de años después, está todavía expandiéndose aproximadamente a la velocidad crítica? Si la velocidad de expansión de un segundo después del big-bang hubiese sido menor, incluso en una parte en cien mil billones, el universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado nunca su tamaño actual». Después de haber creado tal maravilla de la ingeniería, imposible de reproducir, es Dios tan tonto que deja a cargo de uno de los planetas que dieron la posibilidad de la vida (único hasta ahora y de muy escasa probabilidad de otro, según él afirma) a un ser ignorante, sometido, delirante. «Porque la iluminación habría de ser la pérdida de la conciencia» o «No será que la inocencia y la obediencia se llevan bien». Equivale a decir, una especie de infradotado, infantil sería este hombre deseado por Dios, según el articulista.

«¿Y todo esto quiere decir que Dios no existe? No. ¿Quién soy yo para dar semejante respuesta?». No Sr. Majfud, quiere decir que a Dios, después de tal maravilla de creación le salió el tiro por la culata al diseñar el hombre, que según Ud., deseaba el Creador de todo. Sin embargo un Dios que fue capaz de hacer lo que describe el gran físico, y puso tanto esfuerzo en esa creación, debe haber quedado agotado al pretender el hombre que Ud. imagina que deseó. A pesar de todo le salió mal dado que hizo un hombre, según lo que puede observar nuestra experiencia, libre, inteligente y de gran imaginación, al punto de que cómo Ud. es capaz de crear una fábula teológica como la que nos ofreció. El ejercicio pirotécnico de lanzar preguntas al aire y después confesar que no tiene respuesta podría ser enmarcado dentro de la sabiduría china en el proverbio: «si un problema no tiene solución, entonces no es un problema».

Me quedan algunas últimas reflexiones. Las Escrituras que han llegado hasta nosotros, fruto de lo que los rabinos de los primeros diez siglos antes de nuestra era entendieron fue una revelación, debe ser entendida como una especie de iluminación que abrió las mentes de aquellos hombres y así lo entendieron ellos. Esto significa re-velar, sacar el velo. Sin embargo, todavía es un tema de investigación. El teólogo Juan Luis Herrero del Pozo nos orienta en un sentido diferente acerca de cómo interpretar ese acontecimiento y nos invita a recorrer otro camino diciendo respecto de la revelación lo siguiente: «No la descartamos de entrada, pero habrá que someterla al crisol con el mayor rigor. Por una parte, su posibilidad teórica: ¿es inteligible una comunicación de conocimientos que proceda de las afueras del cosmos? Por otra parte, el evento fáctico: ¿se puede asegurar con garantías que el hecho comunicativo o revelador haya tenido lugar? Se trata de no dar por sentados ciertos presupuestos como sería el factum de la revelación». Tal vez, hoy la psicología lo denominaría un insight, un darse cuenta, un comprender repentino, que les permitió encontrar una explicación que encerraba dentro de un discurso mitológico verdades profundas acerca de lo humano.

Nos dice J. L. Segundo: «La epistemología y la sociología del conocimiento nos han dado pruebas fehacientes de que no existe una escucha total, pura neutra. Todo conocer comienza con un mundo de valores y experiencias de sentido determinadas. Toda interpretación es circular (o espiral). No es que lo que se nos dice no tenga fuerza alguna, y siempre estemos oyendo todo y sólo lo que queremos oír. Pero sí es cierto que hay malas interpretaciones, porque nuestra preparación para oír no ha llegado, por ejemplo, al nivel problemático de la respuesta que en la palabra de nuestro interlocutor se vehicula». Los rabinos no podían escapar a este condicionamiento, pero nos legaron una interpretación que merecería ser mejor interpretada. La teología actual nos dice que para poder escuchar la palabra de Dios, sea esto lo que queramos creer, requiere de un hombre dispuesto a tal escucha, y esto no lo favorece la cultura moderna. Por ello no es obligatorio creer, lo que es necesario es respetar un poco más a los que si lo hacen. La soberbia de aquellos que no creen y que miran al creyente como una especie de infradotado, que cree las tonterías que ha afirmado nuestro articulista, no es más que la demostración de una ignorancia impenetrable por otros modos del saber, y algo semejante a un dejo de racismo intelectual.

Todo eso que hemos podido leer en la nota ya mencionada, devela más el razonamiento de quien ha escuchado a predicadores fetichistas e ignorantes antes de quien se ha preocupado por la lectura teológica seria. Los mitos que el pueblo hebreo nos ha transmitido en las páginas del Antiguo Testamento, como toda la sabiduría oriental, encierra en formas metafóricas saberes que guardan en su profundidad explicaciones sobre aquellas preguntas que todo el saber científico no está en condiciones de contestar. El saber de la sabiduría navega por las profundas aguas del misterio intentando calmar las angustias del espíritu, que ya se manifiestan desde temprano en las preguntas del niño: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿para qué estamos?, ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte? Y que los adultos responden, escondiendo sus propias dudas: «cuando seas grande ya vas a saber» aquello que ellos no saben.

Por otra parte esta especie de campaña contra Dios, que se expresa de distintos modos, y muchas veces por la incapacidad de escuchar a otras voces y a otros discursos con otras lógicas y otros razonamientos, que hasta anda circulando por el mundo buscando firmas para decretar que Dios no existe, es muy poco consciente. Hasta Nietzsche cuando anunció la «muerte de Dios» dijo a continuación que «el hombre lo ha matado» lo que significaba que el hombre sólo puede matar al dios que creó, que era el dios de la burguesía, al que se le pedía y se le ofrecía una recompensa, el «dios que atiende detrás de un mostrador». Todos los que afirman la inexistencia de Dios cometen un error o un acto de soberbia intelectual: si no saben qué es Dios como es que saben que no existe. Es más humilde la actitud del agnóstico que se limita a decir que no sabe qué pensar y por ello se abstiene de creer. Además no comprenden que el escepticismo que hoy circula con aires de inteligente, es una de las causas de la falta de sentido que tiene la vida para las nuevas generaciones, de la desesperanza en que se hunden tantos jóvenes, de la falta de utopía para creer que un mundo mejor es posible. Sin todo esto no vale la pena vivir y así se expresa en las culturas agotadas de los países centrales. Además corremos el grave riesgo de caer en la anomia que elimina el valor de las normas que rigen las conductas morales. Se debe recordar aquella sentencia de Fiódor Dostoyevski: «Si Dos no existe todo está permitido».

Ver también:
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte I)

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García Lorca: un abanico de sueños


Daniela Saidman (Desde Venezuela)

Era la noche arrancada de versos, estaba allí, parado, alumbrando con sus ojos la oscuridad, en sus manos un abanico de sueños caía rendido a sus pies. Armado de todo lo humano, con sus poemas y sus credos, miraba al pelotón que abriría su corazón a tiros. Y luego, su voz infinita recordándonos para siempre, la vida. Era la madrugada del 18 de agosto de 1936.

Federico García Lorca (Granada, 5 de junio de 1898) está vivo en todos los poemas y obras de teatro que nos legó para recordarlo, y recordarnos lo más y mejor del ser humano. Creyente de todas las libertades, de los vuelos del alma y de las almas en vuelo, sus ojos y sus manos se asoman en las lecturas que estas otras y otros que somos hacemos a través del tiempo. Con él y a través de él es posible reanudar los ires y venires que cantando cantan los paisajes de la tierra.

Él le escribió al amor en todas sus formas, en las imaginables y en las que habrán de ser, con su Granada de fondo dando testimonio de los pasos y sus gentes.

“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda / verde carne, pelo verde, / con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana, / las cosas la están mirando / y ella no puede mirarlas”.
(Fragmento de Romance sonámbulo)

Reconocido como uno de los poetas más importantes del siglo XX español, miembro de la Generación del 27, García Lorca escribió romanzas y poemas a su Granada, a su cultura salpicada de cantos, a la Alhambra y al imaginario gitano que puebla aún Andalucía. Sus versos son cantos para la noche alumbrada por los sueños y las voces que tienen todavía tanto que contar.

“Por el olivar venían, / bronce y sueño, los gitanos. / Las cabezas levantadas / y los ojos entornados. / Cómo canta la zumaya, / ¡ay, cómo canta en el árbol! / Por el cielo va la luna / con un niño de la mano. / Dentro de la fragua lloran, / dando gritos, los gitanos. / El aire la vela, vela. / El aire la está velando”.
(Fragmento del Romance de la luna, luna)

Sin más fronteras que las de la humana capacidad de verse reflejado en las otredades, el poeta acunó entre las hojas el sentir de las mujeres y hombres que a su paso se iban revelando mudos de miedo y opresiones. Su voz de camino, anduvo desatando las pasiones para saberse uno más, para encontrarse encontrándonos, para buscar las velas abiertas y surcar las aguas.

“No, no, no, no; yo denuncio. / Yo denuncio la conjura / de estas desiertas oficinas / que no radian las agonías, / que borran los programas de la selva, / y me ofrezco a ser comido / por las vacas estrujadas / cuando sus gritos llenan el valle / donde el Hudson se emborracha con aceite”.
(Fragmento de Vuelta a la ciudad Nueva York de Poeta en Nueva York)

Y después de haber visto el odio, de haber hallado el grito desgarrado, de haber sentido como suya el hambre, el “poeta llega a La Habana”. Sus sueños son los sueños de todas y todos. Y allí también se reconoce y esboza en el aire el tiempo que habrá de ser.

“Pero el dos no ha sido nunca un número / porque es una angustia y su sombra, / porque es la guitarra donde el amor se desespera, / porque es la demostración de otro infinito que no es suyo / y es las murallas del muerto / y el castigo de la nueva resurrección sin finales”.
(Fragmento de El poeta llega a la Habana, Pequeño poema infinito,
de Poeta en Nueva York)

García Lorca cayó esa madrugada de agosto, con sus ojos mirando el cielo despeñado de estrellas, pero aunque intentaron no pudieron fusilarlo, sus versos siguen diciendo la vida.

Publicado en el Diario de Guayana, domingo 10 de mayo de 2009.


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Ambientalismo y Cultura: NO aparecen en el debate de la "nueva política..."


Miguel Longarini (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Me siento algo cansado de tanto parloteo politiqueríl; de tanto nuevos - viejos candidatos: padrinos ensombrecidos de uñas rápidas, pico duro y cuero pa varios hervores, que en medio del desierto de propuestas (agregado al que va dejando la sojización) sobre todo sustentables en el tiempo y en lo verdaderamente humano, me he detenido a pensar qué nos espera o deparará, y hablo de nuestras con-descendencias, respecto a comenzar a sanar nuestra naturaleza.

Claro está que para hablar de parar la locura de des-naturalizar el tiempo, con tal que una porción des-naturalizada viva "con bolsillo cubierto" hasta su muerte, no es tarea de buenas intenciones solamente sino que, se necesita comprometerse hasta los huesos con esta tarea que de algún modo venimos a cumplir, en este hermosa experiencia, como es la vida.

Nada hace suponer que se pueda detener el rumbo hacia el abismo, que los hombres de poder insisten en conducir-nos, por más señales o gritos que nuestra madre natura, nos ofrece o reclama. Nadie de los poderosos aunque disimulen o se disfracen de ecologistas, es honesto con sus acciones de ocuparse de parar la destrucción sistemática que el modelo capitalista ( aún con incierto destino) lleva implícito en sus entrañas.

En mi país Argentina, a pocos días de una elección legislativa, observo que los apresurados candidatos que integran el abanico noventista y neoliberal, nada dicen de la cultura en general o se detienen a confesarse al menos des-interesados o des-informados. Tampoco se escucha entre tantos intentos por "comprar" votos, una sola palabra sobre ecología, medioambiente, sustentabilidad con seres humanos como eje fundamental, en un desarrollo armónico desde lo humano-natural-social. Ninguna mención se les cae sobre la condena y cadena a perpetuidad en ser un enfermo-dependiente con lo que significan los agrotóxicos, sin ley que los regule dentro de un marco que interprete la vida ante que el lucro. No, por el contrario, hacen como si fueran eficientes para que hagamos como que lo fueran por el sólo hecho de mostrarse millonario sin pasado, denunciadores crónicos, vitalicios aliancistas libertarios...

Hace tiempo que escribo mis pensamientos y no quería esta vez, quedarme sin sacar afuera lo que se pone feo, aunque también tengo experiencia que decirlo y escribirlo, sin más patrón que la conciencia, trae algunos desencuentros... ( en el mejor de los casos). Pero nada de lo que aquí digo debe tomarse como un signo de sabelotodo o de conocimiento divino. Ocurre que desde mi observación se desprende que el apresura-miento profesional de algunos señores o señoras en campaña, con hablar de lo que no hace el otro y prometer que lo harían mejor (aunque muchos están en política o en las cámaras hace décadas) hace que, temas fundamentales como los tratados en el párrafo anterior, no se toquen o porque no se puede o bien porque se desconoce, o mejor, porque el modelo así lo exige.

Cabe señalar que casi todo el periodismo (digo casi todo porque sería des-honesto generalizar) tampoco hace estas preguntas o realmente trata de profundizar en el tema. Sé que muchos no lo conocen bien y temen abordarlo, pero es conocido que la gran prensa o las empresas de miedos, también forman parte de generar el gran deterioro humano-ambiental-social, por lo que se descuenta que exista la posibilidad que sus caras mediáticas intenten, dejar de comer, de la mano del amo.

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El Producto de la Bestia Interior: La delincuencia, la cultura de la impunidad y los valores contemporáneos


Jorge Majfud (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Redefinir

Uno de los mejores americanos fue un inglés. El mayor incendiario, independentista, anarquista, promotor de la desobediencia civil y defensor de los derechos de igualdad y libertad de pensamiento fue un hijo del mayor imperio del momento. Su librito más importante, Common Sense (1776), fue la llama que prendió el hilo de pólvora, por entonces inerte en la mente de la mayoría de los americanos y hasta del mismo George Washington. La primera idea que inicia El sentido común de Thomas Paine, no sin paradoja, afirma que la costumbre de pensar correctamente da la superficial idea de estar en lo cierto, lo que garantiza la feroz defensa de una costumbre.

En nuestros tiempos, uno de esos lugares comunes es, por ejemplo, repetir y sostener que los criminales son “inadaptados sociales”. Lo que de paso sirve para calmar la conciencia del resto de la sociedad que no anda por ahí matando por un kilo de basura. Pero si vemos algo del bosque, hasta el peor asesino es un perfecto adaptado social. No lo son sus víctimas, en todo caso. No eran adaptados sociales ni Sócrates, ni Jesús ni el modesto verdulero que se puso a contar las magras ganancias del día sin atender al asesino que lo acuchilló.

Cuando repudiamos el horror de un crimen en el fondo repudiamos lo que somos como sociedad y nuestra impotencia es la negación de ese reconocimiento, ya que si pudiésemos matar al asesino de un amigo no lo haríamos y si lo hiciéramos no calmaríamos nuestro espíritu por ese acto de fuerza absoluta.

Gobiernos permisivos

En Europa y en Estados Unidos un creciente número de personas responsabiliza a la inmigración por el incremento de la violencia. Aunque podemos pensar que la ilegalidad, la falta de goce de derechos civiles y la desesperación pueden llevar fácilmente a un individuo a la delincuencia, aún así parece que los ilegales se abstienen más del crimen que los ciudadanos. Como los estudios más serios demuestran con números que las olas inmigratorias no son las causas del incremento de la criminalidad sino que en muchos contextos tienen un efecto contrario, se argumenta que si no es la cantidad por lo menos es la calidad de los nuevos crímenes. Es posible que los medios de difusión jueguen un factor en la percepción de un horror antiguo, pero podemos aceptar que la violencia ha llegado o se mantiene en niveles intolerables para una sensibilidad civilizada —dejemos de lado que estos crímenes también son un fenómeno de la ciudad, de la civilización.

En América latina, como no se les puede echar la culpa a los antiguos inmigrantes, se le echa la culpa a la permisividad de los gobiernos. Así surge la tentación fácil de reclamar el regreso de las viejas dictaduras o, por lo menos, de sus viejos métodos.

Primero, considerando que todos éstos son países republicanos, la acusación no tiene sustento. No son los gobiernos los que administran la justicia.

Segundo, no es casualidad que los reclamos de “mano dura” provengan siempre de sectores de la derecha política cuando hoy en día, rompiendo con una tradición centenaria, la mayoría de los gobiernos se declaran de izquierda.

Tercero, en mi país, Uruguay, y en muchos otros, esta acusación además es paradójica. Quienes cometieron crímenes en masa, violaciones al por mayor, han obtenido grandes descuentos cuando no el perdón oficial y, en algún período de la reciente historia, el perdón de la mayoría del electorado. Entonces ¿cómo los políticos que durante décadas construyeron un discurso ideológico de impunidad y de olvido ante los mayores crímenes contra la humanidad pueden hablar ahora de “gobiernos permisivos”? ¿Por qué habría un país de usar mano dura con un asesino que mata a un inocente y promover el megaolvido y el megaperdón de una cofradía de asesinos que secuestra, tortura, viola y asesina a cientos y a miles? ¿Cómo pueden estos mismos discursantes de la moral pública levantar las cejas de asombro ante olas de delincuentes, como si esta verdadera “adaptación social” hubiese sido aprendida en cuatro cursos acelerados de Perversión Civil?

Síntomas de una civilización enferma

Hay, sin embargo, un factor central que no depende de los políticos criollos de turno, sean de derecha o de izquierda. Tampoco vamos a pensar que nuestros caminales, sean reos o sean ex presidentes, son los responsables del rumbo de toda una civilización. También ellos son colaboradores, quizás involuntarios, de un sistema que, si no supera el tamaño de sus egos, al menos sí supera el alcance de sus poderes reales.

También son ellos y somos nosotros hijos de una cultura y de una civilización. La civilización del músculo, del proselitismo y de la conquista; la cultura del materialismo y de la más reciente fiebre del consumismo como síntoma de éxito.

¿Por qué se llaman “países emergentes” a Rusia, China e India? Su “éxito” radica en parecerse algo más a Estados Unidos al tiempo de presentarse como “algo distinto”. Con demasiado anticipo celebran el fin del imperialismo americano mientras cada uno de ellos deja la vida por convertirse en nuevos imperios capitalistas. Copian defectos ajenos mientras conservan los propios. El éxito de estos países “tan distintos” se mide y se define en las bolsas de las capitales financieras, en el gasto interno, en el consumo de combustible, en el número de nuevos millonarios, en la construcción de nuevos centros comerciales con sus Halloween, sus barbies rubias de ojos rasgados. El objetivo es el éxito y éste se mide con los mismos valores que ya fueron definidos e impuestos por Estados Unidos.

El especulador de Wall Street, el traficante de drogas y el ladrón de gallinas persiguen lo mismo, porque sus valores son esencialmente los mismos: el éxito económico, con o sin el éxito del prójimo, con o sin el imperio del la ley. (El exceso de testosterona provoca mayor placer en la derrota del rival que en la victoria propia.) La diferencia radica en que unos ejercen el peso de la ley, no porque son buenos sino porque les conviene. Cuando la ley deja de convenirles surgen los Bernard Madoff con sus calculadas megaetafas. ¿Cuántos miles, sino millones de víctimas dejan estos criminales? Sin duda muchas más que un horrible asesino que descarga toda la basura de su subcultura en una pobre víctima individual. Y el horror se ve con la sangre, no con los hambreados del despido ni con los muertos anónimos bajo las bombas de los intereses corporativos.

Quizás los criminales comunes sean la forma en que una sociedad expurga sus propios pecados. Quien roba, asesina, viola, trafica con drogas es un perfecto adaptado social. Adaptado a los valores básicos de nuestras sociedades contemporáneas, fundadas en la competencia, la avaricia y la desesperación por el éxito individual. Unos ejercitamos ese vicio a través del arte, de las ciencias. Otros a través de las intrigas públicas, en caso de un político, o de las intrigas domésticas, en caso de un pobre diablo. Otros son más directos y asaltan, roban y matan. Esos criminales representan los valores más profundos de nuestras sociedades pero carecen del arte y de la educación de los buenos jugadores que triunfan porque respetan las reglas del juego. Sin importar si se trata de un juego de damas o de la ruleta rusa o de Abu Ghraib.

En esta cadena de violencias todas son parte de un mismo mecanismo. Un pequeño engranaje parece girar en sentido opuesto a un engranaje mayor, pero éste se mueve por aquel y aquel para éste.

Nadie puede cambiar por sí solo el rumbo de la civilización. Ella nos crea. Pocos pueden cambiar el destino de millones de personas que sufren o se benefician de sus decisiones. Casi todos podemos hacer algo por cambiar nuestro entorno más inmediato. Todos, sin duda, podemos hacer mucho por cambiarnos a nosotros mismos. El único problema es que casi nunca queremos. Estamos demasiado enamorados de nuestros defectos y preferimos hablar de los defectos ajenos.

Jorge Majfud es uruguayo residente en Estados Unidos.


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“El Fajín rojo”, un lamentable y patético fraude literario

Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antes que nada me gustaría que no se confunda –aunque reconozco que haya personas que duden de mi sinceridad– mi pública y conocida enemistad con el escritor de esta novela “El Fajín rojo”, el señor Ezequiel Ramírez, con la opinión que me merece esta novela –una opinión que, paradójicamente, pretendo objetiva, cuando es inevitable que entre en confrontación con la “subjetividad” que supone enjuiciar cualquier actividad, más acusada cuando lo que ponemos en tela de juicio entra en el siempre “delicado”, ”resbalazido” y “personal” terreno de la creación artística.

“El Fajín Rojo”, la primera novela publicada por el señor Ezequiel Ramírez, pretende, según su prologuista, don Juan Carlos Martín Artiles, acercarnos la sociedad de principios de los años cincuenta.

“En esta narración, que es casi puro diálogo, –según don Juan Carlos Martín Artiles- es patente la atención prestada al lenguaje y una vez cumplida su función caracterizadora, intenta el autor hacer de él un valor en sí. Logrando a veces que la atención del lector recaiga en el cómo más que en el qué”.

En esta valoración quisiera aportar mi punto de vista. En primer lugar, cuando uno empieza a leer esta novela se enfrenta defraudado a un relato carente de esa característica principal que define de entrada a lo que anunciaría que estamos ante una obra prometedora, y es precisamente en la ausencia, absoluta y total, de lo que nos apuntaba su prologuista, es decir, en la plena ausencia en el relato de “en el cómo más que en el qué”.

Cualquier atento lector descubrirá desencantado que lo que predomina en todo el relato es precisamente “el qué” y no “en el cómo”.

Aquí nos encontramos con el primer fraude que descalifica lo que se nos anunciaba como una “narración donde es patente la atención al lenguaje” (a no ser que cuando afirma esa patente atención al lenguaje se esté refiriendo a la ausencia de faltas de ortografía, a la exacta conjunción de los verbos, al justo uso de los adverbios, de los adjetivos y a la perfecta creación de las oraciones gramaticales... si es a esta patente atención al lenguaje a la que se refiere, entonces sí que es cierta... pero no son estos elementos los que definen en un relato, en cualquier relato, “el cómo”... Nada más lejos de la verdad, de la autenticidad, de la originalidad, de la distintidad que “el cómo” bien aplicado, bien utilizado consiguen imprimirle a un relato, a cualquier relato...

Ejemplos geniales, lúcidos, de la utilización de “el cómo” para contarnos una historia la tenemos en escritores canarios como Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Juan Cruz, Víctor Ramírez, Luis León Barreto, Alexis Ravelo, Jovanka Vaccari, Nicolás Estévanez y Murphy, Alonso Quesada, Domingo López Torres, Agustín Espinosa, e incluso en el último premio Canarias de Literatura José Maria Millares Sall; éstos sí, escritores canarios, que no sólo utilizan a la perfección “el cómo y el qué” para pertenecer a ese selecto grupo de escritores que ya pertenecen a la Historia de La Literatura Canaria.

(Es obvio insistir en el hecho cierto de que no es escritor quien quiere, sino quien puede...)

“EL Fajín Rojo”, no sólo nos defrauda en este sentido, sino en que nos narra una historia lineal, con el más que superado esquema de presentación, desarrollo y desenlace.

Nada sorprende, nada aporta, nada emociona ni conmueve.

Su prosa es tan soporífera, de un pretendido dramatismo oscurantista que a lo más que llega es a provocar una sucesión de bostezos en cascada.

Nada de frescura, nada de irónico divertimento, de humor socarrón.

Ya el genial escritor Julio Cortazar nos advertía, que a semejanza servil de la vida cotidiana se cree a pensar que en la solemnidad, en la seriedad, está la verdad, y que el humor, la ironía, el divertimento sólo comporta frivolidad o falsedad. Y de esta solemnidad, de esta seriedad sí que está preñada esta novela a todas luces, más que una novela, un doloroso aborto prosaico totalmente prescindible en el variado, rico y colmado panorama literario en Canarias.

Escribir es algo más que poner una frase tras otra...

Esto en cuanto a lo formal; en el contenido no sólo falsea la realidad conscientemente o no, sino que manipula claramente algunos hechos históricos.

Cuando Ana, la clara protagonista de esta novela se encuentra en La Fuente del Molinillo con un señor, aldeano, un día tan señalado como “La Fiesta del Charco” y ambos entablan conversación, éste le recita un poemilla en el que a la manera de los antiguos romances, relata un hecho acaecido en este municipio años atrás como fue “El Pleito de La Aldea”, Ana, en su sana e ingenua inocencia queda maravillada con éste, pero el señor aldeano le dice que no lo recite por ahí porque todavía, le cuenta, hay muchas “fieras y leones” sueltos por aquí. Ana no entiende lo que le quiere decir, y el señor le habla explicándole que ya lo comprenderá.

Una vez ocurrida esta escena, el señor, que es uno de los tantos emigrantes que tuvieron que abandonar su tierra en busca de mejor fortuna habla no sólo a Ana, sino a un anónimo lector, contándole que no entendía la forma de gobernar en Canarias (y en España me imagino, aunque no la nombra), muy distinta a las formas de gobernar en los países que éste ha visitado en los que se regían por un sistema democrático...!!??

(Y yo me pregunto ¿democracia en Nicaragua, en Argentina, en Panama, en Honduras, en Puerto Rico...en los años cincuenta del pasado siglo?)

O cuando Nicolás, el personaje aldeano emigrante afirma “Los que conocimos la democracia fuera, en América, no entendemos, al volver, esta forma de gobernar” (pág 214).

Aquí es donde el escritor falsea la realidad, manipula los hechos, porque que yo sepa en todos los países Latinoamericanos que éste visitó no eran precisamente un ejemplo de democracia auténtica –es más no creo que jamás haya existido, hasta donde yo conozco, claro, País alguno sobre la faz de la tierra donde su sistema político-económico haya sido el democrático... y mucho menos en la época que nos cuenta el narrador, los años 50 del siglo pasado... tal vez, si hubiese dicho el nombre de algún país europeo o norteamericano... pero ni aún así...

Es cierto que en el año 1948 se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero en los países europeos como ya dije, no en los latinoamericanos, que en ese período concreto de la Historia eran meros satélites del imperialismo yanqui.

Pero como siempre digo no me crean a mí. Lean y comprueben por ustedes mismos lo que afirmo. Lean y saque cada uno sus propias conclusiones.

Les adelanto que no faltarán los que me acusen de “calumniador”, de “mentir interesadamente y por venganza” y algunas barbaridades más... por eso, repito e insisto que no crean nada de mi opinión y que lean “El fajín rojo” y que cada cual saque sus conclusiones.

Les recuerdo que estamos en democracia –y no gracias a diospadrebendito ni a algun@s que prefiero no mentar-- y las opiniones son libres y gracias a Internet no podrán censurarme ciertos personajes, que no dudaron en hacerlo cuando tenían el poder político, como ya lo hicieron en otra época no tan lejana y cuando ya existía la “democracia en Canarias”, y puedo publicar lo que acabo de escribir, de lo contrario tengan por seguro que esta simple opinión de un sencillo lector no hubiera aparecido publicada en ningún medio de comunicación...

Sólo lo que se escribe existe... (hay quien dice que lo único que existe es lo que sale en televisión...), y nos sobrevivirá cuando ya dejemos este maravilloso, jodido e injusto Planeta azul de mis amores y mis dolores...

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Loq’olej qate ulew-Sagrada madre tierra

Calixta Gabriel (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Madre tierra, Utzilej aq’ij.
A ti madre, abuela de ayer
A ti madre tierra de ayer, hoy y mañana.
A ti madre eterna. Ra wutzi’l.

Loq’olej qate ulew- Sagrada madre tierra
Madre tierra, fuiste la primera mujer ultrajada y violada por los soldados españoles,
Fuiste atacada por las balas de los invasores en Abya Yala. (América)
Fuiste la primera mujer que lloró al ver, caer y morir a sus hijos mayas.
Loq’oläj Ulew de ayer, hoy y siempre,
Tu eres Sagrada y madre para los indígenas de estas tierras
Nos amamantas siempre con tu producción, por medio del agua y
por medio del oxigeno que recibimos de las cuatro esquinas del universo.
Junto con el aire y oxigeno, que nos regalan nuestros hermanos mayores, los árboles, nos nutres para tener feliz y útil existencia.

Loq’olej qate ulew- Sagrada madre tierra
Madre de ayer,
Madre de hoy,
Madre del mañana y de las nuevas generaciones.
Serás madre siempre de quienes te amamos, te respetamos y cuidamos.
Somos los guardianes de las montañas, te ofrezco siempre mis plegarias de amor, respeto y veneración con pom e incienso, como lo hicieron nuestras primeras abuelas y abuelos.
Madre tierra,
de ti dependemos, los seres humanos,
de ti dependen nuestros hermanos mayores animales,
de ti dependen las aves y otras especies
No nos desampares, no nos olvides, a pesar de nuestra injusta actitud contigo.
Hoy y siempre te mando mis energías de amor, de gratitud y de respeto a través de los aromas del pom, el incienso y de mis las expresiones ceremoniales que nacen desde lo más profundo de mi ser.

Loq’olej ulew, janila matyox chawe ronojel.
Madre tierra, muchas gracias porque aguantas nuestras actitudes desconsideradas, te maltratamos, te escupimos, te herimos, te enfermamos; solo merecemos tu castigo.

Hermano chiquito de la creación llamado ser humano, te hablo a ti… si a ti, que te crees civilizado e inteligente desentrañando el vientre sagrado de nuestra Madre tierra a través de la explotación minera.

No seas el asesino de tu propia Madre, ¿Qué clase de civilización y de inteligencia serán los que contribuyen a la aniquilación de una Madre.

Si no eres capaz de asesinar a tu propia Madre que se puede esperar de ti con relación a otras mujeres que no son tus madres.

¿A caso las mentes de nuestras abuelas y abuelos son tontas e ignorantes que no entiende al ser humano inteligente y civilizado que provoca su propia orfandad…?
tus energía nos alimenta permanente de día y de noche
Hoy, como todos los días,
te mando mis palabras que brotan mi corazón por el amor y respeto que te tengo y te guardaré hasta que mis ojos se apaguen.

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Cuando mis padres se separaron…


Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Recuerdo que… a mis quince años, cuando vivíamos sólo del sueldo de mi vieja y tenía que alcanzar para los tres: ella, mi hermana y yo.

El invierno era cruel para mis pulmones asmáticos, pero estufas no teníamos, en aquella época no se distribuía el gas por las cañerías domiciliarias, sólo contábamos con una garrafa de gas para la cocina, y, tener calefacción eléctrica era impensable. Recuerdo que una noche fría y muy tarde tocaron el timbre en mi casa. Era una tía solterona, la catolicona le decíamos con mi hermana por su fanatismo (al final terminó siendo monja).

Yo le abrí la puerta y la hice pasar. Tenía todo el susto reflejado en sus ojos que, ya de por sí, eran saltones.

Temblaba tanto que su boca abierta no articulaba palabra alguna.

Mi madre, la tomó de una mano, la guió hasta la cocina y la hizo sentar.

Con la reacción rápida y justa que siempre solucionaba ante un imprevisto, mamá le dijo a mi hermana:

_ Querida, dale un vaso de agua.

Mi tía tomó el vaso con las dos manos, temblaba tanto que, al beber se salpicaba la cara y la ropa.

_ ¡Nos persiguen! ¡Me quieren matar!

Categórica, mi hermana le preguntó:

_ ¿Podes decirnos que te pasó?

_ Iba…yo iba en el ómnibus y una de la Unidad Básica subió y me miró y cuando me vio la insignia de la Acción Católica me gritó: ¡Ya se les va a acabar a ustedes los Contreras, los católicos, al paredón!

Se entrecortaba, balbuceaba, lloraba y, a medida que ella iba hablando mi madre palidecía.

En un momento de la frase le puso una mano en la boca y con la otra señalaba la pared de la cocina que daba al norte.

Las cuatro nos dimos cuenta: esa pared era la medianera que daba al vecino: el informante del Partido, don Abel (Caín le decía mi hermana) el jubilado municipal que se había tomado con mucha responsabilidad ser el espía de nuestra cuadra, mejor dicho de las cuatro cuadras que formaban la manzana y que tenía un original cargo: Jefe de Manzana.

Digamos que lo que le gritó la de la Unidad Básica a mi tía, fue después del discurso de Perón cuando dijo que por cada peronista había que matar a cinco contreras. Fue el famoso discurso del “cinco por uno”.

Después vino la afiliación obligatoria, de la cual nadie nos salvamos, aunque ahora, algunos, digan lo contrario.

Y de la radio uruguaya que mi hermana, mamá y yo, escuchábamos con el volumen muy bajo para que Caín, perdón don Abel, no nos denunciara. Porque era la única forma de saber lo que pasaba en el país en que vivíamos.

Y del velatorio con sucursales.

Y del luto obligatorio en la solapa del saco, el vestido o el guardapolvo.

Y del discurso partidario todas las mañanas en las escuelas, después de izada la bandera

¿Y de qué me acuerdo ahora, en este momento?

De mi primer reemplazo como maestra en una escuelita de barrio.

Resulta que el director era radical y juró que la insignia de su partido no se la sacaría nunca. Todas las mañanas aparecía con su símbolo en la solapa, del luto minga.

Pero, además, cada día uno del personal tenía que decir su discurso político frente a los alumnos y la enseña Patria.

¿Cómo se solucionaba el problema?

Se solucionaba con la vicedirectora. La seño Susana, democrática y auténtica persona. Ella era peronista, militaba en una Unidad Básica, el director era radical y no abjuraría en su determinación. Que además tenía cinco hijos y su esposa padecía de un cáncer terminal y que si los de la C.G.T. se enteraban, no se irían con chiquitas.

Entonces, la seño Susana leía el discurso el día que le correspondía a ella y, cuando le tocaba al director, lo escribía y leía también ella.

Todos queríamos a la seño Susana.

Sonrío. Parece una redacción de quinto grado, pero fue real.
…………………………………………………………………………..

¿Esta falta de libertad existió en época de Perón?- se pregunta Roque y sigue leyendo una a una las hojas. Algunas están con manchas por el barro que se formó con la lluvia de las vísperas, otras prácticamente ilegibles pero el persiste y las va seleccionando.

Páginas de la novela “El chalet de los Quintana”, de próxima aparición.


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Románticamente


María Cristina Garay Andrade (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Romántica semántica la del amor sincero
cuando dice te quiero en un susurro apasionado
originado entre bocas intrincadas en besos, de esos
donde los labios se acomodan ahogando el aliento arrebatado...

Romántica la lluvia cuando incesante diluvia
cantares que a lo lejos invita la melodía conmovida
a entrelazar los cuerpos en total cercanía,
el ritmo se hace lento acompasando la polifonía...

Romántica la fragancia de flores que nacen de cortejos
rituales de animales se incentivan para el celo,
encendiendo leños candentes atizando voraz el fuego,
tus ojos me miran fijo reflejando tus deseos...

Romántica la mañana que amanece en mi espalda,
Tus brazos se hacen nido cubriéndome del frío,
permaneció enredado mi pelo suavemente en tus dedos,
y tu anatomía quedo pegada junto a mis curvas agotada.

Romántica la ventana me muestra caer la noche,
la música como broche sensible la acompaña,
con nostalgia en un eco que a lo lejos,
en acordes tararea silbando delicioso el céfiro.

Romántica te espero suspirando con desvelo,
un reflejo de luz dibuja tu contorno en el espejo,
y dialogando con la luna que conoce mi secreto,
aguardo románticamente tu regreso.

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La muerte del fútbol y la reinvención de la música


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El astronómico monto que el Real Madrid ha pagado para obtener los servicios de Cristiano Ronaldo representa la muerte del fútbol. O, por lo menos, un asesinato silencioso al espíritu deportivo que anima la voluntad de los aficionados.

El fútbol, como tantas otras inquietudes humanas que nacieron con el ánimo de compartir, lleva tiempo padeciendo el cáncer de la inversión desaforada. Sin embargo, nadie podría discutir que Cristiano Ronaldo tiene el nivel de los grandes futbolistas; lo que sí se puede debatir es que, con su actitud represente un aporte humanístico al deporte. ¿Que el fútbol no es humanismo sino negocio? Pues, por ese camino la raza humana será la chatarra de un tiempo futuro.

La negociación que se ha cerrado por los favores del astro portugués traerá consecuencias abismales para el fútbol. No creo exagerar al pensar que el grosero contrato provocará decepción en el público y en los futbolistas que sienten necesidad (existencial) de practicar el deporte. ¿O acaso la ingenua pasión del ciudadano trabajador no tiene límites? ¿Cuánto vale la lealtad de un atleta? ¿94 millones de euros? Quizá, algún día, el contrato de Cristiano Ronaldo sea recordado como el causante de la muerte del fútbol como espectáculo.

Como contrapeso, el cantante Miguel Ríos afirma que cuando se retire de la música “volverá a ser amateur”. No se podía esperar un deseo menos sublime de un maestro del rock como Miguel Ríos. Una aspiración que le lleva a cerrar el camino con la ilusión del comienzo, con la mente abierta de un adolescente que está dispuesto a cambiar el mundo a punta de tropiezos. ¿Qué sería de los humanos si algún día la banca contabilizara nuestros sueños más íntimos?

Hay en el deseo de Miguel Ríos una necesidad de reinventar el ejercicio de la música. De mi parte, como admirador, espero (cuando llegue ese momento) haber cuidado lo suficiente mi espacio de niño como para poder disfrutar de su arte con la pasión de un amateur.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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