viernes, 24 de julio de 2009

Alegría en los tristes trópicos


Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Claudia Umansky, mi maestra blanca

El arte pareciera hacer menos tristes esos trópicos africanos. Estos alegres nativos bien podrían hacer las delicias del Picasso, quien atraído por la estética africana nos regalara su hermosa obra Las señoritas de Avignon.

Realmente esos pueblos del valle del Omo, en la lejana Etiopía, bien podrían ser sus inspiradores.

Con su desnudez adornada, nos enseñan una bella relación con el cuerpo, al que cubren de colores como si envidiaran el plumaje de los pavos reales para un seductor pavoneo o como el niño de don Rafael Pombo, quisieran que una mariposa vagarosa, rica en tientes y en donaire, les regale sus dos alas para ornar su vestido con la pompa de sus galas.

Pareciera ser que allí, en el valle del Omo, la vida fuera un juego perenne, de un placer indiscutible, pura Creatividad, mejor aún que las de los grandes modistos europeos.

El escenario parece ser que fue un antiguo desfiladero volcánico, con laderas erosionadas, con grandes sedimentos rocosos y barros pigmentosos, en los que abundan el ocre, el caolín, el cobre oxidado, con sus tonos de verde y cenizas con todo un continuum de colores, del negro azabache al más diáfano blanco, con toda una gama de amarillos y de tonos grisáceos, que se convierten, en las manos de los habitantes de esas orillas, en toda una acuarela de colores, con las que embellecen sus cuerpos y así honran a la naturaleza, en un alegre cuidado de sí, cosa que bien deberíamos aprenderles los occidentales, que tanto hemos perseguido a las gentes de su raza y les cerramos las puertas de nuestros continentes, sordos a cualquier tipo de diálogo intercultural, con la arrogancia de aquellos que piensan que la cultura comenzó en Grecia.

De Etiopía se dice que es un crisol antropológico, lleno de hermosos paisajes y parques nacionales. Basta mirar a esta mujer, de la que no sabríamos a primera vista decir a ciencia cierta si es un ser humano o una escultura.

Los habitantes de ese valle ardiente nos deleitan con sus cuerpos, a los que convierten en auténticas obras de arte y si acudimos a la definición de que bello es lo que a la vista agrada, no podríamos sino deleitarnos con el espectáculo que nos ofrecen.

O como nos lo muestra esta joven karo de la zona, vestida para alguna ocasión.

Miremos cómo se engalanan:

Estas bellezas bien pudieran se parte de las imágenes de un Pier Paolo Passolini:

Habría que ver esta testa coronada de silvestres flores, todo un homenaje a las diosas de los jardines, a la Madre Naturaleza, como una canto al Eros, que esparce el polen por el aire, para crear una verdadera Floralia, una auténtica celebración a la existencia y entonar cantos de vida y esperanza, como el gran Darío, quien ayer, no más, nos decía el verso azul y la canción profana para acercarnos al Imperio florecido de la divina Cloris, en el jardín del céfiro, obnubilado por su belleza. Tal vez a esta hermosa aborigen, podríamos cantarle con el poeta nicaragüense:
En mi jardín se vio una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva.

La mimesis nos sorprende, cuando nos señala que tampoco allí Fauna está ausente, cuando el temido león aparece con esta figura de tanta calidad plástica, tal vez para exorcizar a la fiera con un prodigioso ensalmo, en ese feliz momento cuando el homínido primitivo comprendió que una forma de transformar la naturaleza se lograba por mágicos caminos, primera tekné para la transformación del mundo, que en Occidente se convirtiera en ciencia. Es, sin duda, esta imagen de una belleza sin par, que bien podrían añadirse al siguiente cuadro:

Bien sabemos que don Pablo Ruiz Picasso se dejó atraer por el arte del enigmático continente negro, por su cultura, su liturgia y sus costumbres, atraído por sus objetos misteriosos, algo que iba más allá de lo estrictamente formal, hasta el punto de que esa influencia llegaría a ser fundamento de su propia creación, ya que ese genio de la plástica de Occidente, sin ambages, era un hombre abierto a la multiplicidad de las culturas y se sorprendía con aquellas formas, cargadas de un simbolismo rayano en el misterio.

Esas rarezas exóticas y primitivas, para el europeo común, empezaron a interesar a los artistas del continente blanco desde el punto de vista estético, como se dio en el caso de Matisse y los fauvistas tan apasionados por la fuerza del color; pero también Modigliani, ese enamorado de la figura humana, veía en las máscaras alargadas de alguna etnias africanas, un tema importante para su inspiración.

Braque anotaba que dichas máscaras le abrían nuevos horizontes para su pintura, en tanto y en cuanto, acentuaban formas y estructuras, sin ceñirse a la mera imitación de lo real, como si los africanos se anticiparan al arte abstracto, cosa que Picasso supo aprovechar también al captar la fuerza emocional de ese arte aborigen, de tal suerte que fue haciendo de la figura humana una forma cada vez más geométrica, con planos y angulaciones atrevidas, semejantes a las de las tallas y caretas que, desde inmemoriales tiempos, usaban los nativos del continente negro para usos rituales animistas, como parte de una mentalidad comunitaria.

¿Qué tiene que envidiarle una figura como ésta a una escultura contemporánea? Bien podría hacer parte de algún museo importante como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o alguno de los Guggenheim, esta figura humana, demasiado humana, que pareciera haber sido hecha de barro y escayola, puro arte innovador, abierto siempre a nuevos horizontes, figura casi abstracta, que juega con el mundo de las formas, como una suerte de abstracción figurativa, para incluirse en el mundo deshumanizado de la globalización neoliberal.

Está ahí hierática haciendo su presencia con una estética encarnada de algo que bien puede evocarnos a aquellas esculturas Fang del África Central, que conociera Picasso en París, poco antes de dar por terminado ese cuadro inaugural que es Las señoritas de Avignón.

Este rostro real tiene gran parentesco con el rostro cubista de Miguel Guía, ya presente en la revolucionaria investigación plástica de Picasso, cuando a partir de la realidad de un rostro, el artista hace una transformación de éste, al angular sus contornos, de tal suerte que logra ambiguas figuras, en las que podemos ver a la vez, una cara de frente y de perfil, como si fuera una forma de capturar la verdadera esencia escindida del ser humano, eso que se ha dado en llamar el simultaneísmo de Pablo Picasso, cuando el hombre superpone, en una misma figura, varios puntos de vista de ella, en busca de un efecto de movimiento, gracias a la superposición de dos poses, el frente del semblante y su negación, gracias al perfil como podemos verlo en las siguientes obras de Picasso y de Guía:

No puede dejar de sorprendernos el sutil manejo de estos lilas, casi en tonos pastel, con su floración de espigas y simples florecitas, que recuerdan a la batatilla, a la que nuestro bien amado Gregorio Gutiérrez González calificara de flor sencilla y de modesta flor.

Pero también podemos evocar ese vital y promisorio amarillo de la mariposas de Mauricio Babilonia que, convertidas en flores, coronan a esta natural y llena de frescura reina africana, quien gobierna sobre un mundo de realismo mágico, portador del color de nuestros guayacanes.

Y ni que decir de estos personajes evocadores de la magia de la flauta de Mozart, ya que a estas muchachas, bien podría cantarles Papegeno:

Me gustaría tener una redpara muchachas! Las cazaría por docenas!Luego las metería en una jaulay ¡todas ellas serían mías!

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.

Las fotografías del presente artículo fueron sacadas de las siguientes páginas web:
http://www.comunidadclubmarcopolo.com/fotos-tribus-l%C2%B4omo-en-el-sur-de-etiopia
http://diaadiagotaagota.blogspot.com/2008/10/frica-tribus-iomo-etiopa_25.html
http://www.losviajeros.net/fotos/africa/Ethiopia/index.php?fn=Omo_4328
http://lh4.ggpht.com/_WORIfkvWSzg/R_T5i1UwesI/AAAAAAAAAFs/8mTSCXCA5K0/IMG_2113.JPG
http://art.antiquanatura.com/default3.asp?id=2&sec=136
http://imagenes.viajeros.com/fotos/e/em/emjduqva-1231535487-bg.jpg
http://www.emol.com/especiales/aprendiendo_a_mirar/fotos/demoiselles_avignon.jpg
http://estaticos02.cache.el-mundo.net/elmundo/imagenes/2009/06/09/1244556196_0.jpg
http://1.bp.blogspot.com/__IB3Yy6Nrrs/SIvAIXgmfzI/AAAAAAAAACI/5K1rFRdqUB4/s320/batatilla-1.JPG


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Algo de cine. “Enemigos públicos”: Michael Mann y sus historias de criminales



Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Michael Mann, el hacedor de la célebre serie de televisión de los 80 “Miami Vice” sobre la cual realizó una película, y autor de otras efectivas cintas como “El informante”, “Heat” y “Colateral”, vuelve a sus predios y nos entrega en “Enemigos públicos” la historia de John Dillinger y Babe Face Nelson, los temidos mafiosos y asaltantes de bancos en los años de la Gran Depresión americana, la de los años 20, valga, por ahora, la aclaración.

A ellos se enfrenta un equipo comandado por el policía Melvin Purvis, encarnado por un serio y algo desmotivado Christian Bale, quien sin embargo sí se muestra desalmado y crudo sobre todo en una escena de ejecución instantánea de uno de esos reyezuelos del hampa.

Como suele suceder en las películas americanas de gran presupuesto, el guión, esta vez firmado por el mismo Michael Mann, Ronan Bennett y Ann Biderman, permite encadenar y problematizar una historia que de otro modo no pasaría de tres o cuatro pinceladas. Mas la actuación de Johnny Depp, como Dillinger, mucho más sostenida y veraz que la de Bale, se ofrece como uno de los atractivos de esta historia en la que concurren los intereses de quienes manejan sucios negocios e ingentes cantidades de dinero, y forman una ilícita asociación que preocupaba al propio gobierno de Estados Unidos.

Este, por otra parte, es un choque de personalidades, una vasta como la de Dillinger, y otra contenida, como la del policía Purvis, y que remite a aquel duelo urbano y frenético que sostenían en el asfalto de Los Angeles Robert de Niro y Al Pacino en “Heat”. Incluso reminiscencias de aquel tiroteo que se convirtió en una memorable escena de dicha película, se sienten aquí, menos espectaculares, es cierto, pero aportando su propia intensidad.

Es conocido el interés de Michael Mann por trabajar con una estética visual deudora del vídeoclip, que hace que la iluminación y los fondos desenfocados actúen casi como expresiones autónomas en sus películas. Dicho de otra manera, toda la carga visual, la intensidad cromática, el regodeo en los planos largos, en las escenas en la calle, en la multitud, o la fijación en los rostros, nerviosos o entusiastas, críticos o trágicos, de los personajes, convierten a “Enemigos públicos” en una obra virtuosa desde el punto de vista fílmico, literalmente hablando. Y es que esas escenas que se encabalgan unas a otras, que aportan lógica a la secuencialidad, que no buscan necesariamente juicios morales pero sí demostraciones de afecto o emoción, así estos sean tardíos, convierten a la película en un esmerado trabajo artístico. Por ejemplo, los asaltos a los bancos se representan en la pantalla casi de manera geométrica, matemática, dibujando casi una coreografía, mientras siguen, siempre, la constante de la salvación de los delincuentes y la tardía llegada de la policía.

Marion Cotillard, quien debe su fama a su rol de Edith Piaf en “La vida en rosa”, se convierte aquí en el indesligable objeto del deseo de un Dillinger que muestra sus propios traumas, su timidez, su casi incapacidad inicial de convencerla y enamorarla. Personaje rico y aún así esquemático el Dillinger de Johnny Depp se da tiempo para burlarse de sí mismo y para idear sus propias evasiones.

Esta es una película sobre gangsters en la que reconocemos, sin duda, la influencia de “Los intocables” de Brian de Palma y “De paseo a la muerte” de los hermanos Coen, ambas rodadas en los años 80. Como en ellas, que mostraban a su modo un virtuosismo de imaginación y acción, aquí la mafia tiene un plan y no se va a rendir tan fácilmente. Y sin embargo, Michael Mann prefiere una digresión y prefiere también perderse entre las persecuciones nocturnas entre los bosques, entre las palabras de los amantes que más son como sobreentendidos, o en la vocación taxativamente moralista del oficial Purvis, para quien el éxito de su cacería final no será necesariamente un triunfo definitivo ni celebratorio.

Sentido del deber, moral, lógica y pragmatismo -expresiones teóricas de la legalidad en la sociedad americana que combate el crimen- marcan ideológicamente a los “buenos” de “Enemigos públicos”, en contraposición a esa aventura casi salvaje en que se convierte la vida de los delincuentes y que convoca, con entusiasmo, a una prensa siempre ávida de novedades y escándalos. Estamos ante una película que tal vez hubiese sido más redonda y eficaz si despegara más temprano y con más entusiasmo. Con todo, hay escenas a destacar, como el tiroteo casi agónico en la casa donde se refugia Dillinger, o la propia escena final que resume la angustia y el desasosiego que todos -defensores de la ley y villanos- sufren en esta obra.

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Exploraciones sobre las conexiones de la ciencia con la ética y la política


Manuel González Ávila (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La ciencia siempre tiene formas de contacto o traslape con la ética, la estética y la política. En el mundo actual están mutuamente infiltradas, complementadas y, a veces, enfrentadas. Muestran manifestaciones concretas del carácter inextricable que tienen entre sí. A pesar de ello, no son lo mismo. Los propósitos esenciales y los procedimientos son diferentes para cada cual. La ética, la política y la ciencia poseen distintivos cada una que les son inherentes y las constituyen. En las actividades científicas concretas subyacen conceptos que en forma de supuestos fundamentan los proyectos, ya sean éstos de investigación, educación, divulgación o conducción institucional en áreas académicas. Muchas veces quedan sin ser abiertamente discutidos, no obstante que el sacarlos a luz ayudaría a esclarecer los alcances de la ciencia, entre ellos los relacionados con la ética y la política. Varios de estos supuestos son discutidos aquí en un marco que resalta las relaciones de apoyo mutuo y que al mismo tiempo comparten la ciencia, la ética y la práctica de la democracia.

El desarrollo necesario en los países latinoamericanos es un tipo de desarrollo centrado en las necesidades e ideales de las personas, como individuos y como sociedades, que toma en cuenta explícitamente los aspectos éticos, las aspiraciones y el bienestar material en todas las opciones que presentan los miembros de la sociedad. El que deseamos es un desarrollo legítimo, integral y sostenible. Para impulsarlo es fundamental que nuestros pueblos se apoyen en el ejercicio de la filosofía y la ciencia, junto con otros procesos con los cuales construimos la legitimidad. Las universidades coherentes con el contexto y la historia son imprescindibles en este proceso. 1

Presentación

Las bases, las imágenes y los procedimientos que han servido a la humanidad para desarrollar el conocimiento han variado en el transcurso de la historia. No hay nada que extrañar en ello. Resulta mucho más difícil argumentar en contrario: no podría sostenerse que la ciencia, la racionalidad y, en general, las maneras de concebir la producción del conocimiento se hayan mantenido inalterables durante siglos, pues se trata de procesos humanos, históricos. En la ciencia –ya sea que los marcos generales del trabajo científico se llamen programas de investigación como lo hace Lakatos, paradigmas como Kuhn, tradiciones como Olivé y otros, o simplemente perspectivas– lo que se ve como una constante, en medio de la complejidad propia de lo humano, es que la búsqueda de conocimiento desde la racionalidad tiene ciertos elementos característicos y altamente estables. Algunos de ellos no sólo han distinguido a la ciencia con respecto a otras empresas, sino que además le dan una buena parte de su permanencia y credibilidad, ya sea en beneficio general de la humanidad o para el bien de algunos a pesar del daño a otros, como también puede ser el caso. Trataré de sostener mi argumentación sobre tales elementos que son comunes a las diversas maneras de entender la ciencia, sin separarla tajantemente de la filosofía, actividad con la que comparte el compromiso de la racionalidad.

Las reflexiones sobre las relaciones de la ciencia con la ética y la política pueden ser desarrolladas desde diferentes posiciones. Una es desde la visión dirigida hacia el interior de la ciencia misma y sus productos –conocimientos, visiones, intereses, credibilidad, acciones–, de manera que el foco de la atención es el poder de la ciencia, lo cual abarca las deliberaciones sobre cuáles son las fuentes de su fortaleza, las maneras como podemos acrecentar la capacidad y fortalecer la presencia de la ciencia, en general o en proyectos de investigación particulares. En este sentido, podemos estudiar dicha relación según la capacidad que tiene, o puede tener, la ciencia para contribuir a la humanidad o a una sociedad determinada. Aquí necesariamente debemos aludir a todos los productos científicos, ya se trate de comprensiones sociales, explicaciones sobre la naturaleza o desarrollos tecnológicos. Además debemos referirnos a los significados de los productos científicos y el sentido en que aportan al desarrollo humano, incluidas las comprensiones acerca del poder.

Un segundo enfoque es el conjunto de aportaciones que podemos hacer como ciencia sobre el poder, incluyendo las apreciaciones sobre los procesos políticos y sus múltiples formas. Los focos de atención pueden ser la estructura social, las culturas institucionales, la violencia, la construcción de percepciones sociales e identidades, el poder mismo y muchos otros. Dicho sea de paso, las indagaciones sobre el poder, así como otros procesos sociales de mucha importancia actual como, por ejemplo, la corrupción y la violencia, exigen de los investigadores el empleo de métodos mucho más amplios que los que pueden dar los moldes empiristas.

Una tercera posición es la que coloca el foco de atención sobre las influencias que sobre la ciencia pueden llegar desde la política, el mercado, la religión y otras actividades humanas. Este punto de vista merece mucha atención en virtud de los riesgos, traducidos en pérdida de la credibilidad, que aparecen cuando intereses ajenos a la búsqueda del conocimiento se infiltran y desvirtúan a la misma ciencia en procesos de descomposición. No sólo la ciencia pierde credibilidad como actividad humana en ese caso. También la pierden las instituciones que tienen responsabilidades en el cultivo y divulgación de la ciencia, como las universidades, los ministerios de educación y las instituciones culturales. En este caso, la argumentación sobre bases éticas toma mayor importancia. Nos referimos a esta tercera posición como el poder (o los poderes) sobre la ciencia. Adelante expondré algunas exploraciones relacionadas con estas tres perspectivas, con especial énfasis sobre cuáles pueden ser algunos de los elementos que dan a la ciencia su capacidad de contribución y su valor social.

Como puntos de partida podemos plantearnos, ¿qué esperamos de los sujetos sociales insertos en procesos históricos específicos? ¿Que actúen hacia qué proyecto social? ¿Que ofrezca opciones con dirección a qué sociedad en el futuro? Para ello, a la luz del pensamiento actual sobre la ciencia y el conocimiento, ¿cómo entendemos la realidad y el conocimiento y cómo llevar los conocimientos a la práctica? ¿Cuáles son los retos que anticipamos como los más difíciles para contribuir desde nuestras capacidades a cimentar aquellas nociones de ser humano y sociedad que sean las menos autodestructivas y que ofrezcan las mejores opciones en términos de desarrollo humano? ¿Qué es lo importante de la ciencia para enfrentar esos retos? Y en cuanto a los procedimientos, ¿cuáles son los medios políticos que guardan mejor coherencia con respecto a los ideales del desarrollo humano? ¿Cómo se relacionan estos con la ciencia?

La ciencia, la ética, la estética y la política están mutuamente infiltradas, complementadas y, a veces, enfrentadas en el mundo actual. Diariamente vemos manifestaciones concretas del carácter inextricable que tienen entre sí. A pesar de ello, no son lo mismo. Los propósitos esenciales y los procedimientos son diferentes para cada cual. La ética, la política y la ciencia cada una poseen distintivos que les son inherentes y las constituyen. Es necesario decir esto ante posturas recientes que sostienen que son lo mismo o que valen igual. Frente a ellas, sostendré que la ciencia tiene valor –por lo que el conocimiento vale por sí mismo y por lo que sirve al individuo y a la sociedad– de diferente manera, por diferentes razones. En esta presentación mencionaré algunos de estos distintivos, haciendo especial referencia a la ética y la política.

Supuestos en la ciencia

En las actividades científicas concretas subyacen conceptos que en forma de supuestos fundamentan los proyectos, ya sean éstos de investigación, educación, divulgación o conducción institucional en áreas académicas. Muchas veces quedan sin ser abiertamente discutidos, no obstante que el sacarlos a luz ayudaría a esclarecer los alcances de la ciencia, entre ellos los relacionados con la ética y la política. Algunos son estos: 1. Las personas mantienen relaciones que les constituyen socialmente en sus particularidades y formas compartidas de vida, para lo cual usan ciertos discursos. Por medio de ellos expresan sus intereses, intenciones, conocimientos y cosmovisiones. Esos marcos les sirven para actuar e intervenir en procesos sociales. De tal manera, nos conducimos en la vida, según la dirección de nuestras intenciones, de acuerdo con el sentido que tenemos de nuestros propios procesos y los de nuestro entorno en un contexto general de oportunidades, riesgos y posibilidades. Uno de los elementos más poderosos para construir el sentido es el conocimiento y uno de los tipos más confiables y creíbles de conocimiento es el conocimiento científico. El eje de su fortaleza es la racionalidad.

Racionalidad no es sinónimo de lógica formal. Significa mucho más pues incluye los marcos generales por los cuales comprendemos el mundo, la vida y nuestras relaciones con los demás. Incluye lo que nos parece bien o mal, es decir, la moral, y las perspectivas estéticas, con lo cual vislumbramos que conlleva intuiciones y afectividad. Se habla de racionalidad con sentimiento. Aquí hay un elemento trascendental: la racionalidad hablada nos permite construirnos juntos unos con otros para constituir comunidades y naciones, por medio de nuestras explicaciones sobre cuáles son nuestros puntos de vista, nuestras necesidades y aspiraciones legítimas. En sentido opuesto, también podemos escuchar el discurso racional engañoso, pero contra éste tenemos un recurso formidable en la racionalidad contextualizada que toma en cuenta los intereses de todos los involucrados.

Lo anterior hace explícito que el conocimiento científico no es la única vía por la cual generamos comprensiones acerca del mundo. Además de la ciencia, legítima y éticamente lo hacemos por medio del arte, la filosofía, el conocimiento empírico, el conocimiento construido en círculos democráticos y dialógicos, las tradiciones y otros procesos culturales y, muchas veces, prejuicios. Y además en forma ingenua o por intereses estratégicos en el sentido habermasiano incorporamos también engaños, falsedades, falacias, supersticiones y confusiones. Ante la diversidad de modos de conocer, no es aceptable hacer comparaciones generales –en el sentido de establecer jerarquías– relacionadas con las maneras de producir conocimientos. Puede ser equívoco, por ejemplo, sostener en general que la ciencia o el conocimiento empírico es más o menos valioso uno con respecto del otro. Cada cual tiene valor según el contexto y el caso concreto que observamos. Tampoco es aceptable que alguna de las dichas maneras de producir conocimientos tome para sí una calidad constitutiva que corresponde a otra, una que no le es propia, para hacerse parecer más aceptable que lo que realmente es dada la situación concreta. No es aceptable, por ejemplo, que una narración ficticia adopte una imagen “científica” para hacerse pasar por verdadera, es decir, insinuarse engañosamente como veraz amparándose en el prestigio de la ciencia. O de manera análoga, que descuidando el contexto apliquemos conceptos de una ciencia particular en otra, como es el caso de lo que plantean Sokal y Bricmont con respecto a las extrapolaciones desde las matemáticas y la física a las ciencias humanas que siendo indebidas resultan engañosas. Por estas razones, es necesario que para comprendernos pongamos en términos claros cuáles son las bases de nuestros argumentos.

La capacidad de la ciencia para generar conocimiento y sentido necesariamente hace a ésta entrar en conflicto con ideologías y formas de pensamiento que disputan con la ciencia la credibilidad de los conocimientos e imágenes que tienen importancia intersubjetiva. Algunas ideologías han intentado (o intentan hoy) conducir el pensamiento y las acciones de personas y pueblos con el propósito de cultivar determinados intereses particulares. Las presiones que buscan la hegemonía ideológica, la guerra y la promoción del consumismo son manifestaciones de ellas. El conflicto de dichas ideologías con la ciencia –o con la racionalidad en general– ha llevado a variadas respuestas, a veces con la intención de reducir el valor del conocimiento científico, ya sea en general o con respecto a un sector particular del conocimiento. Entre ellas podemos citar los intentos por reducir la credibilidad de la ciencia mediante relativizaciones que sin matices han propuesto, por ejemplo, colocar a la ciencia como un relato más, sin mención de sus métodos y ni de las razones que tiene para dar cuenta de la credibilidad que ostenta. Otros ejemplos podrían verse en los cuestionamientos abierta o veladamente dirigidos desde perspectivas empiristas llevadas a extremos para desacreditar las ciencias sociales.

Aunque el concepto de ciencia y las formas de practicarla han cambiado con el tiempo, se sostiene una cierta unidad de los principios con los que la ciencia vincula las formas de practicarla con ciertos ideales y comportamientos considerados deseables. En estos principios reside la fortaleza de la ciencia, sus logros y su credibilidad. Los principios se constituyen como puntos de reflexión en la educación y, además, sirven como guías para la realización del trabajo científico concreto al cual impregnan. Indudablemente no se cumplen siempre en las actividades científicas concretas, pero continúan siendo las directrices que dictan las pautas de lo que está correctamente ejecutado o no. Esto es substancial discutirlo porque en la ciencia, como en otras prácticas humanas, ha habido también descuidos e intereses egoístas. Estos han dado lugar a ataques al pensamiento científico en general. Con esto en mente, podríamos usar el conjunto de los principios para evaluar la calidad de un proyecto o informe particular. La idea de “aproximación a la realidad” ya sea que dicha idea se exprese en términos de verdad, veracidad o sinceridad es un criterio cardinal, largamente sostenido en la ciencia, al igual que la disposición para exponer los métodos por los cuales busca el conocimiento a la crítica y la reflexión abiertas. Relacionado con esto, la anuencia de abandonar un concepto a favor de otro que cuente con mejor fundamento argumentativo o probatorio es también una particularidad propia de la ciencia (y la racionalidad). La reflexión filosófica comparte en cierta forma algunas de las mismas preocupaciones que tiene la ciencia.

Algunos supuestos sobre los cuales descansa la pretensión de veracidad de la ciencia son estos:

• La autorreflexión con sentido crítico dirigido hacia el propio proceso investigativo

• La legitimidad de los problemas estudiados

• La coherencia y fundamentación epistémica, teórica y metodológica,

• incluyendo la coherencia entre las premisas, los procedimientos y todos los pasos implicados

• La firmeza del apoyo en las fuentes

• La fortaleza (lógica) argumentativa

• La disposición para someter la perspectiva, los argumentos y los métodos a la crítica

• La disposición para sustituir un concepto por otro que tiene un mejor

• fundamento

• La divulgación clara, incluyendo los métodos y resultados, e íntegramente expuesta y divulgada con amplitud en los medios sociales y de comunicación que competen

Estos principios se encuentran en los productos científicos que tienen valor reconocido. Otras actividades humanas creadoras de sentido no tienen pretensiones similares, al menos no el conjunto de principios que he sugerido. Es básico reconocer que entre los postulados generales de la ciencia y la filosofía actual está que estas dos actividades humanas son capaces de criticarse a sí mismas, a su teoría y a su práctica, y de exponer cuáles son los métodos que siguen para producir o construir conocimiento. Ambas formas de indagación aspiran a tener un alto grado de veracidad y credibilidad –y se esmeran en demostrarlo exponiendo sus lógicas, procedimientos y resultados a la divulgación pública. Sumado a lo anterior, hay también valores que son usualmente reconocidos entre los principios por los cuales orientamos la educación sobre la ciencia y la filosofía. Entre ellos están la justicia, la libertad, y la calidad. Igualmente, cuando estimulamos el aprendizaje en los jóvenes sobre la ciencia y a la filosofía también animamos aspiraciones, como el desarrollo humano y la sostenibilidad. Lejos de esos principios están las acciones de aquellos que, en nombre de la ciencia, la filosofía o el conocimiento en general, han optado por la dominación de otros por medio del sometimiento hasta lograr la sumisión, el despojo de la dignidad humana y la hegemonía.

Ocasionalmente escuchamos cuestionamientos que tienden a desprestigiar a la ciencia con base en señalamientos sobre la inmoralidad de algunas acciones, o de hasta grandes programas. Es cierto que han existido errores en proyectos particulares, a veces con franco menosprecio a la vida o la salud humanas. Abundan los ejemplos. Sin embargo, es necesario hacer de nuevo una aclaración en relación con la moralidad en la ciencia. Es evidente que los elementos éticos y morales de una iniciativa científica deben ser cuidadosamente estudiados. Los valores humanos, de la vida en general y del ambiente siempre deben ser respetados. Sin embargo, la inmoralidad de una práctica particular en la ciencia, no hace “acientífica”a esa práctica. La hace rechazable, denunciable o repudiable. Precisamente por la fortaleza de los argumentos y resultados de la ciencia, ésta posee un potencial grande de causar bien o mal. Sin ser elementos que definen o no la condición científica de una acción, las características éticas y morales inherentes a la acción pueden agregarle valor a ésta, haciéndola justificable o necesaria. O, al contrario, pueden hacerla inaceptable. Ésta es una razón suficiente para tener la precaución de dedicar tiempo y esfuerzo en todos los proyectos de investigación científica, para deliberar sobre los aspectos éticos propios de cada caso particular.

Existe una realidad (objeto) que el ser humano percibe y conoce (sujeto). Hay muchas diferentes maneras de explicarnos la relación entre ambos aspectos, objeto y sujeto. La mayoría de las perspectivas actuales plantean una relación dialéctica entre ambos entes que, a su vez, son considerados procesos, no entes inmóviles. La visión previa, ya superada en la filosofía pero no en muchas prácticas, era una dicotomía que presumía separación y “neutralidad” entre el objeto y el sujeto.

El ser humano no ha renunciado a conocer o intentar conocer ningún objeto, momento, espacio, o proceso del mundo de lo real, ya sea objetivo, subjetivo o intersubjetivo; del mundo de la naturaleza, el pensamiento o la sociedad. No obstante, algunos han cuestionado, y hasta negado, la aplicabilidad de la ciencia a ciertos problemas de la subjetividad y la intersubjetividad. Tales puntos de vista resultan ser muy inflexibles. Son insuficientes porque no son aplicables a todos los problemas científicos. Exigen el empleo de sólo ciertos métodos considerados idóneos según una ortodoxia que exige la investigación de sólo cierto tipo de problemas. Es evidente que esos puntos de vista responden sólo a algunas –no todas– las perspectivas de la ciencia. Repetidamente escuchamos objeciones al estudio de tal o cual proceso porque “no es medible”. Ante tales cuestionamientos hay que recoger de nuevo los principios que hemos mencionado y recordar que todo lo que existe es estudiable por la ciencia. Cómo se hará el estudio, con qué método, con quiénes, con qué, cuándo, y otros aspectos propios de la planificación y la ejecución, es precisamente el conjunto de subprocesos que competen al investigador o investigadora. La construcción del método particular es parte de su trabajo. Algunos de los problemas de la psicología y las ciencias humanas han sido cuestionados como lo he mencionado, a pesar de que, es justo decirlo, desde esas ciencias se han generado nuevas perspectivas sobre la ciencia misma que abarcan a todos los ámbitos de la realidad. El pensamiento actual sobre la ciencia se encuentra en renovación reflexiva debido, al menos en parte, a los aportes de las ciencias sociales.

Algunas formas de entender la realidad y la ciencia, amparadas en identificables marcos empiristas, han tomado auge y se han auto refrendado sin consideración hecha a los supuestos básicos que debieran servir de referencia. Ello ha permitido cierto grado de aferramiento tenaz a verdades absolutas que obstaculiza, y contradice el desarrollo de la ciencia misma, pero a la vez niega la posibilidad de desarrollo de otros proyectos sobre bases racionales. Lo anterior no ha impedido la exploración de nuevas perspectivas sobre la ciencia, algunas de las cuales ofrecen gran potencial para comprender la naturaleza, el pensamiento y la sociedad. Estos procesos hacen ver que el movimiento de la ciencia pasa en la actualidad por un periodo especialmente activo de reflexión. Las discusiones entre las perspectivas de la explicación y la interpretación, el idealismo y el materialismo, el construccionismo y el realismo, así como los nuevos movimientos generados desde la pragmática trascendental, la teoría de sistemas, la epistemología del punto de vista, la lingüística, el cognitivismo y la neurofisiología, y otros más, dan la idea de que estamos siendo testigos de la creación de nuevos conceptos sobre el conocimiento y sus métodos.2 Estas consideraciones tienen implicaciones para el desarrollo y la aplicación del conocimiento como aporte de los intelectuales desde las bases de la racionalidad.

Autocrítica y desarrollo de la ciencia

Hasta hace poco tiempo, tal vez por los años 1960s, la noción general sobre la actividad científica diría que ésta se trata de realizar experimentos, reunir datos, explicarlos por medio de hipótesis simples y hacer inferencias generalizantes, progresando así racionalmente hacia la verdad. Seguramente con mucha firmeza muchos de nosotros habríamos probablemente descartado como “acientíficas” algunas de las iniciativas que hoy se reconocen con igual legitimidad que la que gozan algunas de las ramas de la ciencia más tradicionales, como la química, las matemáticas y la física. Fue a partir de reflexiones autocríticas sobre el trabajo científico que la noción del conocimiento renovó su propia concepción. Autores como Popper, Kuhn, Feyerabend, Baskhar, Rorty, Apel y Habermas, muchos otros, han promovido esta discusión. Las deliberaciones reflexivas sobre la ciencia en los últimos decenios han traído claridad en varios problemas. En otros hemos tocado la complejidad.

¿Quién hace la reflexión sobre la ciencia? Sin depender del objeto de estudio, es decir sin que importe si es natural o social, la tarea de pensar acerca el conocimiento mismo y las maneras de producirlo es una actividad reflexiva que se distingue de la práctica social de la ciencia u otra área de la acción humana. Pero el término “reflexividad” puede ser usado en varios sentidos. Según quién hace la reflexión sobre el conocimiento mismo y las nociones que tenemos de reflexión y práctica, podemos distinguir tres puntos de vista de la filosofía de la ciencia.

Un enfoque especifica cómo debemos hacer la ciencia. Es una actividad prescriptiva, reguladora, sobre cómo hay que conducir la ciencia. Sostiene que es una tarea de los filósofos, especialmente los filósofos de la ciencia. El papel regulativo que tiene la filosofía en esta concepción refleja en general una cierta subordinación de las ciencias sociales a las ciencias naturales bajo un panorama positivista que distribuye responsabilidades con criterios formales. Esta visión tiene todavía una fuerte presencia en las instituciones universitarias y organismos nacionales de ciencia y tecnología, y tal vez en algunas organizaciones del ámbito internacional. Ello se advierte indirecta pero claramente en nombramientos de funcionarios, definiciones de políticas públicas de ciencia y tecnología, evaluación de profesores y proyectos, y financiamiento de proyectos de las investigaciones. Esta concepción impone limitaciones al desarrollo del conocimiento cuando en nombre de la noción particular sobre “cómo debemos hacer la ciencia”, y haciendo una aplicación injustificable de criterios de demarcación científica, desaprueba proyectos de investigación que no encajan en la ortodoxia. Una segunda postura emergió dentro de las ciencias sociales como una reacción al primer modelo. Se asocia usualmente a la tradición hermenéutica, pero tal vez es más visible en la tradición crítica. Muchos investigadores sociales destacados propusieron una epistemología específica de las ciencias sociales considerando a la filosofía de la ciencia social como parte de las ciencias sociales, algo por lo que los filósofos no tienen la responsabilidad. Algunos se resistieron a ser llamados “filósofos” en las discusiones epistemológicas y metodológicas, a pesar de que su reflexión era esencialmente epistemológica, es decir, concerniente a la filosofía sobre la naturaleza y condiciones del conocimiento científico.

El tercer modelo, posiblemente el mejor articulado, sostiene que la práctica de la ciencia y la reflexión filosófica de ella misma no son procesos separados, sino que están íntimamente entrelazados entre sí. Esta noción que empezó con la declinación del positivismo, llevó a muchos a ignorar la división entre la filosofía de la ciencia y el estudio científico social de la ciencia. Se reforzó con la progresiva crítica a los enfoques disciplinarios o monodisciplinarios. En esta perspectiva, el científico no es sólo un ejecutor, sino al mismo tiempo es un filósofo que elabora reflexiones sobre su propia actividad. Aquí hay menor resistencia a la filosofía que en el segundo modelo, ahora ya sin el rol prescriptivo o regulador que se asignaba a ésta. Así, mucho del interés de la filosofía de la ciencia social de hoy no es puramente epistemológico, sino se relaciona con asuntos más amplios incluyendo los procesos de la cognición y el conocimiento en general. Esta forma de entender la reflexión sobre la ciencia ha ayudado a ensanchar los alcances teóricos y prácticos de la ciencia y ha dado ya muestras de ser fructífera.

La demarcación científica. Durante mucho tiempo, el problema de la demarcación científica (distinguir entre lo que es y lo que no es científico) era resuelto como si se tratara de una línea fronteriza o un punto que separa ambos terrenos. El criterio que tendría la función de servir como tal línea o punto serviría para separar de una manera precisa – aséptica, casi quirúrgica– el ámbito de la ciencia y el de la ideología. Ante la falta de argumentos en unos casos y de método en otros, los dilemas con respecto a este problema eran resueltos con base en un autoritarismo más bien propio de los sumos sacerdotes, es decir, dogmática y autoritariamente.

Es claro que la ciencia se distingue de otros procesos de conocimiento, como los del arte, la filosofía, el conocimiento empírico, el conocimiento construido en círculos deliberativos, y los procesos culturales. No son lo mismo. Cada una de estas esferas de la actividad humana tiene sus propios propósitos y procedimientos. Pero también es claro que con todos estos otros procesos de producción de pareceres, interpretaciones y explicaciones, la ciencia comparte áreas de traslape, bandas de gris en las que cualquier tipo de manifestación excluyente (p.e. “esto no es científico” o “este proyecto no es financiable por no ser científico”) encuentra graves dificultades para sostenerse y exige una sólida argumentación. Tal vez una guía para construir esos juicios, cuando existe la necesidad de hacerlo, la podemos encontrar en los principios enunciados antes. Con mayor razón si los juicios son construidos en forma dialogada y argumentada.

Adicionalmente, existen grandes temas y formas de estudio que sin pretensión científica tienen alto potencial para generar interpretaciones y nuevos significados para la ciencia misma y otros asuntos relacionados con ella. Algunos de estos podrían caber en la filosofía y la fenomenología, por ejemplo, ¿cuál es la función de la Universidad en América Latina? Y, ¿cuáles son los principios básicos de un centro de investigación? Otros, al menos parcialmente tendrían que ver con el arte; por ejemplo, ¿qué características necesita el ambiente de la investigación o una escuela dedicadas al cultivo de la reflexión, el pensamiento y la búsqueda del conocimiento? Los aportes derivados de esas preguntas podrían ser de un alto valor. Más todavía, las comprensiones ideológicas y culturales que todos tenemos sobre puntos similares nos ayudan a orientar nuestras vidas y encontrar sentido en el entorno social.

Valor social de la credibilidad. ¿Cómo entendemos la realidad social? La totalidad social es siempre, inevitablemente, producida como una entidad interindividual a partir de una cadena interminable de creación, distribución y uso de recursos, interpretaciones, sentidos, discursos y acciones. Es un proceso infinitamente dinámico, interconectado, interminable, sin punto o ente externo desde el cual se ordena o explica. Es proceso socio histórico en permanente dinamismo de interacciones de individuos y grupos humanos entre sí y con el ambiente. La realidad social contiene instituciones que tienen un cierto grado de autonomía, para lo cual aprovechan recursos de la complejidad de sus contextos, por lo que se dice que tienen características de autopoiesis. Este concepto nos puede servir en el caso de las instituciones académicas que pueden alcanzar diversas formas y grados de autonomía con respecto a sus contextos, en cuyo caso puede decirse que tienen la propiedad de la autopoiesis, son semicerradas. Esta condición puede ser favorable para sostener la independencia de las instituciones de ciencia y educación ante medios sociales circundantes que son hostiles al pensamiento. Pero también, en sentido contrario, las características de la autopoiesis pueden tener incidencia negativa cuando obstaculizan los esfuerzos que tienden a la renovación cuando una institución se ha separado de los intereses sociales legítimos. El decir que la totalidad social es una interminable e interconectada utilización de recursos, generación de interpretaciones, sentidos, discursos y acciones, es decir que no hay mano invisible, o proceso sin sujeto, que dirija los procesos o la totalidad general.

Esto conduce a lo siguiente. Si esa totalidad depende de las interpretaciones que la sostienen y éstas se originan de individuos situados dentro de la sociedad, entonces tenemos una realidad social policéntrica. El desafío para el observador es, para empezar, un problema de colocación con todas sus facultades (razón, intuición, emoción, instinto) frente al objeto de estudio con perspectiva histórica en el presente con vistas a proyectos de futuro, sueños pendientes y esperanzas tanto individuales como colectivas. Podemos considerar entonces que la ciencia coopera o compite en ese medio con más o menos fortuna dependiendo de su fortaleza o debilidad. Podríamos aceptar que la credibilidad de la ciencia le ayuda a incrementar su fortaleza. Debemos pensar entonces que es necesario estudiar las maneras de crecer en credibilidad en los proyectos científicos.

La investigación construye credibilidad y, por eso, crea sentidos congruentes con los procesos del medio social cuando, además de los puntos que vimos cuando traté la pretensión de veracidad de la ciencia, adopta algunas características adicionales:

• Atiende problemas legítimos que tienen pertinencia social

• Es hecha con responsabilidad y atención a los principios básicos que le dan

• articulación en el sentido

• Atiende los requerimientos éticos y los derechos humanos referidos a los

• individuos y a los pueblos

Estas pautas pueden acercarnos a la calidad académica con pertinencia social5 como categoría orientadora. Las implicaciones de esta idea en el planteamiento de soluciones a los problemas de incoherencia social e histórica de las universidades son grandes. Sin duda debemos levantar la mayor credibilidad posible, con argumentos sólidos, sensibilidad y la mayor claridad posible ante la complejidad social.

Las interpretaciones no sólo dependen de quien las hace. Dependen también de cómo se hacen y cómo se expresan. Pueden hacerse desde una postura que omite en forma consciente o inconsciente su propio contexto histórico. Pueden hacerse con la intención de colocarse en una mejor situación de poder con respecto a otros pretendiendo utilizarlos para los fines propios. Pueden hacerse sólo sobre bases empíricas. O en forma bipolar, maniquea. Las expresiones de la interpretación respectiva reflejarán la forma de ver el mundo. Lo que podemos esperar para los procesos sociales, incluyendo la efectividad de una iniciativa dependerá de varios elementos en cada caso.

Vemos, por otro lado, la arraigada pretensión de tener (o simular que se tienen) certezas acerca de asuntos que creemos centrales para realizar una idea o proyecto. Rara vez nos damos cuenta que no podemos tener certeza porque simplemente no es posible tener respuestas correctas cuando hablamos del futuro. Porque no hay respuestas correctas cuando se trata de escoger opciones para un futuro que no es sólo de uno. Porque las mejores decisiones las tendremos cuando aprendamos a tomarlas en conjunto; y en ese caso no serán correctas, ¿quién puede probar que lo son? Pero sí pueden ser legítimas. La educación ciudadana y la política en general harían bien en considerar esta idea.

Aportes a los procesos sociopolíticos y éticos desde la ciencia

Es conveniente reconocer los traslapes y las bandas de gris que existen entre los procesos de construcción de imágenes, conocimientos e interpretaciones. No para cultivar autoritarismos –el autoritarismo deshumaniza y es inmoral– sino para aclarar cuáles son las reglas que sostienen nuestros argumentos. La pretensión dominante a mediados del siglo veinte, que el conocimiento daría lugar a tecnología y ésta al bienestar humano, ya no puede sostenerse. La ciencia no puede pretender la dirección del movimiento social, ni descalificar lo no científico. Pero sí puede examinar las razones implicadas en una iniciativa social y exponerlas a la discusión pública. Algunas de las que son propias de la ciencia ya han sido examinadas en los párrafos anteriores. El punto puede tener muchas implicaciones en la educación y en los procesos políticos, entre otros. El asunto central es que para la construcción democrática tenemos un valioso recurso en la racionalidad dialógica, en el pensar y reflexionar juntos para definir los próximos pasos.

Algunas escuelas de pensamiento cuestionan el valor de la racionalidad como recurso que usamos para resolver las situaciones de la vida diaria. Pero veremos que no ayuda en nada el descrédito a la filosofía y la ciencia, o a la racionalidad en general, como si fueran actividades humanas triviales. No lo son y podemos afirmarlo porque lo hemos vivido y lo sabemos por la historia. Hay valor y promesa en la racionalidad. Nuestra razón nos da sentido en la vida y a cada una de nuestras acciones. Aunque nos equivoquemos. Tal vez debiéramos saber expresarnos sin caer en reduccionismos: los seres humanos tenemos racionalidad, intuiciones, afectividad y vida instintiva como parte de nuestra subjetividad. La racionalidad (incluyendo a las intuiciones), la vida afectiva y el instinto son inseparables Los reconocemos juntos en la organización social y en la vida intelectual. Los podemos separar, analizándolos con la finalidad de comprenderlos. Si lo hacemos, debemos intentar el siguiente paso que es la síntesis. Vivimos ahora como especie humana porque estos y otros procesos nos han ayudado en la evolución y hoy lo hacen para vivir en el mundo y en la sociedad. Además es ya sabido que el cerebro humano maneja varias dimensiones en la subjetividad, no sólo la razón, y es altamente sensible a muchos reguladores, internos y externos. Excepción hecha de los casos inusuales, en el cerebro manejamos razones, intuiciones, emociones, instintos y otros procesos involuntarios, por medio de centros especializados para cada cual. Muchos son inconscientes. Además de los mecanismos de integración hormonal, nos integra una unidad del sistema nervioso que además regula a otros sistemas corporales y recibe información de ellos. No dejamos de realizar ninguna de las funciones esenciales durante la vida, cada una apoyándose en las otras en procesos altamente organizados. Nuestras funciones psicológicas son múltiples, complejas. Lejos de ser simples o aisladas. Nuestra subjetividad contiene todo eso.

Necesitamos conocimientos y comprensiones que faciliten a los intelectuales introducirse en las complejidades e incertidumbres de la realidad de nuestros países, con el cuidado de no reproducir los mismos errores circulares, es decir, aquellas medidas que llevan a lo mismo o que cambian para no cambiar. Las contribuciones de los intelectuales deben sustentar las esperanzas en su papel articulador de subjetividades, con nuevos sentidos para la acción y la participación. Deben ayudar a compartir los esfuerzos y las iniciativas con otros, acercando las capacidades para construir proyectos nuestros como latinoamericanos y caribeños, con autonomía y justicia, entre otros valores éticos, y además, las intervenciones deben ser oportunas, confiables y socialmente pertinentes. Y en cuanto a las modalidades de vinculación social, las acciones con los diferentes sectores sociales deben parecerse más a la facilitación o el acompañamiento, sin asumir liderazgos automática y unilateralmente. La presencia social de las instituciones será mayor.

Algunos planteamientos filosóficos y metodológicos se oponen frontalmente a estos principios que he presentado. Muchas veces se viven en la cultura de las instituciones simplemente porque ya son parte de la ideología dominante. Eso es la falacia de las cosas como son. Esta falacia la reconocemos por su lenguaje: “es que así es…” o “…ésa es la forma como se hace…” y porque carece de la noción de lo que es legítimo. Nosotros preguntamos: ¿Y quién dispone cómo son o se hacen las cosas si no son las personas mismas? Ejemplos de esos planteamientos que critico se encuentran también entre los que consideran a las personas sólo como instrumentos (“recursos humanos”) o consumidores, no como fines en sí mismas. Sin el recurso de la racionalidad hablada sólo queda el caos, el capricho autoritario y mayores injusticias.

La construcción del poder

La vida real y la intelectual están separadas en la educación y la investigación formales, lo cual contiene profundas contradicciones. Por ejemplo, nos adherimos verbalmente a la democracia en el discurso y hacemos un ejercicio autoritario, a veces suavizado, en el salón de clase. Por el ejercicio rutinario de esta dicotomía entre discurso y práctica exponemos a los estudiantes a un ejemplo falaz. Les inducimos a aprender una teoría sofisticada sobre la democracia, la cual ellos reproducen elocuentemente, sin realizar en su práctica diaria el contenido democrático que tan bien saben. Así terminamos muchas veces en los centros educativos produciendo líderes que son expertos instruidos sobre la teoría de 1a democracia, pero a la vez también son tiranos en su práctica. Esta es una profunda contradicción que hace reñir los productos con los propósitos.

La ciencia, por otro lado, es una actividad humanizante en su esencia. Aunque también hay que reconocer que algunos individuos que la practican pueden manifestar actitudes dogmáticas e intolerantes. Los valores de la ciencia son tratados en casi todos los textos básicos sobre la metodología científica. La mayoría hace énfasis en la búsqueda de la verdad como un valor relativo, lo cual implica que la actitud científica, entre otras características, es la de aquél que atiende las diferentes formas de ver la realidad, observa las argumentaciones y las acepta aun a costa de modificar la perspectiva propia. La persona que tiene actitud científica escucha y reflexiona críticamente. Esta es la misma actitud de quien enfrenta un problema desde la ética y de quien delibera con otros en los procesos políticos de la democracia que no es sólo representativa. Algunos textos de autores clásicos tratan la vinculación de la ciencia con la justicia y diferentes aspectos éticos. La investigación científica actual ha montado con importancia creciente una constante vigilancia sobre diversos campos. En biotecnología por ejemplo, los investigadores y los filósofos sostienen una permanente vigilancia sobre la experimentación científica desde la perspectiva de la dignidad de la persona humana, el respeto a la vida y otras consideraciones de orden moral.

Cada vez que abrimos un texto científico recibimos una invitación para rechazar el autoritarismo y el dogmatismo. La búsqueda constante de la verdad, la justicia y la libertad, así como el rechazo al autoritarismo y el dogmatismo son elementos favorables para la democracia. Para ello es indispensable proteger a las actividades científicas lo más que sea posible de la ingerencia de los intereses ajenos como los de la política sectaria y las ideologías, algunas de las cuales pueden ser muy engañosas. De esto nos advierte Mires muy enfáticamente.

¿Cómo podemos apoyar como científicos o filósofos al desarrollo sociopolítico de nuestros países? Seguramente de varias maneras, una de las cuales es el ejercicio cotidiano de la ciudadanía, es decir, como ciudadanos que tienen una educación formal y experiencias que dan capacidades para aportar contribuciones de valor, con responsabilidad, y ética en general. Indudablemente, en el ejercicio de lo que nos compete como trabajadores intelectuales, habrá muchos valores y reconocimientos en la dilucidación de los procesos que construyen la democracia en los ciudadanos y que abren oportunidades de relación entre la sociedad civil y el Estado. Hay promesa en la caracterización de los procesos que construyen poder político con los ciudadanos. Los puntos a tratar en este sentido, es decir, para construir un poder con ética, podemos apoyarnos en algunas comprensiones y acciones:

• La relación del conocimiento (y la ignorancia o las ideologías fundamentalistas) con el poder.

• Las complicaciones y subterfugios de la construcción de la voluntad política, el compromiso real y no sólo verbal de los dirigentes.

• Los procesos de fortalecimiento por medio de las variadas formas de organización, incluyendo la cooperación, las alianzas, las redes de apoyo, la estructura interna de las instituciones, los vínculos entre institución y contexto.

• Los procedimientos que sirven de base para construir la democracia con legitimidad, como los del diálogo auténtico, para distinguirlos de los que sirven para sojuzgar a otros, incluyendo las diferentes formas de irrespeto y abuso.

• Los métodos y contenidos de las evaluaciones por medio de las cuales serán retroalimentados los programas.

• La creación y el sostenimiento de los medios independientes de supervisión, vigilancia y transparencia, que se encarguen de examinar las decisiones y acciones de los directivos con el objetivo de exponerlas ante la crítica pública.

• Las modalidades de acompañamiento y facilitación, y la develación de los intentos de imposición y manipulación estratégica.

• Los reconocimientos a los logros, los premios y otros estímulos cuando son legítimos y proporcionados.

• El carácter positivamente retroalimentador de las acciones y las experiencias democráticas, así como también las de la solidaridad en círculos amplios.

El poder puede ser construido. Los anteriores son algunos de los medios que podemos utilizar en la construcción del poder democrático. A la vez son asuntos que podrían constituirse en objetos de la investigación. Sin duda desde la ciencia y la filosofía es posible contribuir a los procesos políticos. Estas líneas de estudio, algunas de las cuales han sido planteadas antes con relación a la facilitación de procesos culturales8, sirven como ejemplos.

Nada más práctico que una buena teoría

Podríamos encontrar algunos sinergismos en la búsqueda de la coherencia en un proceso de conocimiento y ética con respecto con la búsqueda de autodeterminación en un proceso político, y ésta a su vez con la participación democrática. Tener en alta estima la dignidad de la persona se refuerza con el empeño que ponemos para buscar postulados y métodos educativos integrales. Si aprendemos a tener en alta estima la diversidad y la diferencia y actuamos coherentemente, podemos ver repercusiones consiguientes en la educación porque llevan a la reflexión e interconexión de varios asuntos: los enfoques multidimensionales, la participación de colectividades en los programas educativos, la inclusión de la ética y la estética en el proceso formativo, el trabajo en equipo y la comprensión y la práctica de la misión cívica de los centros educativos. Todos ellos tienen un potencial sinérgico favorable. Favorecen así la democracia.

Los centros educativos y académicos deben establecer relaciones de cooperación con otros sectores de la sociedad que, en un marco de respeto mutuo, coincidan en el objetivo común de construir la sociedad y reducir las desigualdades. En el ambiente cotidiano, las maneras como el personal docente trata al o a la estudiante y cómo actúa frente a las diferencias individuales son puntos decisivos para impulsar un clima en el que todo el mundo aprenda y enseñe. Tratar a estudiantes y colegas con respeto a su dignidad como personas humanas es fundamental. Parte de ese respeto es saber escuchar. Saber escuchar es una cualidad apreciable para un educador, un científico o un político. El punto central es que para promover un desarrollo que tenga las características que hemos propuesto, es necesario que de inicio sepamos reconocer los principales dilemas sociales. Es urgente que profundicemos en la comprensión de los problemas de género, los conflictos culturales y étnicos, los problemas de clase social, las necesidades de sobrevivencia de amplios sectores sociales, la diversidad de visiones del desarrollo, las tensiones entre la capacitación técnica en el marco de la globalización y la formación integral de los educandos, y otros. Una vez hemos aceptado cuáles son los principales asuntos que debemos discutir, nos queda la tarea de resolverlos por medios democráticos, es decir, no autoritarios. Esto significa que las necesidades e intereses son analizados dialógicamente, racionalmente y fundamentadamente, aprovechando el conocimiento disponible. En ello, el papel de las universidades toma relevancia.

Podemos esperar varios problemas. Por ejemplo, siempre habrá tendencia de algunos a resolver sus intereses (o su visión de los problemas) por medios autoritarios. Esto conlleva violencia abierta o solapada. Implica atropellos a la dignidad de las personas, despojos e injusticia. También podemos esperar en otros la trasgresión de las normas legítimas, con sus secuelas de corrupción, cinismo y aprovechamiento egoísta. Además, también hay que lidiar con el capricho, la arbitrariedad, el clientelismo, la mediocridad, la seducción engañosa y hasta las neurosis de algunos funcionarios públicos. En los últimos tiempos también hemos observado un fenómeno curioso que vincula el escepticismo con un relativismo despreocupado que por medio de diferentes discursos termina afirmando que nada importa o que cualquier argumentación por buena que sea “es sólo un relato más”. Sus enemigos son la razón y la ética. Ningunos de estos comportamientos ofrece alternativas aceptables para el desarrollo humano. En cambio sí hay una posibilidad en el diálogo racional y en la construcción de una institucionalidad legítima en la sociedad, el Estado y la misma universidad. Valdría la pena hacer el ejercicio de imaginarnos cómo podría ser un mundo con mayor deficiencia de diálogo e institucionalidad con legitimidad. Sería una situación nefasta. Sin embargo algunos parecen quererlo así.

Lo que argumento es que los complejos problemas de nuestros países deben ser enfrentados en su complejidad y que una pretendida solución reduccionista será un fracaso o, en el mejor de los casos, tendrá sólo beneficios a corto plazo. En síntesis, el desarrollo necesario en los países latinoamericanos es un tipo de desarrollo centrado en las necesidades e ideales de las personas, como individuos y como sociedades, que toma en cuenta explícitamente los aspectos éticos, las aspiraciones y el bienestar material en todas las iniciativas que pretendan ser congruentes con ese desarrollo.

Es un desarrollo legítimo, integral y sostenible. Para impulsarlo es fundamental que nuestros pueblos se apoyen en el ejercicio de la filosofía y la ciencia, junto con otros procesos con los cuales construimos la legitimidad. La razón está en su potencial de contribución de estas actividades humanas, pues los procesos inherentes a ellas implican una racionalidad dialogada e informada. Implica exposición de razones y la práctica del pensar en común. Si hemos de optar por los valores de la libertad y la justicia, ésa es una vía imprescindible. Los proyectos políticos legítimos deben incluir políticas específicas de ciencia y temas relacionados. Son una vía necesaria para sostener la esperanza.

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Crónicas del centro que resplandece (Fragmentos)


Rafael Cuevas Molina (Desde Costa Rica, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

IX

Humilde profesor
que no pisó jamás los corredores
de Oxford ni de Cambridge
ni de Bristol
aterrizado de pronto
en el ombligo del mundo
en el lugar de las certezas
entre la fuente de Cibeles
y la Puerta de Alcalá.

El profesor recorre a pie las avenidas
mientras piensa
en el oscuro lugar donde trabaja
en sus hijas que crecen a lo lejos
y descubre que puede ser detenido
interrogado
no sea otro sudaca
rebuscador de vida
cantador de boleros en el metro
vendedor de baratijas en la acera
atracador de buenos ciudadanos.

Imposible o
por lo menos
raro
resulta que el susodicho
frecuenta bibliotecas
más raro aún
hemerotecas
(porta carné que lo atestigua)
a pesar de ser tan marginal
como se nota
en el perfil
en el color
en la luz derrumbada de su ropa.

XI

Y la piragua
que nos llevaba a cuestas
y pasaba por los estrechos canales
de los manglares
mimetizada
hendiendo el agua
hasta dejarnos en la lengua de arena
donde batía la mar día y noche
con las palmeras
el sol y los murciélagos
ahora resulta que está aquí
como orgullosa pieza principal
rodeada de varios tocados mindanaos
de casas mahoríes
de la momia guanche
del esqueleto del gigante extremeño
fusiles beréberes labrados
y cascos de vándalos bizantinos
en el lugar de honor
de este museo español
donde somos expuestos
los pueblos periféricos
del desierto y de la selva.

Está
pues
ahí
la piragua
y solo falta
un cartelito que diga
barcaza utilizada por nativos centroamericanos
para cruzar el río María Linda
en busca de solaz y esparcimiento.

XII.

Decido
la cremación de mi cuerpo
cuando llegue el día.

No seré echado de mi tumba
doscientos años después
no seré examinado por antropólogos forenses
paleohistoridores
etnolingüistas
sobre una plancha de acero.

No me hurgarán las entrañas
Para encontrar
restos de pepsicola
ron
un poco de atún
tal vez cereal del último desayuno.

No dejaré que me pongan en vitrina
con cartelito
letra grande
comprensible para escolares
del año 2345.

No expondrán mis intimidades a los turistas
como lo hacen con esta momia peruana
de la sala número ocho del Museo de América
en Madrid
Reino de España.

XIV.

Mi amigo triunfa en Europa dicen
imaginan grandes avenidas
luces
Pierre Cardin
Givenchy
Coco Chanel
los anuncios filmados en Mariahilferstrasse
calle principal de la imperial ciudad de Viena
grandes salas de concierto
La Scala
el Gran Teatro de la Opera
colas de gente
traje largo
pendientes y collares refulgentes en la noche
a la luz de las farolas principescas.

Él
con su flauta traversa
a duras penas paga
habitación
luz
agua
gas
calefacción
ruega en cafetines
bares
restaurantes
ser quien amenice la cena
de comensales clase media
sin pendientes ni collares refulgentes
y a veces logra comer
a las tres de la mañana.
Se regocija entonces
de estar triunfando en Europa.

XV.

En Burdeos
mis ojos achinados de párpado caído
detectaron los gatos más obesos
que ojos humanos jamás vieron.

Aletargados
lentos
ahítos
tirados al sol
maúllan consentidos
no suben a las tapias
pequeños elefantes
minúsculas vacas preñadas
símbolos vivientes de la hartura
de la diferencia y la distancia
con nosotros.

Mi pequeña gata
amarilla
rescatada enclenque del basural
nunca bien desarrollada
espalda curva
excesivamente cariñosa
agradecida
nariz húmeda
patas sucias
sería aquí discriminada
marginada
por la pelambre hirsuta
por el costillar exhibido desvergonzadamente
maullido distinto
ininteligible en el Primer Mundo.

Ella se quedaría
sin embargo
a pesar de los pesares.

XVI.

Entre un millón de gentes
en el sector cuatro
el de los enfermos
un niño pide por su hermano:
que pueda hablar suplica
que camine
y casi ni se mueve
con luz en los ojos y espera
tal vez el Papa interceda
la Virgen le oye más a él
dice
con ojos expectantes.

Su cabeza espinada
refulge al sol de mayo.

El Primado habla mientras tanto
balbuceante
de la evangelización de América
agradece a España
la expansión de la fe y la cultura
a la sombra de Colón
que señala hacia adelante
y el niño ve al hermano
esperando una palabra
que diga
por ejemplo
hermano puedo verte
y le abrace.

Tanta palabra al aire
tanto aparataje
para engañar a un niño.

XVII.

Y
reflejada sobre los vidrios nítidos
de la urna
en la exposición Bizancio en España
mi cara de olmeca
o preolmeca.

XVIII.

Por ejemplo no como en Sudáfrica
por el SIDA
o los subsaharianos
atravesando congelados
el estrecho de Gibraltar en balsa.
No como nicaragüenses hambrientos
sino por aburridos
los jóvenes franceses
se suicidan
o mueren despanzurrados
en autos veloces como cometas luminosos.

Bajo el sol de primavera pienso
junto a monumental fuente conmemorativa
crepas en el plato
viento acariciante
cuántos se estarán colgando ahora
cuántos cortándose las venas
ingiriendo veneno.
Podrían sentarse en esta silla
desabotonarse el abrigo
respirar hondo y congraciarse
de estar vivos.

XXV.

Han llegado los bárbaros
dicen
y hacen muecas de desprecio.
Asustados
restringen horarios de salida
recelosos
doblan con miedo las esquinas.

Los bárbaros
mientras tanto
matan tardes de domingo
en una banca
o recuperan sueño
en habitación barata.
Después
el lunes
se levantan
y como bárbaros
llegados desde lejos
sin escrúpulos
acometen un trabajo
mal remunerado.

XXIX.

Parque grande
arbolado
estanque sucio en el centro
globos
palomitas de maíz y tenderetes
adivinadores del futuro
dibujantes
músicos
parejas enamoradas
pájaros.

Jacinto López Rodríguez
ecuatoriano
sufre calor intenso disfrazado de ratón
pato
oso anaranjado
los sábados por la tarde y los domingos.

Niños y niñas llegan
lo abrazan
dicen breves palabras
y se despiden en silencio con la mano levantada.

Única forma
pienso
de que abracen al inmigrante.

XXXII.

No es porque sagaces
lúcidos
informados
eruditos
o inteligentes.

Ni por sofisticados
finos
educados
cultos
o elegantes.

Tampoco por esbeltos
altos
rubios
o bien formados.

Es porque ricos
y nosotros
pobres.

XXXIII.

Hablan la lengua de los jefes.
La mía
lejos de las luces
de las grandes capitales
no llega a murmullo.

Nunca escucharán
el susurro
de este poema.

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Paren al mundo, me quiero bajar


Marcos Winocur (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Paren al mundo, me quiero bajar", bien pudiera ser el reclamo de Mafalda, el muñequito de Quino, reflejando ese querer huir de nuestras sociedades urbanas. Entre el stress y la contaminación, el ansia de ir siempre más rápido y el miedo a que una bomba nos adelante la hora, tratamos de comprender algo, y preguntamos. Y es cuando el pecado resulta no la falta sino el exceso: un alud de información nos cae encima, sin que estén depurados criterios confiables para su procesamiento. Esto toca en particular a los científicos, quienes tienen puestas las botas de las siete leguas.

Un ejemplo. Uno de los articulistas del Newsweek entrevista a astrobiólogos de la NASA, quienes confiesan que hoy se replantea -casi nada- el concepto de vida. Jerry Soffen, director del departamento de investigaciones, dice: "Cuando fuimos a la escuela, la vida tenía piernas y alas, y era verde o algo así. Ahora la hallamos en aberturas termales de 120 grados centígrados bajo el mar y en el hielo glacial. Pensábamos saber lo que es la vida, pero ya no".

Y el microbiólogo Nealson, también de la NASA, advierte: "El verdadero desastre sería encontrar vida y no reconocerla". Se refiere tanto a nuestro planeta como fuera de él.

Por otro lado, es sabido, estar al tanto de los avances en una determinada disciplina o por lo menos en un tema, nos lleva insensiblemente a descuidar al pensamiento reflexivo, el alud de información no nos da cuartel. Existe hoy una fractura entre una empiria difícil de gobernar y una teoría que no alcanza a formularse, como dan cuenta los científicos citados.

Desde luego, no se trata de entonar una letanía. El "exceso" de información es riqueza, cuyo disfrute pleno sólo se pospone. Y el mundo revuelto que nos perturba, entenderlo como transición traumática y necesaria para acceder a una nueva sociedad estable. El tiempo lo dirá. Mientras tanto, todos, el científico también, nos damos con la incertidumbre, donde las preguntas no faltan y urgen las respuestas. Pero no es fácil ncontrarlas. El desarrollo industrial nos ha traído la contaminación, las armas de destrucción masiva, el crimen ecológico. ¿Votamos entonces contra el progreso? El Primer Mundo se construye sobre la marginación del Tercer Mundo ¿aceptamos entonces sin titubeos la excelencia científica que proviene de aquél? Sin atinar a dar respuestas, encendemos la televisión para bajar las tensiones, para acallar un rato el hervidero que son nuestras cabezas y ¿con qué nos damos? Con la esquizofrenia: vistosos anuncios de las tabacaleras impulsándonos a fumar, es su negocio; y por el otro lado las tabacaleras son obligadas a colocar al pie de la pantalla (y en cada cajetilla que venden) una leyenda que nos promete un buen cáncer de pulmón. ¿Qué se vale? ¿El anuncio o el contranuncio contenido en el mismo anuncio?

Y así de seguido. ¿El libro o el disco compacto? ¿Ambos? ¿El cuento que mi papá me leía antes de dormirme o los filmes donde los "malos" son legitimados? ¿El inocente Mickey o el perverso Burt Simpson? ¿La coca light, el café descafeinado, el pan sin colesterol y la leche descremada, o bien la coca tradicional, el café de siempre, el pan bolillo y la leche entera?

Y así, puede que un día, desbordados por la información incontrolable, prisioneros de la ambivalencia, pidamos "paren al mundo, nos queremos bajar". Expresión que, por lo demás y a pesar de su aire mafaldesco, no pertenece a la pluma de Quino, él lo ha desmentido. Ya ven, ni de eso podíamos estar seguros.

Marcos Winocur es argentino residente en México.


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Luz Machado: la poesía es un acto de soledad


Daniela Saidman (Diario de Guayana, Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Los sentires de una mujer de hondos pasos se asientan en el papel. Con ella y a través de ella es posible saber de las oquedades y las cimas, de la risa y el miedo, del abrazo y la rabia. Poeta de las aguas, del río Padre, del río marrón, Luz Machado (Ciudad Bolívar , 1916 - Caracas, 1999 ) fue una poeta incansable, fecunda, viva, que nos legó el crepitar de las noches que alumbran, y encendiendo nos encienden. Su palabra certera, franca, húmeda supo decir su mundo, el nuestro, por eso tal vez la vigencia de su obra, que está cargada del sentir de una mujer que pronunciando el verdor de una Guayana, mineral y contradictoria, es la Venezuela que habremos de nacer.

En Retratos y Tormentas, publicado en 1973, por Monte Ávila Editores, en la colección Altazor, Luz Machado devela sus soledades, sus ganas, sus ritos, sus dudas... espejo de sus andares, sus cumbres y hondonadas las páginas de este libro dan la dimensión de una de las escritoras venezolanas de más altos vuelos.

“Alguien nos echa de pronto en la desesperación, como a la huesa. Y decimos que son malos porque nos entierran vivos. (...) Pero otro día, alguien nos invita al reinado del amor y la paz. Y sonreímos imaginándonos liberados, rescatados al sol, al viento, a la noche, al tiempo. Y olvidamos. O perdonamos. Sólo por esto”. (fragmento)

Como caleidoscopio de la vida vivida, de la infancia irremediablemente ida, las imágenes y los olores de la niñez habitan las palabras de Luz, quien hace de ellas un papel que sabe contar y cantar los olores, colores y sabores del tiempo que por alguna razón, sigue intacto en estas tierras bañadas de aguas.

“Querría un pañuelo de Madrás, de aquellos que conocí arrollados alrededor de las cabezas de las culisas, cuando fue mi infancia. (...) Lo usaría con mis pulseras de plata guardadas de aquel viaje. Y quizá algún día andaría de vuelta la calle que pasaba por mi casa hacia la Escuela, el Río, la Catedral, la Plaza, hacia los morichales. Y sería como devolverme la vida a través de más de cuarenta ladrones y a través de más de mil y una noches”. (fragmento)

Luz narró haciendo poema la vida y la vida la hizo poema, mientras su palabra sigue diciendo el retazo de aromas que dejó el Orinoco, estos Retratos y Tormentos se leen como si estuvieran recién hechos, tienen aún el olor del pan recién horneado y de la boca del crío recién amamantado, así de tierno y de dulce. Cada gesto se dibuja en las páginas donde la muerte asalta como augurio y amenaza, como chubasco y nubes, tormenta y siembra.

“La muerte es insaciable. / Abre en cualquier momento su almacén de agonías / sin horarios ni precios / pero bien caros muertos”. (Con orla negra)

Y su palabra también se duele en las cotidianidades. Su sangre y la savia vegetal se funden y cantan con el mismo ritmo. Luz de agua y a través de ella. Valiente en las soledades, fue capaz de tomar entre sus brazos la angustia y hacerla canción, para arrullarnos el sueño y dejarnos llevar mecidos por el recuerdo de un paseo por el malecón a orillas del río.

“Pero rompió los muros a raizazos y hube de aceptar su muerte y esta horrible memoria del muñón hirviente de savia, brillando rubio, bajo, el primer sol de la mañana, como un puño enguantado en oro de protesta”.

Y aparece, ella y sus sombras y sus soles, germina del papel y lo desborda, dice presente y sigue viviendo, vive mientras nos deja su ausencia. Vuelve, pero se va, pero se fue. Luz, como el sol alumbra cuando las manos la toman en un libro de años que tienen el recuerdo de otros tactos y otros sueños, que ella seguramente también supo vivir.

“De esta casa no habría querido salir para seguir viviendo en otra casa. Sin embargo, la familia, crecida, abrió sus propias puertas a la vida. Mientras yo voy cerrando y dejando vacías las habitaciones donde me esparzo como una sombra, palpitando”.

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Algo de música: El samba brasileño


ARGENPRESS CULTURAL

Pensar en Brasil es pensar en el samba. Este no es el único ritmo que existe en el país, por supuesto. Pero es, sí, el más difundido, el que más lo caracteriza, el que ha pasado a ser su carta de presentación ante el mundo. Su fama se debe, en muy buena medida, a la popularización de que fue objeto a partir del carnaval carioca, fundamentalmente el de la ciudad de Río de Janeiro, hoy devenido ya un ícono de la cultura universal.

En realidad "samba" es un término que en la actualidad engloba más de cien modos diferentes de baile que tienen su origen en pasos traídos a Brasil por inmigrantes africanos llevados a suelo americano originalmente como esclavos, en especial por los de las tribus bantú de lo que hoy es Angola.

Esta especie musical empezó a difundirse en las principales ciudades costeras de Brasil a fines del siglo XIX y adquirió popularidad internacional de 1920 a 1930. En la década de 1960 sus melodías, armonías y ritmos se vieron muy influenciados por un nuevo estilo con tintes de jazz, más estilizado, conocido como bossa-nova.

Algunos de los autores más célebres de sambas son los brasileños Chicinha Gonzaga, Ernesto Nazareth, Tupinamba o José Barbosa da Silva. Dentro de las corrientes más actuales que se derivan del samba tradicional destacan compositores de bossa nova como Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, Milton Nascimento, Chico Buarque, Maria Bethania, João Gilberto y Antônio Carlos Jobim.

En la década de 1960, en los inicios de la dictadura que azotó Brasil por espacio de dos décadas, los autores de bossa nova empezaron a ponerle atención a la música hecha en las favelas. De esa suerte, muchos artistas populares fueron descubiertos en este período, apareciendo talentos tales como Cartola, Nelson Cavaquinho, Velha Guarda da Portela, Zé Keti, y Clementina de Jesus.

En el inicio de la década de los 80 el samba se revitalizó con un movimiento musical creado en los suburbios de Río de Janeiro. Era el pagode, un samba renovado, con nuevos instrumentos y un nuevo lenguaje estético. Sus principales expositores fueron Zeca Pagodinho, Almir Guineto, Grupo Fundo de Quintal, Jorge Aragão y Jovelina Pérola Negra.

Presentamos aquí una pequeña selección de sambas. Si algo destaca en él, como en toda la música que tiene de algún modo su origen en los cantos tribales africanos, es el elemento rítmico por sobre lo melódico y/armónico.







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El bien, el mal y el dinero según los veo


Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si alguna vez creíste que leer el diccionario es una tarea latosa, no te equivocaste. Porque a menos que seas lexicólogo o acudas a él para la consulta, el diccionario te ofrece un conjunto caótico de palabras que se suceden sin otro orden que el alfabético. Es un catálogo amado pero tedioso, culto y profano, tan útil como palabrero.

Así y todo, voy a iniciar estas anotaciones con una excursión por el Diccionario de la Real Academia Española prefiriendo su 22° edición, la última, para fatigar algunos de sus vocablos. Y aún cuando el tema que hoy me ocupa habita el extenso territorio de la filosofía y de la política, deliberadamente prescindiré de los diccionarios especializados para arrastrar estas cuestiones arduas por caminos pedestres. Diré mi parecer sin la pesada tutela de quienes merecieron el podio de los sabedores.

Puedes, lector, acompañarme en este breve periplo o abandonarme a la soledad que siempre arriesga el escritor. Recorrer conmigo este camino de papel y de tinta o apearte ya. Yo creo que estas cosas también son tus cosas, que vale la pena revisarlas alguna vez, que mi escasa erudición no me cierra el camino y que juntos podemos abordar las cosas viejas de toda vejez.

Definiendo vocablos

Sobre el bien y el mal hablaré en estas columnas. También sobre el poder y el dinero. Consulto, pues, el catálogo hablatorio de la lengua española prefiriendo las acepciones que convienen a mi propósito.

De las diecisiete acepciones de la voz bien, recojo la cuarta: “En la teoría de los valores [el bien es] la realidad que posee un valor positivo y por ello es estimable”. Valor que preside la ética, el bien es estimable porque afirma la creación y se manifiesta como la cualidad que perfecciona las cosas. Por eso es incondicionado, extenso e incorruptible: no admite mandato, no tiene límites, no muta. Existe por sí, con independencia de su opuesto, el mal.

En cambio, cuando el diccionario da cuenta del vocablo mal, en su segunda acepción lo presenta como “lo contrario al bien, lo que se aparta de lo lícito y honesto”. El mal se define por el bien en cuanto supone su ausencia. Una definición exclusiva que, por lo demás, acude al orden normativo (habla de licitud) y al relativismo moral (habla de honestidad, valor mutable). En la segunda entrada el diccionario reafirma el carácter normativo del mal por ser “contrario a lo que es debido”: De esta manera, para la Academia ibérica el mal no es un disvalor en sí sino la mera ausencia del bien o el resultado de su negación.

Tomo dos acepciones del vocablo poder, la primera de la 22° edición y la primera del avance para la 23° edición. Aquella lo explica así: “Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”. Descripción abarcativa que emparenta con la teoría política, creo desafortunado que se haya decidido excluirla de la edición que se hará en 2011. La otra nos anticipa que el poder es el “dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo”. Yo tengo mi propia definición del poder, tan abarcativa como conviene a mi propósito de este día: Poder es la facultad de hacer.

El diccionario fue avaro cuando busqué la palabra dinero porque de las ocho acepciones ninguna me auxiliaba en la tarea. Entonces acudí a la voz moneda, cuya tercera acepción puede serme de alguna utilidad: “Instrumento aceptado como unidad de cuenta, medida de valor y medio de pago”, es decir, unidad que le asigna valor a las cosas posibilitando su intercambio. El libro panhispánico del buen decir amplía este último concepto al explicar la moneda fiduciaria como “la que representa un valor que intrínsecamente no tiene”, y la moneda divisionaria como “la que equivale a una fracción exacta de la unidad monetaria legal”. Así, el carácter simbólico de la moneda y su divisibilidad aritmética son conceptos traídos de la realidad que, según veremos, explican mi peregrina teoría sobre el bien y el mal.

Dios y el Demonio

Si toleraste hasta aquí el árido tránsito por el diccionario, ahora, lector, te invito a discurrir por los dominios más amables de las religiones, de la literatura y del cine.

No obstante su evolución a través del tiempo, el hombre no ha podido despojarse de su condición dual. Aún más, al apartarse de la naturaleza y arriesgarse en el laberinto de la razón construyó doctrinas que instalaron el conflicto en el centro mismo de la vida. Heráclito fue el gran sistematizador de esta concepción bipolar que la historia documentó hasta la formulación dialéctica de Hegel. Pero dejemos pronto las arideces de la filosofía para mostrar algunos ejemplos de dualismo.

Dios y el Demonio son paradigmas del dualismo. Fuerzas motoras de la vida y gobernadores supremos de la muerte, uno y otro son opciones excluyentes, opósitos irreconciliables y substancia de todas las cosas. En el teatro de la vida se encarnan como el hombre y la bestia, como David y Goliat, como el héroe y el villano.

A diferencia de las más antiguas religiones y mitologías en las que un personaje era una y otra cosa a la vez, bueno y malo, piadoso y cruel, dadivoso y avaro, en el judaísmo, el cristianismo y el Islam el bien y el mal son atributos que se excluyen mutuamente. En estas devociones monoteístas Dios es infinitamente bueno y el Demonio infinitamente malo, lo cual es congruente con la creencia de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y también con el dogma del pecado original inducido por el Demonio.

Esta bivalencia teologal que paradójicamente nos legó el monoteísmo (un dios bueno y un dios malo, separados uno de otro y omnipotentes ambos porque no pueden destruirse mutuamente), se ha manifestado en la literatura con más fuerza que en las otras artes; y modernamente en el cine, arte-espectáculo que muestra la lucha del bien contra el mal como ninguna otra actividad humana. Algunas veces esa lucha se presenta dentro de una misma conciencia, como puja entre dos poderes que la habitan y la nutren, otras veces se presenta en personajes diferentes que luchan para que el espectador prefiera.

Realidad y utopía

Así, he merodeado alrededor del bien, del mal y del poder. Resta, pues, examinar qué lugar ocupa el dinero en esta comandita, establecer su relación con esa dualidad que ha desvelado al hombre desde que se separó de su ancestro simiesco.

Me parece que el dinero, ese símbolo del valor, ese recurso que permite acopiar en unas manos el trabajo realizado por otras manos, es la causa principal de la transmutación alternativa del bien en mal y del mal en bien. Porque a poco que miremos en las vidas nuestras y las de nuestros vecinos vamos a ver la verdad de esto. También si revisamos la historia sin ideologismo.

Cierta vez ofrecí una utopía para azuzar a mis lectores. Ahora vuelvo a hacerlo en términos parecidos: ¿Puede concebirse un mundo donde no exista el dinero?* Porque de ser ello posible quedaría de hecho abolido el mal, al tiempo que la humanidad aplicaría su energía a acciones concordantes con su condición, aproximándose a la meta de su felicidad.

* Entre filosofadas y chanzas que gastábamos entre amigos, dije que la única diferencia habida entre el paraíso y la tierra es que ahí no existe el dinero, como aquí. Dije que esa sola diferencia es tan decisiva que no ha menester otro requisito para que la humanidad sea feliz. Luego esta idea la incorporé en algunos de mis juegos literarios. Mero divertimento. Pero creo que aún así puede ser ilustrativo. Sabemos los hombres que moriremos. Pero, paradójicamente, es porque resistimos esa muerte inevitable que impulsamos el motor de nuestra vida. Similarmente, las utopías son construcciones nacidas de los anhelos que pocas veces se hacen realidad, pero aún así impulsan nuestras vidas y le dan un sentido que excede su valor biológico.

Eduardo Dermardirossian es abogado y escritor, autor de "Último testamento" (Dermarte, Buenos Aires, 2000) y director de "Heráclito, filosofía y arte" y de sus suplementos "Jacinto azul" y "Café filosófico Heráclito" (2000-2003).


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La literatura en tiempos de amor y de guerra


Norton Contreras Robledo (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La magia de la literatura

En cada obra literaria se vislumbra la posibilidad crear o reinventar el mundo circundante. Es ahí donde esta la esencia de la literatura , su magia .

En una obra literaria a veces encontramos expresado lo real y mágico, porque en la vida cotidiana de las gentes y de los pueblos lo mágico con lo cotidiano se mezclan. Suceden hechos en los que la frontera que separa lo real de lo fantástico es sutil y difusa. Tan desdibujada que nos hace pensar que la barrera entre estas realidades no existe; que lo real es tan extraordinario y fantástico que puede dar la sensación de irrealidad.

La magia de la literatura radica en que nos acompaña desde nuestros primeros años de vida y hasta el ultimo de ellos. Y a través de sus géneros vemos la realidad que nos rodea, o nos transporta a tierras desconocidas, a países remotos, a planetas y sistema solares. Nos lleva a través del tiempo y el espacio a conocer personas del pasado o de del futuro que se vislumbran detrás de las sutiles cortinas de la narración.

Experiencias y sensibilidades

Que bonita y maravilloso fue en mi infancia, en el pueblo de Canela, cuando vivía en el monte y aprendí a leer. La literatura tuvo la magia de abrir las puertas que me permitieron llegar a sitios. Viajar a lugares remotos que jamás hubiera podido imaginar. Recuerdo como si fuera hoy que sentado bajo las sombras de un árbol, mientras las ovejas y las cabras pacían, yo con un libro en las manos me transportaba a lugares lejanos. La naturaleza, sus colores, olores, sabores, las gentes. Sus vidas, sus trabajos, aparecieron ante mí con un nuevo significado. Mis ojos lo veían de forma diferente, las sentía de otra manera. Ahí radica la magia de la literatura de hacer ver y sentir la vida, las gentes y la naturaleza con una doble mirada.*(2)

El concepto de ideología en la literatura

Cuando leemos una obra literaria existe la tendencia en pensar que dicha obra esta por sobre cualquier concepto ideológico. Sin considerar en las múltiples definiciones que las ciencias sociales da a la ideología; falsa conciencia, visión interesada, parte integrante de la conciencia social en conexión con diferentes intereses de clases sociales, intereses económicos y políticos. El concepto de ideología en una obra literaria se manifiesta como la concepción de la realidad desde una perspectiva particular. La función ideológica en una obra literaria se manifiesta en el afán que tiene el escritor de dar la visión, es decir la manera que el tiene de ver e interpretar el mundo circundante. En este contexto podríamos decir que en una obra literaria no consiste en las ideas especificas sino en los procedimientos mediante los cuales se analizan los hechos, la vida y el desarrollo social.

La función ideológica es una condición presente en todas las formas literarias: libro de poemas : España en el corazón, de Pablo Neruda, himno a la glorias del pueblo en la guerra, que exponía los horrores de la Guerra Civil Española, y su postura de republicano, es un poemario hermoso . En este libro muestra su rostro de poeta combatiente e idealista. La primera edición, corresponde a Ediciones Ercilla Santiago de Chile, 1937. Fue reimpreso por primera vez en España por el Comisariado del Ejército del Este, ediciones literarias. Canto General de Pablo Neruda Paradigma de una profunda identidad entre lo estético y lo social, nutrido por el fervor revolucionario latinoamericano, Canto general, escrito entre 1938 y 1949 y publicado de manera privada en 1950, es una de las expresiones más altas en la vasta obra de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973. En la poesía de Walt Whitman, Hojas de Hierbas, Aparecida en 1855, Unánimemente considerado el poeta máximo de Norteamérica, Walt Whitman (1819-1892) es el supremo cantor del Yo y de la naturaleza, del cuerpo y del alma, de la igualdad del hombre y la mujer, de la fraternidad y la democracia. En novelas; Las uvas de la ira, el tema representado en esta novela es actual en lo concerniente a inmigración y su explotación laboral. John Steinbeck, el autor, vivió durante dos años una vida de privaciones semejantes a las que describe en la obra, siendo un humilde campesino. Con esta experiencia y con una sincera conciencia social, el escritor reproduce este testimonio en medio de los peores tiempos de EE.UU. en toda su historia, la Gran Depresión. El Sr. Joad y su familia se ven obligados a abandonar lo único que poseen, su miserable y polvorienta granja en la árida zona de Dust Bowl, Oklahoma. Esperanzados en poder encontrar trabajo, ponen rumbo hacia la tierra prometida, California, donde se rumorea que existe una gran necesidad de jornaleros. A medida que se aproximan van descubriendo la dura realidad: agotadoras jornadas, rechazo social, condiciones infrahumanas y míseros salarios. Joad (hijo), consciente de ésta realidad, empieza su lucha por reivindicar los derechos de los trabajadores.

Memoria de la casa de los muertos de F. M. Dostoievski, En 1849 es detenido y condenado a trabajos forzados en Siberia debido a que frecuentaba círculos cercanos al anarco socialismo. De esta experiencia en la cárcel surgió Memoria de la casa de los muertos (1862) obra fundamental tanto en su trayectoria literaria como vital.

La literatura y el mundo circundante

A modo de conclusión: Decía al comienzo que en cada obra literaria se vislumbra la posibilidad de crear o reinventar el mundo circundante. Es ahí donde esta la esencia de la literatura , su magia. La literatura es portadora de recreación identificada con la esencia de cada ser, portadora de emociones, sensaciones. En la palabra esta la magia de ser ente de comunicación entre los hijos de la torre de Babel. Diseminados en diferentes realidades geográficas, sociales, económicas y políticas en diferentes lenguas. La esencia de la literatura es su enorme poder evocador y creativo. Su capacidad no sólo de permanecer, sino de "ser", de construir mundos posibles. Y de dar testimonio de un mundo en el que millones de hombres, mujeres y niños de los países del denominado tercer mundo; personas que no tienen acceso a la educación, a la cultura, a la salud y al bienestar; ven en fotos, películas o por televisión, el consumismo y la abundancia de los países desarrollados, observan, sienten o adivinan el desperdicio de recursos naturales como la luz, el agua y los alimentos. A esos millones de seres humanos les resulta increíble lo que ven sus ojos. Ellos no tienen agua para beber y millones de ellos mueren de hambre. El consumismo, tan real y cotidiano para las personas de los países desarrollados, aparece como algo divino, irreal y mágico ante los ojos de niños, mujeres y hombres, condenados por los países ricos. Los mismos países que han perdido la capacidad de asombro y de indignación ante las terribles desigualdades. Las palabras que llevan en si las ideas de que un mundo mejor es posible pueden convertirse en actos, a los ojos y oídos de millones de seres que aún luchan con esa convicción, con esa ilusión.

La literatura trae los sentimientos que mueven al mundo, palabras de amor y pasión, las palabras de la ira y la ternura. Trae los tiempos de amor y de guerras. Es la memoria de los tiempos idos. Y nos recuerda que para recordarnos que el tiempo presente es el capítulo inacabado del pasado y el preludio impreciso del futuro. Y que las palabras que aún no se han dicho, serán las que se dirán un día.

Cuando las palabras son censuradas, quedan clandestinas en cualquier lugar, en cualquier espacio, esperando, aguardando, activando, organizando, despertando conciencias para un nuevo día. La literatura va reconstruyendo los momentos, gestos, actos. Mientras haya vida, estará las literatura en las palabras escritas . La literatura es la semilla en la arena, montañas, océanos, campos y ciudades. Nace cada día, cada mañana. va hacia la vida, hacia las gentes.Como la luz al día, como el espacio al tiempo. *(3)

Notas* (1, 2, 3) Fragmentos del poemario Cantos en tiempos de amor y de guerra.
Primera edición: septiembre de 2008
© Norton Contreras Robledo
© Belgeuse, S. L. (Grupo Editorial)
Editado por:
Otra Dimensión Editores
(Belgeuse Grupo Editorial).
C/ Alberto Aguilera, 35 – 2º Centro. 28015 Madrid.


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