viernes, 7 de agosto de 2009

Hiroshima. 6 de agosto 1945-2009


Teresinka Pereira (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No fue en vano que las víctimas
de Hiroshima se quemaran
en el polvo atómico
proveniente de una bomba
enviada por los Estados Unidos.
Desde aquel lumbre
y desde el dolor del mundo
ha nacido una conciencia
de respeto por la vida
en el Planeta que se va renaciendo
cada vez más fuerte año tras año
con deseos de paz
con justicia e igualdad
para todos los pueblos.

* 6 de agosto de 1945 - ha empezado la era nuclear, luego después que el presidente Truman lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagazaki, aún mismo cuando Japón estaba a punto de entregar las armas de guerra. El objetivo era demostrar a la Unión Soviética que el gobierno de U$A no dudaría en usar la "BOMBA", si precisase parar el surto de socialismo en el mundo. Más tarde el presidente Dwight Eisenhower dijo: "Es triste ver que mi país haya sido el primero a usar tal arma." Primero y último, esperamos.


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Poderoso caballero es Don Dinero


Francisco de Quevedo y Villegas

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y pues quien le trae al lado
es hermoso aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro;
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de noble descendiente,
porque en las venas de oriente
todas las sangres son reales;
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Mas ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla,
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
mirad si es harto sagaz,
sus escudos en la paz,
que rodelas en la guerra;
y pues al pobre le entierra
y hace propio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.

* Francisco de Quevedo y Villegas, uno de los más connotados escritores de la lengua española de todos los tiempos. 1580-1645.


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Estetización y mistificación de la vida en el sistema publicitario (Parte I)


Jon E. Illescas Martínez (Jon Juanma*) (Desde España, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Contextualización

“Sumergidas bajo el elitismo occidental que las divinizó en el arte, las relaciones estéticas de la vida cotidiana han permanecido encubiertas durante siglos”

Mayra Sánchez Medina 1

El concepto de “estetización” de la vida y las relaciones sociales a pesar de no hallarse reconocido por la RAE 2 tiene ya una importante trayectoria dentro del campo de las ciencias humanas. Autores de diversa procedencia (sociólogos, teóricos de la comunicación, filósofos, historiadores) han teorizado sobre el mismo y el estudio que tienen entre manos no pretende sino ser una pequeña aportación más a esa labor común.

En el presente trabajo abordaremos no sólo la estetización de la vida, sino su falsificación a partir del filtro que supone el sistema publicitario 3 como generador de cosmovisiones. Para precisar más en nuestro análisis, realizaremos un zoom para acercarnos al efecto que tiene la publicidad sobre el conjunto de las clases populares. Por éstas entendemos todas aquellas personas que se ganan la vida con su trabajo y comparten espacios vitales si no iguales, adyacentes: desocupados, trabajadores asalariados, autónomos, funcionarios e incluso pequeños empresarios.

Para delimitar mejor nuestro objeto de estudio, contrapondremos conjunto de las clases populares a su contrario: la élite. Por supuesto entendemos que no es lo mismo un desocupado estructural que un pequeño empresario en cuanto a sus condiciones de vida y bienestar socioeconómico; pero para el objetivo de este ensayo es más lo que los une que aquello que los separa en tanto receptores del sistema publicitario. En cuanto al polo opuesto, entendemos el concepto de “élite” como lo hacía el sociólogo norteamericano Wright Mills 4 o como lo puede hacer, para utilizar un autor más reciente, el politólogo Sheldon Wolin. 5

Dividiremos la categoría sociológica de élite en tres vertientes dependiendo de su área de influencia política: locales/regionales, estatales e internacionales/ supranacionales. Por supuesto, como todo modelo teórico tiende al reduccionismo ya que la realidad siempre es mucho más compleja e imbricada pero entendemos que el mapa nunca podrá ser el territorio representado y si lo fuera, a escala 1/1, perdería toda su fuerza pedagógica.

Las primeras élites las compondrían los oligarcas locales y regionales (hombres de negocios importantes para la zona, concejales, jueces, inspectores de policía, sacerdotes, etc.); las segundas vendrían a ser los mismos pero a escala nacional o estatal e incluirían el directorio militar junto a los capitalistas más importantes del país, la élite político-religiosa y los líderes de los sindicatos asimilados. El tercer nivel es sin duda el más importante para nuestro estudio. Si bien puede estar hasta cierto punto coaligado sinérgicamente con el segundo nivel, se trata de la élite internacional. Es el conjunto de individuos con más poder decisorio respecto al rumbo del sistema-mundo capitalista y sin duda, el grupo de personas con más poder en la historia del sistema-mundo tanto si partimos de la colonización europea de América como si lo hacemos del cuarto o décimo milenio antes de nuestra era como reclaman algunos autores. 6

Por tanto, nos centraremos en el papel que ejerce la publicidad como articulador y garante del sistema capitalista mundial, gestionado, en gran medida, según los designios de las élites supranacionales. 7

Nuestro trabajo inspirado en el marxismo y la economía política utilizará conceptos propios de la lexicografía marxista tales como: mercancía, fetiche, plusvalía, acumulación de capital, valor de uso, valor de cambio, superestructura, etc.

Por último, antes de comenzar, es necesario realizar una pequeña aclaración de gran importancia. El presente ensayo se basa en el análisis publicitario tal cual la conocíamos hasta antes de la crisis económica iniciada en 2008 y que sufrimos actualmente en todo el mundo. La crisis, con la pérdida alarmante de puestos de trabajo, está produciendo una reconfiguración en la publicidad que conocíamos hasta esa fecha. Se observa un desplazamiento desde el protagonismo de los valores asociados al producto hacia el producto en sí. Debido a la falta de poder adquisitivo y el hundimiento del crédito fácil por parte de las entidades financieras privadas, se observa una tendencia a realzar desde la publicidad el valor de uso de los productos en contra de la metafísica mercantil que predominaba en los años felices del neoliberalismo imperialista (1985/2008). Como es un fenómeno excesivamente reciente y todavía no podemos evaluar la profundidad de este cambio superestructural, como tampoco podemos evaluar la profundidad ni la duración de la crisis visto la disparidad de juicios de economistas, sociólogos e historiadores; en el presente trabajo se analizará la publicidad tal cual la conocíamos antes de comenzar la crisis mundial. De todos modos, es de preveer que por lo definido de su función social, el cambio sea en todo caso cosmético, como suele suceder en la publicidad, no afectando a las repercusiones sociales más hondas analizadas en este ensayo.

¿Es arte la publicidad? El marco conceptual empleado

Decimos en el título del ensayo estetización de la vida por medio de la publicidad, e inmediatamente nos viene a la cabeza que si ésta tiene el poder de estetizar algo es porque irremisiblemente será un tipo de arte, aunque sea “híbrido” o “menor”, quizás cercano al Kitsch. 8

Si entendemos que el arte debe ser “sólo la producción por medio de la libertad” (Kant, 1997:257), entonces debemos fácilmente concluir que la publicidad no es arte de ningún tipo. La publicidad nace de la intención de “hacer vender”, no puede existir por tanto nada más interesado, nada menos “libre”. Tampoco se cumple por la parte del desinterés del juicio, de “la finalidad sin fin” kantiana (Ibid, 152/173). El espectador no puede sustraerse o difícilmente lo hará del hecho evidente que en la publicidad, por defecto, le quiere vender algo (otra cosa será que le interese o que decida comprarlo o no). La necesidad de captar, de atraer al público es, sin lugar a dudas, la razón social de la publicidad. Así que si nos basáramos en este ensayo en la filosofía kantiana, en relación al juicio de lo estético y el arte, deberíamos concluir que la publicidad no es arte. Sin embargo, no es la filosofía kantiana la que sustenta nuestra aproximación al tema. Ni tampoco, acercándonos a nuestros días durante el siglo XX, compartimos con Greenberg sus posicionamientos clásicos sobre la autonomía del arte, como heredero del concepto de estética kantiana.

Si tomáramos en cambio, que no por el contrario, la filosofía adorniana respecto a la obra de arte, llegaríamos a la conclusión que la publicidad ejemplifica la parte conservadora de lo que llamó “desartización” como contrapuesta al arte de vanguardia que sería la cara progresista de este mismo proceso. En nuestros días el arte de vanguardia (no de las vanguardias), el de galerías e instituciones más prestigiosas, sería el que posee el lenguaje más innovador y rupturista. Vendría a ser aquel que posee un lenguaje menos asimilable por el sistema (y por el público). Ejemplificaría la contraposición a la cultura afirmativa “marcusiana” que refuerza al sistema opresor (capitalista) vigente (Marcuse, 1967:45/79). En cambio, según el mismo Adorno, el arte “progresista” de las vanguardias (ahora sí) con su cultura negativa, su “estética de la fealdad” vendría a suponer una auténtica punta de lanza contra la cultura legitimadora del sistema imperante. La aproximación adorniana focaliza su análisis en el contingente, en la forma rupturista que éste adopte. Pero a nuestro juicio olvida tanto el contexto donde este disenso formal/lingüístico se produce como la funcionalidad que posee dentro del mismo sistema capitalista que (supuestamente) critica. En el mismo sentido, esta búsqueda incesante de rupturas discursivas dentro de un sistema conservador que divorcia fatalmente el arte de la vida y en especial de las masas, lleva a la inocuidad absoluta de unas investigaciones formales muchas veces guiadas en la carrera sin fin del “cuanto más y más grande mejor” que no hacen sino reforzar el sistema especulativo del mercado del Arte. Como dice José Luís Brea, al final todo queda en una retórica de la autonegación, “una falsa apariencia”. 9 Eso en el peor de los casos, que son bastantes. En los mejores, conduce a la simple reflexión filosófica del artista/intelectual alejado de la praxis social.

Es así como el considerado gran arte contemporáneo permanece divorciado de las masas, sabiamente recluido/desterrado por la élite, por el “Gran Hombre Unidimensional”. Marginado del terreno de lo real, el arte es encerrado en las instituciones reconocidas, para que una vez allí los artistas, como los locos en los manicomios, 10 puedan expresarse y “patalear” lo que quieran sin ser escuchados por las clases populares (los seres sanos y unidimensonales). A su vez, con esta estructura, el artista se aleja del mundanal ruido producido por un pueblo, al que considera crecientemente ignorante en la medida en que no entiende “su nuevo lenguaje”. La integración de estas innovaciones formales y su función dentro del sistema capitalista como residencia de los beneficios no declarados fueron vistas ya en 1968, quizás desde un prisma un tanto ortodoxo pero muy lúcido, por el crítico soviético Mijáil Lifshits en su recomendable artículo “La lata de conservas como obra de arte”, (Sánchez Vázquez, 1970:163/175)

En resumen y en el caso que nos ocupa, siguiendo los argumentos de Adorno nos encontraríamos ante una auténtica antinomia en la medida en que por una parte la publicidad sería muestra de esa “desartización conservadora” en tanto que “mercancía de la mercancía” y por otra, con su incuestionable renovación del lenguaje e innovación creativa formal de la que hace gala (en sus mejores momentos), la publicidad también se tornaría “desartización progresista”. Si bien nos basaremos en ciertas conclusiones de Adorno referentes a las industrias culturales para analizar el fenómeno publicitario, afortunadamente, no optaremos por tomar su sistema idealista del “gran arte” como marco de referencia. Por el contrario, nuestro análisis se cimentará más bien en las aportaciones de otro marxista, enfrentado a Adorno en diversos planteamientos, como fue el caso de Benjamin. Éste entendía el rol emancipador del arte no en cuanto al contenido ni a la forma, sino en relación al papel activo que tomara el mismo respecto a los medios de producción (Benjamin, 1983). Su análisis se alejaba del dualismo inconsecuente de Adorno, que utilizaba un análisis materialista para la cultura de masas y un análisis idealista/voluntarista para la cultura de la élite. Quizás porque al contrario de Benjamin, Adorno se hallase más próximo de Ortega y Gasset que de Karl Marx en sus posicionamientos respecto a ciertas élites, en especial las culturales. 11 También nos nutriremos del marxismo humanista de John Berger y Herbert Marcuse. De éste último al igual que de Benjamin adoptaremos la tesis del fin de la autonomía de lo artístico respecto a la misma sociedad que lo genera.

Publicidad y propiedad

“La envidia hace parecer más abundante las mieses de los campos ajenos, y más rico en leche el rebaño vecino”

Ovidio (-43/18) 12

Explica John Berger en su excelente “Modos de ver” que la publicidad no es sino el desarrollo de la pintura al óleo renacentista (Berger, 2006:157). Tanto aquella como ésta se basan en la relación que establece el sujeto/espectador con la mercancía representada. En el conocido lienzo de Rubens con su primera esposa, Isabella Brandt, 13 las mercancías (los caros ropajes) eran representadas con pigmentos al óleo mientras que en los anuncios televisivos de Audi o BMW, los automóviles nos son sugeridos mediante señales de luminancia y crominancia.

Pero a diferencia de la pintura, la publicidad no se dirige al espectador propietario de lo que se representa, sino al espectador no propietario (todavía). Mientras que antes las pinturas las tenían los que hacían dinero con el mercado, en la actualidad, la publicidad va dirigida a quienes son ese mismo mercado. El espectador de una publicidad determinada, por lo general, no será propietario sino que “deseará” serlo o al menos “lo tentarán” para que se convierta. Pero no a ser un propietario de por vida, sino el propietario efímero errante, el consumidor, el estadio perfecto del no propietario que cree serlo en el capitalismo de consumo; el destinatario de la obsolescencia programada y del deseo sexual sin fin del que hablaremos en el siguiente capítulo.

Como veremos el “espectador no propietario” es la base sobre la que trabaja cualquier publicidad y es a su vez el inicio del espectáculo de la fascinación. Ésta se produce por medio de la estetización de las mercancías anunciadas y de lo valores asignados a ellas. Como veremos más adelante, la estetización acompaña de modo inseparable el proceso de fascinación y de fetichización de los productos transformados ya en mercancías una vez eliminado su valor de uso a favor de su valor de cambio, en el inicio de la vorágine destructiva del consumo sin fin. 14

La promesa del coito sin fin

“Lo mucho se vuelve poco con desear un poco más”

Francisco de Quevedo y Villegas (1580/1645) 15

La idea del “placer nunca satisfecho” advertida ya por Adorno y Horkheimer es un auténtico y constante leiv motiv en el mundo de la publicidad. Como dirían los citados autores: “todo gira en torno al coito”. (Adorno y Horkheimer, 1994:186) “La diversión promueve la resignación que se quisiera olvidar precisamente en ella” (Ibid, 186) La eterna risa amarga. Diversión en todo caso no como huída de la realidad, sino como distracción para huir de las resistencias que esta misma realidad pudiera provocar. (Ibid, 189)

No se trata de acceder simplemente a la mercancía, sino al mundo transformado que nos promete la misma (Berger, 2007:160). El anuncio de turno nos presenta sujetos transformados a partir de la adquisición del producto. Pero sujetos transformados que se tornan envidiables, para que nosotros como consumidores queramos transformarnos también comprando la mercancía. Sólo que si vemos alguien envidiable es porque lamentamos nuestra situación actual en donde la publicidad nos promete feliz solución. La publicidad antes de prometernos la felicidad por antítesis nos propone aceptar nuestra infelicidad, nuestra desgracia. El sistema publicitario y la publicidad en concreto se basan en la fascinación (Berger, 2006:146), pero a partir del momento en que asumamos, por reconocimiento o influencia externa, nuestras propias carencias.

Pero no es sólo deseo de la mercancía en sí, sino del “estilo de vida” que diría Naomi Klein que viene “de serie” con el producto. Si compras tal marca eres un ganador y adquiriendo nuestro producto tendrás una vida de ganador (Klein, 2001). La publicidad como superestructura del sistema capitalista que es, consigue lo que antes no pudo hacer ninguna otra cultura basada en el trabajo asalariado: transformar en mercancía todo lo que todo toca. A diferencia del Rey frigio Midas, que por regalo de Dionisio le fue asignado el poder de transformar en oro todo lo que rozara sus manos, a la Reina Publicidad el Capital le dio el poder de transformar en mercancía todo lo que simplemente mirase. 16

Al comprar, por ejemplo, el desodorante Axe para hombre según nos muestra el spot tendremos la oportunidad de conseguir como por arte de magia a centenares de provocativas féminas deseando ser “consumidas”. La publicidad no se conforma con presentar la mercancía que le da razón de ser e intentar convencernos de sus cualidades (valor de uso), sino que por la lógica pecuniaria del capitalismo de consumo de masas, nos invita a poder llevarnos con el desodorante nuevas mercancías, en este caso: mujeres. El mísero desembolso que supone pagar el valor de cambio del desodorante nos llevará al consumo irrefrenable de diversos valores de uso no encerrados bajo el tapón de plástico. Desodorante como píldora mágica con superpoderes. ¿Exageración? Me remito a la realidad.

Probemos con otro ejemplo más sutil. La serie de anuncios de la empresa alemana BMW de “te gusta conducir”. Un spot con un alto grado de “función poética” se diría. La intención conativa se diluye en la poesía de la mano tras la ventanilla del coche sintiendo la brisa del fabuloso paisaje por donde viajamos plácidamente con nuestro BMW por los futuros diferidos del condicional permanente. ¿Pero dónde está el coche?, ¿dónde se metió la mercancía? En ningún sitio, está justo al acabar el anuncio. La mercancía es la marca BMW representada por su conocido logotipo, y por lógica extensión semántica: todos sus productos. Hasta aquí perfecto, ¿pero qué tiene que ver todo ello con el poder de la publicidad de transformar todo lo que en ella contiene en mercancía? El anuncio solamente extiende el deseo hacia la mercancía no a un producto concreto sino a todo el conjunto de los fabricados por la compañía. Pero en todo caso eso será un cambio cuantitativo, nunca cualitativo, se nos podría decir: ¿Cuál es la novedad? He aquí la respuesta: la mercancía no es solo, ni siquiera, todos los modelos BMW, que también; las mercancías son todos los valores adyacentes que el spot nos sugiere alcanzables tras la compra del automóvil, de la “mercancía evidente”. Todos los hermosos paisajes que podremos presenciar, el tiempo libre para realizar ese viaje, el estatus económico asociado y el capital cultural supuesto son las mercancías “realmente” ofertadas y preciadas del spot. ¿Pero por qué lo son? Porque todo lo dicho anteriormente sólo es válido si compramos un coche BMW.

El valor de uso prometido tras pagar el valor de cambio no es el coche en sí, si lo fuese el anuncio sería un recorrido visual por las prestaciones del automóvil en cuestión junto a una enumeración de las mismas (cilindrada, consumo, potencia, velocidad, tamaño del maletero, etc.). El valor de uso prometido es todo lo que se muestra en el anuncio. El spot como medium transforma todo lo que aparece en la publicidad como poseedor de un valor de uso “deseable”, tras la transmutación del valor de cambio que reclama: en simple y burda mercancía.

Desde la torre Eiffel al perrito de Dodotis, 17 desde el sinuoso cuerpo de una modelo bañándose en los mares del Caribe hasta la sonrisa de un niño: todo puede ser nuestro si pagamos su justo precio. Todo lo que tiene de bueno la vida, será ofertado por la publicidad de un modo u otro para hacernos abonar el valor de cambio que la supuesta mercancía protagónica 18 nos oferta a modo de oportunidad irrechazable. Siempre irrechazable, a riesgo de “ser tontos”. 19 Se produce una fetichización total del dinero 20 ahora ya en el centro de los altares de los nuevos templos religiosos, el Dios Dinero que todo lo puede y para el que ningún milagro es imposible.

Impulsora de la reproducción de capital

“La actitud de Kmart siempre ha sido: “¿Qué nos ha comprado usted este año? (…) Muchas gente de Kmart creía que yo era un empleado de la empresa”

J. Patrick, presidente de Marketing de Kmart en la Universidad Estatal de Wayne 21

El papel de la publicidad visto desde un punto de vista económico es básico para el sistema-mundo capitalista. La necesidad de mantener las tasas de ganancias ciclo tras ciclo económico, espolea a los mismos capitalistas a buscar nuevos mercados para vender sus productos. Pero una vez que todo el sistema-mundo se halla bajo una hegemonía capitalista aplastante, incluso en países llamados así mismos “socialistas o comunistas” 22, la ampliación a nuevos territorios se torna muy complicada cuando no sencillamente imposible. Sobretodo teniendo en cuenta que la creación de los mismos se halla basada en gran medida en la distribución desigual entre las clases trabajadoras de los distintos países y no de arriba a abajo, de las élites a las clases populares “nacionales”. Al margen de lo que predican los economistas neoliberales, lo cierto es que la constante promesa del desarrollo no llega a sus países “en vías” predilectos (los que siguen con mayor fidelidad los planes macroeconómicos de los países enriquecidos mediante instituciones clásicas como el BM, el FMI, la OMC, etc.) Por tanto, para mantener las cuotas de ganancias empresariales año tras año es necesario reducir la cadencia de las compras de los productos allí donde hay mercado. Esto es, ya no basta con que los individuos de las clases populares de los países ricos compren lavadoras o tengan móviles, porque ya todos tienen. Para mantener las cuentas de resultados se pueden hacer dos cosas. La primera sería falsear las cuentas de resultados como hacían los burócratas en los planes quinquenales de los países del Pacto de Varsovia, sólo que a diferencia de aquellos, en la economía capitalista, para de este modo subir el precio de las acciones en las bolsas de valores y conseguir por medio de la economía especulativa lo que no se consiguió mediante la economía real. Pero esto es ciertamente arriesgado y no siempre sale bien. Lo más correcto desde un punto de vista del “cumplimiento de las reglas” sería la segunda: fomentar la sociedad de consumo. ¿Cómo? No sólo aumentando la obsolescencia programa de los productos 23 sino creando necesidades de consumo financiadas no mediante el dinero “realmente existente” sino mediante el conocido sistema de crédito barato, fácil y laxo. 24

(Continuará en la segunda y última parte...)

Jon Juanma es el seudónimo artístico/revolucionario de Jon E. Illescas Martínez.

Notas:
1. Cita de Mayra Sánchez: (Sánchez Medina, 2004)
2. Prueben a busca el término en la RAE: http://www.rae.es/RAE/Noticias.nsf/Home?ReadForm
3. Aclaremos a su vez que utilizaremos dos conceptos con distintas acepciones a lo largo de todo el texto: el de “publicidad” y el de “sistema publicitario”. El primero será el referido prioritariamente a la publicidad comercial, (anuncios en televisión y prensa, carteles, vallas publicitarias, trailers, banners de Internet, etc.) El segundo englobaría un radio de actuación más grande y abarcaría no solo los anteriormente relacionados sino también los videoclips, las redes sociales, las redes de vídeo, los canales temáticos, etc; en general, toda la cultura generada por el sistema y que consideramos hegemónica. Coincidiría poco más o menos con la llamada por Marcuse “cultura postiva”, propia del “hombre unidimensional”.
4. WRIGHT MILLS, C. : La élite del poder, México D.F, Fondo de Cultura Económica, 2001 (1957 (1956))
5. WOLIN, Sheldon S.: Democracia S.A, Madrid, Katz, 2008. ISBN: 978-84-96859-46-3
6. El más conocido inicio del sistema-mundo es el de Wallerstein que lo coloca en el inicio de la colonización europea de América. Gunder Frank sostiene que ya se podía hablar de sistema-mundo incluyendo América, Europa y Asia en el siglo IV a.n.e. En cambio, otros autores como Korotayev delimitan el inicio con la Revolución Neolítica en Oriente Medio en el décimo siglo a.n.e.
7. Nunca antes ninguna élite tuvo tanto poder como dice el desaparecido autor norteamericano: WRIGHT MILLS, C. : La élite del poder, México D.F, Fondo de Cultura Económica, 2001 (1957 (1956))
8. Atendiendo a la definición que da Greenberg en su conocido artículo “Vanguardia y kitsch” publicado en Partisian Review en otoño de 1939.
9. Como dice José Luís Brea: “Una lógica cuyo enorme potencial de absorción desactiva cualquier gesto de resistencia, cualquier tensión crítica, convirtiendo toda la retórica vanguardista de la autonegación en justamente eso, una mera retórica, una falsa apariencia requerida por el juego de los intereses creados, la falsa apariencia del choque y la novedad que los propios intereses de renovación periódica de los estándares dominantes en el mercado institucionalizado del arte reclaman.” (Brea, 1997:6)
10. En una sociedad como la nuestra que disocia el pensamiento bidimensional, que destierra y recluye a la creatividad y el pensamiento alternativo en el mundo del arte, es comprensible que promueva los grandes relatos en la historia ortodoxa del arte del mito del genio (otra vez con Kant) atormentados, rayando la locura como Van Gogh o Pollock. El paradigma del artista-genio-enloquecido sirve de un modo especial para los intereses pecuniarios del mercado del arte. El mito del genio-loco hace ídolos de los desaparecidos y sube la cotización de su obra, para que el gran magnate filántropo, el Señor X, poseedor de gran parte de la obra del artista ya desaparecido el señor Y, haga el gran negocio “revindicando al gran artista”.
11. “La mayor parte de los hombres no tienen opinión, y es preciso que les venga dada de fuera a presión, como entra el lubrificante en las máquinas. Por eso es preciso que el espíritu -sea el que sea- tenga poder y lo ejerza, para que la gente que no opina -y es la mayoría- opine” José Ortega y Gasset (1883/1955) Como anécdota de la elitización de Adorno repecto a Benjamin llama la atención que al margen de su adscripción marxista, Adorno parece que encajaba muy bien en la conocida categoría de “revolucionario de salón” que diría Marx. Adorno se marchó de Alemania antes de que comenzara la II Guerra Mundial, primero a Oxford y en 1938 cruzando el Atlántico hasta los Estados Unidos. En cambio Benjamin, decidió no hacerlo porque según él “todavía quedaban posiciones por defender en Europa” y no está muy claro si murió o lo asesinaron los nazis en Portbou (Cataluña). En contraste, Adorno murió utilizando su tiempo de ocio, haciendo montañismo en los Alpes suizos en 1969 (contra las advertencias de sus médicos).
12. Cita de Ovidio: (Señor, 2006:194)
13. Para un análisis pormenorizado siguiendo las conclusiones de Berger en el ejemplo de la obra de Rubens, ver: ILLESCAS MARTÍNEZ, Jon E.: La importancia de llamarse Rubens y poder firmar para serlo, Rebelión, 18 de enero de 2009: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=79219
14. Respecto al consumismo, Santiago Alba Rico diferencia entre tres tipos de cosas en el mundo según sus fuciones para el ser humano: las cosas de comer, las cosas de usar y las cosas de mirar. A este respecto dice: “A los “viveres” -las “cosas de comer”- es a lo que llamamos “objetos de consumo”, en latín consumptibilis, expedientes puros de la inmanencia de la vida. No hay que olvidar que “consumir” quiere decir originalmente “destruir” (Nota del Autor: ver http://eluniversitario.unne.edu.ar/2005/80/pagina/enfoques.htm y http://es.wikipedia.org/wiki/Consumismo sobre su etimología latina del verbo “consumere”).
15. Cita de Quevedo: (Señor, 2006:138)
16. Dice el filósofo Alba Rico: "En este sentido, una “sociedad de consumo”, organización sin precedentes en la Historia, sólo podría ser una sociedad regida de arriba abajo por el “hambre” y la “guerra” (…) a esta sociedad de mondas “condiciones” y puros “medios” en la que hay que empezar una y otra vez desde el principio; a este antro de ciclos y repeticiones los griegos lo denominaban Infierno. En el Hades el hombre quedaba reducido a esa maldición del origen contra la que los atenienses habían construido , allí arriba, una polis. El “consumir” era el castigo de los dioses. Tántalo, Sísifo, las Danaides, ningún otro mito identifica tan claramente “infinitud” y “consumo” como el destino de Erisictón, el hijo de Tríopas, condenado por atentar contra Demeter, la madre Tierra, a padecer un hambre insaciable. Abocado a no detenerse ante nada para satisfacer su monstruoso apetito (“toda comida es en él causa de nueva comida” dice Ovidio), después de sorber arroyos y tragar troncos, comerse todos sus bienes (casas, muebles, vestidos) y vender a su propia hija, termina -en una metáfora que es al mismo tiempo una advertencia- por devorarse a sí mismo entre terribles gritos de dolor (“y el infeliz alimentaba su cuerpo disminuyéndolo”) (Alba Rico, 2002:27-28) El filósofo madrileño antepone las cosas de comer (consumilia) con las cosas de mirar (mirabilia) como dos contrarios de imposible reconciliación en todas las culturas conocidas hasta la fecha, que siempre respetaron esta diferenciación, o por lo menos en la mayoría de los casos. Pero Alba Rico dice que por primera vez en la historia, en la actual fase del capitalismo, estos límites se tornan borrosos y se confunden transformandose todo, cada vez más, en “cosas de comer”: “En el año 1998 d.C (…) el presidente de Volkswagen, Ferdinand Piech, parecía citar asimismo a Censorio para reprochar en una entrevista la irracionalidad económica de los europeos: “Nos falta flexibilidad. En Europa la gente compra una casa y se queda en el mismo lugar hasta su muerte. En América venden las casas y se van de Nueva York a California si hace falta. Son muy flexibles” (…) Podemos decirlo tranquilamente: el paradigma que ofrecen los parlamentos de Censorio y Bannon, como los de Bonino, Clinton o Piech , es en realidad el paradigma de la guerra. No es éste un paradigma moderno, cierto; lo que sí es moderno es que un paradigma tan antiguo haya pasado a dominar por completo la vida y el “mundo” de los hombres.” (Ibid, 55-56) Sobre el método por el cual las cosas llegan al nivel de fetiche, Alba afirma: “...digamos, en todo caso, que la forma mercancía nos escamotea la “cosa” a través de dos procedimientos convergentes y encontrados: el fetichismo, que la inmoviliza y desnaturaliza en la vitrina, y la tecnología, que acelera la velocidad de su reproducción, devolviéndola, apenas nacida, al apeiron biológico." (Alba Rico, 2002:205)
17. Curioso que por influencia de la cultura de consumismo capitalista anglosajón hayamos importado crecientemente al castellano la palabra inglesa "Pet" que significa "mascota" para referirnos a los animales domésticos. Anteriormente quien tenía un perro decía "tengo un perro en casa" ahora dice "tengo una mascota en casa". La palabra "mascota" es en sí misma una homogeneización de significados, ya que tanto si es gato, pájaro o perro acabará filtrándose como "mascota" con el componente de "inanimado" y "juguete" que la palabra inglesa indudablemente conlleva.
18. A partir de la vigésima tercera edición la RAE incluirá este adjetivo que viene a significar lo mismo que “protagonista” pero que tiene una connotación más activa, menos pasiva. Es una voz de uso común en ciertos países latinoamericanos.
19. Los salvaguardas del correcto uso de la publicidad en nuestras correctas sociedades de menguante Estado del Bienestar deben estar de vacaciones o de excedencia permanente, porque sino no se explica cómo es posible que después de varias temporadas de insistente campañas Media Markt siga con su hiriente y burdo lema de “Yo no soy tonto”. La compañía se permite el lujo de insultar a toda la ciudadanía en prime time si no compramos sus productos sin que nadie haga nada, tiempos difíciles para la lírica...
20. Respecto al dinero como relación social y cada vez más omnipotente en el conjunto de las relaciones humanas en el capitalismo Marx ya afirmaba en el siglo XIX: “La dependencia mutua universal de los individuos indiferentes los unos para los otros constituye su conexión social. Esta conexión social es expresada en el valor de cambio, en el que su propia actividad o su propio producto deviene por primera vez para cada individuo una actividad o un producto per se; él tiene que producir un producto en general -el valor de cambio- o, lo que es lo mismo, dicho valor considerado aisladamente, individualizado en sí mismo, dinero. Por otra parte el poder de cada individuo ejerce sobre la actividad de los demás o sobre las riquezas sociales reside en él en cuanto propietario de valores de cambio, de dinero. Él lleva tanto su poder social como su conexión con la sociedad en su bolsillo.(...) El carácter social de la actividad, así como la forma social del producto y la participación del individuo en la producción, aparece así como algo extraño a los individuos, como algo objetivo; no como el comportamiento de ellos entre sí, sino como subordinación a relaciones que existen independientemente de ellos, y que proceden del encuentro entre individuos indiferentes los unos para los otros.” (Marx, 2002:166-167)
21. Cita de J. Patrick: (Klein, 2001:132)
22. Nos referimos principalmente al caso de China, pero no es el único, también Vietnam (no tanto como China pero decididamente) o Cuba (con mayores resistencias) introducen progresivamente reformas capitalistas o de “libre mercado” en sus planes económicos. Incluso un régimen tan ortodoxo de economía estatal como el de Corea del Norte busca el oxígeno económico de la inversión privada extranjera en un mundo dominado por las condiciones capitalistas de producción y distribución económica: http://www.korea-dpr.com/business.htm
23. La obsolescencia programada ya fue advertida por el cuñado de Karl Marx, Paul Lafargue en su libro "El derecho a la pereza".
24. El sistema financiero internacional se basa constantemente, sin crisis o con crisis por en medio, en la virtualidad y las cuentas dobles, en especial desde que Nixon estableció el cambio flotante del dólar. Al ser ésta la divisa mundial de facto para las transacciones comerciales hizo que EUA se endeudara insistentemente a costa del resto de países y sus poblaciones. Pero además el nivel de endeudamiento y la solvencia de la economía usamericana muchas veces se basaba más en cuestiones de confianza que en cifras reales y contrastadas.


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Son los hijos de Lempira y Morazán


Tania Nesterovsky (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hoy los he visto
van ungidos de verde electrizante
empuñando espigas de maíz,
el pecho abierto y como escudo,
el ardiente sol del mediodía.
¡Miradlos!,
van avanzando envueltos en neblina;
a su paso restallan chispas los pedernales,
tiembla la tierra, se abren las raíces, nacen nuevos ríos.
¡Son los hijos de Lempira y Morazán!,
¡escuchad su corazón!:
es tambor batiente en las entrañas de la selva,
es ritmo redoblante que marcha a la batalla.
He visto en los ojos del pueblo hondureño,
torrentes de agua y fuego desbordados.
¡Avanzad!,
rescatad la patria abrazando tu bandera,
curad sus heridas, llenadla de ternura.
¡Florezca la tierra! y sus frutos sean compartidos:
el tierno maíz, los frijoles, los dulces bananos...
¡Florezca la tierra! y se llene de escuelas
que los niños, como abejas, las colmen.
¡Florezca la tierra para los humildes!

Hoy los he visto incontenibles:
Son los hijos de Lempira y Morazán.

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Izquierda e individuo


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La derecha hace egoísta al individuo y la izquierda lo ignora. Algo de eso hay. Y, para quienes empujamos el surgimiento de una nueva izquierda, ya esa ecuación no basta.

Asumiendo que estamos conscientes de la demolición que la derecha realiza del individuo como ser comprometido con su entorno (y su memoria), pasaré a discutir lo que me interesa. ¿Por qué a la izquierda le cuesta asumir (en estrategia y acción) que la vía para el cambio colectivo pasa por la transformación del individuo? Por lo menos, no instrumentaliza ningún basamento de lucha que aplique la ecuación individuo + revolución = colectivo.

La izquierda no debe caer en el chantaje de la derecha (y cae en muchos); individuo no tiene por qué ser un sinónimo de egoísmo y ni siquiera de individualismo. La lucha por la liberación de los pueblos es milenaria, pero también los fracasos. Conocemos sólo la forma de dominio imperial que juega a la ecuación del ser humano al servicio de los grupos de poder. ¿No será que la única posibilidad de liberación social pasa por la consolidación de una consciencia individual asumida como parte vital de un colectivo? El tema es complejo pero necesario, se trata de avanzar hacia el individuo socialista, hacia el individuo revolucionario.

Podría ser que en el siglo XXI terminara de claudicar el concepto clásico de lucha de clases (pobres y ricos) para asumir otros retos, otras estrategias, siempre para concretar el mismo viejo objetivo como es la reivindicación de la dignidad humana. ¿Será la nueva batalla un laberinto que nos lleve a reconocer que en realidad todo lo bestia y todo lo sublime del mundo lo llevamos cada uno de nosotros por dentro?

Cuando los dogmas nos esclavizan no es fácil aceptar un cambio conceptual (y vivencial); no obstante, considero que en este instante de individualismo consumista (y deshumanizador), manejar el término pueblo o colectivo sin pasar por el individuo resulta abstracto, estéril. Pueblo sin individuos conscientes es abstracción; colectivo sin la repartición de la ética individual es un espacio vacío. Necesitamos tanto pobres como ricos que comprendan el por qué de la importancia de un mundo revolucionario. Y eso sólo se puede lograr si comprometemos al individuo con los objetivos y resultados de ese mundo que él cuestiona o bendice. La señora X que mira a sus vecinos del barrio como gusanos que estorban en la tierra es más peligrosa que Berlusconi, pues el primer ministro italiano sabe para qué mezquino objetivo trabaja y ella no. No se puede defender, con autenticidad, lo que no se comprende. El mundo como tal, desde la perspectiva social, debe ser un compromiso de las individualidades. La razón de la lucha hay que hacerla valer en cada actitud, en cada personificación de la dignidad humana. No se trata de unificar criterios ni voluntades (una cosa lleva a la otra); nada más absurdo y fascista que eso. Necesitamos impulsar un debate que reconozca las diferencias individuales en comunión con un objetivo revolucionario. Sólo entonces estaremos encaminados a la verdadera conformación de un colectivo de base progresista. El todo es la necesidad de un mundo en evolución empujado por individualidades comprometidas. Y ese compromiso ya no puede limitarse a la utilización del plural como un concepto abstracto: “¡Te esperamos mañana en la plaza mayor para defender la revolución!” Pues, esa invitación ya no basta. Ahora, en este instante de salvajismo capitalista (cuando impera el todos contra todos en beneficio de unos pocos), te necesitamos, como ser practicante de una ética revolucionaria, las 24 horas de todos los días, estés en la casa, la escuela, el trabajo o la calle. Hagamos algo antes de que terminemos (la izquierda) siendo recordados como la cara simpática de la derecha.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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Acerca de una nueva “serie estrella”: Leverage. “Ladrón que roba a ladrón…”


Demian Paredes (Desde Buenos Aires, Argentina. LA VERDAD OBRERA - PTS)

Entre los ciclos de serie que se pueden ver -en la TV por cable, bajando a la computadora por internet o comprando los CD/DVD- los últimos años: Lost, Dr. House, Los Soprano entre otros, se encuentra la nueva serie estrenada en 2008 en Estados Unidos y a inicios de 2009 en América latina y España: Leverage . Presentados como “Robin Hood modernos”, esta banda de “delincuentes buenos” que protagonizan la serie luchan contra “malos” bien identificados: los empresarios y banqueros corruptos y estafadores.

Todo comienza cuando al hijo de Nate Ford -quien trabaja como asesor contra fraudes- se le niega un tratamiento médico que lo lleva a la muerte. Con este drama inicial, Ford renuncia a la empresa que negó la ayuda a su hijo y comienza un combate contra ella.

Contratado por otro empresario, que dice que le han robado los planos para fabricar un nuevo avión, se asocia con otros delincuentes (un hacker, un luchador musculoso, una ladrona acróbata y una especialista en el teatro de engaños) para concretar la misión. Con éxito, los cinco son luego engañados por quien los contrata y, tras salvar sus vidas, deciden permanecer como grupo y actuar contra todos los empresarios y banqueros inescrupulosos.

Con muchos puntos en común a nuestra local Los simuladores, la serie Leverage tiene una misión que cumplir en cada capítulo: luchar por los débiles contra las injusticias de este sistema sin justicia. La impunidad de los poderosos se acaba cuando Nate (Timothy Hutton ) y su troupe -provistos de toda la tecnología, la inteligencia, los músculos, la belleza y la capacidad de engaños imaginables-. En cada capítulo van familias o personas en dificultades a pedirles ayuda y ellos, tras estudiar el caso, deciden o no aceptarlo.

Por ejemplo en el capítulo 2 luchan contra una empresa tercerizada que, en Irak, lucra con la complicidad de un diputado del Congreso de los EE.UU. (estafando al hacer volver el dinero en ayuda que se envía al país de Medio Oriente). En otro, contra un financista especulador en el negocio de los caballos de carrera (que deja en la calle al cuidador). Otra misión será contra un juez autoritario y corrupto asociado a los traficantes de drogas. En otro capítulo -con un resabio del cine y las series “de Yalta” (las que remiten al contexto de la “Guerra Fría”)- dan por tierra con los negocios de una ex modelo rusa que, a fines de los ’80 termina en Belgrado (Yugoslavia) y, aprovechando los más de 100.000 niños huérfanos que quedaron de la guerra en los Balcanes, estafa a familias norteamericanas que quieren adoptar un niño -estafa a la que se suma el tráfico de armas de sus socios-. Otro capítulo muestra la contaminación del suelo provocada por un inversionista al que no le interesa ni un ápice el medio ambiente.
En Leverage se lucha contra todo “lo que no está bien” (is not right).

A la serie no le falta nada: tiene ritmo y acción, giros inesperados y breves flashbacks acerca del pasado de cada uno de estos “5 Fantásticos” que luchan contra los poderosos a favor de los débiles.

Ficción y realidad

Esta serie se hace eco de una situación de la realidad muy crítica: nos referimos a la crisis económica del capitalismo. Nacida en EE.UU. y expandida a todo el mundo, esta crisis hace mella en gran parte de la población y explica, en alguna medida, que gran parte del electorado se haya volcado por el voto al Partido Demócrata y a Barack Obama. Fue éste quien, en una de las coyunturas de la crisis en curso, dijo “Lo que nos ha metido en este lío han sido los riesgos exorbitantes asumidos por los bancos en títulos dudosos con el dinero de otros” . Sin embargo, esas críticas contrastan con la realidad de “ayudas estatales” de ¡billones de dólares! a esos bancos y empresas.

Justamente en otro capítulo estos héroes luchan contra un contratista que, junto a su hijo, montan una empresa de refacciones de casas: asociados con los bancos, hipotecan y sobrevalúan los trabajos con el objetivo de irse quedando con las casas de cientos de familias que no pueden pagar sus deudas. Como se ve, los “enemigos” son los mismos que ha señalado (y ayudado con dinero público) Obama.

Al comenzar a emitirse Leverage por la cadena TNT, el primer capítulo registró 5 millones de espectadores, lo que es un gran número para EE.UU. y llevó a que de inmediato se anunciara una segunda temporada. Revistas como Entertainment Weekly y Hollywood Reporter la elogiaron . Y no es para menos: esta ficción denuncia a los causantes de los grandes males que nos aquejan. Por ello Nate en uno de los últimos capítulos, cuando se enfrenta al empresario que negó el tratamiento de su hijo, habla de la venganza que le representa: siendo una misión que le propone su propio equipo quiere hacerlo porque “ese cabrón antepuso sus beneficios a los tratamientos” de los niños.

***

Un “olvidado” y vituperado (por las clases dominantes) Lenin decía que “es preciso soñar”, a condición de “realizar escrupulosamente nuestra fantasía” . Las “fantasías” en pos de un final feliz en Leverage asumen un diagnóstico bastante “real”, pero ofrecen como salida una banda de “malos-buenos” dispuestos a hacer justicia. Esto es algo que no ocurre en la realidad.

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Cuba, las casas y el universo musical de la isla


Marcos Alfonso (Desde Cuba. AIN, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La música es el alma de los cubanos. Se inserta entre sus más valuados y caros sentimientos.

Desde Brindis de Salas hasta Juan Formell, por citar apenas dos ejemplos en la distancia, la Isla es cuna del son, el bolero, el mambo, el jazz latino, el cha cha chá, el changüí, la timba… géneros que prevalecen en el tiempo y el espacio, los cuales no solo han permanecido en el entorno insular, sino exhiben rasgos universales.

Otro tanto sucede con los intérpretes, ya sean vocalistas, instrumentistas o compositores, los cuales han sentado cátedra dentro y fuera de las fronteras de la mayor de las Antillas: Esther Borja, Ernesto Lecuona, Rosita Fornés, Frank Fernández, Benny Moré y Chucho Valdés, entre infinidad de artistas, integran la selecta nómina.

El cubano, en su integración biológica, posee el gen tanto para concebir la música, como disfrutarla y darla a conocer.

Millones de personas que han visitado el país a lo largo de su existencia, retornan a sus tierras de orígenes impregnados de las raíces del quehacer musical criollo.

A mediados de la década de los años 90 del pasado siglo Cuba disponía, entre otras vertientes, de disqueras y establecimientos para la venta de instrumentos musicales, discografía y partituras.

La Empresa de Grabaciones Musicales (EGREM), hacia el año 1995, tuvo la feliz iniciativa de concebir un espacio para que las personas -del patio o el exterior- pudieran disfrutar del panorama musical de la Isla en un ámbito más íntimo. Surge así la denominada Casa de la Música de Miramar.

Ese año fundacional la institución abrió sus puertas y acogió el Premio Egrem correspondiente a ese período, cuyo anfitrión resultó el afamado compositor e instrumentista Chucho Valdés y su grupo Irakere.

Con la entrada del nuevo milenio abrirían sus puertas otros espacios: las Casas de la Música Habana, y las de Santiago de Cuba, Trinidad y Varadero. Todas dotadas de espacio adicional para comercializar discos, afiches e instrumentos musicales, aunque su razón de ser es que los concurrentes puedan disfrutar del quehacer de las principales agrupaciones y solistas de la Isla, de manera más íntima que en el teatro o el cabaret.

Así nacieron:

CASA DE LA MÚSICA DE MIRAMAR: Fundada en abril de 1995 en el barrio de Miramar, al oeste de la capital. Dispone de dos áreas para el disfrute de los asistentes: el salón principal y el conocido como Diablo Tun Tun.

CASA DE LA MÚSICA HABANA: Está enclavada en el centro de la capital cubana, en lo que fuera antigua sala cinematográfica. Complementa a su predecesora y posee capacidad para 600 asistentes. Realiza presentaciones en todos los géneros de la creación artística cubana.

CASA DE LA MÚSICA DE TRINIDAD: Se halla ubicada en el centro histórico de la villa, en una casona del siglo XVIII. Dada su elevada ubicación puede contemplarse desde allí el entorno de la ciudad. La sala, al aire libre, ofrece las presentaciones de las mejores agrupaciones de la región.

CASA DE LA MÚSICA DE SANTIAGO DE CUBA: Sitio para encontrarse con lo mejor de la música en la Isla. Situada en el centro de la primera capital de Cuba, sus ofertas fluctúan entre el pasado y presente del abanico melódico cubano en multiplicidad de géneros. Ofrece espectáculos nocturnos, peñas los fines de semana y otras atracciones.

CASA DE LA MÚSICA DE VARADERO: Proyecto inaugurado en el 2006, el cual ha contado en sus presentaciones con músicos de primera línea. Se ubica en el centro del balneario cubano por excelencia y oferta dos espectáculos diariamente: matinée, hasta las nueve de la noche, y desde las 10 y 30 hasta las tres de la madrugada.

En todos estos espacios patrocinados por la EGREM, además del expendio en diversos tipos de soporte del universo musical en la ínsula, se ofrece variada oferta gastronómica, incluidos platos autóctonos de las diversas regiones en que se enclavan dichas instalaciones.

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En los propios límites de la realidad


Bencomo Artemi Remidan (Desde Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Que sepas que a tu cerebro nunca le ha llegado a pasar nada,
somos nosotr@s los que andamos manipulándote y controlándote,
si quieres podrás incluso hasta cambiar de decisión,
eso a nosotr@s nos llega a importar un carajo.
Podemos llegar a decirte que cuando votes,
a quien tú creas que cambiarán las cosas,
te equivocas porque siempre somos l@s mism@s,
como una grande y enorme familia que controla todo el cotarro del espectro político.
Que sepas que desde la derecha,
incluido el centro,
hasta los de izquierda,
por supuesto que el clero eclesiástico,
terminando por los sindicatos y la patronal,
como también tenemos el control de los medios de desinformación social y,
sobre todo un enorme y gran capital.
Siempre te hemos hecho mirar para que siguieras creyendo,
lo que a nosotr@s nos llega apetecer,
créeme que hasta nos inventamos amenazas invisibles y,
te acojonamos de tal forma hasta con enemigos que sólo son irreales,
así podemos justificar nuestra propia violencia,
nuestro grandísimo y querido negocio de las armas,
tú no sabes a cuánt@s nos está dejando ric@s perdid@s.
Se me olvidaba comentarte que también tenemos nuestro ejército policial.
Cuando nos dé la gana te quitaremos tus derechos y tus libertades,
claro que lo haremos por tu propio bien y en nombre de la seguridad,
pero esa sólo será la nuestra bob@,
¿o acaso habían pensado que nosotr@s iríamos con el poder que tenemos a darles esa libertad o dejarles con todos esos derechos?
¡Jamás !;
eso ya ni siquiera se te ocurra llegar a soñarlo,
porque hasta tu propia intimidad la tenemos vigilada y controlada,
incluso hasta el aspecto exterior que sueles llevar,
tus palabras serán grabadas y medidas y,
pobre de ti si te llegas a quejar o a protestar,
porque la tunda de palos no hay ni habrá nadie que te la llegue a quitar.
Tú nos has elegido,
¿ ya nos has olvidado ?,
tu nos has llegado a votar,
Así que simplemente lo que debes de hacer es callarte y
si no sigues por las veredas que te marcaremos,
entonces ten por seguro que la tunda de palos y algo más no te la quita nadie,
cuenta con ello porque será seguro.

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Experimento


Eduardo Pérsico (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sin que haya algún posible que pudiera evitarlo, el sol despierta y anda sin pausa ni demora. Su átomo de eternidad le corresponde.

De esa lumbre reciente que atenuó el horizonte, el mismo sol opaco en la alameda ya se entrega al designio de la tarde.

Las luces y la noche son formato de tiempo. Un impulso incesante sin pactos ni retrasos. Nada apremia su espera. Lo perpetuo es latido riguroso y el día volverá, qué duda cabe, pero anhelos constantes acrecientan la tarde.

Si muere un pibe de hambre cada cinco segundos se agotaron los dioses de leyenda y milagro. No más sermón errátil de compartir los panes si muere un pibe de hambre cada cinco segundos. El perjurio de magias y cielos del arcano, son antiguos borrones caídos en desuso. La continua derrota de esperanzar la espera.

Hambrientas multitudes sin hallar pertenencia, príncipes sonrientes al temblor del vencido, patrones de la tierra y burlas del Poder son siglo veintiuno.

De persistir sin cambio el peso de los cuerpos, el aire que se eleva y otras físicas claras, es frívolo joder a nuestra especie a toda hora. En cuanto si todo es un incipiente ensayo, -acaso experimento- es hora de avisarnos.

Y digamos también, sólo para saberlo.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.


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Algo de música: el concerto grosso barroco


ARGENPRESS CULTURAL

Lo que hoy día conocemos como “concerto grosso barroco” nace en Italia a fines del siglo XVII. En términos morfológicos es una forma enteramente instrumental donde se da una oposición entre un grupo de instrumentos con papel de solistas (el concertino o soli) que se enfrenta al grueso orquestal (el tutti o ripieno, es decir, "relleno").

En lo formal, el concerto grosso se desmarca de la suite y de la sonata de camera, es decir, de los movimientos de danza típicos del siglo XVII, para optar por páginas de lo que podríamos denominar "música pura", sin otras connotaciones o funcionalidades ajenas a la mera audición por la audición misma. Puede decirse que ahí arranca la música en su sentido artístico moderno, como pura expresión de la belleza sonora. La música sale de la iglesia y pasa a los palacios de la aristocracia; más precisamente, a las cámaras dedicadas a las audiciones. De ahí que se habla de “música de cámara”.

El concerto grosso barroco desde su nacimiento se establece con una estructura de tres movimientos, con la consabida sucesión allegro-lento-allegro que es contrastante y, por lo tanto, variada, "entretenida".

Fueron italianos quienes le dieron acta de nacimiento (Alessandro Stradella y Giovanni Lorenzo Gregori son los pioneros), e italianos también quienes lo desarrollaron convirtiéndolo en un género popular entre toda la nobleza de Europa (el pobrerío escuchaba otra música). Entre sus más connotados autores se encuentran Torelli, Albinoni, Manfredini, Geminiani, Corelli, Locatelli, Alessandro y Domenico Scarlatti, Marcello, alcanzando una cumbre de perfección y belleza en las colecciones del religioso y eximio violinista Antonio Vivaldi.

Frente a los inspirados y exuberantes italianos, ejemplos ingleses como el de Avison o franceses como el de Leclair o Lully (un italiano afrancesado) palidecen un tanto. Solamente Alemania aportó una producción consistente en esta forma del concerto grosso; son autores representantes del Barroco tardío los que llevarán el género a una cima de genialidad, como Telemann, Haendel y Juan Sebastián Bach, sobre todo con sus bellísimos seis Conciertos de Brandemburgo, BWV. 1046-1051, de 1721, desconocidos durante su vida, olvidados y recuperados un siglo después de su muerte.

Para ejemplificar el género ofrecemos dos casos tan geniales como bellos: un concierto de Vivaldi (Concerto alla rustica en Sol mayor, RV 151) y uno de Bach (Concierto en La menor para cuatro claves y orquesta, BWV 1065).













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La cultura abarca una estructura ideológica: Hay que sacar el arte de la pasividad del museo apolillado


Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El museo es parte de una cultura de la dominación y del monopolio del conocimiento, que la plutocracia tradicional ha usado desde siempre para su exclusivo provecho. El museo nunca ha servido mucho al pueblo ya que ha sido siempre un lugar para esconder de la mirada popular, creaciones que han debido estar en las escuelas, en las calles, en las plazas y demás espacios abiertos, para que los muchachos las vean y las toquen pero, esencialmente, las obras de arte han debido ser exhibidas en el manicomio.

En el museo la obra se ve bien bonita. Los que la miran, dicen que sí patatín y que sí patatán; que la hizo fulano, mengano, zutano, peringano o meringano. Los más sesudos entendidos opinan que sí el pato y que si la guacharaca y, el artista que la hizo, se regodea-preso de la costumbre-al tiempo que las emperifolladas y ociosas viejas exhiben sus gabardinas y sus joyas, que al fin y al cabo son la razón de ser del museo. Mientras, las polillas hacen su trabajito.

En el museo está y ha estado siempre, el arte de la quietud; en tanto que en el barrio campea la turbulencia social, en medio de la cual el hombre no deja de crear hermosísimas obras que en lugar de ser llamadas, obras de arte se les dice, artesanías o, simplemente, labor de obrero.

La práctica suele romper la gramática. Sin práctica, la técnica se torna inútil. Un albañil-que no es ingeniero-hace una casa, sabe como sacar la escuadra, como sacar el nivel y sacar el plomo. El plomo es vertical mientras que el nivel es horizontal. Un buen albañil replantea, planifica y construye una casa. Mira los barrios de Caracas y te convencerás.

Replantear significa marcar en el suelo o en las paredes, meter la estaca para uno guiarse, igual que un topógrafo que para replantear una carretera, monta estacas, trompos (estacas pequeñitas) y niveles, entre otras vainas que permitan tirar líneas.

¿Acaso no es arte construir un rancho en la pata de un cerro, y ese bicho se aguanta ahí?- pero, le decimos artesano o simplemente obrero a ese gran artista que lo construyó-.

Igualmente el buen herrero sabe tratar el hierro: como doblarlo, como enderezarlo, como cortarlo, como soldarlo y para todo ello utiliza el martillo, la trazadora de línea, la máquina de soldar, el oxicorte o soplete. Hay sopletes para calentar, para cortar, para soldar; así como también hay diversos tipos de soldaduras- de arco, autógena, etc-. Y, el pueblo lo aprende muy bien.

Sabe el soldador que él debe tomar leche mientras trabaja porque la combustión de esa química de los electrodos, desprende gases tóxicos que al ser aspirados, deterioran la salud rápidamente, igual que proteger los ojos con el lente apropiado para evitar el efecto de los rayos ultravioletas. La leche sirve para desintoxicar los pulmones y con ello, la sangre. La careta sirve para proteger la vista, tan indispensable para que sepamos donde hacer el cordón y fijar las piezas.

Pero si todo este “trabajo” es realizado bajo la tutela de un “artista”, que diseña pero que pone al obrero a hacer la práctica- me consta-entonces, con sólo la firma de aquel, lo que era trabajo se convierte en arte.

Es muy jodido que pueda yo distinguir la frontera entre el trabajo y el arte porque esas disquisiciones corresponden a la filosofía. Prefiero más bien confundir ambas actividades y que la obra de arte que nazca de la comunión de sendos esfuerzos, es decir, del carpintero que serrucha la madera, el herrero que trata el metal, el electricista que empata el cable y sabe aislar el empate, que conoce la fase de la corriente y sabe distinguir donde está el negativo y donde está el positivo, la densidad y el voltaje de esa energía eléctrica y que sabe calcular el riesgo para no quedarse pegado y achicharrado de un bicho de esos, bueno, que todos sean considerados como parte de la obra de arte.

Se trata de percatarnos conscientemente, de que ha habido al menos un par de mundos distintos, respecto a la cuestión del arte; por una parte, la élite cultural que detenta y ha detentado siempre mil y más privilegios y, por la otra está el pueblo, despojado de sus derechos, inclusive del derecho a disfrutar la contemplación de la obra de arte de la que él mismo es protagonista esencial pero de la que es separado como un leproso o como cuando es separado un niño, al nacer, del regazo de la madre.

No se trata de algo inocente, todo lo contrario, se trata de una estrategia oscurantista destinada deliberadamente a desmovilizar la sensibilidad del pueblo porque, si para algo ha de servir el arte, ha de ser precisamente para sensibilizar la conciencia y, la conciencia lo es todo.

El verdadero arte debe profundizar la visión de nuestra realidad; mientras que el arte burgués, es decir, el arte que no es arte, sólo sirve de pretextos para el engaño y la manipulación.

Si el arte deja de ser libre para encadenarse a una dependencia económica y /o política, como si pierde “alguito”, o tal vez gana adjetivos, se convierte en “arte burgués”, que ya no es arte, sino instrumento de egoísmo de las élites.

A mi modo de ver, el verdadero arte no pierde la validez de su testimonio histórico-cultural en el transcurso del tiempo y, para más, modifica el mundo, positivamente, porque sensibiliza al hombre y lo hace ver nuestra realidad porque el arte verdadero, es comunicativo, dice mil lenguajes en gran expresión de libertad para que cada quien interprete las vainas a su modo.

La tentación de manipular a los demás es una sobresaliente característica del capitalismo, por lo que no es de extrañar entonces que el museo, en manos de esos sinvergüenzas, haya sido hasta el presente, un instrumento de sus propósitos egoístas.

En el socialismo, eso no debe ocurrir puesto que una finalidad fundamental del socialismo debe consistir en liberar al hombre y a la mujer, de la esclavitud del trabajo, para que ellos puedan disponer de tiempo para el arte, es decir, hacerlo o disfrutar de su contemplación.

El artista, en el socialismo, no debe ser manipulable. Si el artista se deja manipular por el empleador y por la necesidad, pierde lo verdadero y se queda entrampado, esto es lo que sucede en el capitalismo; todo lo contrario, en el socialismo, el artista debe tener mucha libertad pero, sí escudado en esa libertad asume una conducta superficial e irresponsable, se convierte en burro o en burra, tal como sucedió recientemente con algunos descerebrados artistas cuya obra más insigne es la de protestar contra el “Tirano” Chávez porque éste les dio una patada en el qlo para desalojarlos de un edificio, que es del Estado, y donde ellos se regodeaban para impedirle al pueblo, el acceso al estudio. Rescatado tal edificio, ahora sirve de sede a la Universidad de las Artes.

Hay que vaciar el museo y llevar toda la obra de arte que ahí está, a la calle, para que coja aire fresco y se caliente con el sol brillante y, se alejen las polillas.

Para que el arte se desarrolle y florezca tiene que reencontrase con la artesanía, que es su génesis.

¿Y, por qué no, llevar arte al manicomio?.

Recuerdo a un amigo de mi infancia, que se volvió loco y hasta estuvo confinado a un cepo de palos. Era una práctica bestial, que no sé si todavía se aplica pero, recuerdo con lacerante tristeza verlo sufrir esa prisión infame. Él –mi amigo, y que murió hace muchísimos años-al menos pudo curarse, con el transcurrir del tiempo.

Mi hipótesis es que él se curó desde el momento en que empezó a pintar. Pintaba rostros y paisajes; hasta le serví de modelo alguna vez y es una lástima que no hubiese podido yo, conservar esa pintura, para exhibirla de contrabando en alguno de esos museos y poder asustar a tantas viejas echonas. De seguro habrían comentado que era un bochorno, (a pesar de que era yo tan apuesto, entonces).

Inclusive, este artista, amigo de mi infancia y de mi juventud, llegó a sobrevivir pintando tablillas para las loterías, lo que requería arte y destreza.

Es por lo que estimo que si vaciamos el museo y lo llevamos al manicomio, ese contacto con el arte puede contribuir para que la gente se cure, que pueda integrarse dentro de sí misma y que podamos rescatarla para el bienestar de nuestra sociedad.

¿Qué tal si se hubiese llevado el contenido de un museo a la Plaza Altamira, donde una pila de locos de remate, locos ilustrados, los eruditos de la universidad, y otros irreversibles enfermos, pernoctaban para esperar la llegada del año 3021?

Cada vez está más extendido el número de personas que necesitan ser curadas de esa angustia de ver sólo conflictos en la pantallita del televisor o en la portada del periódico. Por doquiera se habla de violencia, pareciéramos estar atados a la violencia- o al temor de padecerla, que ya es en sí, violencia,-como a una pared.

Hasta los mismos profesionales de la conducta, encargados de curar a la gente, también andan medio locos y en algunos casos, locos de bola. Tal inferencia es deducible de las necedades que esa gente habla en la televisión privada.

Propongo, en consecuencia, que la gente se llene de esperanzas en el socialismo, que asuman que cada vez que una persona hace suya una esperanza, está al mismo tiempo dejando atrás, un conflicto. Sin descartar que la propia obra de arte conlleve plasmadas las motivaciones psicológicas del artista que la ha creado, estimo que podríamos abocarnos hacia un humanismo propiamente humano, que no el humanismo burgués, y hacer del arte una alternativa transformadora que pueda ayudarnos a alejar la guerra y acercarnos a la paz.

La oligarquía abusadora, enferma de poder e insensata, discrimina el arte en bello y feo. Bellas artes, dicen de algunas manifestaciones artísticas y, aunque no dice expresamente, feas artes a las actividades del pueblo, se sobreentiende que es así como lo concibe la oligarquía; no obstante, la dialéctica no es algo que a nosotros nos entra por un oído y nos sale por el otro, tal como ellos creen.

Calificar de bellas artes a un cuadro que está ahí, pegado a la pared, estático, no puede ser más bello que la actividad de contemplar el paisaje a lo lejos, de la línea tan perfecta entre los dos azules, mientras tú trabajas con las artes de pesca, es decir, que has lanzado al mar, la red o la nasa, o el palangre o el bou, o la atarraya, o el arpón o el anzuelito corocorero y, esperas sobre cubierta, el tiempo de levar para llevarle la comida a esos sinvergüenzas.

Y, no obstante, la oligarquía nos ha discriminado por siempre. No agradece tener sobre la mesa el resultado de nuestro arte, la pesca.

Digo- a lo Nerón- yo también he sido un gran artista, porque he mirado infinitos paisajes mientras pude pescar y nada es más bonito y sensible que contemplar el mar, será acaso por esa sensación de inmensidad que el mar conmueve todo por dentro de la cabeza de un pescador artesanal, heme ahí.

Por lo vivo y, en consecuencia, dinámico, el cuadro del mar, que es un cuadro abierto, te permite involucrarte en el arte de vivir, es que tú miras la silueta del cerro, cuando el Sol viene despuntando en la mañanita. Eso también es arte verdadero, arte de la naturaleza, y está afuera del museo.

Tratar de confrontar dos visiones del arte-en el capitalismo y en el socialismo-no pretende plantear una lucha entre mayorías-el pueblo-y, minorías-élites- sino entre la justicia y la injusticia, entre la verdad y la mentira. Se trata de forjar un verdadero proyecto de esperanzas, que sea útil para todos, especialmente para los niños.

El este de Caracas es, mayormente, un manicomio; esa gente anda con la mollera maluca y, el hígado enfermo, también. Es que la religión, la política, la educación transgénica y otros ingredientes bastante deformados-que han bebido por años- conforman un menjurje maluco. Esa cultura está impregnada de una ideología nefasta.

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Algo de cine: Los Diablos


Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Título Original: Les diables
País y Año: Francia, 2002
Género: Drama
Dirección: Christophe Ruggia y Olivier Lorelle
Guión: Christophe Ruggia, Olivier Lorelle
Producción: Studio Canal
Fotografía: Eric Guichard
Música: Fowzi Guerdjou
Montaje: Tina Baz
Intérpretes: Adèle Haenel en el papel de la niña autista Chloé.
Vincent Rottiers en el papel de su hermano Joseph.
Rochdy Labidi como Karim.
Jacques Bonnaffé como Doran.
Aurélia Petit como la madre de Joseph.
Dominique Raymond como la directora.
Fréderic Pierrot, como el hombre de la casa
Danielle Ambry como la mujer de la casa.
Laurent Dallias como el policía.
Amaury Delbore como François.
Brahim Frihi como Patrick.
Mehdi Laribi como Alí.
Yves Lecat como el amigo de la madre.
Ricky Martin como Brian Rodriquez.
Signolène Moulin como Sylvie.
François Négret como policía.
Moulud Rezig como el amigo de Karim.
Elisa Rochette como Sarah.
Marylin Vignon como Isabelle
Duración: 105 minutos.
Distribuidora: Alta Films

Me parece muy importante el esfuerzo que se ha hecho por presentar un ciclo sobre los niños difíciles de parte de Otraparte, la casa-museo de Fernando González, en Envigado, Colombia, lo cual no deja de ser de una belleza sin par sobretodo en un medio como el colombiano que tendría que preocuparse tanto, tanto por su infancia.

Y me parece lindo el tema de Los diablos, la película de Cristophe Ruggia que sería tan bien aclamada por la crítica, ya que toca problemas muy serios de la niñez como son el de la psicosis, el autismo, el vagabundeo, y la asistencia a la infancia, todos grandes retos para la sociedad.

Ruggia nos narra, a la manera de Héctor Malot, un Sin familia contemporáneo, que ya no tiene la condición melodramática de la novela del siglo XIX, que se ocupaba de la infancia, por realista que pareciera. Ruggia nos dará una visión mucho más naturalista y cruda del abandono que vive el niño a la vuelta hacia el tercer milenio después de Cristo.

Los protagonistas serán dos hermanos, un niño, Joseph, en todos sus cabales, que tiene que hacer un gran esfuerzo adaptativo para lidiar en medio de una sociedad no suficientemente continente y su hermana psicótica, Chloé, una púber autista, un ejemplo paradigmático de la psicosis infantil, que tanto nos desvela a los trabajadores de las ciencias “psi”, a quienes hemos querido querer explorar ese enigmático mundo de la locura infantil.

El filme nos enfrenta con ella y con la violencia, de la mano de un director francés, que un poco a la manera de François Truffaut, se especializa en hacer un cine sobre la infancia, como nos lo demuestran sus tres grandes títulos:

La infancia perdida, estrenada en 1993, donde se relata la historia de dos chicos, el púber Max y la pequeña Mélanie de nueve años, quienes huyen del maltrato familiar, ocasionado por la violencia de su padre.

- El chico del Chaâba, en la que el director hace un acercamiento honesto y sin conmiseraciones al tema de las condiciones infrahumanas de vida de los chicos en los suburbios de las grandes ciudades, un poco a la manera del Luis Buñuel de Los olvidados, del Héctor Babenco de Pixote o de La vendedora de rosas de Víctor Gaviria.

Y otra que ahora, después de Los diablos, el director piensa hacer sobre los niños en la guerra de Argelia.

Los diablos, el filme presentado en Otraparte, el 11 de junio del 2008, sería la tercera obra del autor, que se ocupa de los niños en universos marginales, con su subsecuente violencia, con el telón de fondo de la geometría gris de las grandes urbes, para dar cuenta de una infancia alienada y oprimida.

La mayoría de los críticos la aplauden mientras unos pocos la juzgan incoherente, que no pasa de ser una buena declaración de intenciones, que se queda en un relato simplón e inconexo, con grandes fallas narrativas, en una película con un pretendido estilo naturalista, que toca a veces con la inverosimilitud, lo cual sería una nefasta paradoja.

Pero la mayoría de la crítica no quedaría tan decepcionada al encontrarse en Los diablos con una linda historia, humana, demasiado humana, que nos invita a participar en la lucha denonada de Joseph por buscar lo que el supone que podría ser la curación de Chloé, sobre todo a partir de haberse sentido responsable de su destino, cuando el psiquiatra de niños, de una de las instituciones que les da cobijo, le hace saber que él es un elemento muy positivo en la vida de su hermanita. El se hace cargo entonces de buscar la casa paterna, que Chloé dibuja compulsivamente con mosaicos, como si hubiera sido lo único que hubiera quedado en pie en su desmantelamiento psicótico.

Entonces, acompañamos a los chiquillos por los olivares de la zona de Marsella, por las ciudades, por los asilos, las cárceles siempre en busca de esa casa perdida, donde Joseph piensa encontrar abrigo y el calor de una familia.

Acopañamos entonces a aquellos niños nómadas, arrojados de su hogar, que no encuentran sosiego en ningún hogar de acogida, de tal suerte que su vida, como la de tantos niños en América Latina, es un ir y venir de las instituciones a la calle, para volver a la calle nuevamente en una existencia que es un rodar y rodar y rodar, como si ese fuese un imperativo categórico, que los convierte no en niños en la calle, como muchos de los protagonistas de Los olvidados de Buñuel sino en verdaderos niños de la calle, que es otro decir, ya que el niño de la calle ha perdido todo vínculo con su familia, fenómeno que aumenta en la sociedad postindustrial, no tan cercana al mundo feudal del campesinado mexicano de mediados del siglo XX; la Babel postindustrial se convierte en un Baal mucho más implacable, en cuyas fauces, la gran urbe destruye todo vínculo social.

Chloé es una muestra de ello. En su mutismo autista no articula palabra pues pareciera estar fuera de un mundo, que a cada instante le reconfirma que ella no cabe en él; por eso el universo se le torna tan amenazante; por eso tiene que vivir a la enemiga; ella está segura y, no precisamente, por proyección de su mala fe sino porque ese mundo por el que le toca deslizarse le niega una acogida auténtica. ¿Acaso su madre no era ella misma una psciótica que abandonó a sus hijos en un acto impulsivo?

Joseph en cambio sueña y desea ese mundo que la nena coagula en sus dibujos, como si se tratara de un trozo que se mantiene en pie, en su universo arruinado. Joseph anhela encontrar el hogar perdido, sueña que así la niña pueda curarse de ese mal que la obliga a callar, que la condena al silencio, un hogar que con su calidez, los proteja de los hospicios ofrecidos a los condenados de la tierra, a los niñez desamparada, por una sociedad racional y filantrópica pero que no logra darle salida al problema que les plantea una infancia descarriada.

Los niños, siempre en fuga, deambulan por el mundo, a veces con la ayuda de pandillas.

La gran mayoría de los críticos dicen que esta cinta es emotiva y desgarradora, que nos enfrenta con la soledad y el amor, que con ella, Ruggia nos toca el corazón con un argumento duro y tierno a la vez, con un estilo crudo y naturalista pero altamente conmovedor, al mostrarnos unos niños que tienen que vivir a la enemiga, solos contra el mundo, en una sociedad que poco se interesa por la trayectoria individual de niños, que tienen que protegerse en grupos y subgrupos, en un universo marginal, cuya actitud violenta sería preciso comprender, ya que el problema no son los niños en sí sino la sociedad, incapaz de contenerlos, de la cual ellos son un mero reflejo, ya que la falta de cuidado, de cariño hace que los pequeños tengan que encerrarse en sí mismos o recurrir a la violencia, de tal suerte, que estos infantes se convierten en seres siempre a punto de perderse, de quedarse sin proyecto, sin futuro, cosa que es en sí bastante aterradora, como lo señalara el propio director, quien se empeña en retratarnos una vida difícil, hablarnos de la dificultad para vivir en un mundo que no ofrece acogida a la niñez desamparada.

Tal vez, la intención del cineasta francés sea terapéutica, al enfrentarnos con un fenómeno social desgarrador, como es el del abandono de la infancia, uno de los temas centrales de su filmografía, en un intento de elaborar aspectos todavía no suficientemente semantizados de su propia infancia y de su adolescencia, como alguna vez lo declarara, ya que pareciera ser que aún hoy, el director busca respuestas a preguntas que se hacía de chico, las cuales, todavía, no ha logrado responderse.

Su intención fílmica es que el espectador reflexione profundamente, que se plantee problemas en relación con la experiencia humana.

Si el director francés, nacido en 1965, toma el problema social, con respecto a la infancia, para convertirlo en arte es porque cree que sólo así, el asunto podrá devenir palabra, ser comunicado a través de un lenguaje verbal o por medio de imágenes expresivas y entrar al discurso cultural en busca de una solución, con lo que se propone contribuir al análisis del problema.

Al cineasta también lo preocupa el tema de los inmigrantes, significante que en Francia, generalmente remite al tema de los árabes y éste al de los argelinos, en un país donde la xenofobia y el racismo se mantienen al orden del día, a pesar de sus ideales de libertad, igualdad y solidaridad, en una sociedad tan contradictoria, en la que se dan graves paradojas y ante tasas de desempleo crecientes de una manera constante, toda una juventud está creciendo en medio de padres desempleados, a pesar de que las expectativas que se tienen es de que se le brinden sea la de los altísimos estándares de vida que propone la sociedad de consumo.

El director se ocupa de la infancia para ocuparse de sí mismo, ya que lo que más anhela es conseguir una profunda introspección, que le permita entender las elecciones que el hiciera y a ayudar a la juventud a plantearse problemas para lidiar con el mundo al que está siendo convocada.

En el 2002, la película de Los diablos se ganó los premios de autores de cine independientes y el del mejor filme en el Festival de Cine Internacional de Mannheim-Heidelberg, además de ganarse una placa de oro a la mejor realización fílmica en el Festival de Cine Internacional de Chicago junto con los premios Tournage y Vision, por el filme en sí y por la fotografía realizada por Erich Guichard; también se nominaría en ese mismo año a varios premios:

- El Bayardo de Oro del Festival Internacional del Cine Francófono de Namur en Bélgica.

- La Estrella de Oro del Festival Internacional de Cine de Marrakech.

En el 2003, la cinta saldría gananciosa en el Festival de Cine de Avignon/Nueva York, en el que obtendría Le Roger.

Matthieu Beguelin de Neuchatel, Suiza, nos diría que al dejar la sala de cine, tras la visión de Los diablos, necesitó algunas horas para volver a la realidad, ya que quedó atrapado por el ritmo de la película, la calidad de su guión y la interpretación que le resultaron grandiosos al dejarle una sensación de que la belleza puede ser mucho más simple de lo que creemos.

Carlos Martínez Escalona, de México, nos dice que el filme es potente, magistral, agudo y terriblemente triste, no precisamente una película para acompañar con palomitas de maíz, con una actuación, de parte de los actores juveniles, no sólo soberbia sino hipnotizante hasta llegar a ser capaz de producir un gran impacto en la mente del espectador, que bien podría hacer que esta cinta pudiera ser catalogada como las mejores del cine francés actual, gracias a una cinematografía que cuida bastante bien de la iluminación, de la ambientación, del vestuario para producir todo un conjunto estético sutil a pesar de la crudeza y amargura de la historia, con todo un juego de claroscuros, que a su vez logra la transmisión de un conjunto de ideas bastante complejas, una intensa angustia, que toca tanto al cerebro como al corazón, que mantiene al corazón bien informado y lograr hacer una película capaz de sobrecogernos.

Vemos pues un enfoque distinto de la psicosis infantil al que diera Truffaut, al tema de Víctor de Aveyron y al que dieran del autismo los directores de Rain Man y Nell, al añadir a la problemática psicopatológica, en ellas descrita, toda una dimensión social que es preciso tener en cuenta si queremos comprender la psicosis infantil y las personas que se ubican en ella.

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.


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La muerte, la gran calumniada


Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dentro del desenfreno demencial de compraventas, de derroche y despilfarro que es nuestra moderna sociedad de consumo se hace irónico el observar la reticencia o el repudio casi generalizado a comprar las llamadas "pólizas de preacuerdo funerario”, es decir comprar por anticipado, antes de morir, nuestra última morada en el camposanto.

A los agentes vendedores de tales pólizas se les califica incluso como "cuervos" o "buitres" sólo porque ellos nos hacen más evidente la realidad de nuestra muerte, y comercian con ésa “macabra” expectativa.

Y sin embargo, nada hay más lógico que aceptar o admitir ésa realidad, puesto que la muerte es lo único seguro que tenemos en éste tránsito de incertidumbres, de desengaños y de frustraciones que tan ostentosamente llamamos "vida"

Paradójicamente, esa clase de prejuicios o de tabúes no existen ante los archipopularizados y omnipresentes "seguros de vida", a pesar de que es bien evidente que éstos seguros no nos protegen contra la muerte sino que, -al igual que los preacuerdos funerarios-, sólo hacen menos dramático el dolor de nuestros dependientes.

¿Cómo comprender entonces ésa dualidad de criterios ante una misma evidencia, cuando poca o ninguna diferencia existe entre los que comercian con nuestros propios despojos, despojándonos en vida de nuestro dinero, y los que viven de la expectativa de nuestra muerte tras el subterfugio de "asegurarnos" la vida?

Esto se comprende cuando se observa el espanto infantil de la humanidad ante el espectro de la muerte, cuando nos aferramos a la vida pretendiendo olvidar que no somos inmortales.

Pero, pensándolo bien, la vida, tal como la viven tres cuartas partes de la humanidad, ¿no es acaso mucho más espantosa que la muerte misma?

Quienes tienen sus apetitos siempre saciados, su salud y su cuenta bancaria siempre rebosantes, y la felicidad al alcance de su bolsillo, ellos tienen motivos o justificaciones para amar la vida. Pero los privados o despojados de todo bienestar, cuya vida es sólo una agonía incesante y una continuidad de combates estériles por una supervivencia que sólo sirve para prolongar su agonía, ¿tienen acaso otros motivos para amarla o para soportarla que no sean su esperanza tenaz y su obstinada resignación religiosa?

Y sin embargo, las víctimas inocentes de esa condena que es la vida, ¡se obstinan en alabarla, en elogiarla y eufemisarla, a la vez que repudian esa sola salvación piadosa que es la muerte!

Los positivistas, los optimistas y los científicos se empeñan en disculpar la vida adulándola; los filósofos, con sus frases amables pero ilusorias, tratan de justificarla ennobleciéndola; los políticos, en "redimirla" mercantilizándola, y los mercaderes de la esperanza que son las religiones en mistificarla para hacerla soportable, es decir, en hacernos resignados ante las iniquidades del "destino", o de una presunta "voluntad” o “predestinación divina”.

Pero... ¿cómo olvidar la pobreza, que impide vivir la vida con dignidad? ...y la enfermedad, -hermana gemela de la pobreza-, que impide la felicidad? ¿...y cómo ignorar ésta angustia de la impotencia ante la injusticia, tan frustrante como la impotencia ante el amor? ¿...y ésta cólera inaudita de las conciencias reflexivas ante la vileza de la humanidad envilecida que se obstina en perpetuar los oprobios al obstinarse en perpetuar la vida engendrándola y a la vez renunciando a humanizarla?

Porque, ¿qué otra cosa es la humanidad sino un plebiscito mundial de desertores de la dignidad que tras el sofisma cobarde de una “paz” humillada y humillante renuncia a combatir por la conquista de una vida digna de ser vivida? ¿Y qué otra cosa es la muerte, sino la victoria definitiva sobre la vida, es decir, sobre los dolores, las miserias y las iniquidades que la vida humillante y deshumanizada conlleva?

Pero la humanidad es de tal manera cobarde que renuncia a ésa victoria que es la muerte, y la rehúye, temblando de pánico de ser salvado por ella! ¡Cansada de vivir, renuncia sin embargo al descanso eterno!

Obstinarse entonces en amar la vida cuando ella es sólo una tortura cotidiana es un masoquismo absurdo, aberrante y abyecto. Sólo la muerte merece ser amada porque élla nos libera de ésta condena que tan presuntuosamente llamamos “VIDA”.

Cuando todas nuestras esperanzas en la vida han muerto, nos queda aún la esperanza de la muerte, la única esperanza que no nos decepciona… porque tarde o temprano a todos nos llega. Y si ella es inevitable y es nuestra noble y única redentora, ¿por qué entonces temerla? A menos que se tenga una conciencia de mártir o de masoquista, es evidente que es mucho más honorable una muerte con dignidad que una vida sin ella.

O se vive con dignidad… o no se vive. To be or not to be. That’s the question.

Por eso, ante esta realidad es válido exclamar: ¡Pobre vida, tan adulada! ¡Pobre muerte, ...tan calumniada!

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