viernes, 14 de agosto de 2009

La gula ideológica no tolera la luz


Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hay recuerdos que nacen con nosotros. O casi. Hay cosas que adquirimos en los primeros años de nuestras vidas, desde que empezamos a discernir lo uno de lo otro. Esas cosas son nuestra segunda naturaleza, enseñanzas que por habernos alcanzado desde el principio, nos acompañarán mientras transitemos la vida. O casi.

Son rasgos culturales fuertes que no querrán abandonarnos y que con frecuencia subyugarán nuestra razón, sentires que nos modelarán tanto como nuestras huellas genéticas. Un caudal arrollador que nos marcará a fuego, nos seguirá hasta el fin como el nombre que nos dieron, como la lengua que nos enseñaron. He aquí una matriz cultural que nos aprisionará y a veces oscurecerá nuestro entendimiento y nos remitirá al medioevo de las ideas.

Dicen los cofrades de Freud que estas marcas son indelebles. Quizá sea un exceso, quizá sean malformaciones ideológicas de los psicófilos y sólo seamos cautivos de nuestros genes. Quizá, otra vez quizá, estas sinrazones sólo sirvan para expurgarnos y para eludir responsabilidades. Pero más allá de todo exceso, sin duda en la niñez fuimos arcilla blanda y adquirimos las formas de nuestros moldes familiares y sociales, formas que sólo podremos cambiar con esfuerzo y, a veces, forzando gratitudes.

No quiero hablar desde lo personal. Quiero ser amplio para que mis palabras lleguen a todos los lectores, cualesquiera sean las ideas que profesan. Su asentimiento o su disentimiento serán regalos igualmente valiosos para mí, y su indiferencia será el castigo. Voy, pues, a las cosas.

Sobre gulas y dogmas

Lo que es rico no hace mal, decía mi amigo más obeso cuando el plato apetecido estaba a su alcance. Sabía que su sentencia era vieja, pero la picaba y replicaba y comía hasta el hartazgo, hasta soltar el cinto para liberar su vientre. Sólo entonces recuperaba la cordura y juraba que nunca más atentaría contra su salud. Y cumplía ese juramento por el resto de la noche. Así, pues, la gula del comilón da tregua, concede unos intervalos lúcidos que duran tanto como la hinchazón del vientre. Pero la gula ideológica no tolera la luz, no da tregua, te mantiene en la penumbra. La gula ideológica, más conocida como dogmatismo o fundamentalismo según se la refiera a la política o a la religión, tiene su catecismo en esas primeras enseñanzas, en esa segunda naturaleza que quiere acompañarnos hasta el fin.

Conozco gentes así (¿quién no?), golosos de buen comer y dogmáticos de mal pensar; unos, prontos soltadores de cintos, otros, lerdos para entender razones. Unos y otros enemistados con la verdad y angurrientos comedores de sus propias heces.

Y conozco de cerca a quienes, subestimando la historia, desoyendo los ires y venires de la política, no resignan un ápice del bagaje que recibieron de sus padres o del medio social que los cobijó y les dio abrigo y pertenencia. Ellos voltean y voltean en círculos alrededor de una porfía, baten el parche de los viejos tambores y desempolvan los íconos que adoraron sus abuelos y trasabuelos. Devotos de sí mismos, se enamoran de sus ombligos y cultivan en terrenos áridos. Se engañan y, engañándose de esta laya, te mienten con toda sinceridad. No saben que sus ideas y sus anhelos yacen en el basurero de la historia y por eso viven de espaldas a la realidad, ajenos al presente. Estoy hablando de unos y de otros, de blancos y de negros, de rojos y amarillos. Estoy hablando de cómo la segunda naturaleza de los hombres puede derrotar a la razón y negar la verdad.

Sobre necrófilos y nigromantes

Uso la palabra dogma según la primera acepción del mataburros: “Proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia”. Y ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, es el saber, la erudición. De suerte que ningún saber puede ser dogmático, ninguna ciencia es definitiva. Todo sistema de conocimientos debe resistir la experimentación y la comprobación. Si no las resiste y se proclama autosuficiente, entonces está fuera del territorio del saber, es una devoción, un acto de fe, una porfía. Es un dogma. Y mientras no lo arrojemos lejos opacará nuestra visión, diluirá la razón y nos expondrá a frustraciones.

A diferencia de un argentino ilustre, yo creo que las ideas pueden morirse. No sé si cometo un sacrilegio al hablar así, pero creo que hay un cementerio de las ideas donde descansan en paz los trastos viejos de las ciencias, de la política, de las religiones y de las modas. Y creo que hay un lugar refrigerado donde por algún tiempo se guardan esos vejestorios a la espera de que alguien los reclame, un creyente, un fiel, un devoto u otra clase de pariente.

Revisar las certezas que siempre nos acompañaron puede saber amargo, puede despertar sentimientos de desencanto. Derribar castillos trabajosamente construidos a lo largo del tiempo y al calor de la lucha puede parecer una ingratitud, hasta una traición. ¿Pero qué otra cosa puede hacerse cuando la realidad nos manda levantar la picota y allanar el suelo? ¿Quién viste al neonato con las ropas de su abuelo? Hay que poner las ideas en la fragua de la verdad, someterlas a prueba y abandonarlas si no resisten el exorcismo. No hay impiedad en esto, no hay ingratitud.

Lo demás, lo que cae de la mesa de los comensales, es el excremento de la historia que sólo puede agasajar a los necrófilos y a los nigromantes.

Sobre resurrecciones y otras encarnaciones

En la pasada primavera el azar quiso reunirme con dos especimenes bien diferentes y bien parecidos. Diferentes por el objeto de su devoción: uno católico a rajatabla, escrupuloso practicante de las mandas vaticanas, sobre todo de las preconciliares; el otro, comunista hasta el tuétano, llegó a decir que el marxismo-leninismo tenía una correspondencia con la verdad cercana a la de la aritmética. Y parecidos por la devoción con que abrazaban sus respectivas convicciones; con uno y otro podías reflexionar sobre variadas cosas, con tolerancia y benevolencia pesaban y sopesaban razones. Pero si querías controvertir las opiniones religiosas de uno o las políticas del otro, entonces desenvainaban sus espadas.

Cada uno había incorporado a su haber unas certezas que no quería exponer al análisis. Ambos habían sido arcilla blanda, uno del catolicismo duro y el otro del comunismo a ultranza, y su capacidad de percepción de la realidad estaba aniquilada, su libertad de pensar (que es la libertad de elegir y de cambiar) estaba abolida. El presente de ambos atrasaba. Segunda naturaleza que a dos seres sustancialmente iguales los hacía radicalmente diferentes.

Y aun cuando pude amistar y querer bien al católico y al comunista, un límite había entre nosotros. Ese límite era más estrecho para mí. Ellos compartían la certeza de estar ciertos y a mí me amonestaban a dos voces porque practicaba un relativismo camaleónico (sic). Era preferible el dogma a la libertad, la certeza a la búsqueda. Pero algo quedó más allá del afecto: me enseñaron a no aprender de ellos.

Ya comprendes, lector, que no descalifico a uno ni a otro. No podría hacerlo. Que ambos sean bienvenidos al banquete de las ideas. Mi propósito es señalar el desatino de quienes se sienten saciados dentro de sus pequeños mundos sin siquiera sospechar que más allá hay quienes piensan, sienten y anhelan otras cosas.

Creo que cada instante se agota en sí mismo, que el agua del río siempre es otra, que, como lo enseñó Heráclito, “el sol es nuevo cada día”. Creo que no hay redentores mundanos ni ultramundanos, tampoco encarnación ni resurrección de lo viejo. Por eso conviene sacudirse el polvo de los hombros, arrojar las excrecencias de la historia y mirar con ojos nuevos cada cosa, inaugurar la vida cada día, derribar murallas, ensanchar la mesa y compartir los frutos del pensamiento.

Y qué decir de las otras religiones (hago excepción del budismo, tolerante por principio, que le enseña a sus iniciados a dudar de las enseñanzas del mismísimo Buddha), del culto a la libertad de los mercados, del blanquinegrismo radical y de los nacionalismos que están recrudeciendo en la vieja Europa. Qué decir del canibalismo económico que, invocando la naturaleza humana, ahonda el abismo que separa a unos hombres de otros. Y más cerca, aquí nomás, en nuestra casa, qué decir de los que profesan el culto de la descalificación y se atrincheran detrás de unas certezas que no resisten la luz del día ni los experimentos con que la realidad juega a los dados sobre los viejos libros de historia.

En efecto, la gula ideológica no resiste la luz.

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Estetización y mistificación de la vida en el sistema publicitario (Parte II)


Jon E. Illescas Martínez (Jon Juanma. Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Generadora de heterogeneidad unidimensional

“La actitud pequeño-burguesa ante la vida se tipifica por un optimismo sin ideas y sin críticas. Cree que en último término que no tienen importancia las diferencias sociales y, de acuerdo con esto, necesitan ver películas en las que la gente pase, sencillamente, de un estrato social a otro. A esta clase media el cine le proporciona el cumplimiento de romanticismo social que en la vida nunca comprueba y que las biblioteca jamás realizan de manera tan seductora como los cines con su ilusionismo. “Cada uno es arquitecto de su propia fortuna”, tal es su suprema creencia, y la ascensión es el motivo básico de las fantasías que la atraen al cine”

Arnold Hauser (1892/1978) 25

La publicidad adopta innumerables registros, diversos lenguajes formales, visuales y sonoros. Intenta conectar con diferente público, lanza la caña a diferentes piscifactorías previamente construidas por el sistema capitalista. Se trata del fenómeno de pseudoindividualización clásico de las industrias culturales. Pondrá música rock cuando quiera vender un coche para jóvenes o música clásica para promocionar un Mercedes. Será provocativa para vender preservativos y será conservadora para vender suavizantes para la ropa. Pondrá mil caras al extasiado espectador, pero sólo le pedirá una a éste: la del consumidor. Cualquiera otra simplemente no existe para ella. Eres en tanto consumas, eres en tanto poseas, eres en tanto puedas con las dos anteriores.

Esta heterogeneidad que llamo “unidimensional” siguiendo la obra de Marcuse 26 es también clave en la conformación de toda la cultura afirmativa que sustenta el sistema. Cualquiera puede “asomarse” por la ventanilla del televisor y dejarse sumergir en el mundo de colores, paisajes y sensaciones de la publicidad. ¿Cómo no sentirse libre en una sociedad así? El espectador es el centro de atención de todos esos mundos que reclaman su atención de distinta forma. Él elige si hacerles caso o no. Se siente como aquel multimillonario interpretado por Richard Gere en Pretty Woman (auténtico ejemplar mainstream de cultura unidimensional), cuando le dice al empleado que quiere “que le hagan la pelota” 27. Al igual que cuando entramos en un gran centro comercial, “somos libres de comprar lo que queramos”, por supuesto con la “insignificante” condición de poder pagarlo.

Así esta heterogénea formal se traduce en una “falsa apariencia” que una vez pasada por el embudo unidimensional del consumo, nos ofrece un edulcorado zumo rico en “cultura afirmativa”.

Según Berger:

“...su oferta (la de la publicidad) es tan estrecha como anchas son sus referencias. Sólo reconoce la capacidad de adquirir. Todas las demás dificultades o necesidades humanasse subordinan a esta capacidad. Todas las esperanzas se unen, se homogeinizan, se simplifican para convertirse en la intensa pero vaga, en la mágica pero repetible promesa ofrecida en cada compra. En la cultura del capitalismo es inimaginable ya cualquier otra clase de esperanza, de satisfacción o placer.” (Berger, 2007:169)

El arte publicitario como “bella apariencia” sublimada que nos hace olvidar la miseria de nuestras vidas en tanto que seres sociales sujetos a la dictadura de la búsqueda/conservación del trabajo asalariado y nos invita a diversos monólogos donde sólo podemos intervenir a condición de decir “sí”, sí compro”.

Los que entren a una tienda y no compren, considérense maleducados y salgan de la misma con el estigma del asociable, el disidente, el marginal no comprador enfrentado a la imagen de largas colas con carritos repletos. “Eh tú, ¿cómo osas salir del Santo Templo sir haber comulgado (pasado por caja)? ¿Te crees mejor que nosotros?” El no consumidor se marcha con la cabeza mirando al suelo y el paso ágil hacia la puerta de salida con el deseo de que, por favor, no crean que además, ha robado. Al fin y al cabo sería lógico que lo pensaran dentro de la cultura unidimensional, él es un marginal visto que no compró, ¿acaso se pudo sustraer a la atracción y la felicidad prometida de todas esas mercancías? “Imposible, -dirían los consumidores de la cola- ninguno de nosotros lo hizo, ¿por qué iba a poder él?” Realmente inquietante y como sospechoso “no consumidor” se transforma por correlación semántico-social en ciudadano sospechoso y como tal, los agentes del orden están en su perfecto derecho de registrarlo para proteger al resto de “ciudadanos sanos” (dóciles consumidores) y verificar si su actitud se basa en un delito o en una mísera y simple tara. ¿Exageración?

Como dice Carlos Fajardo: “La mística del trabajo se trasmuta por la mística del consumidor como un nuevo control social que interioriza al Centro Comercial y no la fábrica.” (página 7 a la 8) ¿Pero por qué? Entre otras cosas por la burguesización de la clase trabajadora de los países del centro del sistema-mundo capitalista respecto al mayor grado de explotación de los trabajadores de la periferia.

La estetización vital como mascarada

“...la “ciencia social” manipuladora-tecnificada no representa más que la religión de nuestra época (y repitámoslo una vez más: sin sus valores)”

Karl Marx (1818/1883) 28

La filósofa cubana Mayra Sánchez sostiene acertadamente que el proceso de estetización de la vida no es un fenómeno nuevo en el decurso de la historia del ser humano, pero que sí se ha hecho más evidente debido al nivel del desarrollo tecnológico alcanzado por nuestras sociedades (Sánchez Medina, 2004:76) Precisamente por la separación entre función y forma, por el desinterés práctico de la estética kantiana, “estructuraron el mito de su distanciamiento y extrañamiento del mundo” (Ibid, 77) Defendemos en este sentido, como hace la citada autora y la mexicana Katia Mandoki, la necesidad de desvincular a la estética de la parcela divorciada de la realidad donde se encuentra y queda circunscrita exclusivamente: el arte. En palabras de Mandioki:

“La estética, con su teoría del genio y del espacio artístico autónomo; con su desvalorización de la cultura popular y su purismo, consumó, al nivel de la teoría, la expropiación de uno de los atributos innegables del hombre común, su disposición al intercambio de efectos de sensibilidad en las que deviene emisor e intérprete permanente de mensajes sensibles.” (Ibid, 83)

Con los adelantos tecnológicos y la mercantilización de todo objeto y servicio con valor de uso, este proceso de estetización tan humano se ha transformado en una necesidad del sistema de comercio capitalista. De nuevo Mandoki:

“(...) gracias a la universalización del principio mercantil y consumista se extienden a la morfología de los objetos, de las instituciones y prácticas culturales y políticas; que, impulsadas por los medios tecnológicos actúan como quitasoles luminosos que ocultan la realidad del mundo, … pero ciertamente no son inéditas, ¡Siempre estuvieron ahí!” (Ibid)

El elitismo que la idealista estética kantiana posiblitó, permitió que la estetización popular no fuera reconocida como tal y quedara relegada a una especie de folclore de carácter artesanal, delimitando de este modo la epistemología potencial que la estética podía contener como disciplina de estudio. Pero...¿qué tiene que ver la estetización con el encubrimiento?, ¿es toda estetización mascarada? Por supuesto que no. La estetización per se es la huella de la sensibilidad humana, del lirismo del hombre en los productos de su trabajo, existencia y cultura. La estetización como la tecnología o la ciencia no tienen porque servir a uno u otro objetivo, su orientación es política. La ciencia nos puede ayudar a mejorar la vida del hombre o a lanzar la bomba atómica. Cualquiera disciplina del ser humano puede servir para oprimirlo o para liberarlo. Lo mismo ocurre por tanto con la estetización de la vida del hombre. Dicho esto, cierto es como dice Marcuse que los frutos de la tecnología o la ciencia no son objetivos sino que responden a una determinada ideología, ya que, por ejemplo, una ideología o una sociedad pacifista no hubiera creado nunca la bomba de hidrógeno ni la guillotina. 29

Volviendo al tema que centra nuestro estudio, debemos comprender qué ocurre con la estetización de la vida cotidiana promovida por la publicidad. En este ensayo sostenemos que funciona como mascarada social de las contradicciones y miserias capitalistas. Oculta la dicotomía capital-trabajo y centro-periferia del sistema-mundo. Y con ellas, muchas otras miserias sectoriales derivadas de la injusticia permanente que supone la apropiación/acumulación privada de la riqueza social promovida por el sistema hegemónico capitalista.

La magia del esfuerzo invisible: Estetización de la farsa capitalista.

“Por alienación se entiende un modo de experiencia en el cual la persona se siente extraña de si misma; diríase enajenada de sí misma. Ya no se siente centro de su mundo, dueña de sus actos: se ha convertido en esclava de sus actos -y de sus consecuencias-, los obedece y hasta, a veces, los reverencia. El individuo alienado está tan desconectado de sí mismo como de los demás.” Erich Fromm (1900/1980) 30

La publicidad nos sirve una imagen de la sociedad profundamente idílica o quizás enloquecida hasta el paroxismo plano más exasperante, según se mire. Pero lo cierto es que nos presenta un panorama social de lo que a la élite de las sociedades capitalistas les gustaría que pensaran las clases populares que el sistema es, cuando ciertamente no lo es. Por ejemplo, no veremos jamás un parado en un anuncio, tampoco un piso de 60 m2 en un spot de una compañía teléfonica ni un barrio marginal degradado en un anuncio de automóviles. Los anuncios están hechos para el conjunto de las clases populares, pero a los únicos que vemos en los mismos es la llamada “clase media” acomodada, incluso pequeños ricos. Cuando en un spot publicitario aparece una casa, es un hogar amplio, con grandes ventanales que proporcionan iluminación en el interior, muebles de moda y pisos en el centro de la gran urbe europea (o norteamericana) sin nombre. Cuando nos presentan un destino turístico se ven personas jugando al golf, montando a caballo, en saunas y hoteles de cinco estrellas. ¿Y el resto? En el mundo de la publicidad no existen, sencillamente. Aquí encontramos una primera mistificación de la vida por medio de la estética publicitaria. Lo feo, desagradable, poco complaciente del capitalismo no se ve, no existe. La publicidad en este caso vendría a ser el pensamiento ultraliberal thatchertiano elevado a la máxima potencia. 31 El sistema publicitario genera alienación respecto a la realidad del sistema capitalista incluso dentro de los propios países y ciudades. Si algún día los estratos pudientes de las clases populares ven a los marginados de las mismas, será porque se los encuentren por la calle o registrando algún contenedor de basura, jamás en el sistema publicitario. En cambio la publicidad sí tolera a los pobres de otras zonas, de los “países pobres” que como su nombre indica, están compuestos de pobres, pero en los países ricos...no, por supuesto, allí no pueden existir. 32 Y si por casualidad los vemos por la calle, en nuestros barrios acomodados, será una casualidad, una excepción. Si esa excepción llegase a ocurrir sería porque ese pobre, siéndolo en un país rico (por tanto de ricos), será misero por un error personal: porque es drogadicto o perezoso, alcohólico o vago, en definitiva: porque de algún modo “se lo merece”. Eso es lo que le gustaría a la élite que las clases populares pensaran para destruir cualquier iniciativa solidaria o comunitaria que les llevara a cuestionar el sistema. Esto es lo que buscan, pero afortunadamente no significa que lo consigan, las cosas no son tan sencillas como veremos en el capítulo El espectador: Entre la resistencia ciudadana y el consumo. De todos modos lejos está de mi voluntad ocultar sus lamentables e incuestionables logros. 33

La publicidad aparentemente, analizando su discurso, su apariencia (que dista de su realidad) se comunica con un público de la llamada “clase media” 34 y le invita a vivir bien, como pequeños ricos. A todos los que están por debajo los obvia y les invita por omisión a sentirse como ellos o a pensar que algún día serán como ellos. Por supuesto en la medida en que la realidad difiera de la representación, el efecto será inferior y podría llegar a ser frustrante e incluso contraproducente para el sistema publicitario. De todos modos, la publicidad crea la hegemonía falsa de que la sociedad está compuesta mayoritariamente de “clases medias” solventes y pudientes.

La magia del sacrificio invisible: Estetización de la mascarada imperialista.

“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”

Simón Bolívar (1783/1830) 35

Otra mistificación que propone la publicidad como mascarada capitalista es el proceso económico imperialista. Las mercancías son presentadas fetichizadas ya en su acabado final, en su presentación comercial. Y más aún, son presentadas con todo tipo de trucos formales y efectos visuales que tienden a aparentar más de lo que esas mercancías son una vez compradas. Las botellas salen más grandes de lo que verdaderamente son, los coches aparecen irrealmente brillantes desde imposibles perspectivas cenitales, etc. El proceso de producción de la mercancía queda oculto y si aparece como puede ser en el caso de la leche, es para darle ese toque de “autenticidad” místico que posee el campo y los ganaderos idealizados en tanto que “mercancías adyacentes”. “Si compra nuestra leche, tendrá leche natural, se llevara una parte de este bello prado y la sabiduría centeneria de familias de ganaderos” nos parecen decir. Comprando el tetra brick de la leche nos llevamos un pedazo de campo a casa y con ello de salud.

De este modo si el proceso de producción, por lo general queda oculto o brutalmente mistificado como en el ejemplo anterior, quedan ocultas no sólo las relaciones entre trabajador y empresa capitalista (jornadas extenuantes, horas extras obligatorias, maltrato de los jefes, hastío del trabajo como tortura dada la creciente especialización monótona en las fábricas, etc) sino también esas mismas relaciones con los países empobrecidos de la periferia sistémica de donde vienen muchos de los productos que anuncia la publicidad.

Con el neoliberalismo la división internacional del trabajo se potenció y muchas fábricas del centro fueron llevadas a países de la periferia buscando unos costos labores y ecológicos más reducidos. A la par, las empresas del centro buscaban facilidades financieras mayores en los países periféricos de acogida tipo exenciones fiscales, bonificaciones o ayudas a la inversión y la logística, etc. dado que los gastos de transporte se abarataron enormemente a medida también que mediante la OMC los aranceles se reducían o desaparecían. (Klein, 2003) Todo esta realidad imperial tras las estetizadas presentaciones de las mercancías quedan perfectamente ignoradas u olvidadas.

El espectador: entre la resistencia ciudadana y el consumo

“En mi opinión la televisión es muy educativa. Cada vez que alguien enciende el aparato, me voy a otra habitación y me pongo a leer un libro”

Groucho Marx (1890/1977) 36

¿Qué rol juega el espectador respecto al sistema publicitario? Aceptamos después de las críticas de Umberto Eco y Raúl Rodríguez a los teóricos apocalípticos que el espectador ciertamente no está indefenso ni encadenado físicamente al televisor. Una vez comienzan los cortes publicitarios puede apagar el televisor, cambiar de cadena o quitar el volumen. Pero lo cierto es que el “flujo”, la corriente, la sinergia del momento no le llevará a ello, lo cual no quiere decir que una pequeña parte del público, las más conscientes, no lo haga. Pero difícilmente un conductor podrá ignorar tres o cuatro vallas publicitarias que están justo detrás de una señal de tráfico que ha de mirar. Lo cierto es que la publicidad es como aquella persona que intentas evitar, pero te resulta casi imposible, porque te la encuentras todos los días en el trabajo y a la hora de comer.

Claro que existen resistencias publicitarias como es el caso de la conocida revista canadiense Adbusters 37 que se dedica mediante el lenguaje publicitario a ridiculizar las publicidades (en plural atendiendo a las formas) del capitalismo consumista. De todos modos, el sistema encuentra estrategias para protegerse: mediante la “adquisición” de signos revolucionarios una vez vaciados de contenidos (iconografía del Che, estrella comunista, etc...) y mediante la “contención” que viene a ser el disenso controlado y reducido de los grupúsculos anticapitalistas para tenerlos relativamente contentos sin que lleguen a amenazar el sistema (periódicos alternativos, películas “izquierdistas”, etc...) (Rodríguez y Mora, 2002:226) Todo, por supuesto, dentro de los límites permitidos del debate, de las “ilusiones necesarias” que la reducida democracia capitalista puede permitir, como diría Chomsky. 38

Volviendo al espectador como sujeto activo: es evidente que tiene cierto margen de maniobra, más frente a un televisor que pasando las páginas de una revista, más frente a una revista que en la carretera, más en la carretera que una vez que está sentado en un cine a oscuras esperando que proyecten la película que ha pagado por ver y una vez allí, sin escapatoria posible, con Dolby Sorround y todas las luces apagadas, le colocan el anuncio de Coca-Cola. 39 ¿Qué puede hacer allí el ciudadano libre con su libertad?, ¿taparse los ojos?, ¿dejar de ir a ningún cine porque en todos hacen lo mismo? Si bien estamos dispuestos a admitir que el espectador tiene una cierta libertad de respuesta frente a la publicidad como hemos relatado al principio, pedimos a los defensores de la “autonomía del espectador” que nos reconozcan lo limitado de su posible margen de actuación.

Publicidad, fascismo y democracia

“La seva autoalienació (de la humanidad) ha assolit un grau tal que li permet de viure la pròpia anihilació com un plaer estètic de primer ordre. Aquest és el sentit de l'estetització de la política que el feixisme proposa. El comunisme li contesta amb la politització de l'art”

Walter Benjamin (1892/1940) 40

Como hemos visto en capítulos anteriores la publicidad no es sino la estetización de la política del capitalismo, la política del consumo de masas (Benjamin, 1983:71). La publicidad se nos muestra como la más genuina superestructura cultural capitalista, mucho más que las leyes que reglamentan la propiedad, que ya existían de un modo u otro en sistemas socioeconómicos anteriores a partir del Neolítico. La publicidad capitalista es el alma del sistema, el corazón hidráulico que permite a la masa oprimida soñar con que todo es posible en el “mundo libre”. Sin publicidad el capitalismo como lo conocemos en los países del centro del sistema-mundo no podría sostenerse.

En palabras de Marcuse:

“...al injertar la felicidad cultural en la desgracia, al “animizar” los sentidos, se atenúa la pobreza y la precariedad de esta vida, convirtiéndola en una “sana” capacidad de trabajo. Este es el verdadero milagro de la cultura afirmativa. Los hombres pueden sentirse felices aun cuando no lo sean en absoluto” (Marcuse, 1967:70)

Berger, por su parte, afirma:

“La publicidad es la vida del capitalismo -en la medida que sin publicidad el capitalismo no podría sobrevivir- y es al mismo tiempo su sueño” (Berger, 2007:169)

A pesar de la insistente apología liberal que intenta aglutinar en un binomio inseparable los conceptos de democracia y capitalismo, lo cierto es que estas dos palabras significan realidades muy diferentes (cuando no contradictorias) y sólo se encontraron de modo coyuntural en la historia debido a presiones ajenas a la lógica del capital, como lo fueron el auge del movimiento obrero y la pequeña burguesía demócrata de izquierdas durante el siglo XIX y parte del XX. Más tarde, a lo largo del XX y hasta el derrumbamiento del bloque del Pacto de Varsovia, el capitalismo, según palabras del historiador Bernat Muniesa prefirió “cortarse un dedo a perder la mano entera”. De este modo ante la existencia de dos bloques, hasta cierto punto antagónicos, las élites burguesas de los países del centro del sistema capitalista prefirieron permitir ciertos derechos sociales y democráticos a las clases populares ante el peligro de que las masas encontraran refugio a sus demandas en los partidos comunistas y los socialdemócratas de izquierda, con el peligro de emprender el camino al socialismo. Fue de este modo que las élites de los países del centro capitalista aceptaron el keynesianismo económico, aderezado eso sí, con el provechoso neocolonialismo o imperialismo con los países de la periferia. Pero todo ello cambio con el paradigmático momento del derrumbe del Muro de Berlín. Eliminado el peligro de la URSS, comenzó la orgía neoliberal internacional que ya venía experimentándose desde hacía una década en Reino Unido y Estados Unidos con los gobiernos de Thatcher y Reagan, respectivamente. Justo lo que David Harvey llama, en su excelente “Breve historia del neoliberalismo” (Akal, 2007), “una ofensiva de las clases altas” 41, nuestra élite supranacional.

La publicidad es un espacio en definitiva, no democrático, regido por los intereses de la élite del capital para fomentar el consumo de masas, de las clases populares. Es una “no comunicación”, un monólogo encadenado a modo de “flujo”, siguiendo el concepto de Raymond Williams, que nos reclama un comportamiento unívoco: el consumo.

Si la lógica del la publicidad fuera exportada al terreno de la política de un modo exacto, en una perfecta traducción, no exageraríamos al decir que lo resultante sería un régimen político fascista. Un sistema donde los ciudadanos/siervos aceptaran sin protesta los requerimientos de la acumulación capitalista de las élites.

Por tanto ante esta lógica se hace perentorio contraponer a la publicidad otro discurso más democrático de lo público, en el siguiente capítulo desarrollaremos esa alternativa necesaria.

La muerte de la publicidad

“En mi vida privada siento pasión por el paisaje, pero nunca he visto que los carteles embellecieran ninguno. Cuando todo alrededor es bello, el hombre muestra su rostro más vil al colocar una valla publicitaria. Cuando me jubile de Madison Avenue, voy a fundar una sociedad secreta de enmascarados que viajarán por todo el mundo en motocicletas silenciosas destruyendo todos los carteles bajo la luz de la luna. ¿Cuántos tribunales nos condenarán cuando nos sorprendan realizando estos actos a favor del ciudadano?”

David Ogilvy, fundador de la agencia publicitaria Ogivly & Mather 42

Como expresa acertadamente Benjamin, determinadas formas de arte, y la publicidad por mucho que nos pese es una de ellas, si bien quizás no de las más excelsas, desaparecen con el cambio de las estructuras socioeconómicas:

“No siempre hubo novelas en el pasado y no siempre deberá haberlas. No siempre hubo tragedias; no siempre poemas épicos. Las formas de comentario, de traducción e incluso de plagio no siempre fueron variantes marginales de la literatura; tuvieron su función, y no sólo en la escritura filosófica sino también en la escritura poética de Arabia o de China. La retórica no fue siempre una forma insignificante; por el contrario, grandes provincias de la literatura en la Antigüedad recibieron su marco.” (Benjamin, 1934)

Por consiguiente, dado por bueno el planteamiento del esteta alemán, la pregunta que nos hacemos no es si la publicidad como la conocemos hoy morirá o no; sino si debemos acelerar su desaparición. Debemos substraernos del “realismo unidimensional” de la cultura hegemónica y preguntarnos si sería un sano objetivo para el género humano, para la biodiversidad del Planeta 43 y el futuro de la democracia (auténtica) adelantar su defunción. Nosotros creemos que sí y pensamos que a lo largo de este humilde ensayo hemos aportado diversos argumentos para creerlo de este modo.

El “único” problema que nos vamos a encontrar es que para acabar con la publicidad deberemos finiquitar antes el sistema que le da la vida. Esa macroestructura histórica de apropiación privada de la riqueza generada colectivamente, de la búsqueda de la ganancia sin fin y las mayorías esclavizadas con o sin trabajo asalariado, deberá superarse para poder librarnos de la publicidad, la auténtica propaganda capitalista.

Utilizamos la palabra “propaganda” con toda la intecionalidad para levantar la funda aséptica que encubre a la publicidad en nuestras sociedades proporcionándole una coartada de saludable e inofensivo “método de información”. No, la publicidad no es sana información de los bienes de uso, en absoluto, para eso ya tenemos los libros de instrucciones de los productos o sus envoltorios, por no hablar de los clásicos vendedores. La publicidad es al capitalismo actual no ya un imperativo hipotético posible de obviar, sino su auténtico imperativo categórico transmutado del mundo de las ideas al mundo de los hechos. Lo mismo para el consumismo. La publicidad como diría Berger no es tal o cual anuncio sino el conjunto del sistema publicitario que funciona como un lenguaje en sí mismo (Berger, 2007:145) que nos lleva por medio del consumo a la devastación ecológica y a continuar con el estado de guerras permanentes en el mundo.

No tendría, en cambio, función la publicidad en una futura sociedad comunitarista y democrática donde no existiese la propiedad privada sobre los medios de producción ni la herencia. En una sociedad dominada por las necesidades reales del hombre, por el valor de uso y no el de cambio. En este mundo difícil pero alcanzable, la publicidad se tornaría superflua y estéril.

¿Acabará allí toda publicidad? No tiene porqué, si entendemos la publicidad como un medio de dar a conocer cosas al público, de hacer la información pública. Entonces quizás el sueño de Benjamin ejemplificado en la prometedora experiencia del soviético Tetriakov al lado de los obreros y campesinos se pueda hacer realidad. Puede que en ese momento salten por los aires los límites que demarcan los papeles de creador y espectador en nuestras sociedades. Puede que entonces, ambos, se trasformen de la mano, en un círculo de flujo constante en el que sea imposible diferenciar al emisor del receptor, en donde tanto el profesional de su materia como los profesionales de otras disciplinas o puestos laborales viertan sus conocimientos conjuntos en obras hibridas que los conviertan en productores permanentes de publicidad-literatura, publicidad-artes plásticas, publicidad-articulismo, fotografía-poesía, música-reportaje, música-ensayo y así sucesivamente en un sin fin de combinaciones mestizas de géneros que lucharan por dar lo mejor de sí mismos (y sus respectivas tradiciones) en conjunto con otros para poder responder al ser humano en cada nuevo estadio de su progreso social.

Pero en esta sociedad colectiva y democrática necesaria, la publicidad ligada al consumo desaparecería del mismo modo que lo haría la explotación del hombre por el hombre. Entraríamos en una época no del Cielo en la Tierra sino del fin de la explotación y la violencia, del Imperio de la necesidad. Pasaríamos a un mundo donde por supuesto, existirían los conflictos, 44 pues estos nunca acabarán, pero serían solucionables por medio de la cultura democrática y la fuerza de la palabra. Ello sería la gran revolución histórica del homínido como animal superior de la Naturaleza. Revolución que comenzó en semilla con la invención del lenguaje y siguió con la nacencia del tallo mediante el dominio de la agricultura y la ganadería en el Neolítico. Es hora de que pasemos de la Prehistoria del género humano a la Historia, como diría Engels. Nos es urgente que germinen las flores de esa planta mileranaria que eterniza su crecimiento para de una vez poder oler su fragancia exquisita de paz y vida en común. Mientras la regamos, y evitamos que las élites no se lleven por delante todo el campo 45, no podremos más que decir...

muerte a la publicidad de consumo.

Ver también:
- Estetización y mistificación de la vida en el sistema publicitario (Parte II)

Jon Juanma es el seudónimo artístico/revolucionario de Jon E. Illescas Martínez.

Notas:
25. Cita de Hausser: (Hauser, 1969:304/305)
26. MARCUSE, Herbert: El hombre unidimensional, México D.F, Joaquín Motriz, 1968 (1964)
27. La película “Pretty Woman” de Garry Marshall (1990) es el cuento de orígen aristocrático de “La Cenicienta” pero en su reamake capitalista cinematográfico. Realmente es un claro ejemplo de la “cultura afirmativa” de la que hablaba Marcuse y previamente a él, Adorno. Las chicas de “clase media” a partir de su visionado, soñaron con que les pasara algo igual, en el sentido que un rico y apuesto chico se fijase en ellas y las transportaran a donde merecían (la riqueza).
28. (Marx, 2002)
29. Por esa misma razón durante el gobierno revolucionario de La Comuna de París (1871) fue destruida y abolida en acto público.
30. Erich Fromm, en su obra La Sociedad Sana, citado en: READ, Herbert: Arte y alienación, Buenos Aires, Proyección, 1969
31. Margaret Thatcher dijo en 1987: “Existen tres Inglaterras , la de las altas finanzas, la de las clases medias y la de los excluídos: yo gobierno para las dos primeras, y el que nada tenga que nada venga a pedirme, pues nada tengo que darle” (citado en: MUNIESA, Bernat: Diccionario de Historia Actual 1945-2000, Barcelona, Salvat, 2000. ISBN: 84-345-0346-8). El sistema publicitario vendría a decir lo mismo, sólo que con todos los países del globo. Margaret Thatcher fue primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990. Fue una de las precursoras del neoliberalismo político junto a Pinochet en Chile y Reagan en Estados Unidos.
En nuestro Estado más del 20% de la población está considerado por debajo del umbral de la pobreza, ¿dónde están representados estos ciudadanos en la publicidad? Pero lo más indignante sin duda es que en los países de América Latina donde más del 40% y el 50% son personas por debajo de ese umbral y un porcentaje muy significativo en pobreza extrema, el sistema publicitario tiene el mismo discurso de “clases medias”.
32. Hablar de países ricos o países pobres es una mistificación flagrante de la realidad en el sentido de que da a entender que todos sus ciudadanos de un determinado país son ricos o pobres, en bloque, y por tanto comparten destinos “en el mismo barco”. Esto es propio de la ideología de la burguesía que intenta hacer olvidar las diferencias de clase y sus antagonismos mediante la “ideología nacional”. A ella corresponden así mismo la jerga macroeconómica como PIB, RpC y terminología por el estilo que cuantifica y hace pasar por buenos unos datos que no corresponden a ninguna realidad, como si todos los habitantes de ese país tuvieran la misma renta en un comunismo insólito y perfecto. En este sentido las advertencias de Marx sobre la nueva religión de la ciencia y la ideología de los productos de la ciencia “unidimensional” de Marcuse son muy pertinentes.
33. Es interesante estudiar en este sentido las ideologías neofascistas de los hijos adolescentes de los estratos medios de las clases populares. En especial en los casos en que han agredido e incluso asesinado a personas “sin techo” o a empobrecidos inmigrantes. Estos jóvenes a menudo asociales, encerrados en sí mismos, maman la cultura principalmente del sistema publicitario y la mistificación del mundo que provoca la estetificación publicitaria produce que vean a los marginados del sistema como “basura” que no debería existir para que el mundo real coincidiera con la falsa apariencia publicitaria que ellos creen real o por lo menos “inicial” ( la “basura” vino luego, antes no estaba allí, por tanto hay que tirarla al “contenedor”) Por supuesto, esto no sería así si hubieran tenido una educación correcta en su seno familiar, los motivos de la deficiente educación pueden ser varios: desde familias desestructuradas, excesiva permisividad tutorial, etc. Un ejemplo en un reportaje de televisión de la TV3:
http://www.20minutos.es/noticia/219533/0/reportaje/skins/nazis/
34. Utilizamos el concepto liberal mistificador “clases medias” por su fuerte arraigo social, pero lo ponemos entre comillas haciendo notar que los individuos de estos estratos medios, no pertenecen a ninguna clase llamada “media”. O bien pertenecen a la clase trabajadora (trabajadores, agricultores no propietarios, autónomos, etc) o bien a la clase propietaria de los medios de producción (capitalistas con todas sus diferentes gradaciones).
35. Cita de Simón Bolívar: (Señor, 2006:292)
36. Cita de Groucho Marx: (Señor, 2006:98)
37. Página web oficial de la clásica revista crítica canadiense: http://www.adbusters.org/
38. Dice Chomsky: “En el sistema democrático, las ilusiones necesarias no se pueden imponer por la fuerza. Más bien, se han de instilar en la mente del público por medios más sutiles. Un estado totalitario puede estar satisfecho con niveles inferiores de lealtad hacia las verdades requeridas. Es suficiente que la gente obedezca; lo que piensen constituye una preocupación secundaria. Pero en un orden político democrático, siempre existe el peligro de que el pensamiento independiente se pueda traducir en la acción política, de manera que es importante eliminar la amenaza de raíz. No se puede silenciar el debate, y de hecho, en un sistema de propaganda que funcione adecuadamente, no debería silenciarse, puesto que si queda constreñido a unos límites adecuados tiene una naturaleza que sirve para reforzar el sistema. Lo que resulta esencial es establecer los límites con firmeza, La controversia puede imperar siempre que se adhiera a los presupuestos que definen el consenso de las élites, y lo que es más, debería fomentarse dentro de esos límites, colaborando así al establecimiento de estas doctrinas como la condición misma del pensamiento pensable y reforzando al mismo tiempo la creencia de que reina la libertad”. (Chomsky, 1992:64-65) (N.A: El subrayado es mío).
39. Hace menos de diez años uno de los motivos por los que las personas argüían que iban al cine era porque no había publicidad. Hoy en día esto es simplemente una realidad pretérita. La publcidad avanza y cada vez más, llega a terrenos antes virgenes de su incursión. El caso de los deportes también es paradigmático. Hace años, durante las retransmisiones futbolísticas la publicidad se limitaba a las vallas del césped. Después llegaron las pequeñas franjas que aparecían cada cierto tiempo en la parte inferior de la pantalla con alguna animación. Ahora ya es el comentarista quien refuerza con su voz la publicidad gráfica.
40. BENJAMIN, Walter: L'obra d'arte a l'època de la seva reproductibilitat tècnica, Barcelona, Edicions 62, 1983 (1939) ISBN: 84-297-2076-6
41. HARVEY, David: Breve historia del neoliberalismo, Madrid, Akal, 2007 (2005) ISBN 978-84-460-2517-7
42. Cita de David Ogilvy: (Klein, 2001:31)
43. Excelente artículo del profesor de filosofía de la UCM, Carlos Fernández Liria titulado “¿Quién cabe en el mundo” publicado en la sección de Opinión del diario Público el 22 de enero de 2008, en donde se aprecia la insostenibilidad del sistema productivo actual: http://blogs.publico.es/dominiopublico/267/%C2%BFquien-cabe-en-el-mundo/
44. El fin de los conflictos equivaldría al fin de la dialéctica y al final de la vida. Es necesario diferenciar entre conflictos y contradicciones. Por supuesto se puede “tender” a la desaparición de los conflictos, pero jamás a su desaparición. Esta confusión frecuentemente desde el pensamiento unidimensional en sus diversas formas respetables y “realistas” ha permitido que se tachara a los comunistas de ser más utópicos de lo que en realidad son.
45. Pero como todos hemos podido ver después del siglo XX e incluso antes, el progreso no es inevitable. Los relatos teleológicos de la filosofía de la historia deben pasar a mejor vida. Nosotros optamos desde el marxismo-humanista a dar un margen de libertad al género humano compuesto por miles de millones de indivudos a lo largo del orbe. Por supuesto, no somos idealistas ni ingenuos. Sabemos que la libertad está muy condicionada en un mundo de esclavitud asalariada. Afirmamos como marxistas que el ser material condiciona al ser social. Intuímos las enormes dificultades objetivas que enfrentamos si queremos liberar al género humano del yugo de las élites que lo siguen llevando al genocidio día tras día en tantos lugares del Planeta. Sin duda en demasiados. Por tanto sabemos que el sistema, como cualquier sistema anterior de clases acabará, pero de nosotros depende permutarlo hacia un sistema mejor, más igualitario, u otro de corte más autoritario, fascista, quizás neofeudal o neoesclavista pero con la cobertura de la tecnología alcanzada por la ciencia.

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Cambio de turno


Mallela Vanesa (Desde Panamá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Esa noche el caminante estuvo rondando el hospital oncológico. Quería que alguien tomara su turno.

Desde que traspasó la puerta dimensional a través de la cual se encontró frente a frente con la muerte, supo cómo evitar que llegara a su vida el momento final.

La vez aquella que la pitonisa le pronosticó que tenía la muerte a sus espaldas y le dijo que tenía que hacerse santo, lo tomó como una broma o algún artilugio para sacarle plata. Además, lo criaron de una forma en que no creía en esas pendejadas.

Con astucia ponía por delante el caso de algunas criaturas que, desahuciadas, estaban en etapa terminal y pedían que se les concediera el sagrado derecho a dejar de sufrir.

Estaba tan aferrado a la vida, que él mismo no entendía por qué, en medio de las penurias, sufrimientos y necesidades, sentía que talvez era el temor a lo desconocido. ¿Qué pasará después? a menudo se preguntaba.

-No me interesa ser Dios, ni sentirme Dios. Es difícil tener en las manos la decisión de quién vive y quién no-se decía como para convencerse.

Y recordaba a un amigo de su padre. Este sujeto era ex convicto y solía conversar con él cuando niño. Le decía que si se sentencia a muerte a un ser humano por más cruel que éste haya sido, actuamos en contra de nuestra propia naturaleza.

Aquella hermosa mujer le dijo, mirándolo a los ojos:

-¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?-.

Él asintió con la cabeza y bajó la mirada. Luego de un rato de silencio, se atrevió a preguntar:

-¿Qué pasa después?-y como de costumbre, no recibió respuesta.

Perdió a toda su familia en un accidente y, el sentimiento que lo embargó por meses, de querer estar con ellos, ahora se revertía.

Atrás quedaron los aciagos días en que estuvo encerrado en su apartamento, sin probar bocado, ni siquiera agua. Tirado en el suelo, a oscuras, sin bañarse, catatónico, sólo esperando que llegara la muerte a buscarlo para reunirse con su esposa e hijos.

No, no iba a atentar contra su vida, pero sí había decidido dejarse morir. Su mejor amigo lo encontró hecho una piltrafa humana, y conjuntamente con su prometida, lo asearon, alimentaron, limpiaron su casa, y le permitieron llorar en sus regazos.

Le llevaron al médico quien lo auscultó y le recetó antidepresivos.

Su jefe le mandó a decir que volviera al trabajo, que lo necesitaban y poco a poco, comenzó a reincorporarse a la vida cotidiana.

Un día en que había tomado puntualmente sus medicamentos, lo buscaron en casa unos amigos para irse de farra.

No se pudo negar y se fue a disfrutar de las tertulias de la noche. Bebió como un condenado, a tal punto que perdió el sentido y fue llevado cual fardo a casa. No supo cuánto tiempo pasó tirado en su lecho.

Un delgado rayo de luz se posó sobre su rostro y lo despertó, se incorporó sin saber por qué lo hacía y se fue caminando rumbo a una especie de puerta dibujada en la pared. Allí estaba aquella silueta ataviada con ropa oscura, en medio del haz de luz, de pie, hermosa, circunspecta, con esa mirada profunda que calaba hasta el mismísimo cerebro.

-Sabes quién soy-no era una pregunta.

-Sí, te llevaste a mi familia hace algunos meses-se preguntaba si la mezcla del alcohol con los antidepresivos lo estaban haciendo alucinar y para colmo, conversar con la alucinación.

-Mesesss-acentuó el plural- para mí el tiempo ha dejado de ser importante. Sólo cumplo con las instrucciones superiores cuando son giradas, aunque a veces me dejan algún nivel de decisión-continuó-Los seres humanos se la pasan perdiendo el tiempo y cuando les llega la hora, ¡zas!... hasta se acuerdan de todos los proyectos que por pereza no llevaron a cabo.

-¿Me vienes a buscar?-indagó inquisitivo.

-No tiene sentido que me hayas llamado durante meses y ahora que no me esperas, yo venga a buscarte…-.

Respiró tranquilo.

-Pero en efecto, es así-.

Sintió que las piernas le flaqueaban.

-Eres el ser humano más extraño que he conocido, deseaste morir durante tanto tiempo y ahora te aferras a la vida-.

-Y considero sinceramente que esta charla se debe a mi curiosidad-agregó.

-El turno para morir se puede cambiar, pero el programa es cíclico, así que en determinado período volverá el turno que se cambió. Así trabajamos, bueno, así le llamo a lo que hago-.

-¿Serías capaz de cambiar tu turno cada vez que se te diera la oportunidad?-.

-Y ¿cómo se hace eso?-.

-Buscarás quien necesite de mi presencia, más que tú, en un momento determinado-.

-Me imagino que esto debe ser para ti divertido-con sarcasmo en medio de su angustia.

-Sólo quiero medir tu entereza y aprender algo nuevo sobre el género humano: cuánto tiempo lucharás por sortear a la muerte-.

-Te vas a cansar de probarme-.

-Es bueno tocar tu ego, porque te vuelve tozudo, y harás las cosas porque sí. Esa es una forma de inspirar a ciertos individuos. Eso ya lo he aprendido. También he notado que hay algunas personas que, cuando quieren que les crean, juran por la muerte de un ser querido y, siempre he pensado que no tienen idea de lo que hacen-.

-No me creerías que-continuó-ante mi inminente llegada he visto a los más célebres y honorables individuos temblar y tambalearse, he visto a ateos pensar en Dios, he visto a gente perversa dizque arrepentirse de sus culpas. Soy como un cambio químico y no escapo al hecho de que soy un fenómeno genérico que iguala a todos los seres vivos. Creo que soy la perfecta comunista, si me permites el chiste político-.

-Bueno, me retiro, hay algunas personas que reclaman mi presencia, te dejo el encarguito y buena suerte-se fue entre las sombras y luego la extraña luz se apagó.

Su parco interlocutor quedó clavado en el piso, más sobrio que nunca y sin saber qué hacer, pero sabiendo que estaba iniciando una verdadera cruzada de vida o muerte y sobretodo que, por nada del mundo, podría perder el tiempo.

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Toda la vida por delante (En recuerdo de un nuevo aniversario de la primera bomba nuclear en Hiroshima)


Senen Rodríguez (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Su abuela, la señora Matsumi, viuda de un famoso militar de la Armada Imperial, la había adorado desde el nacimiento cuando la recibió en sus manos ayudando a la hija en el parto, como había hecho su madre con ella y como desde siempre marcaban las tradiciones. Y mayor fue el amor cuando la adorada Kimíco falleció de aquella terrible enfermedad dejando a Atsuko con apenas diez años y tan solas a ambas.

Desde ese día fue esa nieta la principal motivación de su existencia. En ella de alguna manera su hija seguía viva, en ella le parecía volver a verla.

Corrían unos años muy difíciles. Pese al liderazgo del Emperador Hiroito, el espíritu militarista dominaba el Imperio. Las guerras permanentes con Rusia y China y luego la guerra con los americanos habían llenado el espíritu imperial japonés de honor y gloria pero desangrado al pueblo y sumido en un sin fin de dificultades la vida de los ciudadanos comunes.

El Capitán de la Marina Imperial Tadayoshi, su yerno, también de familia de militares, en esos convulsionados días pasaba muy poco tiempo en la casa. Ella sabía bien que Tadayoshi la quería como a la madre que no tenía, también del inmenso amor que había profesado por su hija y la adoración sin límites por su nieta. El otro hijo de la pareja, su único nieto, Sasaki, fue a la guerra siendo poco más que un niño y jamás volvió del frente de Filipinas.

Esos días parecían interminables, si alguna alegría quería iluminar su casa hundida en grises, quedaba oculta por una sucesión de penas inmensas.

Morir por el Emperador era un honor, sin duda, pero el dolor lo siguen llevando los vivos y la pérdida del único hijo varón sumió a su yerno, que jamás se había repuesto de la muerte de la esposa, en una tristeza que lo consumía, convirtiéndolo en un hombre depresivo, apático, poco afecto a expresar sus sentimientos. Antes él no era así, ella bien lo sabía, estaba enfermo de dolor, necesitaba evadirse de ese suplicio.

Por eso no le llamó la atención cuando a poco de empezar el año 1944 –le parecía que había sido ayer y ya había pasado más de un año– aceptó de buen grado el ofrecimiento de sus superiores para ir a luchar al frente de Manchurria en el continente, para detener el avance de las tropas comunistas chinas. Era una misión suicida, todos los que se aprestaban a ir a esa zona de guerra sabían que casi seguro no volverían. Y así fue.

La última carta recibida de Tadayoshi venía fechada 19 de enero de 1945 y ya estaban en agosto. Hacía meses que no tenían ninguna noticia. Los permanentes bombardeos y avances del enemigo por el pacífico dificultaban los medios de comunicación y el envío de los correos. Quería negarlo, pero sentía, muy dentro, que él también había muerto.

En el mercado, en las calles, en los barrios, el pueblo comentaba que se estaba perdiendo la guerra, pero los discursos del Emperador lo desmentían, por el contrario, refería importantes derrotas ocasionadas a los enemigos del Imperio.

Dejando de lado estas angustias, este día era muy especial, era un 6 de agosto muy especial porque venía a visitar la casa Kaito Aruki (en realidad venía a visitar a Atsuko, su enamorada) . Tenía un permiso de pocos días antes de volver a la base naval, pero el tiempo que estuvieran juntos, por poco que fuera, para estos jóvenes seria inolvidable.

La novia no podía estar más hermosa, se había preparado para la ocasión con el mayor cuidado. Según le había escrito, Taito Aruki llegaría por la mañana - dependía del transporte que lograra conseguir desde el puerto de Nagoya para llegar a Hiroshima – pero ella sabía bien que de una u otra manera lograría llegar.

Pocos años atrás se habían comprometido en secreto – casi niños ambos – y por estas fechas ya pensaban en toda una vida juntos. Su padre Tadayoshi, que lo sospechaba, siempre mantuvo un silencio tolerante pues le tenía simpatía a ese jovencito que conocía de toda la vida, hijo menor de un compañero de armas, procedentes de una antigua y honorable familia japonesa. Y la abuela era una permanente cómplice, permitiendo secretos, miradas indiscretas, caricias casi imperceptibles, casi inexistentes, pero llamas de amor en esos corazones jóvenes.

Desde que enviaron a Taito Aruki a la base naval no se veían. En esos meses habían intercambiado telegramas y muchísimas cartas de amor. Tenían pensado un futuro sin guerras, sin dolor, pensaban en tener muchos hijos, incluso ya habían elegido los nombres para cada uno de ellos. Soñaban con una pequeña casa que tuviera un hermoso jardín donde retozarían sus retoños. Por eso, luego de tanto tiempo, de esa espera interminable para sus ansias se volverían a ver y la emoción estaba a flor de piel.

La señora Matsumi como buena abuela intentaba calmarla, le decía que estaba hermosa, que no tuviera tantos nervios, pero la jovencita dudaba de todo, de sus pinturas, de su peinado, de su ropa, del color de su joven y radiante piel. Lo esperaba ansiosa.

Una alerta de bombardeo les hizo pensar que no podrían verse ese día, pero los aviones enemigos pasaron sobre la ciudad con otro destino sin arrojar bombas. A los pocos minutos las sirenas callaron.

Matsumi le preguntó a su nieta donde pensaban ir y ella le explicó que saldrían caminando hacia la clínica del Dr. Shima y luego recorrerían el borde del rio Ota y desde el puente Aioi mirarían los barcos, el agua, los pájaros y pedirían a las divinidades por los que estaban tan lejos.

Era un día ideal para pasear, estaba despejado y hermoso, caminarían conversando de mil temas para recuperar todo el tiempo que habían perdido. Luego todo estaba previsto para volver a la casa y tomar un te con su ceremonial típico. Ella sería la encargada de la ceremonia.

El ruido de golpes en la puerta cortó la conversación, fueron nerviosas a ver quien llegaba y si, era Taito Aruki pidiendo disculpas por el retraso mientras inclinaba ceremoniosamente la cabeza hacia ambas. Lo había demorado un atasco por la alarma de bombardeo. Con muchísimo respeto pidió permiso a la señora Matsumi para salir un rato a caminar con su nieta. Ella, muy seria –por dentro encantada– le dijo que no demoraran demasiado, que los estaría esperando con todo preparado.

Atsuko dio un abrazo muy amoroso a su abuela, luego calzó sus zapatos y ya junto a su amado miraron la hora. "Señora Matsumi –dijo él– son las 08:10, volveremos en un par de horas, no preciso decir todo lo que agradezco su apoyo con nuestro amor."

Atsuko se sonrojó, bajó la cabeza, le dijo algo en voz baja y apretando su abanico dejo escapar una risita nerviosa. Está bien, está bien, respondió la vieja señora, vayan que sé que están deseando estar solos y tengan cuidado… acompañó esta última frase con un movimiento de ambas manos como empujándolos a salir. Y no se hicieron esperar, salieron apurados a la avenida, con dirección al río. No utilizaron las bicicletas, querían estar juntos el mayor tiempo posible, disfrutar cada segundo.

La anciana señora los observaba alejarse desde la puerta de la casa familiar deseándoles desde lo más profundo del corazón un futuro más agradable del que a ella le había tocado en suerte. Venían a su cabeza las caras del yerno, de su hija, de su nieto desaparecido y esto recuerdos la entristecían, pero el ver estos jóvenes y pensar en toda la vida que tenían por delante le daba a la vieja señora ánimo para seguir viviendo pese a todo.

Taito Aruki le dijo a Atsuko: “Tenemos solo dos horas para estar juntos y fíjate, ya son las 8 y 15..., hemos perdido cinco minutos y cinco minutos es muchísimo tiempo para todo lo que soñamos este momento” y tomándole la mano firmemente apuró el paso. Ella le recriminó esta acción porque la abuela aún los estaba mirando, pero no retiró la mano y comenzaron a caminar hacia el río. Taito Aruki dijo: "Cuando esta guerra termine podremos cumplir todos nuestros

(El 6 de agosto de 1945, a las 08:16:43 horas explotó sobre Hiroshima la primera bomba atómica que utilizó el hombre contra el hombre. La seguiría la de Nagasaki y por suerte de momento no hemos tenido más "logros" de ese tipo por parte del Homo Sapiens. ¿Sapiens?)

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Algo de música: la guitarra eléctrica


ARGENPRESS CULTURAL

La guitarra eléctrica es, ante todo, una guitarra; por tanto, su estructura y su técnica no difieren sustancialmente de la guitarra clásica. O difieren en parte: ambas tienen seis cuerdas afinadas de la misma manera, ambas tienen una similar técnica para su mano izquierda, que es la que oprime las cuerdas sobre el mango o mástil con similares posiciones; ambas suenan a partir del tañido de las cuerdas. Aquí, en el pulsado de las cuerdas, es donde comienza a diferir: mientras que en la guitarra clásica son directamente los dedos de la mano derecha los que pellizcan las cuerdas, en la guitarra eléctrica es una uña artificial o púa la que arranca el sonido. Siguiendo con las diferencias, mientras en la guitarra tradicional las cuerdas suenan por la amplificación que produce su caja acústica (de madera) y las cuerdas son de plástico y/o de distintos materiales de origen animal, en la guitarra eléctrica esas cuerdas son de metal, y suenan a partir de la amplificación del sonido que convierte las vibraciones de las cuerdas en señales eléctricas debidamente procesadas, que llegan al oído del oyente a partir de medios electrónicos de tratamiento del sonido (amplificadores eléctricos y parlantes).

La guitarra eléctrica fue inventada en Estados Unidos en el año 1920 por Rickenbacker. Los primeros guitarristas de jazz veían que no tenían suficiente volumen para competir con el resto de instrumentos de la banda, por lo que fueron quienes primeramente adoptaron estos nuevos ingenios. Leo Fender diseñó la primera guitarra eléctrica sólida desmontable y con pocas piezas para que los músicos no tuvieran problemas al tener que cambiar piezas del instrumento gastadas o rotas por el uso. Fue así como nació la hoy ya legendaria Fender Telecaster. Luego vendrían otros modelos de esa marca (Stratocaster), y aparecerán también otras marcas como Gibson, ESP Guitars o las japonesas Ibanez, Jackson guitars y Yamaha.

El nuevo instrumento surgido en la década del 20 fue rápidamente adoptado por grupos de jazz y blues de la época. Su creación también permitió luego nuevos estilos musicales, como el rock and roll (en la década de los 50), la música beat (década de los 60) y posteriormente lo que se conocería como música-disco, convirtiéndose en el símbolo de estas nuevas corrientes, y por antonomasia, en el símbolo de la música popular urbana moderna con la enorme variedad de estilos que existen hoy día.

Actualmente, luego de casi un siglo de existencia, ha habido numerosos virtuosos del instrumento: Jimmy Hendrix, Carlos Santana, Erick Clapton, entre otros, pueden contarse como los más conocidos.

Ofrecemos aquí un ejemplo de su virtuosismo en manos de dos famosos guitarristas: Steve Vai (dos piezas) y Joe Satriani.








Autor imagen: VIRTUOSSO


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Exopiélago


Teodoro Santana

El combatiente curtido con el corazón en la boca
se ha metido en una trampa,
ha sido maldecido con una condenación oscura:
ninguna mano acude a sostenerle ahora,
varado en una pleamar seca y solitaria.

La ruina le alcanza y le devora,
despreciado por los dioses blancos
que desembarcaron en estas playas sedientas
antes de que las islas se sumergieran
Fija la mirada en el lavamanos se pregunta
cuánto ha perdido, mientras el viejo dolor sigue fluyendo.

Ya nunca habrá para él puertas abiertas,
ni invitaciones doradas a la mesa de los hombres poderosos,
pero los niños siguen jugando y creciendo,
y sueñan. Ni una caricia, ni una idea, ni beso,
ni una mirada se habrán perdido.
Quedarán a la deriva para los buceadores del futuro,
que excavarán en nuestras derrotas y hallarán sufrimiento,
que excavarán en nuestras derrotas y hallarán sufrimiento,
y verdades equivocadas, y sollozos, y disputas.

Le obligaron a ser salvaje para ser libre,
solo entre las multitudes de un siglo atroz,
uno más de una generación desconcertada
que aún no ha podido probar su valía.

Su nombre se pierde con los años
en el mismo limbo en que amarillea su cara ya olvidada:
remoto de estas gentes está en otra parte,
perdido en los jardines del futuro, con una espada,
sombrío.

De su poemario "Exopiélago". Ediciones Baile del Sol. 2008


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¿La pasión por lo imposible?


Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El Paso, famosa ciudad fronteriza entre Estados Unidos de América y los de México, siempre ha sido el termómetro de la desgracia y la potencialidad del Sur del río Bravo. Las dos caras de la luna.

La segunda y tercera migración de los mexicanos que dejaron su país, en su mayoría, por la ciudad Benito Juárez, llevaron consigo su idioma y su cultura. Los célebres murales de Ciudad de México, que adornan sobre todo El Zócalo, camino a la Plaza Central, hablan mucho más que esa cadena de demagogos y caudillos que hicieron de la política, el fácil instrumento para hacer de la tierra de Pancho Villa y Morelos un teatro del narcotráfico y la corrupción generalizada. La Dictadura Perfecta, como señala Octavio Paz, será superada con una Democracia Perfecta.

En una de las principales arterias de El Paso, en el llamado Segundo Barrio, donde se cobijan los obreros migrantes, los recién llegados, los espaldas mojados, donde los estrechos edificios no ofrecen comodidad, un grupo anónimo de jóvenes pintó un inmenso mural de unos cincuenta metros de largo y ocho de alto, como un homenaje a la llegada del hombre a la luna. Niños jugando a la ronda miraban la luna llena y de la cápsula espacial bajaba el astronauta para plantar la bandera azul y roja con 52 estrellas. En el ángulo superior izquierdo decía: “La NASA en nombre de la humanidad”; y en el ángulo inferior derecho, a un metro de la vereda, con algún punzón, alguien garabateó: "En ese mismo año, 1969, más de 17 millones de niños murieron por hambre".

Muy cerca de ese mural, funcionaba un centro cultural, cuyo objetivo era mostrar la creación literaria, musical y pictórica de México, estimulados por su rico pasado y la fantasía espacial. En las escuelas de El Paso, comenzaron a organizarse excursiones a la NASA y recibir charlas permanentes. Gracias a la investigación, los astrónomos enseñan que los planetas se pueden formar en sistemas binarios de gran separación, en los que las estrellas están a distancias 1,000 veces mayores que la distancia de la Tierra al Sol, ó a 1,000 unidades astronómicas. Hasta hace poco, casi nada se sabía acerca del efecto que la cercanía de las estrellas podía tener en el crecimiento de planetas.

Otra referencia. En su discurso de asunción de mando, Obama dijo que pese a la depresión no se reduciría el presupuesto de las universidades, excelentes núcleos de la investigación.

La UNESCO en la reciente Cumbre Mundial de la Educación Superior ha concluido que uno de los peores desaciertos del liberalismo ha sido privatizar la educación, con el consiguiente descuido o despreocupación de los Estados en aumentar los presupuestos en este sector.

La revolución tecnológica de las dos últimas décadas, que permite el libre discurrir de la información, es una de las consecuencias positivas de esa poética aventura de querer la luna alcanzar, que inclusive formó parte importante de la Guerra Fría. Google Books, ha comenzado a colocar en el ciberespacio parte de los libros huérfanos. Es un buen comienzo, que debería llevar a la configuración de un nuevo derecho de propiedad intelectual para los creadores en vida y descendientes.

Repasemos algunas cifras destinadas a la investigación y desarrollo. El Perú solo invierte US$4 anuales por habitante para investigación y desarrollo, Brasil supera los 60 dólares, Chile alcanza los 25 dólares y Argentina bordea los 30. Mientras que EEUU invierte por ciudadano 1.200 dólares al año. Este año se celebran, entre otros hechos importantes, las cuatro de conquista a la luna y 124 años de la inmolación de Daniel Alcides Carrión, quien acabó con su vida al inocularse la sangre de una paciente infectada con verruga, demostrando con su lenta agonía que esta y la fiebre de La Oroya, eran la misma enfermedad. En La Oroya, la décima ciudad más contaminada del planeta, y otras zonas del Perú la verruga sigue siendo una enfermedad aún incurable.

¿Es factible integrarse al sueño de un mundo mejor? Es posible, recordando, por cierto, a Lamartine, quien al hablar de Los Miserables considera que "la más homicida y la más terrible de las pasiones que se puede infundir a las masas es la pasión por lo imposible".

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Huidos y alzados: la esclavitud en Canarias


Liberto (Desde Artevigo, Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Recientemente un amigo muy querido, aunque solo sea aún virtualmente, me comentaba que él tenía una idea muy distinta a la que yo le planteaba (con argumentos), de lo que era Canarias; el Archipiélago Canario.

Yo le aclaré que esa visión idílica de nuestra tierra no era falsa, tan solo que no se correspondía con toda la verdad. Mi amigo lo entendió al instante. No es lo mismo que te hablen de las Islas personas que tienen un cierto status económico y social y laboral, que lo haga una persona que en el boom de los sesenta en Canarias, se vieron obligadas a una migración interior. Muchos canarios que nacieron y se criaron en el campo canario, se fueron a las zonas del sur de Gran Canaria o de Tenerife o a sus capitales en busca de mejores condiciones de vida. Es obvio que las respuestas no van a ser iguales de personas nacidas en la ciudad y por lo tanto con cierta ventaja de los que tuvieron que irse allí forzosamente -casi con lo puesto y sin un trabajo fijo- que de personas nacidas, criadas y educadas en esas dos grandes capitales canarias....

Podría parecer que exagero, pero a las pruebas, a la tozuda, implacable realidad me remito, los remito. No-solo no van a ser iguales los puntos de vistas, las visiones, las experiencias de unos de y de otros sino que pareciera que hablasen de sitios, de lugares distintos, distantes.....y ambos hablan de Canarias....

Desgraciadamente no hablo de oídas, de leer, o de ver, sino de experimentar. de convivir...de conocer ambas realidades....Y es duro. Muy duro. Es cierto que nuestros amigos, familiares, conocidos ya no tenían que cruzar el Atlántico, como desde principios del siglo XX hasta en los cuarenta y cincuenta, pero no dejaba de ser un trauma....Sino no se entiende que todos estos migrantes interiores desde que tienen la oportunidad o se jubilan regresan a sus poblaciones de origen...

Pues esto es nada más y nada menos que los últimos coletazos de lo que fue la cruel, infame, vil ESCLAVITUD EN CANARIAS.

Algunos se preguntaran que tiene que ver una cosa con otra: reflexionen un momento y encontraran las respuestas: desde la Conquista y la Posterior Colonización los nobles, terratenientes y demás poderosos querían recuperar lo invertido en las distintas arribadas a las islas:

En un primer momento lo más rentables eran los cultivos de azúcar. Las necesidades de mano de obra para hacer las tareas más duras en su plantación y recogida, junto a la desaparición de gran parte de la población aborigen, entre otras causas, dieron lugar a la entrada de esclavos africanos.

(Los cronistas recogen que aunque en un primer momento la transculturación fue espontánea, no todos van a tener el mismo carácter. Las incursiones esclavistas que desde los primeros momentos azotan al Archipiélago, propician otro tipo de aculturación, de tipo violento e individual con los esclavizados, que arrancados de su lugar de origen son obligados a vivir en otro diferente y desconocido al suyo. En realidad, aquí no existe intercambio, limitándose a ser la mera imposición de la cultura del captor sobre el aborigen).

Según los historiadores de este oscuro periodo de nuestra historia, coinciden en afirmar que en el segundo momento del proceso acontece después de la conquista, bajo una forma de denominada “aculturación compulsiva”, en la cual el grupo dominante no deja opción al aborigen para seguir la vivencia de su cultura, sino que IMPONE LA SUYA DE MANERA TOTAL.. LA CONQUISTA VIOLENTA SUPONE LA RAPIDA IMPLANTACIÓN EN LAS ISLAS DE UNAS ESTRUCTURAS SOCIALES, ECONOMICAS Y POLÍTICO-JURIDICAS TOTALMENTE NEVAS Y AJENAS A LAS ANTERIORES.

Es necesario, desde el punto de vista de los conquistadores, acabar totalmente con la cultura aborigen como única manera de rentabilizar la empresa de asentamiento. Este CAMBIO SE DEJA SENTIR SOBE TODO EN EL ASPECTO ECONOMICO AL INTRODUCIRSE UN SISTEMA DE PROPIEDAD PRIVADA QUE ES AJENO A LOS CANARIOS. ESTE LE QUITA SUS TIERRAS, SUS PASTOS, SOMETIÉNDOLOS AL TRABAJO COMO ESCLAVOS O SIERVOS O EXPULSÁNDOLOS DE LA ISLA ALEGANDO QUE REPRESENTAN UN PELGRO SOCIAL. ,

Aunque la reacción aborigen no es unitaria, ni siquiera dentro de una isla. Solo aspectos como la liberación de esclavos por sus hermanos de sangre o la protesta colectiva de grupos aborígenes nos muestra cierta cohesión étnica.

La conquista y la aculturación compulsiva (un eufemismo para no decir que los invasores consiguieron sus fines basándose en mentiras, argucias, falsedades. y fuertes castigos a los que no se sometían....), supuso una doble reacción de los aborígenes: en lo colectivo con la huida a sitios inaccesibles, la fuga de la isla, o el paso de la población desde los bandos de guerra a los bandos de paz, lo que para mas colmo dio oportunidad a los conquistadores para atacar y esclavizar a sus habitantes, acusándolos falsamente de encubridores..

De manera individual, aparte de los suicidios (aquello de prefiero morir de pie que vivir de rodillas que ya nuestros antepasados mostraban cuanto apreciaban vivir en Libertad....o el lema más moderno de Patria o muerte).

El esclavo es considerado comúnmente un marginado social y sobre él recaen los apelativos de vago, hechicero o rebelde, especialmente por las frecuentes tentativas de huida y alzamiento.

Pues desde este periodo se ha continuado perpetuando el sistema económico que fuese más rentable a los terratenientes: si primero fueron los ingenios azucareros, después vendría la cochinilla, los vinos, hasta los sucesivos monocultivos que interesaran a los dueños de los capitales, jamás pensando en el bien general de la población...

Por este motivo, a los que tenían el dinero en Canarias en esos sesenta y setenta para nada tampoco tuvieron en cuenta a la mayoría de la población canaria: si a principios del siglo XX introducen en algunas poblaciones el cultivo y la comercialización del tomate, y en las capitales y en las zonas del sur de las dos grandes islas surge un incipiente turismo, es siempre pensando en obtener los máximos beneficios, con la menor inversión y utilizando la menor mano de obra.

Y más aun cuando Canarias todavía era considerada una Colonia de Ultramar cuya metrópolis era/es el estado dictatorial franquista.

Por todos estos motivos, pienso y siento que mis Familiares son los (esclavos del siglo XX, con las leyes formales que le otorgaban ciertos derechos....) que fueron llamados por esos cantos de sirenas de los sesenta y setenta en los lugares turísticos y en las dos grandes capitales hoy DIA muchos jubilados- quisieran volver al cacho de tierrita que dejaron cuando si hubieran podido decidir no se hubieran marchado. Es más. Bastantes de mis familiares unos, desgraciadamente no pudieron ver cumplido ese último deseo de vivir –sólo han venido a descansar a “su” Cementerio, con sus antepasados- en su pueblo, sin embargo otros sí que han visto cumplido ese fuerte anhelo. Y hoy viven felices en el cacho de tierra que dejaron cuando tuvieron que marchar. y no por gusto...NO POR GUSTO...Y PA´LAS TRES PERRAS DE MIERDAD QUE LE PAGAN POR LA JUBILIZACIÓN, A LAS QUE NO QUEDARON VIUDAS...

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¿Qué busca Uribe?


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Son muchas las razones que demuestran que América Latina ya no es la Cenicienta obediente del pasado. Con sus matices, gobiernos y pueblos (en buena parte) caminan rumbo a la consolidación de un polo cultural propio. América Latina, cada vez más, se libera de los tutelajes. Ya no se aceptan excusas ni imposiciones. La región ha asumido la izquierda (con sus matices) y parece encaminada, popularmente, a profundizar, en forma y fondo, una idea progresista a la latinoamericana. Por ello (y por mucho más) cuesta entender la lógica que mueve al presidente de Colombia a servir de puente para que militares estadounidenses utilicen bases del país que dirige.

América Latina se está jugando su destino. Ha llegado la hora de discutir la región puertas adentro. La Europa y los Estados Unidos del siglo XXI deberán comprender que andamos buscando, a nuestra manera, lo que ellos lucharon hace algún tiempo: el bienestar. Y ya no se aceptarán dictaduras ni invasiones. América Latina tiene mucho que compartir con el mundo. Y lo va a compartir. Pero antes discutiremos, entre nosotros, las formas y los fondos. Sería importante que el nuevo presidente de Estados Unidos fije posición sobre este tema. Hace falta algo mucho más complejo (y responsable) que una sonrisa para lograr la comprensión entre los países.

Álvaro Uribe, en nombre de ninguna cacería, puede pasar por encima de la historia. Todos los países de la zona, por muy que lo contradiga el Perú que fantasea Alan García, tienen el derecho de exigir la no participación de militares estadounidenses en territorio latinoamericano. Los pueblos del continente (sobre todo los mismos colombianos) tenemos el compromiso de evitar que Álvaro Uribe, una vez más (y de manera peligrosa), contradiga la historia. Y en eso andamos.

Que nadie lo olvide: la América Latina del siglo XXI, en lugar de rezar, piensa y camina.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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Otero Silva: La muerte de Honorio


Daniela Saidman (DIARIO DE GUAYANA)

“El Barbero los escuchó pensativo, evidentemente conmovido bajo las tolvaneras de ternura que el solo nombre de su hijo despertaba en sus cuatro compañeros de cárcel”, narra Miguel Otero Silva (Barcelona, Venezuela, 26 de octubre de 1908 - Caracas, 28 de agosto de 1985), en uno de los pasajes de La Muerte de Honorio, publicado en 2000, en su primera reimpresión, por Monte Ávila Editores.

La muerte de Honorio, cuarta novela del escritor venezolano, es un llamado de humanidad, una caricia lenta, un batir de alas en medio de la brutalidad desatada por la dictadura de Pérez Jiménez.

Otero Silva, escritor del compromiso, supo abrazar la palabra para decirnos que era posible seguir luchando y conquistar así, los sueños. Lo dijo desde la pasión infinita de quien se sabe libre para enumerar las verdades, para elevarlas en las alas de los pájaros que cruzan nuestros horizontes.

Cinco hombres y cinco historias yacen leves en las páginas de este libro. Llegué a ellas en la adolescencia y marcaron cálidas y desgarradas los años que vinieron después, supieron desatar las preguntas que aún no tienen respuestas y limpiaron con sales y ojos, los dolores de otras geografías. Lectura imprescindible es La muerte de Honorio, porque sabe de amores y tormentos que no cesan a pesar de la mordaza, del silencio, de la oscurana, del hambre y del miedo. Aquí lo más humano de los humanos, su grito y su recuerdo, surcando el papel que dice presente, aunque nos hayamos ido.

“Tras dos meses de encierros en las bóvedas del fortín, me anunciaron el veredicto del tribunal militar. (…) y se me condenaba a doce años de cárcel. Pero lo dictadura se vendrá abajo muchísimo antes de esos doce años y yo regresaré al ejército a castigar a quienes mancharon sus charreteras con sangre de crímenes y botín de saqueos”.

El Periodista, el Barbero, el Tenedor de Libros, el Capitán y el Médico son los personajes que van hilando sus historias, una tras otra entre las cuatro paredes de la prisión que los contiene. Cada uno describe las torturas recibidas, pero sobre todo sus sueños, sus ganas, sus verdades, que no son más distintas ni distantes que las nuestras, sus lectores. A través de ellos reconstruimos esa Venezuela de rejas y angustias, ese país que no habrá de volver a ser, porque aprendió a resistir y a resistirse a la violencia y a la hecatombe.

Otero Silva, periodista y narrador, abordó el tiempo que fue para que aprendamos a recordar mejor, porque la desmemoria nos condena a repetir el pasado. De la lectura de este libro siempre queda la conmoción, el asombro y la certeza de que la fuerza no puede ser la razón, sino su viceversa.

Honorio mantiene viva la esperanza entre los otros cuatro, aunque sea un invento del Barbero, de sus ganas, de su imaginación o la narración necesaria a falta de otras. Es una tregua, un espacio de tiempo para permitirse la ternura y la cotidianidad que extraviaron muros afuera.

“La noche de la muerte de Honorio un presentimiento daba tumbos contra las paredes del calabozo, como un pajarraco oscuro y torpe”.

A pesar del encierro la voz humana siempre tiene algo que decir. Algo guardado en el recuerdo o en las entrañas clama por brotar y ser oído. La historia y el tiempo que será a veces duermen y a veces estallan como un ronco alarido de la tierra.

“¿Cuántos hechos trascendentales estremecían al mundo? ¿Cuántos grandes hombres morían? ¿Cuántos libros extraordinarios se escribían? ¿Cuántas conquistas científicas realizaban los sabios en sus laboratorios? El latido de la historia se había detenido bruscamente para ellos como las manecillas de un reloj sin cuerda”.

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¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (VI Parte)


Ricardo Vicente López (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Quiero decir con lo que llevamos hasta acá, que la creencia de una gran parte de la gente sobre qué es el saber científico luce de tal modo que lo convierte en un saber casi perfecto, inconmovible, omnipotente, insustituible en la interpretación general del mundo, que desvaloriza a los otros modos del saber. Poder comprender que la vigencia de muchas teorías se mantiene mientras no sean refutadas, relativizaría en el saber popular su validez absoluta, pero éste tiene poco acceso a estas variaciones y novedades. Por ello, la ideología del cientificismo los presenta como el saber por excelencia y arroja a las otras formas al desván de los trastos viejos. La enseñanza, en los niveles primario y secundario, que configura la plataforma de muchos saberes de la gente a lo largo de la vida, pese a la publicitación de documentales que hacen algunos medios, está sostenida por esa ideología en la que se basa el saber no profesionalizado. Entonces, insisto, la estrecha relación que se ha dado desde sus comienzos entre la cultura moderna y la ciencia es lo que avala lo dicho. Un historiador e investigador de la talla del estadounidense Immanuel Wallerstein sostiene: «Hace mucho que se aceptó la idea de que el ascenso de la ciencia moderna y el del sistema mundial moderno eran fenómenos coordinados y estrechamente ligados. La ciencia, tal como la hemos conocido, es la expresión intelectual por excelencia de la “modernidad”». Esta lógica, que creó la mentalidad moderna, es el marco a partir del cual se disparan las críticas que recibe un pensamiento que se aleja tanto de ella como es el tema de Dios.

Por ello aquellas disciplinas que no comparten esa lógica quedan en un nivel inferior y son poco apreciadas. Este proceso de la conciencia moderna da lugar a dos posibilidades de enfrentar el tema divino: los que se aferran a las explicaciones mágicas de los diversos catecismos se conforman con las respuestas de la ortodoxia dominante, y, aquellos que tienen una mayor exigencia de racionalidad acorde a los postulados de la modernidad, son los que exigen pruebas imposibles y se aproximan al grave riesgo de caer en el escepticismo. Salir al cruce de esta falsa alternativa es lo que voy intentando en estas notas, para ayuda de aquellos que todavía se mantienen con ciertas expectativas de encontrar otro camino superador. Esta tarea me impone seguir los meandros que elijo para llegar mejor equipados a una comprensión más satisfactoria y, para ello, recurriré a personalidades académicas de prestigio internacional. La necesidad es tal que nuestro historiador afirma: «Tal vez debamos recuperar aquella parte de la tradición aristotélica dedicada a la búsqueda de las causas finales. Puede que incluso tengamos que admitir que existe un conocimiento distinto y anterior al conocimiento científico. La ciencia tal como la conocemos es una invención de nuestro mundo moderno».

En consonancia con lo expresado, y desde la acera opuesta las palabras de González Faus vienen a cuento de la necesidad de abrirse a otros modos del conocimiento: «Los hombres del siglo XX, deslumbrados por la eficacia dominadora de las ciencias, creyeron que podrían apresar el misterio del hombre reduciéndolo a un problema. Con ello, el misterio dejó de ser efectivamente misterio, pero, a la larga, el hombre iba dejando de ser hombre. Y la tierra fue dejando de ser casa, y la vida fue dejando de ser vida. Pero todo esto era también obra del hombre». El teólogo alemán Johan Baptist Metz agrega: «El así llamado “hombre actual”, es decir, el hombre de nuestro mundo burgués tardío, tensionado entre desesperación y compromiso, apatía y amor mezquino, entre autoafirmación sin contemplaciones y solidaridad débilmente desarrollada, desorientado y más inseguro de sí que hace algunas generaciones, al punto que no quisiera ser su propio descendiente» es este hombre el que, aunque no tenga plena conciencia de ello, requiere una comprensión más profunda de sí y las ciencias no se la ofrece, porque no puede.

Volvamos a González Faus: «Trascendencia e inmanencia, distancia y cercanía, escondimiento y contacto, van manteniéndose así inseparablemente ligados en todos los desarrollos que aluden a la presencia de Dios en el mundo y a la relación del hombre con él». Porque se comienza a comprender lo que quiso expresar Atahualpa Yupanqui al decir: «Dios es aquello que sólo el silencio nombra». Pero si esta definición pudiera ser aceptada por el creyente que va tras la búsqueda del encuentro con Dios, no da respuesta para aquel que se siente sólo y abandonado de la “mano de Dios”. Por tal razón, por la necesidad de abrir vías más cercanas de acceso, otro teólogo, Urs von Balthasar (1905-1988) criticaba con estas palabras a muchos teólogos que no ofrecen esas respuestas posibles: «Representantes de una cobardía que es pasar de largo ante toda la angustia y el extravío de la época, sordos a sus llamadas quejosas, para seguir desarrollando una teología de sonriente serenidad, desprendida del presente». Entonces, la teología es el estudio del hombre «que consiste no tanto en mirar a Dios cuanto en mirar el mundo con la mirada de Dios». Esto puede sonar a palabrería vacua, lo que se propone decir es que el intento de aproximarse a Dios no logra su apresamiento, sino que es una experiencia que percibe la transparencia de las cosas al ser vistas con otra mirada.

La cita de Yupanqui, de claro origen oriental, coloca el acento en la imposibilidad de hablar de Dios y esta imposibilidad radica en el concepto misterio, es decir aquello que es imposible conocer. Pero, la cultura moderna (perdón por las reiteradas veces que vuelvo a ella, pero es la referencia obligada), alucinada por los grandes avances de la ciencia en el terreno de la física, creyó poder descartar la posibilidad de una dimensión vedada al conocimiento humano, convencida y amparada en la máxima galileana que reza: «todo lo que se pueda conocerse debe conocerse, todo lo que pueda producirse debe producirse», dejando lo que no se lograse hoy al seguro develamiento posterior. Esta operación de la conciencia logró expulsar la fe como modo de conocimiento, pero la terrenalizó en su dimensión temporal hacia un futuro que no quedaba demostrado racionalmente como certeza de conocimiento. La fe vertical y teológica quedó convertida en fe científica, pero fe al fin. Y en última instancia, si persistiera el misterio, se debería a un problema mal planteado o inexistente como tal. Este clima de certezas soliviantó la conciencia de los hombres a partir del Renacimiento y llegó a su máxima expresión en los ilustrados del siglo XVIII.

Si la tradición oriental, probablemente el budismo como uno de sus modelos más cercanos a remitirse al silencio de Dios, entendió y aceptó esa imposibilidad de decir algo acerca de ese misterio, la tradición judeo-cristiana lo planteó de otro modo reconociéndole al humano, imagen y semejanza, la capacidad de desentrañar parte de ese misterio. Por lo menos, intentar una interpretación de él, tomando como referencia ciertas manifestaciones, iluminaciones, aperturas de la conciencia humana, que los rabinos entendieron como una revelación, como ya dije anteriormente y remito a ello. La tradición oriental ha mantenido un gran desprecio por la vida terrena y una sobrevaloración de una vida posterior, se manifieste de cualquier manera que sea según las diversas corrientes religiosas. A diferencia de esta, los hebreos valorizaron mucho la vida terrena y dentro de ella su forma privilegiada: la humana. El hombre había sido el fin de toda la creación y la obra cumbre. Esta primacía, que no se encuentra en la cultura helena tal vez por su origen ario, abría el campo de la reflexión sobre el tema del hombre, diríamos hoy con lenguaje moderno a una antropología, disciplina de origen y cultivo occidental heredada de la vertiente semita. El tema del hombre y de la vida en la tierra como legado de Dios otorgó a este pensamiento un papel central en la sabiduría. Cabe agregar que el humanismo renacentista es hijo directo de esta concepción judeo-cristiana, fue por ello esencialmente un humanismo cristiano, que no se ha podido encontrar en otras culturas de la época, ni anteriores a ella .

Sin embargo, la dificultad que encierra el tratamiento del tema Dios no escapa a la conciencia de nuestros mejores teólogos, sobretodo el problema del lenguaje humano y sus limitaciones, lo que lleva González Faus a decir: «podemos añadir tranquilamente que, por supuesto, la mente humana no puede pensar ni hablar de Dios más que categorizándolo. Los hombres no podemos superar esta limitación, pero al menos podemos ser conscientes de ella y detectarla cuando actúa». Esta toma de conciencia debe funcionar como una advertencia respecto a no excederse en lo que se dice. Si se recuerda la afirmación de este teólogo, respecto al conocimiento exagerado de otros, se entenderá mejor lo afirmado.

Por lo dicho hasta ahora partamos de la afirmación de González Faus: «Yo vengo de una cultura que tiene más preguntas que respuestas. Sólo tomando en serio esas preguntas tiene sentido la esperanza, porque para las preguntas para andar por casa basta con el optimismo de la razón. Y eso ya sabemos a dónde nos lleva». Nos está empujando a hacernos cargo del menosprecio de la modernidad respecto de muchas de las preguntas que fueron tiradas al cesto de la basura, por inútiles, sin sentido, inservibles, improductivas, infecundas, y, por todas estas razones, abandonadas. Pero la conciencia humana guarda en lo profundo exigencias de modos de comprensión más abarcadores que la linealidad de la razón científica. La filosofía y la teología, digo una vez más, se hicieron cargo durante siglos de la búsqueda de respuestas posibles que tranquilizaran esa conciencia, y las respuestas encontradas, con todas sus limitaciones, obraron como un bálsamo. Entonces, el avance arrollador de la ciencia impuso un solo modo de responder y éste no podía hacerse cargo de esas preguntas. Por eso dice nuestro teólogo «Y eso ya sabemos a dónde nos lleva», sobre esto ya algo quedó dicho.

Volvemos a encontrarnos con la tarea que desarrollan los que intentan dar esas respuestas hoy desde la ortodoxia dogmatizada, en gran parte de los casos, para las que se hace necesario los esfuerzos sobrehumanos para aceptarlas. Entonces, ese hombre de hoy que sigue preguntando debe acallar la conciencia ante la experiencia de una ortodoxia vetusta, que sigue hablando sin darse cuenta que ya llegamos a los comienzos del siglo XXI, y que los argumentos medievales carecen de sustentabilidad y que la magia es poco creíble. Siento que toda esa gente está desamparada en su búsqueda de una trascendencia que no se estrelle contra el avance de la ciencia, ni deba cobijarse en un pasado fundamentalista. Es necesario que la fe se desentienda de ambas cargas y enfrente desde su profunda sabiduría un modo distinto de creer mucho más humano. Debemos tomar como punto de partida una doble intromisión que González Faus la plantea así: «Si los teólogos habían querido absorber el campo de decisión científica, los científicos invadieron muchas veces el campo no sólo de la teología, sino de la filosofía, al erigir la ciencia en única forma de conocimiento y única posibilidad de afirmación para el hombre». Es decir, si durante siglos la Biblia fue la única explicación aceptada sobre el funcionamiento del cosmos y de la naturaleza, los últimos siglos la ciencia intentó ser la única explicación del mundo de lo meta-físico (de lo que está meta=más allá; físico=mundo material). Ambos excesos nos han dejado ante la profunda duda de qué debemos aceptar y creer. Optar por una de las dos posibilidades, como únicas posibles, es la razón de la encrucijada en que se encuentra el hombre de hoy.

Superar esa dicotomía nos exige comprender y aceptar la dificultad que señala nuestro teólogo: «El drama de la teología es que a la fe le interesa lo meta-físico, pero este campo de interés no puede expresarse sino con lenguajes físicos. Y el drama de la ciencia es que a ella le interesa lo físico, pero este campo de interés no puede expresarse sino con implicancias metafísicas». Veremos más adelante como la ciencia física ha llegado a un límite en el que el lenguaje clásico no le alcanza para hablar de lo que va descubriendo, pero otro tanto le ocurre al lenguaje teológico. Entonces, me parece oportuno recurrir a la siguiente reflexión que nos ofrece el sacerdote español, Enrique Martínez Lozano, psicólogo y teólogo: «Hemos llegado, pues, al punto decisivo, para éste y para otros tantos asuntos. Y, a mi modo de ver, la solución pasa por abandonar la arrogante pretensión de poseer la verdad absoluta, para percibirnos todos como buscadores de la misma. ¿Esto provoca inseguridad? Sólo a quien se aferra a una seguridad cerebral. Pero, por otro lado, ¿no es necesariamente insegura la condición humana? Bajemos de los púlpitos, para empezar a descubrir que la verdad no es algo que se tiene en la cabeza -en fórmulas aprendidas y en dogmas repetidos- sino algo que se vive en un comportamiento humano de calidad». Lenguaje llamativo pero que apunta hacia una salida posible de esta discusión que se ha quedado encerrada en los moldes del siglo XVIII francés, el de los Iluministas.

Sigue nuestro pensador: «Si lo que ocurrió con la Modernidad fue que todo lo espiritual fue reprimido, la salida pasa por la des- represión. La Modernidad lo reprimió porque el nivel mítico de Dios era terrible y el daño provocado por la Iglesia en nombre de ese Dios, espantoso; la Ilustración lo rechazó. “Recordad las crueldades”, era el lema de Voltaire. El error grave de la Modernidad consistió en que identificó todo lo religioso con aquella divinidad mítica institucionalizada en la Iglesia medieval. Ello condujo a una descalificación de lo espiritual y, consiguientemente, a un tremendo empobrecimiento de lo humano». Debemos reparar en estas palabras, volverlas a leer para recuperar una sana crítica a las verdades en las que quedaron encerradas tanto la defensa del nuevo paradigma de la modernidad frente a la defensa cerril de una iglesia que se negaba a ver el nuevo camino que se abría para el hombre.

Creo que hemos llegado a un punto de nuestro recorrido en el que se nos torna imprescindible hablar de un concepto que se puso de moda a fines de los sesenta con el libro de Thomas S. Kuhn (1922 - 1996), destacado epistemólogo estadounidense, quien sostuvo la necesidad de analizar toda respuesta científica dentro del paradigma dentro del cual fue formulada. Un paradigma puede ser definido como una especie de teoría general que, por su amplitud, cobija dentro de sí una gran parte de los fenómenos conocidos y puede proporcionar respuestas útiles dentro del contexto en el que son formuladas. Funciona como una especie de filtro a través del cual se seleccionan los datos que aparecen como coherentes para comprender una realidad, aquella que queda configurada por ese paradigma. Ya vimos como el famoso giro copernicano significó toda una reestructuración del saber cosmológico y alteró el marco de verdades válidas hasta entonces. Otro tanto sucedió siglos después con la teoría cuántica y su principio de incertidumbre del físico alemán Werner Karl Heisenberg (1901– 1976).

Pero, en un sentido más abarcador, podemos utilizar este concepto para comprender los diferentes modos con los cuales la conciencia humana dio respuestas a sus interrogantes a lo largo de la historia humana. Una cultura, en el sentido más amplio, es un paradigma, es decir es un marco conceptual que nos brinda respuestas aceptables para cada época a las preguntas de los hombres de esas etapas de la evolución. Esto nos está advirtiendo, entonces, acera de que lo que entendemos por verdad es una aproximación histórica (situada en un tiempo y en un espacio geográfico) necesaria y aceptable para el nivel de los conocimientos de esa cultura. Esto significa que la verdad es siempre relativa (no confundir con el relativismo) a la situación histórica dentro de la cual se plantea la pregunta y se encuentra la respuesta. La historia nos da abundante material para comprobar lo dicho. Esa es la razón que debemos tener en cuenta cuando sostenemos nuestra verdad, que es, por lo tanto, relativa en varios niveles: lo es en cuanto a mi biografía personal, a la cultura a la que pertenezco, a la historia dentro de la cual se ha desarrollado esa cultura. Nosotros nacemos en una situación que no depende de nuestra voluntad y que, a partir de nuestro nacimiento, funciona como marco de referencia de los valores y perspectivas que tendremos como límites de nuestro pensar y saber. Cuantos más seamos conscientes de esta limitación, más libres seremos puesto que ignorar estas limitaciones nos empuja hacia un fundamentalismo insano. El sabernos limitados nos impone la necesidad de ser humildes, pero al mismo tiempo críticos a nuestros saberes y creencias. Todo saber, para todos los humanos, funciona sostenido por un cimiento de pre-supuestos que son culturales, históricos, que de no ser detectados impiden comprender el contenido de relatividad que contienen.

Ver también:
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte V)
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte IV)
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte III)
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte II)
- ¿Cree usted en el big-bang, sí o no? (Parte I)


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