viernes, 18 de septiembre de 2009

Septiembre, mes tristemente emblemático para los hermanos chilenos, a través de mi recuerdo de Pablo Neruda

Silvia Loustau (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Querido Pablo, no tuve la suerte de conocerte personalmente, pero sí a tu mujer, Matilde Herrera, y a tu secretaria y amiga, Margarita Aguirre. Isla Negra, fue un sueño hecho realidad,

Isla Negra. Aquel año (1973) yo había ganado el Primer Premio Municipal de Poema Ilustrado, se titulaba Carta a Pablo Neruda (¿qué fuego lo habrá trasmutado?), y tuve la osadía de llevarlo, así fue como nos recibió una mujer alta, morena y con ese decir dulce de los chilenos, se puso a conversar con nosotros, le gustó el presente, se lo daremos a Pablo, dijo…yo creí que eso era el cielo. Ella era Margarita Aguirre. Y nos mostró una por una las habitaciones de la enorme casa, todas tenían enormes ojos al Pacífico. Se escuchaba el constante run-run de tu mar, Pablo. En el jardín, había caballitos de madera, algunos de antiguas calesitas. Si, eras un niño. Con Margarita mantuvimos una larga charla, cuando ya los “momios” (gorilas chilenos) estaban socavando el sueño del Chicho Allende. Aquella tarde, que recuerdo gris y neblinosa, Margarita nos llevó también a la cocina, uno de tus altares, Pablo, era muy amplia, daba al Pacifico furioso; colgaban todas las pailas de cobre en las vos mismo cocinabas, su plato preferido para agasajar a los amigos es el caldillo de congrio -confesó Margarita- no es ningún secreto la receta, hay que seguir el poema, nos dijo. 

En Valparaíso recorrimos con mi compañero la casa que habías construido, como un árbol que crece desde la raíz, para tus encuentros con Matilde, antes de hacer público tu amor por ella. Quien lea tus 100 Sonetos de Amor, encontrará en ellos esa historia. Dejaste un vacío Neftalí Reyes Basualto, es decir: Pablo. Que en tus 69 años de "Residencia en la Tierra" te convertiste en el más universal de los chilenos, después de hacer incursiones en las letras, la diplomacia, la política y el amor y obtener el Premio Nóbel en 1971, cuando eras embajador en Francia .Y terminó de matarte la caída de tu amigo el Chicho, y el ejército entrando en tu casa, dando todo vuelta -eso me lo contó Matilde y Margarita- cuando estabas en cama, luchando contra un cáncer.

A fines de 1974 Matilde y Margarita estuvieron una temporada en Buenos Aires, huyendo de las garras de Pinochet. Me invitaron al departamento en Buenos Aires, donde estaban las huellas del Pablo niño-grande, ese que juntaba cristales gastados por el mar, botellas de colores y caracolillos extraños. Hoy te encuentro en el recuerdo, en las luces inolvidables del puerto de Valparaíso, en el run–run de mi mar, en aquel mes y medio de felicidad en Chile. Hasta luego Pablo, seguro encontraré tu voz, escondida en un caracol marino, esos que tanto te gustaban, como a mí. 

Silvia Loustau

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar

caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.

Pablo Neruda (de: Odas Elementales)

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Refundar la escuela, refundar la sociedad, refundar la vida

Rafael Cuevas Molina (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las visiones apocalípticas sobre la vida social anunciaban el fin del mundo al llegar al término de un milenio e inicio de otro. Aún a estas alturas se presagia que, según el calendario de los mesoamericanos mayas, en el año 2012 habrá un giro copernicano que no dejará títere con cabeza. Nunca he comulgado con estos augurios que se fundamentan en “antiguas sabidurías” que, seguramente, tenían algún tipo de conexión con poderes sobrenaturales capaces de dominar y predecir la vida humana.

A pesar de lo anteriormente dicho, es evidente que, al final de este “corto siglo XX”, al decir de Hobsbawn (1), la humanidad se encuentra enfrentada a una encrucijada como pocas veces ha tenido al frente. Ésta se ha venido gestando desde hace ya varios decenios atrás, y hace eclosión en nuestros días, conjuntando una serie de tendencias que, al cristalizar, permiten hablar de un verdadero cambio de época. (2)

Como toda época en la que las transformaciones comportan múltiples facetas, tendencias, procesos y fenómenos, resulta complejo identificar qué será lo que prevalecerá, sobre todo si el observador se encuentra inmerso en la vorágine de los acontecimientos, y tiene sus múltiples intereses (personales, de clase, gremiales, etc.) anclados en ellos. Es por todas estas razones que nuestras reflexiones comportan un alto nivel de precariedad asertiva, es decir, que son provisionales y abiertas a los cambios que la dinámica social pueda propiciar. 

Puntualizado lo anterior, veamos algunos de los fenómenos sociales que consideramos que constituyen pivotes troncales de la dinámica social que caracteriza a nuestra época, en el entendido que son todos ellos en su conjunto los que, entrelazados y condicionándose mutuamente, imprimen un sello distintivo que hace que podamos hablar de un momento específico de la historia, con características y calidades propias.

La era de la globalización

Independientemente de la discusión sobre desde cuándo debemos o podemos hablar de la globalización como un fenómeno presente en la vida social (3), es en la segunda mitad del siglo XX cuando su presencia se hace patente en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, desde las más complejas relaciones sociales hasta la vida cotidiana de las personas. En su base se encuentra la revolución científico-tecnológica de las comunicaciones, que posibilita el enlace virtual entre los más diversos pueblos y culturas del mundo. Se sustenta en una economía productivamente descentrada, cuyos productos circulan por todo el globo terrestre y establecen patrones relativamente homogéneos de consumo.

Las fuerzas que propulsan a la globalización son los grandes capitales transnacionales que, en su afán por acrecentar la realización del capital, han abarcado todo el globo terráqueo, transformando todo lo que toca en mercancía.

La globalización se caracteriza, además, por la prevalencia de un cierto tipo de capital, el financiero, que aprovechando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación, especulan en las bolsas de todo el mundo creando lo que se conoce como grandes “burbujas” en las que, ficticiamente, se compran y venden diversos valores.

Desde el punto de vista cultural, que es el que principalmente nos interesa aquí, la globalización se caracteriza por dos tendencias distintas pero complementarias, como dos caras de una misma moneda. La primera, es la que orienta a una homogenización de patrones y valores culturales en todo el mundo, los cuales se “imponen” sobre los de las múltiples culturas que existen. Esta cultura que “se impone” no sería otra que la cultura asociada con el american way of life, es decir, con el modo y estilo de vida norteamericano, los cuales son difundidos a escala planetaria a través de los distintos medios de comunicación, especialmente la televisión, el cine y la red Internet. Los valores del modelo del american way of life son los de la sociedad del consumo, es decir, aquella que centra la realización humana en la capacidad de comprar y de poseer objetos obtenidos del mercado. Según una visión crítica de esta tendencia prevaleciente en la contemporaneidad, esta homogenización provocaría un empobrecimiento cultural (4) de la vida humana en general al sobreponerse y, eventualmente eliminar o, por lo menos reducir, a veces a su mínima expresión, otras formas de ver el mundo y relacionarse con él.

La otra tendencia que se hace patente en nuestros días es la del relevamiento de la diversidad cultural. Por un lado, ésta también es puestos en evidencia a través de los medios de comunicación antes mencionados. La omnipresencia de éstos en todos los rincones del globo muestra la variedad y pluralidad de la vida humana, haciéndola patente y evidente ante los ojos de los espectadores. Sus límites derivan del hecho que el ojo que mira (y escoge) lo que ha de trasmitirse, es el del que posee la tecnología, generalmente alguna compañía de algún país primermundista. Es decir que la variedad cultural del mundo es vista a través de los ojos, los intereses y las necesidades de lo dominante, y no de los de aquellos que son observados.

La globalización también ha generado, en este aspecto que estamos tratando, otras dinámicas interesantes. Por ejemplo, la prevalencia de fuerzas ligadas a intereses supranacionales (entre ellas los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y, en América Latina, el Banco Interamericano de Desarrollo) ha debilitado a los estados-nación que, como se sabe, construyeron sus culturas (nacionales) y su legitimidad (ideológica y cultural) sobre el sujetamiento de “otras” culturas que, aunque existiendo en los límites del Estado-nación, fueron vistas como subordinadas (regionales, étnicas, de grupos sociales, diversos, etc.). Este debilitamiento de lo nacional a producido un “empoderamiento” de los sujetos portadores de los valores culturales no dominantes al interior de las naciones, llevando a su creciente visibilización y, eventualmente, al reclamo de su desvinculación del proyecto nacional respectivo.

Como se puede derivar de todo lo anteriormente dicho, al hablar del conjunto de fenómenos conocidos como globalización se está haciendo mención a múltiples tendencias, fenómenos y procesos que se encuentran en la médula de la vida contemporánea, perfilándola.

La globalización neoliberal

La globalización es expresión del grado más alto de desarrollo que ha alcanzado el capitalismo en la contemporaneidad y, por lo tanto, aquella asume la forma de existencia de éste, que es el neoliberalismo (5). Es importante remarcar este aspecto puesto que en América Latina, la globalización neoliberal ha tenido una gravitación fundamental desde, por lo menos, la década de lo 80, cuando se implementó a partir del impulso del llamado Consenso de Washington, que en esencia se basó en la promoción de una serie de políticas económicas, de las cuales las principales fueron las siguientes: 1) la disciplina fiscal; 2) el reordenamiento de las prioridades del gasto público; 3) la reforma impositiva; 4) la liberalización de las tasas de interés; 5) una tasa de cambio competitiva; 6) la liberalización del comercio internacional (trade liberalization); 7) la liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas; 8) las privatizaciones; 9) la desregulación; 10) los derechos de propiedad intelectual.

La aplicación de las políticas neoliberales trajeron una “refundación” del Estado en la región, una mayor segmentación social al empobrecer a amplios sectores de la población y propiciar la concentración del capital en otros, mucho más reducidos y crecientemente más ricos.

A nivel mundial, el mundo contemporáneo ha logrado los medios tecnológicos necesarios como para erradicar de raíz el hambre del planeta, y proporcionar una vida digna a toda la población mundial. La creciente polarización y acumulación de la riqueza en el antes mencionado cada vez más reducido grupo de personas imposibilita, sin embargo, esta desiderata. 

La crisis medioambiental

La sociedad neoliberal de consumo globalizada que transforma todo en mercancía es la mayor depredadora del medio ambiente. El grado de deterioro que éste ha sufrido es tan grande que, en la actualidad, se puede hablar con toda propiedad de una crisis ambiental sin precedentes en la historia planetaria. Esta crisis se expresa, en primero lugar, en el llamado problema del calentamiento global, que pone en peligro la supervivencia de la misma especie humana. Se han hecho repetidos llamados para que se tomen medidas que, por lo menos, atemperen tal situación, pero los intereses económicos y financieros prevalecientes atrás de los políticos de las grandes potencias capitalistas no permiten que las medidas que se acuerdan puedan implementarse. (6) 

La crisis ambiental es una crisis global, y la conciencia de su existencia también lo es, con lo que podemos decir que la conciencia de la globalidad de la crisis ambiental es otro rasgo de la contemporaneidad.

La crisis energética

La civilización occidental contemporánea, modelo civilizatorio dominante en el mundo de hoy, se sustenta en la energía producida por la quema de combustibles fósiles, especialmente el petróleo, el gas y el carbón, la cual es la principal responsable del llamado “efecto invernadero” que provoca el calentamiento global. Aunque los diversos estudios acerca de las reservas existentes de estas materias primas energéticas difieren respecto a su volumen, existe un cierto consenso en torno al hecho que, posiblemente, la humanidad cuenta con reservas para unos 60 o 70 años más. El acceso las fuentes de dichas materias primas se ha transformado en generador de conflictos políticos en todo el planeta, trayendo inestabilidad que repercute en todos los ámbitos de la vida.

Crisis civilizatoria

Todo lo anterior nos orienta a plantear la posibilidad de que nos encontremos transcurriendo una verdadera crisis civilizatoria. Como apunta Enrique Otero: 

“El fin del milenio se ve atravesado por la sensación de ausencia de un horizonte diáfano respecto de los destinos del planeta y de la sociedad internacional. La crisis ecológica; la inexistencia de un orden internacional político y económico estable y vertebrado, tras la desaparición del orden mundial bipolar; el derrumbe del sistema económico, y el desmoronamiento de los grandes discursos ideológicos configurados a lo largo del siglo XIX, a partir de mayo del 68, nos sitúan ante una crisis civilizatoria de la que todavía no hemos sido capaces de diseñar las sendas que nos permitan superarla”. (7)

Algunas otras caracterizaciones de la crisis a la que hacemos mención son más específicas. Por ejemplo, en el Foro Social Mundial 2009, el Llamamiento de los pueblos indígenas frente a la crisis civilizatoria dice:

“Esta crisis de modelo de desarrollo capitalista, eurocéntrico, machista y racista es total y nos lleva a la mayor crisis socio ambiental climática de la historia humana. La crisis financiera, económica, energética, productiva agrava el desempleo estructural, la exclusión social, la violencia racista, machista y fanatismo religioso, todo junto a la vez. Tantas y tan profundas crisis al mismo tiempo configuran una auténtica crisis civilizatoria, la crisis del "desarrollo y modernidad capitalista" que ponen en peligro todas las formas de vida”. (8)

Un nuevo orden emergente

Frente a este conjunto de crisis que confluyen en lo que hemos caracterizado en una crisis civilizatoria, han surgido distintos tipos de respuestas, tanto en el orden científico como en el socio-político. En esta última dirección, es América Latina el lugar en el mundo en el que se están gestando las más variadas y profundas búsquedas de formas de organización social que puedan erigirse como alternativas viables que posibiliten un desarrollo sustentable con justicia social. El detonante que llevó a la génesis de estos procesos fue la insatisfacción y el sufrimiento causado a bastos segmentos de la población latinoamericana por las reformar neoliberales de los años 80 y 90. Durante toda la década de los 90 se dieron explosiones de descontento popular generalizado que desembocaron en la elección de gobiernos que han sido caracterizados como posneoliberales en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina, Paraguay y Nicaragua, en donde, cada uno con sus respectivos matices, se ensayan formas de organización económica, social, política y cultural distinto al prevaleciente hasta ahora. Los procesos de mayor radicalidad, como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, hablan de la construcción de un socialismo del siglo XXI, y ponen a la educación en el centro de su atención.

El papel de la educación en el orden emergente. La educación en el ALBA


Siglos de dominación, sin embargo, han calado profundamente en nuestras mentes que han sido preparadas para la sumisión y, en palabras del uruguayo Eduardo Galeano, la “copianditis”. La estructuración de nuestra visión colonizada pasa por todos los estamentos ideológicos de la sociedad. Nuestra cultura reproduce hábitos, costumbres y visiones de mundo que naturalizan las condiciones impuestas por la sociedad capitalista. Ningún reto mayor para los procesos que la transformación de esta cultura, de esta mentalidad. 

Las fuerzas que apuestan por el cambio en el mundo ya sufrieron una terrible lección en este sentido en el pasado: como nos muestran todas las evidencias, en los países de Europa en donde se construyó el llamado socialismo real, no fue posible erigir una nueva visión de mundo acorde con los ideales que originalmente impulsaron las fuerzas progresistas. Más lamentable es esta situación cuanto que fueron los jóvenes, nacidos y formados en los sistemas educativos socialistas, el motor interno de las movilizaciones masivas que dieron al traste con esos experimentos sociales y quienes, luego, se lanzaron decididamente a la adopción de la sociedad de consumo que fue vista como la panacea de la realización personal. Evidentemente, la batalla ideológica había sido perdida. 

En la lucha por lograr la legitimidad ideológica, el sistema educativo juega un papel de primer orden. En nuestros días, su peso es menor que el que jugó hasta mediados del siglo XX, pasando por los procesos de conformación de los estados nacionales en el siglo XIX. Hoy, como todos sabemos, los medios de comunicación de masas han pasado a ocupar el sitial preponderante en este sentido, pero esto no significa que el sistema de educación formal no sigue teniendo un peso específico importantísimo. Este aspecto, afortunadamente, parece haber sido concientizado en su justa dimensión por los países que, asociados en el ALBA (9), hacen esfuerzos por impulsar los más importantes procesos de transformación social, política y económica de nuestros días en América Latina. En la V Cumbre del ALBA-2007 proclamaron que “necesitamos convertir la educación en la principal fortaleza de las transformaciones que estamos produciendo en nuestras naciones”. (10) 

No se trata, como se proclama por parte de quienes se oponen tenazmente a estos procesos, de “lavar el cerebro” de las jóvenes generaciones; se trata, en primer lugar, de construir una conciencia crítica que permita comprender el mundo, sus procesos y relaciones, e insertarse creativamente en él. La educación en nuestros países estuvo siempre orientada a formar ciudadanas y ciudadanos irreflexivos, con lo que se ha garantizado la formación de una población sumisa, susceptible de ser controlada, explotada y sin motivación para actuar colectivamente en la transformación de la realidad. 

Esta situación tiene raíces históricas claramente detectables; la educación de nuestros países ha estado desde su fundación signada por la condición de dependencia del sistema capitalista mundial, que ha caracterizado a América Latina y El Caribe desde el momento del encuentro de civilizaciones en el siglo XV. La inclusión de esta parte de América en el sistema europeo de acumulación significó, para la primera, el inicio de una historia de coloniaje puesto que su desarrollo social, económico, cultural y político fue trastocado e inserto violentamente en el proceso de la modernidad que se gestaba en Europa, y que se le impuso como proyecto a todo el mundo occidental. Las sociedades de América Latina y El Caribe acoplaron su funcionamiento y modos de vida a formas que Samir Amin caracteriza como desarrollo desigual y combinado, polarizante y, ahora, “globalizado”, para cumplir funciones subordinadas a los intereses y necesidades de los centros dominantes que controlan regiones y recursos vitales, entre ellos la producción de conocimientos científicos, técnicos y humanísticos, e impusieron a través de sutiles mecanismos sus modelos educativos y culturales. 

La concepción que sobre educación se construye en el marco del ALBA, por el contrario, dado el hecho que trata de romper con esos esquemas coloniales, considera que la educación tiene que relacionarse íntimamente con el mundo de la vida, con el entorno concreto en el cual se realiza el hecho educativo. Los saberes emancipadores tienen que construirse a partir de una relación dinámica entre teoría y práctica, idea y experiencia, y recoger la necesaria complejidad totalizante de esa misma vida. Se trata, pues, de acceder a la conciencia política que nace de la formación integral (11). Como se sabe, una de las estrategias utilizadas siempre en el pasado ha sido la de “limpiar” la educación de todo contenido político y social; descontexualizar, tergiversar y fragmentar la historia universal, nacional y regional, contándola desde la perspectiva de los grupos dominantes, al margen de la realidad material del acontecer de los pueblos, inculcando abierta o subliminalmente sentimientos proclives a la discriminación y el desprecio, invirtiendo los principios de la solidaridad humana, adoctrinando en los valores del individualismo. (1) 

Como puede verse, lo que se propone ahora es superar la copianditis para explorar opciones propias. Como dice en este sentido Adán Chávez, Ministro del Poder Popular para la Educación de Venezuela, “…estamos inventando nuestro propio modelo, teniendo en cuenta nuestra propia realidad:… la educación a partir de los valores de una auténtica sociedad, que es la enseñanza para vivir y trabajar en función del colectivo y por la unidad”. (13) Este fue, precisamente, el llamado que desde los tiempos de la independencia nos lanzó Simón Rodríguez, cuando dijo que “Ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?”. 

En América Latina, la experiencia cubana y, ahora, la venezolana, que parten de la primacía de atender las necesidades propias, constituyen un invaluable aporte que hoy se puede compartir de forma fraterna por medio del ALBA. En este sentido, para los países signatarios, Cuba se ha convertido no solamente en una verdadera cantera de experiencias factibles de emular sino, también, en una fuerza propulsora que, a través de la solidaridad, se ha imbricado de cuerpo entero en el impulso de las principales iniciativas. La cubana Aurora Fernández apunta en este sentido: “Cuba ofrece en forma incondicional toda su experiencia y logros educativos obtenidos en casi medio siglo de revolución, para compartirla y extenderla a sectores excluidos para el desarrollo social e inclusión social” (14). El aporte cubano dentro del Proyecto Grannacional de Educación para los Pueblos de Nuestra América, que hoy por hoy constituye el canal más importante a través del cual se canalizan las iniciativas educativas en el marco del ALBA, ha sido fundamental; empezando por las cruzadas de alfabetización “Yo si puedo”, llevadas a cabo en la misma Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países que no forman parte del convenio y continuando por otros varios proyectos que incluyen a la educación superior.

Con respecto a esta última, en el marco del proyecto educativo del ALBA se refrenda las orientaciones que en torno a este nivel del sistema se proclamaron en la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y El Caribe llevado a cabo recientemente en Cartagena de Indias, Colombia, que apuesta por una educación universitaria pertinente, equitativa y de calidad.

Dos grandes orientaciones en la educación latinoamericana hoy

Dos grandes orientaciones se erigen hoy, por lo tanto, en América Latina: por un lado, la que se encuentra inmersa en la construcción de modelos propios que respondan a las necesidades e intereses de las grandes mayorías y que se afana por estructurar un pensamiento crítico que de respuesta a los requerimientos de nuestra época y, por otro, la que responde al proyecto neoliberal. 
Si partimos de la idea según la cual, la educación es fundamental para el perfilamiento del ser humano del mañana, es evidente que estamos ante dos tendencias que apuntan a cambiar el patrón identitario de nuestros países. En la tendencia neoliberal, ésto lo han tenido muy claro desde hace mucho aquellos que son los principales impulsores de tales políticas. En el documento conocido como Santa Fe I, el primero de la saga de cuatro que han estado en la base de la formulación de la política externa norteamericana desde principios de la década de los ochenta, se lee lo siguiente: “(…) quien controla el sistema de educación determina el pasado o cómo se ve a éste tanto como el futuro. El mañana está en las manos y en las mentes de quienes hoy están siendo educados”. Sabiendo y remarcando esta importancia la política norteamericana no ha escatimado esfuerzos para cooptar a la intelectualidad de nuestros países. Al respecto, el documento mencionado dice: “Debe iniciarse una campaña para captar a la elite intelectual iberoamericana a través de medios de comunicación tales como la radio, la televisión, libros, artículos y folletos, y también debe fomentarse la concesión de becas y premios. Puesto que la consideración y el reconocimiento son lo que más desean los intelectuales”. 

El modelo neoliberal de educación, que la entiende como un “servicio” que puede ofrecerse en un mercado en el que compiten distintos oferentes, promueve el surgimiento explosivo de la educación privada. Esta tiene una oferta de servicios académicos en donde se vislumbran “nichos de mercado” determinados, es decir, en donde se tiene certeza que contarán con una gran demanda. 

"Macdonalización de la enseñanza" han dado en llamar algunos a este lento pero inexorable proceso de integración de la enseñanza al mundo del mercado. A propósito de esta comparación, el Director General Adjunto de Educación de la UNESCO, John Daniel, señala tres puntos que pueden ayudarnos a reflexionar sobre la evolución que vive hoy la educación en el marco de los procesos neoliberales: en primer lugar, según él, a pesar de su ubicuidad, lo que esta cadena gastronómica brinda, es una proporción mínima de lo que la gente consume; en segundo lugar, vende porque a la gente le gusta la comida que sirve; y por último, la clave de su éxito está en que ofrece un menú limitado de platillos disponibles en locales idénticos y con el mismo sabor y calidad en todas partes del mundo.

Bajo esta concepción, la educación se está transformando en un commodity. No en vano la educación superior ha pasado a ser objeto de estudio de la firma Merrill Lynch, especializada en inversiones bancarias. Tampoco es casual que las dos principales firmas dedicadas a comercializar la educación en Estados Unidos (Apollo y Sylvan Learning) coticen hoy en Wall Street y que el Acuerdo General de Servicios Comerciales (GATS) haya incluido a la educación en una lista de servicios a ser privatizados.

La educación privada se constituye en uno de los motores que profundizan la segmentación, la fragmentación y las desigualdades sociales: podrá estudiar en ellas quienes tengan los recursos para costear una carrera.

Revertir esta tendencia, como parte de la oposición más general a la globalización neoliberal, ha sido uno de los objetivos del ALBA, teniendo siempre como meta final “alcanzar un desarrollo justo y sustentable de los países latinoamericanos y caribeños” (15). Evidentemente, y como lo ha mostrado nuestra secular experiencia histórica, esto es factible alcanzarlo de forma mucho más efectiva en la medida en que estos esfuerzos se hagan mancomunadamente, de forma conjunta, aunando las potencialidades que cada uno de nuestros países tiene. La forma organizativa que esta desiderata ha asumido en el marco del ALBA es la de los proyectos y empresas, mismos que en la educación buscan, en primer lugar, “la formación de una cultura de integración para los pueblos del ALBA” (16). Remarcar sobre este aspecto, es decir, el de la construcción de un espíritu integracionista es fundamental. Ya con anterioridad hemos expuesto nuestra convicción de la importancia que tiene trabajar en el ámbito de la conciencia. Acontecimientos políticos recientes en Venezuela y Bolivia, por ejemplo, nos muestran cuán profundo ha calado en nuestra juventud lo que podríamos llamar, junto a Atilio Borón, un sentido común neoliberal (17). Una sorpresa ha constituido, para muchos de nosotros, ver el papel que han pasado a desempeñar estudiantes universitarios como punta de lanza de la oposición a los procesos de cambio social. De todos es conocida la calidad de su participación en Venezuela en el proceso de Referéndum del 2 de diciembre del 2007 y, en Cochabamba, al organizar manifestaciones para boicotear el Taller de Educación para el Alba en abril del 2008. 

Necesidades específicas y generales de la educación en América Latina

Estando en marcha procesos de refundación social que rearticula nuestra vida social, la educación debe refundarse sobre nuevos principios que tengan en cuenta las circunstancias de la vida de hoy, vida en tránsito hacia lo que deberían ser nuevas formas de relacionamiento social y entre la sociedad y el medio ambiente.

Se trata de dos niveles que determinan dos grandes grupos de problemas a los que la escuela debe dirigir su atención, para forma individuos que tengan clara conciencia de ellos, y actúen sensiblemente en la solución de los problemas que de cada uno se desprenden.

Un primer nivel, del más amplio espectro de generalidad, es el de los problemas que llamaremos globales, y que están vinculados a la actual conciencia planetaria de la cual hicimos mención anteriormente. En este sentido, se trata de la construcción de una ciudadanía planetaria basada en el conocimiento de la interdependencia de todos los seres humanos, cuyas acciones, en cualquier rincón del planeta, tienen incidencia, en mayor o menor medida, en todos los seres vivos. A este nivel también le atañe perfilar valores que remarquen la celebración de la multiculturalidad y la diversidad humanas, así como desarrollar el conocimiento que permita ubicar al ser humano como un elemento más de la naturaleza, no separado y, menos aún, enfrentado o en actitud de conquista ante ella.

Un segundo nivel en el que indispensablemente debe anclarse la nueva escuela es el del contexto inmediato en el que ella se encuentre. Este nivel es de fundamental importancia, porque aún los problemas globales son vividos y sentidos por la comunidad en general, y la escolar en particular, a través del contexto socio-cultural en el que se desenvuelve. La educación adquiere sentido únicamente en la medida en que es vivida como necesaria por el educando, y esta necesidad solo surge cuando es un instrumento para entender mejor el mundo y desenvolverse en él. De ahí que la educación de la nueva escuela necesita de una comunidad escolar, en su conjunto, atenta al mundo circundante, vinculada de forma comprometida con sus problemas y esperanzas, sus preocupaciones y alegrías, y sus formas de ser en toda su complejidad, es decir, con sus tradiciones y nuevas expresiones culturales.

La nueva escuela, en este sentido, está abierta al mundo en todas sus expresiones, y no es temerosa de nada porque nada humano le es ajeno. Para ello, se preocupa de formar criterios en los niños y jóvenes, de tal manera que tengan poder de discernimiento. 

En América Latina, la nueva escuela es profundamente latinoamericanista, crea conciencia de los factores que unen a nuestros pueblos y de la riqueza de sus culturas. Remarca en la necesidad de construir espacios de unidad en donde se respeten las diferencias y se trabaje en pro de objetivos comunes.

¿En dónde se puede impulsar la refundación de la escuela en el sentido apuntado? Ahí en donde se propugna la refundación social. La escuela es expresión de las metas que se ha planteado el todo social y, como él, responderá a los intereses dominantes que la perfilan e instituyen el tipo de ser humano que se quiere construir. Ahí en donde priven sociedades estructuradas según los principios y valores del individualismo consumista propiciados por el orden neoliberal, la escuela reproducirá seres atomizados que verán por sus intereses en el marco de un ambiente de homo homini lupus (18). En donde, como en varios países latinoamericanos, se propugne por la construcción de una sociedad de nuevo tipo, estructurada en base a principios de colaboración y solidaridad, se planteara la necesidad impostergable de refundar la escuela, lo cual acarreara, casi necesariamente, la oposición de las fuerzas sociales, políticas y económicas representantes del viejo orden, que sentirán amenazada la hegemonía de la visión de mundo que les ha permitido legitimar su posición dominante en la sociedad. La escuela se transformará, entonces, en un campo de batalla, en un espacio social en disputa, hecho inevitable en el proceso de refundación social en donde la sociedad en su conjunto se transforma en un lugar de enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo. Esa misma batalla entre las dos concepciones de mundo debe transformarse, en la escuela nueva, en laboratorio que se estudia, en fuente ejemplificante de lo que en ella se postula. La escuela, inmersa en ese colosal choque entre dos mundos, entre dos formas de entender la vida, tendrá ante sí un lienzo que mostrará, de forma diáfana, lo que ninguna clase, por muy clara que sea, es capaz de mostrar. Como dijimos, es la escuela inmersa en el acontecer que la rodea.

Breves ideas conclusivas

Una época de cambios y transformaciones como la que vivimos hoy en el mundo en general, y en América Latina en particular, requiere de respuestas innovadoras en todos los órdenes de la vida, y la escuela no puede quedar al margen. La experiencia nos muestra cómo ella es fundamental en el proceso de construcción de los consensos necesarios para enrumbar la vida hacia nuevos derroteros. Hoy, no se trata de cambiar por cambiar, sino de una necesidad ingente, incluso, para sobrevivir como especie. El nuevo tipo de sociedad que precisamos construir solo se puede llevar adelante con mentalidad y valores nuevos, Está en nuestras manos el hacerlo posible.

Notas: 
1) Se trata de un siglo “corto” que abarcaría desde 1914, inicio de la primera guerra mundial, hasta 1991, fecha del destramamiento de la Unión Soviética. Véase Eric Hobsbawn; Historia del siglo XX; Buenos Aires; Editorial Crítica; 1998.
2) José de Souza Silva; “¿Una época de cambios o un cambio de época?”; en Boletín ICCI Rimay (publicación mensual del Instituto Científico de Culturas Indígenas); Ecuador; año 3; Nº 25, abril 2001; p. 1
3) En el origen de la globalización hay variados criterios, algunos opinan que surge desde el mismo desarrollo del hombre y su expansión, otros consideran que fue producto del desarrollo de los antiguos imperios, hay quienes hablan del encuentro entre dos culturas, otros argumentan que es un proceso complejo que tiene su surgimiento y desarrollo en el siglo XX. Pude consultarse Elier Méndez Delgado y Ma. Del Cármen Llobet Feijóo; Globalización, interrogantes y dimensiones; en http://www.eumed.net/libros/2006a/mdll/2.htm
4) Véase, por ejemplo, Francisco Javier Velasco Páez; Globalización, desarrollo sustentable e identidad cultural; CENDES-UCV; Caracas; 2006.
5) “El neoliberalismo es sobre todo un instrumento ideológico al servicio del capital financiero transnacional que trata de orientar el proceso de la globalización para su beneficio”. Para ampliar esta idea véase Carmen Chiunas Salazar; El neoliberalismo y el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora en América Latinas; en http://www.ppsdemexico.org/teoriaypractica/tp5/latina.html
6) Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU (UNFCCC). El acuerdo ha entrado en vigor el 16 de febrero de 2005, sólo después de que 55 naciones que suman el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo han ratificado. El objetivo del Protocolo de Kioto es conseguir reducir un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero globales sobre los niveles de 1990 para el periodo 2008-2012. Este es el único mecanismo internacional para empezar a hacer frente al cambio climático y minimizar sus impactos. 
7) Luís Enrique Otero Carvajal; La revolución científica del siglo XX; Universidad Complutense de Madrid; en http://www.ucm.es/info/hcontemp/leoc/revolucion%20cientifica.htm#El%20nacimiento%20de%20la%20Genética%20y%20la%20teoría%20de%20la%20evolución
8) Foro Social Mundial; Llamamiento de los pueblos indígenas frente a la crisis civilizatoria; Belem do Pará; 1 de febrero de 2009.
9) ALBA: Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América; es una propuesta de integración surgida desde América Latina, específicamente desde el gobierno venezolano, que se entiende como alternativa a la propuesta del ALCA, hecha por los Estados Unidos.
10) “Taller de Educación Superior para el ALBA”; en http://vulcano.wordpress.com/2008/04/23/en-bolivia-se-celebrara-taller-de-educacion-superior-para-el-alba/
11) María Egilda Castellano; “Educación superior para impulsar el ALBA”; Diario Vea. Galería Dominical. Caracas; 1 de octubre de 2006; p. 26.
12) María Egilda Castellano; “Educación integral: base del socialismo e integración latinoamericana caribeña”; en Diario Vea, Galería Dominical; Caracas; Domingo 3 de septiembre 2006; p. 24.
13) En http://www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=News&file=article&sid=2177.
14) Idem.
15) ALBA-TCP; “Conceptualización del proyecto y empresa grannacional en el marco del ALBA”; en ALAI, América Latina en Movimiento; 27 de enero de 2008.
16) Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior; Oficina de Convenios y Cooperación; “Proyecto grannacional de educación para los pueblos de Nuestra América”; en Avances de los convenios de cooperación nacionales del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior; en http://www.uny.edu.ve/Nucori/Archivos/Avances%20Convenios%20MPPES.pdf; p.1.
17) Atilio Borón; “Sobre mercados y utopías: la victoria ideológico-cultural del neoliberalismo”; Memoria; México, marzo 2002.
18) En el sentido de Plauto.

Rafael Cuevas Molina es guatemalteco residente en Costa Rica. Profesor-investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y director del Doctorado en Letras y Artes en América Central de la Universidad Nacional de Costa Rica.

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Dos poemas

Luis Viú (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

EMILSE
 
Entre
la
Tierra
y
el 
Cielo,
sólo tú
para
sosegar
mi espíritu.
 
¿QUÉ SE HA DE PENSAR?
 
He visto pasar por mi puerta
a un sacerdote febril.
Muy solapado allá va;
va tras la falda de una mujer.
¡Ha caído en pecado!
y él nos perdona los nuestros.
¿Qué se ha de pensar?
Más tarde pasa mi amigo
corriendo a alcanzar a su amor;
pues lo ha dejado plantado
en la rama de un naranjal.
Después pasa una monja,
de años pasada ya está,
y con rezo en los labios
una mirada de amor
le ha dado al vecino de atrás.
Después pasa la cortesana
casi desnuda ante mi
y con ojos azules de mar
me ha invitado a pecar.
Ya son la seis de la tarde
y el mundo sigue ante mi;
el cura se ha condenado,
la cortesana me ha hecho feliz;
mi amigo muy triste se ha vuelto
y la monja, pensando en hacer el amor,
va rezándole a Dios.
¿Qué se ha de pensar?

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Pedro Curto escribe una novela de amantes en medio del caos

Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Un hombre y una mujer se aman en la habitación de un hotel, son amantes, amantes ante paisajes desolados, quizás por eso se ocultan entre aquellas paredes”. Así comienza “Los amantes del hotel Tirana” (Ediciones Irreverentes), la nueva novela del escritor asturiano Pedro Antonio Curto.

Esta obra, ganadora del IV Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches 2009, reivindica la condición intimista de la literatura. Escribir, como leer, es un acto solitario, interior, particular; por más que, en tiempos de exagerado mercadeo editorial, mucho libro se difumine en la ambición de pretender totalizar las modas colectivas. Es una virtud de la novela de Curto contar la tragedia del mundo alrededor de la intimidad de una pareja. Aida y Aslam son dos jóvenes que se aman en la habitación del hotel Tirana; pero, alrededor, muchos mundos se derrumban. Algo se rompe en la Albania de 1990; una utopía late en la mente de un combatiente de la España de las Brigadas Internacionales. Una historia personal se construye piel a piel, mientras muchas otras historias grupales se deshacen. De ahí la frase que inunda el comienzo de la novela: “Amantes ante paisajes desolados”. Toda una oda al frágil cristal (mundano y fantástico) que separa lo íntimo de lo general.

Pedro Antonio Curto, kafkiano confeso, es un escritor que trabaja en silencio (alejado del ruido del mercado). No grita, opina muy poco; dedica su tiempo a vivir y a escribir. Y, con esa discreción narrativa, hace obra, inventa realidades. Entre sus publicaciones se cuentan la novela “El tango de la ciudad herida” y el libro de relatos “Los viajes de eros”; sus creaciones integran las antologías “13 para el 21” (España) y “La agonía del Nirvana” (Argentina). Su inventiva le ha llevado a incursionar en el cine con el cortometraje “Maletango”, exhibido en el Festival Internacional de Cine de Gijón. 

Como lo destaca Cristina Monteoliva, de la Biblioteca Imaginaria, “la clave de esta historia la encontraremos en una simple pregunta que se repite en más de una ocasión a lo largo de la obra: ¿cuándo se corrompe un sueño? Esta cuestión empezará a tener sentido para nosotros, los lectores, en cuanto nos demos cuenta de la especial naturaleza de Aslam, ese joven idealista que encumbra a un abuelo de moral intachable, el mismo héroe que combatiera como brigadista en la Guerra Civil Española, y que no puede hacer menos con la mujer con la que comparte una noche de amor y confidencias. Pronto descubriremos que las cosas no son como nosotros queremos que sean, que una misma historia puede tener muchas versiones y las personas a veces no comparten nuestros deseos”.

Mucho es lo que se puede destacar del justo equilibrio que Pedro Antonio Curto maneja entre talento y técnica; no obstante, en este texto deseo reconocer su humildad (de niño buscador de juegos invisibles) que le permite dibujar mundos menos groseros. Y es que siempre, pero siempre, será menos vulgar ficcionar la realidad que aceptarla.

Edgar Borges es venezolano residente en España.

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El big bang nos lleva y nos trae

Marcos Winocur (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Big Bang es La Gran Explosión, y no la ha habido más poderosa pues ella se refiere a todo, a nuestro universo, en el punto de partida, al nacimiento. Ha devenido la hipótesis estándar de la Cosmología, es decir, “universalmente” aceptada. Una gran explosión de toda la materia concentrada, que inicia una fase de dispersiva en la cual estamos, propiciando la creación de los cuerpos celestes. 

Hasta aquí vamos bien, la prueba es que otras hipótesis cosmogónicas han cedido la preeminencia al big bang. Pero... ¿cómo se cerrará la fase dispersiva? ¿Continuará por los siglos de los siglos hasta que la materia se esfume en el vacío? ¿O la fase dispersiva verá su réplica en una fase contractiva que nuevamente lleve a la materia al más alto grado de concentración? En el primer caso, el big bang es interpretado como hecho singular que se agota en sí mismo, y causando el fin de los tiempos. En el segundo caso, todo recomienza con un nuevo ciclo que se abre para repetirse ad infinitum, a un big bang sucede un big crush y los relojes vuelven a ponerse en marcha. Es lo que habrá en el futuro y lo que hubo desde siempre en el pasado. Por eso, el big bang pendular no tiene inconveniente en contestar la pregunta de ¿qué hubo antes? con esta categórica afirmación: lo mismo. El big bang no pendular se ve en aprietos para contestar la misma pregunta y cae en el recurrir a una voluntad exterior que pone todo en marcha, idea que ya Aristóteles desarrolló con su “primer motor inmóvil”. 

En suma, el big bang pendular salió ganador en la teoría. Pero es perdedor en la práctica. La fase dispersiva actualmente en curso se ha prolongado se diría que demasiado, tal vez hasta un punto de no retorno, y sigue, cada vez más acelerada, en su movimiento hacia fuera. No se ve de dónde saldría la masa gravitatoria suficiente para frenar e invertir la dirección hacia dentro. 

Así estamos. No sabemos si vamos a morir disueltos en el vacío o aplastados. Claro, antes, mucho antes, colapsará la Vía láctea... y antes, mucho antes, el sistema solar. 

Marcos Winocur es argentino residente en México.

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Jauja: Las estrellas no mienten



Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Jauja fue la primera capital del Perú, y este año celebra 475 aniversarios de fundación española. Su futuro puede ser una nueva geografía económica y social, si se conjugan sueños y proyectos de desarrollo local de esa mayoría de pobladores, especialmente de los viejos y niños que aún quedan, en armonía con la renovada identidad de quienes retornan de diferentes lugares del planeta para compartir costumbres y fies
tas en la tierra de la abundancia, cuando fue creada y diseñada, según relatan los primeros cronistas, al estilo de la arquitectura de Castilla y Aragón.

La ciudad entendida como creación del espíritu, ha dividido a las urbes del Valle del Mantaro, en reinos contradictorios. Con evidente desinterés por la cultura campesina o nativa, latifundistas y aldeanos vanidosos alimentaron el ocio como abolengo colonial, frente al trabajo artesanal y agrícola de la familia o de la pequeña empresa. Ahora solo queda el recuerdo de aquel damero de arquitectura virreinal y la voluntad por la refundación de parte de nuevas generaciones.

En la Región Junín, como en otras latitudes, se han construido territorios en permanente
 enfrentamiento. Mientras Jauja descansa, Huancayo avanza. Igual connotación tiene Madrid con respecto de Barcelona; Roma y Milán; Cali y Cartagena; Oruro y Santa Cruz de la Sierra; Sao Paulo y Río de Janeiro; Puno y Juliaca; Chiclayo y Lambayeque, para citar algunos célebres divorcios del turismo global. 

Jauja tiene el buen clima y el extraordinario paisaje multicolor para llevar adelante un modelo ecológico y cultural sostenible, evitando los errores que han hecho de Huancayo una desordenada ciudad, esencialmente de servicios terciarios y exportadora en bruto de minerales y alimentos.

Programas de forestación y reforestación con las especies en peligro de extinción; ganadería lanar, vacuna y camélidos; modernización del aeropuerto “Francisco Carle”, complementado con los aeródromos de Mazamari y San Ramón; mejoramiento de la red de caminos; promoción de viviendas y albergues rurales; restauración de las antiguas casonas, son algunas iniciativas del imaginario popular, refrendadas por diversos estudios económicos y sociales.

El turismo vivencial, que en Europa está en auge como consecuencia de la gran depresión, puede ser en esta parte del Perú una línea rentable, como lo es el Valle de Urubamba, en Cusco, Cajamarca, Piura o Chachapoyas. Hace dos o tres años, cuando las remesas del exterior al Perú superaban los tres mil millones de dólares anuales, Huancayo ocupaba el primer lugar como fuente receptora, y muchos de los emigrantes y sus familias, comentaban la ausencia de espacios para revivir la infancia rural. 

En este campo, las comunidades campesinas tienen mucho que enseñar. San Gerónimo de Tunán, con su platería; Cochas, con mates burilados y Huayllash, con tejidos, cuya admirable producción se aprecia en las tradicionales ferias dominicales de Huancayo, ahora multiplicadas en diferentes lugares.

Volvamos al pasado de Jauja o Hatun Xauxa, cuando llegan los conquistadores atraídos por el notable parecido a las ciudades españolas. Después de la "Fundación Frustrada", marcharon al Cusco dirigidos por Francisco Pizarro, volviendo para la refundación en abril de 1534 y el año siguiente fundaron Lima. Huancayo comenzó a poblarse en 1533 y en el Valle se dieron feroces batallas entre wancas, quiteños, cusqueños y españoles. En 1539, la provincia de Jauja pertenecía a dos ciudades de fundación española: Hatun Xauxa y Ananhuanca a Huamanga, y Lurinhuanca a Lima.

Huancayo tuvo su partida de nacimiento republicano en importantes decisiones políticas. Bolívar facilitó la transferencia de tierras comunales a otros sectores. En la Iglesia de la Merced, se elaboró la Constitución de 1854. Ese mismo año, el presidente Castilla declaró la liberación de los negros. Luego, se instalan grupos de chinos en Chanchamayo para sembrar caña de azúcar, frutas, café y ganadería. Junto con el ferrocarril central y otras obras viales, ingresó Cerro de Pasco Corporation. Pero toda esta dinámica de progreso provocó el abandono de la planificación agrícola, rural y urbana.

Como fuente de mano de obra para las minas de Cerro de Pasco, en Jauja a principios del siglo pasado aparecieron las primeras organizaciones sindicales, la migración de jóvenes a los centros universitarios de Lima y la llegada de migrantes de diversas nacionalidades para curarse de enfermedades pulmonares, que la ciencia no podía aún combatir. 

Ahora, en el siglo XXI, una primera demanda de los pobladores del Valle del Mantaro es la reorientación y el fortalecimiento del Instituto Nacional de Cultura, la creación de un Fondo de Salvamento, con apoyo del Estado, del canon minero, al abundante mármol, al petróleo y a los puertos, y la cooperación nacional e internacional. Está en marcha lenta la recuperación de Tunanmarca, espléndido conjunto de la cultura andina. Puede ser el comienzo de la puesta en valor del Patrimonio Monumental de Jauja, con la consiguiente formación de muchos maestros restauradores, paralelamente al impulso de la agricultura.

La tradición libertaria de esta tierra emergió otra vez en 1962, estimulada por la naciente revolución cubana. Los alumnos del centenario colegio San José se levantaron en armas, tomando la comisaría y los fusiles máuser de las prácticas estudiantiles de tiro. Este acontecimiento fue más conocido en Francia que en el Perú, y motivó más de un debate sobre el indigenismo. 

Desde la Utopía Arcaica y la Historia de Mayta, el novelista Mario Vargas Llosa intentó sepultar el indigenismo y las ficciones del indigenismo, sosteniendo que la salvación de esta cultura sólo es posible mediante la integración dentro de la modernidad capitalista. Sin embargo, el indigenismo no ha muerto, sigue tomando ciudades de la costa como lo aprecian diversos autores, entre ellos, Edgardo Rivera Martínez, con su difundida novela “País de Jauja”, que propone otro sentido de la modernidad, con el imborrable peso de la cultura andina.

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Reacción de los ancianos ante el envejecimiento, la enfermedad y la muerte (Parte II)

Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Así pues vemos que los amores de los viejos no siempre están condenados al fracaso y que aún la vida sexual puede prolongarse muchos más años, ya que sexualidad, salud y vitalidad van unidas y la vida sexual se prolonga por largo tiempo cuando ha sido rica y siempre que haya ganas de no morir desacompañado.

Que la impotencia no anula el deseo nos lo demuestran las novelas japonesas de Tanizaki, La condición impúdica (1956) y El diario de un viejo loco (1963) como también La casa de las bellas durmientes (1963) de Yasunari Kawabata, que tienen como secuela la novela de Gabriel García Márquez Memorias de mis putas tristes (2004) sobre la base del erotismo japonés, mezcla extraña de pudor y lujuria, donde los personajes miran con deseo el cuerpo femenino, lo llenan de caricias y aman hasta la muerte, ya que saben que aunque sean impotentes, persiste una vida sexual, ya que mientras estén vivos no pueden dejar de sentirse atraídos por el otro sexo y obtienen satisfacción por medios pregenitales e indirectos; así pueden revivir los recuerdos de una juventud cercana.

Pero también entre los homosexuales se conocen ejemplos de vida amorosa en la vejez pero la sexualidad de la mujer parece menos afectada en la vejez, dado que, según Kinsey, a lo largo de la vida, en la mujer hay una mayor estabilidad sexual que en el hombre, y en la senectud sus posibilidades de deseos y placer son las mismas y, según Masters y Johnson, si bien la respuesta sexual humana disminuye con la edad, la mujer sigue siendo capaz de acceder al orgasmo, sobre todo si tiene un estímulo sexual eficaz y regular. 

En ellas, puede aparecer dispareunia, a causa de la disminución de las secreciones vaginales, el adelgazamiento y la sequedad de las paredes vaginales y las contracciones espasmódicas del útero, que producen dolor con la penetración y, a veces, aún sangrado, situación que puede mejorar con uso tópico de estrógenos y lubricantes. 

También puede hacer su aparición la disuria postcoital, un dolor quemante, por la fricción en una vagina con paredes más débiles, que alcanzan a irritar la uretra, que puede tratarse de igual manera.

Para la mujer, el juego pregenital suele ser muy satisfactorio, ya que ellas lo valoran mucho más que los hombres. Sin embargo, de acuerdo con el informe Kinsey, las relaciones sexuales entre las ancianas son menores que entre los viejos, dada la condición de objeto sexual de la mujer, que, con el envejecimiento pierde valor a los ojos de los varones; de igual manera, los deseos sexuales persisten en la vejez de las mujeres homosexuales.

Los deseos sexuales de la hembra humana pueden estar reprimidos pero nunca se apagan y algunas pueden padecer de delirios erotómanos, cuadro psicopatológico en el que el sujeto afectado está convencido de que otro u otros individuos están enamorados de él.

Y bien sabemos que hay todo un vínculo entre sexualidad y creatividad, hace falta cierta agresividad, que tiene que ver con la libido, que liga con el mundo.

El hecho de que la pareja conyugal tienda a unirse más con las enfermedades, el aislamiento subsecuente a la jubilación y la partida de los hijos, hace que el vínculo se estreche tanto que alcance niveles simbióticos, que hacen que muchas veces la muerte de uno se siga de la muerte precoz del otro, aunque una convivencia tan estrecha les ocasione más tormentos que felicidad. Aún para parejas que han vivido felices y unidas, la vejez puede llegar a ser un factor de desequilibrio y la inseguridad de perder al compañero conyugal puede ser que aparezcan celos patológicos.

De otro lado, la edad modifica nuestra relación con el tiempo, ya que con el correr de los años, el futuro se reduce y el pasado se aumenta; como diría el poeta colombiano, Rafael Pombo:

Y esta pobre viejecita
cada año, hasta su fin,
tuvo un año más de vieja
y uno menos que vivir…

O como escribiera el poeta griego Konstantin Kavafis:

Los días del pasado son
esas velas apagadas.
Las más cercanas todavía humeantes,
las más lejanas encorvadas, frías,
derretidas.

No quiero verlas. Me entristece
recordar su brillo…

Y es que los viejos tienen una larga tras de sí y por delante una esperanza de vida muy limitada; pero ese pasado no es nada más que recuerdos, es lo que se ha dejado atrás y la única de poseerlo es poderlo incluir en un proyecto, al presentificarlo, al rememorarlo.

Y el tiempo ya no pasa de igual modo; la vida pasa rápido

La muerte de los otros, cosa tan presente en la vejez, constituye una ruptura brutal con el pasado; la muerte de un amigo, de un allegado, nos priva de su presencia y de toda esa parte de vida compartida; la muerte de los más jóvenes, sobre todo si los han engendrado, criado o ayudado a formar, significan la ruina de toda una empresa y hace vano cualquier esfuerzo, pues con ellos se marchan las esperanzas depositadas en ellos.

La infancia vuelve a obsesionar a los ancianos pues tanto sus conflictos como los de la adolescencia despiertan, hasta llegar a marcar un destino patológico. La infancia podría devolver un porvenir sin límites. El viejo sabe de su finitud, que el niño y el adolescente ignoran; el anciano ve reducirse su universo y dispersarse sus proyectos, sabe que su vida está hecha y que no podrá rehacerla, que el porvenir no es largo, ni henchido de promesas; el futuro está limitado a muy corto plazo. La situación puede llegar a ser asfixiante.

Pero ciertos imperativos se imponen con fuerza, bajo las órdenes de:

- Ese trabajo debe ser realizado.
- Esa obra concluida.
- Esos intereses han de protegerse.

para cumplir con un proyecto identificatorio preestablecido.

El viejo puede sentirse agarrado por la angustia, ya que tiene que hacer un esfuerzo contra reloj, sin tregua alguna y, así las cosas, puede perderse todo sentido del ocio.

Nuestros proyectos pueden apuntar a fines que se sitúan más allá de nuestra muerte. 

Se vive un momento, en el que el ser humano no puede contar con una especie de eternidad, pues el movimiento de la historia singular se ha acelerado y el mañana destruirá lo que se construyó ayer; la célula familiar ha estallado y el hijo no recomenzará lo que ha hecho el padre, asunto del que se tiene plena conciencia; la propiedad será vendida; el negocio será liquidado, como todas las cosas que constituían el sentido de su vida; sólo si ha criado a los hijos en libertad, tendrá la satisfacción de que la vivan a plenitud. 

El padre no se reconocerá ya en su hijo, mientras la nada, la NADA va ganando terreno, como lo hiciera con Fantasía, en La historia interminable, a sabiendas que la nada es NADA, ausencia de todo, no ser, carencia de todo, sin que podamos ofrecerle al anciano un destino distinto, ningún lenitivo para ello.

En un mundo móvil como el de hoy, el devenir individual no coincide con el social y el viejo ya se encuentra retrasado con respecto a él; el anciano ya camina lerdo mientras la humanidad no es monolítica; las nuevas generaciones se sienten libres del pasado y toman la antorcha para el relevo en la maratón de la vida, en su afán de superar la generación anterior.

En el campo del conocimiento, el viejo ha empezado a atrasarse; cada vez se torna más ignorante, en la medida que los descubrimientos científicos se multiplican, en la medida en que las ciencias se enriquecen, a pesar de todos los esfuerzos por conocerlas.

Entonces el viejo se queda en la cola de la sociedad; la industria y el comercio superan con creces la formación del artesano o el comerciante que fue; los profesionales se tornan caducos; en las carreras donde se requieren grandes aptitudes físicas, la involución biológica se hace determinante; muchos terminan por retirarse del todo. Se dice que es muy difícil que un sabio invente algo en la vejez, aunque el científico haya optado por lo universal, captado a través de símbolos y conceptos, aunque trabaje aisladamente no está solo sino que participa de una obra colectiva pues el hombre de ciencia no es un aventurero, sino alguien que retoma la obra de sus predecesores mientras otros investigadores lo acompañan, que como él dominan el conjunto de conocimientos, que constituyen su especialidad y descubre en ellos fallas y contradicciones, que trata de repensar y solucionar de alguna manera pero, con la vejez, tiende a aferrarse a viejos modelos, que pueden devenir acientíficos e ideológicos pues, paradójicamente, con la vejez uno se vuelve más libre y menos libre; más libre con respecto a los otros, pero menos libre con respecto a sí mismo, ya que se necesita mucho valor, mucho coraje y mucha pasión para demoler de arriba abajo los conocimientos adquiridos, cosa en la que los jóvenes están en mejor condición de hacerlo. Así, el hombre de ciencia choca con resistencias íntimas; sus hábitos intelectuales lo hacen obstinarse en métodos caducos; la especialización le veda la lectura de trabajos paralelos, así su conocimiento sea necesario para introducir alguna innovación. La vejez se convierte en un verdadero obstáculo epistemológico, en el sentido que le diera a este concepto, Gastón Bachelard.

La defensa de sus esquemas conceptuales, referenciales y operativos hace que el viejo científico contraríe el progreso de la ciencia; por ello, Bachelard decía que los grandes sabios son útiles a la ciencia en la primera mitad de su vida y perjudiciales en la segunda, ya que aún grandes inteligencias tienen dificultad para marchar con su tiempo. Aprender y enseñar cosas que no pueden aceptarse en lo más íntimo de uno mismo, siempre es cosa difícil.

En cambio el filósofo pareciera tener un destino distinto al del hombre de ciencia, ya que el pensador se coloca en una posición ambigua con respecto a la ciencia a la que defiende y crítica; la acepta como producto humano pero la niega que sea el reflejo de la realidad en sí, de la esencia de las cosas mientras el científico no pone en tela de juicio, al sujeto cognoscente, al hombre, que el filósofo sí cuestiona.

En cuanto a la creación literaria, a pesar de las diversas posibilidades, la vejez no pareciera favorecerla, ya que escribir es una actividad compleja, que implica una tensión entre el rechazo del mundo y un llamamiento a los semejantes, lo cual es, desde el vamos, una posición difícil, que implica a las pasiones, exige fortaleza, cosas que la vejez reduce y el escritor puede repetirse alienado por sus intereses ideológicos, cosa contra la que Simone de Beauvoir se rebelaba. 

Pero lo cierto del caso es que todo literato escribe desde su singularidad y es él, entero, el que está en su obra, tal como la vida lo ha hecho o él la ha elegido, ya que todos cambiamos pero sin perder la identidad y la obra finalmente está afectada por la finitud del escritor.

De todos los géneros literarios, el que pareciera más contraindicado para la persona de edad es la novela aunque hay honrosas excepciones. La gran obra de José Saramago empieza a escribirse a los sesenta años del autor, al igual que la de Daniel Defoe y Miguel de Cervantes escribiría el Quijote muy cercano a esa edad. 

En los músicos se ha observado que su obra progresa con los años, ya que ese arte requiere, para llegar a la maestría y la originalidad, de un largo aprendizaje

Los pintores, en cambio, no están sujetos a reglas tan estrictas pues también requieren de un largo tiempo para superar las dificultades del oficio y su obra está constituida por una pluralidad de cuadros, para ser cada vez una sucesión de comienzos; ellos viven en el presente y no en la prolongación de un pasado. Cada vez se hacen menos tímidos ante la opinión pública, al adquirir una mayor confianza en sí mismos.

Pero, en general, intelectuales y artistas tienen una mayor conciencia de la brevedad de su porvenir y de su singularidad insuperable; muchos de ellos, ponen toda su pasión en seguir luchando, en seguir buscando la alegría que les reportaban sus progresos, así la muerte pueda estar a la vuelta de la esquina; ellos quieren superarse conociendo y asumiendo su propia finitud, que la muerte los sorprenda en el camino, ya que su obra puede ser un recurso contra ella, una promesa de supervivencia, así los hombres del futuro sean distintos de ellos.

En los políticos, el hombre de edad que practica el arte de gobernar, su elección ha sido la del mundo real, en lo concreto, más allá de imaginaciones y conceptos abstractos, ya que quiere actuar sobre los hombres del presente para transformar la Historia. 

Para la realización de esta misión, el hombre buscará el Poder y dependerá mucho de los otros, ya que los seres humanos mismos son su materia prima; les sirve, sirviéndose de ellos; sus éxitos y fracasos dependen de sus semejantes; para ello necesitan que su aventura se prolongue indefinidamente y sólo así la vejez puede resultarles soportable. La actividad política de un viejo está abrumada por su pasado y, con frecuencia, el político anciano no consigue comprender una época muy alejada su juventud, ya que le faltan elementos intelectuales para hacerlo y así el más liberal o libertario puede devenir conservador y un hombre que mantiene toda su vida la línea política de su juventud, por fidelidad a su pasado, llega a ser superado en un momento dado; por eso hay que poder cambiar para seguir siendo uno mismo y no quedar desplazado por la actualidad, que tal vez fue algo que le pasó a Winston Churchill, quien terminaría hundido en la melancolía, entristecido por la desaparición de las viejas costumbres, con una gran merma de su capacidad de trabajo. Pero el político está para hacer la Historia y morir para ella.

El tiempo que el ser humano considera suyo es aquél en que concibe y ejecuta sus empresas; pareciera pertenecer a los jóvenes, quienes realizan sus actividades y animan sus proyectos, mientras el viejo improductivo e ineficiente apenas si es la sombra de un sobreviviente; es por ello, que los ancianos se vuelven hacia el pasado, al tiempo que les ha pertenecido, cuando eran un sujetos en pleno derecho, seres vivo y no una especie de zombie, muertos en vida; albergan entonces la vana ilusión de que todo tiempo pasado fue mejor. Ese tiempo estaba poblado por gente de su edad, en cambio, ahora, han visto morir a muchos, mientras flotan solitarios en un tiempo poblado por gente nueva y desconocida. Si quieren tener un punto de vista joven, han de remitirse a la generación que le sigue; tienen el triste privilegio de estar solos en un mundo nuevo y su mayor desgracia es haber sobrevivido a sus amigos. Algunos podrán asumir estas circunstancias con placer, con orgullo y dignidad, sin convertirse en muertos a plazo fijo, en la medida en que aún siguen en su proyecto.

Habrá personas que, ante los avatares políticos y sociales, se sientan amenazados y lleguen a pensar que toda partida está perdida, que toda lucha es huera y deciden dar al traste con su vida, como se supone que lo hiciera Virginia Wolff, si no hubiera una enfermedad maníaco-depresiva en el trasfondo.

Un viejo que siente que ha contribuido a ocasionar acontecimientos lamentables, puede sentirse más afectado que uno joven, al sentir que no tiene tiempo suficiente para reparar, como pareciera ser que fue el tormento de Albert Einstein, al final de sus días, en la medida en que sus descubrimientos habían contribuido a la fabricación de la bomba atómica.

Y el contexto social influye en la relación del viejo con la muerte, que al destruir a nuestro organismo, anula nuestro ser-en-el-mundo. Todo anciano sabe que pronto morirá, que hay allí un límite de sus posibilidades, así no tenga ninguna experiencia íntima de la muerte, ninguna representación propia. 

La muerte es el reverso inevitable de todos nuestros proyectos, ahí cesamos de accionar, de emprender. Algunos la justifican con base en la fatiga; hay seres humanos a los que nos les basta con vegetar, con tener una vida disminuida, ya que lo que desean es trascender y trascenderse pero la decadencia biológica limita esa voluntad de superación, de apasionamiento, en la medida en que va aniquilando los proyectos.

Entonces, la idea de la muerte resulta menos agobiante, las ausencias marcan su compás y cuando todo se lo haya tragado la ausencia no quedará más que la indiferencia.

Los psiquiatras dicen que la muerte se torna obsesionante si el viejo, en el pasado, le ha tenido un miedo morboso, y eso tiene que ver con los años de formación, de infancia y de adolescencia, con un pasado remoto o puede ir unida a sentimientos de culpabilidad, más si se es creyente y se teme ser lanzado a los profundos infiernos.

La muerte pareciera ser preferible al sufrimiento; se la evoca en estados melancólicos, cuando el presente parece siniestro pero aún hay muchos viejos que se aferran a la vida, aún después de haber perdido toda razón de vivir, como lo describiera Simone de Beauvoir en su crónica Una muerte muy dulce. 

Pero hay muertes lúcidas y apacibles, cuando ya se ha extinguido todo deseo de vivir, cuando el viejo prefiere el sueño eterno a la lucha o al tedio cotidiano.

La mayoría de los viejos saben demasiado a dónde van, las cosas del mundo pueden seguir siendo interesantes, pero falta cierta resonancia. 

En la juventud, el mundo es mucho más lleno de sentido, de promesas, y cualquier incidente hace que el sujeto vibre y resuene, pero las vibraciones en un universo reducido de tamaño terminan por extinguirse. 

La apatía y la inercia generan un vacío alrededor; ese es el estado en el que se hunden muchos jubilados. 

Ahora resulta imposible abrirse a caminos inéditos; pretender inventarse intereses y placeres. La edad pareciera quitar el gusto de instruirse y la falta de un proyecto pareciera matar el deseo de conocer; la curiosidad disminuye. Viene entonces la indiferencia intelectual y afectiva hasta reducir al anciano a una total inercia. El anciano no se siente concernido por nada; podría quedarse en la cama todo el día si la decencia y el temor a la enfermedad no se lo impidiera.

El viejo acoge con desasosiego la novedad; eso le dificulta improvisar, hacer nuevas elecciones; prefieren un mundo reglado, que no suscite ningún problema, donde cada cosa esté en su lugar, en un universo ritualizado, regentado por la fuerza de la costumbre; por eso, acuden a jugar a las cartas en determinado café, con determinados amigos, una repetición que para ellos alberga algún sentido. Esas manías crean imposibilidades; el sujeto se niega a viajar y, a cambio, se esclerosa y automutila. Pareciera ser que lo único que pudiera enriquecerlo es lo habitual, al brindarle como una especie de seguridad ontológica, que le permite saber quién es. El hábito se convierte en un refugio contra la angustia y si no está ahí lo habitual pareciera ser que la muerte sobreviene. Por ello, los viejos que son transplantados de la casa, separados de sus hijos, se encuentran perplejos, desorientados y desesperados; aferrarse a los hábitos es como aferrarse a las posesiones, que también son garantes de una seguridad ontológica, como si la totalidad de las posesiones reflejara la totalidad del ser, como si las cosas tuvieran una acción mágica; por eso, el viejo detesta que usen sus cosas, aún más que se las toquen; el dinero se vuelve sinónimo de poderío, le produce una satisfacción narcisista, al hacerle sentir la ilusión de que nada le falta, como una defensa contra la acción de los otros, que pueden ser el infierno. 

Por eso, no me parece casual, la alta frecuencia de delirios de robo de dinero entre los ancianos que colocan, en ese significante, el tesoro de sus capacidades, que al percibirlas menguadas, les hace fantasear que han sido robados. Así la avaricia del viejo Harpagón, se convierte en una forma retentiva, de agredir a los demás, con una absoluta falta de generosidad, pero ellos sienten que no pueden soltar lo que tienen y les permite ser. Y las actitudes más reivindicativas y desconfiadas las tienen hacia sus propios hijos. Recuerdo que hube de intervenir con un amigo, para ayudarle a sortear la profunda herida narcisista que le ocasionó que su padre demente pensara que le estaba robando; el hijo no podía ponerse en la mirada del otro; no podía pensar que esas ideas de robo hacían parte del deterioro cognitivo de su padre, que empezaba a delirar y a perder el juicio de realidad. 

Así mismo recuerdo, una buena señora, quien había sido como la Ruth bíblica con su suegra Noemí, en una relación siempre positiva y cálida con su madre política. Al comenzar en la anciana una demencia vascular, la madre de su esposo la hacía avergonzar porque la madre política iba a denunciarla a la policía por ser una ladrona, si no era que armaba unos serios escándalos en la sede bancaria donde tenía depositado su dinero, lo cual cedió al darle una gotitas de un antipsicótico a la pariente más vieja.

La relación con los nietos para los ancianos puede ser todo un atenuante, ya que pueden tener con ellos una rica vivencia afectiva, se sienten rejuvenecer en contacto con esta nueva generación, vuelven a sentirse útiles al ayudar con su crianza, lo cual puede ser también tan gratificante, que recuerdo haber leído en una revista china de medicina, una referencia a niños de ese país que decían:

- Si no tienes una abuela o un abuelo, alquílalos.

La vivencia del mundo como persecutorio hace que los viejos se aíslen, que corten relaciones con los demás, que tengan cambios bruscos de humor, que se vuelvan hipertímicos, con respuestas afectivas exageradas, que presenten labilidad emocional, que lloren con facilidad y para no demostrar esas debilidades se amurallen en sí mismos, se acoracen.

Su relación con otros viejos se torna ambigua; se reúnen para recordar, cuando se identifican entre sí; algunos cultivan las amistades más antiguas, pero en la medida en que el otro se vuelve un espejo de sí mismo ya no les resulta agradable.

La amistad con gente más joven puede resultarles muy revivificadora a los ancianos, en especial, al no estar cargada de toda la ambivalencia que se tiene hacia la parentela

Los viejos más favorecidos mantienen intereses polivalentes.

Algunos pueden empezar a padecer lo que el gerontólogo Louis Kuplan llamó la delincuencia senil, para parodiar el término de delincuencia juvenil, ante el hecho de los ancianos sentirse excluidos; una tendencia delictiva, que si bien no se manifiesta con actos violentos, si puede expresarse con conductas antisociales; estos comportamientos se dan como una forma de protesta, cuando son objeto de marginación.

La vejez no necesariamente trae consigo la serenidad. Es un mito tan claro como el del buen salvaje rousseauniano, el de la inocencia del niño. La ansiedad puede carcomer a los viejos. Los viejos suelen ser desconfiados, evasivos, introvertidos, con grandes dificultades en los vínculos con los demás, rígidos y estereotipados, en la medida en que se sienten deprivados; su estereotipia puede llegar hasta el ridículo; se agudizan rasgos del carácter como las manías, las conductas compulsivas, la avaricia, la hipocresía, que pueden llegar a ser irritantes para los demás. Es el efecto de un sujeto que lucha para seguir siendo considerado un ser humano.

Hay enfermedades mentales que son más frecuentes en la vejez como lo son las demencias seniles, el Alzheimer, la demencia vascular o por multiinfartos y las psicosis involutivas, sean estas depresiones o psicosis paranoides. Muchos ancianos no pueden encontrar una identificación con su propio personaje, buenas relaciones con los demás ni un equilibrio interior satisfactorio; el anciano tiene dificultades para asumir su identidad. Muchas veces lo infantil vuelve a emerger en su vida como si fuera un alma en pena; entonces pueden aparecer:

Trastornos caracteriales de tipo paranoide, bajo la protección de una verdadera coraza del carácter, en la que los rasgos más socorridos son la desconfianza y la agresividad, con ansiedades de tipo hipocondríaco, cuando el perseguidor no se encuentra ubicado en el mundo externo, en ese infierno que son los otros, sino que se ubica en los órganos del cuerpo. Pueden aparecer cuadros de celos patológicos, delirantes o cuasi-delirantes o delirios reivindicativos y querulantes, de auténticos buscapleitos, asociados con un estado de ánimo caprichoso y aún pueden llegar a la agitación. Hay mujeres que se comportan en forma pasiva, mientras odian el mundo, desde un repliegue sobre sí mismas, mientras otros ancianos y ancianas presentan delirios de grandeza, para negar sus sentimientos de minsuvalía.

Trastornos de ansiedad, ansioso-depresivos, distímicos o depresivos de distintos grados de gravedad. Entre ellas está la depresión involutiva, un cuadro descrito por el famoso psiquiatra Emil Kraepelin, en 1896, que es más frecuente en la mujeres, que jamás presentaron ni signos ni síntomas de enfermedad mental sino solamente al llegar a la senectud, que se caracteriza por un estado de depresión profunda, con un sentimiento de gran dolor moral, inhibición psicomotora, ante la pérdida de la juventud, aunque no haya mucha consciencia de ese factor desencadenante, en cuyo cuadro se siente que todo el porvenir está cerrado, con el freno de la prospección hacia el futuro, ante lo cual la persona termina por replegarse sobre sí misma, mientras en el horizonte la única perspectiva es la muerte; a partir de ese momento ya que no hay dentro de la enfermo sino vacío, impotencia y un tedio mortales, que hasta pueden llegar al delirio o conducir a estados estuporosos, próximos a la muerte, en los que le paciente inmóvil, ni modula ni habla. Mientras en el interior del sujeto se vivencian intensos sentimientos de culpa, como si toda la agresividad del sujeto se hubiera vuelto contra sí mismo. En dichos estados, prácticamente se deja de vivir, como si se tratara de una petrificación; se cae en una pasividad casi absoluta, de la que se pude salir súbitamente para caer en estados de agitación extrema, propios de la depresión agitada o en episodios delirantes, alucinatorios u oniroides.

Los estados maníacos o maniformes son defensas contra la depresión melancólica, raros en las personas de edad, salvo que se padezca de un trastorno afectivo bipolar.

Las psicosis delirantes crónicas dentro de las cuales encontramos la psicosis paranoica o paranoide, con delirios de perjuicio, que se desarrolla sobre todo en mujeres, como manifestación de un delirio persecutorio, desencadenado por un estado de desconfianza e irritabilidad; es en estos casos que aparecen los delirios de envenenamiento, de que les han resecado el cerebro, de dislocación del esqueleto, que les han robado, que les han forzado las cerraduras, que los vigilan o emergen delirios celotípicos, de infidelidad de su cónyuge, así dichas ideas funcionen como elementos sueltos que no se sistematizan en un discurso delirante más coherente e irrebatible por la lógica. Recuerdo que cuando era jefe de un servicio para mujeres en el Hospital Mental de mi provincia, en Colombia, llegó una anciana que decía estar muertecita y cuando se le intentó hacer un test para descartar una demencia orgánica se negó a hacerlo con base en la idea delirante de estar muerta, a la que pudimos ayudar a salir de ese cuadro con antidepresivos y con una psicoterapia de apoyo y esclarecimiento de cosas muy gruesas, relacionadas con su condiciones de existencia.

La paranoia involutiva de Kleist, descrita en 1912, se caracteriza por susceptibilidad, desconfianza, obstinanción, celos, ideas de grandiosidad o megalomaníacas e irritabilidad, que pueden acompañarse de fenómenos alucinatorios

Trastornos somatomorfos, conversivos o hipocondríacos, que siempre tienen raigambre en una neurosis infantil y manifiestan un conflicto entre el deseo y la Ley, que puede hacer de los pacientes verdaderos tiranos, que se refugian en la enfermedad, de la que obtienen beneficios primarios y secundarios claros, que reclaman cuidados, que extorsionan afectivamente, con la queja de padecer de dolores, parálisis, pruritos, trastornos del sueño, digestivos u urinarios. Recuerdo a Lila, una mujer en la sexta década de la vida, que empieza a presentar una ansiedad marcada, difícilmente contenible y un insomnio pertinaz, que hace que el hijo se ponga a su servicio de una manera casi incondicional, a quien decido medicar con un ansiolítico, de una manera transitoria, mientras cede el descontrol ansioso, y una psicoterapia, una vez por semana, para esclarecer aspectos muy gruesos. Un día, el hijo, un prestante abogado de mi ciudad, me pide que después de atender a su madre le conceda un ratito para hablar conmigo, ya que se encuentra francamente desesperado. Le planteo a su madre la solicitud del hijo y acepta que, al final de la sesión nos veamos los tres juntos. El hijo denuncia que la madre no respeta su campo laboral, ya que llama, sin importarle que esté en algún juzgado, para quejarse de cosas nimias. La mujer le dice que ella lo crió, sin la presencia del padre y que para ella es como si él fuera su marido. Entonces, le muestro la conflictiva edípica que se está manejando, donde ella coloca al hijo en el lugar del marido, cosa que jamás podrá ser, puesto que es algo terriblemente prohibido por las culturas del mundo. El hombre aprovecha para hablar de la hostilidad de la madre con su mujer, con su nuera, que también se vuelve insoportable, lo cual nos permitiría en adelante avanzar en el proceso psicoterapéutico, que terminó en que la paciente decidiera irse un tiempo de vacaciones a otras ciudades, desde donde me llamaba a decirme que iba muy bien, ya que yo había terciado con una prohibición que ella había olvidado que existía.

Las demencias seniles han ido aumentando en frecuencia, en razón del aumento del promedio de vida, que hacen que la población más vieja tenga un mayor número de representantes. Estas enfermedades suelen ser de comienzo insidioso, con desorientación temporo-espacial, un déficit progresivo de la memoria y las capacidades cognitivas, como si se diera una verdadera atrofia mental, pero que puede acompañarse de estados de agitación psicomotora y/o confusionales, ideas delirantes o síndromes depresivos, con una gran desorganización del comportamiento social y una alteración del tiempo vivido. También en estos casos pueden presentarse afasias, debilitamientos de la atención, trastornos perceptivos, con una percepción imprecisa, que trae consigo falsos reconocimientos, fenómenos que en su conjunto terminan por alterar un adecuado juicio de realidad, cuadro al que se suma una desinhibicíón de la conducta.

Dentro de estas demencias se ha considerado:

La demencia de Alzheimer que se considera la demencia más común, una enfermedad degernerativa crónica y progresiva, que se va instalando de una manera lenta y conduciendo a un gran deterioro del paciente, caracterizada por daño de la memoria para informaciones nuevas, dificultades con el habla, dificultad para evocar el nombre de las cosas, para llevar a la práctica actividades motoras, a pesar de no haber parálisis, falta de fuerza o de coordinación, lo que entorpece sus posibilidades de ejecutar acciones, planificarlas, organizarlas y realizarlas con una secuencia lógica, debidas a un daño neuronal y del tejido cerebral, cuyas causas se desconocen aún.

La presbiofrenia o síndrome de Wernicke, descrita en 1863 por Kahlbaum, que se caracteriza por una amnesia de fijación de datos nuevos, una desorientación temporo-espacial y confabulaciones compensatorias de las fallas de memoria, más frecuente en mujeres, que se presentan con una apariencia bien cuidada, que hablan con afabilidad y, aparentemente, parecen personas normales. Su signo patognomónico sería el delirio de la memoria, generalmente megalomaníaco, en un sujeto con una visión bastante optimista de la vida, desde la que dice estar relacionado con lo más granado de este mundo, poseer grandes fortunas, aunque a veces desmienta esas invenciones delirantes y hasta se ría de ellas, que en la actualidad se considera una variante clínica de la enfermedad de Alzheimer o se clasifica entre las demencias no especificadas.  

La demencia vascular, por mulitiinfartos, arterioesclerótica o arteriopática, también se ha incrementado con el aumento de la población senil, asociada con la aterioesclerosis, empieza a manifestarse, a partir, de los sesenta años, sobre todo en hombres, consumidores de alcohol y tabaco, que se inicia con otros signos de ateroesclerosis periférica, hipertensión arterial, psicastenia, fatiga, cefaleas, disprosexia, dificultad de fijar la atención, hiperemotividad e hipocondría. También puede manifestarse como una melancolía ansiosa o un cuadro estuporoso, a veces de una forma maníaca, estados confusionales o cuadros delirantes. Puede complicarse con accidentes cerebrovasculares, que pueden ocasionar más y grandes déficits y desencadenar nuevos estados depresivos o confusionales. En las formas parciales, el sujeto tiene conciencia de sus trastornos cognitivos y afectivos, de su deterioro psíquico, de sus trastornos de memoria, de su pobre capacidad para la asociación de ideas, la esterilidad de su imaginación, la reducción de su vida mental y la gran monotonía de su existencia.

La demencia de Pick que suele aparecer entre los cincuenta y los sesenta años, caracterizada por cambios precoces y progresivos del carácter, del comportamiento, que evolucionan hacia un deterioro de la inteligencia, la memoria y el lenguaje, acompañado de apatía, estados de euforia y, a veces, signos extrapiramidales, por atrofia de los lóbulos frontales y temporales del cerebro, con aparición de placas en el tejido nervioso y degeneración neurofibrilar, parecidas a las que suceden en la enfermedad de Alzheimer. 

La demencia de Creutzfeldt-Jakob que también suele presentarse alrededor de los cincuenta años, que llevaba relativamente rápido a la muerte y suele ir acompañada de múltiples signos y síntomas neurológicos, como parálisis, síntomas extrapiramidales parecidos al mal de Parkinson o movimientos coreoatetoides, ataxia, falta de equilibrio para la marcha, pérdida o disminución de la visión, fibrilaciones y atrofias musculares y un electroencefalograma característicos con presencia de ondas trifásicas. 

La demencia de cuerpos de Lewy que se la considera la más frecuente después de la enfermedad de Alzheimer, también de causa desconocida, que afecta la corteza frontal, la parietal y la temporal, además de la subtantia nigra y se caracteriza por unos corpúsculos incluidos en el interior de la neurona, que llevan al deterioro cognitivo, síntomas parkinsonianos, alucinaciones y delirios. 

La parálisis general progresiva o el terciarismo luético, la cual anteriormente era mucho más frecuente, antes del desarrollo de la penicilinoterapia, lo cual hacía que en algunos hospitales exhibieran una frase lapidaria: Si no le temes a Dios, témele a la sífilis, ya que era una forma de demencia que aparecía tardíamente después de la adquisición del treponema pallidum por contacto sexual, cuando esta bacteria atacaba el sistema nervioso central, que llevaba a una atrofia cerebral, en especial del lóbulo frontal, y se caracterizaba por fatiga, hipoactividad, dificultades de atención, labilidad afectiva, trastornos afectivos y delirios de grandeza. 

Los trastornos neuróticos de los ancianos pueden tratarse con éxito con psicoanálisis o psicoterapias de tipo psicoanalítico, al que las personas de edad se pueden mostrar gustosas de acceder en la medida en que esta disciplina se dirige a la investigación de los sucesos de la infancia, en personas que anhelan recontactar con ella y sobre todo porque sienten que tienen que pagar con una gran cuota de sufrimiento, así los procesos analíticos marchen más lento que en la gente joven, pero con el correr de los años y la experiencia acumulada, la vejez no es ya una contraindicación para la recomendación de una terapia psicoanalítica.

Otros trastornos pueden tratarse con una modalidad psicorfarmacológica.

Lo que Roger Bastide, en su Sociología de las enfermedades mentales se pregunta es si la senilidad es una consecuencia de la vejez o si más bien es el producto de una sociedad que rechaza a los viejos, e incluso con el doctor Repond se plantea si no habrá razones para cuestionarse si la demencia senil, supuestamente con una etiología orgánica, no debería revisarse, como se hace con las pseudodemencias, para ver si no son el resultado, además, de factores psicosociológicos, agravados al internar al sujeto en instituciones mal equipadas, donde los pacientes quedan librados a sí mismos, privados de estímulos psicológicos, separados de todo interés vital, sin otro recurso que ser antesalas para la muerte pues. tal vez, pensaban ellos, las demencias seniles podrían ser un fenómeno artificial, debido a la falta de cuidados y de esfuerzos en la prevención, tanto primaria, antes de que ocurra la enfermedad, como secundaria, preocupada por la cura de ésta y la terciara como de la rehabilitación de sus secuelas.

Pero algunos ancianos, sin embargo, pueden llegar a tener conductas heroicas, ya que al sentir una gran indiferencia hacia la vida, pueden arriesgarla por otros, puesto que la suya ya no les importa. El famoso pediatra estadounidense, el doctor Benjamin Spock, cuando fuera acusado, por su activismo en contra de la Guerra de Vietnam, a los ochenta años, declararía: A la edad que tengo, ¿por qué no habría de participar en una manifestación?

También veíamos a un envejecido Bertrand Russell, siempre obstinado y valiente, a los ochenta y nueve años, protestar contra las Armas Nucleares, en una manifestación no violenta y ofrecer una resistencia pacífica, que lo condujera a la cárcel. 

Así mismo, Juan XXIII sorprendería al mundo al convocar un Concilio que se propusiera una reforma de la Iglesia Católica.

La vejez puede resultar liberadora de viejas ilusiones, resultar decepcionante y productora de un desencanto amargo, al comprender que la vida es una pasión inútil, algo que nos aleja de la voluntad de vivir de Arturo Schopenhauer, al comprender que la vida es vanidad de vanidades y tan sólo vanidad, como reza el Eclesiastés (Eclesiastés, 1, 2), que sólo se puede vivir cuando uno está ebrio de ella.

Pero cuando un anciano no es víctima de procesos fisiopatológicos, psicoapatológicos ni de condiciones socioeconómicas lamentables, sigue siendo, a pesar de las alteraciones normales de la vejez, lo que ha sido; así, Voltaire tuvo una hermosa vejez, aunque Chateaubriand se preparó un destino lúgubre; Swift fue un misántropo y Whitman un cantor de la vida; unas cosas dependen del contexto del organismo y del contexto social pero otras dependen de la posición subjetiva. Si el sujeto se desarrolla en circunstancias favorables, si se le proporciona un conjunto de intereses intelectuales y afectivos, el anciano puede tolerar el peso de los años. 

Lou Andreas-Salomé, amante de Nietzsche y Rilke, tenía más de sesenta años cuando asumió su labor de psicoanalista y sus resultados la llenaron de alegría. Una vez enviudara tuvo que pasar por una crisis financiera pero su amistad con los Freud, Sigmund y Anna, la llenaban de satisfacción. Al final de su vida, ésta se vio amenazada por el ascenso del nazismo, sobre todo porque sabía que por ser judía, la hermana de Nietzsche, quien la odiaba, podía denunciarla, pero como llevaba una existencia tan discreta no la molestaron y cuando sobrevinieron la diabetes y el cáncer de mama, se compensaba con su sociabilidad y las amistades que su gran inteligencia y generosidad le valían. Su vejez no fue fácil pero no se desesperó, ya que una suerte de justicia cósmica la protegía.

Freud mismo también tuvo una hermosa vejez.

Es cierto que el cuerpo involuciona pero lo que la sociedad tendría que preguntarse es qué tiene que hacer para que el viejo siga siendo un ser humano, lo más cabalmente posible. La respuesta tal vez sea sencilla, que siempre sea tratado como tal.

La vejez señala el fracaso de nuestra civilización, en la que hay que rehacer al ser humano entero, en que se han que recrear los vínculos entre los seres humanos. Un hombre, una mujer no deberían llegar a la ancianidad con las manos vacías ni viviendo en soledad. En todo momento deberían ser tratados como ciudadanos activos y útiles, si no estuvieran atomizados desde la infancia, si se los incluyera en una vida colectiva en lo cotidiano, en lo esencial de la vida, sin que jamás conocieran el exilio, cosa que no se ha logrado ni en el capitalismo ni en el socialismo, ya que la sociedad sólo se preocupa del sujeto en la medida en que produce; por ello, la reivindicación ha de ser muy radical y cambiar de vida.

Ver también:

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.

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