viernes, 13 de noviembre de 2009

Carta abierta: Carta de nietos restituidos y hermanos que buscan a sus hermanos y hermanas nacidos en cautiverio

Buenos Aires, Argentina. Compartido a ARGENPRESS CULTURAL

Visto que no ha cesado el espíritu de presentar como una “mano salvadora y llena de amor” el Plan Sistemático de Robo de Bebés, es decir, el Robo de Nuestra Verdadera Identidad durante la última dictadura militar, nosotros, “los nietos”, queremos decir claramente que:

• No corresponde que esté en tela de juicio el derecho a recuperar nuestra verdadera identidad, que muchas veces es puesto en discusión a través de cómplices, o simplemente necios, que llevaron adelante, aprobaron o aprueban, tal aberración.

• El Estado debe usar todas las herramientas para devolverle la identidad a los más de 400 jóvenes apropiados que aún desconocen su verdadera historia, para así cerrar esta herida que marca a nuestro país desde hace más de 30 años. Lamentamos que muchas veces se quiera presentar como incorrecta la búsqueda de la verdad y se siga poniendo en discusión si se debe o no exigir un análisis de ADN. Ese examen en el caso de ser positivo, no sólo permite saber quiénes somos, sino que pone fin a la búsqueda de toda una familia después de más de tres décadas.

• A los legisladores en particular y a la sociedad en general les pedimos que nos ayuden a encontrarlos y que piensen que los silencios permitieron que la Dictadura nos secuestre. Hoy no debemos permitir que esos silencios mantengan vigentes esos secuestros ya que son delitos permanentes que no prescriben, de lesa humanidad y que solo dejan de estar vigentes cuando se descubre la verdad.

• Cada día que pasa es uno más en el que la mentira se mantiene viva, apropiándose de la verdad en la vida de más de 400 jóvenes y en ellos a sus hijos, las nuevas generaciones de argentinos.

• Esos jóvenes son nuestros hermanos y nosotros sí les podemos decir que recuperar nuestra verdadera identidad nos permitió ser nosotros mismos y no lo que otros quisieron que fuéramos, primero asesinando a nuestros padres y luego cambiando nuestra identidad.

• Los que hoy podemos saber quiénes somos y quiénes fueron nuestros padres, también sabemos que ellos nos dieron la vida y que jamás y bajo ninguna circunstancia nos abandonaron.

• Sólo sobre la base del conocimiento de la verdad de los acontecimientos ocurridos a nuestros padres sabremos y podremos construir una sociedad más sólida, sin mentiras y con la verdad a la luz.

• Nosotros hoy somos libres porque podemos elegir qué hacer con esta historia, ya que haber recuperado nuestra identidad no nos convirtió nuevamente en cautivos de alguien, sino todo lo contrario: nuestras familias respetan nuestros derechos y cada uno genera el vínculo que quiere con ellas.

• Somos libres porque recuperamos lo que nos robaron, porque pusimos las cosas en su lugar y así pudimos entender nuestro ADN, ese que nadie pudo cambiar… Si en algún momento de nuestras vidas nos

• Si en algún momento de nuestras vidas nos ocultaron cuál era nuestro origen, hoy lo sabemos y podemos hablar en primera persona de eso; hoy somos capaces de construir con esa historia un futuro.

• El derecho a la identidad es un derecho humano y como tal irrenunciable. Es tan importante como el derecho a la vida, a la libertad y a la integridad física. Nadie debe decidir si quiere o no ejercer ese derecho, porque es el Estado el responsable de garantizarlo y preservarlo.

• Hoy este congreso tiene la responsabilidad y la obligación de reparar el daño que nos causó el terrorismo de estado.

Ramon Aiub
Matias Reggiardo Tolosa
José Sabino Abdala
Paula Alessandrini
Lorena Battistiol
Tatiana Sfiligoy (Ruarte-Britos)
Horacio Pietragalla
Belén Gentile
Ramiro Nicolás Menna
Eduardo de Pedro
Gustavo Godoy Weil
Felipe Gatica
Cristina Bettanin
M. Victoria Torres Ruiz
Laura F. Acosta
Jorgelina Paula Molina Planas
Verónica Castelli
Virginia Ogando
Victoria Donda
Marcos Solsona
Claudia V. Poblete Hlaczik
Manuel Gonçalves Granada
Ivan Fina
María Julia Bearzi
Miguel Santucho
Pedro Luis Nadal García
Carlos D'Elía
Gisela Busaniche
Gabriel Cevasco
Flavia Battistiol
Hilda Victoria Montenegro
Juliana García
Gastón Gonçalves
Gabriel Corvalan
Eugenia Sampallo Barragán
Leonardo Fossati
Benjamín Avila
Mariana Corvalan
Jimena Vicario
Martín Fresneda
Alejandro Pedro Sandoval Fontana
Adriana Elisa Metz
Marianela Galli
Josefina Nacif
Mario Luis Frias
Sebastian Casado Tasca
Ana Lina Klotzman
Antonio Belaustegui
Victoria Julièn Grisonas
Mariano Bearzi
Marcos Suárez vedoya
Sabrina Gullino
Julia Dalila Delgado Bessio
Fernando Sandoval
Nicolás Plací
Tupac Vladimir Puggioni
Andrés la Blunda
Juan Cabandié
Nicolás Plací
Federico Nacif
Enrique Nacif

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Arte, juego y educación

Margarita Schultz (Desde Chile. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Estimados lectores, con este texto concluyo el ciclo dedicado a los procesos de reflexión sobre educación orientados a ser un aporte a los debates sobre el tema en Chile. La intención adjunta, en estos seis breves ensayos, ha sido tratar de mostrar que la actividad de la práctica artística en los contextos educativos, además de tener su propio valor incorporado, deja un excelente sedimento en niños y jóvenes, me refiero al efecto instrumental.

Aquí el propósito es relacionar arte y juego en cuanto a educación. No con la mera intención de mostrar cómo un niño que juega en su infancia puede comprender el fenómeno del juego en su adultez. La incorporación del tercer elemento, el arte, -o según lo vengo denominando aquí: las prácticas y experiencias de intención artística-, tiene un objetivo más específico. Comunicar la idea de que el arte y el juego se vinculan de muchos modos posibles entre sí y tejen, de ese modo, una trama potente y eficaz en la formación de la persona humana.

Johann Huizinga, filósofo holandés, escribió en 1938 una obra reconocida como matriz para pensar el tema: Homo Ludens. El ser humano, es ante todo Homo Ludens, el hombre que juega, escribió Huizinga. No propuso una perspectiva utilitarista del juego (el juego es ‘para’…), al contrario, lo caracterizó como una actividad valiosa en sí misma y por sí misma. No intento, por cierto, dar un giro utilitarista a esta relación productiva entre arte y juego en la educación. Sólo me interesa describir los efectos potenciales contenidos en ese enlace entre arte y juego, en el marco de las acciones educativas.

Me apoyo para eso en uno de los conceptos expresados por Roger Caillois, quien reflexionó finamente sobre el tema del juego. No se puede pretender que cada forma de juego corresponda a una actividad determinada futura para la cual constituya en cierto modo el aprendizaje presente. Los juegos no enseñan oficios, más bien desarrollan aptitudes.

Me permito parafrasear la idea de Caillois de este modo: las actividades y prácticas de intención artística en los espacios educacionales no enseñan artes, desarrollan aptitudes. Pero no sólo desarrollan aptitudes artísticas, sino las de un amplio espectro de otras actividades ligado con lo que se llama ‘economía de la vida’.

El filósofo Roger Caillois, nacido en Reims, Francia, estimado como el discípulo conceptual más destacado de Huizinga, publicó en 1958 su Teoría de los Juegos un clásico insoslayable en el tema. Enumera y caracteriza allí cuatro modos básicos o principales del juego que abordo más abajo. Me parece válido preguntar cuál de ellos está más próximo a esas actividades artísticas; más aún, preguntar cuánto hay en cada uno que pueda estar ligado a las prácticas artísticas.

La comparación entre arte y juego, tiene sus riesgos, sobre todo en lo relativo a los valores del arte. El principal peligro es, curiosamente, el tomar al arte como una actividad exclusivamente lúdica. Por eso, explorar la incorporación del factor educación es un modo de abrir esa falsa causalidad conceptual que conduce a tomar el arte como un mero juego. Por otra parte, y sin ánimo de paradojas, ambos teóricos sostuvieron que el juego es una actividad profundamente seria para el ser humano.

Me parece de rigor, ahora, exponer resumidamente la tipología de los juegos, desarrollada por Roger Caillois. Existen 4 tipos de juegos, nombrados por Caillois con términos griegos. Son ellos: el primero, agon, relativo a los juegos de competencia, de antagonistas lúdicos, el segundo, alea, el de juegos basados en el azar, donde la voluntad del jugador es puesta a un lado. Luego, mimicry, juegos donde predominan la mímesis, la imitación, la simulación de otros mundos. El cuarto tipo de juego se denomina ilinx, se trata de juegos donde se persigue el vértigo, a través de un desvanecer transitoriamente la estabilidad. Un efecto buscado es ‘el mareo voluptuoso’, por ejemplo, en parques de diversiones, o en esas sencillas ruedas horizontales, que los niños hacen girar mediante un volante manual, en plazas y parques. Es el más directamente sensorial de los cuatro.

Esos cuatro tipos de experiencias (la competencia, la simulación, el reto al azar, el vértigo voluptuoso), pueden entrar en un ejercicio singular precisamente en las mentadas actividades y prácticas de intención artística. Me he referido en otro de los textos de este ciclo a la competencia (agon) que entabla el artista con su obra, para vencerla en el logro de la idea. Apenas es necesario mentar la sensorialidad (ilinx) que acompaña a todas las artes, menos notorio pero actuante es la intervención del azar (alea) en los procesos de creación, un azar que los maestros de la creación artística han aprovechado siempre. Pero, sin dejar de ser juego, sin perder su carácter de práctica de tipo artística, la principal categoría que aparece en la búsqueda es la segunda en la serie, la llamada mímesis (mimicry).

Pensemos en lo siguiente, desde un recorrido imaginario por todas las disciplinas participantes en la gran esfera de intereses del arte, al menos en Occidente: en todas ellas, más cerca o más lejos del fenómeno que se toma por modelo, está la imitación, la simulación, la mímesis. La mímesis no está presente sólo en un retrato, ni meramente en un filme del neorrealismo italiano, o en una novela, o en la fantasía de animación en 3D realizada por medios digitales… También en la música y la arquitectura, artes abstractas por naturaleza, hay vestigios de mímesis, mímesis de nociones abstractas, claro.

Retorno a las ideas en proceso: mímesis, es sustrato de las artes, mímicry, es uno de los juegos más tempranos en los niños. Por ejemplo, desde que participan del juego de aparecer y desaparecer (que se ve tan distante del arte), al esconderse tras una sábana de su cuna. ¿No es eso, acaso, una imitación del ‘no estar’? Y se prolonga en una diversidad asombrosa de simulaciones a distintas edades, con los temas más diversos.

¿Quiere decir esto que la aptitud humana que se desarrolla es ‘la simulación’? ¿Que el arte y el juego se parecen en eso? Se parecen, sí, pero la simulación no es entendida aquí como deshonestidad, mentira, hipocresía…vicios que nos molestan en la ‘vida real’. Muy de otro modo, la simulación se comprende en el arte como configuración de otra realidad, no como reemplazo tramposo de esta realidad que vivimos cotidianamente. La simulación artística, el juego de la mímesis, se comprende como construcción creativa, como fértil elaboración de la fantasía.

Arte, juego, educación se configuran como un enlace positivo donde la experiencia se educa en la mímesis creativa, discierne las diferencias entre mundos a la vez que los enlaza con fines productivos. Es lo que mueve y es movido por la imaginación.

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Carta

Michael Moore (ECUPRES)

Quisiera decirles algunas palabras a aquellos que se asumen cristianos (los musulmanes, judíos, budistas, etc., también pueden leer lo que voy a escribir estoy seguro, de que también ellos podrán aplicarlo a sus propios valores espirituales).

En mi último film hablo por primera vez sobre mis propias creencias en una película. Siempre creí que las preferencias religiosas son profundamente personales y que deben ser mantenidas en la privacidad. Después de todo hemos escuchado demasiado en las tres últimas décadas sobre como uno debería comportarse y debo decir que estoy bastante quemado de piedades y de lugares comunes considerando que somos una nación violenta que invade otros países y nos castiga por tener la audacia de afrontar tiempos difíciles.

Estoy igualmente en contra de cualquier tipo de proselitismo. No pretendo ciertamente que nadie adhiera a mi fe. Como católico, tengo también mucho que decir sobre la Iglesia como institución, pero lo dejaré para otro día (o para otra película).

A todos los tipos perversos de Wall Street y a los corruptos miembros del Congreso a que me refiero en “Capitalismo. Una historia de amor”, les planteo en la película una sola pregunta: “¿Es un pecado el capitalismo?” y sigo preguntando “¿Habría sido Jesús capitalista?, “¿Habría pertenecido a un Fondo buitre? ¿Podemos aprobar un sistema que permite que el 1% más rico pueda financiar su salud mientras que el 95% de la población no puede?

Estoy inclinado a creer que no es ningún hallazgo creer que el capitalismo se opone a todo lo que Jesús (y Moisés y Mahoma y Buda) predicó. Todas las grandes religiones tienen clara una cosa: es perverso apropiarse de la mayor parte de la torta y dejar a los demás pelearse por el resto. Jesús dijo que a los ricos les será muy difícil entrar en el cielo. Nos enseñó que debemos cuidar a nuestros hermanos y a nuestras hermanas y que la riqueza debe ser compartida. Dijo también que si no le das abrigo a los sin techo y no alimentas al hambriento, te será muy difícil encontrar el código que te permita abrir las puertas celestiales.

Sospecho que para nosotros los usamericanos hay malas noticias Sabemos que ahora tenemos la más alta tasa de desempleo desde 1983. Se cierra un puesto de trabajo cada 7,6 segundos, todos los días 14 mil personas pierden su seguro de salud. Es así como entendemos el “benditos sean los pobres”

Al mismo tiempo los banqueros de Wall Street (“Bendita sea la Riqueza”) acumulan más y más bienes – y se esmeran en pagar cada vez menos impuestos (en el último año el promedio de impuestos de Goldman Sachs fue de apenas un 1%) ¿Hubiera aprobado esto Jesús? Si no ¿porqué dejamos que siga este maldito sistema? No me parece que usted pueda ser al mismo tiempo Capitalista Y Cristiano – porque usted no puede amar el dinero Y amar a su vecino cuando usted le está negando a su vecino la posibilidad de concurrir al médico solo porque usted puede tener algo más que lo esencial. Eso es “inmoral” y usted está cometiendo un pecado cuando obtiene beneficios a expensas de los demás.

Cuando usted esté en la Iglesia esta mañana piense por favor en todo esto. Quiero pedirle que les permita acercarse a sus “mejores ángeles” Y si usted está entre los millones de usamericanos que están luchando semana a semana, sepa que yo he prometido hacer todo lo posible para detener este mal – y espero que usted se una a mí hasta que no haya un solo ser humano que no pueda sentarse a la mesa.

Gracias por escucharme. Estaré en misa dentro de un rato. Le preguntaré al sacerdote si el cree que Jesús habría especulado con hipotecas y sus derivados. Creo que él debe haber sido bueno en matemáticas, sino ¿cómo hubiera podido multiplicar y repartir los panes y los cinco pescados entre 5 mil personas?

O él fue el primer socialista o sus discípulos no fueron eficientes. O ambas cosas.

Suyo

Michael Moore es un cineasta documentalista usamericano que denuncia a través de sus filmes la violencia que genera la tenencia de armas (Bowling for Columbine), las falencias de los seguros de salud (Sicko) y desnuda en esta última película (Capitalismo. Una historia de amor) el drama capitalista, siempre en el marco de su propio país.
Traducción: Susana Merino - ECUPRES

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Video: “El sueño americano”

George Carlin


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Nicolás Guillén: voz del mundo

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Toda la voz del África resuena en sus versos, toda la voz de América en sus palabras, todas las voces, todas, en sus manos y en sus ojos que supieron ser alas para atravesar los mares y puentes para encontrarnos. Nicolás Guillén, Camagüey, 10 de julio de 1902 - La Habana, 16 de julio de 1989, anduvo las calles de La Habana, dibujando sueños y cantando libertades.

“¿Lejos? / Hay un arco tendido / que hace viajar la flecha / de tu voz” cantan los versos de Guillén, poeta cubano en el que resuenan los ecos libres de los viejos esclavos. Su poética tiene el sabor de los tambores y besa con los labios dulces de la caña, sus manos prendidas de estrellas se agitan como banderas sobre los cielos de La Habana.

“Negrón, negrito, / ciruela y pasa, / salga y despierte, / que el sol abrasa, / diga despierto / lo que le pasa... / ¡Que muera el amo, / muera en la brasa! / Ya nadie duerme, / ni está en su casa: / ¡coco, cacao, / cacho, cachaza, / upa, mi negro, / que el sol abrasa!”

(Canción de cuna para despertar a un negrito, fragmento)

Esta América que fue y que sigue siendo, esta Patria callada de heridas, encontró en los versos de Guillén la medida exacta de sus sueños, porque en él supo nacerse libre, como una mujer de morenas piernas y largos pasos, hambrienta de verdades y caricias, con el vientre colmado de mañanas.

“La sangre es un mar inmenso / que baña todas las playas... / Sobre sangre van los hombres, / navegando en sus barcazas: / reman, que reman, que reman, / ¡nunca de remar descansan! / Al negro de negra piel / la sangre el cuerpo le baña; / la misma sangre, corriendo, / hierve bajo carne blanca. / ¿Quién vio la carne amarilla, / cuando las venas estallan, / sangrar sino con la roja / sangre con que todos sangran? / ¡Ay del que separa niños, / porque a los hombres separa!”

(La sangre es un mar inmenso, fragmento)

Las costas bañadas de barcos negreros con las velas izadas de nostalgias estallan por fin libres en los versos de este poeta nuestroamericano. Sus pasos supieron decir y decirnos lo nuestro, lo que arrebatado y presa de grilletes, encontró por fin la canción que lo libera y así las heridas, aunque aún abiertas, se secan de azules mares y altos vientos. Son versos cantarines que denuncian, infinitamente jóvenes, la opresión primera y la explotación que vino después desde el norte. En él la revolución cubana, vivida desde la lucha y la poesía, tiene el canto germinado de caricias, porque sus versos son en la música un fusil de margaritas.

“No me dan pena los burgueses vencidos./ Y cuando pienso que van a dar me pena,/ aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos. / Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas, / pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes, / pienso en mis largos días sin camisa ni sueños, / pienso en mis largos días con mi piel prohibida, / pienso en mis largos días Y / No pase, por favor, esto es un club. / La nómina está llena. / No hay pieza en el hotel. / El señor ha salido. / (…) / Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo, / ¿qué carajo me pide usted que haga? / Además, pregúnteles, / estoy seguro de que también / recuerdan ellos”.

(Burgueses, fragmento)

Nicolás Guillén es poeta imprescindible, de esos que saben nacer una y otra vez, en los suelos de estas tierras y en las manos labriegas y en los ojos curiosos y en las ganas y en las luchas. Nicolás Guillén fue y seguirá siendo, siempre, poeta, voz de este sur de esperanzas.

“Haz que tu vida sea / campana que repique / o surco en que florezca y fructifique / el árbol luminoso de la idea. / Alza tu voz sobre la voz sin nombre / de todos los demás, y haz que se vea / junto al poeta, el hombre”.

(Palabras fundamentales, fragmento)

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Cuentos para el 2030

María Luisa Etchart (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el 2030, a 100 años de mi nacimiento, mis nietos y nietas estarán viviendo en un mundo que apenas puedo imaginar. Quisiera pensar que la humanidad, para esos tiempos, haya reflexionado sobre la ley de causa y efecto y la haya comprendido en toda su magnitud y haya, por fin, girado el timón hacia un modo de vivir que priorice el cuidado de los demás elementos que componen la vida en la tierra (nuestro planeta azul) y de los sentimientos de compasión y generosidad que deberían regir nuestras acciones cotidianas.

El comienzo de este nuevo siglo, el XXI, nos encuentra en un momento de caos universal, de valores materialistas y utilitarios, de uso indiscriminado de la violencia como forma de resolver problemas, de producción de chatarra armamentista y de insensibilidad hacia el otro, no importa quién éste sea, que no hace falta ser un genio para comprender que tiene y tendrá consecuencias irreversibles para la supervivencia.

¿Qué es la sustentabilidad? Considerando el número creciente de habitantes en el mundo, los recursos no podrán satisfacer las necesidades de todos, si se insiste en considerar como necesidades el uso y la posesión de elementos cuya producción requiere el uso de cantidades increíblemente enormes de materias primas no renovables. No hay lógica en que un solo ser necesite transportar su insignificante persona en vehículos que pesan toneladas, que contaminan el aire, que son verdaderas armas mortales que siegan vidas diariamente como si esto fuera sólo una parte de un derecho adquirido. Tampoco es justificable que las llamadas naciones más desarrolladas se abalancen sobre las más débiles para apoderarse de su patrimonio, arrasando con inocentes y con culturas milenarias sólo para poder continuar la orgía de consumo de petróleo. Cada árbol que se corta con propósitos utilitarios, cada veneno que se arroja a los cursos de agua, cada montaña de basura plástica que se descarta, cada especie animal que desaparece es un paso hacia un final fácilmente previsible.

Mi carta astral, que hace poco me llegó por el internet, dice que soy demasiado inflexible, que sostengo mis puntos de vista con demasiada rigidez y no tengo capacidad para considerar con ecuanimidad otros puntos de vista. Como verán no titubeo en hacer público mi defecto capital, mientras reservo las que podrían ser mis virtudes porque no son propiamente obra mía sino una parte del bagaje con que nací y que no me canso de agradecer.

Como desconozco las reglas que gobiernan el universo (si las hay), no tengo respuesta para casi ningún interrogante que me haya planteado seriamente a lo largo de mi vida y tal vez por eso he debido apelar a la observación, mezclada con una gran dosis de intuición, para llegar a unas pocas conclusiones que me permitieran desenvolverme en un mundo que me resulta casi siempre incomprensible, especialmente en lo que a acciones humanas se refiere.

Me sigue maravillando que una simple semilla contenga todo el conocimiento necesario para transformarse en un árbol, parecido pero no totalmente igual a otro árbol que irá creando formas aparentemente caprichosas que purificará el aire, dará sombra a quienes bajo él se guarezcan, conducirá por sus raíces el agua de la lluvia que no utilice para crecer y alimentar, así, las napas subterráneas de agua que es el elemento vital para la vida. A él recurrirán pájaros, abejas, ardillas, lagartijas, y muchas otras formas de vida, buscando a veces sustento, a veces protección. Allí estará, erguido, a veces florecido y cumplirá su función generosa sin otra expectativa que ser y contribuir a que otros sean.

En el momento preciso lanzará su simiente y en algún período de su vida comenzará a declinar y morirá de pie, en silencio, con absoluta dignidad como corresponde a quien ha cumplido con su deber.

Las formas de la naturaleza tienen el particular encanto de aceptar ser lo que son sin pretender querer sobresalir, destacarse, perdurar, acumular, es decir sin caer en los errores humanos. La flor se abre, llena de color y aroma, sin importarle que la admiren, sin envidiar a otra de mayor belleza, tiene la suerte de “no medir” y de contentarse con ser.

El ser humano, en cambio, ha dejado atrofiar sus mejores capacidades para desarrollar su poder de medición. Cuánto tienes, cuánto cuesta la propiedad a que aspiras, cuánto mides, cuánto cuesta la prenda de ropa de marca que codicias, cuál es el rating de cada programa, cuántos goles convirtió tu equipo favorito, cuántos puestos de trabajo traerá el TLC, y así hasta el cansancio. El motivo de la vida parece haberse centrado en cifras que incluyen, ¡oh, sorpresa! hasta cuánto cuesta obtener un “pacto con Dios” al que puede accederse mediante una simple llamada y que te garantiza que el Supremo te concederá lo que le pidas, que puede ser desde una camioneta nueva hasta el riñón que te falta, según promocionan, entusiastas, los “espirituales” de Enlace TV.

Como si fuera un mantra, basta que alguien en una reunión pronuncie las palabras sagradas “millón/es de dólares” para que casi todos los presentes sientan nublarse sus ojos y aunque sea en silencio se confiesen dispuestos a hacer cualquier cosa para acceder a lo que se ha convertido en la mayor bendición a que se puede o debe aspirar.

Los filósofos y pensadores de otrora, que generosamente dedicaron gran parte de su vida a buscar respuestas, verdades, que ayudaran a sus semejantes a lograr una vida más plena han quedado sepultados en el olvido. Los que tuvieron el don de predecir futuros como Orwell, Huxley, Bradbury, estarían tal vez sorprendidos de haber acertado en sus predicciones. Y, aunque hipócritamente se guarda la fachada de religiosidad y todos ponen cara de evangélicos, si apareciera una réplica de Jesús de Nazareth, desgreñado, sin tarjeta de crédito ni estudios formales, tratando de echar a la gente de los templos y demandarles que “amen al prójimo como a sí mismos” o asegurando que “antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos” dudo que fuera invitado a un programa de TV o que ante él los países estuvieran dispuestos a deponer las armas y a abrazar fraternalmente al enemigo que inventan cada tanto.

Sin embargo, quiero compartir una cartita que me llegó por misteriosos caminos y que pudiera contribuir a la “gran reflexión” que tenemos como tarea prioritaria los humanos.
La misma dice:

“Hola,

Una vez más les agradezco la invitación a participar de sus “fiestas” pero debo admitir que estoy muy cansado, después de casi 2010 años, de que usen mi nombre para patrocinar tales eventos.

Al que le encanta todo esto es a Claus, que cada día está más gordo y tiene la risa más siniestra. Le ha ido muy bien, especialmente en los últimos años en que lo han nombrado miembro del directorio de varias corporaciones por su participación en el aumento de ventas y ganancias.

Pero yo nada tengo que ver con este despliegue de abundancias. Donde yo nací no había pinos, así que jamás vi uno, ni nieve, ni luces de colores y mucho menos paquetes con regalos suntuosos llenos de moños. Nunca fui “popular” en ninguna universidad, ni practiqué deportes de competencia, salvo mis largas caminatas tratando de hablar con la gente, jamás tuve empleo fijo, ni seguro social, no participé en política, ni tuve guardarropas, ni títulos de propiedad, ni acumulé nada salvo compasión. No usé cosméticos, ni desodorantes, por mi aspecto personal con pelo y barba desgreñados no me permitirían la entrada a ningún mall ni me invitarían a ningún programa de televisión.

Jamás me perdonaron que tratara de echar a los mercaderes del templo, o que dijera que antes pasaría un camello por el ojo de una aguja que un rico entraría al reino de los cielos.

Pero como había hombres y mujeres que parecían fascinados con mi prédica, organizaron religiones, reinos y países encargados de diluir mis palabras y usar sólo algunas para plasmar organizaciones donde predomina el poder y el dinero y que se dedican a predicar el temor entre los más pobres y más débiles. Hasta se crearon ejércitos pertrechados de armas cada vez más letales y se inventaron motivos para cruentas guerras una y otra vez, se contaminó al planeta, se arrasó con sus recursos y se creó un sistema cada vez más injusto y alienante, la ciencia se prostituyó y a pocos les importó el prójimo. Últimamente, hordas de “pastores” entrenados en el norte, recorren las casas asegurando que ellos saben interpretar lo que el Señor espera de cada uno (ofrenda y diezmo de por medio) y prometen prosperidad a cambio de “hacerse socio” de El. Curiosamente, el sermón que di en el Monte parece haber sido sepultado en el olvido.

Así que no me esperen este año. Estaré muy ocupado consolando a los enfermos, plantando semillas para reponer los árboles talados, tratando de ahuyentar las emisiones de dióxido de carbono e intentando multiplicar los panes y los peces para saciar el hambre de millones de desposeídos.”

¡Feliz Claus!
J. de N. (Jesús de Nazareth)

María Luisa Etchart es argentina residente en Costa Rica.

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Peter Handke y la poesía del Yo

Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Cuando el niño era niño caminaba relajado. Quería que el arroyo fuera río. Que el río fuera torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño. Para él todo era divertido y las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opiniones ni costumbres. Se sentaba en cuchillas y se escabullía de su sitio. Tenía un remolino en el cabello y no ponía caras raras cuando le fotografiaban”.

Qué mejor (y más bello) poema (que fuera parte del ir y venir de la película “Cielo sobre Berlín) para celebrar la publicación en español de la poesía completa de Peter Handke (Austria 1942). “Vivir sin poesía” es el título del libro que reúne, por primera vez, toda la obra del emblemático autor.

Handke forma parte de ese grupo de escritores que, de una u otra manera, han atendido las pistas literarias dejadas por Franz Kafka. No en vano, en homenaje al autor checo, tituló uno de sus primeros relatos El proceso. Y, para dejar constancia de su tributo, iniciaba el texto con la dedicatoria “Para Franz K.” Peter Handke es novelista, poeta, dramaturgo, guionista y director de cine. Se abrió paso en el medio público con el texto radiofónico La inundación, en 1963. Sus caminos creativos son diversos, pero el objetivo es el mismo: el Yo. Es cierto que el tema del Yo es una puerta que debe intentar abrir toda literatura, pero me llama la atención la variada exploración vivencial y conceptual que Handke hace del Yo. El Yo como punto intermedio (y de debate) entre el mundo interior y el mundo exterior; el Yo como observador del absurdo del poder; el Yo irónico, en definitiva: el Yo frente a todos los Yo.

Ya decía Handke que “estamos amenazados por todos lados, y no sólo por guerras; estamos amenazados por la falta de espontaneidad, por un sistema organizado”. Y alrededor de esa amenaza parecieran girar todos los Yo de la literatura del escritor austriaco. Se trata de una obra necesariamente difícil, indagatoria, incómoda. Peter Handke es un escritor de culto, de esos que, ante el ruido del show literario, optan por ocupar pequeños espacios. Más allá de sus posiciones políticas, que inquietan a muchos, se asume como paseante invisible (a lo Robert Walser). Sus poemas son un homenaje al paseo interior, como si el tránsito por los laberintos del mundo no fuesen otra cosa sino un desafío para descubrir el espacio personal. Adolfo Vásquez Rocca lo explica muy bien en su trabajo “Peter Handke y Wim Wenders”: “El estilo de Handke es concreto y descriptivo-como el cine de Wim Wenders-, sus personajes son seres disponibles, abiertos, en proyecto; se trata de un tránsito existencial y físico, del viaje épico como aventura iniciática. El movimiento como viaje y como recorrido interior, la incomunicación de los personajes, el minimalismo de los diálogos, la dificultad de tomar decisiones cuando todo puede resultar un poco en falso…”

La literatura es algo mucho más trascendente que un simple viaje superficial. Y Peter Handke, como un científico de la palabra, asume espacio y tiempo para cambiar la ruta del viaje exterior. Lo que buscas fuera deberás hallarlo primero dentro. Todo un fin en clave de verbo para implosionar las realidades absurdas. Y cuestionar la realidad más absurda de todas: la que nos impone el poder: “Lo más abyecto es que se decía que una de las metas de la guerra era desmoralizar a la gente, no destruir, no vencer, sino desmoralizar al pueblo. Lo consiguieron, desde luego”. Dardos que Handke lanzó durante la guerra de los Balcanes por sus críticas a la OTAN. Y es que la literatura de Peter Handke no desvincula la exploración interior de la realidad global que nos venden (y que compramos a ciegas). Por el contrario, utiliza cada palabra como un puente que comunica uno y otro abismo.

“Vivir sin poesía” (Bartleby 2009) es una buena oportunidad (o escalera) para entrar (de nuevo o por primera vez) a los Yo de Peter Handke, O de nosotros. La obra cuenta con el prólogo “La no-poesía” de Sandra Santana (traductora del libro). Peter Handke no se siente poeta, pero se sabe observador constante, atento. “En ningún sitio, amada mía, habrá mundo sino en el interior”.

Edgar Borges es venezolano residente en España.

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De redenciones y sarcasmos

Mario Castañeda (REVISTA VIRTUAL ALBEDRÍO)

Redención, s. Exención del castigo que consiguen los pecadores asesinando al Dios contra el que pecaron. La doctrina de la Redención es el misterio fundamental de nuestra santa religión, y quien crea en ella no perecerá sino que gozará de vida eterna para tratar de comprenderla.

Sacerdote, s. Caballero que reivindica como propio el sendero interior que lleva al Paraíso y pretende cobrar peaje a quien lo atraviese.

Ambrose Bierce. El diccionario del diablo.

A pesar de su larga data de creación, ambas palabras y sus definiciones coinciden en su uso en el momento actual. Incluso, me atrevo a equivaler “sacerdote” a “pastor”, por supuesto, con excepciones de algunos de ellos que han tenido un hacer más honesto y del lado de la resistencia popular en los años de contrainsurgencia en América Latina. Las pongo a la par, no por desconocer la diferencia que les asignan en ambos credos, sino por las utilidades que logran de su oficio.

Según expone en la introducción del libro El diccionario del diablo el filósofo Enrique López Castellón, a finales del siglo XIX, Ambrose Bierce comienza a escribir estas fabulosas sentencias que se publicarían a inicios de la siguiente centuria. Las causas de escribirlas, entre otras, el contexto histórico-social de los Estados Unidos de aquella época y el aparecimiento de sectas fundamentalistas que permeaban las conductas familiares. La familia de Bierce no fue ajena a ello. He ahí, una de las muchas razones por su sarcasmo y ataque a los religiosos, los moralismos, la política y las religiones.

Pero no es su obra la que nos “congrega”, “hermanos”, a esta impura lectura. Nos vincula el hecho de que, como en muchas sociedades, el sarcasmo resulta ineludible para demostrar nuestra inconformidad con ciertas cosas. Y ese sarcasmo nos exime de la obligación de pensar igual. De retar al descaro que tienen algunos que habitan nuestro entorno y que entorpecen el uso del pensamiento individual y colectivo, como expresión de decidir por ciertas opciones.

Varias de esas situaciones afloran en la cotidianeidad: en los buses, en los saludos, en los parques y en los bombardeos a través de los medios comunicacionales. Resulta insoportable que los buenos deseos se reduzcan a “que dios te bendiga” y ese falso amor por la patria. También, a la validación del trabajo como valor moral de “engrandecimiento” y “desarrollo” y no comprenderlo como la expresión de relaciones desiguales en la sociedad. Pareciera que el recurso lingüístico les queda a muchas personas escaso para prodigar su buena voluntad y su ceguera social.

Y es que la educación y las empresas de información nos han reducido los discursos y la comprensión de la realidad a palabras hipócritas. La fetichización de las relaciones humanas mediante el consumismo se palpa día a día. No digamos en la educación y su estrecho vínculo con las religiones, donde, todavía, encontramos catequistas en establecimientos públicos y “guías cristianos” en establecimientos privados, cuando la educación debe ser laica y gratuita, según la falacia liberal.

El lenguaje cada día es menos comprendido y utilizado porque se instrumentaliza a las palabras que la vida material nos remite. En estos tiempos nos conduce al pragmatismo neoliberal: vivir para trabajar, trabajar para acumular, acumular para consumir desmedidamente y consumir sin pensar en la naturaleza y la calidad de consumo. Claro, las personas tenemos la capacidad de discernir de acceder o rechazar las seducciones que ofrece el capitalismo como sistema de producción y al orden acelerado y casi imperceptible de dominación. Comparto, en este sentido, la capacidad de resistencia del receptor en los medios de la que habla Jesús Martín Barbero en su obra De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. Sin embargo, el bombardeo mediático, desde indigentes que pastorean en los buses como el de poderosos religiosos a través de la tele, la radio e internet, pregona un alarmante ascenso de una naturalización de la evangelización fundamentalista. Con ello, la algarabía de la buena fe cristiana traducida a lo cotidiano, demuestra nuestras relaciones de dominación en todos los niveles y espacios, además de su expansión.

Se huele en el ambiente que la obligación de evangelizar va con posicionamientos conductistas que infieren que uno debe aceptar tan abominables deseos. Lo normal es que uno sea cristiano o que crea en dios. ¿Qué pensarían los cristianos, los judíos y los de otras religiones, si uno se asoma a ofrecerles las “buenas nuevas” del ateísmo? Retomando a Foucault, seríamos, bajo las pulverizaciones de sus pensamientos y sus palabras, unos perfectos anormales.

Esa anormalidad, que no necesariamente va acompañada de reflexión, pues, algunos convierten el ateísmo en fundamentalismo casi religioso, es destinada a la condena. Y aunque el ateísmo sea, en cierta medida, una afirmación del cristianismo en tanto oposición que legitima su indiferencia o su ataque, es, en muchos casos, más libre de prejuicios en el relacionamiento social.

La normalidad se viste a veces por las calles del tercer mundo, con gringos sonrientes, bien comiditos y con carisma de antropólogos colonizadores, ofreciendo la palabra de Jesús. Abundan hombres y mujeres sin empleo que apelan al sufrido ejercicio del trabajo en los buses, agradecidos con dios, por no andar matando para comer. O peor aún, el fundamentalismo protestante que se muestra, para el caso guatemalteco, en canal 27, donde una sarta de abusivos pastores idiotizan a la población insatisfecha material y espiritualmente para extraerles dinero en nombre de dios. El descaro es tal que afirman que es obligación darle al señor la ofrenda porque él se lo merece. El dios del miedo que predican en confusas frases que se mezclan con un falso amor, succiona la susceptibilidad del público que, a ciegas, obedece, creyendo que obtendrá el paraíso.

Cuánto tendría Bierce, si viviera, para ver en este país y escribir no uno sino decenas de libros, ultimando con sus certeras palabras, la grosera jerarquización de dominación ideológica. La burda ambición de mercaderes que, como dice nuestro referido autor, ofrecen la vida eterna que no lograron comprender en la tierra, precisamente, para que sigan intentando comprenderla después de fallecidos.

Esta reflexión es para ponernos a pensar en lo que nos espera. Los fundamentalismos de todo tipo están cobrando fuerza. Curiosamente, la conformación de los Estados-nación, especialmente en América Latina, nos demuestra que llegamos a destiempo entre estados y naciones. Paradójicamente, cuando más se pretendía la independencia y el supuesto progreso que traía el injusto tren de la modernidad, entendida como producto histórico y lineal del desarrollo humano, más presos del poder y la destrucción somos. Esto nos remite a pensar qué sociedad queremos. A pensar la autonomía como algo más allá de lo permitido. Una sociedad que trascienda lo liberal y lo neoliberal. Todavía hay tiempo.

Esto no es un juego. Tendrá, como lo vemos ya, terribles consecuencias Por eso, si no reenvían este texto a 489 personas, algo malo les va a suceder. Se les van a caer los dientes, o quizá ya no tendrán una erección. Posiblemente vendrán muchos días de mala suerte. Alguna enfermedad enlutará sus hogares. O peor aún, tendrán diarrea por 7 días y 7 noches. Talvez se conviertan en diputados. O sus descendientes saldrán con caras de ratas de desagües por 7 generaciones. O vivirán reflexionando, como dice Bierce, sobre sus vidas eternas, pero en el infierno, su propio infierno, es decir, sus seres en contradicción.

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Música: El trombón

ARGENPRESS CULTURAL

El trombón, o trombón a varas, es un instrumento musical de la familia de lo que se conoce como “vientos de metal”, igualmente llamados “bronces” (construidos de latón).

Se lo hace sonar por medio de la vibración de los labios del intérprete en la parte denominada boquilla a partir de la columna del flujo del aire que se le introduce. Las diferentes notas se obtienen por el movimiento de un tubo móvil, llamado vara, alargando la distancia que el aire en vibración debe recorrer, produciendo de este modo sonidos que también se pueden controlar con una mayor o menor presión del aire soplado por el intérprete en la vara. Cuanto más se alarga la columna de aire, el sonido producido es más grave.

Tiene distintos registros: los que se usan más habitualmente son el trombón tenor y el trombón bajo.

Durante los períodos barroco y clásico de Europa se usaba mucho en la música religiosa y desde el siglo XIX forma parte de la gran orquesta sinfónica.

En el siglo XX ha sido muy utilizado en las bandas y en la música de jazz donde, además de ser un instrumento clave para la big band, interpreta pasajes solistas. Igualmente ha pasado a ser parte indispensable de ese amplio marco de lo que se llama música tropical.

Su versatilidad es muy grande. Para ejemplificarlo aquí presentamos una selección de temas variados que incluyen, entre otras cosas, un Hosanna de Franz Liszt.




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Fuerte, abajo y lejos de Michel Foucault

Eduardo Pérsico (Desde Lanús, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cualquiera que atajara la pelota que a Jorgito Chopin le sacudieron aquel sábado en San Isidro, no hubiera hablado de otra cosa, pero él anduvo por el vestuario exhibiendo los guantes mágicos color rosa recién estrenados que le protegían sus dedos de pianista, y riéndose. Los locales quisieron mostrarse ante su gente jugando contra Once Corazones un partido durísimo y cuando el loquito Chopin agarró la última pelota con las dos manos, se fueron a llorar a la iglesia...
La gente miraba desde unos escalones sobre parapetos de caños y era una linda tarde para jugar. Un sol de octubre, muchas minas vistosas, unos pibes rubiecitos chillando y Once Corazones propuesto a jugar prolijo, como siempre, pero chocaron contra un equipo de camisetas de rugby y pierna demasiado fuerte que protestaba todo, así que decidieron no discutir con nadie sin descuidarse atrás. El ambiente se iría calentando, los jugadores, socios y familiares del San Isidro le reclamaban al referí el reglamento íntegro y ¿qué cobrás, hijo de puta? era lo más suave, y los línea se convirtieron en dos asustados personajes. A los Once también el público los alentaba: ‘negro de mierda’ o ‘judío asqueroso’, y al narigón Aguilera que se divertía al esconderla bajo el pie izquierdo, una señora con un conjunto deportivo blanco; buenísima, le indicó ‘zurdo putito, no te hagas el vivo que te desaparecemos’. Por el segundo tiempo el Nene embocó un gol que casi no gritaron y ni ahí luego toquetearon la bola para perder tiempo. Había que irse tranquilos y sin calentar a nadie porque ya las mamás de los nenes rubiecitos les puteaban la tercera generación y en el final, uno a cero, cuando el referí apenas miró el reloj tres tipos de pelo engominado entraron al campo y chau ‘fair play’ para gente bien vestida. Uno de bigote cacheteó al juez para recordarle algún artículo escrito en inglés, ‘vos de aquí no salís, la puta que te parió’, otro bigotudo le manoteó el cogote y el partido, reglamentariamente, prosiguió. De inmediato centro al área de Once Corazones, penal del hombre invisible y en segunda escena del griterío y el Chopin ajustando sus guantes rosas, se ordenó la ejecución. El cuatro alisó el pastito con la pelota pidiendo ‘que no se adelante el arquero’, el referí le gritó a Jorgito ‘no se mueva de la línea’ y quizá sumara algo menos estridente. El de San Isidro tomó tres pasos de carrera, hamaque de Chopin y la inatajable bola abajo al rincón izquierdo hizo ‘chaf’ contra sus guantes y quedó seca. Hubo un silencio metálico, del fondo salieron jugando bien lejos para nadie, el heroico referí se animó a pitar el final y los dueños de casa lo siguieron puteando hasta el vestuario. Pero el hombre sobrevivió.
El penal que atajó Jorgito Chopin fue impresionante pero recién lo comentó en el tren de vuelta con el Quelo Varela, el vendedor de libros.

- El referí era un turro. Sabía adónde pateaba el otro, me gritó no se mueva de la línea pero entredientes me aclaró ‘abajo, a tu izquierda’.

- ¿Y eso no fue una demostración de poder con mayúscula?

- Qué lástima Quelo; no le pregunté si había leído a tu amigo Foucault - y los dos se cagaron de risa.

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De poemas y militancias

Norberto Ganci

Sequía, hambre, desesperanza, impunidad, autoritarismo, despotismo, ignominia, miseria, represión, abusos de poder, aculturación, desmemoria, traición y todos los etcéteras que se les ocurra para dar una simple semblanza de las vivencias en innumerables rincones de nuestro País.

Las corporaciones están de parabienes en estos tiempos, las condiciones no podrían ser mejores; si hasta el clima los ayuda para lograr sus miserables objetivos.

Usted, vos, se preguntarán a qué me estoy refiriendo: a lo de siempre. Lo que sucede es que, de tan acostumbrados que estamos, ya no llama la atención que la vida se nos escurra entre los dedos sin darnos cuenta.

Afortunadamente nos quedan los recuerdos de quienes vieron otro mundo posible y mejor.

En este mes de noviembre recordamos a dos personajes que, con sus variantes, marcaron caminos, dieron ejemplos y sembraron futuro.

Un 3 de noviembre moría Armando Tejada Gómez y un 5 de noviembre partía “El Gringo” Agustín Tosco.

Los dos fueron obreros y militantes inclaudicables que hasta se negaron a exiliarse, prefiriendo el riesgo de continuar, hasta en la clandestinidad, entregando versos, brazos y convicciones.

El haber estado en las trincheras del hambre y el obraje, les brindaron las herramientas para forjar un camino diferente, edificante, coherente.

El Huarpe le escribió al Gringo graficando la imagen que de él tenía, en por ejemplo este, uno de los versos de su poema Agustín Tumulto: Toscamente Agustín, sangre de sangre nuestra/córdobamente hermano para que el día vuelva/contigo en cada nido, en cada campanario./Y el motín de palomas que de tu sangre vuela.

La vida los habrá cruzado en algún recodo del camino combativo, enfrentando al mismo enemigo vestido de autoritarismo y miseria.

La vida se encargó de que cada uno supiera que “a esta hora exactamente hay un chico en la calle”, y por cada uno de los chicos que estaban en la calle se jugaran en acción y palabra.

La vida se encargó de mostrarles el lado oscuro y nefasto contra el que había que luchar, levantando banderas libertarias.

Imaginarlos en un mismo escenario, poetizando y arengando a una multitud de jóvenes, obreros y estudiantes, comprometiéndolos en la construcción de una sociedad distinta, sin exclusiones, más allá de ser una ilusión, es un deseo; claro, imposible si ellos, los grandes se nos fueron en un noviembre incierto. Pero me aferro a la porfía de quererlos entre nosotros militando, cada uno en su trinchera, que es la mía, la tuya, la de usted…

Apostar al imaginario para reconstruir la irrestricta defensa de la existencia, se nos hace canción, poema y acción urgente.

Si bien los años han pasado, las desigualdades han aumentado, junto con los excluidos, los marginados, los desclasados; y la militancia fervorosa de un Tosco y un Tejada nos hacen falta, mucha falta.

Decía Armando: “…Pienso que va a dolerme, acaso, la memoria/como hoy que he salido de raíz palpitante,/que estaré en una esquina de gente y amapolas,/reconstruyendo todas mis muertes, mis campanas/y que en medio de tanta multitud inocente/volveré a amar un nombre derramado en la sangre…”

Y nos duele la memoria, como nos duele la multitud inocente que día a día cae por un gatillo fácil, por una represión incontenible e inaceptable, por un plato de comida que no llega.

Y nos duelen los desterrados, los desocupados, los postergados… ¿nos duelen…? Sé que a mí me duelen, como puede haberles dolido al Huarpe y al Gringo.

¿Qué hacemos con ese dolor, de ser compartido? ¿Nos quedamos esperando que aparezca el grito poetizado invitando a la lucha? Nos quedamos en el camino sin imitar los pasos… es parte de nuestra miserable realidad…

No nos asumimos como responsables del presente y del futuro. Imagino también que Tejada y Tosco jamás habrían aprobado el tema de los homenajes recreados con discursos grandilocuentes, emocionantes; habrán querido que militemos como ellos lo hicieron, teniendo a cada reclamo, a cada hermano como trinchera y motivo de lucha.

“…Nadie se ha detenido, nadie te ha dicho me rindo;/a cada santo y seña tu multitud regresa,/con los puños en alto hacia la vida nueva,/y tu overol azul de patria en primavera…” Así le decía Armando a Agustín en su poema…

Sincerémonos y veamos el presente, ya la gente (que es tan necesaria como decía Hamlet Lima Quintana), no regresa con los puños en alto hacia la vida nueva, se quedan detrás del televisor, viendo como se escurre la existencia; confundiéndose, convenientemente, realidad y ficción, de tal modo que ya no es fácil discurrir si en verdad el piquetero que reclama por un puesto de trabajo, no es integrante del elenco maquiavélico que escenifica una obra surrealista…

El Armando y el Agustín nos están haciendo falta, mucha falta; para volvernos seriamente “…militantes de la vida…”

Agustín Tosco y Armando Tejada Gómez se han transformado en los íconos de la coherencia militante combativa… ¿podremos, seriamente, comprometernos con ellos e imitarlos para que evitemos que “…la canción se haga ceniza…? *

*Gracias Mario Benedetti…

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Muy buen rescate de la Editorial Final Abierto - Pablo Palacio: un escritor de las “anomalías”

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS. Desde Buenos Aires. Colaboración para Argenpress Cultural)

“La novela realista engaña lastimosamente. Abstrae los hechos y deja el campo lleno de vacíos; les da una continuidad imposible, porque lo verídico, lo que se calla, no le interesaría a nadie”

Pablo Palacio

Pablo Palacio, escritor ecuatoriano (1906-1947), en su breve obra mostró la “doble faz” de lo real: de la “abstracción” o generalización del “mundo real” a “lo que se calla” (la vida individual). Desplegó una variedad de personajes, donde lo individual se ¿conjuga? (o sufre, u opone) a esa realidad “moderna” que se dio –en cada caso, con particularidades “únicas” también- en la mayoría de los países de Latinoamérica, en las primeras décadas del siglo XX.

Como explica la académica ecuatoriana Alicia Ortega Caicedo en el ensayo introductorio de esta edición: Palacio “estuvo cronológicamente acompañado en el interior del país por Humberto Salvador y, en el contexto latinoamericano, por un grupo de escritores –Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Martín Adán, Oliverio Girondo, Felisberto Hernández, Vicente Huidobro, Salvador Novo, Julio Garmendia, César Vallejo- que fundaron la narrativa vanguardista hispanoamericana. Todos respondieron a una vigorosa transformación de la vida cotidiana como resultado de la revolución tecnológica y de procesos de urbanización incipientes” .

En los relatos de Palacio la “relación con el mundo de los márgenes culturales, sexuales, y corporales expresa una ruptura con la idea tradicional de justicia y con los paradigmas establecidos de valoración cultural; evidencia, sobre todo, la arbitrariedad de la norma social y el artificio de todo orden” . Allí están para demostrarlo el llamado “vicioso” –un homosexual-, la antropofagia de un “padre de familia” o las “siamesas” (que, “en realidad”, son una sola persona). Todas historias de individualidades (sub)urbanas que rompen el continuum de una “modernidad” institucionalizada, apacible y feliz.

Dice Ortega Caicedo: “la escritura de Palacio se instala precisamente en los intersticios de la razón: allí donde estalla el absurdo, el instinto, el placer, la risa, el mundo de las emociones y la dinámica transgresora de la fantasía, (...) la línea destinada a señalar los límites entre razón y locura tiende a desaparecer y a dejar en su lugar un gran vacío ocupado por cuerpos que oscilan en difícil equilibrio entre el reclamo de sus deseos y el llamado de la razón” .

Los relatos son experimentales, asombrosos, inesperados y no exentos de humor: como el del hombre que está cada vez más dispuesto a separarse de su pareja ante una muletilla que no soporta oír; o la novela Débora (1927), donde “el Teniente” camina por las calles cavilando no se sabe bien qué, en busca de la mujer.

Palacio ubica personajes e ideas en los “bordes” de la modernidad, en las contradicciones (o “grietas”) mismas del sistema; de ahí una sentencia como esta: “Hijo de la habitación trajinada; hija de la agencia humana: tu madre te echará a la calle.

Serás ladrón o prostituta”.

Modernidad (decadente, contradictoria, “irreal”) y variaciones para el “asombro”: eso es lo que ofrece esta oportuna reedición de Un hombre muerto a puntapiés y Débora. Este es el primer título de la colección “Vanguardia”, dirigida por José Enrique .

La Editorial Final Abierto (www.finalabiertoweb.com) da a conocer un excelente libro de lo mejor de la (primera, y con varios autores poco conocidos) vanguardia literaria latinoamericana.

***

Este y los otros títulos de Final Abierto se consiguen en la librería del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” (Riobamba 144, CABA)

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Para cuando tú te vayas

María Cristina Garay Andrade (Desde Monte Grande, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para cuando tú te vayas
El teclado se negará a obedecerme
Ha silenciado el sonido adormilado y ausente
En esta noche que estoy tan triste
Y aun así necesito escribirte

Para cuando tú te vayas
Sensible a todo acomodaré a mi modo
Redoblando esfuerzos para comprenderte
Ese tiempo compartido que quedó suspendido
Y la prudencia se ocultará detrás de la apariencia

Para cuando tú te vayas
Todo es inexorable aprendizaje
Sentiré a la vida dándome un mensaje
En el itinerario en que vivo a diario
Escribiré algún poema como algo rutinario

Para cuando tú te vayas
Me sobrará un tiempo de convivir
La sabiduría me indica como puedo subsistir
La sensibilidad me revela como la soledad combatir
Duele acostumbrarse a vivir sin compartir

Para cuando tú te vayas
No se abrirá más la ventana del encuentro
Esas protagonistas en fraternidad coincidiendo
Solo tu voz retumbara en mis oídos
Y el muñequito permanecerá siempre dormido.

Para cuando tú te vayas
Todo rondará en el aire dibujando sombras
El escenario en fantasmas solitarios transforma
Al monitor yace inmóvil y enmudecido
Evoca con transparencias los recuerdos mas sentidos

Para cuando tú te vayas
Buscaré en las tristezas encontrar tu silueta
Nostálgica poeta conmovida buscándote inquieta
Sonriente repasará en videos gratos momentos
Vivencias emotivas que sirven de aliento.

Para cuando tú te vayas
En mi adentro recojo en silencio con mil cerrojos
Esos sonidos queridos que fueron fieles testigos
Buscando refugio encontrando dogmático al amigo
Cálidamente cobijado en custodia recluido conmigo

Para cuando tú te vayas
Decir amigo perderá su sentido
Peluches llorando guardaran lo vivido
Elevaré mi espíritu para recordarte
Sabiendo que será inútil intentar buscarte

Para cuando tú te vayas
No podré dejar de pensar en ti
Oiré tu risa aún en la ausencia como lo asumí
Buscaré en tus escritos encontrar tu presencia
Valores altísimos que tienen tu esencia

Para cuando tú te vayas
Recordaré entonces cuando te conocí
Universo de letras, poesías maestras
Enseñanzas profundas en mi alma fecundan
Las sabidurías que solo aprendí de ti

Para cuando tú te vayas
Quedará en mi memoria felizmente grabado
Ese tiempo subsistirá eterno en mi corazón guardado
Hoy te siento presente por lo que aprendí
Tal vez tú muy pronto sí te olvides de mí

Para cuando tú te vayas
Un chat en silencio... un muñeco dormido
Un correo vació... una cámara inactiva
Una pantalla encendida, una llamada en espera
Lo real en virtual, lo virtual en la nada
Para cuando tú te vayas.

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