jueves, 31 de diciembre de 2009

Cine. “Avatar”: entre la tecnología y la ética

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para Argenpress Cultural)

A James Cameron, el director de “Avatar”, le gustan los proyectos que toman tiempo y demandan grandes inversiones de dinero. Por allí se dice que “Avatar” ha costado unos 300 millones de dólares, lo cual significaría un nuevo récord en una industria q
ue, como la de Hollywood, está acostumbrad
a a rebasarlos una y otra vez. Cameron es meticuloso también en el diseño de sus producciones. A fines de los 80 nos entregó un viaje al fondo del mar llamado “El secreto del abismo” que sin embargo casi nadie toma en cuenta en su filmografía a pesar de ser una película bastante correcta y hasta cierto punto original.

Las mieles del éxito para este cineasta llegaron, cómo no, con “Titanic” y su seguidilla de ós
cares que igualaron la marca de la legendaria “Ben Hur”. Ahora el propio Cameron ha confesado que los diez años que separan a aquella historia sobre el colapso de una nave que incluía un relato de
amor de la actual “Avatar” se deben a que la tecnología que él necesitaba para su nueva película aún no estaba lo suficientemente desarrollada.

Quizá lo más convincente, y si se quiere novedoso, en este regalo de fiestas en que se ha
convertido “Avatar” sea el triunfo de los indígenas humanoides sobre la inconsciencia de un ejército armado y asesino, remembranza y alusión de no pocas situaciones coyunturales. La historia en sí, planteada como en un viaje en doble dimensión sigue a Jake en un futuro cercano, quien se integra a un pueblo de nativos, tomando su forma, aprendiendo su lenguaje y
enamorándose de Neytiri, la hija del jefe de la tribu, como en algunos clásicos westerns.

La película tiene sus picos melodramáticos y su inicio evoca ciertos momentos de “2001, Odisea del espacio”, de Kubrick, e incluso a “Brazil”, de Terry Gilliam, en esa demostración de los seres humanos que duermen en cápsulas espaciales. Por otra parte, el constante enfrentamiento entre la científica encarnada por Sigourney Weaver, quien ya trabajó para Cameron en “Aliens” -segunda parte de la secuela que inició Ridley Scott- y los fascistas representantes de las fuerzas armadas le otorgan a la película ese necesario balance entre el conflicto y la abstención que esta quiere demostrar.

Y así llegamos al tema de la conciencia ecológica, de salvar la Amazonía, el último reducto natural de la tierra, que toma forma en la existencia del planeta Pandora, un asunto que se vuelve peliagudo y no exento de críticas constantes. Ya en “Titanic” Cameron mostraba los enfrentamientos entre los pasajeros adinerados y los que viajaban incluso como polizontes. Habría que preguntarse, siempre con cierto escepticismo, si reside en la conciencia cinematográfica de Cameron una real preocupación por las desigualdades sociales y los peligros que asolan a nuestro propio planeta, más allá de la ciencia ficción en que está enmarcada su nueva cinta.

El tema de la tecnología merece un comentario aparte, sobre todo si esta película, concebida para verse en 3D, hace un derroche de efectos especiales, muestra máquinas robóticas, constantes viajes en el tiempo y nos guía por las tierras aparentemente inhóspitas que pueblan los indígenas. Que estos al final obtengan una victoria no necesariamente habla de una revolución en el cine de Hollywood, siempre tan conservador y moralista, sino de esa creciente mirada paternalista que aquí, otra vez, cree controlarlo todo.
Y es que los indígenas, apartados de la civilización, son los “otros”, a quienes hay que dominar o destruir, o a quienes los personajes “buenos” de “Avatar” buscan como ejemplos dignos de seguir. Es desde esa perspectiva que se puede considerar a este film no como una demostr
ación de victorias pírricas o eficientes, sino como un propio lavado de conciencia del imperio. James Cameron nos entrega casi tres horas de un enorme despliegue de efectos especiales, de
momentos que más gustarán y convencerán a niños y adolescentes, pero que a los más adultos nos deja un sinsabor y una permanente duda. Y es que, hay que decirlo, en “Avatar” la historia es demasiado floja y por eso la película se vuelve morosa, gira sobre sí misma, se detiene en los “encantos” de la tierra de Pandora, en la historia de amor entre el visitante y la chica indígena, se regodea en su propia demostración efectista, pero no llega a dar en el clavo en su intención de promover un debate o llegar a conclusiones coherentes. Existe cierto facilismo en esta propuesta que revela cómo Hollywood trabaja en serie, empaqueta los productos y quiere mantener su hegemonía distribuyéndolos simultáneamente a todo el planeta.
“Avatar” es una película a la que se le da una (in)necesaria vuelta de tuerca y que avanz
a o se contrae con sus propios matices, sus propios logros y sus propias carencias. La tecnología
sorprende y demuestra, a ese nivel, un producto acabado, pero nos quedamos con un sinsabor que las taquillas no reflejan y al final son ellas las que le importan a los productores de esta cinta. Ellas, sobre todo. Ellas, siempre. Y el capitalismo como religión busca una expiación tardía.

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Después de las fiestas

Julio Cortázar

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.

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Crítica literaria: “Voces del universo”, de Margarita Schultz y María Teresa Ruíz

ARGENPRESS CULTURAL

Año: 2009 / 1ª edición, Chile. Ocho Libros Editorial
Categoría: libro ilustrado / tapa dura
Páginas: 92
Impresión: color
Tamaño: 32 x 28,5 cm
ISBN: 978-956-8018-98-6

Este libro reúne los aportes de la astrónoma y Premio Nacional de Ciencias Exactas de Chile (1997), María Teresa Ruiz, y de la doctora en Filosofía y Estética (Universidad Nacional de Tucumán, Argentina), Margarita Schultz, asidua colaboradora de Argenpress Cultural.
Desde áreas del saber aparentemente disímiles, el trabajo conjunto de ambas autoras ha logrado conectar “las respuestas y preguntas de la ciencia con el espíritu inmortal de la astronomía, ese inigualable asombro que nos produce la contemplación a simple vista de la majestuosa Vía Láctea en una noche despejada”.

Esta publicación nos entrega una asombrosa galería de imágenes, capturada por los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) y datos sorprendentes sobre nuestro universo, cuyas voces son magistralmente interpretadas por los poemas de Margarita Schultz.

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El pesebre de Carlos Guzmán en Guatemala




Rafael Cuevas Molina (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En América Latina, cada vez se acostumbra menos elaborar el famoso nacimiento, pasito o pesebre heredado de la tradición hispana, que tiene como motivo central imágenes de la Virgen María, San José y el Niño Jesús, acompañados por el buey, la mula, los Reyes Magos y una pléyade de pastores que llega a adorar al Niño. Por sobre t
odos ellos, una Estrella de Belén de cartón piedra, adornada con brillantina, atraviesa el cielo.

Claro que esto no es sino uno de los muchos aspectos en los que la celebración de la festividad de las Navidades ha cambiado en nuestros países, de tal forma que hoy, al decir de Gabriel García Márquez, lo que tenemos es un “desastre cultural” que se centra en un consumo desaforado en el que el nacimiento ha quedado relegado a una esquina marginal. Antes, dice el mismo Garcí
a Márquez, “los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande
que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grande que la virgen, y nadie se fijaba en
anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que habría de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros…”

En Guatemala, sin embargo, desde hace varios años Carlos Guzmán Böckler, conocido antropólogo (quien junto a Jean Loup Hebert escribiera en la década de los 70 el famoso lib
ro Guatemala, una interpretación histórico social), hace junto con su familia un pesebre (o nacimiento, como se le dice en Guatemala), que se vincula con la ancestral tradición, pero la recrea y sitúa e el corazón de nuestra época. Debe advertirse que el doctor Carlos Guzmán no celebró antes las navidades por razones ideológicas. Los fines de año no había en su casa ni nacimiento, ni árbol (pino, ciprés o pinabete), ni lucecitas de colores parpadeantes, hasta que descubrió, con el tiempo, el papel de las tradiciones en la preservación de la memoria popular, y la posibilidad de, sobre ellas, ir más allá en función de las necesidades de la contemporaneidad.

El nacimiento de los Guzmán es realmente impresionante, no solo por las temáticas que recrea sino, también, porque cada una de las piezas que lo componen son creadas por encargo por artesanos guatemaltecos, algunos de los cuales poseen habilidades artesanales que desaparecerán con ellos cuando mueran.

El año 2008 pedí al Dr. Carlos Guzmán que me enviara algunas fotos y la explicación del nacimiento que había instalado ese año. Su respuesta fue la siguiente (las notas aclaratorias son nuestras):

“Se trata de cuadros que tienen enlace entre sí ya que la temática básica es la Guatemala contemporánea; se busca, por una parte, contrastar la Navidad Blanca que se ha inoculado en la mente colectiva de mucha gente con todos sus estereotipos compuestos por nieve, coros en inglés, regalos a granel, "pavo" (ya no quieren decir chompipe) nueces, uvas, etc. Ésta tiene su rincón correspondiente, y en él se puede ver un tren de modelo viejo, ya que los ecos del primer mundo nos llegan siempre con retraso. Por otra parte, trato de resaltar la multitud de danzas verdaderamente populares que se bailan en diferentes ámbitos del país y que constituyen indirectamente la respuesta indígena a la prédica cristiana. Por ello, he ido atesorando grupos completos de cada baile hechos con mucho primor por artesanos antigüeños, en especial, los elaborados por Hilario Tavín. Por ello, están
incluidos el PAA BANK, EL BAILE DE LA CONQUISTA, EL DEL TORITO Y EL DEL VENADO; también va una posada. Como no puede faltar el mercado esta ahí representado y la camioneta que ingresa es asaltada por MAREROS (hechos a propósito en diciembre pasado), también policías que se están haciendo BABOSOS . La procesión del NAZARENO converge en una plaza donde esta la infaltable cantina en donde hay dos bolos fondeados . También es de notar la presencia en la parte posterior de las iglesias de personajes aliviando alguna carga intestinal. Así mismo, están presentes capillas evangélicas y sus respectivos pastores ya que su aumento es cada vez mayor . Y no puede faltar el recordatorio de los 200 mil y pico de guatemaltecos caídos durante la contienda recién pasada, razón por la cual esta la base militar que cuenta con un cementerio enfrente y es amenizada atrás por una orquesta de esqueletos. Y para marcar el único punto de unión no precisamente grato entre el primero y el tercer mundo, colocamos a OSAMA BEN LADEN y sus muchachos en una cueva del árido territorio pakistaní. Y como contraste en una cueva muy tropical están algunos element
os del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ya que oficialmente no están vencidos y siguen representando una esperanza para los campesinos mayas ya sean chiapanecos, huehuetecos o del Quiché.”

Como ya dijimos, el resultado es digno de admiración. Una muestra más que el presente debe afirmarse sobre el pasado visto con los ojos del futuro.

Rafael Cuevas Molina, guatemalteco en el exilio, catedrático e investigador, es Presidente de AUNA-Costa Rica.

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Posse se fue, pero hay más fascismo en el gobierno de la CABA. “Nelly” Blaquier: entre la “cultura”, el elitismo... y el asesinato de obreros


Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Cinismo, hipocresía, descaro, desvergüenza... Todas estas palabras -y más, muchas más- no alcanzan para definir la política del gobierno de la Ciudad. Macri, además de “no tener diferencias” con el renunciante en Educación Abel Posse -según explicó Rodríguez Larreta en conferencia de prensa[1]-, nombró la semana pasada en el cargo de “embajador cultural de la Ciudad de Buenos Aires” a Nélida Arrieta de Blaquier ¡persona responsable del “Apagón del terror” de 1976, donde desaparecieron decenas de trabajadores del ingenio Ledesma y estudiantes!

Hay una costumbre de la burguesía en todas las latitudes: hacer “filantropía”[2] a través de fundaciones y “proyectos solidarios”. Así, una parte –unas migajas, en realidad- de las grandes fortunas que amasan mediante la explotación de los trabajadores funciona como “pantalla” que
los mostraría como “humanos” a través de las donaciones que hacen y aperturas de “espacios” -donde se hace asistencialismo hacia sectores desamparados, o se “fomenta” la “educación” o el “arte”-. Sin ninguna duda la Fundación Rockefeller es un verdadero paradigma de esto que decimos; o podemos ver el reciente ejemplo de la “cumbre ambiental” de Copenhague, donde los grande ricos del mundo -como Benetton, que arrasa con los pueblos originarios en muchos países, convirtiéndose en una especie de “terrateniente global”- se muestran preocupados por los grandes problemas ambientales como la contaminación y la miseria (social) ¡que ellos mismos provocaron con la extracción y consumo insaciables de recursos, naturales y humanos (mano de obra)! En todo caso, cualquiera de estas actividades muestran que los grandes empresarios tienen –seguramente entre otros- este hobby: como “pasatiempo”, simulan ser solidarios en una sociedad que, creada “a imagen y semejanza” de ellos, es puro individualismo, competencia y brutalidad.

Nelly y el (asesino) ingenio Ledesma

Para volver al caso que nos ocupa, “Nelly”, como la conocen en los “selectos ambientes” que frecuenta, se dedica al arte. Desde hace décadas, cuando comenzó como vocal de la “Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes” en 1963, pasó por la vicepresidencia en 1974 y, a un año del ataque en los pueblos jujeños de Calilegua y Libertador General San Martín –con más de 400 detenidos y 40 desaparecidos-, llegó a la presidencia de dicha institución, el 6 de julio de 1977.

Y esto hay que remarcarlo: el ataque de los militares a los trabajadores (delegados y activistas), familiares y jóvenes estudiantes -que pasaban entonces sus vacaciones de invierno, venidos de provincias como Córdoba y Tucumán- fue planificado desde la misma empresa. Una de las (muchas) pruebas que corroboran esto son los testimonios de los sobrevivientes, que recuerdan los camiones del ingenio Ledesma donde cargaron a los detenidos las noches de junio y julio de 1976.

En ese entonces Nelly -hija del ingeniero Arrieta, antiguo patrón- y Pedro Blaquier eran el matrimonio dueño del ingenio. Muy pocos años antes, producto de una lucha tenaz por parte de los trabajadores, sindicato y profesionales solidarios, se había logrado algo histórico: que el ingenio pague impuestos al municipio, además de toda una serie de conquistas obreras. Como quedó asentado en muchos testimonios en investigaciones periodísticas, libros y documentales (como Sol de noche, de Milstein y Ludin[3]) esta “afrenta” a un gran monopolio capitalista –como ya era Ledesma- tuvo como venganza jurada el ataque y desaparición de luchadores cuando llegó la dictadura. No por nada Pedro Blaquier se carteaba durante el período videlista con su “dear friend”, su querido amigo, el ministro de economía Martínez de Hoz[4].

¿Y Nelly? Alejada luego de Libertador General San Martín, donde sólo quedó explotación, hambre, miseria y contaminación -como ocurrió con la Madre de Plaza de Mayo Olga Arédez, muerta por bagazosis[5]- dejó la empresa en manos de Pedro Blaquier mientras se hacía pasar por solidaria con el Museo Nacional y el Teatro Colón. Terminó siendo presentada como una “empresaria apasionada por el arte”, con “compromiso con la cultura y la educación, ejes fundamentales para el desarrollo y engrandecimiento del país”. En realidad, mientras se la muestra “solidaria” con una institución estatal... lo que desarrolló y agrandó fue su “patrimonio artístico”, privado –tal como hizo con el económico, como dijimos, basados en el crimen, la opresión y la explotación[6]-. Veamos.
Patrimonios privados (inmobiliarios, fabriles, artísticos) de una burguesa

Dice una nota periodística: “a la hora de determinar cuál es la colección de arte más importante de la Argentina, los nombres que suenan casi de manera indiscutida son los de Nelly Arrieta y Carlos Pedro Blaquier. Separados desde hace varios años (aunque no divorciados, lo que evitó que la colección se dividiera), Nelly Arrieta -presidenta desde hace treinta años de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes- vive en uno de los cuatro pisos que su familia posee en un lujoso edificio frente a la Plaza San Martín. Acostumbrados a aparecer en el selecto ranking de los coleccionistas internacionales más importantes que realiza periódicamente la revista Art Review (émulo de la lista que la revista Forbes arma con las personas más ricas del mundo), los Blaquier tienen repartida su colección entre la residencia del barrio de Retiro, el campo de la familia en la ciudad de Lobos y que bautizaron La Biznaga, y un palacete en San Isidro, en donde Carlos Pedro suele organizar fiestas y recepciones, llamado La Torcaza. ‘Los Blaquier tienen varias colecciones separadas’, dice un conocido de la familia, que pide mantenerse en el anonimato: ‘Poseen una colección muy importante de armas antiguas, otra de platería criolla y de platería francesa del siglo XVIII, otra de bronces del Renacimiento y también arte precolombino. Dentro de su colección de arte, quizá lo más importante sean los cuadros impresionistas, entre los que hay joyas de Gauguin, Degas, Rendir y Monet’.

Reacios a mostrar su colección a personas ajenas a su círculo íntimo, los Blaquier (...) son también dueños de una impresionante colección de arte rioplatense del siglo XIX (...). En lo que hace a arte argentino del siglo XX, es famosa su colección de pinturas de Emilio Pettoruti, una de las confesadas debilidades tanto de Carlos Pedro y de Nelly Arrieta como de sus cinco hijos. Algo que quedó a la vista cuando ella organizó a fines de 2004, en el Museo Nacional de Bellas Artes, la mayor retrospectiva sobre la obra de Pettoruti hasta el presente, en la que varios de los cuadros de su colección privada (entre ellos, el Quinteto) fueron expuestos al público”[7].

¿Qué tal? Al menos alguna vez parte de esta riqueza fue expuesta al público. ¡Qué caradurez: los asesinos de obreros son la “elite” que “salvaguarda” el patrimonio de las artes![8]

Los Blaquier, junto a otros grandes empresarios como Constantini (del MALBA) y Amalia Fortabat hacen grandes negocios privados y con el Estado, y además acumulan, entre otras fortunas, estas “fortunas artísticas” -y privadas, como vimos-, que son, en realidad -o deberían ser- patrimonio de la humanidad.
¿Cuáles son las “virtudes” que reconoce el gobierno de Macri?

La resolución del Ministerio de cultura porteño -que encabeza Hernán Lombardi[9]- dice que “Nelly Arrieta de Blaquier representa, en el país y en el exterior, los más elevados valores de la cultura argentina”. Cultura de la muerte y el exterminio, decimos nosotros. Cultura de una sola clase, explotadora: la burguesía, que no duda, ante la rebelión y la lucha, en cambiar de “modo de dominio” (régimen político) para poder mantener la explotación de millones de hombres, mujeres y niños. “Nelly” representa a un sector de la clase dominante nativa: su apellido de casada (que como vimos mantiene sólo por cuestiones de negocios), Blaquier, estará por siempre unido, indisolublemente, a los campos militares de concentración y exterminio de una vanguardia militante, obrera y estudiantil. Por ello, todo el arte acumulado, todos los “bellos eventos” de “fomento” que pueda hacer palidecen, se marchitan, no valen nada, ante el despiadado asesinato de aquellos luchadores y luchadoras de los ’70.

“Nelly Arrieta de Blaquier recibió muchas distinciones a lo largo de su vida, pero es la primera vez que recibe una desde un organismo público de su país”, dice una nota[10]. Pues bien: queda claro que el “discurso PRO” que encandiló a muchos sectores de las clases medias acerca del supuesto “apoliticismo” de estos “jóvenes (?) empresarios” y tecnócratas, viró a lo que es su “esencia ideológica” (pocas veces explicitada y muchas camuflada): la reivindicación de la dictadura militar, de los métodos de matanza y exterminio de los luchadores obreros y populares. No es casual que este “nombramiento pionero” lo hiciera Macri: éste ya compartía la “filantropía” con Nelly desde hacía varios años, como lo mostraba, entre otras, la revista de los “ricos y famosos”, Caras[11].

Ahora, cuando emergen tendencias en el movimiento obrero de resistencia, organización y lucha, clarificar y conocer los planes de los políticos capitalistas se hace vital para toda la opinión pública obrera, juvenil, popular y de los sectores medios empobrecidos.

Las designaciones de (el ahora renunciado) Posse y Nelly Blaquier por parte del gobierno de la CABA, en momentos en que la crisis económica y las penurias populares continúan -y se agravarán-, son como “el símbolo” de la “política de Estado” que tendrán todos los partidos patronales cuando las luchas se generalicen. Una política que para ello debe ir en contra, fundamentalmente, de los sindicatos: por ello Posse se quejó en el trámite de su renuncia de las marchas y reclamos por parte de sindicatos y personalidades del arte y la cultura. Dijo: “ganó la prepotencia disfrazada de democracia”, aunque es indudable que la cosa es más bien al revés: Macri y su séquito quieren, disfrazados de demócratas, eliminar la protesta y reclamos docentes y sindicales en general[12].
Aunque (aún) no sean quienes “primen” en los planes y la dirección del gobierno (¡aunque no podemos dejar de mencionar la UCEP y el espionaje que hizo en los sindicatos docentes!), los Posse y Blaquier son la quintaesencia, la expresión más descarnada (y explícita, como podemos ver y oír las últimas semanas) del sistema de explotación y opresión capitalista.

Notas:
[1] http://www.infobae.com/politica/491514-101275-0-El-gobierno-porteño-negó-diferencias-Macri-y-Posse.
[2] El diccionario de la Real Academia Española define muy precisamente el descaro burgués de esta actividad: “amor al género humano” (!), dice. ¿Habrá algo más in-humano que ser un explotador “amante” del dinero?
[3] Ver Demian Paredes: “Acerca de ‘Sol de noche’” (La Verdad Obrera Nº 125, http://www.pts.org.ar/spip.php?article3203).
[4] La carta se encuentra entre los documentos que hay en el libro de Reynaldo Castro Con vida los llevaron. Memorias de madres y familiares de detenidos-desaparecidos de San Salvador de Jujuy, Argentina (Bs. As., La Rosa Blindada, 2004).
[5] Ver Demian Paredes: “Murió Olga Arédez” (La Verdad Obrera Nº 160, http://www.pts.org.ar/spip.php?article4083).
[6] Ver Hernán Aragón “Crónica de un viaje a Jujuy” (La Verdad Obrera Nº 356, http://pts.org.ar/spip.php?article14368) y Miguel López y Gastón Gutiérrez: “El aniversario de ‘El Apagón’ y las ocupaciones de tierras en Ledesma (La Verdad Obrera Nº 336, http://pts.org.ar/spip.php?article13281).
[7] “Pasión multimillonaria. Los museos secretos de los principales coleccionistas argentinos de arte”, nota de Patricio Lennard en diario Perfil, 17/6/07.
[8] Muy poco antes del nombramiento del gobierno de la CABA, Nelly apareció en la revista Caras. Presentada como “mecenas moderna”, “empresaria y coleccionista” decía que la asociación u ONG del museo “es una PyME donde hay que trabajar todos los días” –con un poco de sinceridad podría haber especificado para quién es realmente ese “trabajo”- ( http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=3718).
[9] Aunque, lamentablemente, para el escritor Sergio Olguín, este nombramiento sería más bien responsabilidad de Macri; cosa que “opaca” “la digna tarea del ministro Hernán Lombardi” (diario Crítica de la Argentina, 17/12/09). Dice también Olguín tras reivindicar algunas políticas como la pensión para el escritor y la relación con la SEA: “Es cierto que hubo críticas por el cierre de algunos centros culturales o por esa idea reduccionista de equiparar la cultura sólo con el turismo. Pero viendo otras áreas del gobierno de la Ciudad, lo de Lombardi es digno de encomio”.
[10] http://www.artealdiaonline.com/Argentina/Notas/Un_merecido_reconocimiento
[11] La nota “Una noche de amor y arte” contaba en 2007 acerca de este “clásico de la agenda social porteña” (¿de quiénes, de qué “porteños”? Del pueblo trabajador seguro no): “El lunes 3, unas 475 personas colmaron las 55 mesas dispuestas en el Roof Garden del Hotel Alvear, una vez más escenario de la fiesta temática a beneficio de la Asociación Amigos del MNBA.
Puntual como siempre, Mauricio Macri (48) no tardó en ser el gran protagonista. No sólo por su habitual buena presencia, sino que confirmó ciento por ciento lo enamorado que está de María Laura Groba. El electo jefe de Gobierno porteño llegó de la mano de su novia, y a pesar de los recaudos que suele tomar para no ser capturado por las cámaras, cuando se relajó mostró su costado romántico”. Y sigue la crónica: “La tradicional anfitriona de esta fiesta, Nelly Arrieta de Blaquier, los recibió entusiasmada. Vestida por Gino Bogani, les dio la bienvenida con dos buenas noticias: que en los últimos cuatro años la Asociación de Amigos aportó más de cinco millones de pesos al museo, y que lo recaudado esa noche se destinará a la construcción de una escalera de emergencia en el MNBA. Motivos suficientes para que Mauricio encarara la reunión con ánimo de divertirse, disfrutar y pasarla muy bien. En la mesa se ubicó al lado de Horacio Rodríguez Larreta y su mujer, la wedding planner Bárbara Diez” (http://www.caras.uol.com.ar/edicion_1340/nota_01.htm).
[12] Posse “adjudicó su salida del gobierno de la Ciudad a una ‘campaña de descalificación absurda’ hacia su persona y acusó a los gremios docentes de ‘preferir consolidar su sindicato antes que el problema educacional’”
(http://www.clarin.com/diario/2009/12/23/um/m-02106667.htm).

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Barranquilla, Colombia: la Calcuta Suramericana. Indigencia y miseria

Oscar Robles

Galería fotográfica compartida por nuestro colaborador Oscar Robles, desde Colombia.


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Las arrugas de Dorian Gray

María Luisa Etchart (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Oscar Wilde no fue un escritor demasiado prolífico. Sus obras completas caben en un volumen, pero su vida y su martirio añadieron misterio e interés a sus escuetas pero bellísimas obras literarias.

Sus cuentos “El Gigante Egoísta”, “El Ruiseñor y la Rosa” y “El Príncipe Feliz”, entre otros, merecerían figurar en los muchas veces aburridos libros de lectura infantiles, por encerrar pensamientos de amor y compasión capaces de conmover a niños y adultos.

Su única novela, “El Retrato de Dorian Gray”, nos habla de un personaje exteriormente bello, de clase social acomodada, que sólo vive para sus placeres y lucimiento, desconociendo a los que lo rodean en su condición de seres humanos y que, por un efecto mágico, logra transcurrir su vida sin reflejar en su rostro las marcas del paso del tiempo y de su comportamiento cruel y egoísta. El autor presupone que el rostro de una persona va reflejando sus acciones y que éstas dejan su huella y por eso crea la existencia de un retrato pintado por un amigo, adonde van a parar esas vivencias, mientras el rostro original se libra de tales marcas. Así, Dorian vivirá eternamente joven y bello a pesar de su vida casi monstruosa, mientras el retrato celosamente escondido irá incorporando las arrugas y rictus, la expresión de sus ojos y boca producto de su actitud ante la vida.

Las imágenes que vemos actualmente en material impreso, películas y televisión están llenas de rostros que no sólo no parecen haber registrado el paso del tiempo, sino que parecen destinados a enrostrarnos nuestro propio envejecimiento como algo detestable, algo de lo que hay que librarse por cualquier medio quirúrgico. Labios pletóricos de siliconas, dentaduras perfectas, sonrisas permanentes, pieles estiradas, rasgos modificados en busca de una dudosa belleza, ojos que parecen no tener demasiada expresión pero que están allí, enormes y deslumbrantes mirándonos desde un vacío interior que se percibe. Acompañando esta falsa juventud, la actitud de sus portadores (hombres y mujeres) parecen querer decirnos: “Soy mucho más poderoso que tú, simple mortal. Tengo el dinero y la fuerza de voluntad suficientes para someterme a lo que sea necesario para no envejecer y por eso estoy aquí para que me mires y te sientas en total indefensión ante tu propio deterioro.”

Por algún motivo que desconozco, sin embargo, tanta falsa fachada parece casi inexorablemente mostrar un deterioro mental, una necesidad constante de mostrar que se está espléndido, que la vida no les ha tocado, que es más importante el envase que el contenido, que no se debe expresar nada que pueda sugerir maduración, fruto del sufrimiento, ni pensamientos demasiado profundos, no sea cosa que de golpe aparezca una nueva arruguita, y entonces es inevitable preguntarse: ¿No será que, a falta de un retrato que se haga cargo de las arrugas y vivencias, éstas, siguiendo el principio de “nada se pierde, todo se transforma”, éstas se han introducido subrepticiamente en el alma?

María Luisa Etchart es argentina residente en Costa Rica.

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Música: La milonga

La milonga es un género musical típicamente rioplatense, ligado a la pampa e identificado con la cultura gauchesca tanto de Argentina como de Uruguay. Tardíamente, ya entrado el siglo XX, aparece en su forma urbana.

Según nos cuenta Alfredo Zitarrosa, uno de los grandes exponentes de la canción popular uruguaya, “la milonga es el género folclórico vivo por excelencia en mi tierra. Se trata de un ritmo que recibe influencias afro y por cierto, proviene también como una buena parte del folclore nuestro, del folclore del sur de España, el folclore andaluz. Pero comprende una vasta zona del cono sur, la pampa argentina y las praderas onduladas de la banda oriental (Uruguay)”

De hecho hoy día presenta dos formas: la tradicional, la más antigua: la milonga campera o sureña, lo que podríamos decir su forma original (hoy ofrecemos dos ejemplos para escuchar), y la milonga ciudadana, forma tardía aparecida alrededor de 1930 como una forma bastante cercana al tango, a la sazón muy popular en ese momento, pasando por su momento de gloria.

El origen de la milonga tradicional (milonga campera o sureña) es incierto y discutido. De hecho presenta elementos de ascendencia africana en su constitución rítmica e influencias de danzas criollas y europeas llegadas al Río de la Plata (Buenos Aires y Montevideo) a través de distintas vías, principalmente desde Perú, España, Brasil y Cuba. Tiene semejanzas con otros ritmos como la chamarrita, el choro (que se desarrolló más en Brasil), el candombe (que tuvo su esplendor en Uruguay) y la habanera. Por lo pronto aportó elementos al tango, pero aunque ambas especies poseen un ritmo binario de 2/4 o 4/4, las 8 corcheas de la milonga están distribuidas en 3 + 3 + 2, mientras que el tango posee un ritmo más marcial, más “cuadrado” podría decirse.

La milonga coexistió con la habanera durante el siglo XIX, pero se desarrolló en ambientes sociales muy humildes, de ahí que se la ha llamado la “habanera de los pobres”.

La milonga ciudadana o urbana apareció como un subgénero tardío de la milonga; se puede establecer su fecha de nacimiento en 1931, cuando Sebastián Piana (música) y Homero Manzi (letra) componen “Milonga sentimental”, hoy día ya un clásico de la música porteña (aquí presentamos una versión de Juan D’Arienzo).

Junto a ésta, ofrecemos también dos versiones de milonga campera.




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La culpa de Nicanor (Microrelato)

Edgar Borges (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Nicanor carraspeó dos veces, un sabor a sal le secaba la garganta. Entre el ahogo y el atrevimiento no pudo evitar hacer la pregunta, “por fin, ¿cuántos fueron los muertos…?” Marcano frunció el ceño y con la mirada adelantó la furia que luego expresaría con la palabra, “te lo advertí hombre, la pagarías bien caro si alguna vez me recordabas los malditos invasores del hato”. Nicanor cerró los ojos y en silencio se entregó a quien siempre sospechó era su peor enemigo; quizá en ese minuto decisivo abundaron los recuerdos fugaces y los arrepentimientos de última hora. En un brevísimo instante, todos los infiernos del mundo golpearon su existencia. Él no era más que el odio que siempre buscó fuera.

Al segundo sesenta Marcano desenfundó el revólver y cumplió la promesa. Siete días después la policía encontró el cadáver del principal sospechoso de la matanza de los campesinos que llevaban tres semanas ocupando los terrenos abandonados del hato Casa Tierra. Su nombre: Nicanor Marcano.

Edgar Borges es venezolano residente en España.

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Soldier of fortune (diario de un mercenario)

Agustín Prieto (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

6 de marzo Esta mañana llegamos al aeropuerto clandestino en la selva, a doscientos kilómetros de la capital, Motutuville, provincia de N'gulihi, República Socialista de Husuluwimbi. Un helicóptero nos llevó al campamento de la Unión Nacional para la Independencia Absoluta de Husuluwimbi (UNIAH). Nos recibió el comandante G'ntú Eobita en compañía de su lugarteniente croata y de un asistente inglés. Al miliciano que descargó nuestro equipaje se le cayó el lanzamisiles tierra-tierra de Jacques, veterano de Indochina que estuvo en lo de Dien Bien Phu en 1954. El belga se puso furioso. El muchacho fue torpe, sí, no puede negarse, pero Jacques no debió haberlo estaqueado hasta que los buitres le picotearon los ojos. Lo único que ganó fue el rencor de los milicianos. No sé cómo va a terminar esto.

7 de marzo El aire acondicionado del bungalow funciona mal. El condenado calienta. Le recordamos a Eobita que en nuestra reunión con él en Caracas nos garantizó que disfrutaríamos de todas las comodidades. Dijo que mañana enviará al técnico. Mientras tanto ordenó a dos zapadores que nos abaniquen toda la noche con hojas de palma.

10 de marzo A Jacques le desagradaron las brochettes de cola de cocodrilo que cenamos hoy. A mí me gustaron, aunque me pareció que no se correspondían con el vino blanco de Saxe-Anhalt, zona poco propicia para el bordeaux. Se lo dije a G'ntú Eobita, y me explicó muy resentido que la bebida era el resultado de una frustrada compra de armas en la RFA, donde el emisario se quedó allí con más de veinticinco millones de dólares, y envió una amable postal y varias cajas de vino.

12 de marzo Nos reunimos con la plana mayor del ejército rebelde y con el enviado de la CIA, Frank, un imbécil con quien hicimos un trabajo en Panamá en 1981. Quieren derrocar al régimen antes de fin de año. Casi se me escapó que las autoridades cuentan con el respaldo del 96 % de la población, muy sentida aún por dos siglos de colonización francesa hasta su reciente independencia, y muy beneficiada por la campaña de alfabetización y por la lucha del régimen comunista para erradicar el analfabetismo, la diarrea infantil y la malaria; pero me pagan para matar, no para opinar. Parece que el plan está en marcha, pues según Frank los medios presentarán al régimen husuluwita como una banda de criminales. Agregó que están realizándose unos documentales en Suiza sobre las atrocidades de la dictadura comunista de Husuluwimbi contra la población civil. El gobierno colombiano será el abanderado de la lucha contra el régimen, y en nombre de la democracia, los derechos humanos, la guerra antiterrorista y antinarcóticos pedirá al Consejo de Seguridad de la ONU una intervención militar en Husuluwimbi.

14 de marzo Hoy comimos chimpancé. Lo que me desagradó fue la mirada del condenado mono. Le dije al cocinero que la próxima vez le ponga anteojos.

19 de marzo El técnico que vino a reparar el aire acondicionado no estaba acondicionado para resistir la descarga de 220 voltios que lo fulminó apenas metió el destornillador. El comandante Eobita ordenó sepultar al técnico con su destornillador, ya que nadie pudo abrirle la mano, y despachó un mensajero pidiendo urgente otro especialista.

Me picó un mosquito en la nariz.

28 de marzo Hoy emboscamos un convoy gubernamental. Estábamos tan hartos de las colas de cocodrilo, de las costillas de mono asadas y de la serpent à la provençale; tan hartos de esperar al técnico en aire acondicionado y de la presencia de los abanicadores en el bungalow, que finalmente se duermen y roncan; tan hartos de la hostilidad de los milicianos hacia Jacques y de tanta calma, que necesitábamos acción para distraernos.

La acción nos levantó el ánimo aunque perdimos 194 hombres con sus pertrechos, diez lanzagranadas KN II, todo el equipo de comunicaciones General Dynamics, tres ametralladoras 12,7 mm, dos transportadores blindados Casspir obsequiados por Sudáfrica, un sistema checo de rayos infrarrojos y ocho morteros Marine de 60 mm. Además el enemigo capturó a 40 milicianos de un pelotón de élite, al lugarteniente de Eobita, a dos cubanos anticastristas especializados en medicina tropical, a un experto en comunicaciones codificadas, a un redactor y un fotógrafo de Paris Match, a un instructor argentino veterano de la guerra antiterrorista en Guatemala, a dos turistas japoneses, al responsable de los contactos en Europa, a un consejero israelí y al cocinero. También se apoderaron de los vehículos todo-terreno con las provisiones e importante documentación. Pero le causamos contusiones a cinco soldados, urticaria psicosomática a un suboficial, capturamos un par de patines para hielo, dos latas de sardinas y la última Play Boy. Asimismo estropeamos la pintura de una puerta de un camión de tropas, hicimos un prisionero, les dimos un buen susto y les hicimos consumir gran cantidad de municiones.

12 de abril Por fin llegamos al campamento y fumé mi primer cigarrillo en dos semanas. Sólo quedamos ocho de los 236 que partimos a la emboscada. ¡Qué viaje! Recuerdo que un milagro me salvó del ataque de millones de mosquitos Aedeschup en Guatemala, también conocidos como «Transfusión alada», una especie asesina a la que he visto, en Bolivia, atravesar con sus aguijones una tienda de campaña para picar a un agente del Mossad. Me estremezco al evocar que fui herido en el Delta del Mekong por una bomba artesanal hecha con latas oxidadas de cerveza americana que reciclaban esos malditos vietcongs. Pero nada puede compararse con este viaje infernal. Tampoco olvido que tuve una malaria que casi me exterminó en Botswana, y deliré tanto que un mercenario panameño que estuvo en el hospital de campaña tomando notas de mis crisis se enriqueció al venderlas como guión de una película de terror. En Burma, en un arrozal donde estuve escondido diez días, debí comer babosas cuando se terminaron las sanguijuelas, culebras, sapos, alacranes, arañas, cucarachas y renacuajos a mi alcance. Fui apresado por los sandinistas cerca de Matagalpa, y obligado a ver Bedtime for Bonzo, una película protagonizada por Ronald Reagan; al ser exhibida cuarenta y cuatro veces no aguanté más esa tortura inhumana, y revelé que nuestro campamento central estaba en Honduras, que traficábamos drogas para financiarnos, y que reclutábamos sudamericanos en Costa Rica. En Quang Ngai, durante la ofensiva del Tet, una explosión me puso una especie de sirena en la cabeza por varios meses, sensación sólo comparable a la de oír a Nina Hagen día y noche en el campamento de la UNITA donde compartía mi tienda con Fritz, un punk austríaco de un grupo neonazi, que por suerte se cargaron los angolanos. Pero este viaje superó todos aquellos horrores. Nuestra diezmada columna fue reduciéndose de a poco. Sólo el prisionero, que sabía que sería canjeado por nuestro cocinero, parecía divertido del padecer soportado durante la marcha por la selva. Como temía, Jacques fue otra baja inevitable cuando al ser atrapado por una serpiente constrictor la soldadesca tomó al reptil por la cola y la cabeza y tiraron hasta que los ojos del belga saltaron de sus órbitas, y ahora son llaveros que cargan dos milicianos con orgullo. Debimos curarnos las enfermedades tropicales matándonos las bacterias a garrotazos. Comimos alimañas que nos destrozaron el estómago y el paladar. Combatimos la sed bebiendo la savia de plantas que nos provocaron unas diarreas descomunales, por lo que el trasero nos quedó hecho una llaga. Nos topamos con campos minados que deshicieron a los milicianos que enviamos a cruzarlos. Cerca de un arroyo nos sorprendió una estampida de elefantes que nos produjo media docena de bajas. Rimvydas, un lituano especialista en blindados quedó del espesor de un panqueque. Lo cargamos enrollado unos días hasta que se lo llevó un ventarrón.

Pero llegamos. Nunca olvidaré esa travesía. Nunca.

17 de abril Trajeron un nuevo equipo de aire acondicionado. Esto produjo la desesperación de un abanicador, quien confesó amarme apasionadamente.

Aún no me recuperé del viaje de regreso al campamento. Me duele todo, desde el pelo hasta las uñas de los pies. Me duele hasta pestañear. Y escribir esto es terrible.

Me enteré de que G'ntú Eobita quedó muy desprestigiado por su fracasada campaña militar. Me han contado que en dos años sólo pudo aportar, además de la poco afortunada emboscada reciente, el asalto a una sucursal de correo, cuyas estampillas sirvieron para financiar una campaña postal auspiciada por Oxfam para dotar de prótesis artificiales a los amputados por la guerra en Husuluwimbi.

Esta noche se produjo el intercambio del prisionero, que cuenta unos chistes buenísimos, por nuestro condenado cocinero. Hubo un intento de amotinamiento, ya que todos nos oponíamos al cambio.

23 de abril Semana aburrida. He descansado sin descanso.

26 de abril El cocinero cambió el menú. Cenamos ensalada de bambú con raíces, puré de ñame y un guiso con termitas, yuca, hierbas y tomates en conserva que devoré con placer; no sé si por sabroso o por la novedad. Algunas termitas estaban vivas. No me gustó nada sentirlas paseándose por mi esófago. Pero la comida armonizaba con el vino alemán.

27 de abril Hoy escuché La Voz de América. Dijeron que el Departamento de Estado felicitó al pueblo en armas, es decir a nosotros, por golpear tan duro a la dictadura.

3 de mayo Hoy hicimos simulacro de interrogatorio. Como no tenemos prisioneros, un miliciano se ofreció como voluntario. Lo hizo con convicción, y juró que moriría antes de traicionar al gobierno husuluwita. Los interrogadores obraron también con convicción, pero fueron imprudentes, y el muchacho sufrió un colapso fatal sin aportar un solo dato.

A la noche cayó un aguacero muy fuerte.

19 de mayo Sorpresivamente me encomendaron la misión de tomar el palacio gubernamental. Es una locura. Llegué a la conclusión de que se trata de una acción desesperada de Eobita, a quien Sudáfrica, Israel y Estados Unidos amenazaron con cortarle los suministros a causa de su ineficiencia.

20 de mayo Partí con un reducido grupo de combatientes. Pero estoy decidido a largarme porque no pienso pagar con mi pellejo las imbecilidades de ese inútil, que encima insistía en que llevásemos al cocinero.

23 de mayo Estamos a pocas horas de la capital. Me informan que en las afueras nos aguarda un contacto con disfraces de vendedores de helados y sus correspondientes carritos. El propio Eobita estará para dirigir el golpe. Al pedir éste un cucurucho de crema etrusca, variedad inexistente en Husuluwimbi, será la contraseña para iniciar la operación.

Hombre de acción, al fin decidí quedarme para ver cómo diablos se las arreglará el muy idiota para efectuar semejante acción, pues sé que yo no podría resistir la curiosidad.

Me anuncian que está todo listo para partir.

23 de mayo Hoy se cumplieron ocho años del golpe que terminó con la UNIAH. Desde ese día no volví a tocar este diario.

Ese mediodía, cuando Eobita pidió su maldito helado sacamos las armas de los carritos, pero el frío de más de 20 grados bajo cero las volvió inoperantes, así que para disimular las sorbimos como si fueran helados. Unos guardias desconfiaron y terminamos todos presos.

Gracias a las gestiones de Amnesty International, hace seis años se me declaró prisionero de opinión, y mi condena se acortó sensiblemente.

Al salir de la prisión, conocí una husuluwita, D'gwinta, con quien me casé y tuvimos dos niños muy guapos.

Ahora dirijo la oficina local de la Subcomisión de Derechos Humanos de la ONU, soy el apoderado de Human Rigths Watch y el coordinador nacional de Greenpeace.

He recibido ofertas de algunos de mis viejos contactos para hacer unos trabajos en Haití y Chechenia, pero estoy cansado de aquello, así que prefiero seguir con esta nueva vida.

En junio, en la calle, un hombre me llamó luchador libertario. Era Eobita. Está viejo y loco. Dijo que fue liberado a raíz de las presiones de Jimmy Carter, del Comité de Derechos Humanos del Partido Republicano, de ONGs de Estados Unidos y de la Unión Europea, y me dijo que la mayoría de los conspiradores fue exculpada. Me invitó a sumarme a la reconstrucción de la UNIAH, financiada ahora por Perú y Polonia. Véame en 50 años, le contesté para librarme de él. Para mi sorpresa apuntó la cita en su agenda para —precisamente— dentro de 50 años, y se fue dejándome una dirección de Miami.

Viejo podrido: a pesar de la sorpresa que me causó esa actitud, confieso que me contagió el optimismo, así que me dije que si para entonces estoy en pie iré a esa cita. Se lo merece. No sé con quién o con qué me encontraría, pero ya me está consumiendo la curiosidad. Al fin y al cabo, en el fondo uno sigue siendo un mercenario, qué diablos.

Agustín Prieto es escritor y periodista.

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El golfista adúltero

Alberto Moncada (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tiger Woods es, indiscutiblemente, el mejor jugador de golf del mundo y, como consecuencia, uno de los principales millonarios americanos. Vive en una lujosa casa del norte de Florida, con su mujer y sus dos hijas, a las que no les falta de nada y allí le esperan mientras va y viene a los campeonatos, dentro y fuera de los Estados Unidos, donde apenas tiene rivales de su nivel.

Pero el golfista, amante esposo y padre responsable, es también un poco putero. Cuando se termina el torneo, y antes de volver a casa, se acuesta con putas o con las muchas mujeres que están dispuestas a alegrar la cama de un campeón. Ya han surgido nueve que han contado sus aventuras con Tiger que parece ser tan bueno en la cama como en el “green”.

Por lo visto, su mujer se dio por aludida una noche en la que el campeón salió huyendo de casa y se dio un buen morrón con su lujoso coche. La prensa olió el morbo y los periodistas se turnaron para averiguar lo que pasó, popularizar a las compañeras de cama del golfista y llevar a éste a un acto de arrepentimiento, que incluye incluso su retirada indefinida del deporte. Paralelamente sus patrocinadores huyen de su imagen y si su mujer le pide el divorcio, de momento se ha marchado de casa llevándose las niñas, disminuirán drásticamente sus ingresos.

Ocurriría algo parecido en otro país que no sea la puritana América?. Yo lo dudo porque muchos campeones no americanos celebran su éxito en camas ajenas a la propia y a nadie se le ocurre llevar el asunto tan lejos.

Cuando escribí “Aventuras extramaritales” expliqué, entre otros asuntos, la fuerza con que la testosterona masculina nos condiciona hasta más o menos los cuarenta años. Ni la religión ni el amor ni las convenciones sociales logran que los varones no se compliquen la vida obedeciendo a un instinto de cuya fuerza depende la continuidad de la especie humana. Yo explico en el libro que ni siquiera estar casados con mujeres muy activas y hábiles en el ejercicio de la sexualidad impide a los varones esa promiscuidad que las mujeres están aprendiendo a fuerza de que sus condiciones de vida, trabajo fuera de casa, dinero, viajes son iguales a las de los varones.

La sociedad occidental nunca ha castigado excesivamente el adulterio, el matrimonio es una institución ideada por los poderes que induce a las parejas a producir y cuidar a la generación siguiente pero ni antes, cuando la gente se emparejaba por razones familiares ni ahora que lo hace por amor, se ha dado mucha importancia a la infidelidad. Esta es cosa de otras culturas.

Hay una cierta hipocresía al respecto, tanta que yo no conseguí un editor español para mi libro y tuve que publicarlo en Amazon, editorial de Internet, que vende por correo.

La educación de la sensibilidad afectiva incluye, por supuesto, la fidelidad a tu pareja pero también la comprensión hacia sus debilidades. Las francesas del siglo pasado nos han enseñado la discreción del adulterio burgués, del “amour apres midi”, de esas aventuras galantes que son en muchos casos la mejor salvaguardia del matrimonio. Pero las francesas nos enseñaron la regla de oro de la discreción y muchos varones, especialmente latinos, no disfrutan de la aventura hasta haberla contado a sus amigos.

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Cine sobre la infancia: Análisis de tres películas

Jesús Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. Bienvenidos a la casa de muñecas

Es un filme dirigido por Todd Solondz, una película estadounidense, producida en 1987, la historia de una niña de once años, la del medio entre tres hermanos, quien adelanta estudios primarios en New Jersey. Es una chica incomprendida, humillada y ofendida, quien trata de mostrar su cara más feliz en el inicio de su pubertad pero como su vida está marcada por el sello de lo ominoso, tanto en la niñez como en la adolescencia, aprende a disfrutar del dolor y las humillaciones, cosa que es una constante en sus romances frustrados. La duración de la película es de 95 minutos, cerca de hora y media.

La cinta que se presentó por primera vez en 1995, recibió el Gran Premio del Jurado de Sundance en 1996 además de recibir el Premio del Espíritu Independiente y se considera una comedia negra, aclamada por el cine independiente por tratarse de una adolescente acobardada por su complejo de fealdad, ¿una dismorfobia? La pequeña recibe tanto en el colegio como en el hogar una dura y absoluta incomprensión ya que, en realidad, es fea, descuidada y enamoradiza aunque lucha por superar esta dificultad. La crítica en relación con el filme ha sido excelente, ya que resulta un cínico, divertido y amargo drama, con una propuesta interesante.

Es una curiosa historia sobre la adolescencia que se detiene en una descripción de la edad puberal, sin preocuparse por la transición de la niñez a la madurez, con una buena dosis de humor negro.

También se la considera una comedia urbana en la que la protagonista llega a preguntarse si la vida no será mejor fuera de su ciudad, ya que, a su vez es todo un drama social, encubierto por el tono humorístico de la película, que termina siendo una película demoledora sobre una pubertad singular con sus conflictos, sentimientos, sufrimientos y deseos, en un ámbito de incomprensión, soledad y miedo, que para algunos críticos puede resultar muy cruel y perversa pero que, de otro lado puede resultar toda una crítica al mundo desgarradora e inquietante, que termina por fluir más que por molestar, si la tomamos como una denuncia. La niña se convierte en objeto de nuestra empatía, hasta el punto de provocar en el espectador lástima y odio al mismo tiempo, una inducción a la ambivalencia del receptor, que es una de las cualidades del cine de Solondz.

La cinta tiene toda una nómina actoral encabezada por Christina Brucato, Siri Howard, Tely Pontidis, Scout Coogan, Brendan Sexton, Christina Vidal, Brendan Sexton, Herbie Duarte, Heather Matarazzo y Daria Kalnina.

Es de lamentar que las películas de Todd Solondz no se distribuyan en la mayoría de las salas comerciales ni en los sitios de alquiler de película, lo que las hace difíciles de adquirir y que permanezcan muy desconocidas para el gran público.

No todas las niñas quieren jugar con muñecas, este filme es una mirada introspectiva al alma de una chica poco atractiva de séptimo grado que lucha por manejar su situación con unos padres desatentos, unos compañeros que se las de finolis, un hermano mayor detestable, otra hermana menor atractiva y con sus propias inseguridades. Para mostrar el tipo de vínculo con la madre baste recordar que en una ocasión, la pequeña le dice a ésta que sólo se estaba defendiendo ante lo cual la progenitora le pregunta que quién le ha dado permiso para que se defienda.

La cinta es excelente, muestra de una forma muy original, las experiencias de una chica impopular en su clase de secundaria. La película trata sobre la marginación, muestra como una persona no responde a los cánones establecidos por la sociedad y trata de protegerse creando un huequito para habitar en el mundo. La actriz principal, Heather Matarazzo, hace un gran papel al representar a una chica con una pequeña deficiencia que para todos puede pasar desapercibida aunque se siente incomprendida y odiada por casi todos, lo cual produce una cinta triste y dura que nos enfrenta con la realidad y con las personas tal y cual son.

2. El perro mongol o La cueva del perro amarillo

Dirigida por Byambasuren Davaa
Alemania / Mongolia, 2005 - 93 minutos

Nansal, la hija mayor de una familia de nómadas mongoles, encuentra un cachorro mientras recoge leña para su madre en un campo cercano a su casa. Desde el primer momento se encapricha con la criatura pero, cuando lo presenta en familia, su padre teme que les traiga mala suerte porque cree que puede ser descendiente de lobos, y le pide que se deshaga inmediatamente de él. A pesar del mandato de su padre, Nansal decide quedarse con el cachorro y un día, mientras pasea al rebaño, se pierde y conoce a una anciana que le cuenta una historia mágica... Es la fábula del vínculo que, según las tradiciones mongolas, existe entre el hombre y el perro y el significado especial que esta relación tiene dentro del eterno ciclo de la reencarnación.

* * *

La película fue realizada hace tres años, en el 2006, con guión y bajo la dirección de Byambasuren Davaa, una realizadora de Mongolia. Es un drama para adolescentes, más aclamado por los espectadores que por los mismos críticos.

Byambasuren Davaa nació en 1971, en Ulaanbaatar, en el país mongol. Entre los dieciocho y los veintitrés años trabajó como ayudante de dirección y presentadora en la televisión pública; también estudió Derecho Internacional en su ciudad natal para, a los veinticuatro años, estudiar en la Academia de Cine de su patria, durante tres años, tras los cuales viajaría a Alemania para estudiar en la Escuela de Cine de Munich en 1999, cuya tarea final, para culminar sus estudios, fue esta película, realizada después del éxito obtenido con su trabajo anterior La historia del camello que llora, filme que ha cosechados éxitos en festivales de todo el mundo, un documental que dirigiría en el 2003, con un guión compartido entre ella y Luigi Falorni, una historia que ocurre en una primavera en el desierto de Gobi, al sur de Mongolia, donde vemos a una familia de pastores nómadas ayudar al nacimiento de camellos en su manada de camélidos, pero tienen que enfrentar un parto distócico, situación que puede resolverse con la ayuda de sus dueños, para dar a luz un camello albino, al que la madre rechaza, al negarle tanto el alimento como el amor maternal, lo cual hace que los padres envíen a sus hijos a un viaje por el desierto, en busca de un violinista, quien lleva a cabo un ritual musical para conmover a la señora camello, quien mediante el rito llega a conmoverse, llorar y reparar la actitud rechazante hacia su hijo.

Otros documentales de Byambasuren Davaa han sido:

• Unterwegs, Portrait of a Girl del 2003.
• Wunsch del 2001.
• Das Orange Pferd de 1999 y One World, Two Economies de 1993.

Dado su rodaje en Mongolia, en la parte noroccidental del país, El perro mongol resulta algo más que una película exótica, llena de poesía, en un escenario de praderas donde tumbarse y oír la respiración propia, una cinta nítida como los riachuelos que recorren el paisaje, con niños soñadores y ancianas fabulosas, para, al fin, dar con una creación testimonial, política, didáctica y artística, de excelente calidad, que nos acerca a los usos y costumbres de un pueblo nómada, una cinta bien alejada del cine de acción estadounidense, que después este filme debería ir a parar al cajón de la basura.

El perro mongol resulta puro cine vivo aunque, en apariencia, no pase nada. Es una película mesurada e intensamente hermosa, un filme sin hipocresía ni acartonamientos.

No se trata de una cinta de intriga ya que el argumento es sencillo, que, de pronto, hasta podría escribir su protagonista, una niña de diez años, pero no hace falta nada más, no hacen falta asesinos ni truculentas historias eróticas.

El perro resulta tan simpático que hasta querríamos adoptarlo; los niños son traviesos y encantadores; nos deleitan las historias de la anciana, al igual que el queso que la madre corta o la motocicleta con la que el padre se mueve a la gran ciudad, para vender algunos de sus productos, por increíbles paisajes esteparios, que nos invitan a ir a vivir allí.

La madre atiende la casa y las labores del campo mientras los niños juegan y ayudan en lo que pueden.

Nansal, la niña mayor, con apenas diez años de edad, vuelve de la escuela con su uniforme, su delantal y sus cintas de coleta pero al regresar a casa se pone la ropa de trabajo para acatar las indicaciones maternas de recoger estiércol para calentar la casa, pastorear a caballo, de tal manera, que mientras trabaja, juega y recorre la estepa.

Así las cosas, esta película es un canto a la vida del campo, con su tranquilidad bucólica, en una llanura donde viven los yaks, las cabras y las ovejas en torno a la yurta, el hogar temporal de una humanidad nómada, algo natural y fantástico a la vez, en relación con las formas de vida occidentales, que la directora puede interpretar gracias a su conocimiento de la vida en Mongolia y en Alemania, que expresa gracias a su exquisita sensibilidad, que sabe sacar de unos actores vernáculos, lo más auténtico de sí mismos.

La película fluye en medio de un gran realismo, sin tintes nostálgicos ni sentimentaloides, sin hacer una crítica valorativa del desarrollo pero sí con una gran valoración de la vida tradicional, que nos hace degustar la sabiduría en la vida cotidiana, algo que deberíamos conservar de alguna manera en un mundo globalizado, de tal forma que podamos ser plenamente conscientes de nuestras raíces culturales y espirituales.

La película se queda a medio camino, entre el documental y los filmes de acción para alcanzar una dimensión metafórica, mediante una fábula que nos ofrece nuevas visiones de la vida, en la que cada uno de los espectadores podrá sacar sus propias conclusiones en torno a temas como los de la reencarnación, el renacimiento, la tradición y la modernidad.

Podría decirse que El perro mongol es cine de verdad, un documento bastante educativo, si uno se sienta en la butaca y se deja ir tras las imágenes que nos ofrece la directora, que nos brindan la posibilidad de que, desde la lejanía, podamos asistir y compartir la vida cotidiana con una familia de Mongolia, con sus usos y costumbres de todos los días, sus quehaceres diarios, la rutina de una vida, bien distinta de la occidental. La dirección logra un cine distinto, que se deja ver y se disfruta.

La temporalidad de la película es tranquila y prodigiosa, emparentada con la vivencia del tiempo de las religiones budistas. Los niños juegan de una manera tranquila pero el filme ni se hace largo ni pesado, ya que, a pesar de no ser una cinta de intriga, la directora le logra dar cierta tensión al argumento, que genera cierto misterio narrativo, cierto suspenso que mueve nuestra curiosidad; por ejemplo, cuando surge el conflicto con el padre acerca de si éste aceptara o no al perro, que la chica ha encontrado en una cueva.

La película puede dejarnos, por momentos, boquiabiertos o arrancarnos una discreta sonrisa como cuando los niños juegan con una figurita de Buda y el chico mayor dice:

-¡Con Dios no se juega!

No hay, en la cinta, planos gratuitos; la cámara siempre está en el lugar preciso, sin hacer piruetas, ni alardes visuales, de tal forma que casi se da un único movimiento, salvo cuando se hacen panorámicas.

Dominan los planos fijos y reposados o grandes planos muy abiertos, con un predominio del azul del cielo, el verde de la estepa o el naranja del fuego del hogar, con unos planos que parecen diluirse con magia. La directora nos presenta grandes planos generales, en los que el cielo es el protagonista del encuadre.

La secuencia en la que la abuela cuenta a la niña la historia del perro, es un verdadero ejercicio de planificación, una buena mezcla de montaje sosegado y vertiginoso, que pone tensión en ciertos puntos clave, como cuando se da un montaje paralelo, entre un padre que va al galope y un niño que se acerca a unos buitres, de los que el perro defenderá.

Hay en la cinta un ritmo determinado, con excelentes rimas visuales, como cuando el perro se suelta de la correa para defender a los niños o el caballo corre a toda velocidad.

La música de la cinta recurre a las canciones tradicionales que se contrapuntean con el silencio para lograr atmósferas preciosas y precisas, de tal forma que nos enfrentamos con una película casi magistral.

La película es hermosa, cálida y familiar, nos acerca a una vida bucólica, tierna, entrañable, sincera en sus postulados, en fin, un filme encantador, que produce todo un festín visual, dados su belleza paisajista, sus escenarios naturales, su belleza plástica, su vestuario y ambientación, a la vez minimalista y exuberante, como si fuera una especie de tapiz oriental, aunque la cinta pudiera resultar un poco más artificiosa que La historia del camello que llora, lo cual no es una crítica que le quite valor, ya que es otra forma de acercarse al tema de las familias nómadas del país asiático, en otra región, con una historia distinta, así el mensaje del discurso sea semejante en un honesto intento de mostrar la vida cotidiana y las costumbres de sus gentes, todo un canto a la vida natural, sin artificios, a la comunión con el entorno, a la importancia de la vida familiar, a la sencillez en las formas de vida, más allá del consumismo de las sociedades supuestamente avanzadas.

El rodaje del filme se inició en la región de Altai, donde por más de dos meses, en distintas localidades, la directora y su equipo hicieron todo una aproximación a una familia común y corriente hasta lograr un buen vínculo con ella y poder pasar a una segunda etapa de producción cinematográfica, lo que trajo consigo la conformación de todo un grupo de trabajo que dio lo mejor de sí en creatividad y autenticidad artística.

Es de resaltar que la película no fue realizada con actores profesionales pero, a pesar de ello, se logra una interpretación creativa y magistral acerca de una familia que vive en un valle aislado de Mongolia, que nos acerca a una vida sencilla, llena de profundos mensajes.

De seguro, la directora puede hacer una magnífica interpretación de los fenómenos plasmados en la cinta porque es descendiente de unos padres que proceden de la región donde se filma la cinta, de tal forma que su conocimiento de las tradiciones de esa localidad le permiten mostrar los cambios que experimentan su tierra y sus gentes, de tal manera, que la directora puede sumergirnos a los espectadores en la cultura de su país, que, sin lugar a dudas, nos resultará bastante extraña, con su gran dosis de espiritualidad budista, la cual permite la integración armónica del nómada con la naturaleza, con sus creencias en la reencarnación, como bien lo expresa la frase inicial de la película, cuando la abuela dice a su nieta:

-Todo el mundo muere pero nadie está muerto. – oración que se sustenta en las creencias en la reencarnación, que, la propia abuela de la directora le comunicara cuando ésta era todavía una niña pequeña como la protagonista.

El guión hace parte de toda una preocupación de la directora por los temas de la urbanización en su país, las transformaciones que éste ha ido sufriendo y los cambios en la existencia cotidiana de la gente nómada, ya que a la autora la inquieta saber en qué valores y con qué creencias crecen los niños de allí, hoy en día, qué significa la vida moderna para una familia nómada.

El filme también muestra la íntima relación entre el hombre y el perro, la cual, para el budismo, tiene sus orígenes en la creencia en la reencarnación, según la cual, las almas deambulan de un cuerpo al otro, de una planta a un animal, hasta llegar al perro y al ser humano, creencias que muchos mongoles han ideo abandonando en su contacto con la modernidad, de tal forma, que la relación entre los hombres y el perro también se van transformando, con una pérdida del equilibrio del eterno ciclo.

Muchas familias nómadas dejan a sus perros atrás, una vez deciden instalarse en las ciudades; los perros entonces van haciendo manadas, que se unen a las de los lobos y terminan todos estos cánidos atacando a los seres humanos, les matan sus ovejas, sus cabras y se convierten en toda una amenaza contra los medios de subsistencia de la gente.

Para la directora, el gran reto del filme era contar una historia con emoción, que mostrara los cambios sociales, que se están dando en su país y describir la vida cotidiana de una familia nómada, que ella valora muchísimo, sobretodo, a partir de su experiencia alemana.

La protagonista, Nansal, estudia en un internado y va a la estepa en vacaciones, lo que le permite hablar a sus hermanos de su vida en la urbe; si se fueran a allí, quisiera vivir en un edificio bien alto para poder seguir en contacto con las estrellas, que la acompañan en la llanura.

La vida en la ciudad constituye para esta familia, toda una novedad, algo casi completamente desconocido, que, a veces, idealizan.

La directora acude a mirar el problema desde el punto de vista de los niños y así mostrar ciertos puntos positivos de la modernización, sobretodo en lo que respecta a la educación pero sin descuidar una crítica a la superficialidad con la que se vive en las ciudades, ya que la cineasta misma ha podido experimentar los avances que se logran en las ciudades al vivir en Alemania, lo que no le impide apreciar grandemente los valores tradicionales que, en un mundo ultramoderno, muchos desconocen, pero que ella recibió en forma directa de su abuela.

Nansal le sirve a la cineasta viajar hasta sus raíces.

La chica debe cumplir las órdenes del padre de deshacerse de Zochor, el perro multicolor, lo que la lleva a perderse en el campo pero, de pronto, oye una melodía que alguien canta a los lejos y se roba su atención para conducirla ante una anciana de cabellos grises, que canta con toda su alma en aquel valle.

La vieja acoge a la niña en su casa, donde el tiempo parece detenerse en una temporalidad que le permite a la chica el reencuentro con sus orígenes, su cultura y una espiritualidad bien particular, que la conducen a verdades universales, que la directora espera transmitir a personas de ámbitos culturales diferentes, ya que ella, en Mongolia, aprendió a vivir más allá de una axiología lineal materialista, que la autora critica a través de la metáfora del hombre y el perro, de tal manera que lo tradicional y lo moderno puedan coexistir.

La fotografía de la película la lleva a cabo Daniel Schoenauer, la música fue realizada por Börte, con un montaje de Sarah Clara Weber y la película es protagonizadas por:

Batculuun Urjindorj, en el papel del padre, Buyandulam Daramdadi Batchuluun, como la madre, Nansal Batchuluun representa a la hija mayor de la familia, Nansalmaa Batchuluun, protagoniza a la niña menor y Batabayar Batachuluun hace el papel del hijo varón de ese grupo familiar.

La cinta ha recogido premios en los festivales de cine de Munich y San Sebastián, junto con otros galardones al cine para la infancia, la producción se llevó a cabo con la Schesch Filmoproduktion, con un costo superior a los seis mil euros y ha sido distribuida por Karma Films Spain. Además la película fue candidata, por Mongolia, al Óscar a la mejor película extranjera.

3. El niño que gritó puta

De nuevo, el tema de la guerra y su repercusión sobre la infancia, visto por Juan José Campanella, el director de cine hispano-argentino, nacido en Buenos Aires, en 1959, quien ha desarrollado su labor fílmica en los Estados Unidos de América, donde ha trabajado en series televisivas como La Ley y el Orden, el director de esa hermosa película, El hijo de la novia con Ricardo Darín y Norma Aleandro, quien hace el papel de una madre demente, que se despide de nosotros con una genial sonrisa, tras verla con todo el embotamiento, propio del mal de Alzheimer, con toda la versatilidad propia de esa gran actriz argentina, en un filme magistral que estuvo a punto de ganarse el Óscar a la mejor película de habla extranjera.

Al director se lo ha considerado una de las grandes revelaciones del cine argentino, en los últimos años, con sus historias sencillas, narradas con un lenguaje bastante cotidiano, sin mayores florituras, con lo que logra una filmografía bastante pop, quien dice ser un tipo bastante melancólico de ascendencia asturiana pero que no se considera nostálgico, ya que él ve en la nostalgia el deseo de volver al pasado, cosa que para nada le parece positiva, muy propia de los inmigrantes argentinos, que se pasaron la vida con la añoranza de Europa, cosa que no sucedió a quienes inmigraron a los Estados Unidos de América, quienes se dedicaron a hacer un país nuevo y cortar con las amarras del pasado, por eso, al tono melancólico que pueda haber quedado en él, Campanella lo que hace es evitarlo con el recurso del humor.

La película es protagonizada por Harley Cross, Karen Young, Dennis Boutsikaris, Adrien Brody, Gene Canfield, Moira Kelly, J.D. Daniels y Jesse Bradford, con quienes se logra un drama, basado en hechos reales, sobre un niño violento, quien hace la vida imposible a su madre, de una manera provoctiva, un drama que trasciende los dramas corrientes conmovedores y lacrimógenos para conducirnos al ámbito de lo siniestro, del horror, quien paraliza con sus insultos a una madre impotente, interpretado por Harley Cross, quien logra dar a su personaje, ribetes de un impactante realismo, con un trasfondo triste, de tal forma que el personaje infatil resulta más ominoso que el niño de La profecía, una personita con una mente bastante retorcida, cuya magistral interpretación hiciera que el joven actor ganara el premio al mejor actor en el Festival de Cine de Valladolid, España.

Su vocabulario es obsceno y procaz, cuya sádica conducta, encuentra eco en el masoquismo de una madre culpabilizada, que cree haberlo hecho todo mal, y termina por llevarlo al reformatorio, donde el muchacho encuentra el amor de otra de las coasiladas.

¡Lástima que la película haya pasado tan desapercibida para el gran público!

Su dureza da cuenta de lo afectada que está la sociedad actual, hasta el punto de poner en grave riesgo a los niños, que son el futuro del mundo, problemas que los seres humanos no deberíamos ignorar sino, todo lo contrario, poderlos conocer y pensar para buscar caminos de solución, así la película llegue a un final cuestionable, que puede denotar cierta inexperiencia del director, quien realizaba uno de sus primeros filmes, ya que dar muerte al protagonista puede resultar una solución demasiado fácil para solucionar problemas narrativos.

De todas maneras, la película es una digna representante del cine estadounidense de la década del 90, en la que el joven director de entonces, se anota el hit de haber realizado una sobrecogedora cinta, en la que demuestra su gran capacidad para la dirección de actores y la consecución de verosímiles y dramáticas escenas.

Jesús Dapena Botero es colombiano residente en España.

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