viernes, 8 de enero de 2010

Corea, el tiempo de la reconciliación

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

América Latina, especialmente la república colombiana, se comprometió directamente en aquella guerra de Corea de los años 50. Y el Perú, acompañó con la inédita exportación de cobre para alimentar el armamentismo y enriquecer a las dictaduras de Gustavo Rojas Pinilla, de Manuel A. Podría y otros, pero que en la historia regional de la corrupción no han superado aún al fujimorismo genocida, líder que acaba de ser condenado a 25 años de prisión, sin derecho a indulto.

Después de más de medio siglo, con la internacionalización del comercio y el creciente intercambio académico entre los países de la APEC, se van descubriendo nuevos aspectos tenebrosos de ese periodo de la Guerra Fría, en particular de la desmembración de Corea, hoy en proceso de unidad, por encima de las ideologías que las separaron.

La guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur del 25 de junio de 1950 al 27 de julio de 1953, implicó, según diversos inventarios, la concentración de más de 1.100.000 y 2.500.000 soldados. Ambos beligerantes fueron apoyados por potencias extranjeras afines, y el conflicto fue considerado, al mismo tiempo, como el momento en que Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron más cerca de un enfrentamiento bélico.

Un aporte pequeño del renovado acercamiento a la paz entre América y Corea proviene del vínculo entre universidades. La Pontificia Católica del Perú, de Bangkok y Hanau, a través de la Colección Orientaliza, ofrecen traducciones de las más importantes obras literarias de la Corea reciente. Esta tarea ha sido gestada, en principio, por la pareja Huyesen Ko de Carranza, de nacionalidad coreana, y del peruano Francisco Carranza. La tarea empieza con la presentación de un conjunto de relatos que lleva el título de “La Familia de Abe”, de Chon Sangguk.

Claro que la pareja Carranza - Ho, merece más de un elogio. Francisco nació en una comunidad de las cordilleras de Yuramarca, en Los Andes ancashinos, y con su cultivado quechua nativo ha llegado a formar parte del Departamento de Estudios Extranjeros de la prestigiosa Universidad Dangkok y profesor invitado de prestigiados centros académicos de Asia y EEUU.

Chon Sangguk (1,940), docente en la universidad nacional de Kangwon-do, es uno de los más reconocidos escritores coreanos que empieza su carrera en 1963 con la auspiciosa publicación del cuento “Ir Juntos”, relatos como “Pueblo Lleno de amores”, “Ese lugar debajo del cielo”, “ País de antropófagos”, “El Invierno del poeta” y “ La Familia Abe”, además de varias novelas.

La obra de Sangguk ayudar a esclarecer las interrogantes de la península coreana en torno de la guerra del 50, que creó un mundo delirante y perverso sobre el nuevo espacio que les tocaba vivir a cada uno de sus pobladores, tomando como referencia el diario que dejó la inteligente esposa de Changle Choe, quien, tuvo que dejar su hogar para proseguir estudios, pero que la guerra truncó todo el sueño de amor y de vida.

En “La Familia de Abe” se describe esa terrible confrontación del pasado, con un presente que “los arroja al desarraigo, al infortunio y solo les queda contemplar sus ciudades sumergidas, añorando a los desaparecidos, buscando reconocerse en esa ausencia”.

A…be, es una narración sobre el drama de un joven físicamente deforme, criado como un animal, alejado de sus familiares. Es hijo de una madre violada por soldados del ejército norteamericano y abandonado por sus padres y hermanos, quienes logran fugar hacia los EEUU, después de obtener una visa, premio al pariente que se adhirió a la reserva militar amiga de Corea del Sur.

La lectura nos atrapa en las disquisiciones y testimonios de aquellos migrantes jóvenes que con esfuerzos mil pretenden asimilarse a la cultura norteamericana, pero encuentran resistencia a cada paso, con el patológico individualismo y puritanismo religioso del americano blanco y la violencia contra el negro y el asiático. El conflicto abierto y soterrado va creando guetos e infinitas nostalgias por la tierra de origen.

¿Futuro? ¿Futuro de quién, para quién? ¿Se puede florecer sin raíces? Son preguntas constantes, sin respuesta. Quizás floreceremos algún día. Mis familiares son como los botones de las flores en un florero. Pero al final de cuentas, estamos destinados a ser botados en el basurero, son comentarios de la mayoría de los personajes atrapados en el túnel del tiempo.

Esta pesimista visión se complementa con las dificultades que sufren los migrantes que buscan vivir en un país gigante, donde el idioma inglés es imprescindible, pero que al mismo tiempo se admira “la estructura de una sociedad donde no había distinción entre un trabajo y otro y donde se ganaba tal como se trabajaba”. En ese sentido “EU es una utopía”, reflexiona ante sus compatriotas, aquel o aquellos reservistas que se sienten gigantes al pisar de nuevo los suelos de su infancia.

La Colección Orientalia anuncia nuevos títulos como: “Bosque de Pinceles”, de Tu Fu, selección y traducción del chino y notas de Guillermo Dañino; y ”El libro de la almohada”, de Sei Soñagon, traducción de I. Pinto, O. Gaviria y Sh. Izumi.

La cultura abre trocha. Recién en 1990 fue autorizada la exhibición pública de la pintura de Pablo Picasso, Masacre en Corea (1951), que describe los asesinatos de civiles cometidos por las fuerzas estadounidenses en Chinchan, provincia de Hwanghae. En Corea del Sur, la pintura fue considerada antiestadounidense, lo que la convirtió durante largo tiempo un tabú en el Sur.

En EU, la representación artística más famosa es el libro, película y series de televisión M*A*S*H, que describe las desgracias de los empleados de un hospital militar móvil y la forma cómo ellos se esforzaban por mantener su salud a través de los absurdos de la guerra y de los humores rivales.

La película coreana Taegukgi (Lazos de Guerra), comparada con “Salvar al soldado Ryan” es la historia de dos hermanos que deben luchar, mostrando las penurias de hombres y mujeres de Corea del Sur durante la guerra, en una abierta crítica a ambos bandos involucrados en el conflicto bélico.

La obra de teatro colombiana "El monte calvo" creada por Jairo Aníbal Niño, presenta a dos ex-soldados (Sebastián y el coronel) del batallón Colombia que participó en la guerra de Corea, y a un ex-payaso (Canuto) para criticar toda posición militarista y a los que en verdad viven la guerra.

El presidente surcoreano, Lee Myung-bak, que representa a la oposición conservadora, anuncia estar dispuesto a promover el diálogo al más alto nivel con Pyongyang a fin de mejorar las relaciones entre ambas Coreas y a la desnuclearización de la península. Pyongyang, por su parte, ha levantado las restricciones fronterizas y reabierto un canal de comunicación para permitir el paso de ciudadanos surcoreanos.

Corea del Sur se encuentra entre los treinta primeros países con el más alto Índice de Desarrollo Humano -IDD- del PNUD, entidad que reiniciará sus actividades en Pyonyang este 2010, y cuyo gobierno de Kim Jong Il, según su mensaje de año nuevo, considera necesaria una reforma en las relaciones intercoreanas basada en los acuerdos firmados, sin descartar el diálogo con la Casa Blanca, ocupada por Obama.

La esperanza de la unificación no está perdida. El intercambio del arte, la literatura, el cine y la fluida comunicación seguirán jugando un rol especial en este proyecto de paz, donde la radiografía del hambre y la falta de empleo, son males que se resolverán con la integración en términos paritarios.

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