viernes, 22 de enero de 2010

El fantasma de la guerra nuclear

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El comando estratégico de las fuerzas armadas rusas detectó una flotilla de misiles avanzando hacia su país. El coronel operativo, según las instrucciones, activó sin más la alarma uno, corriendo de inmediato a las oficinas del premier, a quien informó e hizo la pregunta: ¿Da usted la orden de disparar nuestra flotilla de misiles rumbo a los blancos en EU? Permítame, coronel: ¿Hay modo de destruir en vuelo éstos que vienen hacia nosotros o desviarlos de los blancos? Sólo a unos cuantos y se aprecia que son más de un centenar. Estas señales, las que denuncian la presencia de misiles enemigos ¿no podrían estar equivocadas, deberse a una falla en el sistema, una mala interpretación, o tratarse de falsas imágenes? No, señor, no en este caso, me lo acaba de informar el comandante de zona estratégica. Entonces ¿los misiles en vuelo causarán inevitablemente nuestra destrucción? Afirmativo, señor. ¿Cuántos podremos abatir con las defensas? Con suerte, la mitad, los que quedan son suficientes para arrasar a Rusia, señor. Se hace un silencio. Coronel, comuníqueme con el Ministro de la Defensa. No, espere... El premier deja de apoyarse con una mano sobre el escritorio, y da la vuelta.

LA DECISION

Han permanecido todo el tiempo de pie, dos personas decidiendo, o quizá sólo una, la suerte de la humanidad. El premier está ahora tras su escritorio, continúa de pie. ¿Y para qué quiere usted, coronel, sumar, a la nuestra, la destrucción de EU y tal vez volver inhabitable el planeta? ¿Qué repararíamos con ello? ¿Cuál sería nuestra ganancia? Perdone, señor: ¿Doy la orden de disparar nuestra flotilla de misiles nucleares? Negativo, coronel. Como usted ordene, señor. ¿Buscará usted ponerse a salvo? No, coronel, con el barco me hundiré. Tampoco voy a recurrir al teléfono rojo. No tiene caso. John me negará todo, intentando ganar tiempo. Ya qué: ni ellos podrían detener sus propios misiles. Se hace un silencio. ¿Cuánto falta, coronel? ¿Para qué, señor? ¿Cómo, para qué...? ¡Coronel...! Para que nos alcancen los misiles. El coronel consulta su reloj: alrededor de 28 minutos, señor. Ya no hay tiempo, tiempo para nada, para que el gobierno intente ponerse a salvo, la familia... nada.

Falta nos hace un arca de Noé... Otro silencio. No avisaré a nadie. Los angustiaría sin objeto, que mueran así, el verdugo ha levantado el hacha y ellos no lo saben, no saben donde les han colocado el cuello. Mejor así. Coronel, por favor, siéntese. Después de usted, señor. ¿Eh? No lo había advertido, los dos estamos de pie, pues... sentémonos. ¿Un whisky? Yo me tomaré uno... ¿o prefiere vodka del bueno, nada de falsificaciones? Gracias, señor, no bebo estando de servicio. Coronel, coronel, en unos minutos más habrá dejado el servicio. Pero ya no podrá beberse un whisky o un vodka. En fin,... Vuelve al escritorio, saca la botella, dos vasos -por las dudas se arrepienta-, bebe, los dos siguen de pie. Un silencio. ¿Tiene familia, coronel? Sí, señor. ¿Estaba pensando en ella? Afirmativo, señor. Otro silencio. ¿Sabe, coronel? yo creo en el eterno retorno. Todo volverá a suceder. Usted entrando con la noticia, nuestro diálogo, yo con el vaso de whisky en la mano... todo.

Esta impotencia... es lo que me desespera, repetir el último acto de Rusia, bueno, no el último, habrá sobrevivientes, pero ¿en qué condiciones? ¿Se acuerda de Nikita Jruschev? Dijo: “los vivos envidiarán la suerte de los muertos”. ¿Cuánto falta, coronel? No -atajándolo-, no me diga. Han sido capaces de hacernos esto... ¿por qué? Renunciamos al comunismo, renunciamos a toda hegemonía sobre otros territorios... se pasa a discutir la propuesta de eliminar las armas de destrucción masiva, las negociaciones están a punto... y viene esto. Señor, disculpe, ¿puedo aceptar su whisky? Desde luego, ya está servido. ¿Hielo? Negativo, señor, gracias. ¿Podemos brindar, coronel, o le parece impropio? ¿A la salud de quiénes? De nuestros sobrevivientes, sus hijos, sus nietos... bueno, a la salud, no. A la sabiduría que algún día les roce, al nunca más una jornada como la de hoy. Chin, chin, un silencio.

MÁS EXPLICACIONES

El premier se sienta. Le diré, coronel, cómo veo las cosas. Antes de que nos atacaran, la consigna era: devolver golpe por golpe. Y se proclamaba a los cuatro vientos, a ver si así se disuadían de golpearnos primero por miedo a la represalia. Como se dijo, EU tenía de rehén a la población rusa, y nosotros a la norteamericana. El equilibrio del terror, que conoció la guerra fría. Pero eso era antes de la agresión. Antes, se trataba de disuadir. Ahora se trata de otra cosa: salvar lo que se pueda de la humanidad. Paradójicamente, “el malo” no pagará las cuentas, saldrá ileso. La víctima queda paralizada, no puede defenderse. Para estos últimos minutos que nos quedan, la consigna es otra: preferible que sobreviva media humanidad a que sea borrada del mapa, sin contar el daño a la biosfera. No puedo contestar a la agresión nuclear, el criminal tiene asegurada la impunidad, es la lección final que da la especie humana: la impunidad al criminal. No me sumaré a ella, no entraré a ese juego.

Claro, el genocida arriesga, es cierto, que del otro lado -nosotros- haya una mente gemela y la agresión sea contestada. Pero yo no lo soy. No habrá respuesta. El silencio será mortaja. ¿Me permite una observación, señor? Adelante. Me suena a la dialéctica de los comunistas que corrimos en el 91. Lo sé. ¿Lo sé? Lo sé. Y también esto: poner la otra mejilla, también eso. Un silencio. Del otro lado del océano, coronel, hay familias como la suya y la mía. Puedo hacerlas un amasijo de cemento y sangre ¿para qué? ¿Por venganza? ¡Vamos...! Ellas están tan ausentes de la jugada como nuestras familias.

SE IMPONE EL TUTEO... HAY NOVEDADES. SE CANCELA EL TUTEO

Prosiguen el diálogo en una zona de soledad e impotencia donde las jerarquías se abaten, dos malos mensajeros: no llevarán la noticia a destino. Cómplices, se abren a la fraternidad: sin reparar en ello, comienzan a tutearse. ¿Tienes hijos...? Dos, mañana debía llevarlos a recorrer el Kremlin, se les ocurrió también visitar el mausoleo Lenin. ¿Estás separado? No, los niños querían esta vez una salida con su padre, el “siempre ocupado”. ¿Qué edades tienen? Cinco y ocho, pero... en EU ¿las familias son como las nuestras? Espera, los minutos corren, déjame preguntarte una tontería. ¿No hay ninguna posibilidad que todo esto sea un sueño, un mal sueño, una pesadilla, o bien una falsa alarma, las computadoras han enloquecido, no sé, algo...?

Suena el teléfono, los dos se miran absortos, el premier despaciosamente levanta el auricular. Señor -una voz tensa que no espera el saludar-, aquí el comandante de zona estratégica, la nube de misiles ha desaparecido de nuestros controles, como esfumada. ¿Ha pasado el peligro? Afirmativo, señor. ¡Alabado sea Dios! ¿Y a qué se debió...? El premier, el comandante al otro lado de la línea y el coronel, que lo ha comprendido todo, están a punto de llorar. Señor -el comandante se controla-, son formatos eléctricos, de morfología caprichosa, esta vez nos confundió el diseño de una flotilla de misiles... señor, una pregunta: ¿está el coronel operativo con usted? Sí, acaba de entrar. El coronel hace un gesto de sorpresa. Entonces, ¿sólo se dio la orden de alarma uno? Correcto, comandante. El coronel lleva a sus labios el tercer whisky. ¡Bendito sea Dios, que usted, Señor Presidente, así lo decidió! ¿y cómo supo...? Verá, comandante, bien: mañana, ya calmos, se lo platico y usted me informará sobre los motivos que tuvo para descartar la posibilidad de un formato eléctrico. Sí, señor. Se despiden, cuelgan.

Suena el teléfono rojo. ¿Iván? Es John. Discúlpame, iré al grano. ¿Por qué activaron el sistema de alarma uno? Ejercicio de rutina, John. Pero, no nos dieron aviso, Iván. Te ruego nos disculpes, se nos pasó, no volverá a suceder. ¿Todo normal, Iván? Todo normal, John. ¿Cómo está tu esposa, John? Ok, Iván. Me la saludas. Lo mismo a la tuya... me había olvidado, tú eres soltero, hombre libre. Bueno, saludos a tu galana de turno. Siempre me ha intrigado: ¿Cómo has hecho para hacerte elegir siendo soltero? Oye, hace tiempo que quería agradecerte los chistes que me mandaste por Internet, ése de la suegra está buenísimo. A ver si chateamos un poco uno de estos días. Claro que sí. Pero, dime, ¿no advirtieron como una...? ¿Una qué, John? No, nada, olvídalo. Naturalmente, levantarás la alarma uno. Cuelgo y lo ordeno, no temas, John. Nos vemos, Iván. Nos vemos, John. Cuelgan. Otro silencio. Coronel... Desaparece el tuteo. Sí, señor. Tal vez usted... Voy a recapitular lo sucedido entre las cuatro paredes en esta media hora, no ¿qué digo? en unos minutos, sólo en unos minutos. Entró usted y no acababa de dar la noticia cuando sonó el teléfono, era el comandante para comunicarme que el peligro había pasado. Eso fue todo. ¿Me entiende, coronel? Perfectamente, señor. Ah, y corra a levantar la alarma. Sí, señor.

EN LA CASA BLANCA

En la Casa Blanca, John, después de colgar, reflexiona. ¿De modo que supieron distinguir entre un formato eléctrico de flotilla y la flotilla misma? Debemos andarnos con cuidado, a estos “rusoskis” no les creo, pero nada. Y visualizaron el formato eléctrico en sus aparatos antes que nosotros, sino ¿a santo de qué la alarma uno sin avisarnos? Y yo, que quería buenamente advertirles sobre la falsa imagen... y que de una vez quitaran la alarma uno.

EPILOGO A MITAD DE CAMINO

Cien días después de estos sucesos, EU logró una innovación tecnológica que posibilitaba amplio margen de maniobra en situaciones críticas: un mecanismo adosado a cada misil, permitiendo su destrucción en vuelo desde base remota. Así las cosas, EU se las jugó. Dos oleadas de objetos voladores partieron un día hacia Rusia. Una de misiles nucleares y la otra de aviones transportando tropas de élite y armamento. De momento, iban juntas. Pero una de ellas deberá dejar la escena bastante antes de divisar el blanco. Si lo hace la flotilla de aviones, es porque Rusia va ser destruida. Si lo hace la flotilla de misiles, es porque va a llegarse a un acuerdo evitando el holocausto tras la rendición de Rusia, que aceptaba ser ocupada militarmente.

Y ése fue el planteo de John para Iván: se entregan o los borramos del mapa. Olvidas nuestra capacidad de respuesta, replicó Iván. No será usada, contestó John. ¿Cómo sabes? Aquí, junto a mí, está un cierto coronel; me pide te salude de su parte y te agradece los excelentes whiskys que tomó en tu oficina. Well, tú decides. Tercera opción no hay. Tu lógica de impedir a toda costa la destrucción de la humanidad, es sabia. Te será reconocida por las generaciones venideras. Yo, lo confieso, te admiro. Además, y esto no es poca cosa, estás mejor situado ahora que la otra vez cuando ustedes confundieron formato eléctrico con ataque muy real de misiles. Porque fue así ¿verdad, Iván? Me lo contó todo este amigo nuestro, el coronel, que tú seguramente calificarás de otra manera. Y esto, precisamente, gracias a él y a la innovación tecnológica que nos permite destruir los misiles en vuelo. Iván, no te queda mucho tiempo para decidir.

Ya lo he hecho, contestó Iván. Acabo de ordenar un ataque nuclear masivo contra EU. Ustedes, permíteme una expresión brutal, son ya cadáver. Yo no tengo medios de destruir la flotilla en vuelo, cada misil dará en el blanco, con vuestras defensas sin consolidar, sin escudo guerra de las galaxias operativo pues sigue siendo un proyecto, en el mejor de los casos, podrán parar uno de cada dos misiles, no te preocupes, cada blanco tiene asignados dos misiles de cabezas múltiples. Del otro lado de la línea, un silencio que bien puede calificarse como silencio de muerte. Finalmente, una pregunta de John: ¿Por qué lo hiciste, Iván? Para saber si mi sabia lógica, que tanto alabaste, la aplicarás ahora haciendo estallar tus misiles en vuelo -tú lo puedes, yo no-. ¿Admiras mi sabia lógica? Pues, aplícala. Las generaciones venideras te lo reconocerán, John. Ah! Tus soldados en vuelo hacia aquí serán recibidos en son de paz, no es necesario cambiar el rumbo de los aviones. ¡Tú decides, John! Te he pasado la pelota, a ver si eres hombre sabio.

Y colgó.

UNA FANTASIA CASI... Y LA REALIDAD

Lector: es una fantasía, no ocurrirá. No, al menos, por ese motivo. La gran novedad en los sistemas de seguridad para un ataque nuclear consiste en la respuesta automática. Sensores detectan los misiles en vuelo y en el acto transmiten la información a la computadora, la cual instantáneamente da la orden de respuesta nuclear proporcionada.

No quedan márgenes para que un premier humanitario detenga la respuesta; es automática, está en marcha antes que un coronel corra y entre a las oficinas del premier; para entonces, los misiles del agredido están en vuelo, se cruzarán las dos flotillas en el camino. Una película de hace unos cuarenta años, titulada “[...] cómo aprendí a amar la bomba”, plantea la cuestión. La URSS ha instalado bajo tierra el arma del “juicio final”, así llamada. Si ésta detecta una explosión nuclear en territorio soviético, estalla automáticamente y su potencia es tal que vuela el planeta... Y bien, un avión escapa a los controles, cargado de una bomba nuclear e instrucciones de arrojarla... no les cuento el final.

Así, la respuesta automática cierra el círculo. Y da continuidad, perfeccionándolo, al equilibrio del terror, propio de la guerra fría, no cancelado al término de ésta. La potencia que ataque por sorpresa ha firmado su sentencia de muerte. Pulsará no sólo los botones de lanzamiento de sus misiles, sino los del agredido, sin que la orden de respuesta automática pueda ser cancelada. Todo intento de desactivación la apresura, así está programada la supercomputadora.

Esto es más que suficiente para frenar los propósitos de liquidar al otro con un golpe sorpresa jugando a que probablemente no obtendría respuesta. La suerte está echada para la humanidad entera, nadie, en su sano juicio, pulsará los botones.

¿En su sano juicio? Claro, los mandos de un submarino nuclear o de una base de lanzamiento en tierra pueden enloquecer. No es fácil que ocurra, pero imposible tampoco es: el caso entra en lo que se ha dado en llamar “accidente humano”. O puede, como ocurrió en la fantasía aquí relatada, darse una confusión en los sensores, que perciban misiles donde no los hay. O una falla en la computadora, que se dispara sola. Todo eso es difícil que suceda, pero no imposible. Y estando en juego la suerte de la humanidad, toda precaución es poca. Nadie ataca a nadie, se cuida muy bien de hacerlo pero un accidente siempre puede ocurrir. Nunca se cerrará del todo la brecha de la fabilidad. Sin embargo, la solución es tan sencilla como negada por la desconfianza mutua: el desarme universal. ¿Lo garantizaría para siempre? Lo garantizará mientras dure, y esto es mucho y es cuanto podemos aspirar... Como decía Margaret Thatcher, “no se puede ‘desinventar’ el conocimiento.”

EL APOCALIPSIS VIAJA POR AIRE

Pero una nueva vía de peligros se abre, descrita con precisión por el diario español “El País” bajo la firma de John Carlin: “[...] los locos que teme Bush [individuos o los llamados estados canallas como Irak] seguramente carecen de capacidad para lanzar un misil de un continente a otro. Es más probable que consigan [fabricar, comprar o sustraer] una bomba atómica del tipo que los americanos emplearon en Hiroshima, unos cuarenta kilos de peso, la cual podría entrar a EU dentro de una maleta, en coche, en barco [...]” (11.02.01).

Sí, el apocalipsis viaja por el aire, y se llama accidente. Y también lo hace en valija, acompañando a un turista, a un hombre de negocios que importe maquinaria...

Este tipo de terrorismo está ahora en la mira. Informes encargados por el gobierno de EU, han ido llegando al escritorio del Presidente Bush. Coinciden en destacar que el país no se encuentra a la altura de las circunstancias en materia de defensa nacional. En los próximos veinticinco años -estima uno de los informes-, se verá completamente descartado lo que es el mito de la invulnerabilidad del territorio de EU. Es decir, se reconoce haber entrado en un difícil periodo de inseguridad.

Cobra fuerza la hipótesis del terrorismo donde una o dos personas se bastan para colocar en el blanco la bomba química o biológica, sin descartarse la nuclear. De ocurrir la catástrofe, la primera potencia mundial podría tomar represalias que decuplicaría la herida. Valga el ejemplo, responder a la destrucción de una ciudad americana con borrar del mapa a países (los tenidos por terroristas o cómplices). Y en este punto es difícil pronosticar la actitud del oso ruso... En una palabra ¿hasta dónde, hasta qué extremos la prudencia podrá ser reemplazada por la locura general?

No lo sabemos y no queremos saberlo.

CONCLUSIONES A LA MEDIDA

Pero algo ya ha ocurrido, hubo el 11 de septiembre de las Torres Gemelas y el Pentágono, seguidos de los bombardeos angloamericanos a Afganistán, tras los pasos del sospechado como autor intelectual de los atentados, Osama Bin Laden. EU resultó vulnerable en alto grado: varios terroristas pudieron aprovechar una academia de vuelo en el territorio de EU para entrenarse como pilotos, y en su espacio aéreo secuestrar cuatro aviones, usando a tres como poderosos misiles incendiarios. Todo eso, bajo la mirada vigilante de la CIA y el FBI, y mientras los informes sobre vulnerabilidad se apilaban sobre la mesa de trabajo del Presidente Bush.

¿Hasta dónde, hasta qué extremos la prudencia podrá ser reemplazada por la locura general?

No lo sabemos y no queremos saberlo.

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