viernes, 8 de enero de 2010

La Navidad después de la Navidad que no hubo

Urda Alice Klueger (Desde Blumenau, Santa Catarina, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traducción especial desde el portugués, para ARGENPRESS CULTURAL: Silvio Pizarro

Hace un año atrás, por estos días, se recuerda, el fin de año que no hubo Navidad, salvo aquella mentira, que fue montada para mostrar a los visitantes.

Asustada, con todo lo que paso, estaba viviendo en un lugar pequeño, sin heladera, sin ducha… ¡SIN VENTANA! Me sentía una privilegiada (tal la magnitud del desastre) por la privacidad que gozaba, por los baños de balde, por el ventilador, por el poco dinero que poseía para poder gastar en restaurantes y panaderías, por el acceso a una computadora, por el uso de Internet (cuando la red volvió a funcionar). Cuando me cansaba de trabajar en la computadora, abría una colchoneta de camping, entre las cajas de libros y dormía. Bajo los cuidados de mi perro, que era apenas un cachorro.

Era muy diferente, mi situación, comparada con lo que estaban en el abrigo público más cercano. Porque a todas estas carencias se les sumaban, la incomodidad, la falta de privacidad, los recuerdos recientes y una gran falta de expectativas. Sus casas se habían desintegrado en segundos, según contaba, uno de los afectados: el artista plástico Tadeu Bittencourt, su casa de repente exploto, como desaparecieron las viviendas (cosa que yo vi) delanteras del predio donde yo vivía –las casas se deslizaron cerro abajo, junto con las laderas que parecían derretirse. Así las casas junto con los “morros” y los terrenos desaparecieron y ya no había como volver.

En aquella angustiante Navidad, yo me acostumbre a guardar un tiempo para ir a un abrigo, hacerle compañía a aquella gente –no había mucha cosa para hacer, yo me sentaba junto y ellos me contaban sus vidas. Creo que eso era lo mejor, que yo podía ayudarlos.
Me recuerdo bien de un señor mayor, su nombre. Don Jacinto, que me contó, lo que él trabajó toda su vida, de la creación de sus cuatro hijos, de cómo construyó la casa soñada, de la compra de cuatro hamacas paraguayas instaladas en una terraza de más de 54 metros cuadrados. Lugar donde pasaban los finales de tarde (junto a su mujer), y contemplaban el paisaje certificando lo felices que eran.
Todo lo que tenían desapareció en un minuto, según Don Jacinto, él era uno entre tantos y tantos, que estaba en aquel abrigo, junto a tantos otros. Soy prodiga en primos, amigos, ahijados-Podía haber pasado la noche de navidad en diversos lugares, pero creí que el fin de año anterior, debía estar junto aquella gente en aquel momento mágico que marco mi año. Fue bueno.
La licenciada social Lucia y un lindo soldado de 18 años, se desdoblaron en la cocina y usaron, gran parte de las donaciones que la generosidad de todo el país, mandó para nuestra sociedad, con el propósito de hacer una cena digna, con cuatro pavos rellenos y la mesa decorada con hojas de árboles circundantes. Yo me quede allí, oyendo historias, de la gente, hasta la madrugada y la navidad pasó.
Hace un año, en estos días, llovió plata de todos los lados, para resolver la situación de toda esta gente marginada, que continúa desabrigada. Hace un año, vino dinero de donaciones (como prueba tengo el numero de las cuentas bancarias de las cuales no tengo un extractito) y tengo copia de los documentos que muestran los créditos millonarios que el gobierno nacional hizo para la gobernación provincial –siempre existen los mal pensados, que comentan que el gobierno estadual no distribuyo. Pero yo me pregunto ¿Cómo es que en los demás municipios damnificados por el desastre están haciendo las moradas necesarias? Yo sé que llovió dinero, pero los evacuados de Blumenau (1 año después) continúan albergados en locales provisorios. Ahorita, estuve en uno de ellos, haciendo una revisita a Don Jacinto y su mujer, y ví bien como es la cosa: La intendencia alquilo grande galpones (con el consecuente escándalo de la sobrefacturación de los valores de las locaciones, no es una exageración mía, esto fue denunciado por toda le prensa, inclusive la oficialista). Al final la gente continua viviendo en estos barracones, creo que de forma muy precaria. Voy a tentar describir un poco la situación.
El galpón donde fui es: alto, con techo de Zinc, imaginen el calor que sufren bajo aquel material, con la temperatura en la ciudad alrededor de 40 grados… ¡Un horno! Bajo aquel Zinc, tablas de madera a media altura, dividen las familias en cubículos, donde todos se amontonan, cada uno oyendo todo lo que le pasa a la otra familia. Y nada del dinero aparecer... ¿Dónde estará la plata para reconstruir sus casas, su comodidad y en su intimidad?
Don Jacinto, me describió los tres contenedores que sirven de baño, para esta multitud ¿Cuántas personas usan estos retretes? ¿150 o 200? Dicen que en realidad, en algunos abrigos hay más de 450 personas.
La cocina es colectiva. Los habitantes se organizaron, cada familia quedo como propietaria de dos hornallas, y toda esa gente cocina y frita bife, papas, bananas...Ahí se juntan todos los olores, que viajan por todos los huecos que existen, entre los tabiques de madera y bajo el techo de zinc. Hay un omnipresente aire de fritura impregnando todo, y todo huele a grasa rancia. Y todos niegan que viven como evacuados, creen que Don Jacinto está en su casa. Esa resignación, yo estaba sintiendo. Cayó una lluvia bárbara, cuando los visite, ellos como si nada y el barullo era tan grande e incómodo que yo no los podía oír.
Es así que está siendo la navidad, de un año después de la navidad que no hubo. Tuve la suerte de ir a vivir en una casita, que tiene fragancia de flor, donde los niños vienen a jugar en mi balcón, y hay estrellitas luminosas que se ven por las ventanas ¿Y los que no tuvieron mi suerte, como va ser esta noche? Allá deben estar, asando algo bajo el zinc, tomando baño en los containers, sin privacidad, impregnados de olor a frito. Las personas ya no se acuerdan de ellos.
¿Cuándo se hará justicia en esta tierra?

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