viernes, 8 de enero de 2010

Los magos son quienes te llenan de sueños

Leonardo Belderrain

“Los sueños son mitos privados y los mitos son sueños compartidos”
Joseph Campbell

“La poesía no es de quién la escribe sino de quién la necesita”
(De la película "El Cartero", Pablo Neruda)
La discusión de muchos padres católicos durante no poco tiempo, pasaba por interrogarse acerca de la edad hasta que ocultarían a sus hijos quiénes son los verdaderos artífices de los regalos. Pocos realmente sabíamos que aquella fiesta revelaba la fusión de tantos caminos espirituales (Pastores y magos) invitados a ser dios por participación. El Niño Dios desde muy chico necesitó de la fe y el amor de gente con creencias tan distintas de su núcleo primario. Los pastores tenían deseos concretos para con su trabajo cotidiano, los reyes tenían anhelos y sueños privados nosotros tenemos mitos y sueños compartidos.
¿No será que esta celebración es la más importante en la cristiandad por revelarnos que en el fondo todos nos necesitamos?
Pero ¿cómo educar en esta mentalidad si culturalmente se vive el sálvese quien pueda?
-¿No habrá que crear otro estilo de relación humana, con genuina interdependencia, para que nuestros hijos puedan entender que todos somos candidatos a la verdadera unidad y que solo se vive bien el ritual de este día si se cree que no estamos separados de nadie y somos todos parte del todo?
Consejos prácticos para vivir bien el ritual de reyes:
1) junte a todos lo que lo nutren con su magia, alientan su camino y brinde con ellos. Ud ya es parte de ese pueblo que sale a la luz.
2) Si ese día algún hijo le pregunta si los reyes magos son los padres, recuerde que las grandes preguntas se devuelven y responda; ¿vos que pensás? , si él responde -sé que sos vos papá- sea honesto y reafirme que su magia se debe a sus magos, no niegue lo que en su corazón es una convicción que usted está lleno de vida por sus magos
Lo importante de este relato es que el día de los Reyes Magos sus hijos sientan que su vida es un querer salir, que usted va saliendo desde la magia de personas con religiones y caminos espirituales diferentes al suyo y que gratifican su vida y lo llenan de agradecimiento. Usted por sus magos ya no se siente separado. Le regalo mi cuento de reyes. Ojala le sirva para enamorar el tiempo.
A los que ven por las estrellas

Me gustó el silencio de la noche para escaparme. Hace tanto que la quiero... Pero ella piensa que me volví loco, que me atonté con eso de la estrella. ¿Por qué no comprenderá que debo dejar el palacio, que igual la seguiré queriendo?. Melchor me preguntó si tuve problemas con mi mujer. Le dije que supiera esperarme, que yo no tenía un harén como Baltasar y que mi mujer es muy celosa: no entiende lo que vi en las estrellas. Una vez me enamoré de la luna y la conocí a ella. ¿Por qué ella no sueña con lo que hoy veo en el cielo? No me importa cruzar los desiertos, las montañas y los ríos, en esa luz vi algo enorme: era Dios o era un niño. Nunca sentí tanta ternura en el aire. El abuelo, como quien cierra un libro, fundió su mirada con el verde de la plaza. Recordó sus besos con la abuela en la plaza que le daban la misma eternidad que ahora le da su nieto.

Cayó una lágrima después de esta nueva inmensidad y el abuelo señaló: -qué curioso, estoy tan unido a ella que partió, como a mi nieto-.

- ¿Terminó el cuento, abuelito?

Él, con voz de haber aterrizado, respondió:

- Se llenó de luz mi historia, no la de los reyes magos.

- ¿Pero entonces: existen los reyes magos?

- Existen los soñadores, aquellos que no piensan todo el día en juguetes, pues juegan permanentemente con lo que tienen. Como nosotros Pedrito, que nos la pasamos jugando en esta plaza.

- Los chicos en la escuela me dijeron que los reyes son los padres. Yo no entiendo algunas cosas. El año pasado me quedé toda la noche sin dormir, quería verlos, tenía pensado cambiarles mi camiseta del hombre araña por un camello, y no pude quedarme despierto.

- ¿Pero cómo? ¿No te gusta tu camiseta?

- Sí, pero me gusta más lo que vive en el cielo.

- Las camisetas del hombre araña pueden venir del cielo, Pedrito.

- Sí, pero los camellos viven en el cielo y conocen todos los escondites. Seguro que saben qué tenés que hacer para ver a la abuelita.

De nuevo las lenguas se trabaron y los ojos del abuelo se perdieron en el bosque, no pudiendo explicar con palabras que él ya estaba con la abuela. - ¿Te acordás que te conté que la abuela daba de comer en el comedor de su escuela y que le encantaba mirar el cielo? Por eso amaba con pasión todo lo que hay de vida en la tierra. Conocía las especies, jugaba con las maestras y los chicos haciendo panqueques. ¿No ves que los cocineras -como dijera Santa Teresa- ven a Dios entre las ollas?

Como los reyes magos conocen las fragancias y los sabores como nadie, ven a Dios por todas partes, incluso donde muy pocos lo ven, en la pobreza y en las enfermedades, y asi suenan la misma melodía en el cielo y en la tierra.

- Entonces no está mal que yo les cambie mi camiseta por un viaje a donde está la abuelita. Es para que vos nunca la extrañes y no te pongas triste.

- Me pongo triste, Pedro, cuando no puedo estar en el cielo. Cuando amamos en serio como vos y yo en esta plaza se acortan las distancias. Yo estoy en el cielo con la abuelita, pero también estoy en la tierra con vos y estoy feliz de sentirme no separado de nadie que ame intensamente.

- Entonces no hace falta que dé mi camiseta del hombre araña para ver a la abuelita.

- No, Pedrito, la abuelita esta en mí y en vos porque nos hemos ido fundiendo en abrazos y ahora ya somos más Dios-amor.

- ¡Vivan los reyes magos que hacen sonreír a mi abuelo!

- Y vivan los Pedros que abren las puertas del cielo.

A todos los que nos enseñan a saborear el cielo custodiando los lugares donde la vida es desafiada. En el día que la humanidad, los animales y las plantas, descubrimos a través de un Niño, que todo podía hacerse más divino y que nos necesitábamos mucho para esta nueva creación.

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