jueves, 25 de febrero de 2010

El fin de las élites (Tercer y última Parte) (Un ensayo sobre el principio de la democracia en la sociedad posindustrial)

Jon E. Illescas Martínez (Jon Juanma) (Desde España. Especial para Argenpress Cultural)

Democracias con defectos de fábrica

¿Y las escuelas, no funcionaban un poco de contención de esa cultura pecuniaria, no enseñaban derechos humanos, sociales, políticos?

Muy poco, de un modo muy superficial. 63 Sí se enseñaban los Derechos Humanos de la extinta Organización de Naciones Unidas, los de 1948. También se fomentaba el trato no discriminatorio por razón de género o color de piel. Lo que ocurre que la prédica en la escuela era una y el mundo real era otro muy distinto. En el mundo real no triunfaba el que más estudiaba sino el más egoísta, el que miraba por su interés, el que se enriquecía, el que aplastaba a los demás poniendo por encima su interés personal respecto al colectivo. 64 Había una doble moral que atravesaba la sociedad al completo: la diferencia entre el liberalismo democrático de palabra y el feudalismo económico de los hechos. Pero a lo último que me preguntabas, sobre los derechos políticos, te diré que no se enseñaban absolutamente nada. La docencia de la cultura política brillaba por su ausencia y ese sustrato ayudó a que en algunos países triunfara el fascismo. No se conocían los procedimientos, ni la ley electoral, ni los escaños de las asambleas ni tan siquiera locales, ni regionales, ni estatales, nada, cero. En este sentido en mi película hago un homenaje a la gran tarea que llevaron a cabo los aliancistas, enseñando los derechos políticos a sus militantes, ¡y hablamos de derechos políticos burgueses! Sin duda si no hubiera sido por la ASA muchas de las actuales confederaciones estaríamos en la Órbita Social-Fascista, algunos incluso como países neo-esclavistas. La Alianza Socialista Anticapitalista con su estructura inclusiva, flexible pero radicalmente comprometida, consiguió labrar una hegemonía en las clases populares que les permitió llegado el momento dado, cambiar la estructura mayor: el enjambre superestructural capitalista. Por fin la izquierda aprendió que de nada servía ganar unas elecciones o llegar al poder si antes no se trabajaba desde la resistencia por cambiar las estructuras en positivo, ¡las estructuras de las mismas organizaciones! ¡Cuántas veces la izquierda llegó al poder como un mero partido político y desde allí el capitalismo con sus estructuras y sinergias les ganó una y otra vez la partida! 65

Hablando de esclavos, ¿y los inmigrantes en esas sociedades capitalistas ricas?

Bueno, como tú dices, hablando de esclavos...Pues salvando las distancias, eran lo que hoy son los esclavos en la Órbita Social-Fascista. Ciudadanos sin derechos, trabajadores más dóciles. 66 Tenían además parecida cosmovisión que los individuos autóctonos de las clases populares, si bien por necesidades materiales (necesidad de alquilar y convivir con más personas en una casa, red para encontrar trabajo a menudo controlado por gestores de sus países de origen, etc.) tenían un sentimiento de colectividad más importante. Pero consumían el mismo material cultural de masas que los trabajadores autóctonos.

Sí Marc, pero por ejemplo existían ONG que mostraban también que la solidaridad y la fraternidad no habían muerto en las sociedades neoliberales.

Sí, esto es cierto. Pero también lo es que muchas, no todas, servían a los intereses de la élite como colchón inofensivo de protestas. Su existencia ayudaba a fragmentar las reivindicaciones que perfectamente podrían haberse vehiculado en un corpus político inclusivo, 67 lo cual evidentemente hubiera sido mucho más peligroso para los intereses de la élite. En este sentido, de nuevo, fue un acierto el proceder de la ASA. Los aliancistas abrieron en pie de igualdad con el resto de corrientes políticas, la incorporación de ONG y asociaciones cívicas que compartieran los mínimos anticapitalistas que cohesionaban la Alianza. Además las ONG por sí solas, en un sistema como el capitalista con sus estructuras, no podrían haber eliminado jamás ninguna de las cosas contra las que supuestamente solían luchar (hambre, guerras, destrucción del medio ambiente, etc.) , aunque todo individuo de los países enriquecidos se hubiera afiliado como socio en una de ellas.

¿Y qué opinas sobre aquellos que decían a principio de siglo que la jerga de proletarios y burgueses enfrentados estaba obsoleta, que era más propia del siglo XIX?

Pues, ¿qué puedo opinar? Desde luego les resultaba mucho más provechoso para sus carreras el decir eso que lo contrario. Es cierto que dentro de esas dos grandes clases, habían muy variados estratos y esto Marx lo vio. Lamentablemente el manuscrito de “El Capital” precisamente acaba cuando Marx iba a establecer las gradaciones dentro de esas dos grandes clases. Pero esos autores, algunos autodenominados izquierdistas, que hablaban de un capitalismo sin capitalistas por el mero hecho, ya constatado por marxistas como Gramsci en el siglo XX, 68 de que cada vez fuese más frecuente que los directores de empresa, asalariados al fin y al cabo, fuesen los que gestionasen las propiedades de aquellos, me parece absurdo y terriblemente endeble teóricamente. Era como pretender decir que en una sociedad tan estratificada por las clases y el nivel de renta como la capitalista con su cultura pecuniaria no existiese por primera vez desde el Neolítico una clase dirigente, una élite. Esto era simplemente un contrasentido, una mascarada absurda, un constructo de “soplagaitas” que se la pasaban diciendo que la sociedad de masas era la sociedad de la “clase media” (sic), donde todos tenían derechos laborales y vacaciones pagadas, cuando desde el principio del neoliberalismo en el último tercio del XX la precarización de derechos laborales era una constante en los países del centro del sistema capitalista.

El estreno

Marc pasó la tarde contestando preguntas de los diversos medios que se acercaron al hotel para entrevistarle. Las conversaciones acabaron a las seis de la tarde. La proyección se realizaría a las diez de la noche. Así que pensó en salir de casa a las nueve y para las nueve y media ya estar en el Gran Cine Popular. Le había dicho a Pere que necesitaba descansar un poco y prefería estar solo hasta la proyección, donde se verían en el cine. Lo cierto es que Marc siempre se imaginó ese momento desde que se enteró que su película había sido votada como candidata para los Premios Garai. Se imaginó así mismo yendo de camino al cine en el tranvía solar, de noche, descubierto fugazmente tras las ventanas por las luces de su Barcelona querida. Le pareció muy romántico, tal como él era, sin duda le pegaba mucho.

La película “El fin de las élites” llevaba casi un año en proyecciones de cinemas de barrios, de Centros Populares y Escuelas de Comunicación. Gracias al sistema de votación en Red de la UCIS, había sido propuesta desde la ciudadania como candidata a los Premios Garai de las Artes Cinematográficas. Éste era el premio más importante que se otorgaba a cualquier producción cinematográfica en toda la Unión de Confederaciones Ibéricas Socialistas. El nombre del mismo era en honor al insigne Mikel Garai, director de cine, aliancista euskaldún que murió asesinado durante las Semanas Trágicas mientras se encontraba filmando una de las numerosas asambleas populares que se organizaban en la calle entre los ciudadanos para discutir las medidas a implementar, cuando de repente llegaron unos paramilitares en una especie de vehículo eléctrico de carga y acribillaron a balazos a varios líderes aliancistas, entre ellos el gran cineasta.

La película de Marc, Pere y los demás había sido nominada para varias categorías entre ellas la de Mejor Película y Mejor Director Novel. El sistema de votación era muy sencillo: la ceremonia y todas las películas estrenadas en el Gran Cine Popular serían vistas también por cualquier ciudadano que así lo deseara desde su sistema comunicacional de casa. Una vez proyectadas, un jurado electo popularmente entre miembros de la Academia haría su crítica escrita del filme (que ya la traían de sus visionados particulares) y en ese momento comenzarían las votaciones, tanto desde casa, como entre el público asistente al cine o a las Casas del Pueblo. Era el conjunto de la ciudadanía quién eligía a los ganadores, una vez escuchada la opinión de los expertos académicos. La gestión de los votos era casi inmediata y en menos de cinco minutos, los maestros de ceremonias tenían a los ganadores en sus pantallas personales. Dejaban unos quince minutos mientras la ciudadanía votaba y los presentadores desvelaban el nombre de los afortunados. Y esto sería lo que ocurriría hoy porque siempre, según mandaba la tradición, dejaban para el último día, el de la entrega de premios, la proyección de la película con el director más joven. Marc Sifré i Amin, con tan solo 30 años cumplidos encajaba en ese papel.

Y allí estaba el joven cineasta sentado en el tranvía, mirando a sus conciudadanos en las bellas calles de Barcelona, elegantemente vestida de noche.

En las confederaciones mediterráneas era frecuente salir a pasear después de cenar, con la familia. Marc miraba sus rostros fugaces, pese a que el tranvía iba despacio por las calles. Se les veía felices, descansados, alegres de poder compartir el tiempo con los suyos, en los parques públicos, en los bancos colectivos, caminando hacia alguna sala de conciertos, los niños siempre celebrando con su alboroto la alegría de estar con su familia y amigos. En la UCIS la jornada laboral era de 3 horas diarias, dependiendo de las profesiones, montables hasta un máximo de 6 horas por día. Normalmente la gente solía trabajar de 4 a 5 horas durante tres días a la semana y el resto los tenían para su libre albedrío. Normalmente cada conciudadano se solía especializar en diversas materias, aprendían idiomas, a tocar un instrumento musical, a pintar, al baile o la danza, a investigar libremente, al deporte, etc... Labores que antes de la Revolución sólo se podían permitir una exigua minoría de la población, a costa de la degradación de la mayoría. Ahora toda la cultura era pública y los recintos de uso colectivo estaban diseminados por todas las ciudades socialistas. Mirando a esos seres felices, recordaba una escena de “El fin de las élites” donde se veía a los ciudadanos del mundo pre-revolucionario caminar por las calles, abarrotadas de carteles luminosos, de publicidad capitalista por todas partes. Andaban como máquinas, sin mirarse los unos a los otros, evitándose en un mar de multitudes. Rostros esquivos, alienación ciudadana, masas...gente. Ahora en cambio ya no eran “masa”, ni siquiera “gente”, sino personas, ciudadanos, compañeros, camaradas, hermanos. Antes vivían para la élite. Ahora vivían para todos y precisamente por ello, por primera vez, vivían para ellos mismos.

Quedaban problemas sí, dentro de la Órbita Socialista. Y no digamos ya fuera, en ese mundo de barbarie gobernado por la Órbita Social-Fascista con sus infiernos neoesclavistas; pero aún así, con todos sus tropiezos, se iba por la dirección adecuada. Por primera vez algunos seres humanos vivían en comunidades que iban en la buena dirección, herederas de los mejores valores de la Ilustración. Perfectibles como eternamente perfectible sería el ser humano.

El joven director sentía que con su película estaba aportando su granito de arena a esa historia fascinante de la liberación del ser humano que tuvo una de sus primeras batallas en la Revolución Francesa, con todo lo que ella trajo de bueno, entre otras cosas un primer intento de acabar con la esclavitud. 69 Marc se veía así mismo como un revolucionario en una sociedad afín a sus ideas, pero con el deber de ser un vigilante, de no permitir la involución, que sabía que como todo, una vez superadas las concepciones teleológicas y deterministas de la Historia, podía acontecer. Del mismo modo que algunos países volvieron al fascismo y otros al peor esclavismo posible, ellos mantenían la esperanza colectiva y estaban llamados a liberar a esas tierras lejanas del yugo del capital, de la sociedad de clases, que se resistía a morir.

Llegó a la parada más cercana. El Gran Cine Popular estaba justo enfrente. Mientras se aproximaba a la puerta principal los periodistas se acercaban a hacerle preguntas, pero llevaba el tiempo justo así que contestó educadamente a todas las que pudieron hacerle, hasta que Marc con paso amplio sobrepasó la entrada. Se introdujo rápidamente y llegó a las butacas en donde vio a Pere y el equipo que lo estaban esperando un tanto impacientes. Le hacían señales para que se acercara a la zona reservada para los realizadores.

¡Siempre en el último momento!- le espetó Erica, la directora de fotografía.

De acuerdo, de acuerdo, sabéis que tenéis razón...esto...¿vale un “lo siento”?

Los jóvenes le miraron con cara de que no y ante el rostro de falsa culpa de Marc, el grupo comenzó a reír.

Se instalaron en sus asientos, Marc miró en las mesas reservadas para los periodistas y buscó a Martina con la mirada. -Mierda, ¿estará en Nantes?- pensó para si. Pere, a su lado, lo miraba de reojo y descubrió lo que su amigo se llevaba entre manos. Marc lo miró como buscando una respuesta una vez descubierto. -No, no la he visto- respondió Pere negando con la cabeza. A ver, pensó en mirar los cartelitos, aún quedaban asientos libres, a ver a ver... Repasó los nombres de los medios y ...¡bingo! “Politik”, allí no había nadie. ¡Joder, ojalá viniese, quizás no se hubiera ido después de todo y su compañero de trabajo estuviera cubriendo la versión de “Los Miserables” de su buena amiga Michelle Savary. Súbitamente se apagaron las luces y sonó por el altavoz, “queridos conciudadanos y compañeros, ahora vamos a presenciar la proyección del filme “El fin de las élites”, dirigido por Marc Sifré i Amin, producido por Pere Montero García, con la dirección fotográfica de Erica Moore y con la...

Marc ya no escuchaba las palabras, estaba preocupado porque no sabía si Martina estaría allí abajo en los reservados de los periodistas o por el contrario estaría presenciando el remake de Victor Hugo que había preparado Michelle. Con las luces apagadas no se veía nada desde su posición, tendría que esperar a que acabara la proyección y encendieran la luz de nuevo. ¡Mierda!, Jamás hubiera pensado que en esa situación, en el estreno popular de la votación oficial del proyecto de su vida, estaría con la mente totalmente obnubilada deseando que acabara la proyección y no para conocer los resultados precisamente...¡Qué vida más loca! Por eso mismo le encantaba...

Al finalizar la proyección un sonoro y prolongado aplauso se apoderó de la sala. Era ese tipo de ovaciones sinceras que se diferencian de las de cortesía, tanto por la duración como por la intensidad de la misma. Se sintió emocionado y feliz de estar con sus compañeros de trabajo. La luz se hizo, pero tenuemente, seguía sin poder distinguir si había alguien allí abajo, parecía que sí, pero quizás fuese otra periodista que hubiera ocupado el lugar de Martina. Desde allí no podía ver casi nada. Tenía un nudo fuerte en el estómago y no era por saber los resultados de las votaciones. Los maestros de ceremonia, Jordi Nin y Mònica Minh, salieron al escenario con el sobre de los resultados. Unos redobles de tambor se reprodujeron desde el equipo de sonido, y una música in crescendo abrazó la sala a medida que se hacía la luz...

Y el nombre de la obra ganadora del Premio Garai a la Mejor Película es...

Marc dejó de oir. Allí estaba ella. La luz descubrió sus formas y su rostro. Martina lo miraba fijamente desde los reservados. Sus miradas se cruzaron con fuego y se mantuvieron en una danza inmóvil de pasión contenida. A pesar de encontrarse a más de quince metros el uno del otro, nunca se había sentido tan cerca, ni siquiera cuando estuvieron frente a frente en el hotel. No quiso cerrar los ojos por miedo a que fuera un sueño y desapareciera de su vista. Pero no, era demasiado real, ella estaba allí y lo estaba mirando fijamente desde que se hizo la luz. Sólo existían ellos en esa sala abarrotada de público que aplaudía sin cesar.

Le aplaudían.

Ver también:

Notas:
62. Respecto al dinero como relación social y cada vez más omnipotente en el conjunto de las relaciones humanas en el capitalismo Marx ya afirmaba en el siglo XIX: “La dependencia mutua universal de los individuos indiferentes los unos para los otros constituye su conexión social. Esta conexión social es expresada en el valor de cambio, en el que su propia actividad o su propio producto deviene por primera vez para cada individuo una actividad o un producto per se; él tiene que producir un producto en general -el valor de cambio- o, lo que es lo mismo, dicho valor considerado aisladamente, individualizado en sí mismo, dinero. Por otra parte el poder de cada individuo ejerce sobre la actividad de los demás o sobre las riquezas sociales reside en él en cuanto propietario de valores de cambio, de dinero. Él lleva tanto su poder social como su conexión con la sociedad en su bolsillo.(...) El carácter social de la actividad, así como la forma social del producto y la participación del individuo en la producción, aparece así como algo extraño a los individuos, como algo objetivo; no como el comportamiento de ellos entre sí, sino como subordinación a relaciones que existen independientemente de ellos, y que proceden del encuentro entre individuos indiferentes los unos para los otros.” (Marx, 2002:166-167)
63. Además de formar a los estudiantes de la clase obrera con unos conocimientos laxos para ser futuros trabajadores, la escuela pública desde un punto de vista político no da ninguna formación más allá de la ideología nacionalista, que puede coincidir con el Estado o con la comunidad autónoma o con ambas a la vez. Un ejemplo de ello, quizás más acusado en su influjo nacionalista, lo tenemos en el análisis de la sociedad norteamericana (Wright Mills, 2001:297) El llamado “ciudadano de centro”, el ciudadano medio, el “moderado y razonable”, en la fase capitalista neoliberal con su cultura ideológica hegemónica tiene los siguientes valores morales según Harvey: el nacionalismo cultural (del Estado), la superioridad moral del cristianismo, los valores familiares en realación a cuestiones como el derecho a la vida (eufemismo anti-abortista) y el antagonismo ( o por lo menos la desconfianza permanente) respecto a los nuevos movimientos sociales, como el feminismo, los derechos de los homosexuales, el ecologismo, etc (Harvey, 2007:94)
64. En un sistema corrupto, sólo los más corruptos triunfan y los incorruptos si quieren ser coherentes, o trabajan en un trabajo insignificante en relación al sistema o se enfrentar irremisiblemente al poder. El siguiente discurso de Robespierre es bastante ilustrativo al respecto, es el último fragmento del último discurso que dió ante la Convención Nacional, pocas horas antes que lo asesinaran, todos los historiadores concuerdan en que debido a la sinceridad de sus palabras, no hizo sino adelantar su muerte, pero él ya lo sabía: “Estoy hecho para combatir el crimen, no para gobernarlo. Aún no ha llegado la hora en que los hombres honestos podrán servir impunemente a la patria. Los defensores de la libertad serán siempre proscritos mientras domine la horda de traidores” (Robespierre, 1992:202).
65. Sobre la importancia de las estructuras sociales a la hora de formar (o deformar que diría Rousseau) a los propios hombres: “...las instituciones particulares y los individuos humanos se relacionan con la estructura social en la que representan sus papeles. Aunque algunas veces los hombres moldean las instituciones, las instituciones siempre seleccionan y forman a los hombres. En cualquier época dada, podemos equilibrar el peso del carácter, la voluntad o la inteligencia de los individuos con la estrcutura institucional objetiva que les permite ejercitar sus facultades” (Wright Mills, 2001:97) En ese mismo sentido endogámico, Mills señala lo que él llama “la acumulación de ventajas” de cada generación de los muy ricos (Wright Mills, 2001:111).
66. A continuación reproducimos un estracto de un discurso que Robespierre pronunció ante la Asamblea Nacional el 24 de septiembre de 1791, en el cual defiendía los derechos políticos de los ciudadanos negros que los girondinos querían suprimir y dejar en tan sólo derechos civiles. El texto que reproducimos a continuación es perfectamente válido para las personas inmigrantes sin derechos políticos en nuestras sociedades europeas: “¿Y qué significan -sobre todo en las colonias- los derechos civiles que les dejemos sin los derechos políticos? ¿Qué es en las colonias, bajo la dominación de los blancos, un hombre privado de sus derechos de ciudadano activo? Es sólo un hombre que no puede deliberar de ninguna manera, que no puede influir, ni directa ni indirectamente sobre los intereses más profundos y más sagrados, de la sociedad de la que forma parte. Es un hombre gobernado por magistrados en cuya elección no puede participar de ninguna manera, por leyes, por reglamentos, por actos administrativos que pensan incesantemente sobre él, sin haber usado el derecho que pertenece a cada ciudadano de influir sobre las convenciones sociales, sobre lo que atañe a sus intereses particulares. Es un hombre degradado, cuya suerte está abandonada a los caprichos, a las pasiones, a los intereses de una clase superior.” (Robespierre, 1992:35/36)
67. Respecto a al sentido sociológico sistémico de las ONG, Fernando Díaz Orueta observa: “A esta visión neoliberal se le adapta como anillo al dedo la idea de dejar en manos de las ONG labores de apoyo a la gestión urbana, especialmente en áreas populares. Una vez que el estado no es responsable último de la gestión urbana, se piensa que ésta puede ser una buena solución. Lungo (1992), sin descalificar por completo este tipo de orientación, realiza dos objeciones fundamentales: a) Supone la puesta en marcha en el ámbito urbano de numerosas acciones aisladas, sin un plan que les de sentido, y b) se atomizan las reivindicaciones de los sectores urbanos populares.” (Díaz, 1997:11)
68. Por mucho que los “marxismofóbicos” más o menos enconados se esfuercen por propagar que el marxismo es maniqueo y sólo distingue entre capitalistas y trabajadores, lo cierto es que por ejemplo, Gramsci sí entendió perfectamente la creciente gestión de las empresas por personas ajenas a la propiedad del capital, esto es “no capitalistas”, no propietarios de la empresa en cuestión: “la fábrica ha dejado de estar gobernada por la persona del propietario, para serlo por el banco a través de una burocracia industrial que tiende a desinteresarse de la producción del mismo modo que el funcionario estatal se desinteresa de la administración pública.” (citado en Domènech, 2004:248)
69. Fue la Revolución Francesa la que por primera vez acabó con la esclavitud en las colonias, en concreto en su período revolucionario jacobino, en 1794 (Castells Oliván, 1997:207)

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