jueves, 25 de febrero de 2010

La puta de Juan

Wilmer Estrada (Desde Puerto Rico. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Juan era un hombre curtido por el arduo trabajo de la agricultura. Era no lector y había aprendido de su difunto padre los quehaceres de la tierra. Su padre fue una persona de respeto en la comunidad. Era recio, luchador y sobre todo temeroso de dios. Le había enseñado a Juan que a dios se le temía, porque era todopoderoso y castigaba fuertemente a quien lo desobedecía. Cuando su padre muere Juan se sintió y solo. S u padre lo era todo para él. Don Lucas como cariñosamente le llamaban sus allegados, no solo era el protector de Juan, sino de todos los obreros y gran parte de la comunidad.

La soledad le dolía hasta los huesos a Juan, hasta que en un solo se suscitaron unos eventos tan dramáticos, que cambiarían su vida para siempre. Al mes de la muerte de su padre, se presentó el padre Alberto, párroco de la parroquia san José. Charlaban de la finca, del diezmo, de su padre y de los obreros cuando se presentó su primo hermano y gran amigo Juan de Dios. Juan de Dios había estado estudiando teología en el Instituto en la diócesis de Brooklyn, Nueva York, quería ser un párroco famoso. Se imaginaba vestido de verde y púrpura caminando por las calles de su pueblo y adorado por sus feligreses. Luego de varios encontronazos con los curas, abandonó el seminario.

Cuando se encontró con su primo exclamó.

-¡Mi hermano!, deme un fuerte abrazo, le dijo a Juan

Juan lo abrazo y le dijo

-Juan de Dios, qué gusto, verte

¿Cómo te va en el seminario? Preguntó Juan

-Al carajo con eso, no me lo vuelvas a mencionar.

No se había percatado de la presencia del padre Alberto. Fue Juan quien lo introduce.

-¿Conoces al padre Alberto?

-No tengo el gusto de conocerle, dijo Juan de Dios, en un tono sarcástico. Tono que el futuro haría historia.

Juan de Dios se quedó mirando al padre Alberto directo a los ojos y le increpó

-Conque usted es el párroco del pueblo, hum susurró Juan de Dios, entre dientes.

-Soy el padre Alberto, es un placer conocerle.

Juan de Dios arremetió contra el padre Alberto sobre religión, catolicismo y la bíblia. Le tiró su currículum vitae de sus estudios sobre religión.

Todo es una farsa, le dijo Juan de

Eres un irreverente y arderás en las pailas del infierno, le repostó el padre Alberto.

Es una puta y tú lo sabes, le gritó, de Dios.

El padre Alberto no resistió más las insolencias de Juan de Dios y se marcho. Juan, muy ingenuamente le preguntó a su primo

-¿Qué es una puta?

Juan de Dios lo miro con lastima, pensando si decirle la verdad o no y le dijo,

-Es una mujer que fornica por dinero. Juan de Dios pensó decirle la verdad, al día siguiente

Esa noche después de prepararle el cuarto a Juan de Dios y muy cansado Juan se hecho a dormir. Soñó con la discusión del padre Alberto y Juan de Dios. Escuchaba la palabra puta y le resonaba fuertemente. Había cogido la mula desde que tenía 15 años y no conocía mujer. La puta, la puta seguía martillando la lo hace por dinero. Esa noche soñó que estaba en lugares extraños buscando a las putas. Despertó sudoroso. Corrió a despertar a Juan de Dios.

-Primo despierta, despierta, le dijo Juan

-¿Que carajos te pasa cabrón? Le espetó Juan de Dios

-¿Porqué me dices estas palabras tan insultantes? Le contestó Juan

-Chico me vienes a levantar en estos momentos que estaba por coger a Lupita.

Juan de Dios soñaba que estaba bañándose con Lupita en la charca del Toro y estaban completamente desnudos.

-Quiero que me hables de la puta, le pidió muy ansioso Juan. Yo no he estado con ninguna mujer, solo lo he hecho con la mula.

-Malhumorado Juan de Dios le dijo, siéntate cabrón, que te voy a dar introducción a la putería 101.

Y comenzó Juan de Dios a narrarle a su primo sobre la puta. Todo comenzó hace muchos años atrás. El vocablo es de los abolinenses allá por Babilonia. Le llamaron puta a la que mataba hombres y animales.

Juan le interrumpió y le preguntó.

-Tu me dijiste que la puta era la que tenía sexo por dinero

-Cabrón escucha y no me interrumpas más, le soltó Juan de Dios. El pobre infeliz se quedó de una pieza

-Como te decía, continuó Juan de Dios

-Le decían puta a la que derramó sangra de hombres y animales. era y es mentirosa. Si te coje no te suelta. Te exprime hasta que pierdas tu aliento. Te chupa hasta dejarte seco, te deja sin respiración y continuó Juan de Dios añadiendo características de la puta.

Juan, que era un hombre que no tenía formación académica y tomaba literalmente las palabras de Juan de Dios. Estaba emocionado, ya quería conocerla, para que lo virara como media.

Es traicionera y si no le pagas bien te lo va a reprochar, o sea que mientras tu le pagues bien cabrón, ella va estar contigo.

Juan salivaba y quería entregarse a la puta.

¿Y donde la encuentro?, pregunto Juan

En cualquier pueblo, dijo Juan de Dios y le manifestó

-Es más la tienes más cerca de lo que tu crees.

Cuando Juan de Dios terminó su relato, Juan se sentía con ganas de salir corriendo y encontrar a la puta.

Juan fue a prepararle desayuno a Juan de Dios cuando este se apareció ya vestido y con maleta en mano.

-¿Ya te vas? Preguntón Juan

Si tengo que ir en busca de otra putita, le contestó Juan de Dios y se marchó.

Había pasado tres meses desde el encuentro con su primo y Juan seguía ilusionado con la puta. Fisgoneaba a Lupita bañarse desnuda en la charca y luego se masturbaba. Era tiempo de la cosecha y quería terminarla para irse en busca de la puta. Por fin logró terminar la cosecha y con los bolsillos llenos se marcho en la búsqueda de la puta.

Recorrió tres continentes buscando la puta con las características que su primo le había dado y no la encontraba. Llegó a Bogotá y preguntó por la puta.

-Oiga señor ¿dónde puedo encontrar esta puta? Preguntó Juan. Le dio todas las características de la puta que quería y el señor le dijo,

-Al final de la calle.

Hacia el final de la calle se dirigió Juan.

El prostíbulo estaba atestado de clientes. Los fumadores eran tantos que apenas se podía ver el rostro de las putas. Estas estaban vestidas como empleados de tiendas por departamentos, todas vestidas iguales. Con las tetas por fuera y una faldita trasparente roja y sin pantaletas. La primera puta que encontró fue a Maria. Le preguntó.

-Tú eres la puta que exprime hasta que pierda el aliento. La que chupa hasta dejarme sin respiración. La que ...

-No, yo no soy esa, le dijo María.

Encontró a Mágdala sentada en un rincón y le preguntó

- Tú eres la puta que exprime hasta que pierda el aliento. La que chupa hasta dejarme sin respiración. La que...

No, yo no soy esa, le respondió Mágdala.

Había estando haciendo las mismas preguntas a todas las putas del mundo y no encontraba la puta ideal, según se la pintó Juan de Dios.

Maldijo a su primo por haberle hablado de la puta. Recordó a su padre Don Germán Alberto Lucas Américo Luiggi Castillo y Mata.

-Papá ¿que he hecho?, gritó

Recordó las enseñanzas de su padre. Hay que hacer el bien, decía su viejo. Las cosas llegan a su tiempo, no te apresures, las cosas son como dios quiera, hay que trabajar duro, hay que pedirle a dios. Era interminable la lista de consejos que le dio su padre. Apenas le quedaba dinero para su viaje de regreso. Saco un pasaje asegurando su regreso y la emprendió hacia México. Fue directo al prostíbulo de más famoso de Juárez. Allí encontró a Concepción y Guadalupe y rápido les preguntó,

-Ustedes son las putas que exprimen hasta que uno pierda el aliento. Las que chupan hasta dejarme sin respiración. Las que...

-No no somos esas, contestaron a coro

-Me cago en Juan de Diossss, grito a todo pulmón.

Fue directo al aeropuerto y tomo el primer avión de regreso a su patria. Conoció a Remedios, una bella mujer, elegante, cabello negro y abundante. Se le parecía a Lupita. Se la imaginó desnuda y estuvo cerca de cogerle una teta y meterle la mano entre los muslos. Estuvieron conversando durante todo el viaje de regreso. Juan le explicó que le había dado la vuelta al mundo buscando una puta y no la había encontrado. Ella le contestó,

Quizás no buscó bien. Lo que Juan mal interpreto.

Al llegar al aeropuerto internacional El Traidor le preguntó.

¿Tu eres puta? la que exprime hasta que pierda el aliento. La que chupa hasta dejarme sin respiración. La que...

Recibió una cachetada de respuesta. No se hablaron más en lo adelante. Recogió su equipaje en el terminal y tomó la guagua hasta la parada 15. Allí lo esperaba el taxi Guayanes, que lo, llevó hasta su pueblo.

El embotellamiento era descomunal. No había por donde acortar camino. Todos sonaban los claxon. El ruido era infernal. A penas podía escuchar lo que me decía el chofer del Taxi, el gemelo.

Tenía que saber lo que estaba sucediendo en su pueblo. Un embotellamiento de esta clase solo había ocurrido cuando explotó la refinería hace muchos años atrás. Decidió pagar el taxi y caminó hasta el pueblo.

Había un tumulto en medio de la calle. Apenas pudo pasar para saber que estaba sucediendo. Pero logró llegar. Era Juan de Dios y el padre Alberto. Tenían una disputa endemoniada. Discutía manoteándose y gritándose. El público presente estaba atónito. El padre Alberto el párroco del pueblo y el hijo de Simón Andrés Felipe Antonio Juan de Dios Torres Mata, casi cura, discutiendo de religión en medio de la calle y en la plaza pública y frente a la iglesia. Juan intervino a favor del padre Alberto. Estaba muy molesto con su primo.

-Estas del lado de este cura corrupto, le increpó Juan de Dios

Si, porque no encontré a la puta tuya, le gritó Juan

La puta mía, cabrón yo no tengo puta, le grito Juan de Dios. Es tu puta, le arremetió nuevamente.

Me hiciste gastar todo mi dinero para nada, volvió a gritar Juan.

Yo no te hice gastar nada, pendejo. Le repostó Juan de Dios.

Conque no la encontraste. Le grito Juan de Dios. Te dije que la tenias más cerca de lo que tu te imaginabas

¿Y Dónde está so canto de cabrón? Vocifero Juan

Esta a tu espalda, hijo de puta. Mírala que grande es, Volvió a gritar Juan de Dios

Juan se quedó pasmado. Una sonrisa se dibujo en sus labios. A mi espalda, ¿tan cerca está?

-Va a ser mía, gritó Juan

El grito orgásmico se escuchó a unas millas de distancia. Los automovilistas que se encontraban en el embotellamiento dejaron de tocar el claxon y se sorprendieron de la ola del eco míiiiiiiiiiiiiiaaaaaaa. Era Juan, su voz era inconfundible. Ya el poblado lo había escuchado cuando terminaba la cosecha. Gritaba tan fuerte que era escuchado a millas de distancia.

Y Juan se volteó y la vio.

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