jueves, 25 de febrero de 2010

Maldito espejo (monólogo silencioso sobre la vejez)

Rodolfo Bassarsky (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

MI OTRO YO: Para qué te estás mirando en el espejo?

YO: Para ver si funciona. Pero es evidente que no quiere funcionar bien. Es un traidor repugnante. Cuidé su biselado, lo pulí 3 veces en 25 años, lo puse lejos del alcance de los niños. Lo traté como una joya valiosa.

MI OTRO YO: Por el tono de tu voz estás desilusionado, frustrado.

YO: Sí, desilusión, frustración. Y odio. No merece mis desvelos. Es un Judas contemporáneo, este espejito petulante y mentiroso. Toda una vida viviendo juntos, fuimos compañeros, cómplices de acicalamientos secretos. Compartimos luces y aromas. Éramos hermanos. Nuestro diálogo profundo, pleno de amor propio, consolidó una amistad que concebí eterna e irrenunciable.

MI OTRO YO: ¿Qué se rompió?

YO: Nada se rompió. Nada cambió en apariencia. Pero por propia voluntad esta víbora traicionera hoy por la mañana comenzó a funcionar mal. No copia correctamente. Escanea con arrugas groseras. Atenúa la iluminación de los ojos. Desvía la dirección de la mirada. Transforma la sonrisa fresca en una mueca rígida. Devuelve un rostro pre mortem. Es la espejización brutal de la calumnia. Un grandioso embaucador.

MI OTRO YO: ¿Qué pruebas tenés? No podés arrojar al mundo impunemente semejantes diatribas.

YO: Demostraré que las injurias de las que soy víctima inocente, me ocasionan un sin fin de penas. No me detendré hasta ver a ese espejo (no merece llamarse espejo esa bestia inespéjica) entre planchas opacas que opaquen para toda la eternidad sus otrora brillantes reflejos. No me detendré hasta verlo condenado a la negra oscuridad por los siglos de los siglos.

MI OTRO YO: ¿Será ecuánime la justicia humana juzgando a uno de otra especie?

YO: Llegaré hasta la última instancia, sea como fuere y no abandonaré mi justa lucha hasta ver al delincuente pagar su culpa. Mirame:

¿Acaso no brillan mis dientes?

¿Acaso no te llega mi luz?

¿No te atrae la frescura de la piel de mi rostro?

¿No sentís en el alma el flechazo inteligente de mi mirada? ¿Dónde están mis arrugas, qué surcos, qué papada?

¡Tonterías, querida! Mi erguida, ágil, arrogante, estimulante presencia es la prueba material irrebatible del delito que proclamo. Mi amor, soy como quiero ser.

Esta es la realidad polémica.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.