jueves, 25 de febrero de 2010

Sobre la película “Andrés no quiere dormir la siesta” - Cine: El terror tampoco duerme la siesta

Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA - PTS)

Aunque lo viene haciendo hace ya bastante tiempo –a poco del regreso al régimen democrático-, el cine argentino continúa revisitando el tema de los ‘60/’70, la dictadura 1976-’83 y sus consecuencias. Trabajos de investigación, documentales y ficciones con intenciones diversas se suceden –y han tenido un revival recientemente, por ejemplo con los aniversarios del Cordobazo y Rosariazo- todos los años.
A Matar a Videla, estrenada recientemente (1), se suma ahora Andrés no quiere dormir la siesta, primer obra del santafesino Daniel Bustamante, que se exhibe en el cine Gaumont y varios más de la ciudad. Esta película ya recibió muchos aplausos en varios países al exhibirse en distintos festivales (2), además de varios reconocimientos, premios y menciones nacionales e internacionales desde 2005, cuando era sólo un guión.
Protagonizada por un niño de 8 años (bien logrado por el debutante Conrado Valenzuela), la trama se desarrolla en un barrio periférico de Santa Fe, a fines de 1977 e inicios de ‘78. Allí la cámara sigue muy de cerca de Andrés, hijo menor de un matrimonio separado. La militancia política de la madre y la fatalidad de su muerte serán el inicio de un desvelamiento del resto del entorno familiar: una tía hipócrita; un padre (Fabio Aste) sólo preocupado por su trabajo y la venta de la casa de su ex mujer; un tío bonachón (Juan Manuel Tenuta) y, finalmente, la abuela –interpretada muy cómodamente por Norma Aleandro (3)-, que se jacta, en una discusión, de poder y deber ser, una respetada “doña Olga” para todo el barrio.
Claro que el barrio en esos años tenía, como muchos entonces, una “característica peculiar”: funciona un centro clandestino de detención –que tiene su “relación” con el barrio-. Andrés no quiere dormir la siesta retrata justamente una familia de clase media que sí “dormía la siesta”, que prefería mirar para otro lado, mientras los militares atacaban feroz y criminalmente toda oposición y disidencia al régimen militar (secuestrando, torturando y desapareciendo/exterminando a decenas de miles).
Al mismo tiempo que se desnuda esta cruel realidad de una familia (4) inmovilizada por el terror militar, el director logró refractarla desde las vivencias de un niño. Y tuvo sus motivos: “Mi elección fue mirar la dictadura con los ojos de un chico. Porque un chico tiene una mirada cruel y piadosa a la vez. Y también, tal como se deduce de la película, esa mirada tiene sus consecuencias cuando el chico se convierte en adulto. Porque el protagonista es parte de la generación que hoy conocemos como la del ‘no te metás’”, dijo (5).
En este caso, la película Andrés no quiere dormir la siesta sí se mete con el tema y propone pensarlo desde la “gente común”. Aunque Bustamante haya dicho que es un “relato no politizado” –y que ha tratado de separar “lo emocional” de “lo político” (6)- los personajes delineados han tomado posiciones políticas (y también afectivas, claro: se habla aquí mucho de la vivencia de núcleos familiares y barriales).
En síntesis es una película interesante, que merece ser vista.
NOTAS:
1) Se puede ver la crítica a esta película en La Verdad Obrera Nº 358 (21/01/10).
2) “El filme (...) provocó gran emoción en el público de Montreal, de Trieste, de La Habana y de Mar del Plata (http://ar.news.yahoo.com/s/01022010/30/entretenimiento-noticias-andres-quiere-dormir-siesta.html).
3) “Después de La historia oficial (1985), Norma Aleandro no había vuelto a hacer otra película que estuviera vinculada con la última dictadura militar. ‘No quise. No me gustaron propuestas de aquí ni de los Estados Unidos. Nunca había recibido otro guión que me conformara para hacer algo tan complejo como describir, aunque sea un segundo, esta historia nuestra bastante reciente y muy trágica. En general, o era demasiada superficial la mirada o eran panfletos imposibles de traducir a algo artístico’, explica en diálogo con Clarín. Pero cuando leyó el guión de Andrés no quiere dormir la siesta supo que quería formar parte del proyecto (“Un retrato de la tiranía cotidiana”, Clarín, 29/01/10).
4) Dijo el director que la película “No habla sobre la dictadura sino que transcurre durante la dictadura (...). Ésta no es una película política, de buenos y malos, o de militares. Es sobre una familia en ese momento histórico, que lo que hace, para lo único que sirve el momento histórico, es para exacerbar las características de esa familia en términos de mandato y de educación” (“‘La gente me mostró que es un film duro’”, Crítica, 4/2/10).
5) Ídem 1.
6) Por estos dichos y lo “moderado” en cuanto a “posición política explícita” se refiere por parte del director, el crítico de Clarín, Pablo Scholz, felizmente tituló su nota “Recordando sin ira” (4/2/10).

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