sábado, 13 de marzo de 2010

Música: El órgano, instrumento rey

ARGENPRESS CULTURAL

El órgano, más correctamente llamado: órgano tubular es, en sentido estricto, un instrumento de viento (un aerófono) que presenta unos juegos de tubos que cantan al soplo del aire producido por fuelles luego de pulsar las respectivas notas musicales sobre las teclas de uno o más teclados, al igual que se pulsan las teclas de un piano o de un clavicordio. Este juego de tubos consiste en una hilera de tubos de las mismas características sonoras, e igual en la forma y en la intensidad, y que se corresponde a todas las notas cromáticas del teclado.

El órgano tiene de uno a dos teclados, o más, y éstos son cortos en extensión, 56 notas normalmente (de Do1 a Sol5); los hay de 45, 51, o 61 notas, y están dispuestos de forma escalonada: uno encima del otro. Dispone además de un teclado que se toca con los pies y que hoy en día tiene la extensión estandarizada de 30 notas (de Do1 a Fa3); los hay de 27 y de 32. Antiguamente algunos órganos tenían la octava corta y un reducido número de pedales (unos botones, tarugos), que quedaron suplantados por pedales en teclado que, más tarde, vistieron los organeros. Los teclados que se tocan con las manos reciben el nombre de manuales y el de los pies pedalero. Normalmente los teclados se acoplan al Órgano Mayor, y se enganchan al pedalero, con la finalidad de poder hacer sonar juegos de otros teclados simultáneamente.

El órgano es el instrumento polifónico por antonomasia. Es el instrumento musical con la escala más extendida, llegando a producir sonidos tan graves o tan agudos que pueden escapar al oído humano. Tan enormes son sus posibilidades que, por ello mismo, fue llamado “el instrumento rey”.

La evolución hacia la construcción del Gran Órgano que conocemos hoy día, el instrumento que asociamos con las iglesias católicas por excelencia, fue lenta y resultó ser un gran paso en la organería; nuevos elementos mecánicos en la transmisión entre las partes de la consola -teclados y registros- y los secretos -con su complejidad y los tubos que a él se encajan- fueron formando parte del órgano, que evolucionó por años hasta su forma actual.

El órgano es el instrumento amado de la cristiandad occidental, pero no únicamente de la Iglesia Católica (también lo es de la iglesia protestante) y en algunos países, como Alemania, donde a sana competitividad también ha entrado en las confesiones, son totalmente conscientes de esa predilección.

En la música académica europea el órgano, como solista, ha tenido grandes compositores que le destinaron obras célebres, sobre todo en la época barroca, edad de oro del instrumento, destacando el aporte de monstruos sagrados como, quizá el más importante, Juan Sebastián Bach (1685-1750). Luego de este momento estelar, el instrumento fue quedando en el olvido, y posteriormente casi no ha habido obras nuevas para él.

Para dar una breve muestra de sus posibilidades, aquí presentamos tres piezas: dos como solista (Bach, la célebre Toccata y Fuga en re menor, y Praetorius) y una como solista con orquesta (un concierto de Haendel).




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