jueves, 4 de marzo de 2010

¿Por qué quieren matar a Gutenberg?

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con la velocidad de un rayo, segundo a segundo, como manda la instantaneidad del sistematizado presente, se habla de la muerte de la imprenta. Con insistencia, algunos hacedores de la prensa y del libro pronostican el final del papel. Incluso, cada vez que un gurú de las “nuevas tecnologías” presenta uno de sus “siempre fugaces” inventos, se ponen a correr editores y directores, tanto de prensa como de libros, tras las pistas de un mecanismo (soporte, fórmula, magia, etc.) que les permita la sobrevivencia en la selva del consumo global. Y me pregunto: ¿por qué quieren matar a Gutenberg? ¿Qué intereses se esconden detrás de todo este asunto que trabaja frenéticamente para quitarle la vida a la imprenta? ¿Acaso en beneficio del conocimiento de la humanidad no pueden coexistir los dos soportes, el impreso y el digital?

Es posible que Umberto Eco haya exagerado cuando aseguró que “Internet es uno se los grandes peligros del futuro”. Sin embargo, son muchas las interrogantes que debemos plantearnos sobre este cambio de paradigma que nos propone (o impone) “ese algo invisible” que maneja las leyes del mercado. ¿Hacia dónde avanza Internet? ¿Estaremos los individuos y los colectivos tendiéndole la alfombra a las grandes corporaciones? ¿Terminará la llamada superautopista de la información convertida en el callejón uniforme del mundo? ¿Qué pasaría si efectivamente cediéramos todos los espacios de funcionamiento exterior al sistema virtual? ¿Qué sucederá el día en que a un gurú se le ocurra apagar la luz? ¿En manos de qué gran poder omnipresente estamos dejando la observación, la crítica y el movimiento?

Internet, como otros muchos inventos, puede ser una vía hacia la comprensión de lo humano y sus múltiples realidades o una bifurcación que conduzca al cementerio de las ideas. Ante cada invento se invierte mucho en hacernos creer que tal cosa nos llevará más lejos en el complejo camino del desarrollo humano. No obstante, resulta paradójico que en éste instante de veloces medios tecnológicos, mayor sea el nivel de estupidización (y vulgarización) de las masas del mundo. Me parece sospechoso el adormecimiento de las distintas sociedades del planeta; todo parece indicar que avanzamos hacia la forma más peligrosa de dominio que haya conocido la humanidad: la sofisticación de la ignorancia.

Las anteriores consideraciones dan lugar a muchos caminos, a innumerables debates. Sin embargo, en este momento opto por lanzar preguntas relacionadas al salvaje intento de quitarle la vida al señor Gutenberg. ¿Desde qué oficina virtual decidieron que la imprenta era un invento sin futuro? ¿A qué sector del poder le interesa que la humanidad camine a paso atropellado? ¿Será que la víctima central de este atentado es la ilustración? ¿Del Siglo de las Luces pasaremos al siglo de la estupidez? ¿Se convertirá la Web en un medio controlado exclusivamente por el poder global que un buen día se inventó el Apocalipsis financiero para mutar su funcionamiento con un fin de dominio superior?

Asumo que con esta crítica más de uno dirá que lo mismo se advirtió cuando surgieron la radio, el cine, la televisión y el teléfono (fijo, móvil, de zapato y demás). Si bien la comparación tiene muchas vertientes (hoy lo nuevo es viejo mañana), me voy a detener en dos. De la televisión para acá se pretende unificar (y banalizar) todas las realidades del mundo. Y, a medida que se desarrolla Internet (cada semana nos cambian la tarjera, el código o la velocidad), se nos quiere vender (o imponer) la idea de que todos los anteriores inventos terminarán siendo engullidos por la Madre Red. Y no nos dejan opción: ¡El día tal quedarán fuera de circulación los aparatos analógicos; si no te cambias: quedarás incomunicado, varón! ¡No le hagas ese daño a tu familia. Y si se lo haces, nunca te lo perdonarán, varón! (Paga y participa en el siguiente paso de la modernidad)

Al ser humano le están reduciendo su capacidad de observación; la necesaria serenidad que requiere toda reflexión está amenazada por una prisa desaforada e irracional. Es posible que detrás de este shock informativo, que hoy es Internet, exista la estrategia de la saturación, del desgaste; quizá el objetivo sea convertirnos en estúpidos (algo peor que zombies). Siempre un imbécil dice sí antes que un rebelde. Habrá que profundizar el pensamiento crítico en función del fondo que debería ser la lógica de todas las formas: lo humano.

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