sábado, 27 de marzo de 2010

Sobre Borges

Rodolfo Bassarsky (Desde Arenys de Mar, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es imposible no reconocer la virtud de Borges. Su talento literario. La extraordinaria habilidad para encadenar los temas de un relato y la estética de lo excelentemente hilvanado y bellamente concluido. Los destellos de su erudición que casi nunca parece presuntuosa a pesar de una modestia que suena deliberadamente exagerada. Entreteje la realidad y la ficción de manera magistral y provocativa: un reto a la inteligencia. Es imposible lograr esta razón y otras sin una conocimiento vasto del pasado y del presente. Es un conocedor profundo de la historia y un erudito profesor de literatura. Es imposible resolver la combinación real/ficticio sin ser un poeta y un agudo inventor. Un creador imaginativo cuyas ideas fluyen una tras otras en cascada interminable. Sin embargo Jorge Luis Borges suele ser con frecuencia un escritor lejano para gente común y aún para muchos que pertenecen a la elite de intelectuales esclarecidos. Nadie desmiente la grandeza de Mahler pero pocos se conmueven con su música. ¿Quién discute el valor de Borges y cuántos vibran con sus versos o su prosa? Pero todos pretenden ser conocedores críticos de su obra. La fama y el prestigio del escritor son funcionales a la vanidad de muchos que, so pretexto de analizarlo, lo descuartizan en beneficio propio. Este encuentro muchas veces agresivo entre grandeza y miseria es quizás un rasgo que forma parte del “ser nacional” argentino.

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