viernes, 30 de abril de 2010

Cuentos lingüísticos

Gustavo E. Etkin (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Eleuterio y el significante

Apresado por el significante, Eleuterio corrió largamente.

Había descubierto la estructura y el lugar en cuyo borde se balanceaba para no caer en lo real. Consiguió aceptar que estaba absolutamente determinado. Era un objeto con nombre, una cosa entre dos palabras. Saber que le causaba gozo, porque sabía que sabía (que no sabía, añadía luego con socrática modestia).

Ocupaba, por lo tanto - fugazmente y de manera incompleta, claro - el lugar de la verdad. Por eso, aunque apresado, determinado y ensuciado por aquella posición que lo situaba en gallinera ley, observaba con escéptico regodeo a los que no sabían que no sabían.

Su análisis había terminado y atravesó lo que tenía que atravesar: significante barriga picante que en el culo tiene un brillante. Luego, si brillantemente sustituimos significante por vigilante encontramos que el significante...¡¡vigila!!

Vigila causado por su brillante agalma.

Chocolate por la noticia, claro, pero ¿con eso qué? Porque chocolate puede fragmentarse dando origen a múltiples cadenas (deslizamiento infinito) hasta que se articula y organiza en sus points de capitón, por ejemplo:

clo
CHO

cho

Es decir, un viejo con el choclo chocho (lo cual evidentemente alude a un padre castrado). Así que:

rrer

CO mer

ger

son significantes que nominan el desplazamiento en acto de Eleuterio (que corre) permitiendo completar los anteriores semantemas que así ellos determinan, aunque enfatizando la potencia que después - lectura aprecoup - devendrá en chochera.

LATE

Corazón y pene. Aparentemente, la fálica vida, aunque en éste caso no late (sigue el aprecoup).

Pero también:

LA: artículo femenino
TE: ¿daré o infusión?, es decir ¿te daré té o qué?, todo lo cual puede leerse: PADRE CASTRADO CUYO PENE ESTA MUERTO DESEA DARTE UN TECITO. Pero en LA se abre camino a la sospecha: ¿será un tecito o qué? Y además... QUIEN desea? Obviamente el que lo dijo. Enunciación. En éste caso el que dijo “chocolate por la noticia”, así que tomá, tomá y tomá.

Aunque, como bien se sabe, el sujeto - intersticio decapitonado que se desliza por el deslizamiento infinito de la cadena - huye permanentemente de esa sobredeterminada verdad.

Es inútil, por lo tanto, que intente aferrarse al vacío ojo de Dios (el ojo no tienen manitos), palabra que vanamente intenta obturar el abismal espacio del deseo.

Será por lo tanto Eleuterio quien desde su sabia maratón anunciará de esa forma la verdad, por lo que será denunciado. El que anuncia denuncia (la carencia, el hueco, el agujero) lo cual debe ser reprimido. Porque, ¿quién soporta la denuncia de la ausencia desde una ausencia de denuncia por cuanto el que-portavoz de la verdad-no denuncia nada de si, ya que su misma enunciación parte del reconocimiento de la falta, reconocimiento que obtura el agujero por el solo hecho de nombrarlo ?. Modestia y riesgo del sabio. Socrática modestia - como se oyó -y valiente riesgo del que es reconocido como verdadero enemigo del Orden cuando significante en ristre arremete impoluto (pero varón) contra la masiva retórica de la cotidianeidad, contra la barroca insistencia de la opresión (en todas sus formas).

¿Judas espectador? (ojo: el ojo siempre traiciona). Cristo, que trágicamente sobredeterminado por el Espíritu Santo, representa nuevamente a través de Eleuterio la verdad crucificada y que cada vez más rápido sobre el trineo de los significantes se desliza de articulación en articulación a cumplir con su destino?

El Nombre del Padre: Atila, Moisés, Hitler, Bush, Miami, Islas Falkland. ¿Cual será el lugar que el Otro le tiene reservado para soportar el libre calvario de quien desea seguir siendo libre para ofrecerse como agujero a la verdad, o sea que es Hijo de Dios, Edipo mediante ?.

Una epistemológica (pero no por ello indigna) ansia de verdad lo elevaba, enhiesto como el falo, constituyente de por si. Es por ello que a pié o en trineo recorría - literalmente - muy erguido los vericuetos del ser con una leve sonrisa de alcanzada victoria y un monóculo estreñido (pero no por ello desajustado) del que colgaba con cierta languidez, movido por la brisa del tintineante repicar de los significantes que se le introducían por el intersticio, un pequeño cordón de terciopelo negro rodeado por un filigranado y sincrónico hilo de oro.

En fin, que Eleuterio, vieja lavandera - limpiamocos de pañales y limpiacacas de pañuelos - deseosa de Orden y Reconocimiento, quería ser dotor.


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Hernán y el significado

Sus pasos sonoros y secos, el taco cortaba la vereda, pero Hernán dudaba.

¿Tendría un E.C.R.O., un Esquema Conceptual Referencial Operativo o un Aparato Psíquico? ¿Cómo era su interior, su esencia? ¿Cuál era su más íntima sustancia? Quién era él? Un hombre concreto - asumida síntesis de sus múltiples sobredeterminaciones - o un hombre abstracto, una nada enajenada y enajenante? Tener un E.C.R.O. era saberse dotado de un Esquema Conceptual Referencial y Operativo, operatividad que implicaba la praxis por medio de la cual, como todos saben, uno se des-aliena a través de la síntesis teórico-práctica transformadora del medio social, cambio que también revierte dialécticamente - como se sabe - en el mismo agente de la praxis, E.C.R.O. mediante, lo que permite conductas no disociadas, una personalidad equilibrada y una ética holística integrada en la totalidad.

Sus dudas aumentaban. Masticaba rápidamente el chicle.

¿Y si tenía adentro un Aparato Psíquico, ese maldito invento de la burguesía, como decía don Corderón, el rabino emancipado? En ese caso sería un hombre abstracto, vacío, liviano, “mobile cual piuma al vento”, una simple cosa, un objeto del Ello castigado por el Super-Yo y un Yo sumiso, desgraciado y débil, al servicio del Principio del Placer. Alienado.

Decidió comprar una pipa, y mientras la elegía siguió pensando que eso no sería lo peor. La misma palabra “abstracto” implica que algo fue abstraído, traído de, o sea sacado afuera de un lugar donde estaba. Y cuando eso sucede en ese lugar no queda nada. Un vacío, un agujero, nada. Y si bien todos podemos tener un agujero, tenemos agujeros, finalmente debe reconocerse el problema - y el peligro - es que esos agujeros pueden ser llenados. Por lo tanto, si uno es un hombre abstracto puede ser penetrado por cualquier ideología en general. O por un soldado. O por los marineros.

Hernán apartó con violencia la pipa y transpirando, temblando y buscando aire salió del shopping.

Cuando puso orden se tranquilizó. Para eso lo mejor es clasificar y diferenciar. Así que clasificó y opuso:

LO CONCRETO
Lo Proletario
Lo Vivenciado
Lo Holístico Total
Lo Civil
La Pareja Madura
Lo Genital
Fanon, Laing, Cooper, Pichon Riviere
Lo Natural
Lo Espontáneo
La Exterioridad Solidaria
Lo Social
Lo Democrático
Lo Objetivo

LO ABSTRACTO
Lo Burgués
Lo Intelectualizado
Lo Dividido Incompleto
Lo Militar
La Promiscuidad Inmadura
Lo Perverso
Borges, Freud y Lacan
Lo Artificial
Lo Calculado
El Intimismo Egoísta
Lo Individual
Lo Dictatorial
Lo Subjetivo
Feliz y exaltado, se dio cuenta que no había más velos entre él y la plusvalía. La posición que ocupaba en la estructura de las relaciones de producción no había podido con su lucidez. Sumergido, empastado, interpenetrado, osmotizado, confundido en lo concreto, había vencido la alienación. Hernán chapoteaba en lo concreto. Ya no más disociación, fragmentación, atomización., pulverización, spray, gas, aire, nada. Ahora la mismidad. El mismo asumido en la objetividad, reconocido en la praxis. Él igual a él.

De todas maneras, no estaba conforme. Seguía dudando. Se asumía como concreto, pero no podía dejar de reconocer que para ello necesitaba clasificar y ubicarse, operación que no es tan concreta como lo concreto en sí. Y si bien el fin puede justificar los medios maquiavélicamente, como decía Sartre los medios determinan el fin. Con lo que-en éste caso-el fin, lo concreto, estaba contaminado, contagiado de abstractez. Entonces él era un concreto abstractificado. O sea un concreto a medias. O sea un concreto/abstracto. Pensar en la dialéctica no lo calmaba. ¿Y si en lugar de una contradicción era una incoherencia ?. ¿Y si esa incoherencia era inevitable resultado de un estilo de vida alienado, parcializado, fragmentado y disociado?

El quería, aspiraba a ser un hombre-concreto-en-si (de vuelta de un para-si inevitable y alienado) sin fisuras, sin intersticios, sin vacíos por donde sinuosamente puedan infiltrarse ideologías disociantes.

Lo hablaría con su pareja. Comunicarse. Autenticidad. Emoción. La autenticidad se vivencia en la comunicación porque lo que importa es eso, la comunicación. Sentir y mostrarse auténticamente, como uno es, así, sin vueltas.

Sensible y directo, como la naturaleza y los obreros.

Se dio cuenta entonces que entre él y su aspiración se interponía una palabra. Precisamente, la misma palabra que la designaba: “concreto”.

Escupió el chicle y se apuró. ¿Cosas concretas? ¿Soluciones concretas? ¿Las cosas son soluciones? ¿Las soluciones son cosas? Debía reconocerse que - por ahora - lo concreto era solo una palabra.

Se dio cuenta que lo que volvía abstracta la palabra “concreto” eran las vocales, esos vacíos que seguramente eran culpables de algunas palabras sospechosas. Había entonces que apretarla, sacarle el aire y volverla densa. Era difícil, pero apretando la nariz lo consiguió. El era un hombre cncrt.

Pero fue entonces que, horrorizado, tuvo que admitir que todas las otras palabras tenían vocales.

Durante una semana probó hablar y pensar sin vocales. Cuando por el esfuerzo de tratar de pensar sin vocales se dormía continuamente, y su familia decidió internarlo en la clínica de un psiquiatra progresista, antes de darse por vencido, una noche muy tarde despertó a su maestro Don Corderón para decirle que no podía, que cedía a la tentación y pedirle que lo absuelva.

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