viernes, 30 de abril de 2010

La justicia siempre en contra nuestra

Víctor Ramírez (Desde Canarias. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

De pronto cambiará de asunto abruptamente Azarug. Cambió aunque con el mismo esencial contenido: ese paralizante y corruptor miedo que embarga nuestras almas de colonizados ante la arrogancia intolerante del español invasor.
Y habló de la anunciada huelga por los funcionarios de Justicia aquí, en La Burbuja, huelga que no se llevará a cabo. Nunca olvida él que su campesina abuela materna se volvió loca por culpa de la denuncia de un vecino abusador, y volvió a contarlo.
Ese vecino abusador, como canario mísero codicioso que era, es decir envilecido, se aprovechó de la viudedad de mi abuela para pasarle una tubería por el cachito de tierra de su propiedad. Se la pasaría sin haberle pedido permiso. (Azarug tragó saliva. Noté que procuraba humedecer la boca, para no añusgarse. Y continuaría hablando)
Mi abuela se la rompió con una azada. El vecino abusador la denunciará a los guardias civiles, que sin contemplaciones la condujo al cuartelillo del pueblo: caminando desde tan lejos y solita entre aquellos dos uniformados tan temidísimos por los maúros. (Parecía Azarug ir a dejar el amargo recuerdo, volver al asunto concreto del anuncio y de la convocatoria de huelga judicial. Pero continuó)

Imagine usted, señor Víctor, cómo quedaría la pobrecilla maúra ante gente tan temida, ante gente impunemente poderosa que ocasionaba pánico desde lejos, desde tan simplemente nombrarla. Había sido denunciada por destrozo de propiedad ajena.
Y tuvo la infeliz que ponerse a vender su vaca para pagar al tan lejano y desconocido abogado capitalino que la defendiera. Ese abogado era uno de esos arrogantes fuereños que suelen enriquecerse hasta más allá del hartazgo a costa de los míseros guanches que pueblan los campos.
Por ahí andan los descendientes de ese maldito abogado, ya fallecido y sin haberse podido llevar al más allá la tantísima riqueza adquirida tan abusiva y arteramente. Por ahí andan ufanos e incluso algunos de ellos presumiendo de prístina canariedad -pero más españolistas que el carajo, por supuesto- aprovechándose de los maldecidos frutos de tales expolios.

(La madre de Azarug, hija única, confesó a éste que la vieja todas las tardes rezaba a la Virgen del Pino bendita -que, para colmo, es capitana general del ejército invasor. Rezaba ella pidiéndole que alguien comprare la vaca y así poder pagar las quinientas pesetas de aquellos tiempos al voraz abogado fuereño capitalino.

Aquello ocurrió a principio de los años cuarenta, y no sabe Azarug cómo acabó el tal juicio. Acaso ganara la infeliz. Lo que en verdad sí ocurrió fue que la abuela de Azarug quedaría dañada de mente tras la maldita experiencia policíaca-judicial.

Quedó dañada hasta su muerte, ya bastante anciana. La justicia siempre está en contra nuestra, en contra de los guanches).

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Por lo leído, señor Víctor, entre las reivindicaciones de los prehuelguistas judiciales está la inmediata dotación de entre 200 y 300 plazas más de funcionarios. Esto es para temblar, señor Víctor. Porque esto significa más españoles invadiéndonos. Esto es lo que significa toda supuesta mejora económica social por aquí.
A nadie notorio parece preocupar cuánto crecen imparables la pobreza y el desánimo entre canarios verdaderos, los canarios que sí descendemos directos de los precoloniales con mayor o menor, más bien menor, mestizaje: ahí están los árboles genealógicos de quienes descendemos de campurrios para confirmar lo que digo, señor Víctor. Y que se acabe la tontería maleva de la españolidad de los apellidos, pues éstos fueron impuestos: ¿no se llamaba, por ejemplo, Pedro Martín Buendía, en 1496, el guanche grancanario que mató cobardemente al heroico Tinguaro en La La-guna?

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Entonces intervino Akli, joven universitario licenciado en Historia que lo que sabe de Canarias hubo de aprenderlo fuera y a pesar de la Universidad, joven que gana algunas perritas trabajando de camarero o de taxista o de lo que se tercie, menos en la enseñanza -a la que aborrece visceralmente.

Y dijo: Cuando ya hasta se publica sin tapu-jos que hay academias españolas que fletan aviones para que sus alumnos vengan a la colonia a realizar las oposiciones, uno casi acaba deseando que una catástrofe convierta a nuestra Patria en un infierno: a ver si así deja de ser un paraíso, paraíso siempre para los otros, para gentes de fuera, con algunas migajas engañadoras y traidorizantes para algunos que otros canarios, canarios siempre prestos a la sumisión, que para eso criamos alma de esclavos desde más allá de la cuna.

(Había señas inequívocas de prevención en la voz y en los gestos de Akli. Y hablé:

Sabe uno, por experiencia lectora, que el servicio público en el mundo que nos toca vivir ha sido y es, y será, servicio a la casta dominante.

Se sirve a esta casta contra el pueblerío; y, mientras, se aprovecha uno del puesto funcionarial para también medrar económicamente a costa de ese pueblerío).

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