jueves, 8 de abril de 2010

Recordando a Malvinas

Beatriz Paganini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

__ No se saben las bajas totales producidas en el día de hoy, 28 de mayo, pero sí hay noticias que hubieron combates y los muertos son de ambos bandos-dice el locutor.

__ Mamá, apagá por favor, es peor escuchar-pide Celia

__ Si, tenés razón, así no me voy a enterar. No dan los nombres de los soldados heridos o muertos.

Entra un señor y se abraza a ella llorando.

__ ¡Daniel! ¿Qué pasa? ¿Tenés noticias?

__ No, pero no puedo estar en casa, Florencia llora todo el día.

__ Si, no es justo- contesta Ladi se han llevado a los más jóvenes, a nuestros muchachos por la vanidad de jugar a la guerra.

__ ¡Son unos asesinos! Mandan a la muerte a sus propios compatriotas. ¡Canallas! ¡Hijo de mil puta, si le pasa algo a mi hijo te juro que lo mato a ése borracho!

Cuando llegué a esta parte y leí lo que había escrito el doctor Alejandro con su letra clara y personal, creí que yo dejaba de respirar. Sentí como un golpe en medio de los ojos, tuve que cerrarlos y no recuerdo que tiempo pasó hasta que los abrí.

Volví a leer y, efectivamente:

¡Alejandro escribió lo que mi padre Daniel Gudman, tío de Ladi, había gritado entre sollozos un día de mayo del año 1982!

Mi hermano Benjamín, soldadito conscripto argentino estaba combatiendo en las islas Malvinas.

Por suerte mi padre ignoraba, en ese momento, que pasaba hambre y frío, porque el Comando Argentino ni siquiera los había provisto de ropa adecuada para soportar el cruel invierno en zonas tan australes.

Sólo diré que un día de mayo de 1982, mi hermano moría en Malvinas.
Descansa en paz hermanito.

¿Te acordás, cuando me fuiste a ver a la escuela, con mamá y papá?

Yo teatralizaba con otra alumna la poesía “Hermanita Perdida”, y mi doble orgullo era porque me llamo Malvina.

Vos me ayudaste a memorizarla y, al final, la aprendimos los dos.

Yo tenía siete años y vos dieciséis.


La hermanita perdida

De la mañana a la noche,
de la noche a la mañana,
en grandes olas azules
y encajes de espuma blanca,
te va llegando el saludo
permanente de la Patria.

Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Amarillentos papeles
te pintan con otra laya.
Pero son veinte millones
que te llamamos: hermana...
Sobre las aguas australes
planean gaviotas blancas.
Dura piedra enternecida
por la sagrada esperanza.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.
Malvinas, tierra cautiva,
de un rubio tiempo pirata.
Patagonia te suspira.
Toda la Pampa te llama.
Seguirán las mil banderas
del mar, azules y blancas,
pero queremos ver una
sobre tus piedras, clavada.
Para llenarte de criollos.
Para curtirte la cara
hasta que logres el gesto
tradicional de la Patria.
Ay, hermanita perdida.
Hermanita, vuelve a casa.

La hermanita perdida
Letra de Atahualpa Yupanqui

Ahora una cruz blanca te señala con otros soldaditos y, yo, hermano todavía no he podido llevarte unas flores y nunca volverás a casa. Pienso en tus jóvenes dieciocho años, ahora tendrías cuarenta y dos.

No te dejaron vivir, te mató una guerra injusta por la vanidad de unos salvadores sicópatas.

Cierro los ojos y te mando un beso grande, grande, que vuela, vuela y llega hasta la cruz blanca de tu tumba.

Te recordaré siempre y te llevo anudado a mi nombre, Malvina.

Páginas del Capítulo. III de la novela “De Úbeda a Santa Fe”.

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