jueves, 8 de abril de 2010

Singular museo cubano del Ron recibe un millón de visitantes

XINHUA

Más de un millón de personas han visitado el habanero Museo del Ronuna, instalación que recién cumplió diez años y que atesora una parte de las tradiciones culturales de Cuba.

Fundado el 31 de marzo de 2000, la instalación promociona sobre todo el emblemático ron Havana Club, la más conocida marca de ese tipo de bebidas alcohólicas producidas en la isla desde 1878.

El Museo está situado en un edificio de tres plantas construido en el siglo XVII y entonces propiedad del Conde de la Montera en la Avenida del Puerto a unos metros de la bahía en la parte más antigua de La Habana declarada por la UNESCO como Patrimonio Universal de la Humanidad en 1982.

El ron cubano tiene su origen en la introducción en la isla en 1513 de la caña de azúcar traída a América por Cristóbal Colón en su segundo viaje al Nuevo Mundo en 1494.

Esa caña plantada en las condiciones del clima tropical de la isla, se convirtió en la materia prima del azúcar y de las mieles o melaza que se convierten a través de un complejo proceso de fermentación, destilación, filtración, añejamiento, mezcla y embotellado en los exquisitos rones cubanos. Pero la historia del azúcar es también la de la esclavitud porque para producirla se necesitaba de mucha mano de obra barata encontrada en África de
donde fueron trasladados en los barcos negreros millones de personas para convertirlas en esclavos entre los siglos XVII y XIX. Esos esclavos eran los encargados de cortar la caña y trasladarla hasta los trapiches una especie de masas rotatorias de madera a modo de exprimidores para extraer el jugo o guarapo, operación que primero se hacía de forma manual y después mediante tracción animal.

Con la introducción de la máquina de vapor en 1820 la industria azucarera cubana experimentó un gran paso de avance surgió el ferrocarril y los trapiches se transformaron en ingenios que posibilitaron un incremento notable de la producción del dulce.

El Museo muestra una miniatura de un batey, el pequeño pueblo que se constituía alrededor de los ingenios, como se llama en Cuba a las fábricas de azúcar. Desde una vista superior, la réplica permite apreciar un batey donde funciona un pequeño ferrocarril que circunda las distintas áreas e instalaciones del central, desde el basculador hasta los almacenes de azúcar y las edificaciones aledañas para oficinas, el comercio y las casas de familia.

En otra sala se aprecian unos grandes tanques de madera de roble blanco americano -hoy en la industria son de acero inoxidable- con capacidades para 22.000 litros, donde las mieles a través de la fermentación con aguas tratadas y levadura se convierten en vinaza, que es el cambio del azúcar en alcohol.

Concluida la fermentación, las mieles están listas para ser destiladas en columnas tradicionales o alambiques que logran purificar los alcoholes y aguardientes de aldehídos ácidos y otras impurezas.

Los alcoholes de entre 94 y 96 grados se colocan en los barriles de añejamiento por un período no menor de 18 meses. Sólo después de este proceso se produce la magia de los maestros toneleros quienes ponen en práctica experiencias y conocimientos en la mezcla de rones de diferentes tipos de edades para lograr las características inconfundibles del Havana Club, considerado uno de los cien rones mejores del mundo.

En la instalación, visitada principalmente por turistas de Alemania, Francia, Inglaterra, Canadá, España e Italia, también se ofrecen clases de coctelería, una degustación especial del Havana Club y la feliz combinación del licor con el tabaco y el café cubanos.

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