miércoles, 12 de mayo de 2010

Cine: Nykvist en la trasescena

Jesús Dapena Botero (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)


A mi entrañable amigo, el abogado Álvaro Sanín Posada,
ex director del cineclub Ukamau,
quien me hizo saber que Nykvist existía.

Saber que una película era hecha con la cámara de Nykvist, para los cinéfilos, era todo un signo de calidad, siempre deseosos de saber de lo enigmático de su fotografía.

Bien sabíamos de todo lo que había colaborado co el mismísimo Ingmar Bergman, para adentrarnos en los meandros de las almas de los personajes de aquel fascinante maestro de la linterna mágica.

Y un buen día me topé, en la Biblioteca Municipal de Vigo, un documental de Kerstin Eriksdotter, el ayudante de dirección de Sacrificio, filmada en Suecia, en 1986, por Andréi Tarkowski, con la colaboración del famoso fotógrafo de Bergman, quien nos invita a inmiscuirnos en la trasescena de la obra del director ruso, para acercarnos a la intimidad del trabajo de Nykvist y su equipo de colaboradores, lo cual podía acercarme a la revelación del enigma tantos años atrás planteado, para lograr entender como de una manera tan mágica, este fotógrafo nos donaba escenas llenas de naturalidad y sencillez.

Sin duda, el fotógrafo sueco es un hombre de altas dotes intelectuales, con una excelente formación académica, quien había aprendido de su padre, un misionero protestante, acerca del cine y la fotografía, aficiones que fueran bastante estimuladas en el chico por su puritano medio familiar, lo que lo llevaría a perfeccionarse en su arte; desde el vamos, el joven Nykvist dio cuenta de unas dotes extraordinarias, a pesar de que cuando quiso lanzarse al mundo del cine, su familia rechazase esta opción por considerarla un oficio poco digno; sin embargo, el joven no se arredraría y así se convertiría en ayudante de cámara para la Sandrews, camino que lo conduciría a llegar a ser director de fotografía en el cine sueco, con cintas de bajo presupuesto o hacer documentales, en el Congo, sobre tribus primitivas o trabajos fílmicos sobre el benevolente Albert Schweitzer, lo que le acarrearía el beneplácito de su religiosa familia, la cual - ¡al fin! -comprendía que el cine podía estar al servicio de los seres humanos más desfavorecidos, lo cual no era cosa de poca monta.

La perseverancia conduciría a Nykvist a tener la oportunidad de rodar con Ingmar Bergman, en 1953, la película Noche de Circo, con lo que se le abrirían las puertas de una constante relación, como uno de los integrantes definitivos del equipo técnico del gran director, quien prefería trabajar con un grupo fijo y reducido, conformado por personas de su entera confianza. Nykvist encontraría en Ingmar Bergman todo un maestro del cuidado en los detalles más minuciosos, lo cual le haría progresar en grande en su trabajo como fotógrafo, a la par que definiría todo un estilo estético, marcado por un gran realismo y una exquisita sencillez, que lo haría recibir el Óscar por su trabajo fotográfico en Gritos y Susurros en 1972, una llave que le abriría las puertas para poder colaborar con otros grandes maestros del cine como Roman Polansky en El inquilino (1976).

Ahora, entonces, se le abrirían las puertas de un Hollywood donde aprendería la utilización de los últimos avances técnicos en iluminación, sin que, por ello, se apartara nunca de su estilo particularmente austero, con el que lograba imágenes de una belleza sin par.

Fue así que más allá de Bergman y Polansky, trabajaría con directores de la talla de Louis con La luna negra en 1975, de Woody Allen, con quien realizaría varios filmes hasta lograr un nuevo Óscar en 1981, con la nueva película de Bergaman, Fanny y Alexander y hacer con Andréi Tarkovsky a Sacrificio en 1986.

Toda esa experiencia, lo llevaría a hacerse merecedor de la cátedra de fotografía de la Universidad de Arte Dramático de Estocolmo, donde compartiría sus conocimientos con los estudiantes de fotografía sobre su particular tratamiento de la luz y transmitirles el conocimiento adquirido en una larga práctica de toda una vida, dada su dedicación completa a su labor de fotógrafo.


Algo de ello podemos aprovechar en el hermoso documental de Kerstin Eriksdotter, quien nos adentra en el estudio en el que se filma Sacrificio de Tarkovsky paa darnos una bella lección sobre la confección de dramáticas escenas, realizadas con una fotografía impecable, que el director se dispone a ambientar con la delicadeza que lo caracteriza, como las de la toma de un bodegón en una ventana, que casi pareciera ser una obra maestra de la pintura.

Para llevar a cabo su arte, Nykvist se compenetra con el guión, tras una cuidadosísima lectura, para poder así captar bien la atmósfera que debe transmitir y crear lo que él llama un ambiance, algo que había aprendido con Bergman, a través del uso de determinados tipos de luz, que sirven para ambientar una historia con tonos particulares sean éstos oníricos, vívidos, mortecinos, claros, oscuros, nublados, violentos, bruscos, primaverales, pálidos o calmos, pues hay muchas maneras de usar la luz para acompasar la narrativa.

Es algo que se logra perfectamente en Persona, cinta en la que la relativa falta de diálogo hace la narración que tenga que sostenerse desde el ambiente y el clima visuales que se crean, dada la naturaleza etérea de la historia.


Entonces, hay que lanzarse a todo un juego de luces, que permita encontrar cuál ha de ser el correcto para la exposición, para captar tanto como a las sombras, en un equilibrado claroscuro, a partir de una luz que el fotógrafo llama la luz principal, la más potente, la de mayor intensidad, que determina donde han de ir las secundarias, las de relleno, que sirven para borrar un poco las sombras provocadas por la luz principal, ya que, según dicen los colaboradores del gran fotógrafo, Nykvist es alérgico a las sombras y de ahí que prefiera una luz cenital, que se logra desde arriba, por encima de la escena, para que las sombras se proyecten sobre el suelo, tipo de luz muy útil cuando se pretende iluminar una escena general y obtener escenas como ésta, de otro autor pero tan del estilo de las alcanzadas en Persona:


El cuidadoso Nykvist nos explica que no se puede iluminar los fondos sin más, que hay que preparar la escena desde antes, para determinar cuál ha de ser la luz principal y luego incluir a los actores para no tener que trabajar el doble y hacerlo con eficiencia, ya que al hacer una iluminación e intentar arreglarla es como meterse en un berenjenal y muchas veces resulta mejor desmontarlo todo y volver a empezar.

Por ello, se precisa que juntos, el director y el fotógrafo, repasen previamente todas las escenas para lograr un esquema de los movimientos que han de realizarse y trazar las directrices para que luego cada uno vaya a lo suyo.

Así las cosas, Nykvist estudia todos los focos de luz que hay en un ambiente, para después incluir las luces de relleno y saber rodearse de un equipo con gente que sepa hacer muy bien su trabajo, en equipos pequeños que requieren de la estabilidad de los colaboradores.

Con un grupo de esta naturaleza pude lograrse realizar lo que se quiere, así podrá determinarse donde han de morir las luces, si se pretende dar la sensación de estar en un atardecer.

Para ello ha de saberse cuándo ha de usarse un filtro lumínico o qué voltaje, potencia o intensidad debe tener una fuente de luz.

De ahí, que los operadores deban tener que manejar su técnica a la perfección pero no bastan los tecnicismos porque han de ser personas tan sensibles que puedan apreciar profundamente los sentimientos que el guión quiere transmitir para traspasarlos a la fotografía.

Por lo tanto, ha de haber una excelente comunicación entre los miembros del equipo, para lo que se requieren unas excelentes relaciones entre ellos y el director fotográfico, quien ha de ser consciente de que es preciso explicarlo todo, advertir y esclarecer cada detalle, hablar sobre como se sienten las cosas, para así poder conseguir lo que se desea y mostrar lo que verdaderamente interesa al fotógrafo; en fin, es preciso discutir muy bien cada propósito por el camino.

Antes de la experiencia hollywodense, Nykvist trabajaba con focos pequeños, con redheads, lámparas equipadas con luz de tungsteno, y lámparas corrientes con pantalla que ofrecen al ambiente luces difusas y si bien, medía los contrastes entre las luces y las sombras, evitaba el mucho tecnicismo puesto que éste puede llevar a una realización monótona y homogénea, que hace que todas las películas resulten iguales, cuando la virtud más crucial de un director de fotografía es poder adaptarse al estilo de cada filme y de cada director.

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