viernes, 7 de mayo de 2010

El fantasma de la guerra nuclear

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un nuevo capítulo parece abrirse en las relaciones internacionales. En Latinoamérica se respira un poco mejor. A Hugo Chávez no le espera el destino de Salvador Allende y a Fidel Castro el de Sandino. En fin, poca cosa, se juega el destino de la humanidad.

Caída la URSS en 1991, el peligro de enfrentamiento militar atómico pareció disiparse. Uno de los dos grandes contendientes tiraba la toalla y este superpeligro agudo propio de la guerra fría pasó de agudo a crónico. Mientras dos estados o más, sean capitalistas, comunistas o teocráticos, puedan causarse heridas mortales, el peligro se mantiene. Así, el entonces premier de Rusia, Boris Yeltsin, descontento con declaraciones de Bill Clinton, afirmó que su país “posee un arsenal completo de armas nucleares [y] no es conveniente que [Clinton] lo olvide ni por un minuto, ni por medio segundo” (09.12.99). Fue dicho durante una visita de Yeltsin a China, lo cual le prestó especial relevancia. “Vientos de guerra fría soplaron ayer por Pekín”, comentó el periódico español “El País” (10.12.99).

La idea es que los cambios políticos, por favorables que se muestren, no cancelan una situación de hecho. Así, Margaret Thatcher se refirió al proyecto de “librar por completo de armas nucleares al mundo. Eso me parecía [recordó que había dicho en 1984] un sueño inalcanzable; no se puede ‘desinventar’ el conocimiento que se requiere para la fabricación de tales armas” (Selecciones, 11.94). Margaret Thatcher, premier inglés, dando muestra de un pensamiento realpolitik que le valió el apodo de “dama de hierro” y tres periodos seguidos como huésped de Downing Street.

¿A eso nos lleva el nuevo capítulo en las relaciones internacionales a partir de la caída de la URSS, a saber: un mundo multipolar donde la hegemonía de EU permanece condicionada de distinta manera: mientras alguna o algunas naciones conserven la capacidad de respuesta nuclear. La llegada de un presidente negro a la Casa Blanca, demócrata, que se dice de tintes liberales, ha hecho renacer con fuerza los anhelos de una paz duradera exigiendo la destrucción de las armas nucleares. Junto a otras causas, sean revolucionarias o reivindicativas, lo reclaman en las calles y desde mil pronunciamientos. No puede ser de otra manera, es la supervivencia de la humanidad lo que está en juego. Por su parte, algo en EU se ha logrado: por disposición presidencial, ha quedado suspendido el proyecto bautizado como “Guerra de las galaxias”, basándose la trama tanto en el libro del escritor inglés H. G. Wells como en la película y la serie televisiva del mismo nombre. Se trata de blindar el espacio aéreo de Estados Unidos de modo que cualquier misil lanzado en su contra, rebote y pierda toda eficacia. ¿Cuál es el problema? El elevado costo y las dudas sobre sus resultados. Finalmente, Bush lo autorizó… y Obama acaba de congelarlo.

Y bien, todo esto tiene lugar con el telón de fondo del traspaso presidencial en EU, cuando la política internacional, decíamos, sufre una revisión al más alto nivel, y ni qué hablar, el capítulo dedicado a los aspectos militares. No sólo queda suspendido el costoso proyecto “Guerra de las galaxias” sino también las bases de cohetes dispuestas a pedido de EU en Polonia y la República checa. Es el paso de una política internacional de Bush a la de Obama, de una republicana a otra demócrata, si bien las bases en países del este de Europa son canceladas por el mismo Bush, ya con un pie fuera de la Casa Blanca. Este impasse no durará mucho tiempo y acabará por definirse en uno u otro sentido, los caminos para la paz son múltiples pero no menos lo son los caminos para la guerra. Cuando el largo y sangriento conflicto armado de Vietnam de los años sesenta y setenta, se dio la misma confrontación entre quienes querían la guerra y quienes estaban por la paz. Acabaron imponiéndose éstos y un presidente de derecha como Richard Nixon, republicano, se vio obligado a dar luz verde a las iniciativas de paz. La esperanza es que un gobernante como Obama no lo sea menos, tanto en poner fin al conflicto de Irak como en crear los mecanismos necesarios para acabar con el peligro nuclear crónico. No se puede ‘desinventar’ el conocimiento de esa tremenda fuente de energía, como enfatizaba la “dama de hierro” pero se pueden ‘inventar’ las maneras de utilizarlo para una nueva y más justa sociedad. Ocurre sin embargo que Obama con una mano quita soldados en Irak y con la otra envía soldados a Afganistán… insistiendo en dar una salida militar a un conflicto regional que solamente puede resolverse en la negociación.

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