viernes, 21 de mayo de 2010

La playa cubana de Agnés

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace un par de semanas se estrenó en Buenos Aires la última película de la realizadora francesa Agnés Varda titulada “Las playas de Agnés”

Se trata de un auto retrato testimonial en el que, volviendo a las playas que han sido parte de su vida, comparte con humor y emoción sus comienzos, su feminismo, su larga relación de pareja con Jacques Demy con el que tuvo dos hijos, y sus viajes a Cuba, China y Estados Unidos.

Agnés, considerada la “abuela de la nueva ola francesa”, nació en Bruselas, Bélgica, el 30 de mayo de 1928. Quince días después nacía en Rosario, Argentina, Ernesto Che Guevara. Una coincidencia que luego comentaremos.

Arlette, así la bautizaron sus padres; él griego, formaba parte de los que habían emigrado de Asia Menor, y ella francesa. Estudió fotografía, pero luego la apasionó el cine. Su primera película “La Pointe Courte” (1954) narra la relación de una triste pareja en una pequeña ciudad y es una expresión precursora de la “nouvelle vaugue” francesa, que la vincula a Marguerite Duras y la posiciona a la izquierda, con simpatías con los movimientos anticolonialistas del Tercer Mundo.

La conocí en 1963 viajando a Praga desde La Habana, luego de un frustrado intento para concretar un Frente de Liberación que lideraran Alicia Eguren y John William Cooke, y que contara con el apoyo del Che. Ella, por su lado, venía maravillada de esta experiencia político-cultural que era la Revolución Cubana. Había obtenido más de 1.800 fotografías y entrevistas fílmicas con dirigentes del proceso revolucionario. La acompañaba el cineasta Chris Marker.

Con gran esfuerzo, por nuestra diferencias lingüísticas, logramos comunicarnos, y en ese largo viaje –más de doce horas en un viejo avión ruso de Cubana de Aviación– nos intercambiamos las respectivas experiencias por las que atravesamos, ella en su visita y sus contactos con el pueblo cubano y yo al conocer ésta, la mejor experiencia de transformación revolucionaria en una sociedad latinoamericana en el Siglo XX, que, sin duda, nos determinaría a toda nuestra generación, definitivamente.

La recuerdo como una mujer hermosa; me llevaba 12 años y tenía una mirada penetrante, como sus observaciones sobre lo que había vivido en la isla del “lagarto verde”. Le había impactado la campaña de alfabetización y la alegría con la que los cubanos enfrentaban las dificultades. La agresión norteamericana ya se había hecho sentir, primero en el intento de invasión en Playa Girón en abril de 1961 y luego en la llamada “crisis de los cohetes”; pese a ello había obtenido hermosas filmaciones de los bailes populares, y de músicos entrañables de la llamada “vieja trova”, como Benny Moore.

Nos intercambiamos direcciones y teléfonos; yo lo hice violando expresas normas de seguridad pero me trasmitía la certeza de que no caerían en manos de los “servicios”, que, por otra parte ya sabrían todo lo que había pasado en nuestro intento de iniciar la lucha revolucionaria en la Argentina.

La entrevista con el Che la había maravillado, y como me había comentado su fecha de nacimiento le hice ver que sólo era 15 días mayor que nuestro compatriota, y le conté algunos de nuestros encuentros con este “humano”, como diría muchos años más tarde Silvio Rodríguez en la “tonada del albedrío”.

Una anécdota que le pareció comiquísima y por la que se rió un buen rato, fue cuándo le comenté que el Comandante me había preguntado qué estudiaba, y yo le había contestado “abogacía” y él me dijo –con una ironía muy rioplatense– que en la nueva Cuba los abogados trabajaban de policías y dirigían el tránsito ya que habían cerrado por un tiempo la Facultad .de Derecho; –“¿cómo me vería dirigiendo el tránsito en el Obelisco?”– aseveró con una sonrisa.

Hablamos también de su última película que se había estrenado el año anterior en la Cinemateca Cubana: “Cleo de 5 a 7”; me había gustado mucho la misma indagaba sobre temas como el amor a la vida, la muerte y la humildad, que formaban parte de nuestras preocupaciones en el camino de la construcción de las utopías.

Por momentos el sueño nos vencía, la parada en Danger-Canadá para reabastecerse de combustible el avión nos permitió caminar un momento por el aeropuerto y observar desde las ventanas como caía la nieve, que luego nos recibiría en Praga.

Otro de los temas que nos ocupó, parte de la conversación, fue la liberación de Argelia concretada el 5 de julio de 1962. Yo había presenciado el recibimiento que se le hizo en La Habana al líder de la Revolución Argelina Amhed Ben Bella, y ella me comentó que había integrado el movimiento que habían encabezado algunos intelectuales franceses, entre otros Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, en solidaridad con el pueblo argelino denunciando los crímenes cometidos por los militares franceses –que luego, años más tarde, entrenaron a los oficiales de las fuerzas armadas argentinas, responsables del Terrorismo de Estado.

Cuando nos despedimos sabía que no la volvería a ver, pero que sería un firme seguidor de sus películas, hasta hoy.

Luego de ese viaje y como consecuencia del mismo, reunió todo el material en un documental maravilloso: “Salut les cubains” (1963), en el que uno de los narradores, junto a ella, es Michel Piccoli, recientemente fallecido.

Agnés dijo al estrenar su último film, “si se buscara dentro de la gente se encontrarían paisajes, si se buscara dentro de mí se encontrarían playas”; yo agregaría que además Arlette o Agnes ha revelado, a lo largo de su vida, poseer una firme convicción y coherencia en la vida cultural y política que no es poco en estos tiempos.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex director del diario “El Mundo” y de la revista “Nuevo Hombre”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.