viernes, 21 de mayo de 2010

Música: El clave

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El clave (también conocido como clavicémbalo o clavecín) es un instrumento musical de teclado (igual que el órgano, o que su predecesor: el pianoforte, más comúnmente llamado piano), con uno o dos teclados, y de cuerdas pulsadas, al igual que el arpa o la guitarra. El sonido se produce cuando el ejecutante pulsa teclas en el teclado, las que activan un mecanismo que eleva la cuerda correspondiente, pellizcándola, lo cual le confiere una sonoridad única. Ningún otro teclado produce ese sonido, ni tampoco ningún cordófono de cuerda pellizcada. En ese sentido, el clave es único; su timbre es irrepetible.

El volumen del instrumento no varía, al menos perceptiblemente, según sus teclas se opriman suave o fuertemente; sólo se consigue un cambio de volumen agregando registros o acoplándolos. El arte de ornamentar una línea melódica permite también sugerir efectos dinámicos. Esa posibilidad de variar la intensidad del sonido según la intensidad con que se percutan las teclas ocurrirá a partir de 1702, cuando el italiano Bartolomeo Cristofori inventa el fortepiano o pianoforte.

El clave, muy reconocido y utilizado durante todo el período barroco europeo, fue cayendo en el olvido en los años siguientes, y la mayoría de las piezas escritas para él empezaron a ser interpretadas en el nuevo pianoforte.

Este instrumento ha tenido un importante papel en la música académica europea desde el siglo XVI hasta el XVIII y, después, en el siglo XX, ya sea como solista, como acompañante o a solo, teniendo su edad dorada en el Barroco, para después caer en el olvido en el Romanticismo y resurgir con fuerza en el siglo XX. Hoy día no hay nuevas composiciones para clave (salvo alguna rarísima excepción), pero sí ha pasado a ser una cosa muy frecuente su utilización para música antigua, recreando los climas del período barroco.

Las aportaciones de músicos italianos, como Girolamo Frescobaldi, alemanes, como Johann Jakob Froberger, Georg Händel o Johann Sebastian Bach, franceses, como François Couperin o Jean-Philippe Rameau, y el también italiano Domenico Scarlatti que compuso la mayor parte de su obra para teclado en España creando una escuela propia entre cuyos seguidores figuran autores como Sebastián de Albero o Antonio Soler, dieron lugar a un repertorio clásico para este instrumento durante los siglos XVII y XVIII, que aún seguimos en la actualidad escuchando.

Para ejemplificar las posibilidades de este instrumento presentamos aquí tres obras para clave solista: de Johann Sebastian Bach, un movimiento del “Concierto al estilo italiano”, en fa mayor BWV 971, obra que el maestro alemán le dedicara a Cristofori cuando éste le regaló un pianoforte;


de Georg Händel, el Allegro de la “Suite N° 7” en sol menor HWV 432.


Y de Domenico Scarlatti, el Allegro de la “Sonata en re mayor” K 119. En los tres casos interpreta el clavecinista Laurence Commings.


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