viernes, 21 de mayo de 2010

Novedades editoriales I (comentadas)

Pablo E. Chacón (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Después del sonido y la furia de la Feria del Libro se supone que lo que persiste es el deseo de leer. Los números del encuentro internacional que tuvo lugar en la sede que la Sociedad Rural Argentina (SRA) tiene en Palermo, indican que durante esta versión 2010 hubo un auspicioso crecimiento de las visitas -unas 200 mil más que el año pasado- al igual que un 20 por ciento más de ventas globales. Cierto que esas cifras, desagregadas, no alteran demasiado la composición de los negocios que se consolidan desde años anteriores. Podría decirse, en ese caso, que el aumento de las visitas se corresponde con el aumento de la currícula educativa y el ingreso de cantidad de niños a la educación formal (y a la curiosidad intelectual), y también que el promedio del 20 por ciento de incremento en la recaudación se sigue repartiendo entre las empresas multinacionales que hacen proliferar sus ofertas y gigantografías y negocian con los grandes medios auspicios para conferencias y presentaciones para las cuales no alcanza el tiempo material pero que sin dudas beneficia a esos catálogos, diversificados en zonas de alto impacto comercial. Entretanto, las pymes o editoriales medianas y pequeñas, obligadas a no faltar al evento cultural del año (así se lo conoce), aprovechan para vender algo más, y para hacerse conocidas o hacerse ver en esa vidriera que –seguro- no tiene parangón, en latitud y longitud, con otro espectáculo cultural argentino a lo largo del año. Pero como se sabe, y ya desde hace unos años, no todo lo que brilla es literatura, poesía o ensayística de alto vuelo. Esas formas representan el arte retórica de Occidente. Pero otras formas, híbridas, no las desconocen pero las usan para otros fines. Veamos: ésta es la hora de la espiritualidad remozada, de la historia revisitada –acaso por la cercanía del bicentenario-, de un cierto retorno del periodismo de investigación y de la gastronomía. Entre los autores más consultados siguen figurando, como desde hace tiempo, los mismos de siempre: Mario Benedetti, Isabel Allende, Felipe Pigna, Eduardo Galeano, Julio Cortázar, esta vez sí con la novedad que supone la inclusión del pastor evangélico Bernardo Stamateas, especialista en toxicidades varias. Pero para no abundar, en esta columna apuntamos a algunos libros que de ninguna manera pasaron desapercibidos pero tampoco, como es lógico, gozaron de la aclamación multitudinaria de las masas que no sólo se alimentan de los medios gráficos sino –y sobre todo- de la televisión. Sin que eso implique una discriminación o una teoría de la manipulación, menos en estos tiempos de receptores activos y de intercambios digitales.

En Hacia la vida intensa (Eudeba), la ensayista y socióloga María Pía López estudia “una historia de la sensibilidad vitalista”, intentando desarmar la doxa que ha acorralado a esa escuela de pensamiento como una incubadora de diversos totalitarismos políticos. Para eso despliega un movimiento, la llamada sensibilidad vitalista, y las manifestaciones estéticas, teóricas y políticas que se aliaron a esa “filosofía de la vida”, cuya matriz López ausculta en las ideas de Friedrich Nietzsche, Henri Bergson y Georg Simmel, y en sus discípulos o epígonos locales. El libro nunca pierde de vista la escena local, y en su mérito hay que decir que Damián Tabarovsky, lector avezado, puso a este volumen a discutir con Una modernidad periférica, el libro de Beatriz Sarlo que retrató como pocos ese momento fundante de la sociabilidad moderna argentina, con todos sus defectos pero que se extendió, con el crecimiento de la prensa popular y las urbes, entre 1910 y 1920. El hombre clave –para López- será Carlos Astrada, traductor de Simmel, alumno de Martin Heidegger y posteriormente interlocutor de Mao Tse Tung. “No por vocación provinciana ni por apología patriótica, sino porque me interesa el vitalismo como sensibilidad y atmósfera, abonada por múltiples textos, por intervenciones menores, por traducciones erróneas o cercanas, por invenciones originales. Carlos Astrada, traductor de Simmel, fue también el escritor de una de las más precisas imágenes del vitalismo: el nomadismo (…) Porque “muchos vitalismos son el vitalismo. Desde el festejo de la sumisión a las fuerzas que Lugones despliega en los años 20 hasta el realismo con el que Mariátegui interroga el destino de la revolución. Desde la poética filosófica bergsoniana hasta la radicalidad de la crítica nietzscheana. O desde la idea de la vida como vivencia que va de Dilthey a Macedonio Fernández hasta un pensar de la vida como voluntad de poder que hereda Foucault del autor de Genealogía de la moral”. En pocas palabras, “el vitalismo fue filosofía de la vida y sensibilidad juvenil. Fue una profunda revisión de la situación de la metafísica después de Kant y entusiasmo vanguardista por representar aquello que el arte previo no había imaginado posible”.

En ¡Arriba las manos! Crónicas de crímenes, filo misho y otros cuentos del tío (Eterna Cadencia), la compiladora, Ariela Schnirmajer, ha buscado en los arhivos más secretos para dar con una serie de piezas inolvidables, que atraviesan los siglos XIX y XX en un muestrario extravagante (y a veces inocente) pero sumamente exhaustivo. Acá se dan cita desde Fray Mocho y Cristian Alarcón, Last Reason y Rafael Barrett, Adolfo Bátiz Juan José de Soiza Reilly, todos bendecidos por esa hada madrina que es María Moreno: “Este libro es algo más que lo que su largo título indica. Los autores que incluye esta antología no son los clásicos cronistas de policiales, sino –aunque jamás caigan en el amarillismo- los primeros escritores ‘gore’ de Latinoamérica y el Caribe, comisarios que han leído a Poe y a Baudelaire y están fascinados por los gangsters de Hollywood, expertos en psicología criminal capaces de decodificar las sofisticaciones lingüísticas del caló y describir la ciencia y la técnica de la falsificación de billetes y el robo ‘profesional’. ¿Qué hace Amado Nervo, el romántico autor de La amada inmóvil, merodeando por la morgue judicial en busca de una víctima que le permita escribir una buena crónica? ¿Cuál es la hipótesis que Rubén Darío tiene sobre un crimen que conoce solo por los diarios? ¿No está José Martí un poco obnubilado por Jesse James?

Y en Conversaciones en el impasse (Tinta Limón), se trata de los dilemas políticos del presente, en las voces autorizadas de Suely Rolnik, Franco Berardi, León Rozitchner, Sandro Mezzadra, Toni Negri, Peter Pál Pelbart, Santiago López Petit y Michael Hardt entre otros. ¿Qué es un impasse en política? ¿Qué es un impasse en política, hoy, cuando en la Argentina, por ejemplo, se discute si el kirchnerismo es la izquierda realmente posible (y existente) o no es más que otro artilugio reformista para licuar la lucha de clases? “Hablamos de un impasse para caracterizar la situación política contemporánea, la cual requiere una práctica perceptiva que nos sitúe más allá de las representaciones utilizadas por la lengua de la política, el ensayo, la filosofía o las ciencias sociales. Y una sensibilidad que nos arrastre hacia ese tiempo en suspenso, en que todo acto vacila, y donde sin embargo ocurre aquello que exige ser pensado de nuevo. Un presente que se revela entre la ironía del eterno retorno de lo mismo y la preparación infinitesimal de una variación histórica”. Que de eso se trata.

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