jueves, 3 de junio de 2010

Cine: El collar bomba

Martha Ligia Parra (Desde Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La película colombiana PVC-1, es un brillante ejercicio que integra el tema, la forma y el tiempo, en una toma única.

El sueño de Alfred Hitchcock gracias a la tecnología digital, el sueño de todo director, de poder contar una historia en un solo movimiento.

Gracias a la osadía del director greco-colombiano Spiros Stathoulopoulos se puede seguir una historia de suspenso, sentir su pulso, entender el valor del tiempo que se agota, de la vida que pende de un hilo.

Desde el momento en que la protagonista de la historia lleva en su cuello un collar bomba, el tiempo se convierte en un personaje más, demandante, impaciente, que se siente, que se carga angustiosamente. Personajes y espectadores comparten por igual la intensidad de cada minuto.

"Cuando nacemos estamos predeterminados a morir sin poder alterar el tiempo y el collar bomba es un símbolo de ese límite de vida. Y para representar el tiempo inalterable, la solución más real es filmarlo sin cortarlo", explica el cineasta.

En PVC-1 asombra la capacidad del realizador para multiplicarse en director, camarógrafo, operador del steadycam, director de fotografía, guionista y productor. Asombra la técnica, pero también la dramaturgia, el sentido narrativo.

Y sorprende aún más saber que es la primera película de su director. Son, además, muchos los logros artísticos, técnicos y comerciales para una ópera prima: Compitió en Cannes 2007 en la Quincena de Realizadores, ganó el premio ciudad de Roma a la mejor producción iberoamericana, de la cinematografía italiana (el mismo que se le entregó a Walter Salles por 'Diarios de Motocicleta'), ganó 4 premios en Grecia, incluyendo el Fipresci de la prensa especializada, y este año obtuvo en Bulgaria, el premio a la expresión moderna del cine, del jurado joven en el Festival de Cine Digital de Barcelona y acaba de ganar el Grand Prix en el Festival de Bangkok, en Tailandia y Mención Especial en el festival de cine de Lisboa.

Además, ha participado en más de 25 festivales y ha sido vendida a 3 continentes.

Así como en el cine abundan innumerables ejemplos de facilismo, PVC-1 es una muestra de dificultad absoluta, en todos los aspectos. El reto, la imposibilidad y la complejidad, fueron el motor de la realización.

La anécdota se extrae de nuestra realidad y se convierte en un hecho cinematográfico, un plano secuencia de 85 minutos, con todos los riesgos que esto comporta: La obligada precisión del manejo del tiempo, de cada elemento de la puesta en escena, el movimiento de los actores, la resistencia física y psicológica del director y los actores, el peso y manejo de la cámara, el control de la luz y del encuadre.

La cámara se mueve mientras conserva siempre el encuadre adecuado y la composición correcta, sigue la acción o está en medio de ella, esquiva obstáculos, recorre un terreno irregular, acompaña a los actores, retrocede y a veces parece incluso invisible, como en las escenas dentro de los carros. Un ejercicio técnico y acrobático impecable, cuyo resultado es sorprendente. Una verdadera obra independiente, cine de autor que logró hacerse con un reducido presupuesto, pero con mucha creatividad y amor por el cine.

Otro de los aciertos de la película es la alternancia de momentos de silencio, en los cuales la cámara recorre espacios vacíos, con los de acción. Son pequeños intervalos, que permiten tomar un respiro en medio de la tensión dramática. Vale la pena destacar el trabajo actoral de Mérida Urquía, Daniel Páez y sobre todo de Alberto Zornoza, excelente en el papel del policía solidario que intenta desactivar la bomba y permanece junto a la víctima hasta el final. Después de un largo recorrido por festivales y mercados y de una gran expectativa, la película será vista en Colombia el 14 de noviembre en estreno nacional. PVC- 1 es una muestra más de las muchas potencialidades que tiene el cine colombiano joven y de su proyección internacional.

Martha Ligia Parra es crítica de cine y docente.


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