jueves, 3 de junio de 2010

Cine: “Vincere”, Mussolini tal cual

Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“Vincere” es la nueva película del italiano Marco Bellochio, un veterano cineasta que inició su carrera en los años 60 y que ha hecho de esta un tránsito desigual pero siempre persistente. Con “El diablo en el cuerpo” (1986), Bellochio llamó la atención por ciertas alusiones surrealistas y una escena protagonizada por Maruschka Detmers que llamó a escándalo en la época. Su compromiso político y social se ha expresado también en filmes como “Buenos días, noche”, en el que recrea el secuestro y asesinato del líder político Aldo Moro por las Brigadas Rojas, un movimiento terrorista que asoló a Italia sobre todo en los años 70s y 80s.



Esta vez, en cambio, la fuerza artística de un valioso director se empeña en descubrirnos otra cara en la vida de Benito Mussolini, el líder de los “Camisas Negras” y de Italia antes y durante la Segunda Guerra Mundial. La historia mantiene un tono épico y a la vez personal, y encuentra en la hermosa Giovanna Mezzogiorno (“El último beso”, “La ventana de enfrente” y la lamentable adaptación hollywoodense de “El amor en los tiempos del cólera”) a la perfecta encarnación de Ida Delser, la esposa del Duce, a quien este sedujo, amó, y con quien tuvo un hijo. Y luego, fiel a su condición de crápula, la dejó en el olvido, ordenando incluso que se la recluyera en hospitales psiquiátricos, tratando de borrar toda huella que lo vinculara con esa pasión surgida en los días de la Primera Guerra Mundial.

La historia de Ida, entonces, es la que cubre “Vincere” de principio a fin. El rostro de la Mezzogiorno muta de la más profunda y excitante alegría, que incluye los tempranos y apasionados encuentros sexuales con Mussolini, al más vacío desamparo cuando se ve imposibilitada, por muchos años, de ver al hijo nacido de esa relación.

Marco Bellochio acude de nuevo a la naturaleza a ratos surrealista de su arte y en una suerte de collage inserta imágenes de los tiempos aludidos, en blanco y negro, para dar cuenta de esa atmósfera caduca que vivía Italia en el período entre dos guerras. Una situación que algunos no dudarían en comparar con el gobierno actual de Berlusconi en la península, dicho sea de paso.

Ese collage se vuelve imponente, marca sus tonos épicos, sus picos exaltados, acompañado de la música de Carlo Crivelli. Bellochio revela la crónica de una época, unos años de falso entusiasmo, de chauvinismo y patriotismo desmesurado. En lo subjetivo, Ida insiste en que es la esposa legítima del Duce y que su hijo es heredero de aquel pero todas esas juntas de médicos y autoridades corruptas que la visitan una y otra vez no sólo tratan de negar lo que ella afirma sino que la condenan al ostracismo y deciden perderla en el olvido.

Una supuesta locura, ese tema largamente tratado por el filósofo francés Michel Foucault, se convierte así en un asunto crucial en esta película de más de dos horas de duración. Y es que se trata de la mujer amada, amante y abandonada a quienes los vigilantes de la ley y los lacayos del régimen, incluyendo a representantes de la Iglesia, tratan de “lavar el cerebro”. Entonces “Vincere” no sólo es la historia de unos años de crisis política y de guerras mundiales, es sobre todo la recreación del estado de una mujer que creyó en el Duce, cuando este ni siquiera soñaba en convertirse en el monstruoso líder de masas que terminó siendo.

Y justamente la cinta se inicia con una reunión política donde ya Benito Mussolini da cuenta del arte de la mentira y la demagogia. El actor que le da vida, Filippo Timi, frunce el ceño y define una mirada engañosa, propias de un ser miserable, que lo quiere todo para sí.



La película es al mismo tiempo una constante gira metacinematográfica. No sólo es el cine que reconstruye la realidad mostrando cintas de la época, incluso los discursos del Duce, sino las salas de cine en las cuales se realizan los encuentros clandestinos o esa película de Chaplin (“El pibe”) que arranca lágrimas a Ida. El cine irrumpe en la película, desde la proyección absolutamente misteriosa de esa luz que va hacia el ecran, como un dispositivo, él también, de crítica y dominio.

Debemos decir que “Vincere” es una película sumamente ambiciosa. Va de la aparente calma a una apoteosis de los sentidos. Va de la pasión erótica a la más baja de las conductas. El destino de Ida Delser y su hijo fue tan trágico que esta película de Marco Bellochio no se mide, en ningún momento, en mostrar ese lado oscuro, abyecto, tenebroso. Queda, sin embargo, en el personaje que interpreta la dulce Giovanna Mezzogiorno, esa constancia y esa esperanza de vida, muy a pesar de tener todo en contra. Esa esperanza puede graficarse en la excepcional y ensoñadora escena en que ella escala las vallas de la ventana del psiquiátrico y se queda en lo alto contemplando la noche, ese mundo de afuera que le es negado, mientras caen copos de nieve, simbólica presencia de una pureza que no existe o ha sido cancelada. Ha sido secuestrada, como la libertad, por los enemigos del hombre.



“Vincere”, hay que decirlo, es una reactualización de los tiempos más ominosos del siglo veinte, de aquellos años en que los “Camisas Negras” se embriagaron de poder, como los nazis en Alemania. Muestras de vesanía y autoritarismo que los tiempos supuestamente democráticos de hoy quieren olvidar pero que palpitan a diario en la conciencia. Basta ver los conflictos en Irak, Afganistán, Tailandia u otras partes del mundo y comprobaremos que el autoritarismo y el desencanto de los justos siguen siendo un asunto pendiente, un hueso duro de roer.

Estamos ante un fresco absorbente y totalizador. A veces exagerado, pero siempre fastuoso y polifónico. Más allá de su estricto valor cinematográfico, “Vincere” habla mucho y con corrección de esas buenas y malas conciencias de este mundo que habitamos a veces con nuestra exagerada indiferencia.

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