jueves, 3 de junio de 2010

En el Instituto del Pensamiento Socialista (IPS) "Karl Marx": Presentación de "Lenin", de León Trotsky, con Noé Jitrik

Demian Paredes

A sala llena se realizó el pasado 14/5 la presentación del libro editado por el Centro de Investigaciones y Publicaciones (CEIP), de León Trotsky: Lenin; una compilación de trabajos de León Trotsky. Participaron Gabriela Liszt, responsable de numerosas ediciones y compilaciones del CEIP; y como invitado Noé Jitrik, reconocido escritor y crítico literario. Demian Paredes ofició de presentador y moderador de este evento.

A continuación, presentamos extractos de las charlas que ofrecieron los panelistas.



Gabriela Liszt: Uno de los motivos por los cuales editamos este libro es porque andaban pululando numerosas biografías sobre Lenin: generalmente biógrafos burgueses donde Lenin aparece como si ya desde su nacimiento hubiera sido un hombre muy ambicioso, sediento de poder, psicologista, individualista: por fuera del contexto de la época (…). Anteriormente al problema al que trata de responder Trotsky se sucedieron varias biografías de inmediato a la muerte de Lenin, donde -por el contrario- se lo trataba de mostrar como alguien que había sido marxista desde su mismo nacimiento. No solamente él: su padre, su hermano, su familia; todo su contexto; como si siempre hubiese existido un Lenin perfecto. Trotsky trata de demostrar que era un hombre real, que había sido parte de su época, que vivió inmerso en su época y que no fue sólo un “producto” de ella sino que se propuso una política para superarla (…).

Trotsky, en el primer libro que publicamos –La juventud de Lenin- demuestra que, por el contrario, Lenin salió a la vida política más bien de forma bastante tardía para la época. Por lo general los jóvenes a los 15, 16 años ya militaban; en una época en que el populismo estaba bastante generalizado (…). Lenin simpatizaba con el nihilismo, con el populismo al comenzar a ingresar a la vida política (…). Al hermano, que había adherido a los narodnikis (populistas) y que había intentado un atentado contra el zar Alejandro III que fracasó, lo terminaron ahorcando. Y para Lenin eso fue un golpe muy muy importante. Porque Lenin sentía una admiración por el hermano –más allá de que no tenía una relación muy fluida-. Lo admiraba como persona (…).

Otro hecho que marca Trotsky como un gran avance –cuando Lenin se convierte en el verdadero Lenin- es cuando se integra al periódico Iskra entre 1900 y 1903 en Londres en el exilio. Ahí es donde Trotsky opina que Lenin tiene claridad absoluta del objetivo, donde se forma como personalidad… donde se ve claramente su tensión por el objetivo, o por lograr el objetivo. Había escrito “El desarrollo del capitalismo en Rusia”; tenía más claro la ubicación de los liberales, de los reformistas; ya había dado batallas contra el populismo. Se embebe de todas las discusiones de la socialdemocracia internacional –que en ese momento era fundamentalmente contra Bernstein, que planteaba políticas reformistas-; e incluso empieza un enfrentamiento con su maestro Plejanov, porque se empiezan a ver las diferencias que luego desembocarán en la ruptura entre bolcheviques y mencheviques (…). Es un hombre que es parte de su época, pero que no se entrega al destino. Que reactúa y que se va formando a sí mismo. En ese plano dice Trotsky que era insuperable. Y más exigente consigo mismo que con los demás. En el sentido que era formarse para tomar el poder. Primero en Rusia y luego hacer la revolución a escala internacional. Tenía muy claro su objetivo, y todo lo que hacía era en función de eso (…).

No sabemos si hay más documentos, pero, de conjunto, e incluyendo el texto sobre el “testamento”, donde Lenin enfrenta a la burocracia, y donde le pidió la alianza a Trotsky, creemos que dan una idea bastante acabada de la personalidad y que marcan que no hay una continuidad entre Lenin y Stalin. Más bien la continuidad está entre Lenin y Trotsky, que retomó justamente todas sus enseñanzas –las del leninismo- para desarrollar la Oposición de Izquierda, luego la Oposición de Izquierda Internacional así como para la fundación de la Cuarta Internacional.



Noé Jitrik: Quiero destacar en primer lugar dos hechos interesantes, importantes. Uno es el que nos acaba de mostrar Gabriela: una síntesis muy precisa de lo que es la biografía (…). Así que en fin, yo he aprendido mucho en estos momentos. La segunda cosa importante es la traducción: me parece que es un libro muy bien traducido, muy bien hecho. Así que felicito –en lo que mi juicio valga- a Gabriela y a todo el equipo con que trabajó.

Empecé a leer el libro, y realmente me atrapó. La verdad es que me atrapó la lectura: lisa y llanamente la lectura. (…) Es decir, con independencia del objeto que tiene el libro, ya que mi curiosidad en primer momento no estaba dirigida hacia él, hacia la figura de Lenin sino hacia otras cosas (…).

Hay algo que se llama lectura, si la lectura no es buena, realmente, el objeto desaparece.

Entonces eso me motivó a escribir una nota, una simple nota, que algo cuenta de esa experiencia.

(…) Me parece que puede tener alguna miga la oposición Trotsky-Stalin. No sólo oposición de interpretación política o de visiones políticas, sino como dos “tipos”. Dos tipos que son muy propios también de todos los conflictos que hubo en el siglo XX.

Las tendencias a las oposiciones y las dicotomías que son tan censurables en la filosofía y en otros terrenos, ahí me parece que funciona. Son claramente dos modos diferentes de ser –no solamente de ser un ser humano completo, sino también un ser humano que interpreta la historia, las circunstancias, etcétera-.

Y lo contrario: ustedes ven que eso todavía se puede certificar: hay todavía stalinistas. Hay stalinistas y no necesariamente reivindican a Stalin: son stalinistas por ignorancia. Y es una cosa muy curiosa, son manifestaciones políticas de todo tipo y en todas partes.

Y también hay gente marcada por Trotsky. Como si el acercamiento a Trotsky hubiera sido una experiencia de revelación fundamental sobre cómo manejarse en la vida política, social, etcétera (…).

Entonces, ¿qué me sorprendió de este libro? ¿Y cómo lo proyecté sobre esa idea que surge también de leer a Trotsky acerca de lo que podría llamar “un ser extraordinario”, “un ser fuera de serie”? Precisamente mi artículo del Página/12 se llama “Dos en un fuera de serie”.

Extraordinario evidentemente porque todas las biografías que se han hecho de Trotsky muestran esa cosa extraordinaria; ya está en el libro de Deutscher ¿no? Lo que también Gabriela señaló acerca de Lenin y todo su proceso también habla de un ser extraordinario (…).

El primer eje sobre mi lectura del libro lo llamaría la relación entre pensamiento y acción. Como un tema importante, del que se habla siempre y se lo bastardea mucho… un tema siempre en conflicto. El segundo eje es memoria y espíritu crítico. Y en tercer lugar obstinación y continuidad. Es otro eje para entender lo que pasa adentro del libro.

(…) Toda la visión teórica tendía… llamémoslo así genéricamente, a un mundo nuevo. No era una reflexión teórica en sí misma, destinada a exaltar de los conceptos manejados, sino tendientes a algún lugar. Probablemente otros filósofos o teóricos más convencionales rechacen esa posibilidad, esa prospectiva. Pero bueno, eran las ideas de Trotsky; la unidad pensante que era Trotsky. (…) Pensamiento por un lado, que genera manifestaciones concretas que en el libro se pueden ver. Pasión por otro lado, a la que alude más que explicita o de la que jacta. Él nunca se jacta de ninguna de las grandes innovaciones. Respeto por uno, respeto por el otro, modestia respecto de sí mismo. Respeto de la idea de haber sido alguien que gravitó en la historia del siglo XX. Es muy fascinante todo esto.

(…) Este es un libro de historia de un período de la sociedad rusa, de la cultura rusa y del desarrollo de esa revolución que cambió –como decía John Reed- la faz del mundo (…) es un fragmento de historia. Pero no es un historiador. No es un historiador porque si bien recurre a documentos y a lo que evoca, su memoria, sus evocaciones, son constantes. Y son evocaciones bien sorprendentes; por su fidelidad. (…) Uno puede enterarse de lo que pasa.

Sobre todo en el aspecto de la infancia y en la adolescencia de Lenin. Y cómo era ese país. Y qué era lo que lo atravesaba; cómo eran esos conflictos, las características; cómo eran las poblaciones. ¡Qué capacidad de observación y de perduración en la memoria!; y qué capacidad de desarrollarlo, como marco de la vida del personaje narrado pero al mismo tiempo trazando un panorama muy lindo, muy interesante en esa cosa tan tumultuosa en la que nos va acercando –aunque quede lejos-.

Y luego en cuanto a esa memoria, viene ligada a un espíritu crítico; y de una prudencia enorme. Es decir, no es alguien que saque conclusiones catastróficas, espectaculares, de denuncias vehementes (…).

La continuidad, bueno, es la factura de este libro (…). Uno piensa que escribir este libro debe haber costado muchísimo trabajo (…) como le dio a tipos del siglo XIX (…) como Honoré Balzac, como la obra de Auguste Rodin, como la obra de Domingo Faustino Sarmiento, como la obra de Trotsky. En ese sentido Trotsky es muy siglo XIX.

El siglo XX es más lineal. Hay todavía prolongaciones de ese espíritu ¿no?, pero es más lineal. A eso le llamo obstinación –si ustedes quieren-, o continuidad, o continuidad en la obstinación. No dejar caer un proyecto pese a las dificultades (…).

Los dejo acá, y podríamos seguir charlando sobre esto. Ustedes seguramente saben o conocen más que yo; éstas son aproximaciones así, puramente intuitivas; quizás no muy rigurosas… pero salen de una experiencia concreta que es la lectura del libro.

Desgrabación y edición: Demian Paredes

La intervención completa de Noé Jitrik se puede ver en: www.tvpts.tv


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