jueves, 3 de junio de 2010

Ernesto Sábato: 99 años

Alfredo Herrera Flores (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Probablemente no hayan ya muchas cosas nuevas que conocer de Ernesto Sábato, el escritor argentino que el 24 de junio cumplirá noventa y nueve años de edad, pues la amplia literatura que ha producido su interesante vida, sus extraordinarias novelas, sus razonados ensayos y su firme y ética posición política, ha indagado hasta en los rincones más íntimos de su biografía y en los resquicios más oscuros de su pensamiento. Sin embargo, para el común de los lectores y para comodidad de las reseñas, su vida se ha reducido a tres novelas, algunos ensayos, un pasado científico, su pasión por la pintura, su participación ejemplar en la lucha contra las dictaduras y su actual vida en soledad, casi orfandad.

Indudablemente, la fama literaria que alcanza Sábato en la década del sesenta se debe a sus dos primeras novelas, El túnel (1948) y Sobre héroes y tumbas (1961), y al fenómeno comercial conocido como el boom de la literatura latinoamericana, pero luego esa “fama” se convertirá en las siguientes décadas en respeto, en admiración, y hasta en cariño, gracias esta vez a su personalidad y a su actitud frente al poder. En el lapso entre su segunda novela y la tercera, Abaddon el exterminador (1974), Sábato publica una serie de ensayos sobre el existencialismo, filosofía contemporánea, política, cultura, periodismo, prólogos a libros de pintura y música y hasta letras para tangos, y sus primeras novelas se traducen a muchos idiomas, pero aún su prestigio se sostenía en su calidad literaria, su aguda observación de la realidad de su país y los mitos sobre su pasado científico.

En esta fecunda etapa, que alcanza a más de veinte títulos, se editan también discos con fragmentos de sus novelas y conferencias con la voz del propio Sábato, una actitud editorial pionera en América Latina, que luego también asumirían otros escritores como Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. Hoy, esos discos, que han sido reeditados de manera casi íntima, son rarezas en el mercado editorial y, por supuesto en la lista de su producción intelectual.

Entre esas publicaciones casi desconocidas, hay un breve libro publicado al año siguiente de El túnel, titulado “Gésinus” (Ediciones Botella al mar, 1949), escrito junto al peruano Xavier Abril, que se refiere a pinturas del artista Bob Gésinus. Varios de los breves textos de esa época, por ejemplo, se escribieron para actos o situaciones especiales y se publicaron en ediciones limitadas, que luego no fueron reeditados y hasta resultaron ignorados para las ediciones completas de la obra del maestro argentino.

Una primera muestra de su actitud política y ética frente a los abusos del poder por parte de Sábato se manifestó en 1956, cuando los militares depusieron a Juan Domingo Perón que ya gobernaba por segunda vez (1946 – 1955). Siendo director de la revista Mundo Argentino escribió primero un texto titulado “El otro rostro del peronismo” (1956) y luego se publicó “El caso Sábato, torturas y libertad de prensa, carta abierta al general Aramburú” (1956), en el que se reúnen documentos sobre los abusos contra la libertad de prensa que culminaron con la renuncia de Sábato a la dirección de la revista. Este hecho político ya anunciaba a un Sábato íntegro que no callaría su voz ante los abusos del poder. Otras actitudes similares las asume cuando cumplía funciones públicas, a las que renunciaba cuando no compartía con decisiones trascendentes el gobierno de turno.

Precisamente esta actitud firme, coherente, moderna e inteligente de enfrentarse al poder, y la creciente fama e influencia que genera sus libros en todo el mundo –fue condecorado por los gobiernos de Francia, Italia, Alemania, entre otros y reconocido por los más importantes escritores y narradores europeos como Sartre y Camus, además de ser homenajeado por importantes universidades–, lo lleva a enfrentarse a una nueva etapa trascendental en su vida intelectual. En 1983, es nombrado por el presidente Raúl Alfonsín presidente de la Comisión Nacional Sobre Desaparición de Personas, la que luego de investigar los graves hechos producidos por el régimen militar instaurado en 1976 y recibir las denuncias sobre desaparecidos, publicó un dramático informe acerca de los resultados, que se tituló “Nunca más”, pero que se conoció finalmente como “El informe Sábato”.

Una impresión sobrecogedora de esta experiencia relata el propio Sábato en su libro “Antes del fin” (1998), un breve texto sobre sus memorias, que le permite reflexionar sobre la angustia que causa el abuso del poder en los pueblos, la necesidad de tener siempre una voz alerta y la urgencia de identificar nuevos líderes. El libro es, además, un emotivo testimonio suyo sobre el siglo veinte.

Desde entonces, la imagen de Ernesto Sábato se ha reafirmado no solo como un extraordinario escritor, capaz de internarse en el oscuro mundo de las mentes y los sentimientos de sus personajes que a la postre es cualquier ser humano, sino de un extraordinario actor de la vida política e intelectual de América Latina. Su pasado científico ha quedado atrás, a pesar de que por muchos años fue para él mismo una pesada carga emocional.

Vale la pena resaltar, aunque también es un hecho conocido, el enorme respeto y simpatía que genera Sábato en las generaciones jóvenes. A diferencia de los escritores de su generación, que han ido envejeciendo al ritmo de sus obras y su fama, Sábato ha recorrido el camino inverso, en 1994, por ejemplo, la Federación Universitaria de Buenos Aires lo nombra como su presidente honorario, una distinción que el escritor consideraría como una de las más importantes de su vida.

A pesar de soportar en los últimos veinte años el dolor de la muerte de su madre, luego de su esposa Matilde y su hijo Federico, Sábato no dejó de producir textos breves, como “La resistencia” (2000) en el que precisamente llama a los jóvenes a enfrentarse a los males del siglo veintiuno, expuso sus pinturas en diversas galerías, viajó por varios países a recibir premios, como el Premio Cervantes de Literatura y el Premio Jerusalén (1989), filmó documentales y asistió a eventos académicos. Sin embargo, muchos aún consideran que la visión de Sábato sobre el mundo es pesimista y fatalista.

En la actualidad, aunque hace un año fue noticia por el ingreso de unos ladrones a su casa, se sabe que vive apartado, al cuidado de una personas que cocinan y asean, que debe estar aún atormentado por sus fantasmas (él fue quien acuñó esa frase de “el escritor y sus fantasmas” en un ensayo así titulado en 1963), que pinta casi todo el tiempo, que ya no lee por un mal en la vista y que, en lo profundo de su corazón, deberá estar pensando cómo celebrar su cumpleaños número 100.

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