jueves, 3 de junio de 2010

Haciendo zapping (Continuación)

María Luisa Etchart (Desde Costa Rica. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Confieso mi sorpresa: el señor Strauss-Kann, miembro del Fondo Monetario Internacional, le acaba de confesar con ciertas reservas, por supuesto, a Gabriela Frías de CNN que en Améria Latina se los miraba con cierta desconfianza a raíz de los efectos que se produjeron en Argentina que fue el primer país del área en aceder a seguir escrupulosamente sus recetas. En una exhibición de increíble modestia, hasta admitió que, en realidad, las cosas no habían salido muy bien allá pero que también de los errores se aprende y la posterior ayuda + consejos aplicados en México, Colombia y Perú, demostraban que ellos, como entidad, eran los indicados para aplicar sus principios y tratar de salvar a Grecia y gran parte de Europa.

Y luego pronunció el mantra : las economías deben crecer y hay que aumentar la “competitividad”. Esas dos palabras : crecimiento y competitividad me resultana vagamente familiares: nos las han repetido hasta el cansancio los magos que llevan adelante este modelo que insisten es el único posible, una especie de aspirina económica para todo uso.

Todo es hoy en día montado sobre ese eje y uno desearía poder preguntarles: Si el máximo exponente de ese sistema inmoló ideales y se dedicó durante tantos años a aplicar esos dos elementos que dicen son los indispensables, ¿cómo fue que, súbitamente, casi como en un acto de magia, de pronto entró en una crisis que no sólo hizo necesario que se dedicaran a imprimir dinero en cantidades escandalosas para auxiliar a los maguitos fieles seguidores del modelo, sino que está haciendo sentir sus consecuencias en millones de seres en distintos países que nada tuvieron que ver con las presuntas causas de la crisis?

La primera contradicción es: ¿No es acaso el cuidado de los recursos naturales y el procurar disminuir el consumo de combustibles y agroquímicos la prioridad que ha quedado demostrada con creces debería ocupar la atención de todos los gobiernos del mundo? ¿Por qué insistir en que las economías deben crecer, cuando lo que habría que intentar es que fueran mejor distribuidas? Lo que sobran son objetos fabricados en su mayoría en países adonde los maravillosos y humanistas inversores montaron fábricas y talleres con salarios tan miserables que avergonzarían a los esclavistas de siglos anteriores.

Ya no se sabe qué hacer con toda la chatarra llena de mercurio y plomo que anega los países. El modelo impuesto lleva a que todos corran tras las nuevas tecnologías y tiren aparatos de todo tipo sin medir las consecuencias de tanto despilfarro, que para consumir cuatro cucharadas de un producto la gente tire a la basura envases de plástico rígido que tardará siglos en disolverse y todo esto aprobado por los Ministerios de Salud y de Economía del mundo como si fuera algo natural.

Se trata de globalizar las necesidades, pero no de globalizar los jornales, los ingresos de la clase trabjadora que es, en definitiva, la que contribuye a la producción, pero que ha pasado a ser tan descartable como las botellas de bebidas adictivas cuyas fórmulas jamás conoceremos.

Mientras tanto, Latino América sufre los embates de las bandas que trafican drogas varias hacia los países que las demandan cada vez con mayor avidez. ¿Llegará algún día el momento de reflexión que los haga preguntarse por qué tantos de sus habitantes se vuelcan al consumo de drogas, qué vacío necesitan llenar que el modelo no ha sabido satisfacer?

Estados Unidos en el siglo pasado inició la aplicación de su famosa “Ley Seca”, en un intento aparente de que la gente no consumiera alcohol en cantidades que les hiciera perder el funcionamaiento de su potencial mental naatural. El resultado fue la aparición de las mafias, la corrupción, la violencia, la producción y distribución de bebidas en forma clandestina y todo lo que nos mostraron en infinitas películas y novelas de la época. ¿Sirvió esto de algo? Me temo que el consumo de alcohol sigue ascendiendo, ahora en forma legalilzada, y que a éste se le ha sumado el consumo de drogas. Es decir, se advierte en el ser medio una necesidad de alterar sus percepciones para poder continuar el tipo de vida que se le ha ido impuesto como única posible.

Lo mismo ocurrió con el juego, que se limitó al estado de Nevada adonde viajaban de todas artes del país para poder satisfacer esa compulsión, con Las Vegas como Meca. A esto se le fueron sumando los miles de aaencias de apuestas que, para no infringir las puritanas leyes del país, se instalaron en países cercanos desde donde funcionan con el anodino nombre de “call centers”, pero que son en definitiva agencias de apuestas.

Toda esa hipócrita actitud ha ido tiñendo a los países al sur del Imperio de actividades que tal vez no hubieran proliferado en esa forma de no haber sido promovidas por las evidentes demandas adictivas que de ahí provienen.

Ni que hablar de los famosos cultos religiosos, que desarrollan una actividad corporativa y comercial francamente repugnante. Basta con mirar el canal Enlace, que transmite sus maratónicas sesiones de recolección de “ofrendas”, desde Dallas, con sucursales en la mayoría de los países Latinoamericanos, a cambio de milagros que el señor obrará porque los pastores que se lucen ante las cámaras dicen tener la suficiente influencia como para conseguir ser escuchados.

Es de suponer que tanta gente que participa en estas maratones recibiendo los mensajes, cantando o bailando deben ser de alguna forma remunerados con parte de esas ofrendas porque de algo deben vivir, y se ha formado así una verdadera corporación que aprovecha el miedo, la angustia o la soledad de tantos seres que no encuentran mejor manera de solucionar su problemática que intentar usar la influencia de la organización ante el señor que todo lo ve y todo lo puede por una suma no demasiado onerosa.

Es decir, el hombre común, el habitante de estas tierras que una vez logró subsistir mediante su trabajo honrado se encuentra cada vez más esquilmado, más empequeñecido, menos capacitado para hacer de su vida algo digno de ser vivido, experimentado, saboreado, con cada vez menos acceso a maravillas naturales, al contacto con una naturaleza que, generosa, le brindaba su belleza, su variedad de formas de vida a todos quienes tuvieran la sensibilidad para apreciarla. En su lugar, se lo bombardea con anuncios, películas, mensajes, noticias y supuestos “modelos” que lo convierten en alguien sin valor propio, salvo el que pueda obtener según el número de papelitos llamados dólares (de cuyo valor intrínseco nadie se hará jamás responsable) que logre juntar.

Así se le irán los días y las noches de su acotada vida, sin tiempo para la reflexión, la meditación, la libertad de pensamiento, no sabiendo jamás si lo último que oyó es verdad, a pesar de haber más medios de comunicación que jamás hubo, aterrorizado por pandemias, sin posibilidad de tener acceso a la sinceridad, a la fraternidad, a la compasión, a la cooperación que podría crear comunidades auto-suficientes, descargando sus frustraciones como puede, aunque sea a través de un Mundial de Fútbol, donde algunos se llenarán de millones, acicateando sus pasiones triunfalistas, mientras millones de pobres africanos mueren de hambre o SIDA a su alrededor.

Claro, el problema lo ha resumido muy bien el representante del Fondo Monetario Internacional: el problema mis amigos, es que no somos lo suficientemente competitivos, ni tenemos el índice de crecimiento adecuado.

¿Cómo dices: que tu vida es una sola, ésta, ahora, que quisieras poder vivirla sin miedos ni culpas? Te responderé como lo hizo el Rey Juan Carlos de España a Chávez: “¿Por qué no te callas?”.

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