jueves, 17 de junio de 2010

Mi país

César Mejía (Desde Bambamarca, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Tiene una magnífica historia del caos.
Una historia escrita en letras de molde, doradas
y llenas de sangre.
Una historia que los pobres llevan clavada en sus espaldas desde hace siglos.
En las calles de mi país la miseria se multiplica
a ritmos acelerados.
El ser pobre es un título a nombre de la Nación,
la pobreza tiene rostro de niño huérfano,
de obrero explotado y campesino sin tierra.
Mientras que a media cuadra del hambre
los funcionarios se engordan sin control
y luego, mientras bostezan,
exhiben sus ombligos en el hemiciclo
cuyas leyes nunca han beneficiado
a los que trabajan para mantener el país.
Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Es el único en donde la injusticia tiene su palacio
y la corrupción su monumento.
Los juicios duran una eternidad y,
por lo general, sueltan al ladrón
y encarcelan al inocente.
Aquí, la justicia es una vieja ramera ciega y sorda
que ha perdido la razón y deambula sin control
pisoteando los juguetes de los niños.
La corrupción tiene traje nuevo
y se maquilla para la ocasión.
Su ideal es un signo monetario
celosamente guardado en cuentas bancarias
en Suiza y El Gran Caimán.
Mi país, duele decirlo,
¡Apesta por todos lados!
Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Hace siglos que engordamos militares
que nunca ganaron una guerra
pero si aniquilaron a nuestros hermanos
por pensar diferente.
Inflan sus augustos pechos,
para llenarlos de estrellas y condecoraciones
ganados sin hacer nada o tal vez en merito al servicio prestado a la corrupción.
Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Se llevan nuestros recursos
nos dejan contaminación, muerte y destrucción.
Tenemos tantas riquezas
y nos preguntamos ¿para qué? y ¿para quién?
Y mientras pagamos una deuda impagable
por nuestras calles deambulan
millones de desempleados,
millones de pordioseros,
millones de huelguistas.
En los callejones de la miseria,
un ejército de niños se prostituye,
otros consumen terokal o son abusados diariamente;
mientras tanto, y en ese mismo instante,
los ministros veranean en Cancún, los
parlamentarios dormitan sobre un colchón de leyes
y en el salón dorado, el Presidente
brinda un whisky con el Cardenal.
Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Cada cinco años los mocos reemplazan
a las babas en un carnaval de la mentira.
Tenemos gobernantes ¡no sé para qué!
pues quien gobierna está en Washington,
desde allí el titiritero
organiza el consabido show del hambre.
Mi país, señores, es el país de las maravillas:
Es el país de la orfandad,
de la injusticia y el desamparo.
Mi país...os confieso: ya no es mi país
tampoco es de José, tampoco es de María;
mi país, duele decirlo,
¡Es el país de los sinvergüenzas!
¡Basta ya! ¡Fuera de aquí!
¡Devuélvanme a mi país!

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