viernes, 25 de junio de 2010

Música: Desde Chile, la cueca

ARGENPRESS CULTURAL

Decir Chile es decir empanada, vino tinto y cueca. Este baile es su expresión cultural por antonomasia, lo que lo representa, su carta de presentación.

Con el nombre de "chilena" la cueca se impuso los años que siguieron a la Independencia en Perú, Bolivia, Argentina e incluso México, donde todavía se le conoce por el mismo nombre entre otros ritmos tradicionales propios. En Perú llevó el nombre de "chilena" hasta la guerra del Pacífico, cuando un destacado escritor limeño sugirió llamarla "marinera" en honor a las glorias navales de ese país. La cueca es urbana. En rigor, la cueca tuvo su origen y alcanzó máximo desarrollo musical en las ciudades, principalmente en los puertos, a la par del florecimiento de una vida alegre muy propia de la chilenidad del siglo XIX y buena parte del siglo XX.

Ello tuvo lugar en las chinganas, que en realidad podrían describirse como la cuna de la cueca. Erigidas en terrenos abiertos, las chinganas eran fondas levantadas con ramas, con mesas en su interior; algunas tenían escenario para los músicos. Ahí se reunían los estratos populares a pasar un rato de esparcimiento: se cantaba, se bailaba, se bebía y comía. Ello despertó el interés de estratos sociales altos. Curiosidad populista que durante la colonia era impensable. Más aún, este tipo de fondas y sus "bailes de la tierra" -según el léxico colonial ilustrado- estaban prohibidos. Familias de rancio abolengo comenzaron a visitar las chinganas, seguramente buscando esa esquiva "identidad nacional", o simplemente atraídas por el colorido y la alegría reinante en estos lugares. El pericón, zapatera, llanto o zamacueca, todos "bailes de la tierra", eran los ritmos que se podía escuchar en las chinganas. Se supone que por un par de décadas hubo sintonía cultural entre dos caras tradicionalmente opuestas de la chilenidad: los criollos europeizados y el mestizaje castizo. Durante ese período la zamacueca -luego transformada en chilena y/o en cueca, a secas- inundó el territorio y traspasó fronteras.

Hay así una “zamacueca” chilena; pero como zamacueca es nombre demasiado largo, con sólo cueca se remedia su designación. Desde el comienzo ha pasado de Santiago a Mendoza, en Argentina, y a las demás provincias argentinas inmediatas; después, hacia 1865, a Bolivia y el Perú, de retorno. Estas repúblicas le añaden apellido: Cueca Chilena y, otra vez por razones de brevedad, Chilena simplemente.

La coreografía de la danza implica el cortejo y conquista de la mujer por el hombre y se desarrolla dentro de un redondel imaginario. La revalorización y rescate de la cueca o chilena contribuye a la reafirmación de la identidad nacional, reviviendo tradiciones profundamente arraigadas en Chile y en América.

Presentamos aquí un breve ejemplo de esta popular y querido canto, hoy ya universalizado.




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