jueves, 17 de junio de 2010

Música: Desde Francia, Maurice Chevalier, “un classic de toujours….”

ARGENPRESS CULTURAL

Maurice Chevalier es un símbolo, ícono de una época. En realidad es el nombre artístico de Maurice Édouard Saint-Léon (Ménilmontant, 1888 – París, 1972), cantante y actor cinematográfico francés, quien fue por varias décadas sinónimo de canción popular en un mundo en que la industria discográfica comenzaba a marcar huella, a imponer patrones, a establecer gustos.

Hijo de familia numerosa, el mundo del espectáculo le apasionó desde muy joven. Comenzó como acróbata, actividad que tuvo que dejar por problemas físicos. Se pasó al mundo del teatro, trabajando en diversos cabarets y music-halls parisinos al lado de la célebre Misstinguett, con la que formó una de las parejas más populares en los años 10 del siglo XX, y alcanzó una justa celebridad gracias a canciones como Valentine, Ma pomme, Louise o Y'a d'Ia joie.

Sus primeros pasos cinematográficos los dio en películas cortas de Max Linder (El himeneo de Max, 1911; Par habitude, 1914). Finalizada la Primera Guerra Mundial trabajó a las órdenes de Henri Diamant-Berger (La mauvais garçon, 1921), y alternó estas colaboraciones con su trabajo en los escenarios franceses, en los que impuso su imagen de boulevardier que le acompañó siempre, adornada con su sombrero canotier, su bastón y el acento francés que le permitió conquistar Hollywood nada más llegar a tierras californianas.

Tras intervenir en una de las primeras películas sonoras que se distribuyeron por todo el mundo, La canción de París (1929), de Richard Wallace, Chavalier entró de lleno en la que fue su mejor etapa. Dirigido por Ernst Lubitsch, el actor francés fue en el seno de la Paramount el conde Alfred en El desfile del amor (1929), el teniente Niki en El teniente seductor (1931), el doctor Bertier en Una hora contigo (1932) y para la Metro Goldwyn Mayer, sobre todo, el capitán Danilo en La viuda alegre (1934), todo un repertorio del buen hacer de Lubitsch en el que colaboró Chevalier con personajes a su medida: el galán atractivo, sonriente, embaucador e irónico, de aparente sencillez y estilo campechano, siempre inmerso en los sofisticados decorados y pícaros requiebros fruto del buen hacer del director.

Salvando las distancias, fue el Frank Sinatra de la canción en francés. Hoy día, sin dudas lejos de ser un hit parade, continúa sirviendo como referencia en la historia de la canción popular del siglo XX, al lado de personajes de la cultura masificada como Gardel, Elvis Presley o John Lennon.

A muestra de ejemplo, presentamos aquí algunos de sus éxitos.




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