jueves, 3 de junio de 2010

Novedades editoriales (comentadas)

Pablo E. Chacón (Desde Buenos Aires. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Entre las joyas que se han reeditado con traducciones más cuidadosas y revisadas no faltan los clásicos de la novela negra norteamericana. Entre ellos hay que destacar la flamante versión -en la Biblioteca Roja & Negra, que edita Mondadori- las piezas que Ross Macdonald dedicara a su alter ego, el detective privado Lew Archer. En El expediente Archer, los cuentos completos de Lew Archer, detective privado”, Macdonald se revela como el antecedente de toda una generación de escritores que en su estela (y en las de Raymond Chandler y Dashiell Hammett) inventaron y renovaron la serie negra que en el siglo XIX Edgar Allan Poe cultivó e importó a París, de la mano de Charles Baudelaire. Macdonald nació en 1915 en Los Gatos, California. Y pasó su juventud en Canadá y Europa. Se casó con la escritora Margaret Millar y falleció en 1983. En ese lapso creó al detective que lo hizo famoso. Eso en 1946. Este libro reúne todos los relatos que protagoniza Archer, además de una serie de notas y de una biografía y estudio crítico de su obra sobre la que no han ahorrado elogios los nombres de la actualidad negra, desde James Ellroy y John Connolly hasta P.D. James y Michael Connolly.

La condición obrera, de Simone Weil, publicado por El Cuenco de Plata, acaso sea un testimonio único del marxismo del siglo XX. Una mujer, judía, intelectual de clase media, decide pasar a la “clandestinidad” en una fábrica, para vivir en carne propia el horror de las cadenas de montaje del capitalismo industrial de principios de siglo. Experiencia de “proletarización” o desclasamiento compulsivo o sacrificial, Weil reflexiona sobre sus días en las fábricas Alshtom Y Renault durante los años 1934 y 1935. La autora, al contrario que Marx, no cree que la humanidad pueda liberarse de la condición obrera (del trabajo) y tampoco cree que un sistema de reformas que humanicen esa actividad pueda dar por tierra con la maldición que el filósofo alemán intuía iba a desaparecer en el horizonte de la sociedad sin clases. Para Weil, el trabajo es la esclavitud. Y si bien apuesta al fin de la esclavitud, piensa, acaso sin querer, como Heidegger, que la era de la técnica ya ha destruido la posibilidad de la emancipación total, no obstante lo cual entiende un gradiente de condiciones más favorables que otras. Si con algún pensador más cercano en el tiempo podría compararse su investigación, quizá sea con el Althusser que en los primeros sesenta pensó un marxismo estructural, operado por sujetos trágicos, escindidos entre lo real y lo ideal, y cuyo sacrificio político, al contrario que Weil, el francés no pudo prever.

En Todo Fluye (Galaxia Gutenberg), el escritor y periodista soviético Vasili Grossman cuenta la historia de Iván Grigórievich, que regresa a casa después de pasar treinta años en un gulag. El personaje, después de unas cuantas visitas -cortas e insatisfactorias- a lugares y conocidos en Moscú y Leningrado, se establece en un pueblo del sur del país, en la provincia, donde intenta empezar una nueva vida con una viuda de guerra. Pero al poco tiempo volverá a su hogar de juventud, en el Mar Negro. En ese lugar quizá logre reconciliarse con la inhumanidad del régimen stalinista.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.