sábado, 12 de junio de 2010

Para advertir la contemplación

Ariel José James (ANALECTA LITERARIA)

Si me pidieran que resumiera en una línea qué significado tiene para mí “La Contemplación”, de Edgar Borges, diría que la entiendo como una revelación fenoménica de la condición humana. La diferencia entre la descripción y la revelación es en este punto crucial. La descripción es uno de los recursos literarios más comunes, y de hecho se encuentra en toda obra de arte. Es simplemente una manera de reflejar una forma de expresión. La revelación, en cambio, es una manera de expresar más allá de lo descriptivo, para llegar a lo sensible, a lo que se siente, lo fenoménico.

Cuando Edgar Borges coloca a sus personajes en la disyuntiva de escoger entre opciones igualmente confusas y ambiguas, se revela que esa ambigüedad no solo es parte de la descripción literaria, sino también de la realidad misma del ser. Por esta razón “La contemplación” es un ejercicio de revelación de esas contradicciones vitales. El personaje principal de la novela, que tiene múltiples rostros, es perseguido por su sentimiento y su conciencia tanto como las furias se obstinan en perseguir a Orestes, o como las desgracias culpan a Job. En esta lucha con su sentimiento moral, el actor se enfrenta con su ego imaginario, y decide cuestionarlo a fondo. En la lucha frente a su imagen fantástica, se desdibuja no sólo la noción de ego, sino la noción misma de identidad.

La novela de Edgar Borges, en un sentido profundo, nos arroja a una revelación del ser que hasta entonces ha sido sin saber qué es. Allí están la niña que observa absorta como el tiempo devora a los hombres, la mujer del tranvía que expone su esquizofrenia a la luz pública (la esquizofrenia de todos), el duelo entre dos inspectores que se esfuerzan por salir el uno del otro, la opacidad de los seres oscuros bajo un sombrero, la mirada de los muertos en una esquina, las cartas bajo la puerta que sustituyen a los hechos reales, el gato de Poe atrapado en un cuerpo ajeno. Recuerdo haber pensado en Rulfo mientras avanzaba la lectura: Edgar Borges deconstruye la noción de identidad, pero también disuelve la barrera material que separa los vivos de los muertos.

¿En qué sentido una novela fenoménica?. Las novelas que conozco suelen ser de diversos tipos: realistas, psicológicas, fantásticas, históricas, surrealistas. Todos son sinónimos para describir el hecho de que estas novelas describen la relación de las ideas con los hechos: una relación platónica. La distancia que separa mente de cuerpo. Pero en “La Contemplación”, acabo de vislumbrar un rasgo diferente. Edgar Borges no sólo crea hechos y pensamientos sobre la realidad. Su intención es más sutil, menos grandilocuente. La novela trata de sentidos, de sensaciones, de la experiencia de sentir miedo, culpa, de visualizar manchas blancas en los objetos, de observar al otro con anteojos que desfiguran, de experimentar el vacío, o la muerte. En últimas, es una revelación sobre cómo se siente la realidad más inmediata que tenemos, la del alma.

La historia de Edgar Borges aborda los problemas y conflictos que generan las personas cuando buscan la autorización para su existencia por fuera del sí mismo. Desde el punto de vista ético, el autor dice exactamente aquello que hay que decir, pero sin hacerlo de manera imperiosa, respetando el juicio del lector. Al final de cada una de las historias entrelazadas se desprende la sensación de que, al igual que los personajes de “La Contemplación”, las personas de este mundo llamado real apenas estamos empezando a vivir realmente.

Por último, quiero referirme a tres puntos en los que Edgar Borges rompe con valentía con los cánones de la literatura clásica. En sentido kafkiano, disloca la noción tradicional de espacio/tiempo, pero para brindar otra forma de imaginar el aquí y el ahora. En un sentido metafísico, cuestiona la centralidad del sujeto omnisciente como único poseedor de la verdad de la historia. En tercer lugar, desde un punto de vista práctico, critica el monopolio de las convicciones morales por parte de algunos actores de la trama. Estas tres facetas le permiten profundizar en la revelación de qué tipo de ser es el yo. Su mensaje final advierte el sentido mismo de la revelación: el hecho de que una vez contemplamos nuestro verdadero yo directamente, como ante un espejo, descubrimos que no era nada de aquello que nos habían dicho, o que simplemente habíamos imaginado.

Ariel José James es antropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid. Especial de Analecta Literaria.

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