viernes, 25 de junio de 2010

Por una pedagogía del Oprimido: Paulo Freire una educación para la libertad

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

“Nadie es, si se prohíbe que otros sean” afirmaba el pedagogo brasileño, porque la libertad debe ser puente tendido al encuentro, razón fundamental de las luchas

Tenía la mirada profunda de los que viven como sueñan, de los que transitan la vida desde la honda convicción de la libertad como única bandera. Paulo Freire (Recife, Brasil, 19 de septiembre de 1921 — Sao Paulo, 2 de mayo de 1997) es uno de esos hombres imprescindibles, de esos que viven siempre anidados en los presentes que se suceden uno tras otros, en todos los tiempos y en todas las tierras, porque el mundo no es, sino que está siendo en cada palabra que nace de la profunda necesidad de decirnos, de contarnos, de la memoria y del incendio de la conciencia. Freire nos convoca a una educación desde y para la libertad, una pedagogía que nacida de la ternura sea capaz de liberarnos y dejarnos construir, juntos, el futuro.

Por eso, volvemos a la necesaria lectura y relectura de Pedagogía del Oprimido, un libro que deja de manifiesto las contradicciones entre los opresores y los oprimidos, pero sobre todo las claves para alcanzar la liberación. Escrito durante su exilio en Chile, Pedagogía del oprimido (1970), es un plan para la liberación auténtica del ser humano, un tratado sobre el pensamiento que debe construirse sobre la base del encuentro de saberes. Afirma el pedagogo brasileño que “¿quién mejor que los oprimidos se encontrará preparado para entender el significado terrible de una sociedad opresora? ¿Quién sentirá mejor que ellos los efectos de la opresión? ¿Quién más que ellos para ir comprendiendo la necesidad de la liberación? Liberación a la que no llegarán por casualidad, sino por la praxis de su búsqueda; por el conocimiento y reconocimiento de la necesidad de luchar por ella. Lucha que, por la finalidad que le darán los oprimidos, será un acto de amor, con el cual se opondrán al desamor contenido en la violencia de los opresores”.

Revolución desde la palabra

La palabra y la revolucionaria mirada de Freire siguen siendo canto de lucha contra todo dogma, determinismo o poder humano, religioso, político, cultural, económico o institucional que cercene el pleno desarrollo de los poderes creadores de los hombres y de los pueblos. Su palabra demoledoramente transformadora está viva, porque nada que provenga de las humanas pasiones le era ajeno. Pero aunque quieran encerrarlo o etiquetarlo, Freire no ofrece en Pedagogía del Oprimido un manual, sino la proposición de una metodología para abordar no sólo la realidad educativa sino la vida misma.

En estos tiempos de construcción revolucionaria que vive no sólo Venezuela sino todo la América Nuestra, es necesario volver a la lectura de Freire para alzar el vuelo con el convencimiento de que no estamos solos, porque decía el brasileño universal que “nadie es, si se prohíbe que otros sean” y somos, necesariamente habremos de ser, puente tendido al encuentro, a la palabra parida en la defensa del proceso revolucionario como acción cultural dialogada y aunque condicionada, nunca determinada. Somos y seremos libres en la medida en que desde la ternura, seamos capaces de liberar y liberarnos. Se trata, en fin, de la lucha surgida del pensamiento y la praxis, de la reflexión y el diálogo crítico con el mundo y sus realidades. La liberación para ser verdadera debe nacer en las entrañas del pueblo, de su propia necesidad de ser creadores y librepensadores.

Tal vez una de las premisas más interesantes sobre las que se fundamenta el pensamiento de Freire es que no distingue entre la opresión de los poderosos y la que puede emerger en determinados momentos históricos de los líderes que matices más o menos, luchan sin direccionalidad ni con la necesaria profundidad que subyace en la liberación. Para él los oprimidos tienen para sí el desafío de transformarse en los restauradores de la libertad tanto de oprimidos como de opresores, vengan éstos de dónde vengan.

Por eso decía que “lo que puede y debe variar, en función de las condiciones históricas, en función del nivel de percepción de la realidad que tengan los oprimidos, es el contenido del diálogo. (…) Pretender la liberación de ellos sin su reflexión en el acto de esta liberación es transformarlos en objetos que se deben salvar de un incendio. Es hacerlos caer en el engaño populista y transformarlos en masa maniobrable”.

Por todo lo que dice, por todo lo que nos hace sentir, pensar y decir, la lectura de Paulo Freire es indispensable, para pensar y repensarnos desde la impostergable tarea de levar anclas y navegar por el océano infinito de la libertad auténtica y sin cortapisas.

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