jueves, 1 de julio de 2010

Mirando a Sudáfrica: Goles y premios Nobel

Alfredo Herrera Flores (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Mientras el mundo ve rodar el balón en el mundial de fútbol que ha organizado Sudáfrica, este país se ha convertido en una nueva ventana para ver no solo su dramática historia y su ancestral cultura, sino la de su continente, África, donde según todas las teorías el hombre ha dado sus primeros pasos rumbo a la civilización. Sudáfrica, ubicada en el extremo sur del continente, tiene una larga historia y algunos datos que reflejan una economía que recién está tomando la ruta de un desarrollo sostenido.

Conocida porque en los últimos años del siglo pasado protagonizó una de las experiencias racistas más extremas del mundo y regímenes gubernamentales represivos y sangrientos, este país de casi 50 millones de habitantes es una mezcla de culturas y naciones que ahora, con las nuevas políticas y procesos de libertad y convivencia pacífica, está demostrando que los cambios en la vida social son posibles gracias a leyes coherentes y conciencia de social para cumplirlas.

Tal vez el personaje internacional más conocido de Sudáfrica sea Nelson Mandela, prisionero por más de veinticinco años por luchar a favor de la igualdad y libertad de los sudafricanos frente a Inglaterra, que sigue dominando el país a pesar de ser independiente, luego presidente de su país y gran promotor de la eliminación del apartheid. Hoy, ya nonagenario, sigue siendo un símbolo de la unidad sudafricana y genera en la población actitudes de admiración pocas veces vista en líderes contemporáneos. La inauguración del mundial de fútbol se vio incompleta por su ausencia, debido a la muerte de una de sus nietas luego de asistir al concierto de inauguración, celebrado en la víspera.

Sin embargo Sudáfrica tiene otros motivos para sentirse un país orgulloso de varios de sus ciudadanos, a pesar de tener una historia relativamente reciente. Recordemos, por ejemplo, que el médico sudafricano Christian Barnard fue el primero en realizar una operación de trasplante de corazón, que revolucionó el mundo de la medicina, en diciembre de 1967. Luego Barnard hizo varios otros experimentos y dejó algunos textos que promovían las actitudes positivas para enfrentar la vida. Él es autor de esa frase famosa de que “si piensas que están vencido, vencido estás; si piensas que no te atreves, no lo harás…”

Pero varios años antes que Barnard, otro médico sudafricano hacía historia. El doctor Max Theiler (1899 – 1972) era galardonado con el Premio Nobel de Medicina de 1951 en mérito a su descubrimiento de una vacuna contra la fiebre amarilla, enfermedad que en muchas partes del mundo, en especial en África, provocaba miles de muertes. Luego, en 1979, otro médico sudafricano, Allan MacLeod Cormack (1924 – 1988) recibió también el Premio Nobel de Medicina por sus trabajos en tomografía asistida por equipos computarizados.

Pero eso no es todo. El año 2002 el Premio Nobel de Medicina recae una vez más en un sudafricano, esta vez en el biólogo Sydney Brenner (1927) quien luego de desarrollar una larga carrera científica y docente en Estados Unidos comparte el premio con otros dos científicos por sus trabajos sobre la regulación genética del desarrollo y muerte celular.

La compleja y dramática historia sudafricana, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado, no solo captó la atención mundial, sino que generó corrientes de opinión, solidaridad y análisis en todo el mundo. La invasión inglesa, los conflictos internos entre las tribus y naciones sudafricanas y la corriente racista que se instaló en ese país, instaurándose el régimen del apartheid, promovió la aparición de importantes líderes políticos.

El primer personaje que recibiera un reconocimiento internacional por su lucha contra el apartheid, régimen extremo que dividía a los blancos y negros hasta en el uso de los baños, fue Albert John Lutuli (1898 – 1967), un profesor zulú hijo de misionero que hizo una importante carrera al interior del Congreso Nacional Africano, partido político que se enfrentaba al Partido Nacionalista, que gobernaba entonces y legitimaba el dominio blanco con leyes segregacionistas que se fueron dando desde 1911, Lutuli recibió el Premio Nobel de la Paz en 1960.

Veinticuatro años después, el sacerdote anglicano Desmond Tutu (1931) recibió también el Premio Nobel de la Paz en 1984, por su permanente lucha pacifista en contra del apartheid. Tutu es un carismático religioso que ha ido ocupando importantes cargos dentro de su iglesia y expresando con la misma franqueza y seguridad sus opiniones tanto en contra de los promotores de la discriminación racista como de sus opositores, cuando también recurrían a la violencia para defender sus libertades y derechos de igualdad. Cuando Nelson Mandela asumió el poder, encargó a Tutu la dirección de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que vería los efectos de las décadas de dominación blanca y violación de derechos humanos en Sudáfrica.

En 1990 en presidente sudafricano Fredrik De Klerk, del aún dominante Partido Nacionalista, determina el fin del apartheid y dispone la liberación de Nelson Mandela, preso desde 1964. La mayoría blanca apoya las nuevas leyes y ambos personajes firman en 1993 acuerdos para la distribución de poderes a favor de un proceso de convivencia sin discriminación. Por esta actitud, celebrada por todo el mundo, De Klerk y Mandela reciben el Premio Nobel de la Paz ese mismo año.

Pero esta apretada historia de Sudáfrica, hoy celebrando al ritmo de vuvucelas el mundial de fútbol, es recogida por sus artistas, principalmente por sus escritores, que son, en cualquier parte del mundo, la voz de una realidad que se debe cuestionar, interpretar, recrear, y manifestarla al mundo.

Nadine Gordiner (1923), de ascendencia judía, se inició escribiendo historias cortas, pero en su segunda obra, La suave voz de la serpiente, aborda ya el problema racial que vive su país, y el tema no dejará de serle ajeno a lo largo de sus más de veinte títulos publicados y sus numerosas conferencias. En 1991 la escritora sudafricana es galardonada con el Premio Nobel de Literatura.

Relativamente poco tiempo después, teniendo en cuenta que este premio suele darse rara vez a un escritor de un mismo país que no fuera Europa o Estados Unidos, el sudafricano John Maxwell Coetzee recibió el año 2002 el Premio Nobel de Literatura. Aunque Coetzee se licenció en matemáticas y luego se dedicó a la informática, se doctoró en lingüística computacional, lo que le permitió enseñar literatura en Estados Unidos y Sudáfrica, para luego dedicarse por entero a la literatura. En sus obras Coetzee también cuestiona el apartheid y asume una posición firme a favor de los derechos humanos de las mayorías negras. Actualmente reside en Australia, donde le han dado también esa nacionalidad, sin que eso lo aleje de la realidad y compromisos con su país de origen.

Este rápido y apretado resumen sobre algunos de los personajes de transcendencia mundial de Sudáfrica, país ahora en la retina del mundo a través del fútbol, solo intenta ser un ejemplo de cómo otras naciones, con muchas situaciones políticas y condiciones desfavorables, puede generar protagonistas que influyen en su vida política, social y cultural, y que a su vez la transmiten al mundo. La obtención de Premios Nobel, es una referencia, una muestra. Esta vez se hacen goles en Sudáfrica, pero este país ha hecho ya golazos con su aporte a la cultura mundial, y así hay que mirarla, más allá de las insoportables vuvuzelas.

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